miércoles, 15 de noviembre de 2017

CADA ETAPA EDUCATIVA TIENE SUS PARTICULARIDADES

En el mundo educativo actual, sobre todo en los medios de comunicación o en los foros públicos, suelen tratarse las necesidades de cada etapa educativa (infantil, primaria, secundaria obligatoria, bachillerato, formación profesional y en ocasiones, incluso la universidad) como algo homogéneo, sin una especialización a la hora de abordar las particularidades que cada uno conlleva.

Esto es aún más evidente en cuanto aparece una moda educativa que parece ser útil por igual con un estudiante de bachillerato que con un niño de primaria. Parece que nos puedan las ganas de "innovar" y dejarnos llevar por los "inventos" del momento, al menos para no parecer un docente trasnochado o demasiado tradicional.


No tiene sentido alguno, por muy vistoso y "moderno" que parezca, tratar de digitalizar contenidos, actividades a través de plataformas virtuales (LMS, SGA, EVEA, LCMS) con alumnos de primaria donde el principal objetivo de su educación debiera fundamentarse en la lectoescritura y en las operaciones matemáticas básicas. Empantallar a los niños a edad tan temprana no está produciendo ningún salto significativo en el aprendizaje, más allá de momentos de entretenimiento o un precoz interés por los sistemas informáticos. Los que no somos "nativos digitales" bien sabemos que no precisamos tocar un ordenador cuando teníamos diez años para poder manejar con soltura cualquier software en la actualidad. Lo que seguro echaría de menos, si me hubiera faltado en su día, es disponer de una buena biblioteca escolar o de unos maestros sensibles al fomento de la lectura.

Tampoco tiene sentido la instauración de unos deberes escolares del mismo tipo en cualquier curso; no importa que curses cuarto de la ESO o que hayas accedido a un ciclo formativo. Estimular la memoria es una actividad muy recomendada, así lo apuntan los neurocientíficos, pero si estamos trabajando competencias profesionales no hace falta aprenderse un listado de abreviaturas o copiar a mano tropecientas líneas. Muy diferente también de aquellos que están preparando el bachillerato y que necesitan presentarse a unas pruebas de acceso a la universidad.

Debemos tener claro que las necesidades del alumno, niño, adolescente o joven, son muy distintas y debemos abordarlas de modos diferentes en cada ciclo educativo. Hay metodologías adaptables a todas las etapas (Aprendizaje Basado en Proyectos, aprendizaje cooperativo, retos...), pero cada una de ellas se debe adecuar a nuestros alumnos y a los objetivos últimos de aprendizaje. No todo tiene interés para nuestras aulas ni va a solucionar las dificultades a las que nos enfrentamos cotidianamente.

No se trata de permanecer inmóvil o no buscar cambios en nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje habitual; tan sólo debemos reflexionar más a menudo sobre nuestras prioridades con los alumnos y si realmente la moda metodológica o tecnológica de turno nos aporta una mejora significativa o un alejamiento de nuestro propósito principal en la etapa educativa que nos corresponde.

En la Formación Profesional lo tenemos claro, no sólo gracias a los decretos que desarrollan cada título, sino por la experiencia acumulada; seguimos trabajando por lograr alumnos mejor preparados para el mundo laboral capaces de adaptarse al futuro que les espera. Nosotros, sí que necesitamos saber lo que demandan las empresas y cada sector profesional para titular a alumnos competentes; tratar de adelantar estas habilidades a alumnos de la ESO a través del emprendimiento o la gestión de empresas, no me parece ya tan lógico.

Sí es cierto que en todas las etapas debemos trabajar una serie de competencias personales que son fundamentales a lo largo de la vida: responsabilidad, civismo, respeto a los demás, esfuerzo, solidaridad... Aquí no cabe hacer distinciones excepto a la hora de transmitirlas según la edad buscando la significatividad de las actividades programadas para llegar mejor a cada alumno según su madurez personal.

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lunes, 13 de noviembre de 2017

¿DEBIERAN TENER UNA POLÍTICA DE REDES SOCIALES LOS CENTROS EDUCATIVOS?

¿Deberían los centros educativos tener una política de uso de las redes sociales para sus docentes u otros empleados? ¿Es necesaria una normativa o unas recomendaciones cuando las usamos tanto para uso personal como profesional?

Las ventajas del uso profesional de las redes sociales son diversas, con Twitter a la cabeza, las redes son espacios donde es posible obtener recursos valiosos, compartir materiales o conectar con otros docentes y profesionales de sectores diferentes al nuestro. Pese a que, eso que llamábamos "desvirtualizar" está en desuso, como bien expresa en su artículo @juanfratic"nosTálgICo. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?", aún se pueden conocer personas muy interesantes por las redes. Al fin y al cabo, la riqueza de Internet radica en esta posibilidad de ampliar miras gracias a los millones de internautas que están a nuestro alcance, ya sea física o virtualmente.

No creo que se deban censurar comentarios o enlaces compartidos, más bien es necesaria cierta sensibilización para separar este uso personal y profesional que hacemos de nuestras redes preferidas. El objetivo último es evitar asociar las posiciones personales o partidistas con la imagen del centro educativo donde trabajamos. Más aún con los tiempos que corren donde cualquier excusa es buena para acusar de "adoctrinamiento" al docente o escuela de turno. Y aquí no hay distinción entre centros públicos y privados.

Lo habitual es encontrarse con cuentas y perfiles donde aparecen nombres con o sin apellidos que rara vez incluyen el centro donde trabajan. Aún así, es corriente utilizar estas redes sociales tanto para subir contenidos del aula como para colgar referencias a situaciones personales. Es muy difícil trazar una línea entre unos y otros contenidos, aunque tal vez, si nuestros contenidos son mayoritariamente personales sería más adecuado obviar las referencias profesionales en nuestro perfil o enlazar a actividades de nuestro centro educativo. En su defecto, siempre nos quedaría crearnos una cuenta estrictamente profesional para interactuar con nuestra comunidad educativa o relativa a temas educativas.

Hace unos años era más fácil encontrarse con la típica coletilla en los perfiles de Twitter: "Opiniones personales", para evitar así cualquier malentendido con el empleador de turno. Ahora, con Instagram, también es difícil realizar esa separación entre lo personal y lo profesional; pese a que también sería recomendable utilizar dos tipos de cuentas e incluso dejar como privada alguna de ellas. Tendemos a mezclar ámbitos, lo cual no tiene porque ser negativo, pero ello nos obliga a ser mucho más cuidadosos con nuestras publicaciones. Lo mismo con Facebook o con Linkedin, donde es fácil mezclar la vida privada o nuestras opiniones personales con actividades educativas.

Cada día somos más conscientes de las oportunidades que nos puedan ofrecer las redes, pero no tanto de los problemas que nos pueden provocar, principalmente cuando estamos trabajando en empresas privadas o incluso podemos necesitar buscar un empleo en el futuro. La desmesura en los comentarios y el exhibicionismo gratuito no suele aportar nada a nivel profesional, más bien todo lo contrario; no se trata de autocensurarse sino más bien de emplear un sentido común para que no siga haciendo falta ninguna política de centro en relación a las redes sociales del profesorado.

Por suerte, siempre nos llegan noticias de oportunidades que, gracias a las redes sociales, han aprovechado algunos de sus usuarios, en este caso un docente en paro:

Por si las moscas, aún siendo un sector lejano al nuestro, el New York Times tiene su propia política para evitar problemas de imagen con su línea editorial. Un texto del que podríamos extraer alguna que otra idea: "The Times Issues Social Media Guidelines for the Newsroom"

De este texto, subrayaría su introducción, aplicable, en cierto modo, a nuestras escuelas:
We believe that to remain the world’s best news organization, we have to maintain a vibrant presence on social media. 
But we also need to make sure that we are engaging responsibly on social media, in line with the values of our newsroom. 
That’s why we’re issuing updated and expanded social media guidelines.

El problema de nuestro mundo educativo es la borrosa frontera entre la vida particular y la profesional. Desafortunadamente, muchos seguimos conectados también en casa, de un modo u otro, a nuestra actividad laboral. Por ello, es tan difícil poner límites o hacer distinciones en nuestras redes y a los contenidos que en ellas publicamos. Quizás sea una de las causas, aunque los ajenos a la profesión no lo crean, del estrés laboral que conlleva la docencia.

Colegas, nos vemos en las redes...

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martes, 31 de octubre de 2017

DEBERES ESCOLARES EN FP Y EN PRIMARIA

Aunque me meto donde no me toca, me apetece y parece conveniente retomar el debate -nunca cerrado- sobre los deberes escolares. Especialmente, en la etapa de la educación primaria, en la cual no me ocupo, pero que sufro como padre.

Ahora que parecemos más modernos que nunca, pedagógicamente hablando, que presumimos de innovación o inversiones en tecnología, parece una paradoja que nuestros niños sigan, una vez finalizada la jornada escolar, realizando tareas repetitivas o acumulando pruebas (exámenes) o ejercicios para casa no individualizados que atiendan a sus necesidades específicas.

El argumento del esfuerzo o de que el alumno aprenda a gestionar su tiempo, ser autónomo y otras competencias básicas, no tiene porque ser incompatible con unos deberes más racionales que tengan en cuenta lo que cada alumno precisa y que, sobre todo, no desmotiven o añadan estrés en niños que aún no son ni preadolescentes.

DEBERES ESCOLARES PRIMARIA FP
La jornada escolar diaria, habitualmente de 9.00 a 17.00 horas, es más que suficiente para trabajar contenidos o reforzar competencias. Se puede, y seguramente se debe, añadir alguna actividad o "deber" de refuerzo que fomente esa autonomía y responsabilidad; pero lo que no se puede es acabar con la convivencia familiar y el disfrute de los niños junto a sus padres o amigos porque no tengan suficiente tiempo en casa. Hablamos mucho de conciliar pero en España seguimos con cenas a horas intempestivas o acostando a los niños más allá de las diez de la noche; los deberes o las actividades extraescolares son otro factor más que no ayudan a tener unos horarios racionales.

Acabar el colegio, merendar, jugar un rato, estar con la familia, cenar, leer antes de dormir... no son compatibles si mandamos unos deberes donde un adulto además debe estar explicando la materia durante una hora o más en algunos casos. No se trata de sobreproteger al niño, más bien proteger su descanso, poder disfrutar con ellos de su infancia y que no pierdan las ganas de ir al colegio y seguir aprendiendo.

Tampoco creo que la solución radique en mandar tareas superoriginales a los niños, donde los padres parezcan concursantes, ni deberes donde el ordenador sea la herramienta principal por aquello de que las nuevas tecnologías estén de moda. Buen artículo de Carlos Magro al respecto: "Educación y tecnología: transformar las dificultades en posibilidades". Lectura, comprensión, escritura... trabajar este tipo de actividades de un modo significativo es más que suficientes para no perder el gusto por el conocimiento y desarrollar unas competencias útiles para toda la vida.

Parece que ya está demostrado, o algunos estudios así lo verifican, Polo Martínez, I., & Bailén, E. (2016). DEBERES ESCOLARES: EL REFLEJO DE UN SISTEMA EDUCATIVO. Avances en Supervisión Educativa, (25), que los deberes escolares no son ninguna panacea para aumentar el rendimiento académico. No hace falta mucho más debate al respecto si comenzamos a reconocer que los actuales deberes no introducen ningún componente emocional en el alumno ni logran unas mayores competencias en nuestros pequeños alumnos.

Y si hablamos de Formación Profesional, más de lo mismo. Si aprovechamos bien la jornada escolar no serían necesarias tareas adicionales para hacer en casa, trabajar en grupo después de las clases o memorizar contenidos. Ello no quita que exijamos unos exámenes para asegurar la comprensión y estudio de un temario, o demandar un trabajo adicional cuando no se rinde en el aula o el estudiante precisa más tiempo por cualquier circunstancia.

En FP son igual de importantes ciertas competencias personales (responsabilidad, saber estar, cortesía, puntualidad, autoexigencia, respeto...) que no caben en unos deberes escolares y se trabajan mejor en clase. Si encima logramos que se interesen por nuestra materia, que profundicen en ella por su cuenta y que conecten con la realidad profesional o académica que hay fuera de la escuela, ya nos podemos sentir más que satisfechos.

Mientras tanto, por favor, exijamos una racionalización de los deberes de los más pequeños.

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miércoles, 25 de octubre de 2017

LA FANTASÍA DE LA ESCUELA BURBUJA

Hoy nos reunimos en este texto para tratar de analizar las llamativas coincidencias que estamos viviendo en diferentes lugares. Vamos a comenzar a desenredar algunas de estas cuestiones.

La neutralidad imposible
Débora Kozak

Es interesante cómo cada vez cobran mayor fuerza en la difusión de sus ideas quienes piensan que la escuela debe ser un “mundo rosa”, una burbuja a donde nada se “infiltre” desde el exterior.

Puede verse la contundencia de este imaginario en las redes sociales. Vemos por ejemplo cómo en Twitter, espacio a donde suelen ponerse de manifiesto algunas situaciones entre terribles y absurdas que se viven cotidianamente en la escuela, los cuestionamientos que aparecen cuando se toca que vincula la escuela con la realidad. ¿Por qué molesta que la escuela sea permeable a lo que sucede en el contexto en el que está inserta?

La vida no es rosa. Parece obvio pero sin embargo el fantasma de la “neutralidad” recorre la escuela como si fuera posible mantenerla al margen del mundo. Tal vez lo más preocupante sea la idea de que deberíamos mantenerlos aislados para “no contaminarlos”. Y en este marco aparece la ilusión del “adoctrinamiento”, como si los alumnos fueran seres totalmente dependientes de los pensamientos y enfoques de sus docentes; como si no tuvieran reflexiones propias; como si fueron “moldeados a medida”.

Quienes creen estas cosas le exigen a la escuela mantenerse callada y al margen. Paradójicamente, en momentos a donde las sociedades requieren de la formación de ciudadanos con herramientas de lo más diversas para hacer frente a múltiples conflictos, es cuando a la escuela se le pide mirar para otro lado.

Si educar sólo se tratara de enseñar contenidos esterilizados, ¿cuál sería la función de la escuela?. En la era donde el acceso a la información resulta más un problema que una virtud tanto por su volumen como por su calidad, dejar de enseñar en las escuelas a analizar, comprender, argumentar y seleccionar esa información podría representar el enorme riesgo de dejar generaciones fuera de su propia realidad. ¿Cuál sería entonces el rol de la escuela y de los maestros y profesores hoy en la formación de ciudadanía?

En principio es necesario establecer que la escuela debería ser, por lejos, el lugar a donde se estimule el diálogo; el debate y el respeto por las diferencias. Resulta imposible pensar que esto es factible reclamándole al docente que sea “neutro”, que no tenga ideología. TODOS tenemos ideología, consciente o no; partidaria o no, pero todos la tenemos. La asociación entre “ideología y peligro” es la base de toda sociedad que ha perdido el rumbo de la democracia. Sembrar sospecha sobre el pensamiento diferente supone así que existe una forma de ver las cosas que es válida y que las de otros no lo son. ¿Cómo es posible construir diálogo si se parte de esta base?

Ahora bien: ¿esto implicaría que los docentes salgan a “adoctrinar” personitas dóciles dentro de su propia ideología? La respuesta obviamente es que no. Sin embargo esto interpela la idea de “neutralidad”, entendiendo que las subjetividades, puntos de vista o visiones del mundo existen de manera inevitable pero que además son el motor de los debates y la búsqueda de argumentos.

En las instituciones educativas debería garantizarse que todos las perspectivas de pensamiento pudieran estar representadas siempre y cuando ninguna de ellas resulte ofensiva o discriminatoria. La garantía de que así sea la darán siempre los docentes, cuyo rol indispensable en este proceso será el de guiar y mediar.

Otro aspecto fundamental para considerar es el lugar que ocupan las familias dentro de la formación de los alumnos. La escuela parte de recuperar lo que traen considerando como pilar que será la diversidad y la heterogeneidad lo que enriquezca y amplíe la mirada de los otros. No se trata de seres que se moldean “a imagen y semejanza” sino de personas en formación que escucharán, analizarán, comprenderán y tomarán cada una sus propias decisiones, más o menos fundamentadas según el caso. Pero el lugar de los enseñantes es el de facilitar y posibilitar que esto suceda.

Las propias teorías del aprendizaje han realizado aportes que confirman esto: se aprende de los problemas, de los conflictos de conocimiento. ¿Se puede aprender entonces cuando se intenta desconocer los problemas que llegan a la escuela desde la realidad misma que los impone?

En Argentina hemos visto con crudeza estos últimos tiempos el cuestionamiento a la escuela y los docentes por el tratamiento del tema de la desaparición de Santiago Maldonado. Chicos de todas las edades que llegaba preguntando por aquello que habían visto, leído o escuchado en medios y redes, sobre lo que intentaban buscar respuestas. Ante esto, el reclamo de silenciar el tema por parte de algunos medios y familias que se hicieron eco de este mensaje, poniendo en tela de juicio la capacidad de los docentes para dar tratamiento a este tema complejo. La figura del maestro “sospechada”, que abrió la puerta para todo tipo de ataques y desconfianzas sobre las escuelas.

Vivimos en un mundo convulsionado. Nuestra responsabilidad es preparar a los alumnos con las herramientas que se requieren hoy para vivir en él. Callar y ocultar lo que la realidad impone no parece ser un camino posible. O por lo menos no uno que posicione a las nuevas generaciones en situación de resolver esta complejidad que les toca vivir.




Doctrina, escuela y patria: ¿y qué hace el docente?
Ramón Paraíso

La situación política en Cataluña ha vuelto a poner la cuestión del adoctrinamiento en las aulas en el candelero. Desde el gobierno central y, sobre todo, desde los medios de comunicación afines se insiste de manera simplista e interesada en la idea de un sistema educativo, el catalán, que se constituye como una verdadera fábrica de independentistas y como espacio irradiador de hispanofobia. Una visión apocalíptica y sesgada pero en absoluto nueva. Recordemos que ya el ex ministro Wert recomendó la idea de “españolizar a los niños catalanes”. Así pues, no se trata de un debate surgido al calor de la situación política actual, sino que tiene un recorrido mucho más largo.

Por otro lado, llama la atención que la cuestión del adoctrinamiento en las aulas en España no dé el salto a los grandes medios de comunicación desde una perspectiva religiosa o de género. Y es que hablamos de un país laico que cuenta con una red de centros religiosos de enorme magnitud donde la religión católica tiene un notable reconocimiento en los planes de estudio, mucho mayor que otros ámbitos de conocimiento que quedan relegados a un segundo plano. Igual pasa con los centros segregadores por género. No se detecta un debate mediático de la magnitud del relacionado hacia la cuestión catalana ante este modelo educativo segregador. En definitiva, parece que lo que no han conseguido religión y segregacionismo escolar sí que lo ha hecho el nacionalismo.

No obstante, e independientemente de la situación política argentina, española o de cualquier otro país, quizá cabría reflexionar sobre el papel de los sistemas educativos y de sus docentes desde una perspectiva mucho más amplia. ¿Adoctrinan los estados a sus ciudadanos a partir de su red de escuelas?, ¿están libres los planes de estudio de doctrina político-social?, ¿cómo debemos actuar los docentes ante este panorama?

Sería ingenuo negar que las administraciones educativas que elaboran los planes de estudio de los distintos estados y regiones del mundo lo hacen de un modo neutral. Parece evidente que, como mínimo, se trata de planes que parten desde una perspectiva nacional y desde un posicionamiento social y económicos determinados.Y no cabe duda, además, de cuál es el modelo imperante, al menos en el mundo occidental. En cualquier caso, estando más o menos de acuerdo, se trata de sistemas y de planes de estudio legítimos, que estados democráticos se han otorgado a sí mismos de manera legal. Ahora bien, ¿significa eso que no hay doctrina en ellos?

Así pues, plantear la idea de una escuela burbuja se torna, en nuestra opinión, un sinsentido. La perspectiva nacional, ideológica y económica que subyace en cualquier modelo educativo contiene en sí misma una nada despreciable dosis de doctrina. Partiendo de ahí cualquier intento de neutralidad ideológica en los centros educativos resulta inviable. Por otra parte, en la escuela trabajan y conviven personas que, afortunadamente, tienen sus ideas y creencias propias y muchas veces además, todavía más afortunadamente, distintas entre sí. Ahora bien, descartada la idea de la escuela burbuja, ¿qué hacer?

Visto lo visto, quizá el gran recurso para el docente, para la escuela y para el propio sistema no sea otro que el diálogo. El diálogo entre distintas ideas, posicionamientos e ideologías; el diálogo para generar debate y, por supuesto conocimiento; el diálogo para, en definitiva, acercar posicionamientos y para evitar los choques de trenes que nos llevan a escenarios apocalípticos donde la Educación, con mayúsculas, acostumbra a ser la gran derrotada.


El docente polícromo
Óscar Boluda

Que la realidad es polícroma según el sujeto que la observa y experimenta es una afirmación que podría ser unánimemente aceptada. La escuela que vivimos, donde trabajamos y donde nuestros alumnos pasan buena parte de su vida actual, también debiera ser igualmente polícroma. No sólo por el bien de un alumno, más enriquecido a la hora de percibir su propia vida, sino para que la misma escuela crezca en un ecosistema donde es necesario un replanteamiento continuo de lo que se hace, siempre mirando de reojo al pasado y con vistas al futuro que nos espera.

Informar, reflexionar, debatir y comunicar son tareas a las que no damos la suficiente importancia en la escuela en contraposición de otras muchas que seguramente no son tan vitales. No se trata de querer influir en el pensamiento del alumno sino buscar la independencia intelectual de unos alumnos en formación inicial y permanente -al igual que debiéramos estar los docentes- prepararlos para la vida adulta.

Cuando en nuestras escuelas buscamos formar profesionales que sepan manejar el futuro, que entiendan lo que la sociedad y el mundo laboral pide de ellos, estamos profundizando igualmente en una concepto que debiera ser trabajado en cualquier contexto: el pensamiento crítico. Sin una capacidad crítica, que no de queja permanente, no podemos crecer como personas ni como profesionales.

En el mundo que a mi me ocupa, la Formación Profesional, muchos tenemos claro que los alumnos tienen su propio criterio que debe ser aprovechado para seguir creciendo junto a otras muchas competencias profesionales. Cada profesor en cada módulo profesional (asignatura) aporta al aprendiz unas competencias técnicas, así como unas destrezas personales, que refuerzan al alumno para que pueda desenvolverse mejor en un futuro empapándose de lo mejor de cada docente. Ahí reside gran parte de la riqueza de nuestra escuela.

No hay mejor alimento para la creatividad que un replanteamiento continuo de nuestra labor y de las rutinas heredadas. El alumno debe ser consciente de lo que hace y revisar, al igual que el docente, cómo ha venido aprendiendo y trabajando hasta el momento actual. Para ello es esencial conectar con otras escuelas, con otros colegas o estudiantes lejanos cultural o geográficamente, y así mirar más a menudo con otras lentes. Como ejemplo este mismo artículo donde compartimos diversas miradas que nos facilitan la evasión de esa angosta burbuja en la que nos movemos habitualmente.

Igual que nadie se escandaliza si buscamos fomentar el esfuerzo de nuestros estudiantes, tampoco debiera ser motivo de discusión ansiar alumnos críticos. Críticos con la sociedad y más aún con ellos mismos. Vivimos en una sociedad lo suficientemente democrática y avanzada para no saber qué valores son universales o qué normas de convivencia debemos respetar para no herir sensibilidades, avanzar en el bien común y no perpetuar el individualismo. Eso sí, también como docentes profesionales, hay que buscar más tiempos para meditar al respecto.

No somos ni burbujas ni neutrales. La escuela y sus docentes seguimos transmitiendo mucho más que disciplinas técnicas, aunque no con la repercusión que muchos calculan. La familia y el contexto socioeconómico son factores que mediatizan en mucho mayor grado -la vida presente y futura del alumno- que la influencia de unos docentes en su mayoría interesados en facilitar que sus alumnos aprendan y sean responsables a todos los niveles. Que esperemos que nuestros alumnos contribuyan a construir un mundo mejor no puede ser nunca un reproche.

Tres colegas, tres contextos, tres realidades... no tantas diferencias.

Muchas más reflexiones personales en los blogs de Débora Kozak (Pensar la escuela) y Ramón Paraíso (De Vuelta).


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jueves, 19 de octubre de 2017

SEGURIDAD Y PRIVACIDAD EN LAS REDES Y EN LAS AULAS

El uso de las TIC en el aula, tanto con equipos del centro educativo como con dispositivos personales -ya sean portátiles o móviles- conlleva una amenaza permanente a los datos personales del alumno y del profesorado. Es necesario por tanto aplicar políticas de seguridad, no sólo a través de la restricción de usuarios con software y hardware específico, sino a través de mayor formación y sensibilización sobre nuestro uso de Internet.

El concepto de identidad digital está cada vez más trabajado en las aulas, pero no lo suficiente, ya que cada año la exposición desmedida del alumnado (y no poco profesorado) a las redes sociales se incrementa exponencialmente. Es evidente que el álbum familiar guardado en un armario de casa ha pasado a mejor vida y la privacidad merece poco cuidado en las generaciones presentes y venideras. Confundir transparencia con exhibicionismo es una batalla a no perder de vista. Esos millenials de hoy y los que les sobrevienen parece que seguirán sorprendiéndonos a los viejunos de turno.

seguridad y privacidad en las redes y aulas

Me atrevo a dejaros algunos consejos o recomendaciones para que vuestros alumnos y compañeros docentes puedan navegar algo más tranquilamente por las redes sociales y a través de equipos propios o del centro. Muchas de estas medidas puedes encontrarlas en la Oficina de Seguridad del Internauta (OSI) donde dispones además de juegos, tests y herramientas gratuitas para la protección de tus dispositivos y la formación del alumno.

  • Navegación segura. Acostumbra a los alumnos que navegan a través de equipos públicos a utilizar la opción "Ventana de incógnito", "Privada" o "InPrivate" que aparece en Google Chrome, Mozilla Firefox o Microsoft Edge. De este modo no se dejarán nunca sus contraseñas o sesiones privadas abiertas. 
  • Cuentas de correo. Si los alumnos necesitan cuentas de Gmail, Microsoft o cualquier otra para trabajar en el aula, es recomendable que se creen una cuenta exclusiva para estos menesteres y no utilicen la misma con la que tienen su teléfono móvil configurado. Así también evitamos que exporten por error sus datos personales a cualquier otro equipo informático. Si el centro educativo facilita cuentas de correo es conveniente que avise para que se usen únicamente para cuestiones académicas o profesionales.
  • Cerrar sesión. Hay que insistir diariamente sobre la importancia de cerrar sesiones en aquellos programas en los que trabajemos online. En caso de que el alumno no pueda cerrar su usuario por cualquier motivo (corte de luz, fallo de la wifi...) siempre puede ir a la configuración avanzada del navegador y eliminar todo el historial (usuarios y contraseñas incluidas). 
  • Contraseñas. Esta es la típica recomendación a la que pocos hacen caso. Es preciso tener contraseñas diferentes para el correo, redes sociales, bancos u otros servicios. Al menos, ir cambiando la contraseña en aquellas plataformas más delicadas a nivel personal; así evitaremos ver comprometidos nuestros datos en caso de robo de la misma. 
  • Verificaciones. Activar la verificación en aquellos servicios (redes sociales, cuentas de correo...) para que te soliciten una clave en tu teléfono móvil (vía SMS) si se detecta un acceso desde un dispositivo nuevo o público. Evitaremos así intromisiones indeseadas si nuestra contraseña se ve comprometida. Desde la configuración de cada servicio web puedes activar esta opción.
  • Usuarios. Siempre que se pueda conviene crear usuarios personales con clave propia para el acceso a equipos públicos tanto para el uso del sistema operativo como incluso de las redes wifi. Es un buen modo de proteger los datos y pedir responsabilidad a alumnos y profesores en el empleo de los equipos.
  • Wifi segura. No se te ocurra navegar en redes wifi gratuitas de origen desconocido y fiable. Los alumnos son víctimas fáciles de este tipo de redes ya que siempre van justos de datos. Corremos el peligro de que roben nuestros datos y acceden a nuestro equipo personal. Incluso, si puedes, conecta en casa siempre a Internet tu ordenador a través de cable y desactiva la conectividad inalámbrica. (leer artículo al respecto). 
  • La ley. Informar sobre las consecuencias legales que tiene la suplantación de identidad, el acoso a través de las redes, amenazas, el robo de imágenes...Leer: ¿Qué es delito y no en internet?
  • Webs de confianza. Además de no dejar nunca datos en webs que no tengan una url tipo https:// (la "s" final es la clave) hay que concienciar a los internautas menores y a los ya creciditos sobre los peligros de las páginas de descargas o visionado online de contenidos piratas, así como de la cesión que hacemos cuando descargamos apps gratuitas en nuestro móvil permitiendo el acceso a nuestros contactos, cámara, micrófono, ubicación, etc. 
  • Educar, educar y educar. Los más jóvenes, por cuestión de hormonas o falta de madurez, no son conscientes de los peligros o inconveniencias que puede suponer la sobreexposición a las redes sociales, los comentarios que van dejando públicamente o las imágenes y vídeos que suben sin ningún tipo de filtro. Muy buenos materiales al respecto en el blog de Antonio Omatos
La privacidad es un bien demasiado preciado para que no eduquemos al respecto. Reservar algunas parcelas de nuestra intimidad siempre es una buena idea en unos tiempos en los ya no sabemos donde están los límites, qué pasa con nuestros datos y cuál será el precio que acabaremos pagando por hacer uso de servicios que parecen gratuitos. El big data, las redes sociales y el monopolio de Google son amenazas demasiado reales para no cuidar nuestra valiosa intimidad.

¿Tienes algún consejo más?

martes, 10 de octubre de 2017

SUPERFICIALIDAD O PROFUNDIDAD EN LAS REDES (Y EN LAS AULAS)

La liquidez o casi vaporosidad de la sociedad actual, que se experimenta no sólo en los más jóvenes, sino incluso en adultos ya formados, parece algo preocupante y sobre lo que deberíamos reflexionar con nuestros alumnos.

Influencers, youtubers, o un personal branding malentendido, junto al otrora famoso MYHYV, siguen haciendo mucho daño en las perspectivas y deseos de una juventud, millenials o incluso viejovenes que esperan encontrar su maná en los likes o en la fama etérea de las redes. Por desgracia, la humildad y la modestia no son valores favorecidos por los enredos de la comunicación instantánea o por los adoradores de imágenes en Instagram o de sus banales stories.


No nos queda otra que tomar cartas en este asunto y fomentar la discreción, el que vales por lo que eres y no por lo que posees (títulos o bienes) y la prudencia en nuestros actos públicos, ya sean virtuales o en carne y hueso. Nos debemos preocupar por la identidad digital, pero aún más por las formas de ser y actuar en público o en privado. Pensar antes de escribir y no al contrario. O donde digo escribir también valdría fotografiar, filmar, hablar...

Darse cuenta de lo poco que sabemos, de nuestra ignorancia ante tanto conocimiento acumulado disponible, de que somos expertos en nada y aprendices de casi todo, es vital para ser algo más que un número de seguidores o reproducciones pasajeras. El ego es muy mal consejero -casi tan malo como la falta de autoestima- pero hace un daño casi invisible a los más débiles que tienen que soportarlo o que acaban drogados por esos humos de grandeza mal entendida.

El silencio, la lectura o el debate respetuoso no son en absoluto incompatibles con la ludificación puntual en el aula, las nuevas tecnologías o cualquier otro método moderno que implantemos en nuestras clases. Más bien son un complemento obligado para aprender a trabajar en un ambiente propicio y en busca de una convivencia desde el respeto y sin la superioridad artificial del docente u otra figura cualquiera.

Espero que los tiempos de los zascas, los oportunistas, los ególatras incoherentes o los anónimos hirientes de las redes sociales pasen a mejor vida. Anhelo una vuelta o revuelta de esas redes que eran originalmente colaborativas, educadas y en búsqueda de esa última necesidad que describió Maslow: la mera autorealización.

Parece que tenemos mucha faena.

photo credit: iainmerchant Bottoms Up! via photopin (license)

domingo, 10 de septiembre de 2017

FP: VOLVER A LO BÁSICO

No es difícil encontrar compañeros estresados por la cantidad de burocracia, proyectos, reuniones, cursos o "innovaciones" varias. ¡Esas programaciones didácticas! Parece que los contenidos del curso y la tarea educadora de acompañamiento al alumno queda relegada ante tantas y diversas ocupaciones. Y encima el futuro próximo y el lejano no pintan nada bien.

La competencia entre centros, la necesidad de llenar aulas, el bilingüismo, la política desigual hacia los centros concertados y públicos o las modas educativas parece que siguen descentrándonos por obligación o afición hacia otros asuntos menores. Unos asuntos que no debieran hacernos perder el oremus. La mayoría sabemos qué necesitan nuestros alumnos y cómo podemos dar lo mejor de nosotros mismos; para ello necesitamos tiempo, dedicación y una implicación que nos permita seguir profundizando en los contenidos y competencias pretendidas.


En el caso de la Formación Profesional nos encontramos con dificultades añadidas. Por un lado, en los ciclos de grado medio, precisamos de unas competencias personales que nos permitan llevar a buen puerto unas aulas con alumnos en su mayoría poco motivados, inmaduros, con escaso hábito de estudio o con circunstancias personales  y familiares a veces complejas. Por otro lado, en los ciclos de grado superior, necesitamos además estar actualizados permanentemente; si buscamos una FP de máximo nivel, los profesores somos la clave y precisamos tiempo en exclusiva para formarnos técnicamente, preparar temarios y llevar a cabo un curso sin la ansiedad habitual que se contagia en los centros educativos. Por no hablar ahora de los pocos recursos comunes que hay publicados en abierto para los diferentes ciclos formativos.

Porque al final, si yo fuera alumno de FP, anhelaría profesores bien preparados, motivados, cercanos y que pudieran atenderme en condiciones. Y esto, en los tiempos que corren, parece una misión cada día más difícil para el profesorado. Los cambios sociales, la digitalización y el borroso modelo educativo no acompañan a un profesorado cada vez menos dedicado a preparar su clases sin sufrir inciertos experimentos. La Formación Profesional necesita un modelo a seguir que no dependa sólo del voluntarismo del docente o de los equipos directivos, donde se ponga la atención en la finalidad de nuestros estudios y no sólo en los métodos.

Necesitamos jóvenes que sepan vivir con espíritu crítico, que manejen bien los conceptos de su titulación, sin dejar de lado la creatividad y la ética. Futuros profesionales que sepan que el esfuerzo es el ingrediente principal a lo largo de sus vidas; que todo requiere un tiempo de estudio y de trabajo junto a unos compañeros, jefes o empleados a los que valorar y tratar adecuadamente.

Volvamos a lo básico. Volvamos a disponer de mayor tiempo para preparar clases y programar las materias. Esto no tiene que estar reñido con unas competencias digitales mínimas de los docentes o con asumir nuevos retos en la escuela. Necesitamos, sobre todo en FP, más tiempo al inicio del curso, más tiempo para coincidir con los compañeros, menos horas lectivas (hasta 25 horas semanales de clase en un centro concertado). Luego están los recursos materiales, las infraestructuras o la red wifi, pero lo básico sigue siendo disponer de más tiempo para dedicarlo a organizar materiales, actividades con los alumnos e incluso innovar en los ratos libres.

photo credit: Rusty Russ Seacoast Lighthouse in Late Winter via photopin (license)

lunes, 28 de agosto de 2017

MÁS FP Y MENOS TWITTER

Septiembre es para los docentes el enero del resto de mortales. Es tiempo de buenos propósitos -mayoritariamente de enmienda- donde comenzamos a (re)plantear el curso próximo, introducir alguna novedad o, simplemente, tratar de evitar los errores cometidos en el último año académico.

En mi caso, Twitter, mi principal fuente de recursos docentes y lecturas profesionales -hasta ahora- parece haber caído en el monologuismo sin búsqueda de réplica y un simple hervidero de trending topics donde se cuecen barbaridades desustanciadas. Este verano, por primera vez, ya me ha tocado silenciar o dejar de seguir cuentas impertinentes -a mi parecer- o que no me aportan nada valioso; ristos mejides de la educación, agrios lobos solitarios o insustanciales a discreción. Supongo que al final, más bien por consideración, seguimos a más tuiteros de lo que sería razonable; porque son ya pocas las cuentas que, sin acritud, aportan debate, ideas nuevas, comentarios jugosos, proyectos interesantes o noticias dignas de ser destacadas.

más FP y menos TwitterEn 2009 abría mi cuenta en Twitter buscando recursos y gente interesada en el mundo de las TIC y la educación, y así logré conocer tipos interesantes, blogs sobre educación y proyectos de donde sacar ideas para el aula. La interacción era enorme. Parecía un enorme chat de gente conocida y donde las buenas maneras eran la norma no escrita. Un lugar perfecto para repensar unas prácticas educativas heredadas que seguíamos transmitiendo sin espacios ni tiempos para cavilar. Una plataforma donde abundaban los blogs (¿ahora hilos?) con jugo. Mucha más educación de pupitre que política educativa.

Buscaba también docentes de Formación Profesional, aún hoy con escasa visibilidad, con los que compartir preocupaciones o simplemente aprender otros modos de enseñar. Un salir al exterior que te empuja a apreciar al que tienes a tu lado, a tus compañeros de escuela curtidos en vaivenes y horas de aula. Vas entendiendo que en FP hay mucho por hacer, que el prestigio debe partir de una estrategia clara y una apuesta decidida de la administración educativa; que los profesores somos el alma mater de unas escuelas donde se hacen grandes cosas con recursos limitados, aún prevaleciendo el "sálvese quien pueda" y un exceso de trabajo de sólo puertas hacia adentro.

Por ello Twitter debiera seguir siendo el lugar perfecto; un espacio donde encontrar a alguno de esos miles de profes de FP que buscan compartir alguna reflexión, un enlace interesante, los sinsabores, un compañero de proyecto, una experiencia de aula, un blog... Desafortunadamente, Twitter se parece cada vez menos a ese espacio deseado. Siguiendo con mis pretensiones de inicio de curso, me parece que es hora de filtrar o recortar más mi Twitter y seguir obstinado con la Formación Profesional.

Y que te vaya bien el curso (aunque no seas de FP). 😉

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jueves, 27 de julio de 2017

LA CERVEZA EN LA EDUCACIÓN: METODOLOGÍAS

Aviso al lector: prohibido su consumo a menores de edad, recomendado sólo a docentes noveles o viejunos. 

Parece que con el verano, además del aumento estacional del consumo de cerveza, se viene produciendo un incremento de conflictos entre las diferentes facciones de metodólogos y docentes a tiempo completo.

Los puristas, que se decantan por cervezas negras o tipo Ale, de abadía o trapenses, siguen en sus trece con que los contenidos son lo más importante y que la sabiduría se encuentra sólo en ellos a través de los libros de texto; no importa el grupo de clase, la edad, el tipo de estudios ni el entorno socioeconómico. La clase magistral es su marca de referencia, aunque la tecnología (fundamentalmente un proyector y un powerpoint) pueda servir a sus intereses. Catadores que gustan separar el grano de la paja y seleccionar los mejores cereales.

Luego tenemos los de la cerveza rubia, tipo Lager, que se atreven incluso con cervezas innovadoras: elaboradas con agua de mar, de agricultura ecológica, con zanahoria o aloe vera... Tipos que buscan la frescura y el buen rollo por encima de todo, a la caza de la motivación permanente y experimentando con  las TIC u otros métodos que parecen muy vanguardistas. A veces se pierden meditando en exceso, con florituras a carboncillo o acaban distraídos con algo lúdico; no estoy hablando de los clientes habituales de caña o doble de toda la vida; me refiero a esos con ojo clínico para buscar y seleccionar una u otra cerveza en función del diseño de la botella, su etiquetado original o un sabor particular e individualizado.

En cuarto lugar, están los que no saben ya adonde ir y que han terminado pereciendo en el interior de botellines de cerveza mezclados con limonada -tipo Shandy o Radler- tratando de adaptar sus clases a los alumnos según el curso, combinando metodologías tradicionales con otras más activas, barajando exámenes con evaluación por competencias, o complicándose la vida con materiales de la red junto a libros de texto. No confundir con los los bebedores de cerveza 0,0 que, a excepción de prescripción médica, destilan indolencia y apatía en el aula, o se conforman con cualquier mejunje de marca blanca.

Lo apasionante de este tema está en la facilidad de poder deambular de un grupo a otro, adaptándose a lo medios que se conocen o se detentan, sin olvidar nunca el cereal con el que trabajamos.

¿Y a ti, cuál te gusta?


P.D. Aprovecho y os dejo con este proyecto cerveceros (ABP o lager) realizado con los alumnos de Formación Profesional del ciclo superior de Comercio Internacional:  https://exportacioncerocomacero.blogspot.com.es/


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domingo, 9 de julio de 2017

ESCUELA DE PADDINGTONS

Las clases ya hace tiempo terminaron y algunos, pese a esas envidiadas vacaciones, siguen buscando el mejor lugar desde el que tratar de enseñar a sus alumnos. El entrañable Paddington también logró encajar con unos humanos desbordantes de manías, prejuicios y una educación a veces dudosa.

Cerrar los ojos, reflexionar sobre nuestra tarea docente, indagar en nuestro pasado u observar a nuestros colegas puede ayudarnos si queremos encajar en esas aulas donde los paddingtons nos esperan con no demasiadas esperanzas y cierto escepticismo. Por fortuna, a pesar nuestro, dichos paddingtons nos sorprenden cada curso; pretendemos estimularlos, motivarlos con diferentes artefactos o innovaciones extravagantes; al fin y al cabo, siempre se quedan con el aprecio, la consideración que reciben y tus intenciones como docente.

El curso próximo partirán nuevos paddingtons con sus maletas repletas de circunstancias y herencias con las que trajinar; equipajes donde cabrá la exigencia e incluso esos experimentos que gustan a los menos convencionales. Porque también habrá tiempo para deambular por otras paradas; ya sea en lengua extranjera, con humor, del revés o en alguna partida interminable. Eso sí, sin perder de vista otros destinos menos visitados pero igual de apropiados en un largo viaje: lecturas, música, arte, cultura... Habrá valido la pena el viaje si conseguimos su disposición por lo que conocemos.

Guardemos ahora los bártulos y soñemos un poco con los insólitos pasajeros que llegarán. No obstante, recarguemos todas las energías posibles porque nosotros ya nos hemos metarmofoseado en simples seres humanos.

#blimagen2017
Artículo para el reto #blimagen2017 

jueves, 22 de junio de 2017

LA AUTOCRÍTICA PROFESIONAL

Supongo que en todas las profesiones, así como a nivel personal, es poco habitual tropezarse con gente que ejerza habitualmente la autocrítica, y, sobre todo, que la exteriorice. A nivel docente es muy raro oír frases tipo "algo habremos hecho mal", "tenemos mucho por mejorar", "le hemos fallado a ese alumno/a", "debería cambiar en...", "sería mucho mejor hacerlo con un compañero/a", etc.

Si además trabajas como docente en Formación Profesional la realidad puede superar a la ficción. No podemos hartarnos a criticar a los alumnos, al sistema, a los equipos directivo o a la normativa vigente, si por nuestro lado no estamos cumpliendo de un modo responsable y diligente nuestra tarea como docentes. Hay que ser congruente si luego tenemos cualquier tipo de queja. Ser profesional requiere pararse a pensar en qué estoy fallando y dejar de lado la fácil crítica ajena que nada aporta.

autocrítica profesional educación

Cuando estamos formando a los alumnos para ser profesionales, nuestra actitud hacia ellos y con los compañeros, también transmite profesionalidad. El mirarse el ombligo y olvidarse del bien común de nuestra comunidad o centro educativo no aporta nada positivo. Como bien expresa Dolores Álvarez en su blog "La colina de Peralías": (...) Hay gente dentro de los claustros que solo les importa lo suyo y van a preguntar solo por su problema, sin pensar en el gran listado de tareas que tiene este grupo de personas, quieren ver su horario, su grupo de alumnos y alumnas, su clase… todo lo que a su mundo pertenece, ignorando lo que es la comunidad y lo que se trabaja en beneficio de toda ella, se actúa de forma egoista, sin pensar nada más que en lo que a su trabajo particular se refiere. (...) 

Comenzar, ahora que acaba el curso, a revisar lo que hemos hecho mal, donde podemos mejorar, en qué le hemos fallado a nuestros alumnos, compañeros o equipo directivo, o en como podemos contribuir a que nuestra escuela siga creciendo, debiera ser un ejercicio obligado en cada uno de nosotros. Porque calificar a un chaval es muy fácil, pero valorarlo, ponerse en su lugar e intentar que cambie y mejore ya es algo más complejo. Quizás, si nos tuvieran que calificar a nosotros, en algunos ítems (¿módulos?) no saldríamos muy bien parados.

Por mi parte, tengo bien claro que hay muchos aspectos que puedo mejorar como docente. Que mis clases podrían estar mucho mejor preparadas, que debo seguir profundizando no sólo en metodologías sino también en aprender a relacionarme mejor con alumnos que vienen cada vez más cargados de singularidades y rodeados de circunstancias anómalas o con compañeros que trabajan de distinto modo. Porque, al fin y al cabo, lo importante y lo urgente son nuestros alumnos, pese a nuestra circunstancias personales y a pesar de que a todos nos gustaría disfrutar perennemente de alumnos perfectos, motivados y sobresalientes.


Post dedicado a mi compañera Carmen B., de la que tanto he podido aprender por su disposición, actitud, buenas palabras, entrega a los alumnos y a la escuela, sensibilidad, prudencia, crítica constructiva e implicación profesional. Un ejemplo para los que necesitamos de mucha más autocrítica. Mil gracias Carmen por haber podido trabajar contigo y disfrutar de tu compañía. 

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miércoles, 21 de junio de 2017

EL CHIRINGUITO EDUCATIVO

Esto se acaba queridos colegas. Va llegando la hora de cerrar la paraeta pensando en disfrutar del chiringo estival. Un chiringuito en el que algunos seguirán inmersos en alguna que otra lectura educativa, otros tantos disfrutaran de curso veraniegos y la inmensa mayoría se quedará con la horchata u otras bebidas refrescantes de malta. Por no hablar de los frikis que seguimos de reojo los tuits del personal docente y no docente.

Lo bueno que tiene el chiringuito es que no se puede hablar de competencias básicas o profesionales, de flippeados o innovadores educativos. Cómo mucho, algún veraneante puede sacar a relucir el vídeo de Ken Robinson, lo mal que hablamos inglés por culpa de la escuela, el tema de los dichosos deberes o lo bien que vive el profesorado. En estos casos lo mejor es irse por la tangente, despotricar del sistema y rezar para que el tema derive en la última declaración de renta de Cristiano Ronaldo.

  Aún así, si gustas de sentarte solo bajo la sombrilla del chiringuito, siempre puedes llevarte algún ensayo ligero o sesudo sobre educación que confirme tu estado de saturación docente. No es preciso hacer caso a los que te piden desconectar del trabajo; puedes forrar tu libro con alguna revista del corazón o camuflarlo entre las hojas del diario Marca. Eso sí, ubícate lejos de la barra y no se te ocurra saltar cuando oigas a algún progenitor saturado por pasar tantas horas con sus zagales.

Aunque bien pensado, ese chiringuito de manual, de sombra perpetua, tirador de cerveza fresquito y camarero tostado con camisa hawaiana puede convertirse en una auténtica pesadilla. Imagínate esa marabunta untada en cremas y aceites varios apretujados en la barra pidiendo con urgencia su consumición como si no hubiera un mañana; ese desfile de carnes tatuadas y bañadores estridentes (sí, estoy pensando en los marcapaquetes de colorines, o peor aún, ¡blancos!); esos cuñados arreglando el país alrededor de unas bravas de dudosa calidad; y, sobre todo, ese “Despasito” machacando tu cabeza sonando una y otra vez en el hilo musical del chiringo de turno. ¿A que ya no te parece tan sugerente la idea?

Pero tranquilos, docentes, siempre os quedarán los recuerdos imborrables de estas últimas semanas de clase. Semanas trabajando a 35 grados a la sombra, eso sí, pero tiempo bien aprovechado, sin duda. Cuando hayáis tocado fondo en la fase más gris de vuestra experiencia chiringuitera, acudid a esas imágenes imborrables de los últimos días de trabajo guardadas en vuestra memoria: alumnos tristes y deprimidos por acabar el curso; juntas de evaluación provechosas y rebosantes de aprendizaje por los cuatro costados; viajes de fin de curso con la respetuosa y educada chavalada de 16 años al fresquito del sur hispánico; o la burocracia propia del cierre académico, quizá un pelín excesiva, pero totalmente necesaria para el aprendizaje de nuestros estudiantes.

En fin, docente, que eres un privilegiado. Disfruta de tus dos meses de vacaciones y, sea como sea el chiringuito más cercano a tu morada, visítalo al menos un día durante este verano. Busca un rinconcito sombreado, pídete una copa -algo cargadita, si me permites el consejo- y dedica un ratín a pensar en todo lo bueno vivido durante el curso, que seguro que es mucho. Y después descansa, descansa todo lo que puedas, porque (y ahora nos ponemos serios) no tengo ninguna duda de que te lo has ganado. ¡Feliz verano!


P.D. Post redactado junto a Ramón Paraíso, bloguero en "De vuelta" y profesor de Formación de Personas Adultas. 

lunes, 19 de junio de 2017

CRÍTICA DOCENTE

Este último curso parece que ha supuesto un punto de inflexión para algunos maestros y profesores que, supongo que sin ánimo de ofensa, se han dedicado a cuestionarse prácticas educativas, ciencias o pseudociencias, metodologías, libros, disertaciones, monólogos, tuits y cualquier otra opinión relacionada con la educación. 

Un buen reflejo de esta situación es el artículo de Toni Solano, "Malos humos", donde se hace eco de la dicotomía entre los amantes de la tradición educativa y los entusiastas del cambio educativo.  Unas posiciones que se parecen más a un partido Madrid-Barça que a otro tipo de debates.

CRÍTICA EDUCATIVA

Entiendo que con la crítica todos avanzamos, que replanteándose las cosas la mejora vendrá dada o que trabajar sólo a golpe de modas no lleva a cambios trascendentales en la educación. También percibo que la mayoría de los profesores están inmersos en su quehacer diario y suelen sólo recibir inputs a través de la formación que organizan los equipos directivos o los centros de formación del profesorado. Creo que somos aún minoría los que nos dedicamos a trastear entre blogs, tuits o webs especializadas. Una minoría que esta perdiendo la permeabilidad en relación al conocimiento compartido. 

Aún así, todos los que opinamos en público, influimos, en mayor o menor medida, en el ambiente que se respira entre el profesorado. Hace pocos años se sentía mucho más optimismo por las redes; pese a que hacía el mismo calor, pese a los recortes y gracias al atrevimiento de docentes que experimentaban formas de enseñar y aprender en las aulas. Ahora, además de los clásicos reproches a la "buena vida" del docente, nos encontramos con muchos compañeros disparándose unos a otros a cuenta de los métodos o itinerarios profesionales que se están experimentando. Tiros que se pueden sentir sin necesidad de gafas de realidad virtual. 

Si seguimos tomando estos derroteros, acabaremos, en el peor de los casos, con las pocas motivaciones de muchos profesores que no necesitan ningún empuje para sentirse solos en las aulas o desanimados por la falta de carrera docente; docentes que acaban prefiriendo la tranquilidad de un trabajo en plan ermitaño. Es muy fácil encontrarse con compañeros que despotrican por sus condiciones laborales, por la escasez de recursos o por cualquier otro agravio comparativo. Por ello, podemos y debemos seguir cuestionándolo todo, pero no es preciso caer en la crítica permanente, en el enfrentamiento, en el pesimismo o en un sarcasmo desmedido. 

Al final se habla poco del alumno y de su educación, nuestro propósito principal, en comparación a la saliva que gastamos juzgando nuestra situación personal o la de otros docentes, criticando la política educativa o maldiciendo la falta de nivel o educación de los más jóvenes. Por no hablar de la poca autocrítica que solemos arrastrar acerca de  nuestro trabajo en el aula.

Son muchos los sinsabores, los esfuerzos extraordinarios por llevar bien el curso y el elevado nivel de agotamiento en estas fechas. Sin embargo, sigue mereciendo la pena seguir compartiendo lo que nos funciona y lo que no nos funciona en el aula una vez finiquitado el curso. No podemos caer en el temor permanente al qué dirán. Que al menos nadie nos haga perder las ganas de seguir comunicándonos, mejorando nuestro trabajo, con TIC sin TIC y con lo que vayamos considerando. 

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domingo, 14 de mayo de 2017

EL ALUMNO IDEAL

Alumnos risueños, educados, motivados, obedientes, esforzados, creativos, ordenados, modestos, afables... Esos son los alumnos supuestamente deseables para nuestras aulas. Alumnos ideales confrontados a esos otros alumnos de los que solemos protestar y de los que parece que no debiéramos ocuparnos nosotros los docentes.

Entiendo que como profesionales nos debemos a todos y cada uno de nuestros alumnos. Incluso a aquellos que por muy poco esfuerzo que pongan o por muy impertinentes que sean, están en nuestras aulas. Estos alumnos son los que queman la mayor parte de nuestra energía diaria, los que nos desequilibran y desmotivan. No son clientes ni pacientes, son tan sólo nuestros alumnos con los mismo derechos y deberes que el resto.


Aún así, estos alumnos poco ideales son una de nuestras razones de ser. Es fácil enseñar a un grupo de chavales motivados, pero es también nuestro reto buscar el progreso de chavales mejor o peor educados, inmaduros o con un entorno desfavorable y que, si te los ganas y trabajas con paciencia, pueden sacar de sí mismos bastante más de lo que nos imaginamos. No se trata de ser un idealista, ni presumir de bondad infinita, más bien de sentirse medianamente responsable de unos alumnos que en otros casos acabaran abandonando los estudios o dedicándose a actividades poco "recomendables" para su edad.

Creo que no se trata de ser buenista, más bien ser leales con nuestra profesión y buscar lo mejor para con todos nuestros alumnos. Todo ello no quita ser exigentes o demandar el cumplimiento de normas de convivencia o respeto. Lo que si nos sobran son nuestros comentarios despectivos, principalmente en público, o pensar que este tipo de alumnos no van con nosotros. Afortunadamente, pese al elevado abandono escolar y pese a los sudores de cada curso, siempre tenemos la satisfacción de ver a estudiantes que maduran y reorientan su vida.

Es fácil decir esto a las alturas de curso que nos encontramos; cuando ya nos quedan pocas horas de clase e incluso algunos alumnos, desafortunadamente, han abandonado el curso. Tal vez hubiéramos podido hacerlo algo mejor. Pese a no ser ideales...

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lunes, 8 de mayo de 2017

¿NOS CAPACITAN PARA ENSEÑAR EN OTRO IDIOMA?

¿Está funcionando el modelo plurilingüe de nuestra escuela? ¿Tiene la Formación Profesional alguna particularidad al respecto que debiera tenerse en cuenta?

Son numerosas las administraciones educativas que exigen un determinado nivel de idioma -extranjero o cooficial- para aquellos docentes que quieren optar a una plaza pública o para aquellos profesores de centros privados que están inmersos en planes plurilingües -con los consiguientes exigencias idiomáticas- y desean mantener el empleo o ser seleccionados para un puesto de trabajo.

capacitación en idiomas

Dichas exigencias suelen constar en acreditar oficialmente un nivel B2 o C1 del idioma en cuestión (inglés, valenciano, francés, euskera...) más un certificado adicional de capacitación para la enseñanza en esta otra lengua. Y aquí viene mi primera cuestión: ¿son necesarios tantos profesores dedicando cientos de horas y euros a buscar esta certificación? ¿esa certificación es idónea y eficaz?

Por un lado, si la Administración nos exige estas certificaciones, basadas en el modelo plurilingüe y en la famosa metodología  AICLE (CLIL en sus siglas en inglés),  no tiene mucho sentido obtener un certificado de capacitación que se reduce a un examen -al menos en la Comunidad Valenciana- donde debes realizar una redacción, un breve test y una entrevista oral acerca de una serie de temas a memorizar.  Asimismo, tal y como afirma el estudio del MECD (página 134),  "La enseñanza de las lenguas extranjeras en el sistema educativo español": Las orientaciones metodológicas para las enseñanzas integradas de contenidos y lenguas extranjeras son diversas y varían entre las distintas Administraciones educativas, pero no varían tanto entre las etapas educativas dentro de una misma Administración. 

Quizás, además de acreditar cierto nivel de idioma, deberíamos analizar primero cómo vamos a incluir esos módulos o asignaturas en inglés y luego dar una formación específica para cada nivel educativo según sus características propias; si no, estamos pecando de nuevo en una titulitis sin remedio y con poco beneficio para docentes y alumnos. En mi caso, presentarme por libre a estos exámenes y obtener estos certificados no me ha supuesto ninguna capacidad adicional más que la obtención de unos requisitos oficiales que me pueden servir para mi empleabilidad futura.

En Formación Profesional, y entiendo que también en otras etapas de educación secundaria, no se puede dar una clase en inglés de cualquier materia con un mero B2 para un alumnado que presenta diversos niveles de competencia en lengua extranjera. No podemos ofrecer la docencia de estas materias en inglés; más bien, siguiendo la metodología AICLE, deberíamos ofrecer una formación que utilice el vocabulario específico en esas otras lenguas y manejando el idioma de un modo más natural a través de textos o páginas web. No nos han capacitado, ni debiera ser nuestro cometido, a enseñar lenguas ni sus aspectos gramaticales. Podemos ser todo lo flexibles que queramos, pero no se trata sólo de chapurrear mejor o peor una lengua y dar unos apuntes traducidos, poner algún vídeo o dar cuatro órdenes en lengua extranjera. Detrás de una buena clase en inglés hay mucho trabajo, muy poco valorado, donde se debe alternar la lengua propia y seguir trabajando los contenidos de cada materia en situaciones reales. Es decir, mucha metodología.

Para ello se debiera dar una formación mucho más unificada (existen decenas de entidades que acreditan esta capacitación en lenguas con todo tipo de niveles) y con una metodología contrastada que ofrecer a nuestros alumnos. No valen los experimentos donde cada centro o profesor es un sálvese quien pueda. La inversión en horas de formación para los docentes en detrimento de otro clase de formación, acabará redundando --sobre todo en Formación Profesional- en docentes menos actualizados en otros aspectos no menos importantes para la mejora profesional: actualización técnica, metodologías de la enseñanza y aprendizajes, competencias digitales, etc.

Si ahora se comienzan a exigir niveles C1 (como actualmente en la Comunidad de Madrid o en un futuro en la Comunidad Valenciana) para acreditar un dominio del idioma mayor, tan sólo estaremos prorrogando la agonía de miles de profesores dedicando su tiempo y dinero en acciones formativas para este menester. De nuevo nos habremos olvidado de capacitar -con una metodología que se haya demostrado científicamente- al profesorado en dar clases en otra lengua diferente al castellano; seguiremos cometiendo el mismo error y presumiendo de un supuesto éxito, sólo en el papel, de un sistema educativo plurilingüe. Probablemente nuestros alumnos tendrán más competencias lingüísticas pero no sabemos aún a qué precio y si habrá valido la pena tanto esfuerzo o podíamos ser más eficientes.

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lunes, 1 de mayo de 2017

LOS ALUMNOS MILLENNIALS NO EXISTEN, Y LOS CENTENNIALS TAMPOCO

Categorizar generaciones y distinguir entre millennials o centennials me parece de lo más inútil. Los profesores, que igualmente podríamos distinguir entre los de la generación X o los baby boomers, solemos caer en la trampa y pensar en que cada vez están menos preparados nuestros alumnos o que son menos responsables, inquietos o irrespetuosos, entre otras lindezas.

Generalizar suele ser una magnífica trampa a nuestra conveniencia. Creemos, conforme pasan los años como docentes, que la juventud no tiene remedio y que el ansia de saber finalizó con nuestra "excepcional" generación. Tendemos a olvidar nuestros años como adolescentes, donde raramente se hablaba de novelas o autores contemporáneos, donde las amistades eran el centro de nuestras vidas y la escuela un lugar y pasatiempo obligatorio que aceptábamos de mejor o peor grado. Eso sí, los chavales de ahora tienen la "desgracia" de multiplicar por mil sus distracciones o sus lozanos mensajes a través de sus (¿malvados?) dispositivos móviles.

alumnos millenials centennials no existen educación

Más que identificar generaciones o tratar de adaptarnos a las mismas, según ciertos criterios más relacionados con el consumo o con el mundo laboral, entiendo que cada curso tenemos unos alumnos nuevos con un nivel de madurez variable y que crecen con nosotros; ya que, como dice la célebre frase atribuida a George Bernard Shaw, "la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo". Como se dice vulgarmente: sólo hace falta que caigan del árbol.

Sabemos que cada alumno es único, y un año, durante la adolescencia, es un mundo para ellos; se puede comprobar fácilmente cuando te encuentras con alguno en cursos posteriores o una vez han finalizado su etapa escolar y están inmersos en la vorágine laboral. Aquí no importa si son centennials o nativos digitales o cualquier otra etiqueta que vende artículos y rellena tertulias; afortunadamente, la inmensa mayoría sigue madurando y revolviéndose -como nosotros- con las generaciones anteriores. Y vuelta a empezar.

Por eso no tiene sentido tratar de adaptar nuestros contenidos o procedimientos a estas generaciones como si existiera una receta insólita que nos permitiera dar con la clave de la motivación permanente; donde el alumno busque denodadamente el saber en nuestras clases. Más bien, se trata, como siempre ha sido, de conectar con el alumno a través del buen trato y del respeto; buscando enseñar y conseguir lo más difícil -que el alumno desee saber por saber-. Luego ya añadiremos las TIC, el aprendizaje móvil o las metodologías activas e innovadoras.

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lunes, 10 de abril de 2017

¿ALUMNOS SIN REMEDIO?

Los que trabajamos con grupos de alumnos con escasa motivación, jóvenes con mala experiencia escolar, con dificultades personales, con poco o desafortunado apoyo familiar y con un ambiente en clase que no suele ser el más adecuado, nos las vemos y deseamos para seguir un ritmo en el aula donde el alumno pueda aprender y seguir preparándose para el futuro.

En el caso de la educación postobligatoria -principalmente en los ciclos de grado medio de Formación Profesional- los docentes nos vemos a menudo sobrepasados y con dudas sobre nuestro objetivo principal como profesor. ¿Debemos dedicar más esfuerzo en aquellos alumnos que más se preocupan por su formación o nos centramos en los más problemáticos? ¿Es adecuada una política de mano dura o conviene buscar la motivación permanente o entretenimiento de los alumnos? ¿Todo vale para que el alumno promocione, consiga pasar de curso y no caiga en el abandono escolar? ¿Mi ocupación principal no era sólo enseñar?
¿Alumnos sin remedio? educación inclusiva
Entiendo que las respuestas a muchas de estas preguntas están dentro de los equipos docentes y en una formación -poco contemplada- que nos permita afrontar este difícil contexto que se da en el aula. Es imprescindible trabajar conjuntamente el respeto, otras formas de evaluar, la coordinación entre profesores, unos criterios comunes de disciplina, el fomento del esfuerzo y la cortesía, así como actividades de enseñanza-aprendizaje bien diseñadas que promuevan la actividad del alumno tanto dentro como fuera del aula. En estos casos no nos vale la el tradicional aislamiento del profesor ni buscar solventar la papeleta sólo a través de la dirección del centro educativo. No es válido aquello de "cada vez vienen peor preparados" ni lo de "están por civilizar". Desde la escuela no podemos solventarlo todo, pero sí buscar soluciones que impidan un final indeseado: leer "Juicios pendientes" de Toni Solano.

No se trata únicamente de (re)plantearse el uso de las TIC como herramientas motivadoras, ni discutir sobre el uso o no del libro de texto, ni mucho menos hablar de bajar el nivel académico de nuestras clases. Debemos de formular, en estos grupos concretos, una estrategia conjunta con la que abordar esta problemática de un modo que los alumnos perciban nuestro trabajo en equipo, donde la experiencia del profesorado se comparta entre compañeros, donde tengamos una base de recursos y apoyo para no caer en el desespero en estos casos. Recomiendo de nuevo la lectura del libro de Joan Vaello: "Cómo dar clase a los que no quieren".  De hecho, necesito su relectura...

Como profesores, ni el máster de formación del profesorado ni el extinto CAP, nos han preparado para afrontar conflictos, motivar a alumnos difíciles o ejercer como psicólogos en muchos casos. Eso sí, no podemos olvidar que, por mucho que nos pese, tenemos la responsabilidad de buscar el mejor desenlace para cada uno de nuestros alumnos. Preocuparse por ellos no significa no exigir, huir del conflicto o aprobarles por la cara. Creo en la inclusión como una preparación del alumno, incluidos los más "complicados" que, tarde o temprano, terminarán madurando y cayendo del árbol; sobre todo por su propio beneficio, y, colateralmente, por el bien de la sociedad al completo. 

Todo esto lo expresa mucho mejor que yo Víctor Cuevas en "Este chico es irrecuperable".

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martes, 4 de abril de 2017

CÓMO SERÁ EL FUTURO DE AULAS, PROFESORES Y ALUMNOS

¿Cómo serán las aulas a treinta años vista? ¿Qué tipo de docentes veremos dentro de tres décadas? ¿Se habrá alcanzado el cambio educativo en el año 2050?

Estas y otras preguntas nos las podríamos hacer los que, rodando los cuarenta, aún, si Dios quiere y el sistema de pensiones nos obliga, estaremos dando clase con casi setenta tacos a las espaldas. Eso si no lo impide un conflicto bélico a causa de Gibraltar, un hundimiento del sistema de pensiones ocasionado por alguna lengua autonómica o una indigestión de aceite de palma que facilite un retiro temprano obligado.

El futuro de la educaciónPuestos a imaginar, espero ver antes de mi jubilación sólo coches autónomos por nuestras vías llevando a los niños a sus colegios sin necesidad de armar atascos formados por dobles filas de vehículos. Unos chavales que irán con libros de lectura impresos en papel verjurado y ecológico que serán la última moda educativa en detrimento de las últimas pantallas implantadas en nuestras córneas. Unos libros que no serán de texto sino clásicos antiguos y contemporáneos donde el alumno disfrutará del debate y la lectura como en la Grecia clásica. Habremos superado la programación por competencias para etapas educativas más avanzadas y con un prestigio inaudito como será la futura Formación de Profesionales.

El profesorado actuará en equipo como un pelotón ciclista, aprendiendo y enseñando siempre de modo consensuado, apoyándose en los colegas, entrando y saliendo del aula a discreción. Profesores tetralingües con un C4, hiperespecializados e hipervalorados por la sociedad en su conjunto. La crème de la crème.

Respecto a los alumnos, se acabará el fracaso escolar, será un privilegio estudiar pasadas las dieciocho primaveras a causa de la escasez de mano de obra como consecuencia de un cambio demográfico que obligará a muchos jóvenes a emplearse a los dieciséis años. Ser poeta será una profesión proscrita. Viviremos de programar robots que recojan niños de la escuela, lleven a ancianos al trabajo y doblen series eslavas de televisión de pago.

Al menos cobraremos todos un magnífico salario como en la época romana, no en sal, si no en créditos para realizar nuestras compras en Google o en Amazon.

"Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus" 
(Pero huye entre tanto, huye irreparablemente el tiempo)
Virgilio.


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lunes, 3 de abril de 2017

LA COMUNICACIÓN DIGITAL DE LOS CENTROS EDUCATIVOS

Desconozco si hay un estudio al respecto, pero no creo que haya muchos centros educativos que tengan un plan o estrategia relacionada con su comunicación digital, tanto a nivel externo como interno. A lo sumo, los centros privados y no concertados han tenido siempre una preocupación mayor por su política de marketing como un medio básico para captar alumnos; un marketing que hoy día comprende tanto el uso de medios tradicionales (prensa, radio, publicidad exterior...) como campañas en la red (medios digitales, publicidad en buscadores o en redes sociales, etc.).

comunicación digital centros educativosIndependientemente de esa necesidad de aumentar matrículas, o de ese impopular marketing dentro de la comunidad educativa, es preciso que los centros educativos reflexionen sobre su comunicación digital. Un tipo de comunicación que nos debe hacer pensar sobre: qué medios digitales nos conviene usar, quiénes son nuestros destinatarios, qué queremos transmitir, quiénes son los responsables de esta comunicación digital y qué recursos necesitamos o disponemos.

Cualquier escuela, ya sea pública o privada (concertada o no), tiene a su alcance un abanico de herramientas digitales en la red donde establecer esa comunicación en la red con su comunidad educativa. Unas herramientas que nos van a permitir conversar con alumnos y padres e informar a nuestro entorno, a la vez que nos ayudan a ser visibles como un centro vivo y con experiencia educativa. Disponemos de multitud de herramientas gratuitas con Google para medir y analizar audiencias (Google Alerts, Trends, Analytics..) u otras que nos ayudan en la gestión de las redes sociales (IFTT, Hotsuite..,).

Antes que nada, es necesaria una reflexión de los máximos responsables de los centros educativos sobre el fin de nuestra comunicación digital, sobre qué queremos comunicar como escuela. Ahí entra el tono de nuestros mensajes, el tipo de imágenes que subimos o incluso el diseño de nuestra web (tipografía, colores, estructura...).

Por ello es también preciso analizar a quién van dirigidos esos mensajes: padres y madres, alumnos, docentes o incluso a otros agentes (prensa, instituciones públicas...). En muchos casos podemos encontrarnos con webs de escuelas donde la información es muy superficial o donde no se pasa de publicar unas imágenes con un par de líneas a lo sumo. Sería interesante preguntar a los padres y alumnos sobre qué tipo de contenidos les resultan más interesantes (con un simple formulario con Google Drive sería suficiente) o qué echan en falta en nuestra web o redes sociales. Seguramente el tono y los contenidos no serán los mismos dependiendo de la/s etapa/s educativas de nuestro centro o de ese posicionamiento de marketing que comentábamos anteriormente.

En relación a los medios digitales, es obvio que todas las escuelas deben tener una web propia donde comunicar al menos la oferta formativa, el calendario de actividades, los trámites de secretaría y administración y el acceso a las plataformas de profesores, padres o alumnos. Hoy día se pueden diseñar webs, compatibles con dispositivos móviles, muy fácilmente y con un escaso presupuesto. Con planes básicos de pago en Hostalia, Wix, Arsys... es fácil mantener un diseño profesional con un dominio .com propio a la vez que posicionamos nuestra web en Google. Este posicionamiento en los buscadores es elemental para seguir atrayendo nuevos alumnos; aquí ya deberíamos manejar algo de SEO o SEM básico. Para estos menesteres siempre es muy útil un blog de centro donde profesores y alumnos participen en la creación de contenidos originales. Los artículos de un blog de la escuela pueden profundizar mucho más que una simple foto en Twitter o Instagram aportando a su vez una reflexión y la motivación de las actividades que se realizan en nuestra escuela.

¿En qué redes sociales vale la pena estar? Indudablemente no será lo mismo dirigirse a padres de infantil o primaria que a alumnos de Bachillerato o Formación Profesional. En el mundo de las redes sociales lo que hoy sirve algo puede que mañana no sea útil. Vale la pena ir probando e investigando un poco sobre el alcance de nuestros mensajes en Facebook, tuits, vídeos en YouTube, fotos en Instagram o comentarios a nuestro blog. Todas estas redes ofrecen estadísticas sobre nuestro perfil de centro educativo. Unos perfiles y cuentas que deben tratarse con educación, sentido común y sin desentonar con nuestros valores de centro educativo. Todo ello se puede alcanzar siendo originales y ofreciendo siempre la posibilidad de interactuar o profundizar en nuestras informaciones. No toda pasa por tener más seguidores, sino por conectar con alumnos y el resto de la comunidad educativa lo mejor posible; cuidando el diseño en la medida de lo posible tanto en la redacción de contenidos como en la edición de vídeos e imágenes públicas.

El problema fundamental en la estrategia digital de nuestra escuela suele ir ligada a la escasez de recursos humanos o materiales. No siempre es fácil disponer de alguna persona con conocimientos técnicos o con alguna formación en comunicación corporativa y en diseño web. Lo ideal pasa siempre por un responsable o un equipo formado por personal del propio centro con una dedicación horaria a estas tareas de difusión en las redes sociales, administración del blog, actualización de la web y coordinación con el equipo de administración/secretaría en relación a las fechas de interés para nuestros usuarios.

Con estas líneas básicas de trabajo cualquier centro educativo podría gestionar de un modo más óptimo su comunicación digital externa, siempre pensando en nuestros destinatarios e, idealmente, buscando compartir y difundir nuestras experiencias educativas a la sociedad. Eso sí, hace falta reflexión y concienciación de los equipos directivos al respecto, formación sobre comunicación digital corporativa y un plan con unas acciones y objetivos mínimos a alcanzar coherentes con lo que se vive en las aulas y sienten nuestros profesores y alumnos.

Si en tu centro educativo tenéis alguna experiencia al respecto, agradecería mucho tus comentarios y su difusión.

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domingo, 26 de marzo de 2017

FIDELIDAD PROFESIONAL

En los tiempos que corren, esos que denominan de constante y vertiginosos cambios, parece que ha quedado relegado a un segundo plano el término "fidelidad". Una fidelidad entendida como el sentido de pertenencia a la entidad para la que trabajas, o al menos, una fidelidad que signifique responsabilidad total con tu puesto de trabajo, cumplimiento e interés por los fines de la empresa donde te dedicas profesionalmente. Fidelidad como honestidad con ese taller, hospital, escuela, industria, administración pública o establecimiento donde, pese a los sinsabores o los sobresfuerzos, tenemos la obligación de dar lo mejor de nosotros mismos, debemos cumplir e implicarnos para lograr eso que suena algo demodé hoy día: el bien común.

fidelidad profesional
No sé si a consecuencia de la precariedad laboral, motivada por los millenials o por los incluidos en la llamada generación X,  esta fidelidad profesional no parece estar muy de actualidad en el mundo laboral. Las competencias más demandadas por los empleadores tienen ahora mucho más que ver con la actitud y responsabilidad que con los conocimientos técnicos. Los empresas comienzan a valorar más, en determinados puestos de trabajo, el compromiso que otras cualidades personales o profesionales. A los alumnos de Formación Profesional hay que insistirles permanentemente en la necesidad del esfuerzo a largo plazo, en el cuidado de los recursos comunes o en la imprescindible corresponsabilidad en los equipos de trabajo.

Entiendo que el elevado número de contratos temporales o las altas expectativas de algunos en sus primeros empleos, son también un buen motivo para cambiar de trabajo y preocuparse no mucho por el futuro de la empresa donde trabajan. Supongo también que los valores de la juventud actual están en constante cambio y, que la crisis, los medios de comunicación y la incertidumbre económica, no ayudan en nada a que que nuestros profesionales más nóveles piensen a muy largo plazo y con cierto sentido de pertenencia.

Tampoco ayuda el constante regateo a la baja de los salarios, la falta de incentivos a los que más se implican, la decadencia de los convenios laborales y los empresarios con mentalidad cortoplacista. Supongo que el contexto y la situación personal de muchos trabajadores tiene pocos visos de cambio; que las teorías motivacionales empiezan por uno mismo, pero que aún así todos necesitamos cierta regeneración y estímulos externos para seguir trabajando con al menos las mismas ganas que en los primeros días. Eso sí, hacer las cosas sólo por cumplir y quedar bien no lleva a ninguna parte, ni personal ni profesionalmente. Como mucho, trabajo extra para tus compañeros y una vida profesional anodina.

Seguiremos insistiendo a la generación venidera, ya sea la Z o cualquier otra, que vale la pena poner empeño en todo aquello que haces siendo leal a tus compañeros y empleadores.

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