lunes, 18 de abril de 2016

LA BIBLIOTECA ESCOLAR IDEAL

Mi biblioteca ideal en un centro educativo es aquella que respire vida, donde se sienta un trasiego constante de chavales, que sea uno de los lugares centrales de la escuela. La biblioteca no puede ser un mero espacio de preparación de exámenes, consulta de Internet o, peor aún, un lugar donde cumplir alguna medida disciplinaria.

No soy experto en planes de fomento de la lectura, pero me cuesta entender aquellos centros donde la biblioteca escolar sigue anclada al siglo XIX, no por sus enciclopedias bien ordenadas, sino por su organización del espacio, mobiliario poco confortable, decoración antidiluviana, dimensiones reducidas u horarios intempestivos.

No debiéramos considerar la biblioteca únicamente como un espacio de silencio y estudio, a menudo utilizado para el trabajo personal del bibliotecario/a de turno. La biblioteca debe concebirse como un espacio donde, desde bien pequeños, los alumnos puedan elegir libremente sus libros gracias a un carnet de diseño magnífico y por supuesto gratuito. Un carnet con el que tengan acceso a libros actuales y de cualquier género, así como a aquellos ejemplares clásico que les recomienden docentes, amigos o familia.

La biblioteca debe ser visitada y vivida con cierta frecuencia también durante las clases, para que aquellos más remolones o con menos ambiente lector en casa puedan conocer lo que se esconde detrás de un buen libro -¡cómics y tebeos inclusive!-. Porque la biblioteca no puede ser sólo recordada durante la semana del día del libro o pensada como una actividad puntual más del centro escolar. La competencia lectora es básica para conformar el aprendizaje futuro y afrontar con mejores garantías las sucesivas etapas educativas, y las bibliotecas escolares o públicas son buenas aliadas.

Seguro que todos coincidimos que una biblioteca necesita un buen mobiliario; butacas, sofás o alfombras para leer en el suelo, estantes donde destacar novedades o una iluminación adecuada y natural. La biblioteca no puede estar reñida con los dispositivos digitales, también podría ofrecer libros electrónicos, pero el papel y la ausencia de ruidos debieran ser una norma. En este tablero hay buenos ejemplos al respecto.

Que los alumnos comenten libros de forma libre, que utilicen sus redes sociales para recomendar lecturas, que intercambien sus propios ejemplares o que propongan al centro la compra de sus libros favoritos, también puede hacerse desde la biblioteca. Eso sí, una buena biblioteca también debiera ser un punto de encuentro donde sea participe todo el profesorado, no sólo el emplazamiento de las "ratas de biblioteca" o los profesores de Lenguas, sino donde cualquier docente colabore y proponga acciones en pro de la lectura como un placer más.  No dejes de visitar el blog de Salva Barrientos y sus artículos sobre animación lectora o lectoescritura.

Por suerte hay muchos "locos" docentes que se empeñan en que sus alumnos disfruten de la lectura sin obligar a leer y rellenar soporíferas fichas. Podemos encontrar profesores motivados que montan sus blogs o fomentan los booktubers, o están siempre ideando algo relacionado con los libros empeñados en el aprovechamiento de la biblioteca de su aula o de la escuela. Pero debiera ser el equipo directivo del centro el responsable primero en diseñar, junto a los docentes, un ambicioso plan lector donde la biblioteca sea el corazón de la escuela.

¡Ah! Por cierto, en FP también leemos... :-)

photo credit: Library right via photopin (license)

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