domingo, 28 de agosto de 2016

EDUCACIÓN: ¿MEJOR O PEOR QUE NUNCA?

¿Nuestro sistema educativo goza de buena salud? ¿El sistema de Formación Profesional que tenemos es el más adecuado? Ante estas preguntas tan genéricas muchos contestarían rápidamente con un "No" y criticando los fallos que tiene nuestra educación, la escasez de recursos disponibles o incluso que parece haber un ente o lobby que pretende acabar con los ciudadanos críticos y responsables para que seamos más obedientes al sistema imperante.

Reflexionando sobre ello, tras dos lecturas que he disfrutado este verano; "El alumno Gerber" de Friedrich Torberg y "Filosofía mundana" de Javier Gomá, dudo cada vez más de la crítica incisiva sobre lo que se está haciendo en las aulas o acerca de nuestras más o menos trasnochadas leyes educativas. Dudo sobre si estamos peor que nunca o realmente estamos ante una oportunidad de enseñar y aprender de nuevas maneras teniendo en cuenta la enorme experiencia que atesoran nuestras escuelas.

No se trata de caer en el buenismo, si no disfrutar en el aula de los cambios transformadores que podemos llevar a cabo con más o menos medios, con nuevas o clásicas tecnologías; reflexionando eso sí sobre las metodologías que usamos o disponemos. Tampoco creo que sea cuestión de si seguir o no las modas educativas del momento -esa necesidad imperante de innovación- o volver a la caverna, al sufrimiento y sacrificio forzoso del alumno para que aprenda unos contenidos que deben ser validados al final de cada etapa escolar. Afortunadamente, cualquier docente tiene disponible más conocimientos y experiencias de aula que nunca, así como puede validar o contrastar su propia práctica profesional si tiene verdadero interés.

Gomá reflexiona sobre lo que significa ser culto: "quien practica una reapropiación crítica de una tradición heredada". A nivel educativo podríamos afirmar sin dudarlo que nuestras aulas son mejores que hace medio siglo, o acaso, ¿no son ahora las tasas de escolarización mayores que nunca? Sin embargo, ello no conlleva que toda la experiencia escolar y académica anterior sea invalidada por ello. Tampoco quita que sigamos insistiendo en la necesidad de mejora de nuestro sistema educativo en un consenso que nunca llega y en una educación que evolucione a la misma velocidad que la sociedad. Y,  pese a ciertos retrocesos o estancamientos, creo que podremos seguir afirmando que nuestros hijos y nietos tendrán mayores posibilidades u opciones disponibles a lo largo de su trayectoria académica.

Si nos ponemos pesimistas, en la novela sobre el alumno Gerber podemos encontrar ciertas analogías con la famosa reválida que se instaura de nuevo en nuestro país a través de la LOMCE. Unas reválidas que ya hace casi cien años atemorizaban a muchos estudiantes y  que decidían inexorablemente sobre su futuro profesional o académico. El tiempo dirá, pero probablemente estas reválidas son uno de esos retrocesos que antes mencionaba y que sufriremos si no rectifican nuestros políticos.

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