martes, 9 de octubre de 2018

ESTRATEGIA Y COMUNICACIÓN PARA LA FP

Como si el día de la marmota se tratara, cada curso arrancamos con ciertas -no muchas, desde luego- expectativas de avance de nuestro sistema de Formación Profesional. En cada comunidad autónoma se perciben o "sufren" en cierto modo estas esperanzas permanentemente incumplidas; a excepción de nuestros queridos vascos que arrasan con su sistema como la tribu gala de Asterix rodeada de romanos. No hace falta más que leer las últimas noticias: "Bruselas se inspira en el modelo vasco para impulsar la FP en Europa".

Aquí, en la Comunidad Valenciana, seguimos con más de lo mismo, esperando todavía ese deseado plan de Formación Profesional que reordene el sistema, apueste por otro modelo de formación del profesorado, invierta en todos los ciclos, escuche a los diferentes actores de los centros sostenidos con fondos públicos, implemente una FP Dual real y se comunique con todos, independientemente de ideologías u otras cuestiones alejadas de la educación.


Las metodologías, la pedagogía o la digitalización de los ciclos -por nombrar algunas- siguen siendo olvidadas en unos planes de formación que no se comunican bien y que alcanzan a pocos docentes. Falta un esfuerzo en comunicación, más allá de las redes sociales -también desaprovechadas-, que promueva una formación planificada para esta etapa específica. Considerar la FP como una etapa diferente supone algo más que crear un departamento o invertir en unos recursos para sólo unos pocos. ¿Para cuando una entidad pública que se dedique a pensar en la FP contando con todos sus actores?

También echo de menos una comunicación efectiva de sus responsables; una comunicación bidireccional y bien diferente a los anuncios o tuits efectistas sin derecho a réplica. Porque promocionar la FP es mucho más que una campaña de comunicación de imagen, un vídeo resultón o unas cifras de matriculación. Es hora de hablar de actualizar ciclos no sólo a costa del profesorado, sino contando con el mismo y mejorando su jornada lectiva independientemente de su centro de origen o situación contractual.

Porque las palabras, los tuits o los vídeos se los lleva el viento. Al final lo que queda es el día a día en las aulas; el estrés de un profesorado que se actualiza, que quiere llevar a cabo proyectos, que tiene que cumplir unos requisitos lingüísticos y que debe bregar con unos recursos limitados porque la Administración no se los facilita. Las legislaturas pasan y aquí estamos, con más pena que gloria, formando cada año a miles de alumnos, unos ochocientos mil, que formarán parte de los profesionales de nuestro país y contribuyendo al crecimiento del mismo.

Porque la verdadera innovación, de la que tanto gustamos hablar en el ámbito educativo, vendrá dada cuando los gobernantes se atrevan a invertir y planificar en un sistema flexible de FP que persista en el tiempo y se amolde a las circunstancias cambiantes que nos han tocado vivir.

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