jueves, 7 de marzo de 2013

¿NOS VALORAN A LOS DOCENTES?

Leyendo los resultados del último barómetro del CISfebrero 2013, resulta curioso que al profesorado de todos los niveles educativos se nos valore bastante bien, sólo por detrás de los médicos. Pero a su vez somos una profesión no demasiado recomendada. En el caso de la FP, sólo un 2,5% recomendaría a su hijo/a, amigo/a, dedicarse a ser profesor de Formación Profesional. ¡Qué prestigio el nuestro!

Los encuestados consideran mayoritariamente que nuestra profesión requiere mucha vocación, asumir responsabilidades y una solida formación. Por el contrario, más de la mitad consideran que la sociedad, los padres y los alumnos, nos valoran regular, mal o muy mal. Más de la mitad de los encuestados también considera que nuestra imagen ha empeorado y que nos encontramos poco o nada motivados. 

Luego ya vendrían las típicas opiniones. Mayoritariamente, se piensa que los principales problemas y soluciones de la educación radican en la dotación de medios y recursos materiales, o en la disciplina de los alumnos. Aquí, incluso, creo que muchos docentes estarían también de acuerdo. Es una opinión predominante. Es fácil achacar  la culpa de todos los males a la falta de disciplina, a la falta de autoridad del profesorado, o a que nos faltan recursos materiales. 

Quizás, personalmente, podría señalar como un problema creciente el mayor número de alumnos en el aula o la falta de interés de algunos alumnos en la FP. Pero, a mi parecer, los principales problemas, y a su vez soluciones, están en el tiempo que los padres dedican a sus hijos, en la evaluación continua de las tareas del profesorado, en el trabajo en equipo y la colaboración del profesorado, y en el acceso a la carrera de docente. Justo lo que no se valora tanto. Aspectos que tienen que ver con la profesionalización de nuestra función docente, muchas veces estancada, y que depende demasiado de la voluntad de las personas. Por eso nos encontramos con profesores que ejercen por casualidad, porque no encontraron otra cosa o que están esperando a dar el salto a otra profesión "más prestigiosa"; les parece poco para su estatus la tarea que hacemos.

Lo triste es que nuestras políticas educativas se basan en el refuerzo de la autoridad o en incrementar recursos sin optimizarlos convenientemente. Además de no prestigiar nuestra función en la sociedad, que, pese a ser bien valorada, pocos la querrían para sus hijos.¡Sigamos las encuestas del CIS que es lo que piden nuestros ciudadanos y lo que da votos!  Todo menos consultar al profesorado o equipos directivos, que día a día trabajan en las aulas con los alumnos de nuestro país.

photo credit: Forty Two. via photopin cc

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