martes, 6 de septiembre de 2016

¿QUÉ FORMACIÓN NECESITAN LOS DOCENTES?

Cada vez parece más difícil seleccionar y conformar un plan formativo que atienda a las necesidades de los centros educativos y su profesorado.  Es enorme la oferta de cursos, charlas, congresos, ponencias... que podemos encontrar por las redes o a través de multitud de centros y organizaciones especializadas.

Si a todo ello le añadimos las modas educativas del momento junto a la necesidad de no perder comba y mantenerse actualizado, tratando de satisfacer las demandas de las familias o las empresas y buscando cumplir los requisitos de titulaciones exigidos por la administración; nos encontramos ante una complicada decisión.

Los equipos directivos buscan además una formación que motive, que a su vez tenga impacto real en el aula, de carácter práctico y si es posible con esa "innovación" que ahora debe aderezar cualquier decisión. Con el problema añadido de la singularidad de nuestra profesión: cada docente tiene necesidades diferentes y prioridades diversas.

reflexión formación docentes profesoradoEn mi opinión, todo ello no quita que se pueda planificar en los centros educativos una formación que pueda satisfacer a todos los individuos o grupos implicados. Creo que cada centro debe diseñar una línea de formación donde se busque un aprendizaje común, que se haya reflexionado de antemano entre toda la comunidad educativa, y, por otro lado, una formación individual, formal o informal, que trate de satisfacer las necesidades propias de cada docente.

Es necesario ese aprendizaje común para seguir creciendo como centro educativo, para seguir desarrollando una cultura de aprendizaje que incluya el trabajo cooperativo entre los docentes, entre los alumnos y entre los alumnos y los docentes. Sin embargo, como mencionaba anteriormente, es precisa una reflexión pausada del claustro, a nivel individual y grupal, así como de los equipos directivos de cada centro. Es necesario tener claro qué tipo de competencias buscamos desarrollar y cómo deseamos que aprendan nuestros alumnos.

Aunque para ello, para esa necesaria reflexión, son imprescindibles los tiempos y espacios (artículo personal al respecto) donde los docentes podamos encontrarnos con calma y sin la mirada puesta en el comienzo del curso escolar, la documentación exigida, los materiales del aula, las últimas aplicaciones informáticas que hay que actualizar o un horario demasiado corto e intenso para pensar en común y sosegadamente.

Para la formación individual del profesorado, atendiendo las particularidades de cada docente, es necesario considerar previamente cuáles son esas necesidades propias y ver si se pueden satisfacer a través de los docentes del mismo centro educativo o de otros centros cercanos o similares al nuestro. Porque cada profesor tiene unas necesidades específícas a nivel de su área académica o técnica, su idiosincracia y sus habilidades digitales o personales. Para estos casos, la figura de un orientador de docentes no sería una mala idea, pese a que cada uno de nosotros solemos tener claras nuestras fortalezas o dónde cojeamos profesionalmente y buscar activamente la formación precisa.

Para articular cualquiera de estos dos tipos de formación solemos siempre recurrir a formadores externos, pero no debemos olvidar que las reuniones conjuntas y previamente preparadas, la conversación y el intercambio de opiniones con los colegas de la misma etapa escolar, ciclo o área, los acuerdos y el consenso al comienzo del curso; son igual o más válidos que cualquiera de esas sesiones formativas.

photo credit: Club Room @ the SoHo Grand Hotel via photopin (license)

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