jueves, 30 de noviembre de 2017

LOS RETOS DE NUESTRA FORMACIÓN PROFESIONAL

¿Hacia dónde vamos en la Formación Profesional? ¿qué caminos y qué retos debemos afrontar en la actualidad? ¿cómo podemos los docentes de FP abordar estos cambios?

En el día de hoy, en la Jornada de Innovación Metodológica en Formación Profesional celebrada en Salamanca, hemos podido descubrir e intuir algunas respuestas a estas cuestiones. Todos los ponentes invitados parecemos coincidir en la vital importancia que tienen las competencias personales, las llamadas "soft skills", en la empleabilidad de nuestros alumnos. Estamos de acuerdo en que no podemos continuar calificando únicamente las competencias técnicas de nuestros alumnos sin valorar aspectos como la actitud, la implicación, el respeto, la autonomía y responsabilidad, la capacidad de resolución, la creatividad, la adaptabilidad...

Oscar Boluda eFePeando

En las primeras ponencias, con el Aprendizaje y Servicio como eje central, se demuestra que las experiencias en entornos reales ayudan a trabajar esta serie de competencias. Los alumnos pueden ser valorados como profesionales, a la vez que ofrecen un servicio a su entorno y sensibilizan a la comunidad educativa en aspectos que trascienden del ámbito académico. Los proyectos de Mabel Pérez en el área de la Dietética, Mª Jesús Sánchez con el módulo de Empresa e Iniciativa Emprendedora y los niños refugiados sirios, o la profesora Laura León en Integración Social y colaborando con el colectivo gitano de su ciudad, son magníficos ejemplos en los que la Formación Profesional sale de las aulas logrando la implicación del alumno y alcanzando un aprendizaje memorable. 

En otra de las ponencias, por parte de Natalia Gastón y Agustín Agirre, integrantes del Centro de Innovación e Investigación Aplicada del País Vasco (Tknika), fuimos testigos de su atrevimiento y avance con respecto a otras comunidades autónomas y regiones europeas en relación a las nuevas metodologías y su visión sobre la Formación Profesional. En el País Vasco, hace ya tiempo que tienen claro que el presente está en el trabajo colaborativo, en las redes de trabajo entre centros y entre el profesorado de las escuelas; en la necesidad de establecer equipos docentes para cada ciclo formativo y en cada centro de FP. Apuestan por los retos intermodulares, por una evaluación de esas competencias personales que antes comentaba, por la figura del "coordinador de aprendizaje" en los centros y por una flexibilidad en los espacios y en los horarios de los profesores del ciclo. Todo ello, gracias sin duda, a la apuesta política de la viceconsejería de Formación Profesional que desde hace más de diez años trabajan pensando en el futuro de un modo estratégico.

Muchos de sus materiales están disponibles en: ethazi.tknika.eus Me quedo también con la frase de Agustín, "trabajar en serio no es trabajar serio". Una frase que podemos aplicar tanto a la formación profesional en las aulas como a cualquier otro sector profesional.

La última ponencia, de Juanjo Vergara, experto en Aprendizaje Basado en Proyectos, que pude seguir únicamente por Twitter (#FP_SA), incidía también en trabajar partiendo de la realidad, desde la generación de emociones y revertiendo ese esfuerzo en el entorno. El ABP es una metodología tremendamente útil para llevar esto a cabo. 

Por último, os dejo con la presentación de mi intervención, titulada "Formación Profesional y competencias. ¿Regreso al futuro?" por la incertidumbre constante en la que los profesores de FP estamos inmersos. Queremos innovar, necesitamos experimentar, pero no podemos perder de vista todo el trabajo que se viene haciendo desde hace muchos años en la Formación Profesional. Nuestro futuro es el ahora y debemos adelantarnos al mismo con los recursos actuales.

También muestro el trabajo que hacemos en el aula y el uso de ciertas herramientas digitales (blogs, sites, Canva) que ayudan a reflexionar sobre la identidad digital del alumno y que son sencillas de manejar. Todo ello disponible en mi portafolio digital.

Expongo igualmente la necesidad de compartir experiencias tanto dentro como fuera de los centros de FP.  El éxito que supone contagiar las buenas prácticas entre los compañeros de claustro, aprovechando los intereses personales de cada docente para conectar mejor con el alumno son también claves en la transformación educativa de los centros. No menos importante es la evaluación de las competencias personales que mencionábamos al principio; una evaluación diferente que nos debe hacer reflexionar sobre qué buscamos en los alumnos y si son suficientes las típicas calificaciones finales.

Gracias de nuevo desde aquí a Elena Rodríguez por la invitación y organización de unas jornadas de FP por y para profesores de Formación Profesional, que rara vez se convocan por la geografía española. Ha sido un placer compartir este tiempo con otros docentes de Formación Profesional.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

CADA ETAPA EDUCATIVA TIENE SUS PARTICULARIDADES

En el mundo educativo actual, sobre todo en los medios de comunicación o en los foros públicos, suelen tratarse las necesidades de cada etapa educativa (infantil, primaria, secundaria obligatoria, bachillerato, formación profesional y en ocasiones, incluso la universidad) como algo homogéneo, sin una especialización a la hora de abordar las particularidades que cada uno conlleva.

Esto es aún más evidente en cuanto aparece una moda educativa que parece ser útil por igual con un estudiante de bachillerato que con un niño de primaria. Parece que nos puedan las ganas de "innovar" y dejarnos llevar por los "inventos" del momento, al menos para no parecer un docente trasnochado o demasiado tradicional.


No tiene sentido alguno, por muy vistoso y "moderno" que parezca, tratar de digitalizar contenidos, actividades a través de plataformas virtuales (LMS, SGA, EVEA, LCMS) con alumnos de primaria donde el principal objetivo de su educación debiera fundamentarse en la lectoescritura y en las operaciones matemáticas básicas. Empantallar a los niños a edad tan temprana no está produciendo ningún salto significativo en el aprendizaje, más allá de momentos de entretenimiento o un precoz interés por los sistemas informáticos. Los que no somos "nativos digitales" bien sabemos que no precisamos tocar un ordenador cuando teníamos diez años para poder manejar con soltura cualquier software en la actualidad. Lo que seguro echaría de menos, si me hubiera faltado en su día, es disponer de una buena biblioteca escolar o de unos maestros sensibles al fomento de la lectura.

Tampoco tiene sentido la instauración de unos deberes escolares del mismo tipo en cualquier curso; no importa que curses cuarto de la ESO o que hayas accedido a un ciclo formativo. Estimular la memoria es una actividad muy recomendada, así lo apuntan los neurocientíficos, pero si estamos trabajando competencias profesionales no hace falta aprenderse un listado de abreviaturas o copiar a mano tropecientas líneas. Muy diferente también de aquellos que están preparando el bachillerato y que necesitan presentarse a unas pruebas de acceso a la universidad.

Debemos tener claro que las necesidades del alumno, niño, adolescente o joven, son muy distintas y debemos abordarlas de modos diferentes en cada ciclo educativo. Hay metodologías adaptables a todas las etapas (Aprendizaje Basado en Proyectos, aprendizaje cooperativo, retos...), pero cada una de ellas se debe adecuar a nuestros alumnos y a los objetivos últimos de aprendizaje. No todo tiene interés para nuestras aulas ni va a solucionar las dificultades a las que nos enfrentamos cotidianamente.

No se trata de permanecer inmóvil o no buscar cambios en nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje habitual; tan sólo debemos reflexionar más a menudo sobre nuestras prioridades con los alumnos y si realmente la moda metodológica o tecnológica de turno nos aporta una mejora significativa o un alejamiento de nuestro propósito principal en la etapa educativa que nos corresponde.

En la Formación Profesional lo tenemos claro, no sólo gracias a los decretos que desarrollan cada título, sino por la experiencia acumulada; seguimos trabajando por lograr alumnos mejor preparados para el mundo laboral capaces de adaptarse al futuro que les espera. Nosotros, sí que necesitamos saber lo que demandan las empresas y cada sector profesional para titular a alumnos competentes; tratar de adelantar estas habilidades a alumnos de la ESO a través del emprendimiento o la gestión de empresas, no me parece ya tan lógico.

Sí es cierto que en todas las etapas debemos trabajar una serie de competencias personales que son fundamentales a lo largo de la vida: responsabilidad, civismo, respeto a los demás, esfuerzo, solidaridad... Aquí no cabe hacer distinciones excepto a la hora de transmitirlas según la edad buscando la significatividad de las actividades programadas para llegar mejor a cada alumno según su madurez personal.

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lunes, 13 de noviembre de 2017

¿DEBIERAN TENER UNA POLÍTICA DE REDES SOCIALES LOS CENTROS EDUCATIVOS?

¿Deberían los centros educativos tener una política de uso de las redes sociales para sus docentes u otros empleados? ¿Es necesaria una normativa o unas recomendaciones cuando las usamos tanto para uso personal como profesional?

Las ventajas del uso profesional de las redes sociales son diversas, con Twitter a la cabeza, las redes son espacios donde es posible obtener recursos valiosos, compartir materiales o conectar con otros docentes y profesionales de sectores diferentes al nuestro. Pese a que, eso que llamábamos "desvirtualizar" está en desuso, como bien expresa en su artículo @juanfratic"nosTálgICo. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?", aún se pueden conocer personas muy interesantes por las redes. Al fin y al cabo, la riqueza de Internet radica en esta posibilidad de ampliar miras gracias a los millones de internautas que están a nuestro alcance, ya sea física o virtualmente.

No creo que se deban censurar comentarios o enlaces compartidos, más bien es necesaria cierta sensibilización para separar este uso personal y profesional que hacemos de nuestras redes preferidas. El objetivo último es evitar asociar las posiciones personales o partidistas con la imagen del centro educativo donde trabajamos. Más aún con los tiempos que corren donde cualquier excusa es buena para acusar de "adoctrinamiento" al docente o escuela de turno. Y aquí no hay distinción entre centros públicos y privados.

Lo habitual es encontrarse con cuentas y perfiles donde aparecen nombres con o sin apellidos que rara vez incluyen el centro donde trabajan. Aún así, es corriente utilizar estas redes sociales tanto para subir contenidos del aula como para colgar referencias a situaciones personales. Es muy difícil trazar una línea entre unos y otros contenidos, aunque tal vez, si nuestros contenidos son mayoritariamente personales sería más adecuado obviar las referencias profesionales en nuestro perfil o enlazar a actividades de nuestro centro educativo. En su defecto, siempre nos quedaría crearnos una cuenta estrictamente profesional para interactuar con nuestra comunidad educativa o relativa a temas educativas.

Hace unos años era más fácil encontrarse con la típica coletilla en los perfiles de Twitter: "Opiniones personales", para evitar así cualquier malentendido con el empleador de turno. Ahora, con Instagram, también es difícil realizar esa separación entre lo personal y lo profesional; pese a que también sería recomendable utilizar dos tipos de cuentas e incluso dejar como privada alguna de ellas. Tendemos a mezclar ámbitos, lo cual no tiene porque ser negativo, pero ello nos obliga a ser mucho más cuidadosos con nuestras publicaciones. Lo mismo con Facebook o con Linkedin, donde es fácil mezclar la vida privada o nuestras opiniones personales con actividades educativas.

Cada día somos más conscientes de las oportunidades que nos puedan ofrecer las redes, pero no tanto de los problemas que nos pueden provocar, principalmente cuando estamos trabajando en empresas privadas o incluso podemos necesitar buscar un empleo en el futuro. La desmesura en los comentarios y el exhibicionismo gratuito no suele aportar nada a nivel profesional, más bien todo lo contrario; no se trata de autocensurarse sino más bien de emplear un sentido común para que no siga haciendo falta ninguna política de centro en relación a las redes sociales del profesorado.

Por suerte, siempre nos llegan noticias de oportunidades que, gracias a las redes sociales, han aprovechado algunos de sus usuarios, en este caso un docente en paro:

Por si las moscas, aún siendo un sector lejano al nuestro, el New York Times tiene su propia política para evitar problemas de imagen con su línea editorial. Un texto del que podríamos extraer alguna que otra idea: "The Times Issues Social Media Guidelines for the Newsroom"

De este texto, subrayaría su introducción, aplicable, en cierto modo, a nuestras escuelas:
We believe that to remain the world’s best news organization, we have to maintain a vibrant presence on social media. 
But we also need to make sure that we are engaging responsibly on social media, in line with the values of our newsroom. 
That’s why we’re issuing updated and expanded social media guidelines.

El problema de nuestro mundo educativo es la borrosa frontera entre la vida particular y la profesional. Desafortunadamente, muchos seguimos conectados también en casa, de un modo u otro, a nuestra actividad laboral. Por ello, es tan difícil poner límites o hacer distinciones en nuestras redes y a los contenidos que en ellas publicamos. Quizás sea una de las causas, aunque los ajenos a la profesión no lo crean, del estrés laboral que conlleva la docencia.

Colegas, nos vemos en las redes...

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