lunes, 17 de septiembre de 2018

25 HORAS

Envidia me producen esos cientos o miles de profesores de la educación pública que protestan en voz alta y consiguen incluso, en ciertos casos y parece que en un futuro próximo, una sustancial mejora de sus condiciones laborales; viendo reducidas sus horas de docencia semanales a unas 18 o 20 horas según la comunidad autónoma.

Por el contrario, en mi comunidad autónoma (Valenciana), seguimos y parece que continuaremos con unas jornadas maratonianas de 25 horas semanales de docencia (sin contar horas complementarias y otros quehaceres) que dificultan la actualización del profesorado y la mejora de la enseñanza en los centros concertados. Todo ello, sin contar además con las horas semanales, que, muy convenientemente, disponen la mayoría de centros públicos para aquellos docentes que llevan a cabo proyectos europeos, formación profesional dual, TIC, tutorías, jefaturas de departamento, dirección escolar, innovación, calidad, etc.

No tiene sentido alguno que, otros docentes, en este caso profesores que trabajamos en centros privados concertados y equiparados salarialmente, tengamos una carga docente y de trabajo superior -entorno a un 20-30%- en comparación con un docente que ejerce en un centro público; eso sin hablar de aquellos que tienen otro tipo de responsabilidades (jefes de estudio, directores, jefes de departamento, tutores...) sin la consiguiente reducción de jornada. Hablo con conocimiento de causa, y no es de recibo ni justo para los alumnos que un profesor/a de un centro concertado tenga mayor carga de trabajo y no pueda por ello ofrecer una mejor docencia o atención al alumno por falta de tiempo; o se vea en su defecto, obligado a desatender obligaciones familiares o personales.

Tal vez la comparación no es del todo acertada, pero a nadie se le ocurriría sugerir que un profesor interino tuviera peores condiciones laborales por el mero hecho de no haber obtenido su plaza. Otros argumentarán que el acceso a la concertada tampoco es justo, pero todos, al fin y al cabo, estamos sometidos a las mismas exigencias profesionales de titulaciones oficiales, acreditaciones de los requisitos lingüísticos u otras vainas. Además que, mejorando nuestra situación no hay ningún perjuicio para terceros, a excepción de para las arcas públicas.

Nunca he sido partidario de hablar de los "de la pública" o los de "la concertada" como dos sectores enfrentados; aunque así a veces lo percibiera en algunos foros. Más bien siempre me ha gustado conversar y conocer mejor las condiciones y experiencias de docentes de otros centros independientemente de la titularidad de estos. De hecho, me encuentro igual de cómodo en unas jornadas educativas donde la mayoría son funcionarios, que en un curso de formación específica para compañeros de un centro concertado.

Esta reclamación, quejido, lamento o más bien quemazón, lo hago en voz alta porque creo sinceramente que es hora de moverse y reclamar algo que considero razonable, y no sólo por  el agravio comparativo existente en las condiciones laborales, sino porque no podemos ejercer la docencia en unas condiciones adecuadas si además necesitamos actualizarnos, formarnos, visitar empresas, aprender idiomas, ¡innovar!, gestionar centros, establecer alianzas con otras escuelas y docentes, o todo aquello que cada vez se nos exige en un entorno ultracompetitivo.

Por lo demás, me alegro por todos aquellos docentes que consiguen, en sus centros educativos y comunidades autónomas, mejorar los ratios de alumnos por clase, disminuir las horas lectivas, aumentar retribuciones, mejores equipamientos, etc. Espero no molestar a nadie con esta modesta petición de menos horas lectivas semanales y más horas disponibles para todo el profesorado de los centros concertados y, en especial, de la Formación Profesional.

A quien corresponda.

photo credit: david_drei Turn back time - Die Zeit zurück drehen via photopin (license)

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