domingo, 29 de septiembre de 2013

UN LIBRO DE TEXTO IDEAL

El debate sobre el uso de los libros de texto está, por suerte, muy de actualidad. Alumnos, familias o profesores nos planteamos con más frecuencia la idoneidad o necesidad de usar libros de texto. O, en su caso, si los libros deben ser reutilizados, si es necesario regular precios o si se deben facilitar mercados de segunda mano. Léase la fantástica iniciativa de Elena Alfaro (@ElnAlfaro) que ha conseguido que se debata en el Congreso la creación de un sistema gratuito de libros de texto. 

Independientemente de estos debates o necesarias iniciativas, o de si los profesores debemos o no utilizar libros de texto, ¿qué ocurre con el diseño y contenido de estos libros? ¿no podría cambiar la estructura de los libros? ¿no deberían evolucionar los libros al igual que lo hace la tecnología? ¿tienen sentido tantas tareas, repetitivas y aburridas, en cada unidad didáctica? ¿no son demasiado caros para la escasa motivación y creatividad que ofrecen?

Es utópico pensar que todos los profesores llegaremos un día a crear nuestros propios materiales o haremos uso de aquellos que están colgados en la Red. En Formación Profesional, hay una constante variación de los módulos que se imparten, lo que impide en ocasiones un tiempo mínimo para preparar la materia. Aún así, muchos nos vemos obligados a crear materiales a causa de la escasa o deficiente oferta de libros de texto. Supongo que en otras etapas educativas sufrirán una problemática similar. 

Entonces, ¿por qué las editoriales no se ponen las pilas? ¿por qué no se crean libros diferentes que valgan lo que se paga por ellos? ¿por qué no existe una oferta de libros que complemente un tipo de metodología más activa? ¿por qué seguir pagando por materiales que podemos encontrar en Internet? 
Imagino que las respuestas tiene algo que ver con la comodidad de muchos docentes o dirigentes educativos que siguen demandando libros sin reflexionar sobre otras opciones más económicas e igual de válidas.

Mi libro de texto ideal, por el que merecería la pena pagar, sería:
  • Un libro con no sólo buenos contenidos, sino unas buenas propuestas de actividades individuales y en grupo. Con actividades significativas o proyectos del aula, que puedan incluso relacionarse con otros módulos o asignaturas. No puede reducirse el libro a una serie de temas con ejercicios al final de cada unidad y un CD con documentos en pdf.
  • Un libro que incluya recursos que hagan uso de las nuevas tecnologías: dispositivos móviles, redes sociales, páginas web, aplicaciones informáticas, etc. Necesitamos libros que se centren en el saber hacer más que en los contenidos. 
  • Un libro con una página web propia donde actualizar sus contenidos -sin necesidad de comprar uno cada año-, ampliar temas o contactar con otros profesores o alumnos. Un espacio de referencia donde se puedan compartir experiencias educativas con otros docentes.
  • Un libro que ofrezca un contacto permanente online a través de redes sociales , como Twitter, Facebook o Google +, donde poder dirigirse al autor/es del libro. Un lugar en la red para debatir y realizar aportaciones. Y dónde mejor que desde una cuenta en las redes sociales. 
  • Un libro que disponga de materiales digitales y en papel. Materiales que puedan ser trabajados desde un ordenador, un dispositivo móvil (tablet o smartphone), o con un bolígrafo. De modo, que podamos trabajar tanto online como offline, y con cualquier sistema operativo. 
  • Un libro que, como valor añadido, sugiera recursos para trabajar valores de un modo transversal. Valores relacionados con la inteligencia emocional o la profesionalidad.
  • Un libro con un diseño atractivo, tanto interior como exterior. Que cuide las imágenes, ilustraciones y la tipografía. Que motive a seguir leyendo.
Necesitamos que las editoriales comiencen a repensar su modelo de edición de libros de texto. Ya no vale el modelo de antaño; al igual que una buena enseñanza no puede apostar sólo por la memorística y la repetición de tareas. Precisamos libros que valgan lo que cuestan. 

photo credit: Lucia Whittaker via photopin cc

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