lunes, 28 de julio de 2014

COMPETENCIAS HUMANAS

El verano, para todos los que estamos habitualmente enfrascados en esto de la educación, es un buen momento para cambiar de tercio. Tiempo para dedicarse a otros pasatiempos, diferentes lecturas u otras aficiones. Muchos docentes somos, en el fondo, unos aficionados a esto de la enseñanza. Aficionados, no sólo como eternos principiantes, sino como fans o apasionados de la educación.
Algunos buscamos "desintoxicarnos" del mundo educativo, pero, al final acabas cayendo y revisitas algún blog, lees tu cuenta de Twitter o te entretienes con algún libro sobre educación (ver tablero: "Libros que marcan" http://www.pinterest.com/teacherrose1964/libros-que-marcan/). Incluso, en mi caso, me pongo a escribir en mi blog contraviniendo los buenos propósitos estivales...
Acabo escribiendo sobre la educación que muchos queremos, una educación real e ideal al mismo tiempo, una educación que ayude a cambiar nuestra sociedad. Educación que no se quede en instrucción y en buenos deseos. Una educación que permanezca en los jóvenes cuando sean adultos. Una educación que enseñe a colaborar y compartir, con buenas intenciones, sin competir.
Al final, termino añorando la educación que disfrute durante mi infancia. Una educación tal vez edulcorada durante nuestra niñez. Una educación basada en unos valores que parecen perdidos u olvidados en la sociedad. Valores que, en la vida adulta, parecen relegados a un segundo plano. La pasta, el poder o el postureo predominan, en esta, nuestra vida real. Aún recuerdo, con 12 o 13 años, como recortábamos imágenes de revistas con aquellos valores negativos que pensábamos transmitía la sociedad y queríamos evitar. ¿Dónde han quedado aquellas enseñanzas? ¿Era aquello algo sólo para niños?
Sin desconsiderar las mediciones de PISA, creo que nos urge reflexionar más sobre cómo mejorar las competencias "humanas", en lugar de avanzar en la competencia financiera. Buen verano.


photo credit: <a href="https://www.flickr.com/photos/captureofdreams/4632436134/">Capture Of Dreams</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/">cc</a>

2 comentarios:

  1. Basta con analizar los saberes que se consideran fundamentales y la forma en que se transmiten para deducir la concepción del ser humano que tiene una sociedad, para tener una idea bastante aproximada de cuáles son sus prioridades.

    Todo esto se refleja en nuestras leyes educativas, en las que sistemáticamente se ignoran, se descartan o se minimizan aquellas enseñanzas y experiencias que podrían aproximarnos a eso que podríamos llamar el mundo de los sentimientos y el mundo del espíritu. Y para ello no basta con incorporar una asignatura que se llama Educación Plástica y otra que se llama Religión; no basta, y es contraproducente, con aprender mecánicamente a modelar, bailar o tocar la flauta, ni con asimilar y repetir una doctrina, religiosa o laica, y su catecismo. Me estoy refiriendo a ir mucho más allá.

    Estoy hablando de revisar nuestros valores. Porque es posible que algunas de las sociedades que nos han precedido, a pesar de su inferioridad en el campo de los conocimientos científicos y de los logros materiales, hayan estado más adelantadas en el arte de la vida, hayan perseguido ideales más elevados o se hayan dedicado con más fervor a la búsqueda de la perfección humana.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/ni-celeste-ni-terrestre

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  2. Revisar, y, sobre todo, insistir desde la escuela. Está claro que sólo la familia no basta hoy día.

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