viernes, 21 de septiembre de 2018

¿TITULITIS O EXPERIENCIA CON ACTITUD?

Que en este país somos los reyes de la titulitis no es algo nuevo para muchos; lo cual no justifica esa supuesta avaricia por obtener cualquier título y a toda costa. Tal vez el problema lo vengamos arrastrando por esa manía de inflar currículums, sin valorar, en muchos casos, la persona que anda detrás de los mismos o por apreciar en exceso los apellidos del candidato de turno.

Incluso, en cualquier concurso oposición, no es raro que los postulantes presenten un mamotreto con los tropecientos cursos, cursillos, certificados, documentación o informes sellados por todo tipo de organizaciones. Sumar horas de cursos realizados, con escaso filtro, puede ser casi una empleo previo imprescindible para cualquier opositor que pretenda el éxito en su ambición personal.

Mientras tanto, la experiencia profesional, la madurez personal, el saber estar o las referencias profesionales, parece que van perdiendo rédito; un buen currículum, con un diseño vanguardista aderezado de un sinfín de títulos variopintos, puede ser más provechoso que una perseverante carrera profesional. Puedes llegar a ver frustrado un empleo si no acreditas un certificado de idiomas o no has cursado el "innovador" cursillo de turno.

A nuestros alumnos de Formación Profesional les insistimos en que la actitud es lo que manda en un puesto de trabajo. Que esas competencias blandas -soft skills- son más importantes de lo que piensan; pese a que su título oficial como técnico o técnico superior les abrirá unas puertas que demandan una certificación oficial y contrastada: "¿Cuáles son las habilidades más valoradas por las empresas?".
Lo que no podemos es caer en la rueda de formarse por inercia o sin buscar un aprendizaje útil para su vida laboral presente.

Luego vendrá la experiencia, que, aderezada de esa actitud profesional, es la que realmente diferencia a un buen profesional de otro ordinario. No hay más que ver a una camarera experimentada que te sirve con celeridad o a un enfermero que te extrae sangre con el máximo cuidado y sin dejarte marca alguna. La diferencia la marcan las personas con esa veteranía a la que adicionan una disposición siempre positiva.

Por favor, sigamos centrándonos en lo que más importa, inculcando esa disposición hacia el trabajo, pero sobre todo exigiendo a las empresas y a la administración que se valore en su justa medida este valor en detrimento de los títulos secundarios de turno. De hecho, las grandes empresas tecnológicas ya apuestan por contratar sin exigir títulos: "Las 15 grandes empresas que ya no exigen un título para contratar (y los motivos)".  Aún así, habrá que estar vigilantes si estamos hablando de valorar más una serie de competencias sobre otras, o se está buscando abaratar salarios.

De momento, seguiré guardando mi carpeta con ese sinfín de certificados que me pueden salvar el pescuezo en alguna ocasión.

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lunes, 17 de septiembre de 2018

25 HORAS

Envidia me producen esos cientos o miles de profesores de la educación pública que protestan en voz alta y consiguen incluso, en ciertos casos y parece que en un futuro próximo, una sustancial mejora de sus condiciones laborales; viendo reducidas sus horas de docencia semanales a unas 18 o 20 horas según la comunidad autónoma.

Por el contrario, en mi comunidad autónoma (Valenciana), seguimos y parece que continuaremos con unas jornadas maratonianas de 25 horas semanales de docencia (sin contar horas complementarias y otros quehaceres) que dificultan la actualización del profesorado y la mejora de la enseñanza en los centros concertados. Todo ello, sin contar además con las horas semanales, que, muy convenientemente, disponen la mayoría de centros públicos para aquellos docentes que llevan a cabo proyectos europeos, formación profesional dual, TIC, tutorías, jefaturas de departamento, dirección escolar, innovación, calidad, etc.

No tiene sentido alguno que, otros docentes, en este caso profesores que trabajamos en centros privados concertados y equiparados salarialmente, tengamos una carga docente y de trabajo superior -entorno a un 20-30%- en comparación con un docente que ejerce en un centro público; eso sin hablar de aquellos que tienen otro tipo de responsabilidades (jefes de estudio, directores, jefes de departamento, tutores...) sin la consiguiente reducción de jornada. Hablo con conocimiento de causa, y no es de recibo ni justo para los alumnos que un profesor/a de un centro concertado tenga mayor carga de trabajo y no pueda por ello ofrecer una mejor docencia o atención al alumno por falta de tiempo; o se vea en su defecto, obligado a desatender obligaciones familiares o personales.

Tal vez la comparación no es del todo acertada, pero a nadie se le ocurriría sugerir que un profesor interino tuviera peores condiciones laborales por el mero hecho de no haber obtenido su plaza. Otros argumentarán que el acceso a la concertada tampoco es justo, pero todos, al fin y al cabo, estamos sometidos a las mismas exigencias profesionales de titulaciones oficiales, acreditaciones de los requisitos lingüísticos u otras vainas. Además que, mejorando nuestra situación no hay ningún perjuicio para terceros, a excepción de para las arcas públicas.

Nunca he sido partidario de hablar de los "de la pública" o los de "la concertada" como dos sectores enfrentados; aunque así a veces lo percibiera en algunos foros. Más bien siempre me ha gustado conversar y conocer mejor las condiciones y experiencias de docentes de otros centros independientemente de la titularidad de estos. De hecho, me encuentro igual de cómodo en unas jornadas educativas donde la mayoría son funcionarios, que en un curso de formación específica para compañeros de un centro concertado.

Esta reclamación, quejido, lamento o más bien quemazón, lo hago en voz alta porque creo sinceramente que es hora de moverse y reclamar algo que considero razonable, y no sólo por  el agravio comparativo existente en las condiciones laborales, sino porque no podemos ejercer la docencia en unas condiciones adecuadas si además necesitamos actualizarnos, formarnos, visitar empresas, aprender idiomas, ¡innovar!, gestionar centros, establecer alianzas con otras escuelas y docentes, o todo aquello que cada vez se nos exige en un entorno ultracompetitivo.

Por lo demás, me alegro por todos aquellos docentes que consiguen, en sus centros educativos y comunidades autónomas, mejorar los ratios de alumnos por clase, disminuir las horas lectivas, aumentar retribuciones, mejores equipamientos, etc. Espero no molestar a nadie con esta modesta petición de menos horas lectivas semanales y más horas disponibles para todo el profesorado de los centros concertados y, en especial, de la Formación Profesional.

A quien corresponda.

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sábado, 15 de septiembre de 2018

¿DEBATIMOS EN CLASE?

De un curso a otro y de un aula a otra pueden haber muchas diferencias respecto al alumnado. Los ciclos de grado medio, con alumnos con edades entorno a los 17 años, siempre han sido más difíciles de gestionar por la falta de madurez del alumnado y la constante disrupción de unos jóvenes que precisan atención constante.

En los ciclos formativos de grado superior, con cada vez mayor alumnado proveniente de los ciclos de grado medio (ya que, desafortunadamente, no deben pasar por una prueba de acceso), nos encontramos cada vez más con la misma problemática: interrupciones constantes, no respeto al turno de palabras, no saber trabajar en silencio, desaprovechamiento de las clases, distracciones por el uso de Internet o el móvil, faltas de respeto o compostura, etc. 

Este curso, para tratar de paliar estas actitudes y mejorar ciertas competencias personales, nos embarcaremos en el uso del debate como estrategia de aprendizaje y adquisición de competencias de comunicación oral, búsqueda de información, pensamiento crítico y respeto a los demás. 

debates en el aula FP

Para ello hemos tomado los magníficos materiales del proyecto de La Debatidora, creados por Nacho Gallardo, Diego Bernal e Isabel Alconada, junto a la página web de Debates con acento en el IES Florencio Pintado. Con estas webs puedes conocer el funcionamiento pormenorizado de un debate y cómo aplicarlo al ámbito académico, así como algunas dinámicas y vídeos para iniciarse en este tema.  

En nuestro caso, añadiremos, antes de cada debate, el visionado de una película o documental, como introducción al tema en cuestión a debatir. La idea es que los equipos de debate preparen previamente el tema para defender sus posturas pero previamente se introduzca el tema a través de este documental o película que tendrá relación con los contenidos y competencias del módulo profesional; temas de actualidad relativos a la economía internacional adecuados al ciclo formativo.

El objetivo, a más largo plazo, es crear nuevos equipos de debate en otros ciclos, tanto de grado medio como superior, de modo que podamos diseñar una liga o competición pública abierta al resto de alumnos de modo que puedan presenciar los debates y conozcan la importancia de respetar un turno de palabra, permanecer en silencio durante una exposición, hablar con fundamento, sostener una tesis siguiendo un argumentario, convencer a otros o refutar afirmaciones diferentes a la tuya.

Iré contando próximamente qué tal la experiencia; esperando al menos mejorar el clima de respeto y escucha en un aula donde todos nos sentamos libres de opinar sin perder los modales o la consideración a compañeros y profesores. Entiendo que no es nada innovadora la experiencia, pero estoy convencido que la solución o la mejora del aprendizaje está en ir probando y adaptando métodos contrastados por otros docentes y escuelas; siempre en función del contexto y la etapa educativa donde ejercemos.

photo credit: Seiteshyru Schrei via photopin (license)

lunes, 13 de agosto de 2018

LA SOCIEDAD DEL ME GUSTA

Te tomas una horchata y valoras al camarero o el exceso de azúcar que posee; compras un libro y valoras al dependiente en la caja; vas a una playa y valoras la arena en tu cuenta de Twitter o Instagram; coges un taxi -o un VTC que llaman ahora- y valoras al conductor tras el viaje. Incluso, si estás descontento con el proceso de matriculación en tu centro educativo, también le puedes cascar una miserable estrellita en Google si el alumno está descontento con el horario adjudicado. Sólo nos queda que nos valoren al final de cada clase...

No estamos lejos de la realidad que mostraba el inquietante capítulo "Nosedive" de Black Mirror donde cualquier ciudadano tiene una calificación pública que determina su éxito personal. Ya es raro encontrar algún joven o adolescente que no esté pendiente de los megustas o que exponga su vida sin tener en cuenta lo que significa la privacidad y la intimidad. Los más pequeños ya conviven con esa infantil calificación mediante emoticonos que hacemos los adultos en determinados comercios donde parecemos obligados a valorar cualquier bien o servicio. ¿Es realmente necesario?

La escuela debe ser un contrapunto a ese ansia de calificación; por mucho que el marketing siga insistiendo en que debemos embarcarnos en el social media, podemos ofrecer una mayor reflexión al respecto tanto a los alumnos como a sus familias. Se puede y se deben distinguir los canales de comunicación digital de este constante juicio superficial donde se venden realidades edulcoradas carentes de crítica o reflexión personal.

También nos queda la alternativa de abstenernos y no valorar nada -¿qué ganamos?- quejarnos o felicitar cuando sea preciso y no como norma, dejar de estar pendientes de esos likes que los jóvenes influencers ya saben que sólo causan una gratificación momentánea. Otra opción es reflexionar al respecto en clase; la lectura de este artículo de El País puede ser un buen punto de partida: "La vida ‘online’ de una generación pegada al móvil".

Como docentes de Formación Profesional no podemos obviar las necesidades de nuestras empresas o centros de trabajo en cuanto a la competencia digital de nuestros alumnos, aún así, no es óbice que estos se formen igualmente acerca de un uso sensato de las redes y de su relación con las mismas tanto a nivel personal como profesional. Ya no se trata sólo de cuidar la identidad digital y esa acuciante falta de intimidad; se debe debatir sobre la superficialidad, la cortesía, la educación, la humildad, la autenticidad, la prudencia o los conocimientos que nos aportan las redes y las consecuencias que provocan en nuestras vidas o en las de los demás.

Desafortunadamente no es un tema que deba ocupar sólo a adolescentes. La sociedad del me gusta campa a sus anchas entre púberes, millenials y viejunos... y la escuela tiene mucho que decir al respecto.

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martes, 10 de julio de 2018

¿CÓMO SE PRESTIGIA LA FORMACIÓN PROFESIONAL?

Que aún sigamos hablando de prestigiar la FP, tras varias reformas legislativas, actualización de los títulos, diferentes ciclos económicos, gobiernos autonómicos y estatales de todos los colores, etc. parece un tanto esperpéntico.

Que continúen apareciendo noticias con comentarios de empresarios o responsables políticos al respecto de esa supuesta falta de prestigio y de la necesidad de fomentar la formación profesional, chirría a los que nos dedicamos a ella. La última, aparecida en el diario Economía, abunda en ello: “Es necesario dignificar la figura de la Formación Profesional”.  A mi parecer, en la línea del tuit del viceconsejero de FP en el País Vasco, lo que hay que hacer es invertir más dinero y hablar menos.
Sobran comentarios. Máxime cuando estamos acostumbrados a palabrería en más de una década sin mejora alguna, más bien con un exceso de voluntarismo y condiciones exiguas a todos los niveles. No es casualidad que la FP vasca sea un referente en España y en Europa. Además de la apuesta política y del consenso mayoritario en la nueva ley vasca aprobada para la FP (por favor, que tomen nota otras autonomías y el ministerio), se llevan invirtiendo millones de euros en esta etapa educativa desde hace más de dos décadas con el primer plan vasco de FP de 1997.

prestigiar la formación profesionalPor tanto, ahorrémonos los discursos vacíos, la venta de eslóganes o la falta que hacen los titulados de FP en nuestro país. Inviertan señores gobernantes. No caigamos en debates estériles acerca del cobro de matrículas a los alumnos o de si aprovechan bien los estudios algunos estudiantes. Sin inversión no hay posibilidad de avance en una etapa que requiere de medios actualizados, metodologías acordes al mundo laboral, formación permanente del profesorado y un proceso de digitalización e internacionalización que no estamos llevando a cabo por falta de recursos humanos y materiales. Se necesitan expertos que no sólo hagan estudios sobre el sistema de formación profesional en España; equipos de trabajo en las administraciones educativas que implementen planes con un apoyo presupuestario amplio y que se traduzcan en avances significativos aunque sea lentamente pero con visión de futuro.

Luego ya discutiremos del aprovechamiento de las becas, el plurilingüismo, el emprendimiento o cualquier otro tema de actualidad educativa. Primero, más inversión y contando con la experiencia de una FP vasca que ya sabe lo que funciona y donde centrar la estrategia para el futuro de empresas y alumnos. Porque mejorar las competencias de nuestros alumnos, aumentar el número de plazas, actualizar los ciclos y conseguir más titulados, acaba saliendo barato al conjunto de la sociedad. Porque hace falta algo más que voluntad para prestigiar nuestra Formación Profesional.

jueves, 5 de julio de 2018

DE LA FORMACIÓN Y REFLEXIÓN DEL PROFESORADO

Cuando conoces la realidad de otros centros educativos se percibe rápidamente que las inquietudes son habitualmente comunes con independencia de la localización geográfica o la titularidad del centro. Parece que hubiera un espacio universal donde el profesorado y los equipos directivo estuvieran transitando permanentemente en búsqueda de esa actualización pedagógica que cubra las expectativas de los alumnos y, sobre todo, de una sociedad exigente ya por norma.


Creo que esa abundancia de formación ofertada, utilizando como analogía las líneas de Herbert Simon que aparecen en el siguiente tuit de Carlos Magro, nos desvía de algún modo de los objetivos de una actualización docente que a menudo confundimos con estar al día de las modas educativas; agobiados por esa pretendida innovación educativa, el edutainment, los gurús, los influencers, etc.

En este mundo de sobreinformación, ya es hora de comenzar a reflexionar sobre a qué prácticas educativas merece la pena dedicar nuestro cada vez más escaso tiempo. Si realmente conviene practicar o utilizar determinadas herramientas o metodologías -innovadoras sólo en el nombre- que en breve caerán en desuso o si merece más la pena compartir momentos de reflexión con docentes con cierto bagaje de nuestro centro o entorno más próximo.

En cada centro educativo tienen, por herencia cultural o por la línea de trabajo en el centro, una serie de puntos fuertes que no se valoran lo suficiente y merecen ser explotados y difundidos. Luego, en cada escuela, tenemos también unas carencias concretas que son aquellas que merecen ser trabajadas al margen de esas modas educativas y requieren de una sosegada reflexión para no perder tiempo ni recursos en actividades estériles. Porque hay escuelas que necesitan formación para adquirir una competencia digital mínima, mientras que a otras les interesa desarrollar más la cooperación de sus docentes o, tal vez, sólo requieren actualizar contenidos o materiales a disposición del profesorado.

Es por ello indispensable saber quien nos puede ofrecer esa formación, si ha pisado el aula o tal vez no sea necesario, o si tal o cual metodología está basada en evidencias auténticas (recomiendo la lectura del blog de Marta Ferrero: situsupierass.wordpress.com). No se trata de demonizar, ni mucho menos, prácticas con décadas de experiencias como el Aprendizaje Basado en Proyectos, o la utilización puntual del juego en el aula, usada a lo largo del tiempo, o la edición de vídeos con fines educativos.

Estoy hablando de que si bien muchas prácticas o experiencias pueden ser utilizadas en el aula, debemos previamente reflexionar sobre su uso y acometer su introducción con cautela y sin desechar métodos o herramientas que, por parecer antiguos, no son menos eficaces en esta compleja labor que es la enseñanza. Por concretar, me disgusta que en muchos centros se venda más (y se compre también más) el bilingüismo o el uso de ciertos dispositivos, que un buen plan lector a medida de cada etapa educativa y vertebrado con la escuela, las familias y el entorno.

Resumiendo. Estoy convencido que los equipos docentes, a nivel de centro, debemos encontrar esos tiempos de reflexión o atención a las prácticas que queremos llevar a cabo, tanto a nivel individual (con lecturas y cavilación), como a nivel grupal con nuestros compañeros. Precisamos de esa reflexión para no errar ni en el diagnóstico ni en las terapias que nos puedan vender como un remedio rápido a los perpetuos y variables inconvenientes de la educación. Y, aún así, seguiremos haciendo lo que podemos.

photo credit: vivek jena barber colman rockford via photopin (license)