miércoles, 30 de julio de 2014

LA FP INÚTIL

Resulta obvio que la finalidad de la Formación Profesional es, principalmente, proporcionar competencias y cualificar a los alumnos para la actividad en un campo profesional. Aún así, pese a la escasa duración de los ciclos formativos, no resulta estéril el cultivo de otra serie de competencias, consideras inútiles, hablando en términos de mercado.

Recomiendo la lectura de "La utilidad de lo inútil", un manifiesto de Nuccio Ordine, donde se reflexiona sobre el verdadero valor de aquellos saberes no considerados prácticos o con una finalidad técnica y comercial. Saberes inútiles que son la esencia de la vida y que díficilmente encontraremos en la programación oficial de un ciclo de formación profesional.

Pero, ¿es posible incorporar estos saberes inútiles a la Formación Profesional que nos ocupa? ¿no podemos incorporar el cine, la poesía, la literatura o el arte a la enseñanza profesional? Si todo lo útil es lo que nos hace mejores, como afirma Ordine, ¿no seremos mejores profesionales si cultivamos además estos saberes inútiles?

Como docentes tenemos la obligación de adaptarnos a lo que demanda el mercado, ser competentes, buscar la autonomía del alumno a nivel profesional. Aún así, tenemos lo oportunidad de crecer junto a nuestros alumnos, disfrutar del aprendizaje sin necesidad de monetizar nuestra relación o buscando un beneficio económico. Podemos sumergirnos en otro tipo de actividades, superfluas o consideradas como intrascendentes, pero que son esenciales en el proceso de maduración del alumno ¡y de nosotros mismos!

Nos solemos quejar de la falta de valores o principios en la sociedad actual. ¿No es la literatura o cualquier otra expresión artística un buen modo de transmitirlos y reflexionar sobre nuestra humanidad? Si queremos, ante todo, buenas personas, además de buenos profesionales, ¿no deberíamos preferir lo que es bueno a lo que es útil? como afirmaba J. M. Keynes. Pese a la vocación utilitarista de nuestra etapa educativa, ¿no existe una motivación idealista en nuestro propósito como educadores?

Volviendo al lado "útil" de nuestra práctica docente diaria, alguno se preguntará o argumentará que eso no es posible en los módulos que enseña. Puede que el módulo profesional sea muy técnico o con poca carga lectiva, pero estoy seguro que todos podemos incluir, trabajar y aprender con estos saberes inútiles incluidos en nuestra programación didáctica. Como siempre, cada cual puede cocinarse estos ingredientes "inútiles" como considere conveniente. Sólo hay que condimentarlos en nuestra receta educativa.

Finalizo citando a Ordine en el libro arriba mencionado: "(...) ningún oficio puede ejercerse de manera consciente si las competencias técnicas que exige no se subordinan a una formación cultural más amplia, capaz de animar a los alumnos a cultivar su espíritu con autonomía y dar libre curso a su curiositas."

Imagen: Demócrito de Diego Velázquez.

lunes, 28 de julio de 2014

COMPETENCIAS HUMANAS

El verano, para todos los que estamos habitualmente enfrascados en esto de la educación, es un buen momento para cambiar de tercio. Tiempo para dedicarse a otros pasatiempos, diferentes lecturas u otras aficiones. Muchos docentes somos, en el fondo, unos aficionados a esto de la enseñanza. Aficionados, no sólo como eternos principiantes, sino como fans o apasionados de la educación.
Algunos buscamos "desintoxicarnos" del mundo educativo, pero, al final acabas cayendo y revisitas algún blog, lees tu cuenta de Twitter o te entretienes con algún libro sobre educación (ver tablero: "Libros que marcan" http://www.pinterest.com/teacherrose1964/libros-que-marcan/). Incluso, en mi caso, me pongo a escribir en mi blog contraviniendo los buenos propósitos estivales...
Acabo escribiendo sobre la educación que muchos queremos, una educación real e ideal al mismo tiempo, una educación que ayude a cambiar nuestra sociedad. Educación que no se quede en instrucción y en buenos deseos. Una educación que permanezca en los jóvenes cuando sean adultos. Una educación que enseñe a colaborar y compartir, con buenas intenciones, sin competir.
Al final, termino añorando la educación que disfrute durante mi infancia. Una educación tal vez edulcorada durante nuestra niñez. Una educación basada en unos valores que parecen perdidos u olvidados en la sociedad. Valores que, en la vida adulta, parecen relegados a un segundo plano. La pasta, el poder o el postureo predominan, en esta, nuestra vida real. Aún recuerdo, con 12 o 13 años, como recortábamos imágenes de revistas con aquellos valores negativos que pensábamos transmitía la sociedad y queríamos evitar. ¿Dónde han quedado aquellas enseñanzas? ¿Era aquello algo sólo para niños?
Sin desconsiderar las mediciones de PISA, creo que nos urge reflexionar más sobre cómo mejorar las competencias "humanas", en lugar de avanzar en la competencia financiera. Buen verano.


photo credit: <a href="https://www.flickr.com/photos/captureofdreams/4632436134/">Capture Of Dreams</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/">cc</a>

miércoles, 9 de julio de 2014

¿INNOVAS?

El término "innovación" aparece en cualquier debate, exposición o fórum educativo que se precie. Un término que encuentro algo desfigurado o tergiversado; parece un comodín ante cualquier "nueva" práctica educativa que creemos estar llevando a cabo. Utilizar powerpoints, un blog, una PDI o una tablet no son per se innovación alguna. 

Me gustan más otras acepciones del término innovar. Innovación como algo a lo que te atreves sin saber si va a funcionar. Innovación como un proceso de búsqueda para hacer las cosas de un modo totalmente distinto. Innovación como adaptación a tu aula de prácticas educativas de algunos "maestros" que pululan por la red: ¡visita Twitter!. Innovación como transformación que motiva a alumnos y profesores. Innovación que implica riesgo y fracasos. Innovación tanto con TIC como sin ellas. Innovación como una alteración integral del proceso de enseñanza y aprendizaje: la práctica docente, nuestra relación con los alumnos y entre ellos, incluso del entorno físico. 

No hay que demonizar prácticas docentes que siguen funcionando, pero si hay que insistir en la necesidad de arriesgarse, probar, inventar, crear, cambiar o revolucionar lo que venimos haciendo por inercia como docentes. 

Algunas propuestas "innovadoras" nos pueden parecer de difícil aplicación, pero hay que intentarlo. Podemos seguir con la misma película de siempre, al estilo "Atrapado en el tiempo", o disfrutar con la experiencia que suponen las novedades reales en el aula. Novedades que no vienen sólo dadas por más tecnología sino por un cambio y progreso real de nuestro papel como docentes.