jueves, 22 de diciembre de 2016

¿EDUCAMOS O HACEMOS MARKETING?

Los que enseñamos y trabajamos sobre marketing en el aula no nos cansamos de oír hablar acerca de la importancia de los contenidos en el mundo digital (eso que los expertos llaman content marketing), apostando por imágenes, gifs, vídeos cortos a los que el consumidor o cliente potencial dicen le gusta dedicar tan sólo unos segundos de su tiempo.

Los profesionales del marketing, aficionados a poner etiquetas y clasificar personas, tienen claro que las generaciones de jóvenes actuales (milennials y centennials) demandan inmediatez, son más pragmáticos y realistas. Consecuentemente, las compañías buscan hacerse un hueco en los móviles de unos jóvenes que viven 24 horas junto a una pantalla digital. Una postura, o una estrategia que, desafortunadamente a mi parecer, estamos llevando a cabo en la mayoría de los centros educativos que descuidan otras formas de comunicación.

marketing educación
Desde la escuela no podemos obviar las herramientas que utilizan los alumnos o su familias, para llegar a ellos o para comunicarnos de un modo más efectivo. Podemos debatir sobre el buen o mal uso del WhatsApp u otras redes sociales, pero está claro que son soportes que nos ayudan a transmitir información o incluso a reforzar los lazos entre la comunidad educativa. Lo que no está tan claro es que pongamos todo el esfuerzo en subir fotos más o menos bonitas, vídeos con fondo musical o subamos sólo contenido haciendo el indio con la moda del momento.

Si queremos educar en algo más allá de lo inmediato, distinto al consumo fácil, no debiéramos limitarnos a hacer el juego a los estrategas del marketing. Desde la escuela podemos -y debemos- trabajar más otras formas de comunicación más reflexivas ya sea a través de medios digitales o analógicos. Podemos informar a las familias, a nuestros alumnos o antiguos alumnos, a través de contenidos más elaborados; mediante un blog o una web donde docentes y alumnos participen en la redacción de sus contenidos o desde cualquier otro formato digital que nos permita discurrir.

En caso contrario, estamos dejando de valorar el esfuerzo que supone pensar, redactar, profundizar o reflexionar en cualquier tarea que llevamos a cabo en el aula o fuera de ella. Corremos incluso el peligro de sobrevalorar actividades por el simple hecho de ser más "vistosas" o por la fotogenia de sus participantes. La cultura del "Me gusta" o el pueril wasapeo no debe sustituir, al menos en las aulas, todo un trabajo y reflexión posterior que sí deben ser compartidas en beneficio de otros colegas o como parte del proceso de retroalimentación con familias y alumnos.

Por desgracia, muchas escuelas tienen que hacer uso del llamado marketing educativo, aún así, nuestra misión como educadores no puede quedar pervertida por tratar de comunicar o conectar mejor con esos alumnos o potenciales estudiantes. Enseñar a hacer un buen uso de las redes sociales, fomentar la lectura o trabajar la escritura a través de un blog, o considerar la importancia de la identidad digital, son objetivos totalmente complementarios e ineludibles.

La intimidad, la prudencia o el respeto también pueden ser cultivadas a través de las redes, de hecho, cada vez son y serán más valoradas en el mundo laboral. Como les dijo Carlos Fernández Guerra, lo más importante es cuidar la reputación online. (...)“Eres hipster o de otra tribu o tendencia urbana y lo cuentas online. Pero no muestres toda tu intimidad. La privacidad prima sobre lo trendy”.

Marketing, todo el que se necesite en los centros educativos, pero no como una prioridad que siga fomentando la inmediatez y superficialidad a la hora de consumir contenidos; con límites y tratando de educar en contraposición a intereses personales o meramente comerciales.

Que no nos acabe pasando como en este capítulo de Black Mirror...


photo credit: khalid Albaih bath of Likes via photopin (license)

jueves, 15 de diciembre de 2016

LA MARIHUANA PROVOCA FRACASO ESCOLAR

Un tema que cada curso me preocupa más es el de la excesiva tolerancia o errónea percepción sobre el consumo de marihuana en jóvenes y no tan jóvenes. Al igual que pasa con el alcohol en este país (ver datos del Ministerio de Sanidad), donde batimos récords de consumo juvenil, ahora, fumar porros no parece tener consecuencia alguna sobre la salud, más bien se le atribuyen falsamente fines terapéuticos.

marihuana porros causan fracaso escolarAfirmaciones como "ayudan a relajarme", "a mi no me afectan", "no son tan malos", "peor es el tabaco o el alcohol", "ayudan en algunas enfermedades"... es fácil oírlas en boca de alumnos jóvenes o adolescentes. La excusa de que sólo se fuma en fin de semana, acaba convirtiéndose en un acto cotidiano de muchos chavales que terminan consumiendo hachís o marihuana diariamente, de un modo cada vez más público y sin complejo alguno.

Todo ello lleva a algunos estudiantes a fumar cannabis antes o durante las clases -en los descansos-, sin percibir ninguna consecuencia para su rendimiento académico o sin querer ver los efectos negativos que, a nivel cognitivo, le están causando estas sustancias. Por no hablar del efecto llamada o el trapicheo que se origina y acaba creando nuevos adictos y consumidores de esta droga. Al fin y al cabo, aunque parezca sonar mal en el caso de la marihuana -aquí no valen eufemismos- estamos hablando de drogadictos o personas drogadas mientras asisten a clase.

Vale la pena leer el siguiente artículo de Jot Down, donde se desmonta el mito del cannabis como una droga medicinal, y donde científicamente se demuestran sus efectos negativos en la motivación del alumno; la ansiedad, irritabilidad, aburrimiento e insomnio que genera su dependencia; la pérdida de memoria y las alteraciones neuronales en los más jóvenes. Unos datos que apuntan a esta droga como una de las causantes del absentismo y el fracaso escolar, así como una fuente de conflicto con aquellos alumnos más irascibles por el consumo.

Pero, ¿qué podemos hacer en las escuelas? Está claro que se necesita mucha prevención temprana -ya durante la ESO-, así como mucha más concienciación sobre los efectos negativos de la marihuana demostrados científicamente. También se debe mostrar tolerancia cero ante esta droga, que ha adquirido injustamente una buena fama, y ofertar ayuda a los consumidores habituales. No podemos permitir que tantos jóvenes, un 35,7% de los jóvenes de 18 decían haberla consumido en los últimos 30 días ya en el año 2004, tiren por la borda su futuro académico o malogren su inserción profesional. Que las familias y los alumnos tengan información para prevenir el consumo, es también nuestra función como educadores.

Muy interesantes para ello los documentos y las campañas publicadas en la web del Plan Nacional sobre Drogas.

photo credit: torbakhopper get well -- ask your doctor if marijuana is right for you! "it's not for everybody, just mostbody!" scott richard via photopin (license)

lunes, 12 de diciembre de 2016

¿CÓMO DESPERTAR LAS GANAS DE APRENDER?

En la era de la comunicación y de las redes sociales, parece cada vez más difícil encontrar propuestas con valor que nos ayuden a los docentes a conectar con el alumno y tratar de mejorar ese interminable proceso de enseñanza-aprendizaje en el que estamos profesionalmente embarcados. Las redes sociales y la adoración de la imagen, en lugar de por la lectura comprensiva y por la concentración en el trabajo, nos puede estar llevando a una práctica docente cada vez más superficial o líquida, parafraseando a Zygmunt Bauman. Está claro que no sirve lo de siempre, pero ¿dónde están esas propuestas metodológicas que funcionan en el aula o esas prácticas docentes bien experimentadas y con sustancia?

¡Sólo sé que no sé nada!Nos encontramos en tiempos de transición donde discutimos por el tema de los deberes, el fracaso escolar o mezclamos todo ello con la necesidad de ser competentes en la economía actual. Los docentes clásicos o innovadores parece que toman uno u otro bando. Los aficionados a las TIC ya no somos tan extraños y hemos acabado tomando posiciones más pragmáticas de las que algunos pensaban. Nos tropezamos con demasiados planteamientos que a menudo nos distraen del quehacer diario o nos impiden mejorar nuestra docencia de un modo auténtico. A todo ello sólo falta añadirle los cambios normativos y la aceleración que demandan los jóvenes en cualquier ámbito.

No se trata ahora de lamentarse con aquello de que cada vez los alumnos vienen peor preparados, pero sí tal vez, de proclamar y exigir un mayor esfuerzo en el fomento de la lectura y en tiempos y espacios de silencio y concentración en las aulas. No se trata de gamificar o no, mindfulnear o no, si no más bien motivar desde bien pequeños en el aula a través de contenidos con los que conecte el alumno insistiendo en la lectura y en la resolución de problemas de cualquier índole. Tenemos chavales muy capaces pero con un compromiso o decisión demasiado superficiales con los que se necesita mucho trabajo personalizado o diversificado en el aula. 

La escuela es el lugar perfecto para trabajar todas estas competencias, ya que en casa no todas las familias tienen las mismas posibilidades, intereses o prioridades en la formación de sus hijos. No podemos pretender tener alumnos interesados en la ciencia, la técnica, el arte o la escritura, después de pasar una escolarización obligatoria con la que no conectan o con un entorno personal que no ayuda a ello. Aquí sí debiera actuar la neurociencia tratando de conectar e inspirar a los alumnos en cualquier área académica independientemente de su dificultad. ¡Qué difícil eso de inspirar o exhalar cada día atención, empatía, asombro, alegría, curiosidad...!

El problema, al menos en la Formación Profesional, está en la falta de recursos profesionales para atender al alumnado menos motivado o con diferentes necesidades educativas. En las etapas de estudios voluntarios, es cada vez más frecuente, sobre todo en los ciclos formativos de grado medio, tratar con alumnos desmotivados con un elevado absentismo o proclives al conflicto dentro del aula. En la FP debiéramos poder centrarnos en la formación técnica del alumno, además de preocuparnos de cada alumno como persona, pero el sistema de acceso o los cambios generacionales nos están abocando cada vez más a una formación donde lo prioridad es persuadir al alumno o "convencerle" a través de las calificaciones en el último término. 

Para no seguir desesperando con los problemas habituales, habrá que seguir tomándose las cosas con más calma, pero a su vez exigiendo mucha más concentración en las tareas que realizamos en el aula y valorando en mayor medida a los alumnos que se molestan en leer, escuchar y trabajar junto con los compañeros. Buscar la complacencia del alumno es fácil, más aún en unos tiempos donde darle a un Me gusta es demasiado barato y donde lo complicado está en proponer y compartir experiencias positivas y negativas como docentes. Sólo hay que ver la futilidad del uso de las redes o el uso del WhatsApp como un patio de corralas donde todo es intrascendente o pasajero para adolescentes y adultos.

Supongo que mis alumnos algo aprenden en mis clases, sin embargo, lo que más me interesa es que el alumno sea consciente de la necesidad de aprender constantemente, sin importar la experiencia ni los títulos acreditados. Aquello de "Sólo sé que no sé nada" sigue igual de vigente. Y eso también nos lo podemos aplicar los docentes en la escuela: ¡cuánto nos queda por conocer! 

Seguiremos, pese a los sinsabores, buscando el modo de despertar esas ganas de conocimiento.

photo credit: jaci XIII Sócrates via photopin (license)