lunes, 22 de febrero de 2016

¿EL SISTEMA DE CALIFICACIÓN FUNCIONA?

La calificación numérica de los alumnos es una de las tareas más ingratas, además de incordiante, de los docentes. Supongo que siempre habrá quien disfruta calificando o clasificando alumnos en función de unos baremos, pero entiendo que no resulta muy atractivo ni demasiado edificante tener que asignar un número al alumno del cero al diez en función del trabajo realizado y del aprendizaje supuestamente obtenido.

Podemos disfrazar nuestra buena voluntad en unas pruebas presuntamente objetivas que suelen limitarse a ciertos exámenes escritos y a la presentación de unos trabajos, también normalmente escritos, que se camuflan como "deberes" y que pueden subir o bajar nota e incluso suspender al alumno.

sistema evaluación calificación pedagogía

Entiendo también que el "ojímetro", es decir, la observación del alumno; su trabajo, interés, actitud, esfuerzo, voluntad, iniciativa, colaboración, empatía, bondad,... es más importante aún que otro tipo de pruebas. Coincido con Rosan Bosch, que afirma: "En los exámenes de la escuela no se mide el liderazgo, ni la capacidad de aprender por uno mismo o las fórmulas para colaborar de la mejor forma posible. Tampoco cómo buscar información y contrastarla o saber concentrarse cuando hay muchas distracciones. Todo eso no se evalúa en el colegio y son capacidades básicas en el mundo real."

Si nos fijamos además en la poca influencia del expediente académico, donde las habilidades personales y los contactos priman cada vez más, ¿por qué tanta obsesión en el boletín de notas o en las pruebas estandarizadas?

Personalmente cada vez me cuesta más tener que "cantar" unas notas finales que parecen a veces castigos o premios en lugar de acicates para seguir aprendiendo. No estoy en contra de la exigencia ni a favor de los aprobados generales, pero en ciertas etapas educativas el sistema de exámenes y de calificación dominante carece de función pedagógica. ¿Por qué no cambiarlo?

photo credit: Measure Once Cut Twice via photopin (license)

miércoles, 10 de febrero de 2016

LOS ALUMNOS TAMBIÉN PROGRAMAN

En los ciclos de Formación Profesional es habitual, además de muy necesaria, la realización de actividades que trasciendan del aula y conecten con la realidad profesional o con otros ámbitos no académicos. Suele ser complicado o solemos caer en la repetición a la hora de programar visitas, charlas u otras actividades "extraescolares" y complementarias.

Afortunadamente, como he podido comprobar este curso, podemos contar con la colaboración de nuestros alumnos; perfectos organizadores a la hora de programar este tipo de actividades. Como siempre, acaban sorprendiendo y planificando igual o mejor que cualquier docente experimentado, añadiendo un plus de novedad e ingenio a la hora de llevar a cabo estas visitas, charlas o dinámicas grupales.

ALUMNOS FORMACIÓN PROFESIONAL PROGRAMANDO


Os animo a dejar en manos de vuestros alumnos unas horas de vuestra programación. Siempre se agradece la frescura y los cambios que aportan nuestros alumnos. Conectar competencias profesionales y personales de tus módulos o asignaturas es posible a través de la planificación y realización de este tipo de actividads en las que uno o varios alumnos son responsables de su cumplimiento. Y, de paso, trabajamos y evaluamos algo más que un temario repleto de contenidos.

Os dejo con unos magníficos ejemplos que hemos podido disfrutar gracias a los alumnos de segundo curso del ciclo de grado superior de Comercio Internacional:

¡Enhorabuena de nuevo a todos ellos por la implicación y gracias por lo aprendido!

viernes, 5 de febrero de 2016

LOS PROFESORES NO DAMOS ABASTO

Quizás sea un problema de organización personal o puede que hoy día pretendemos llevar a cabo demasiados proyectos profesionales y educativos, buscando a su vez la conciliación familiar, el ocio o el crecimiento personal. Pero al final muchos docentes acabamos la semana con la lengua fuera y con la sensación de no terminar lo bien que debieras cada una de tus responsabilidades.

Nos debemos a nuestros alumnos, misión principal, por no decir única, del (buen) docente. Pero también debemos bregar con demasiados factores que influyen en el desarrollo de nuestras competencias: escaso tiempo para la reflexión conjunta, incremento de exigencias por parte de la Administración, número elevado de horas lectivas, autoformación...

Si a ello le añadimos, entre otras cosas, tener que bregar con los "deberes" de tus descendientes y convertirte en su profesor suplente con las "instrucciones" de su maestro, es imposible dar abasto. Ser competente sin esa carga de estrés continua se ha convertido en una utopía en los tiempos actuales. Tener en mente la escuela de lunes a domingo no puede ser saludable. Ni para profesores ni para alumnos. ¿O pretendemos imitar el modelo coreano?

Los días pasan y el curso en breve finalizará, ¿dónde quedan esos buenos propósitos de inicio de curso? Algunos vamos tirando, con satisfacciones personales gracias sobre todo a la cercanía con el alumno, pero vemos cada vez más lejos la posibilidad de innovación o de un trabajo bien hecho -¿Por qué no innovamos los docentes?- con este nivel de tensión cotidiano.

Nos queda el derecho al pataleo, la protesta o el desahogo con los compañeros o en un blog... Pero entiendo que nos debemos replantear la organización escolar a todos los niveles: horarios, asignaturas, espacios de trabajo, tiempos en común, proyectos...

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