lunes, 21 de marzo de 2016

EDUCACIÓN & #LOVETWITTER

Tras diez años desde el primer tuit de la historia podemos seguir planteándonos su conveniencia o no como herramienta educativa, si merece la pena su uso en profesores o alumnos u otras muchos interrogantes relacionados con Twitter y la educación. Pero es innegable su increíble aportación a muchos docentes que, gracias a Twitter, hemos conocido de primera mano otras experiencias educativas, una nueva mirada en nuestra forma de enseñar y aprender, un medio increíble de estar al día en metodologías, herramientas, pedagogía, etc.  Por no hablar de la gente que vas siguiendo y conociendo, admirando en silencio y públicamente, que incluso llegas a conocer físicamente en encuentros educativos gestados también en ocasiones por medio de Twitter.


Ahora que se habla de su estancamiento en número de seguidores, su abandono por los más jóvenes en busca de otras emociones y privacidad (interesante artículo de Juan García), la escasa interacción de los twitteros, el exceso número de RT requeterepetitivos, los problemas profesionales y legales que siguen ocasionando, la elevada cantidad de cuentas abandonadas o la banalidad de muchas cuentas abiertas, sigo creyendo que Twitter es tan necesario como siempre para nuestro crecimiento profesional.

Twitter tiene su lado terapéutico, donde ahogar penas o mostrar indignación y alegría. Twitter es un medio perfecto para no perder las últimas líneas de los blogueros que te interesan o seguir conociendo tipos nuevos interesantes. Twitter también es ideal para mostrar tus experiencias en el aula, tus éxitos y fracasos, las  reflexiones personales. Gracias a Twitter podemos trascender más allá de las paredes de la escuela, podemos mostrar nuestro blog de aula, hacer visible el trabajo de los fantásticos alumnos que nos acompañan cada año. Abrir Twitter cada día supone siempre algo interesante que leer diferente al diario digital de turno, más aún si te apasiona la educación y buscas actualidad.

También podemos meter la pata en Twitter, ofender sin pretenderlo con tuits donde no se capta la ironía o el sentido final del mensaje. Pero estos casos son anecdóticos entre los miles de tuits que se escriben diariamente. Afortunadamente Twitter es una muestra del mundo educativo que disfrutamos, donde hay mucha gente que generosamente colabora con otros colegas, donde el respeto mutuo es la norma pese a las divergencias, donde por suerte faltan aún muchos docentes que muestren su experiencia profesional más allá de la promoción personal o el mero marketing educativo.

Twitter es un escenario magnífico para conocer no sólo nuevas y viejas teorías educativas, si no para aprender a respetar otros planteamientos vitales y educativos sin necesidad de ofender o tratar de imponer un único modelo. Tendemos a seguir a los "nuestros" en Twitter, pero es mucho más sano conocer cómo piensan otros e incluso tratar de ser objetivos, ¿o no existe la objetividad en la educación?

Algunos siguen reticentes a Twitter por su aversión a las redes sociales o su compulsivo cariño a Facebook, a los dicharacheros grupos de Whatsapp o del incipiente Telegram (ver artículo de David Álvarez). Otros tenemos altibajos a la hora de utilizarlo y observamos las entradas y salidas de tuiteros que permanecen o abandonan al pajarito por cualquier motivo.

¿Hacia dónde va Twitter? No lo deben saber ni sus fundadores. Como todas las herramientas tecnológicas sigue evolucionando, buscando una viabilidad económica y un constante crecimiento aún a costa de su objetivo fundacional: compartir conocimiento para ayudarse mutuamente. Recomendable, también por mis alumnos y para conocer sus orígenes, la lectura del libro "Cosas que me contó un pajarito" de su cofundador Biz Stone.

De todos modos, esperemos que estos cambios incesantes revitalicen su uso y eviten el tedio en los tuiteros habituales y noveles. Y, por simple melancolía, vale la pena echar un vistazo a ese primer tuit que lanzamos algunos hace ya demasiado tiempo...


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada