jueves, 5 de julio de 2018

DE LA FORMACIÓN Y REFLEXIÓN DEL PROFESORADO

Cuando conoces la realidad de otros centros educativos se percibe rápidamente que las inquietudes son habitualmente comunes con independencia de la localización geográfica o la titularidad del centro. Parece que hubiera un espacio universal donde el profesorado y los equipos directivo estuvieran transitando permanentemente en búsqueda de esa actualización pedagógica que cubra las expectativas de los alumnos y, sobre todo, de una sociedad exigente ya por norma.


Creo que esa abundancia de formación ofertada, utilizando como analogía las líneas de Herbert Simon que aparecen en el siguiente tuit de Carlos Magro, nos desvía de algún modo de los objetivos de una actualización docente que a menudo confundimos con estar al día de las modas educativas; agobiados por esa pretendida innovación educativa, el edutainment, los gurús, los influencers, etc.

En este mundo de sobreinformación, ya es hora de comenzar a reflexionar sobre a qué prácticas educativas merece la pena dedicar nuestro cada vez más escaso tiempo. Si realmente conviene practicar o utilizar determinadas herramientas o metodologías -innovadoras sólo en el nombre- que en breve caerán en desuso o si merece más la pena compartir momentos de reflexión con docentes con cierto bagaje de nuestro centro o entorno más próximo.

En cada centro educativo tienen, por herencia cultural o por la línea de trabajo en el centro, una serie de puntos fuertes que no se valoran lo suficiente y merecen ser explotados y difundidos. Luego, en cada escuela, tenemos también unas carencias concretas que son aquellas que merecen ser trabajadas al margen de esas modas educativas y requieren de una sosegada reflexión para no perder tiempo ni recursos en actividades estériles. Porque hay escuelas que necesitan formación para adquirir una competencia digital mínima, mientras que a otras les interesa desarrollar más la cooperación de sus docentes o, tal vez, sólo requieren actualizar contenidos o materiales a disposición del profesorado.

Es por ello indispensable saber quien nos puede ofrecer esa formación, si ha pisado el aula o tal vez no sea necesario, o si tal o cual metodología está basada en evidencias auténticas (recomiendo la lectura del blog de Marta Ferrero: situsupierass.wordpress.com). No se trata de demonizar, ni mucho menos, prácticas con décadas de experiencias como el Aprendizaje Basado en Proyectos, o la utilización puntual del juego en el aula, usada a lo largo del tiempo, o la edición de vídeos con fines educativos.

Estoy hablando de que si bien muchas prácticas o experiencias pueden ser utilizadas en el aula, debemos previamente reflexionar sobre su uso y acometer su introducción con cautela y sin desechar métodos o herramientas que, por parecer antiguos, no son menos eficaces en esta compleja labor que es la enseñanza. Por concretar, me disgusta que en muchos centros se venda más (y se compre también más) el bilingüismo o el uso de ciertos dispositivos, que un buen plan lector a medida de cada etapa educativa y vertebrado con la escuela, las familias y el entorno.

Resumiendo. Estoy convencido que los equipos docentes, a nivel de centro, debemos encontrar esos tiempos de reflexión o atención a las prácticas que queremos llevar a cabo, tanto a nivel individual (con lecturas y cavilación), como a nivel grupal con nuestros compañeros. Precisamos de esa reflexión para no errar ni en el diagnóstico ni en las terapias que nos puedan vender como un remedio rápido a los perpetuos y variables inconvenientes de la educación. Y, aún así, seguiremos haciendo lo que podemos.

photo credit: vivek jena barber colman rockford via photopin (license)

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