viernes, 10 de enero de 2014

EL VICIO DE COMPARARSE EN LA ESCUELA

Flexibilidad, adaptación, empatía, resiliencia, colaboración... Esto se pide a profesores y alumnos. Incluso se presupone en cualquier buen docente. Pero algo debemos hacer mal cuando los alumnos compiten y concursan entre sí o no se apoyan mutuamente. Alumnos que porfían y reclaman en razón de una supuesta "justicia comparativa". 

No es difícil encontrar ejemplos de falta de solidaridad en el aula cuando un alumno se compara con otro: "Que porqué fulanito tiene esta nota, que porqué puede salir de clase, que porqué no le pones falta, que porqué...".

Somos diversos pero parece que todos queremos ser iguales antes circunstancias diferentes. Se cree que existe una ley no escrita que obliga a tratar a todos por igual con independencia de las circunstancias personales de cada uno. Nos ponemos poco en la piel del otro en condiciones especiales, aún desconocidas, que debieran inspirar cierta comprensión

La autoexigencia no tienen porque estar ligada a una comparativa constante o competición insana con el resto de compañeros. Para más inri, este vicio de compararse se traslada luego a la vida laboral. Profesionalmente, la comparación, acaba siendo caldo de cultivo de la rumorología, malos entendidos, ambiente enrarecido o envidias inútiles. 

Al menos, a los profesores, nos queda la opción de reorientar esta tendencia natural o socialmente heredada. Seguir insistiendo en la responsabilidad personal en el trabajo y en una colaboración libre de comparaciones negativas. Seguro que sus futuros compañeros de trabajo lo agradecerán...

photo credit: helena_perez_garcia via photopin cc

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