lunes, 13 de agosto de 2018

LA SOCIEDAD DEL ME GUSTA

Te tomas una horchata y valoras al camarero o el exceso de azúcar que posee; compras un libro y valoras al dependiente en la caja; vas a una playa y valoras la arena en tu cuenta de Twitter o Instagram; coges un taxi -o un VTC que llaman ahora- y valoras al conductor tras el viaje. Incluso, si estás descontento con el proceso de matriculación en tu centro educativo, también le puedes cascar una miserable estrellita en Google si el alumno está descontento con el horario adjudicado. Sólo nos queda que nos valoren al final de cada clase...

No estamos lejos de la realidad que mostraba el inquietante capítulo "Nosedive" de Black Mirror donde cualquier ciudadano tiene una calificación pública que determina su éxito personal. Ya es raro encontrar algún joven o adolescente que no esté pendiente de los megustas o que exponga su vida sin tener en cuenta lo que significa la privacidad y la intimidad. Los más pequeños ya conviven con esa infantil calificación mediante emoticonos que hacemos los adultos en determinados comercios donde parecemos obligados a valorar cualquier bien o servicio. ¿Es realmente necesario?

La escuela debe ser un contrapunto a ese ansia de calificación; por mucho que el marketing siga insistiendo en que debemos embarcarnos en el social media, podemos ofrecer una mayor reflexión al respecto tanto a los alumnos como a sus familias. Se puede y se deben distinguir los canales de comunicación digital de este constante juicio superficial donde se venden realidades edulcoradas carentes de crítica o reflexión personal.

También nos queda la alternativa de abstenernos y no valorar nada -¿qué ganamos?- quejarnos o felicitar cuando sea preciso y no como norma, dejar de estar pendientes de esos likes que los jóvenes influencers ya saben que sólo causan una gratificación momentánea. Otra opción es reflexionar al respecto en clase; la lectura de este artículo de El País puede ser un buen punto de partida: "La vida ‘online’ de una generación pegada al móvil".

Como docentes de Formación Profesional no podemos obviar las necesidades de nuestras empresas o centros de trabajo en cuanto a la competencia digital de nuestros alumnos, aún así, no es óbice que estos se formen igualmente acerca de un uso sensato de las redes y de su relación con las mismas tanto a nivel personal como profesional. Ya no se trata sólo de cuidar la identidad digital y esa acuciante falta de intimidad; se debe debatir sobre la superficialidad, la cortesía, la educación, la humildad, la autenticidad, la prudencia o los conocimientos que nos aportan las redes y las consecuencias que provocan en nuestras vidas o en las de los demás.

Desafortunadamente no es un tema que deba ocupar sólo a adolescentes. La sociedad del me gusta campa a sus anchas entre púberes, millenials y viejunos... y la escuela tiene mucho que decir al respecto.

photo credit: svennevenn Fishing for likes via photopin (license)

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