miércoles, 15 de febrero de 2017

CARTA A MIS ALUMNOS DE FP

Hay cursos y clases que son más complejos de lo habitual. Grupos de alumnos que destacan por el buen ambiente de trabajo, por ser más disruptivos, por la camaradería reinante, por los conflictos personales, por la poca o mucha iniciativa, por su heterogeneidad o por cualquier otra característica.

En Formación Profesional nuestros alumnos comienzan pronto su nueva etapa de Formación en Centros de Trabajo (FCT), las llamadas comúnmente: prácticas en empresa. Se acaban las horas de aula, de pizarra, de ordenador, de laboratorio, de exposiciones, de visitas profesionales... para pasar a un terreno nuevo donde aprender en un entorno empresarial y/o profesional.

Este curso, pese a las desavenencias sufridas entre los alumnos, pese a los conflictos superados, pese a las quejas habituales sobre las calificaciones y faltas de asistencia, o pese a otros tantos pesares, termino satisfecho con el trabajo de mis alumnos, no tanto con el mío personal -siempre muy mejorable-, pero sí con lo que ahora saben que pueden llegar a hacer y necesitan aprender o modelar.

Como en alguna otra ocasión, he preferido escribirles una carta personal para todos ellos donde animarles y agradecerles estos dos cursos de trabajo con mejores y peores momentos:

Queridos alumnos, queridos todos.

Hablar de transporte de mercancías o de mercados internacionales me resulta más fácil que escribiros dándoos la enhorabuena por  estos dos cursos que habéis superado.  Podéis quedar satisfechos por lo aprendido -eso espero- y por las amistades y compañeros que probablemente os quedarán de por vida. 

Hay siempre clases más complicadas donde surgen conflictos con frecuencia, como en la vuestra, normalmente porque se dan personalidades fuertes y también por cierta falta de tolerancia. Espero que de todos esos momentos críticos donde el hartazgo ha reinado en el aula hayamos sacado al menos una reflexión sobre la necesidad de empatía e incluso sobre saber morderse la lengua a tiempo.

Pese al cierto barullo y desorden en clase, el mío incluído, espero que hayáis aprendido a ser más flexibles, a manejar cualquier software sin miedo, a saber buscarse la vida entre los enlaces y la ingente información que encontramos en Google, a considerar la importancia de vuestra presencia digital en la red, a reconocer que la actitud cuenta más que cualquier examen y, sobre todo, a comenzar y terminar cualquier trabajo con ganas y buscando el lado positivo. 

Casi todos sabéis que el mundo laboral es bastante más árido que el académico, que tendréis jefes y compañeros con los que convivir y que no habéis elegido, que los horarios deben cumplirse siempre, que la exigencia es alta. Pero estoy seguro que con vuestras ganas y todas las competencias que habéis adquirido podréis avanzar hacia el éxito profesional. Un éxito que no sólo podréis medir por el sueldo, sino por hacer un trabajo que os guste y reconforte, en un buen ambiente laboral.

Cada uno de vosotros tiene unas cualidades únicas; aprende a explotarlas y sobre todo reflexiona de vez en cuando sobre tus puntos débiles, ya sean a nivel personal o profesional. Tenemos toda la vida para ir mejorando y, sobre todo, aprender de los demás y de nosotros mismos. 

Tengo claro que os veré a todos en el futuro bien empleados y con muchos proyectos nuevos, sacando partido a esas cualidades; al nervio de Pedro y Javi, al temple de Pablo, a las ganas de Santi, a las artes de Yasa, al inconformismo de Ángela y Alba, a la cultura de Tomás y Eva, al detallismo de Nacho, a la tranquilidad de Miriam, al tesón de Mila, a la educación de Adrián, a la rebeldía de Ainhoa y Mihai, al descaro de Miguel Ángel, a la dulzura de Bea y Paula F., a la personalidad de Paula M., a la humildad de José, a la independencia de Maira, a la constancia de Laura o al sentido del humor de Diego.

Eso sí, la constancia, las horas de trabajo o las ganas de seguir aprendiendo, son ingredientes que debemos añadir ineludiblemente para conseguir ese objetivo. 

Gracias por compartir esta etapa de la vida conmigo. 

Un fuerte abrazo,

pd. ¡Ah! Viaja y lee todo lo que puedas.

CARTA ALUMNOS 2015 - 2017 FP

domingo, 12 de febrero de 2017

LA IMPORTANCIA DE SER CONSCIENTE

Tras la lectura del libro de sobre Shackleton de Jesús Alcoba González,  hace ya un par de años, he abordado ahora su nuevo título: "Ultraconciencia" de Alianza Editorial. Un libro que me apetecía leer para descubrir adonde quiere llevarnos el autor con este término -la ultraconciencia- que profundiza en ese espacio permanentemente encendido en cualquier persona: la conciencia.  

Llevando el libro a mi terreno -la docencia- Alcoba evidencia a través de referencias a investigaciones aspectos que pueden influir en el rendimiento académico o en el aprendizaje; como pueden ser las expectativas positivas, la coherencia  y sencillez en el relato para ser más verídico, o las limitaciones de la multitarea -no se puede atender plenamente a dos sucesos al mismo tiempo-.

ULTRACONCIENCIA

Por otro lado, el eje central del libro recae sobre el término ultraconciencia: "Ser conscientes del mundo en que vivimos interiormente y moldearlo a nuestra voluntad. Implica estar en lo que tenemos que estar en cada momento, y estar en aquello que tiene que ver con lo que deseamos ser y hacer en el futuro." Una habilidad, tal y como razona el autor, imprescindible para el cada día más complejo mundo en el que vivimos, donde el exceso de estímulos y alternativas vitales precisan de una gran capacidad de atención y selección de lo que realmente importa o es más adecuado para cada uno de nosotros.

Hace mención también al curioso mecanismo -consultarlo con la almohada- que nuestro cerebro de forma habitualmente inconsciente nos ayuda a recordar tareas, en mayor o menor medida en función de nuestro sentimiento de responsabilidad, o que nos permite abordar problemas de un modo creativo cuando nos alejamos del mismo y dejamos a nuestro cerebro rumiándolo por su cuenta. Un fenómeno curioso que explica la generación de muchas ideas en el momento menos pensado.

Jesús Alcoba aborda también la gran influencia que tiene la mente en nuestro comportamiento cotidiano; las excusas que nos ponemos para no hacer lo que creemos coherente a nuestro pensamiento o el poder de las frases que nos decimos a nosotros mismos. Igualmente esencial el lenguaje que utilizamos para describir los hechos o el poder de la metáforas que utilizamos en nuestro interior o para relacionarnos con los demás. Esto último, puede llegar a ser esencial en un ambiente profesional o familiar; y como la gente que utiliza un lenguaje positivo contribuye a formar un mundo positivo a nuestro alrededor. Una buena razón para desprendernos o evitar aquellos que se dedican a señalar sólo problemas o para hacer un autoanálisis de nuestro lenguaje habitual.

En relación a la motivación, Alcoba remarca la importancia de preguntarnos el porqué y no el cómo de nuestras tareas. Y como este razonamiento puede ayudarnos a impulsar proyectos en nuestra vida laboral. Queda claro, como se insiste a lo largo del libro, que nuestro mundo no-consciente debe ser tenido más en cuenta. El cómo hacerlo no me ha quedado tan claro, pero entiendo que futuras investigaciones y la neurociencia tendrán mucho que decirnos en los próximos años.

No parece fácil manejar esta capacidad de ser consciente, pero si merece la pena reflexionar sobre ello y acerca de la influencia que puede esta agilidad emocional en nuestra vida, y este libro es un buen punto de partida.