miércoles, 1 de enero de 2014

APROBAR NO ES APRENDER



Puede parecer un (des)propósito de año nuevo, pero es algo que ya vengo rumiando hace tiempo, ¿son imprescindibles o vitales los exámenes escritos?

En mi etapa educativa, la Formación Profesional, es aún más evidente que la evaluación y el aprendizaje no pueden guiarse principalmente por una o varias pruebas escritas a lo largo de cada evaluación. Que, como se lee en el graffiti que titula este post, "Aprobar no es aprender".

Bien sabemos que muchos alumnos se preparan sólo para los exámenes, dejando el periodo lectivo en un segundo plano o como una obligación ineludible. Que el éxito profesional o personal no van en muchos casos ligados a unas calificaciones brillantes.

Es difícil cambiar el chip en el profesorado. Un profesorado que ha heredado un modelo que asimila como idóneo o, peor aún, como algo cómodo para evaluar a una clase que suele ser más numerosa de lo que convendría. El sistema sigue un círculo vicioso desde hace décadas: clases magistrales, exámenes parciales y finales, corrección en rojo, medias, nota final y recuperación (en su caso). Algunos le añaden una pizarra digital o un examen online, pero, al fin y al cabo, siguen el mismo patrón.

¿Y qué podemos hacer? Por lo pronto, reflexionar y repensar sobre este sistema caduco. No creo que haya un modelo ideal, pero si que podemos encontrar alternativas que minimicen la importancia de los exámenes y que se centren en el trabajo diario en el aula. Aprovechar y disfrutar las horas lectivas junto a los alumnos debiera ser la principal (pre)ocupación del docente.

A los alumnos también les puede resultar extraño este cambio de paradigma, pero a la larga lo agradecen. He aquí uno de los principales males de la LOMCE: volver a las pruebas estandarizadas desde bien pequeños. Perpetuamos un modelo que no se ajusta a la sociedad actual ni venidera. Al menos, que esta evolución deseable no se estanque por nuestra inoperancia. Está en nuestras manos.

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