lunes, 29 de septiembre de 2014

CRÍTICAS AL PROFESORADO

La autocrítica no es algo demasiado habitual entre los docentes. Incluso padecemos, en muchas ocasiones, de cierta autocomplacencia en el trabajo que diariamente realizamos. No es difícil escuchar frases sobre lo bien que venimos haciendo las cosas desde siempre. Pero raramente oímos entonar un mea culpa o que nuestras prácticas son manifiestamente mejorables.

Y, ¿por qué no nos abrimos a recibir críticas de nuestros alumnos o compañeros? ¿no mejoraríamos ostensiblemente sabiendo nuestras debilidades e incluso reconociéndolas públicamente? ¿no sería además un buen modo de aprender gracias a las fortalezas, percepciones o conocimientos de nuestros colegas y estudiantes?

La reflexión personal y la publicidad de nuestro trabajo es fundamental para nuestro progreso como docentes. Las alabanzas y reconocimientos son necesarios, pero la crítica es igualmente imprescindible si no queremos quedarnos estancados profesionalmente. Para ello debemos tomarnos de buen grado esa crítica hecha desde un deseo de mejora.

Con una complejidad creciente a todos los niveles, no podemos quedarnos estancados con las prácticas habituales o un discurso conservador sobre las formas de aprender y enseñar. Atreverse a recibir críticas es algo sano y necesario para hacer las cosas de otro modo. Ya no es útil el modelo clásico de enseñanza; esconderse en un aula con las puertas cerradas sólo lleva al anquilosamiento del docente.

¿Por qué no preguntar abiertamente a nuestros compañeros y alumnos su opinión sobre nuestro trabajo? Tal vez nos llevemos más de una sorpresa. Tal vez escuchemos muchas sugerencias que nos motiven y mejoren nuestra práctica docente. Tal vez nos sienten mal algunos comentarios, pero seguro que valdrá la pena si logramos salirnos de lo ordinario.

photo credit: jonny2love via photopin cc

3 comentarios:

  1. Hola Oscar! Me encanta esa insistencia que muestras en incrementar la visibilidad de nuestro trabajo, en la necesidad de hacerlo público para someterlo a revisión y, por qué no, a la crítica. Creo que, aunque cada vez compartimos más, todavía estamos muy lejos de una situación ideal definida por el trabajo colaborativo, la reflexión conjunta y la crítica como mecanismo de mejora. En fin... Seguimos! Ah, por cierto, tu "desierto" está muy "apañao"... ;-) Un saludo!

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  2. Gracias Ramón de nuevo. Aunque somos algo así como el llanero solitario, hay que seguir dando la matraca con la visibilidad y un modo de aprender que no sea un suplicio para el alumno. Aunque no nos guste a nadie, la crítica es hoy más necesaria que nunca. Estamos muy lejos como bien dices del trabajo colaborativo. Por suerte, nos queda mucho que aprender... un saludo! :)

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  3. La docencia es uno de los trabajos que más ansiedad o depresión produce, tanto por las presiones externas y las condiciones en las que se desarrolla como por las propias expectativas. La comparación entre cómo deberían estar las cosas y cómo realmente están puede conducir al desánimo, la frustración, el abatimiento o el desencanto; a la sensación de fracaso y de impotencia; de que poco o nada se puede hacer. Y, curiosamente, esta sensación puede coexistir con brotes de prepotencia, de alarde de poder, que no dejan de ser una de las reacciones habituales cuando nos sentimos atacados o cuestionados en nuestro trabajo.

    Metidos en la maquinaria educativa, resulta difícil evadirse de sus estructuras y sus inercias. El docente de a pie, incluso el docente con un poquito de mando, está sometido a múltiples limitaciones; tanto las que fijan las leyes como las que impone la tradición.

    De hecho la tradición, el hacer las cosas como siempre se han hecho, condiciona mucho más de lo que puedan hacerlo los currículos y los decretos. El sistema escolar está tan interiorizado que cuesta imaginárselo de otra manera. Y, si se llega a imaginar, es todavía más costoso convertir en hechos nuestras ideas.
    http://www.otraspoliticas.com/educacion/el-dia-a-dia

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