miércoles, 24 de septiembre de 2014

COMPETENCIAS FUTURAS Y FORMACIÓN PROFESIONAL

La Formación Profesional actual se enfrenta a complejos retos sobrevenidos por un modelo social y económico que navega en la incertidumbre. Desde nuestra FP debemos seguir trabajando las básicas y nuevas competencias necesarias para la inserción profesional del alumno. Unas competencias que combinan perfectamente con principios y valores éticos propios de nuestra educación.


La Formación Profesional, tal y como comenta Manuel Alonso Rosa en un post en redFP.org, es una responsabilidad social. Una responsabilidad que, independientemente del modelo de FP (dual, en alternancia, ordinaria, a distancia, semipresencial...), nos invita a trabajar pensando en el nuevo entorno al que se enfrentan nuestros alumnos. Todo ello, si queremos seguir ofreciendo una formación integral con garantías para el estudiante y futuro trabajador. 

Las nuevas formas de enseñar y aprender debieran ser una prioridad de cualquier modelo formativo. Necesitamos pasar, de una vez por todas, de una educación basada en los conocimientos y la memorística, a un modelo donde el alumno sea más autónomo y responsable de su propio aprendizaje. Donde el docente ofrezca herramientas y recursos, pero sea el alumno el que tome decisiones. Donde el libro de texto -digital o en papel- (no te pierdas el post de E. Dans) sea un mero complemento de otros muchos materiales disponibles. 

Nuestra materia prima, los alumnos, aún pese a las dificultades, son capaces de adquirir unas competencias suficientes en tan sólo dos cursos. Eso sí, los docentes, debemos seguir insistiendo en la colaboración, la creatividad, la innovación y un saber estar en el mundo físico y digital. La exigencia o la responsabilidad no están reñidas con tratar de inculcar ganas de aprender una materia determinada. En el caso de la Formación Profesional, es fácil conectar los módulos con las competencias profesionales que demanda el mundo laboral. No es tan fácil, y aquí entra la formación docente y la conexión de los centros educativos con las empresas, formar al alumno en competencias más o menos previsibles para un futuro próximo.

Seguir anclados en un modelo educativo, cómodo para el docente y tediosos para el alumno, no es la respuesta para un contexto que demanda personas resolutivas y dispuestas a alimentar sus propias redes personales de aprendizaje:


Ofrecer algo diferente, aunque suene algo marketiniano, es posible y deseable en el aula. No se trata de hacer el pino puente, sino de reflexionar, compartir y colaborar con colegas cercanos o de otros centros, para así formar profesionales y personas con ganas de seguir aprendiendo en el futuro; atreverse. 

photo credit: raganmd via photopin cc

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