sábado, 23 de enero de 2016

"YO SOY ASÍ"

Mal encaminados vamos cuando la respuesta ante cualquier llamada de atención o consejo es: "Yo soy así". Una respuesta que suele venir acompañada de un "Digo las cosas a la cara" o un "Así me lo han enseñado mis padres".

Me da la impresión que los "reality shows" han hecho mucho daño a nuestros jóvenes y no tan jóvenes. El ego desmedido, la falta de prudencia o la indisimulada carencia de humildad son algo característico de nuestros zagales; aunque supongo que también de los del siglo pasado (entre los que me encontraba).

educación soberbia o prudenciaEl "yo soy así" siempre me ha parecido una respuesta desafortunada. Porque si eres así (de insolente, impertinente, desconsiderado, insolidario, insensible...) mejor sería que cambiases o al menos lo disimularas en público. El "yo soy así" disfrazado de una cruel sinceridad no aporta nada de provecho.

Es necesario seguir educando en la empatía, el respeto y la solidaridad adornada de prudencia y discreción. No se trata de ser siempre políticamente correcto, pero sí de no tratar de no ofender al otro con unas palabras que no aportan nada. El tacto a la hora de expresar nuestras opiniones o el comedimiento cuando publicamos algo no van reñidos con la falta de franqueza.

Estamos abocados a entendernos, dialogar o trabajar en equipo con personas que no son de nuestra cuerda. Por ello es indispensable dejar el "yo soy así" de lado y entenderse con los demás evitando los malos rollos o los vanos comentarios. No se trata de callar para luego murmurar, sino expresar con respeto las opiniones personales evitando ofender al otro.

El tacto en las relaciones personales parece hoy día muy subestimado, mientras que los imprudentes y soberbios reciben injustas recompensas. Estamos a tiempo de ponderar de otro modo y valorar más otras actitudes de nuestros alumnos: sensatez, discreción, prudencia... Como siempre, la evaluación está en nuestras manos.

photo credit: White peacock showing off his plumage via photopin (license)

viernes, 22 de enero de 2016

ESCUELAS PÚBLICAS Y CONCERTADAS

Es una lástima el rechazo, la oposición o la supuesta rivalidad que se presume entre escuelas y docentes de la educación concertada con la pública. Es también incomoda la situación que en ocasiones soportamos los profesores de escuelas concertadas cuando acudimos a eventos organizados por la administración o desde centros educativos públicos. Supongo que ocurrirá lo mismo en caso contrario. Parecemos demasiadas veces -unos y otros- fuera de lugar.

Echo de menos mayor camaradería y empatía entre todos los docentes independientemente de su lugar de trabajo. Incluso mayor colaboración entre docentes de cualquier escuela sin importar los fondos que la sostienen. Es necesario borrar ese halo de incomodidad que se siente en determinados foros según sea tu situación laboral por cuenta ajena, interino o funcionario público.

educación centros concertados y públicos
No tiene mucho sentido defender una posición, la libre elección de centro educativo o la escuela pública, atacando a la otra parte como responsable de todos sus males. Existen muchas desigualdades, en función también de cada comunidad autónoma, demasiadas inversiones o gastos injustos, sobradas diferencias de las condiciones laborales entre funcionarios y no funcionarios. Incluso se presentan excesos, incumplimiento de normas o una escasez insoportable de recursos materiales y personales por parte de todo tipo de escuelas. Mucha disparidad que sólo hace disminuir la calidad de la educación en detrimento siempre del alumno.

Tampoco es sensato tener que defender los intereses propios en función del gobierno de turno. No podemos estar a merced de la ideología gobernante para tratar de prever nuestro futuro. No estoy en contra de las plataformas, asociaciones o encuentros educativos que defienden su parcela, pero sí es necesaria una mayor amplitud de miras, un mayor diálogo entre todos los tipos de centros y un acuerdo en los puntos en común que defendemos en nuestro sistema educativo. Al igual que es necesario denunciar los atropellos, irregularidades o injusticias vengan de donde vengan.

Me encanta conocer nuevas experiencias de otros centros, colaborar con otros docentes independientemente de sus centro de origen. Son escasos los ejemplos de colaboración entre escuelas, ya sea por la competitividad insana entre los mismos (concertada vs. concertada), los prejuicios o por falta de cultura cooperativa y rechazo mutuo (pública vs. concertada). Bastantes dificultades nos encontramos diariamente en nuestra labor para encima rivalizar con otros colegios o institutos para no perder alumnos, docentes o recursos materiales.

En las redes podemos encontrar magníficos ejemplos de docentes que comparten su trabajo y que están siempre dispuestos a colaborar o echarte una mano en cualquier proyecto sin necesidad de indagar en tu biografía profesional. En mi parcela, la Formación Profesional, encuentras fácilmente personas que consideran tu labor, te abren sus recursos o te invitan a trabajar con ellos sin tener en cuenta tu estatus laboral. De todas estas personas desprendidas o idealistas que pululan por las redes debieran los responsables educativos -políticos y directivos- tomar buena nota.

No es todo blanco o negro, y menos aún en educación.

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lunes, 18 de enero de 2016

¿POR QUÉ NO INNOVAMOS LOS DOCENTES?

Podríamos contestar a esta cuestión con el clásico concepto de la "zona de confort"; que si estamos cómodos con lo que llevamos haciendo toda la vida, que si lo tradicional sigue funcionando muy bien, que si somos magníficos profesionales... Sin embargo, entiendo que la falta de innovación de muchos docentes radica en la falta de tiempo y estabilidad profesional.

innovación docente educaciónLa escasez de tiempo es una constante de cualquier profesor que necesita muchas horas para llevar a cabo proyectos nuevos, programar las clases, reflexionar, coordinarse con los compañeros, evaluar, leer sobre temas educativos... Sin más tiempo disponible muchas propuestas quedan pospuestas indefinidamente a la espera de tiempos mejores. Conozco demasiados profesores que no se pueden permitir ningún confort porque el trabajo les sale por las orejas y deben priorizar la atención a sus alumnos sobre otros menesteres.

La manía de la administración educativa de proceder a cambios constantes, más de fondo que de forma, exigiendo nuevos títulos a los docentes o formación obligatoria e instando a presentar actividades "extraordinarias" para parecer que avanzamos, no hace más que restar tiempo a nuestra práctica profesional. Necesitamos más estabilidad y flexibilidad en la normativa, menos horas lectivas y más horas exclusivas en el centro para trabajar y formarnos junto a los compañeros. En caso contrario, seguiremos -a la larga- dando la razón a todos aquellos profesores que conviven únicamente con su libro de texto y el examen final de toda la vida.

Innovar supone arriesgar pero, sobre todo, mucha dedicación extra a pensar, diseñar y evaluar diferentes acciones formativas. Si vamos axfisiados cada día lectivo con nuevas tareas burocráticas, más alumnos y menor consideración social, la simple vocación no va a ser suficiente para comenzar o continuar con el cambio educativo y la consiguiente innovación.

La dirección de los centros educativos tiene una difícil tarea si pretende que el profesorado sea innovador a costa de más horas de dedicación. La originalidad o las iniciativas sólo pueden reproducirse aumentando los tiempos de trabajo en común y sosegado de los equipos docentes, ya sea por niveles o etapas educativas. El "sálvese quien pueda" es lo más fácil, pero no es útil si queremos crecer profesionalmente.

Seguir trabajando como islas o penínsulas en las escuelas no puede ser la única alternativa; se debe incentivar y promover el trabajo creativo desde la administración junto con la dirección de cada una de las escuelas. Luego ya veremos en qué fracasamos o que resulta provechoso, pero necesitamos tiempo para pensar y seguir haciendo continuamente junto a nuestros alumnos y colegas.

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domingo, 10 de enero de 2016

VACIEDAD

Vaciedad.

(Del lat. vacivĭtas, -ātis).

1. f. Necedad, sandez, simpleza.

2. f. ant. Cualidad de vacío.

Vaciedad. Eso es lo que me inspira la falta de preocupación ante la situación de Siria o de los miles de refugiados que campan o deambulan a cientos de kilómetros de nuestros confortables hogares.
Vaciedad que demuestran los medios de comunicación preocupados por crear noticias gracias a  la indumentaria de los Reyes Magos.
Vaciedad por la importancia que damos al resultado de un partido de fútbol que puede llegar a amargar la semana de más de uno. 
Vaciedad porque nos importa más la unidad o diferencias de una lengua y territorios que lo que sufre una familia como la nuestra. 
Vaciedad por dedicar más recursos a proteger fronteras y banderas que a ayudar a los refugiados que han dejado sus lugares de nacimiento. 

Todo me parece vacío. Somos capaces de rescatar a los bancos, subir los impuestos para cuadrar presupuestos y políticas, soportar la bajada de salarios, pagar por servicios que antes disfrutábamos gratuitamente o gastar luego lo indecible en cosas superfluas. ¿Y no somos capaces de ofrecer recursos para remediar el sufrimiento de miles de refugiados? ¿Deben las ONG u otros organismos internacionales estar suplicando continuamente aportaciones económicas?

¿No tendría sentido que nuestros gobernantes dedicaran más recursos a estas situaciones de emergencia? ¿No cabría una respuesta rápida y eficaz de las instituciones internacionales? ¿No podrían gestionar la recaudación de más fondos económicos por medios extraordinarios? ¿O debemos seguir conviviendo con las imágenes del telediario de turno mientras comemos?

Post publicado para el blog del proyecto "Maestros con los niños de Siria" 

Más información en redes sociales:
https://www.facebook.com/maestrosconlosninosdesiria
https://twitter.com/SolidaryTeacher



domingo, 3 de enero de 2016

2016: MÁS RECOMENDACIONES DE AULA

Bla, bla, bla... Bla, bla, bla.. Bla, bla, bla. Cada año muchos pretendemos comenzar proyectos nuevos, retomar ilusiones olvidadas o simplemente hacer algo mejor las cosas este nuevo año. Podemos seguir con el bla, bla, bla otro nuevo y pretencioso enero. Quizás algunos nos pasamos demasiado tiempo pensando, o quejándonos, o haciendo las cosas por inercia o tal vez sea un problema de prioridades.

Lo que sí tengo claro es que la transformación del aula depende únicamente de nosotros. Los docentes somos los últimos responsables de lo que sucede entre los pupitres, con los alumnos, con el aprendizaje. Podemos seguir ideando proyectos, probando nuevas herramientas, adquiriendo títulos o formación, pero, ¿cuál es la educación ideal?

No tengo ni idea. Algunos nos intoxicamos con un exceso de artículos "educativos" mientras que otros siguen con lo de "siempre". La evolución parece que sigue su curso, pero la revolución educativa se hace esperar. Aparecen tendencias y modas metodológicas o tecnológicas, pero no veo una línea clara a seguir o una inspiración común que nos acompañe a los docentes. Demasiada prueba y error. ¿Cómo alcanzar lo sublime? ¿Cómo seguir siendo ese profesor común que se vuelve memorable?

Mientras tanto sólo me queda recomendar más y más lectura en el aula y fuera de ella. Más utilización de Internet no sólo como fuente de conocimientos sino como colaboración con el mundo exterior y estímulo de la creatividad. Más aprendizaje conectado al móvil pero con cordura y desconexiones obligadas. Más creación, libre pero profesional. Más diseño de acciones ideando nuevos modos de hacer las cosas; cerebros -de profesores y alumnos- echando humo. Más humor, con ironía pero sin sarcasmo. Más discursos críticos pero no cínicos ni destructivos. Más reflexión e intercambio concienzudo. Y, sobre todo, más humanidad, compañerismo y disfrute de ese grupo de personas que nos tocan por suerte cada año.

photo credit: Ann Su Kyi via photopin (license)