lunes, 21 de noviembre de 2016

¿SIRVE EL BOLETÍN DE NOTAS PARA ALGO?

Como cada curso, nos toca evaluar y calificar a nuestros alumnos a través de unos boletines que suelen mostrar únicamente unas calificaciones numéricas de cada una de las materias de la programación. Unas cifras con las que tenemos que valorar, nos guste o no, a cada alumno/a por el trabajo realizado a lo largo de un trimestre aproximadamente. Pero, una vez impresas esas notas, entregadas, y firmadas en su caso, ¿qué utilidad han tenido?

Según en la etapa educativa que se encuentre el alumno, estas notas suelen servir principalmente para acceder a otros estudios superiores o para obtener unas becas gracias a una media final exigida según cada circunstancia. Pero, ¿sirven realmente esas notas para el acceso al mundo laboral? ¿tiene alguna importancia la calificación final o con el título exigido es más que suficiente? ¿o son sólo un arma para mantener a raya a los alumnos díscolos?

boletines de notas evaluaciónAl fin y al cabo, dedicamos horas con hojas de cálculo para obtener unas calificaciones finales que, sobre todo en Formación Profesional o en la universidad, tienen poca influencia o impacto en la contratación laboral de los alumnos. Acabamos utilizando las calificaciones como una herramienta de premio-castigo para aquellos alumnos más esforzados o menos trabajadores con la esperanza de modificar actitudes o recompensar a los que no causan problemas.

Otro tema, a discutir sosegadamente, sería la conveniencia de cambiar el sistema de evaluación clásico que suele apostar por la mera valoración de unos contenidos a través de unos exámenes escritos y algún que otro trabajo a presentar con los que cocinamos unas medias más o menos ponderadas. En la FP, afortunadamente, ya se apuesta por otros sistemas de valoración que tienen en cuenta otras variables igual de importantes a la hora de medir la profesionalidad del alumno (ver artículos personales al respecto).

De cualquier modo, ya que tenemos que calificar al alumno, ya que es preciso otorgarle un número del uno al diez, y ya que debemos emitir un boletín que formara parte de su expediente académico, ¿por qué no darle una mayor validez a estas notas? ¿por qué no las empresas o empleadores dedican más tiempo a analizar el expediente académico de nuestros alumnos y valorarlo adecuadamente? ¿para qué tanto trabajo y estudio si luego sólo cuenta el apto o no apto que permite la titulación del alumno?

Todos tenemos en mente a muchos alumnos a los que valoramos positivamente, a través de las notas, por su trabajo diario y discreto, por su estudio esforzado pese a los inconvenientes que le rodean, o por su talante amable y respetuoso. Unos alumnos que, por no tener otras cualidades más demandadas en la sociedad competitiva actual -no hace falta siquiera mencionarlas-, no tienen tanto éxito en su inserción laboral o promoción en el mundo de la empresa. Quizás, a parte de valorar otras muchas cosas en esa nota final, sería conveniente que cada responsable de recursos humanos dedicara un tiempo a analizar las notas y el trabajo de muchos meses de cada uno de sus candidatos, y no sólo su facilidad a la hora de desenvolverse en una entrevista o el diseño más o menos exitoso de su CV.

De momento, por nuestra parte, sólo nos queda valorar y ponderar cada una de las competencias necesarias en la titulación profesional para la que estamos preparando. Todos tenemos claro que además de dominar unos contenidos técnicos necesitamos personas con competencias relacionadas con la cooperación, la implicación, el respeto, la actitud...  Si no repensamos las notas continuarán siendo un mero trámite para los que estudian para aprobar o para conseguir un pase a otros estudios. Así, puede que los boletines de notas sirvan para algo más.

photo credit: ScottNorrisPhoto A Show of Hands: Day 197 via photopin (license)

miércoles, 9 de noviembre de 2016

CAMBIAR EL NOMBRE A LA FP

En una de las conferencias del Fòrum d'Oportunitats, sobre la Formación Profesional en la Comunitat Valenciana, e impartida por Salvador Lorenzo -responsable de la formación en Repsol- se lanzó la idea de cambiar de nombre a la actual Formación Profesional con el fin de dotarla de ese prestigio deseado o, más bien, quitarle el sambenito de "hermana pobre" de la Educación.

cambiar el nombre a la FP
El lenguaje y las formas, además del fondo del asunto, puede significar mucho más de lo que parece. Tal vez podríamos pensar en sustituir el nombre de Formación Profesional por otro como Educación Profesional, Enseñanzas Profesionales, Formación Técnica, Aprendizaje Profesional... Para eso están los expertos en naming que seguro podrían dar con una denominación nueva para la FP con el fin de quitarle algún que otro estigma y dotarla del un valor añadido más.

De todos modos, antes de llenarnos la boca con ese prestigio deseado, los responsables políticos pueden llevar a cabo muchas medidas de apoyo. Más allá de organizar encuentros de FP, lo cual celebro, es básico un apoyo real y económico a esta etapa educativa. Es importante la presencia de los máximos responsables educativos a todos estos actos, su apoyo verbal a los docentes y la motivación de unas plantillas cada vez más sobrecargadas de trabajo y de necesidades de formación; por no hablar de la necesidad de fomentar sinergias y respaldar por igual los centros públicos y aquellos sostenidos con fondos públicos (concertados); ya que carece de sentido no apreciar y servirse de todos los profesionales que llevan décadas dedicándose a la formación profesional. ¡Cuánto echamos de menos un Jorge Arévalo en muchas comunidades autónomas!

Es también evidente que nuestra FP, ya sea en el modelo clásico con su Formación en Centros de Trabajo (FCT) o con su modelo Dual, necesita además de un posible cambio de denominación, una reflexión sobre el modelo y una inversión real para llevarlo a cabo. Ya se escucha en diversos foros (ver tuit a continuación), hablar sobre la idoneidad de aumentar la FP a tres cursos; de modo que no se pierdan horas lectivas en el centro educativo -como ocurre en el caso de la FP Dual o en Alternancia- y se respete el aumento de horas de formación y aprendizaje en las empresas.

Tener claro el modelo de FP, los recursos a invertir, las metodologías más idóneas para esta etapa educativa, valorar en su justa medida a los docentes que crean e innovan en la formación de los alumnos, invertir en recursos materiales actualizados, así como promover una interconexión real del mundo empresarial con los centros educativos, debiera ser una prioridad en la política educativa del país. Porque podemos cambiar el nombre a la Formación Profesional, sin embargo, sus docentes seguiremos siendo los mismos; por favor, escúchennos a todos.

lunes, 7 de noviembre de 2016

OBLIGACIONES NO ESCRITAS DEL DOCENTE

Existen unas leyes no escritas, pendientes de proclamación o de ser añadidas a la Carta Magna, donde figuran una serie de obligaciones, impuestas tal vez de un modo consuetudinario por las primeras clases que poblaron nuestras aulas. Unas obligaciones que todo docente debiera satisfacer bajo cualquier concepto; conocer y respetar si no quiere sufrir el escarnio y reprimenda de sus discípulos.

Me atrevo a enumerarlas, pese a ser consciente de haberlas incumplido en numerosas ocasiones, siendo probable que en el futuro puedan ser utilizadas en mi contra por cualquiera de mis queridos alumnos.

OBLIGACIONES DEL DOCENTE1. Corregirás los exámenes y trabajos siempre en el mínimo plazo posible, sin tener en cuenta los festivos u otras ocupaciones personales, contando siempre los días naturales, y no los hábiles, para la presentación de las calificaciones.

2. Contestarás en clase siempre a las pregunta del alumno/a que antes haya sido formulada. No podrás saltarte este criterio cronológico; manteniendo para ello tus cinco sentidos si recibes varias consultas al mismo tiempo con el fin de no alterar este criterio sagrado.

3. Cualquier asunto o duda relacionada con la materia deberá ser contestada no importando el horario -diurno o nocturno- e incluyendo fines de semana y fiestas de guardar. Se mantendrá la excepción del mes de agosto sin contar la última semana de dicho mes.

4. Si eres profesor/a novato o sustituto, tendrás que aguantar cualquier impertinencia relacionada con tu falta de experiencia, coordinación pedagógica, método de evaluación o todo aspecto relacionado con tu práctica docente. Deberás esperar al menos un trienio para demostrar tu autosuficiencia.

5. Mantendrás tu temple inquebrantable cuando algún alumno/a proceda a cuestionar tu evaluación y/o calificación de exámenes, trabajos u cualquier otra prueba que hayas estimado conveniente. No importara que seas poseedor de la razón o hayas tratado de ser lo más objetivo posible. La presunción del fallo en la corrección del profesorado es una prerrogativa universal del discente.

6. Argumentarás siempre que puedas los motivos para llevar a cabo esas innovaciones educativas que te hacen parecer un perro verde al lado de tus colegas de curso. Deberás para ello publicar y razonar por escrito la justificación del uso de esos métodos y herramientas "anormales" que se salen de la enseñanza "tradicional" y que pretender motivar a la par que estimular el aprendizaje de tus alumnos.

7. Informarás a tu clase de cualquier acontecimiento presente o futuro del centro educativo, donde haya alguna actividad (charla, visita, excursión...) a la que pueda unirse tu grupo pese a que no tenga ninguna relación directa con tu materia o curso. Se incluye también el conocimiento -al segundo- de cualquier incidencia personal en un compañero/a que les pueda suponer alguna hora libre. Eres libre de hacer mención a asuntos relacionados con tu vida personal para perder tiempo o satisfacer curiosidades.

8. Repetirás la explicación de cualquier concepto o problema a todo alumno a pesar de que no haya estado atento y lo hayas repetido por enésima vez. Se aplicará el precepto fundamental de "es tu trabajo".

9. Serás capaz de dirimir cualquier controversia relacionada con tu materia a la velocidad y exactitud de Google; citando ejemplos reales acontecidos en tu ámbito geográfico.

10. Guardarás para tu fuero interno cualquier tipo de manía o preferencia sobre el alumnado; no importa el padecimiento de matracas de carácter puntual o continuado. Debes demostrar falta de inclinación y una personalidad digna de un autómata.

Espero que guardes como oro en paño este breve, pero justo articulado, procurando no difundirlo entre los alumnos que sufren tus puntuales injusticias. A no ser que te encuentres entre los puntuales cumplidores...

photo credit: Tom Simpson Elektro, the Westinghouse Moto-Man via photopin (license)

martes, 1 de noviembre de 2016

SI NO EXISTIERA LA FP

Independientemente de la mayor o menor popularidad de los estudios de Formación Profesional, de si ahora conviene política o económicamente incentivar este tipo de estudios entre los más jóvenes o entre aquellos sin una formación reconocida; no podemos dejar de valorar los centros de FP por todo lo conseguido estas últimas décadas con los miles de alumnos que han pasado por nuestras aulas.

Pese al creciente prestigio, principalmente en los ciclos de grado superior, o las notables oportunidades laborales que ofrecen muchos ciclos formativos, no podemos olvidar la ingente tarea que se sigue haciendo con la formación personal y profesional de aquellos alumnos más jóvenes que aterrizan en unos estudios con una vocación no muy definida. De hecho, los anglófonos, utilizan el término vocational education and training (VET) para denominar a nuestra FP. Unos estudios que sirven para inclinarse hacia una profesión y comenzar a ejercerla como aprendiz.

SI NO EXISTIERA LA FPLas escuelas de formación profesional son una pieza clave de un sistema educativo donde parecen no encajar ciertos perfiles de alumno con los que falta conexión y una atención necesaria a su desarrollo personal. Es fácil encontrar jóvenes con inseguridades, con falta de apoyo familiar y con una madurez en desarrollo, que requieren una guía en sus estudios que les oriente y dirija sus esfuerzos hacia una u otra titulación. ¡Qué importante la labor de los orientadores en los centros de educación secundaria!

Los centros de formación profesional desempeñan una labor vital para el futuro de estos miles de jóvenes que cada año se matriculan en un ciclo formativo. Afortunadamente, todos los títulos actualizados tienen una duración de casi un año y medio de formación en los centros educativos, algo que se agradece en unos alumnos que mes a mes evolucionan y maduran en todos los niveles. Es una satisfacción ver la gran evolución, en tan sólo un curso, de muchos alumnos que aterrizan despistados, sin autoestima o con carencias de diversa índole.

Si no existiera la FP, seguro que habría que inventarla. No sé qué pasaría con tantos jóvenes que no tienen claro su camino, su futuro laboral o han perdido las ganas de seguir estudiando en un sistema educativo donde no encajan por diversos motivos. Ya no entro a valorar aquellos estudiantes más mayores o con otros estudios que buscan en la FP una inserción laboral que no alcanzan por otras vías. Quizás en estos casos, la Formación Profesional se ha convertido, sin desearlo y por disfunciones del sistema económico, en una vía de escape para universitarios en paro.

Mucho debiera agradecer a la FP nuestra sociedad, a los centros y a sus docentes que se esfuerzan en motivar a los alumnos, en ofrecerles una formación actualizada y en atenderles en la medidas de sus posibilidades pese al número de alumnos en el aula, la burocracia, las exigencias de la administración, la constante necesidad de formación técnica y el sinfín de proyectos que deben llevarse a cabo para mantener unas aulas llenas y preparadas cada curso académico.

Para más inri, las empresas demandan un perfil profesional cada vez más especializado y donde la actitud en el trabajo es un atributo imprescindible en los puestos laborales que se demandan. La coyuntura económica es de una complejidad creciente, además de precaria, lo que dificulta aún más si cabe la motivación de unos alumnos que buscan iniciarse en el mundo laboral o cambiar de rumbo profesionalmente. Nos toca lidiar con un panorama adverso y unos salarios decrecientes, lo que por otro lado, nos obliga a una mayor autoexigencia como docentes, si buscamos el éxito en la inserción laboral y promover aquello del lifelong learning de nuestros alumnos.

Aún así, pese a esta constante presión, que también se traslada a los docentes, pese a los cambios legislativos, pese a las incertidumbres en los puestos de trabajo, y a pesar de otro muchos más pesares -que también se sufren en otras etapas educativas-, la Formación Profesional sigue desempeñando una función vital en nuestra sociedad. No se trata de que nos lo agradezcan permanentemente, más bien que se nos considere como un cimiento básico del sistema educativo que ayuda en la transformación de las personas y de la sociedad en su conjunto.

photo credit: Ian Muttoo a window to another world via photopin (license)