jueves, 29 de noviembre de 2018

PROFESORES PROFESIONALES

Conductor, auxiliar de enfermería, cantante, guía turístico, psicólogo, tutor, técnico informático, conferenciante, bibliotecario, jugador de fútbol, árbitro, camarero, reponedor, personal de limpieza, animador sociocultural, traductor, redactor, escaparatista, fotógrafo, cámara, iluminador, actor, electricista, montador, coach, diseñador, transportista, community manager, recaudador, vigilante, instalador de redes, vendedor, pintor, guionista, relaciones públicas, administrativo, policía, copista, mediador, agente de viajes, tesorero, auxiliar de farmacia, técnico de sonido, presentador, periodista, telefonista, dependiente, asesor, guardia urbano...

profesores profesionales
Todas estas y alguna que otra profesión más, aparte de la docencia, son las que muchos hemos tenido que realizar en algún momento de nuestra carrera profesional. Para que luego digan que no somos flexibles, que no nos adaptamos al entorno, que tenemos trabajamos poco o que nos falta ser creativos.

Somos profesionales de la docencia y, es indiscutible, que nuestra labor principal se debe desarrollar con y para con el alumno. No siempre tenemos el tiempo que deseamos para dedicárselo a cada uno de ellos; apurados por las fechas, las evaluaciones, los proyectos, las celebraciones, la burocracia... Vivimos en una vorágine que nos deja poco tiempo para la reflexión profesional o ese sano replanteamiento pedagógico que idealmente debiéramos realizar cada cierto tiempo. Pararnos a pensar cómo estamos haciendo las cosas, si realmente aprenden nuestros alumnos, para qué aprenden lo que les pretendo enseñar, si soy fiel a mi profesión y actúo con profesionalidad, si me estoy dejando (mal)llevar por ese monótono transcurrir de los días, o si sólo pongo faltas a ese entorno en el que inevitablemente tenemos que respirar.

El concepto de profesional no se gana sólo con la experiencia de los años; se gana día a día creciendo y demostrando que buscamos lo mejor para nuestra escuela y los alumnos que la conforman. Podemos ser aficionados a ese sinfín de profesiones que citaba en el primer párrafo, sin embargo, nos debemos a una profesión principal -la enseñanza- que no puede esconderse entre las madejas de esos otros hilos en los que nos enredamos casi forzosamente.

Ser un profesional de la educación, un buen docente, implica esa reflexión constante y compromiso con el alumno; independientemente de los que me han tocado en suerte -porque no se eligen- reconociendo que esta profesión es muy exigente, tiene sus sinsabores, pero, sin lugar a dudas, nos ofrece cada día momentos diferentes, cursos distintos y unas personas nuevas con las que aprender año tras año y que en principio están dispuestas a escucharnos. Aunque no sea todo color de rosa.

photo credit: Photomiqs Haninge Skolmuseum_2 via photopin (license)

lunes, 19 de noviembre de 2018

+FONDOS +PROFESORES= +FP

La pasada semana, en un nuevo anuncio realizado desde el Ministerio de Educación y Formación Profesional, se presentaron futuras medidas encaminadas a actualizar y modernizar la Formación Profesional española. Pese a los llamativos titulares de prensa, -léase este titular del diario Expansión- que a menudo se quedan en la anécdota, parece que existe una clara intención de establecer un plan estratégico específico para la Formación Profesional de nuestro país.

Esperemos que, más pronto que tarde, se incidan en las medidas dirigidas a actualizar los ciclos y dotarlos de recursos para que ese prestigio buscado se plasme en un mayor número de matrículas y en una mejor formación de nuestros alumnos y futuros profesionales. No podemos hablar solo de innovación, competitividad, internacionalización o esa pretendida modernidad, si luego no se presupuestan esos planes en cada comunidad autónoma; si dejamos todo al libre albedrío de los centros y al voluntarismo del profesorado; si se sigue diferenciando la red pública de la red concertada -con peores condiciones laborales- en lugar de trabajar en común o si no se cuenta con los docentes en esta pretendida nueva FP.

Cada cierto tiempo nos encandilan, o nos dejamos encandilar, con campañas en apoyo a la Formación Profesional que no suelen pasar de meras operaciones de comunicación institucionales de las que se hace eco la prensa. Ya son muchos años los que venimos hablando del exceso de universitarios en relación a los titulados técnicos en FP, de las ventajas de la dual o del alto desempleo juvenil; sin contemplar acciones reales y efectivas para todos los ciclos y centros educativos. Es imprescindible esa ansiada flexibilidad de los títulos a nivel de centros y nivel territorial; al igual que una mayor inversión en medios técnicos, de permisos de formación del profesorado y elevar la disposición de horas lectiva para su actualización o ejecución de proyectos.

Por otro lado, no debiéramos poner trabajas a que las empresas participen en la elaboración del currículo de los títulos, o que participen otros agentes sociales que conocen la realidad sociolaboral de su sector productivo o de servicios. También es una buena idea ir creando nuevos títulos que respondan a mercados emergentes vitales para la evolución de la estructura económica del país. Todas estas medidas, en aras de la flexibilidad de la oferta curricular y de la gestión de los centros, son interesantes siempre que no supongan un deterioro de la calidad de la docencia o un exceso de tareas a unos docentes que son y seguirán siendo - a pesar de la robótica- el eje principal de nuestro sistema de formación.

Digitalizarse y emprender el camino de esa economía 4.0 debe ser una tarea obligatoria para lograr una FP competitiva; sin embargo, no podemos obviar la introducción de nuevas metodologías y una constante capacitación pedagógica; comúnmente olvidada en esta etapa educativa. Los nuevos y los más experimentados docentes debieran disfrutar sistemas para traspasar conocimientos entre sí, al igual que planes donde el profesorado alcance a dominar metodologías con el fin de mejorar la adquisición de competencias -técnicas y personales- de todos los alumnos.

Quizás la nueva campaña, en lugar de +Futuro +Progreso, la podríamos cambiar por +Fondos +Profesores=+FP. Estoy seguro de que esta última ecuación garantiza una mejor Formación Profesional para todos, especialmente para nuestros alumnos.

sábado, 17 de noviembre de 2018

PRIORIDADES (Y MODALES) EN LA ESCUELA

Pensaba hoy arrancar con una soflama en defensa de los buenos modales, la urbanidad o la olvidada amabilidad con propios y extraños. Los años te convierten, cuando menos te das cuenta, en un tipo mayor al que le molestan los ruidos y ciertas actitudes de jóvenes y no tan jóvenes que en estas latitudes despuntan por su costumbre al alboroto. Sin embargo, pese a que no está de más insistir en las buenas formas o en corregir, sin temor a la respuesta, a nuestros menores; tal vez tengamos otras tareas prioritarias.

George Washington
En el ecosistema del aula todos tenemos un diseño, perfectamente (des)organizado, donde baremamos, definimos, prejuzgamos, estructuramos, relacionamos o criticamos a todos y cada uno de los alumnos con los que convivimos durante unas horas a la semana. El maestro antiguo de escuela tenía la fortuna de pasar todo el día con los mismos alumnos, con la dicha o la desgracia para los escolares de turno, de disfrutarlo o padecerlo durante su periplo académico. En cursos superiores es habitual pasar unas pocas horas, casi de perfil, por aulas repletas de jóvenes, cada uno con sus inquietudes y con un bagaje colegial que sirve de fina capa protectora ante nuestros envites educadores. Una lástima para ellos y para nosotros que no siempre podemos atenderles debidamente.

Lo del slow education tiene aspecto de terminar como otra nueva y excéntrica moda pasajera en tiempos donde el inglés, las tecnologías y el emprendimiento forman parte de ese nuevo maná ofrecido en el biotopo educativo integrado por familias, centros y la administración educativa. Preocupados constantemente por las competencias, el futuro y lo que demandan los actores principales del sistema económico, nos dedicamos a perpetuar un modelo de escuela que no tiene suficiente tiempo para deleitarse en sus alumnos y descabalgar a sus docentes de ese sueño innovador y proselitista en aras del pragmatismo.

Sin duda, pese a lo que leemos y escuchamos en los últimos tiempos, el factor fundamental para cualquier cambio educativo somos los docentes; reflexionar sobre nuestro papel en el aula y nuestra responsabilidad con los alumnos, más allá de las dificultades que nos pone el sistema, debiera ser un ejercicio obligatorio. La profesionalidad del docente, ahora que vuelven a la carga con la evaluación del profesorado, podría también medirse en función de la preocupación que tenemos por nuestros alumnos y la capacidad de empatizar con ellos. Solemos caer en esa realidad paralela según la cual algunos no han sido nunca jóvenes o no han pasado jamás por un aula como discentes; una experiencia personal escolar que valdría la pena recordar de un modo realista.

En cualquier caso, pese a estas inconexas líneas y, volviendo al párrafo inicial, las maneras importan; pero aún más las intenciones con las que actuamos en todos los niveles. La mayoría de estos ciento diez consejos de George Washington siguen vigentes para cualquiera preocupado por la cortesía o el respeto en el aula y en esos otros mundo virtuales o reales.

Photo via Good Free Photos