martes, 10 de octubre de 2017

SUPERFICIALIDAD O PROFUNDIDAD EN LAS REDES (Y EN LAS AULAS)

La liquidez o casi vaporosidad de la sociedad actual, que se experimenta no sólo en los más jóvenes, sino incluso en adultos ya formados, parece algo preocupante y sobre lo que deberíamos reflexionar con nuestros alumnos.

Influencers, youtubers, o un personal branding malentendido, junto al otrora famoso MYHYV, siguen haciendo mucho daño en las perspectivas y deseos de una juventud, millenials o incluso viejovenes que esperan encontrar su maná en los likes o en la fama etérea de las redes. Por desgracia, la humildad y la modestia no son valores favorecidos por los enredos de la comunicación instantánea o por los adoradores de imágenes en Instagram o de sus banales stories.


No nos queda otra que tomar cartas en este asunto y fomentar la discreción, el que vales por lo que eres y no por lo que posees (títulos o bienes) y la prudencia en nuestros actos públicos, ya sean virtuales o en carne y hueso. Nos debemos preocupar por la identidad digital, pero aún más por las formas de ser y actuar en público o en privado. Pensar antes de escribir y no al contrario. O donde digo escribir también valdría fotografiar, filmar, hablar...

Darse cuenta de lo poco que sabemos, de nuestra ignorancia ante tanto conocimiento acumulado disponible, de que somos expertos en nada y aprendices de casi todo, es vital para ser algo más que un número de seguidores o reproducciones pasajeras. El ego es muy mal consejero -casi tan malo como la falta de autoestima- pero hace un daño casi invisible a los más débiles que tienen que soportarlo o que acaban drogados por esos humos de grandeza mal entendida.

El silencio, la lectura o el debate respetuoso no son en absoluto incompatibles con la ludificación puntual en el aula, las nuevas tecnologías o cualquier otro método moderno que implantemos en nuestras clases. Más bien son un complemento obligado para aprender a trabajar en un ambiente propicio y en busca de una convivencia desde el respeto y sin la superioridad artificial del docente u otra figura cualquiera.

Espero que los tiempos de los zascas, los oportunistas, los ególatras incoherentes o los anónimos hirientes de las redes sociales pasen a mejor vida. Anhelo una vuelta o revuelta de esas redes que eran originalmente colaborativas, educadas y en búsqueda de esa última necesidad que describió Maslow: la mera autorealización.

Parece que tenemos mucha faena.

photo credit: iainmerchant Bottoms Up! via photopin (license)

domingo, 10 de septiembre de 2017

FP: VOLVER A LO BÁSICO

No es difícil encontrar compañeros estresados por la cantidad de burocracia, proyectos, reuniones, cursos o "innovaciones" varias. ¡Esas programaciones didácticas! Parece que los contenidos del curso y la tarea educadora de acompañamiento al alumno queda relegada ante tantas y diversas ocupaciones. Y encima el futuro próximo y el lejano no pintan nada bien.

La competencia entre centros, la necesidad de llenar aulas, el bilingüismo, la política desigual hacia los centros concertados y públicos o las modas educativas parece que siguen descentrándonos por obligación o afición hacia otros asuntos menores. Unos asuntos que no debieran hacernos perder el oremus. La mayoría sabemos qué necesitan nuestros alumnos y cómo podemos dar lo mejor de nosotros mismos; para ello necesitamos tiempo, dedicación y una implicación que nos permita seguir profundizando en los contenidos y competencias pretendidas.


En el caso de la Formación Profesional nos encontramos con dificultades añadidas. Por un lado, en los ciclos de grado medio, precisamos de unas competencias personales que nos permitan llevar a buen puerto unas aulas con alumnos en su mayoría poco motivados, inmaduros, con escaso hábito de estudio o con circunstancias personales  y familiares a veces complejas. Por otro lado, en los ciclos de grado superior, necesitamos además estar actualizados permanentemente; si buscamos una FP de máximo nivel, los profesores somos la clave y precisamos tiempo en exclusiva para formarnos técnicamente, preparar temarios y llevar a cabo un curso sin la ansiedad habitual que se contagia en los centros educativos. Por no hablar ahora de los pocos recursos comunes que hay publicados en abierto para los diferentes ciclos formativos.

Porque al final, si yo fuera alumno de FP, anhelaría profesores bien preparados, motivados, cercanos y que pudieran atenderme en condiciones. Y esto, en los tiempos que corren, parece una misión cada día más difícil para el profesorado. Los cambios sociales, la digitalización y el borroso modelo educativo no acompañan a un profesorado cada vez menos dedicado a preparar su clases sin sufrir inciertos experimentos. La Formación Profesional necesita un modelo a seguir que no dependa sólo del voluntarismo del docente o de los equipos directivos, donde se ponga la atención en la finalidad de nuestros estudios y no sólo en los métodos.

Necesitamos jóvenes que sepan vivir con espíritu crítico, que manejen bien los conceptos de su titulación, sin dejar de lado la creatividad y la ética. Futuros profesionales que sepan que el esfuerzo es el ingrediente principal a lo largo de sus vidas; que todo requiere un tiempo de estudio y de trabajo junto a unos compañeros, jefes o empleados a los que valorar y tratar adecuadamente.

Volvamos a lo básico. Volvamos a disponer de mayor tiempo para preparar clases y programar las materias. Esto no tiene que estar reñido con unas competencias digitales mínimas de los docentes o con asumir nuevos retos en la escuela. Necesitamos, sobre todo en FP, más tiempo al inicio del curso, más tiempo para coincidir con los compañeros, menos horas lectivas (hasta 25 horas semanales de clase en un centro concertado). Luego están los recursos materiales, las infraestructuras o la red wifi, pero lo básico sigue siendo disponer de más tiempo para dedicarlo a organizar materiales, actividades con los alumnos e incluso innovar en los ratos libres.

photo credit: Rusty Russ Seacoast Lighthouse in Late Winter via photopin (license)

lunes, 28 de agosto de 2017

MÁS FP Y MENOS TWITTER

Septiembre es para los docentes el enero del resto de mortales. Es tiempo de buenos propósitos -mayoritariamente de enmienda- donde comenzamos a (re)plantear el curso próximo, introducir alguna novedad o, simplemente, tratar de evitar los errores cometidos en el último año académico.

En mi caso, Twitter, mi principal fuente de recursos docentes y lecturas profesionales -hasta ahora- parece haber caído en el monologuismo sin búsqueda de réplica y un simple hervidero de trending topics donde se cuecen barbaridades desustanciadas. Este verano, por primera vez, ya me ha tocado silenciar o dejar de seguir cuentas impertinentes -a mi parecer- o que no me aportan nada valioso; ristos mejides de la educación, agrios lobos solitarios o insustanciales a discreción. Supongo que al final, más bien por consideración, seguimos a más tuiteros de lo que sería razonable; porque son ya pocas las cuentas que, sin acritud, aportan debate, ideas nuevas, comentarios jugosos, proyectos interesantes o noticias dignas de ser destacadas.

más FP y menos TwitterEn 2009 abría mi cuenta en Twitter buscando recursos y gente interesada en el mundo de las TIC y la educación, y así logré conocer tipos interesantes, blogs sobre educación y proyectos de donde sacar ideas para el aula. La interacción era enorme. Parecía un enorme chat de gente conocida y donde las buenas maneras eran la norma no escrita. Un lugar perfecto para repensar unas prácticas educativas heredadas que seguíamos transmitiendo sin espacios ni tiempos para cavilar. Una plataforma donde abundaban los blogs (¿ahora hilos?) con jugo. Mucha más educación de pupitre que política educativa.

Buscaba también docentes de Formación Profesional, aún hoy con escasa visibilidad, con los que compartir preocupaciones o simplemente aprender otros modos de enseñar. Un salir al exterior que te empuja a apreciar al que tienes a tu lado, a tus compañeros de escuela curtidos en vaivenes y horas de aula. Vas entendiendo que en FP hay mucho por hacer, que el prestigio debe partir de una estrategia clara y una apuesta decidida de la administración educativa; que los profesores somos el alma mater de unas escuelas donde se hacen grandes cosas con recursos limitados, aún prevaleciendo el "sálvese quien pueda" y un exceso de trabajo de sólo puertas hacia adentro.

Por ello Twitter debiera seguir siendo el lugar perfecto; un espacio donde encontrar a alguno de esos miles de profes de FP que buscan compartir alguna reflexión, un enlace interesante, los sinsabores, un compañero de proyecto, una experiencia de aula, un blog... Desafortunadamente, Twitter se parece cada vez menos a ese espacio deseado. Siguiendo con mis pretensiones de inicio de curso, me parece que es hora de filtrar o recortar más mi Twitter y seguir obstinado con la Formación Profesional.

Y que te vaya bien el curso (aunque no seas de FP). 😉

photo credit: John Twohig Photography Tweet this! via photopin (license)

jueves, 27 de julio de 2017

LA CERVEZA EN LA EDUCACIÓN: METODOLOGÍAS

Aviso al lector: prohibido su consumo a menores de edad, recomendado sólo a docentes noveles o viejunos. 

Parece que con el verano, además del aumento estacional del consumo de cerveza, se viene produciendo un incremento de conflictos entre las diferentes facciones de metodólogos y docentes a tiempo completo.

Los puristas, que se decantan por cervezas negras o tipo Ale, de abadía o trapenses, siguen en sus trece con que los contenidos son lo más importante y que la sabiduría se encuentra sólo en ellos a través de los libros de texto; no importa el grupo de clase, la edad, el tipo de estudios ni el entorno socioeconómico. La clase magistral es su marca de referencia, aunque la tecnología (fundamentalmente un proyector y un powerpoint) pueda servir a sus intereses. Catadores que gustan separar el grano de la paja y seleccionar los mejores cereales.

Luego tenemos los de la cerveza rubia, tipo Lager, que se atreven incluso con cervezas innovadoras: elaboradas con agua de mar, de agricultura ecológica, con zanahoria o aloe vera... Tipos que buscan la frescura y el buen rollo por encima de todo, a la caza de la motivación permanente y experimentando con  las TIC u otros métodos que parecen muy vanguardistas. A veces se pierden meditando en exceso, con florituras a carboncillo o acaban distraídos con algo lúdico; no estoy hablando de los clientes habituales de caña o doble de toda la vida; me refiero a esos con ojo clínico para buscar y seleccionar una u otra cerveza en función del diseño de la botella, su etiquetado original o un sabor particular e individualizado.

En cuarto lugar, están los que no saben ya adonde ir y que han terminado pereciendo en el interior de botellines de cerveza mezclados con limonada -tipo Shandy o Radler- tratando de adaptar sus clases a los alumnos según el curso, combinando metodologías tradicionales con otras más activas, barajando exámenes con evaluación por competencias, o complicándose la vida con materiales de la red junto a libros de texto. No confundir con los los bebedores de cerveza 0,0 que, a excepción de prescripción médica, destilan indolencia y apatía en el aula, o se conforman con cualquier mejunje de marca blanca.

Lo apasionante de este tema está en la facilidad de poder deambular de un grupo a otro, adaptándose a lo medios que se conocen o se detentan, sin olvidar nunca el cereal con el que trabajamos.

¿Y a ti, cuál te gusta?


P.D. Aprovecho y os dejo con este proyecto cerveceros (ABP o lager) realizado con los alumnos de Formación Profesional del ciclo superior de Comercio Internacional:  https://exportacioncerocomacero.blogspot.com.es/


photo credit: arkland_swe A glass of cold beer! via photopin (license)

domingo, 9 de julio de 2017

ESCUELA DE PADDINGTONS

Las clases ya hace tiempo terminaron y algunos, pese a esas envidiadas vacaciones, siguen buscando el mejor lugar desde el que tratar de enseñar a sus alumnos. El entrañable Paddington también logró encajar con unos humanos desbordantes de manías, prejuicios y una educación a veces dudosa.

Cerrar los ojos, reflexionar sobre nuestra tarea docente, indagar en nuestro pasado u observar a nuestros colegas puede ayudarnos si queremos encajar en esas aulas donde los paddingtons nos esperan con no demasiadas esperanzas y cierto escepticismo. Por fortuna, a pesar nuestro, dichos paddingtons nos sorprenden cada curso; pretendemos estimularlos, motivarlos con diferentes artefactos o innovaciones extravagantes; al fin y al cabo, siempre se quedan con el aprecio, la consideración que reciben y tus intenciones como docente.

El curso próximo partirán nuevos paddingtons con sus maletas repletas de circunstancias y herencias con las que trajinar; equipajes donde cabrá la exigencia e incluso esos experimentos que gustan a los menos convencionales. Porque también habrá tiempo para deambular por otras paradas; ya sea en lengua extranjera, con humor, del revés o en alguna partida interminable. Eso sí, sin perder de vista otros destinos menos visitados pero igual de apropiados en un largo viaje: lecturas, música, arte, cultura... Habrá valido la pena el viaje si conseguimos su disposición por lo que conocemos.

Guardemos ahora los bártulos y soñemos un poco con los insólitos pasajeros que llegarán. No obstante, recarguemos todas las energías posibles porque nosotros ya nos hemos metarmofoseado en simples seres humanos.

#blimagen2017
Artículo para el reto #blimagen2017 

jueves, 22 de junio de 2017

LA AUTOCRÍTICA PROFESIONAL

Supongo que en todas las profesiones, así como a nivel personal, es poco habitual tropezarse con gente que ejerza habitualmente la autocrítica, y, sobre todo, que la exteriorice. A nivel docente es muy raro oír frases tipo "algo habremos hecho mal", "tenemos mucho por mejorar", "le hemos fallado a ese alumno/a", "debería cambiar en...", "sería mucho mejor hacerlo con un compañero/a", etc.

Si además trabajas como docente en Formación Profesional la realidad puede superar a la ficción. No podemos hartarnos a criticar a los alumnos, al sistema, a los equipos directivo o a la normativa vigente, si por nuestro lado no estamos cumpliendo de un modo responsable y diligente nuestra tarea como docentes. Hay que ser congruente si luego tenemos cualquier tipo de queja. Ser profesional requiere pararse a pensar en qué estoy fallando y dejar de lado la fácil crítica ajena que nada aporta.

autocrítica profesional educación

Cuando estamos formando a los alumnos para ser profesionales, nuestra actitud hacia ellos y con los compañeros, también transmite profesionalidad. El mirarse el ombligo y olvidarse del bien común de nuestra comunidad o centro educativo no aporta nada positivo. Como bien expresa Dolores Álvarez en su blog "La colina de Peralías": (...) Hay gente dentro de los claustros que solo les importa lo suyo y van a preguntar solo por su problema, sin pensar en el gran listado de tareas que tiene este grupo de personas, quieren ver su horario, su grupo de alumnos y alumnas, su clase… todo lo que a su mundo pertenece, ignorando lo que es la comunidad y lo que se trabaja en beneficio de toda ella, se actúa de forma egoista, sin pensar nada más que en lo que a su trabajo particular se refiere. (...) 

Comenzar, ahora que acaba el curso, a revisar lo que hemos hecho mal, donde podemos mejorar, en qué le hemos fallado a nuestros alumnos, compañeros o equipo directivo, o en como podemos contribuir a que nuestra escuela siga creciendo, debiera ser un ejercicio obligado en cada uno de nosotros. Porque calificar a un chaval es muy fácil, pero valorarlo, ponerse en su lugar e intentar que cambie y mejore ya es algo más complejo. Quizás, si nos tuvieran que calificar a nosotros, en algunos ítems (¿módulos?) no saldríamos muy bien parados.

Por mi parte, tengo bien claro que hay muchos aspectos que puedo mejorar como docente. Que mis clases podrían estar mucho mejor preparadas, que debo seguir profundizando no sólo en metodologías sino también en aprender a relacionarme mejor con alumnos que vienen cada vez más cargados de singularidades y rodeados de circunstancias anómalas o con compañeros que trabajan de distinto modo. Porque, al fin y al cabo, lo importante y lo urgente son nuestros alumnos, pese a nuestra circunstancias personales y a pesar de que a todos nos gustaría disfrutar perennemente de alumnos perfectos, motivados y sobresalientes.


Post dedicado a mi compañera Carmen B., de la que tanto he podido aprender por su disposición, actitud, buenas palabras, entrega a los alumnos y a la escuela, sensibilidad, prudencia, crítica constructiva e implicación profesional. Un ejemplo para los que necesitamos de mucha más autocrítica. Mil gracias Carmen por haber podido trabajar contigo y disfrutar de tu compañía. 

photo credit: Brian Legate Macro Mondays- Start exactly @ 5.5 inches via photopin (license)