martes, 5 de diciembre de 2017

INSPIRACIÓN

De nuevo, tengo la fortuna de reseñar el último libro de Jesús Alcoba: "Inspiración. La llama que enciende el alma". Un título que anticipa la tesis de su autor acerca de un concepto, la inspiración, que trasciende de lo racional y aparece inconscientemente de forma inexplicable.

Jesús analiza con detalle el origen de la inspiración en nuestras vidas; cómo nos inspiramos, cuándo surge esta inspiración, qué nos puedes ayudar a estar inspirados... Como afirma el autor, la inspiración es un concepto sobre el cual no existe apenas literatura. A través de las páginas de su libro y mediante entrevistas a diferentes profesionales y artistas, podemos adentrarnos en un concepto que solemos confundir con la creatividad.

inspiración jesus alcoba

Los que nos dedicamos a la formación también experimentamos momentos de inspiración gracias a esos ingredientes que Alcoba nos describe al final del libro. La inspiración se tropieza con nosotros cuando más nos replanteamos nuestro trabajo o vida cotidiana, cuando conjugamos diferentes disciplinas o intereses personales y/o profesionales, cuando somos más auténticos y profundizamos en nuestro interior y cuando nos mostramos más activos y predispuestos al cambio.

Entendiendo bien este proceso de inspiración, podemos obtener respuestas a muchas de nuestras decisiones vitales o las razones de nuestro devenir profesional. La inspiración va mucho más allá de las ocurrencias puntuales y, aunque indescifrable, tiene mucho que ver con esa alma que titula este libro y que todos poseemos.

Jesús no trata de ofrecernos ninguna fórmula mágica para encontrar esa inspiración deseada, pero si nos aclara un concepto que puede llegar a ser trascendente en nuestras vidas. Como él define, "la inspiración es un estado emocional subjetivo, repentino y efímero, en el de manera concentrada experimentamos sentido, y tras el que, generalmente, nos vemos motivados a actuar".

El mismo Jesús afirma que tal vez este es el libro menos científico de toda su obra; seguramente por el enigma que rodea a esa inspiración que esperamos atrapar o que nos visite más a menudo.

jueves, 30 de noviembre de 2017

LOS RETOS DE NUESTRA FORMACIÓN PROFESIONAL

¿Hacia dónde vamos en la Formación Profesional? ¿qué caminos y qué retos debemos afrontar en la actualidad? ¿cómo podemos los docentes de FP abordar estos cambios?

En el día de hoy, en la Jornada de Innovación Metodológica en Formación Profesional celebrada en Salamanca, hemos podido descubrir e intuir algunas respuestas a estas cuestiones. Todos los ponentes invitados parecemos coincidir en la vital importancia que tienen las competencias personales, las llamadas "soft skills", en la empleabilidad de nuestros alumnos. Estamos de acuerdo en que no podemos continuar calificando únicamente las competencias técnicas de nuestros alumnos sin valorar aspectos como la actitud, la implicación, el respeto, la autonomía y responsabilidad, la capacidad de resolución, la creatividad, la adaptabilidad...

Oscar Boluda eFePeando

En las primeras ponencias, con el Aprendizaje y Servicio como eje central, se demuestra que las experiencias en entornos reales ayudan a trabajar esta serie de competencias. Los alumnos pueden ser valorados como profesionales, a la vez que ofrecen un servicio a su entorno y sensibilizan a la comunidad educativa en aspectos que trascienden del ámbito académico. Los proyectos de Mabel Pérez en el área de la Dietética, Mª Jesús Sánchez con el módulo de Empresa e Iniciativa Emprendedora y los niños refugiados sirios, o la profesora Laura León en Integración Social y colaborando con el colectivo gitano de su ciudad, son magníficos ejemplos en los que la Formación Profesional sale de las aulas logrando la implicación del alumno y alcanzando un aprendizaje memorable. 

En otra de las ponencias, por parte de Natalia Gastón y Agustín Agirre, integrantes del Centro de Innovación e Investigación Aplicada del País Vasco (Tknika), fuimos testigos de su atrevimiento y avance con respecto a otras comunidades autónomas y regiones europeas en relación a las nuevas metodologías y su visión sobre la Formación Profesional. En el País Vasco, hace ya tiempo que tienen claro que el presente está en el trabajo colaborativo, en las redes de trabajo entre centros y entre el profesorado de las escuelas; en la necesidad de establecer equipos docentes para cada ciclo formativo y en cada centro de FP. Apuestan por los retos intermodulares, por una evaluación de esas competencias personales que antes comentaba, por la figura del "coordinador de aprendizaje" en los centros y por una flexibilidad en los espacios y en los horarios de los profesores del ciclo. Todo ello, gracias sin duda, a la apuesta política de la viceconsejería de Formación Profesional que desde hace más de diez años trabajan pensando en el futuro de un modo estratégico.

Muchos de sus materiales están disponibles en: ethazi.tknika.eus Me quedo también con la frase de Agustín, "trabajar en serio no es trabajar serio". Una frase que podemos aplicar tanto a la formación profesional en las aulas como a cualquier otro sector profesional.

La última ponencia, de Juanjo Vergara, experto en Aprendizaje Basado en Proyectos, que pude seguir únicamente por Twitter (#FP_SA), incidía también en trabajar partiendo de la realidad, desde la generación de emociones y revertiendo ese esfuerzo en el entorno. El ABP es una metodología tremendamente útil para llevar esto a cabo. 

Por último, os dejo con la presentación de mi intervención, titulada "Formación Profesional y competencias. ¿Regreso al futuro?" por la incertidumbre constante en la que los profesores de FP estamos inmersos. Queremos innovar, necesitamos experimentar, pero no podemos perder de vista todo el trabajo que se viene haciendo desde hace muchos años en la Formación Profesional. Nuestro futuro es el ahora y debemos adelantarnos al mismo con los recursos actuales.

También muestro el trabajo que hacemos en el aula y el uso de ciertas herramientas digitales (blogs, sites, Canva) que ayudan a reflexionar sobre la identidad digital del alumno y que son sencillas de manejar. Todo ello disponible en mi portafolio digital.

Expongo igualmente la necesidad de compartir experiencias tanto dentro como fuera de los centros de FP.  El éxito que supone contagiar las buenas prácticas entre los compañeros de claustro, aprovechando los intereses personales de cada docente para conectar mejor con el alumno son también claves en la transformación educativa de los centros. No menos importante es la evaluación de las competencias personales que mencionábamos al principio; una evaluación diferente que nos debe hacer reflexionar sobre qué buscamos en los alumnos y si son suficientes las típicas calificaciones finales.

Gracias de nuevo desde aquí a Elena Rodríguez por la invitación y organización de unas jornadas de FP por y para profesores de Formación Profesional, que rara vez se convocan por la geografía española. Ha sido un placer compartir este tiempo con otros docentes de Formación Profesional.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

CADA ETAPA EDUCATIVA TIENE SUS PARTICULARIDADES

En el mundo educativo actual, sobre todo en los medios de comunicación o en los foros públicos, suelen tratarse las necesidades de cada etapa educativa (infantil, primaria, secundaria obligatoria, bachillerato, formación profesional y en ocasiones, incluso la universidad) como algo homogéneo, sin una especialización a la hora de abordar las particularidades que cada uno conlleva.

Esto es aún más evidente en cuanto aparece una moda educativa que parece ser útil por igual con un estudiante de bachillerato que con un niño de primaria. Parece que nos puedan las ganas de "innovar" y dejarnos llevar por los "inventos" del momento, al menos para no parecer un docente trasnochado o demasiado tradicional.


No tiene sentido alguno, por muy vistoso y "moderno" que parezca, tratar de digitalizar contenidos, actividades a través de plataformas virtuales (LMS, SGA, EVEA, LCMS) con alumnos de primaria donde el principal objetivo de su educación debiera fundamentarse en la lectoescritura y en las operaciones matemáticas básicas. Empantallar a los niños a edad tan temprana no está produciendo ningún salto significativo en el aprendizaje, más allá de momentos de entretenimiento o un precoz interés por los sistemas informáticos. Los que no somos "nativos digitales" bien sabemos que no precisamos tocar un ordenador cuando teníamos diez años para poder manejar con soltura cualquier software en la actualidad. Lo que seguro echaría de menos, si me hubiera faltado en su día, es disponer de una buena biblioteca escolar o de unos maestros sensibles al fomento de la lectura.

Tampoco tiene sentido la instauración de unos deberes escolares del mismo tipo en cualquier curso; no importa que curses cuarto de la ESO o que hayas accedido a un ciclo formativo. Estimular la memoria es una actividad muy recomendada, así lo apuntan los neurocientíficos, pero si estamos trabajando competencias profesionales no hace falta aprenderse un listado de abreviaturas o copiar a mano tropecientas líneas. Muy diferente también de aquellos que están preparando el bachillerato y que necesitan presentarse a unas pruebas de acceso a la universidad.

Debemos tener claro que las necesidades del alumno, niño, adolescente o joven, son muy distintas y debemos abordarlas de modos diferentes en cada ciclo educativo. Hay metodologías adaptables a todas las etapas (Aprendizaje Basado en Proyectos, aprendizaje cooperativo, retos...), pero cada una de ellas se debe adecuar a nuestros alumnos y a los objetivos últimos de aprendizaje. No todo tiene interés para nuestras aulas ni va a solucionar las dificultades a las que nos enfrentamos cotidianamente.

No se trata de permanecer inmóvil o no buscar cambios en nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje habitual; tan sólo debemos reflexionar más a menudo sobre nuestras prioridades con los alumnos y si realmente la moda metodológica o tecnológica de turno nos aporta una mejora significativa o un alejamiento de nuestro propósito principal en la etapa educativa que nos corresponde.

En la Formación Profesional lo tenemos claro, no sólo gracias a los decretos que desarrollan cada título, sino por la experiencia acumulada; seguimos trabajando por lograr alumnos mejor preparados para el mundo laboral capaces de adaptarse al futuro que les espera. Nosotros, sí que necesitamos saber lo que demandan las empresas y cada sector profesional para titular a alumnos competentes; tratar de adelantar estas habilidades a alumnos de la ESO a través del emprendimiento o la gestión de empresas, no me parece ya tan lógico.

Sí es cierto que en todas las etapas debemos trabajar una serie de competencias personales que son fundamentales a lo largo de la vida: responsabilidad, civismo, respeto a los demás, esfuerzo, solidaridad... Aquí no cabe hacer distinciones excepto a la hora de transmitirlas según la edad buscando la significatividad de las actividades programadas para llegar mejor a cada alumno según su madurez personal.

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lunes, 13 de noviembre de 2017

¿DEBIERAN TENER UNA POLÍTICA DE REDES SOCIALES LOS CENTROS EDUCATIVOS?

¿Deberían los centros educativos tener una política de uso de las redes sociales para sus docentes u otros empleados? ¿Es necesaria una normativa o unas recomendaciones cuando las usamos tanto para uso personal como profesional?

Las ventajas del uso profesional de las redes sociales son diversas, con Twitter a la cabeza, las redes son espacios donde es posible obtener recursos valiosos, compartir materiales o conectar con otros docentes y profesionales de sectores diferentes al nuestro. Pese a que, eso que llamábamos "desvirtualizar" está en desuso, como bien expresa en su artículo @juanfratic"nosTálgICo. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?", aún se pueden conocer personas muy interesantes por las redes. Al fin y al cabo, la riqueza de Internet radica en esta posibilidad de ampliar miras gracias a los millones de internautas que están a nuestro alcance, ya sea física o virtualmente.

No creo que se deban censurar comentarios o enlaces compartidos, más bien es necesaria cierta sensibilización para separar este uso personal y profesional que hacemos de nuestras redes preferidas. El objetivo último es evitar asociar las posiciones personales o partidistas con la imagen del centro educativo donde trabajamos. Más aún con los tiempos que corren donde cualquier excusa es buena para acusar de "adoctrinamiento" al docente o escuela de turno. Y aquí no hay distinción entre centros públicos y privados.

Lo habitual es encontrarse con cuentas y perfiles donde aparecen nombres con o sin apellidos que rara vez incluyen el centro donde trabajan. Aún así, es corriente utilizar estas redes sociales tanto para subir contenidos del aula como para colgar referencias a situaciones personales. Es muy difícil trazar una línea entre unos y otros contenidos, aunque tal vez, si nuestros contenidos son mayoritariamente personales sería más adecuado obviar las referencias profesionales en nuestro perfil o enlazar a actividades de nuestro centro educativo. En su defecto, siempre nos quedaría crearnos una cuenta estrictamente profesional para interactuar con nuestra comunidad educativa o relativa a temas educativas.

Hace unos años era más fácil encontrarse con la típica coletilla en los perfiles de Twitter: "Opiniones personales", para evitar así cualquier malentendido con el empleador de turno. Ahora, con Instagram, también es difícil realizar esa separación entre lo personal y lo profesional; pese a que también sería recomendable utilizar dos tipos de cuentas e incluso dejar como privada alguna de ellas. Tendemos a mezclar ámbitos, lo cual no tiene porque ser negativo, pero ello nos obliga a ser mucho más cuidadosos con nuestras publicaciones. Lo mismo con Facebook o con Linkedin, donde es fácil mezclar la vida privada o nuestras opiniones personales con actividades educativas.

Cada día somos más conscientes de las oportunidades que nos puedan ofrecer las redes, pero no tanto de los problemas que nos pueden provocar, principalmente cuando estamos trabajando en empresas privadas o incluso podemos necesitar buscar un empleo en el futuro. La desmesura en los comentarios y el exhibicionismo gratuito no suele aportar nada a nivel profesional, más bien todo lo contrario; no se trata de autocensurarse sino más bien de emplear un sentido común para que no siga haciendo falta ninguna política de centro en relación a las redes sociales del profesorado.

Por suerte, siempre nos llegan noticias de oportunidades que, gracias a las redes sociales, han aprovechado algunos de sus usuarios, en este caso un docente en paro:

Por si las moscas, aún siendo un sector lejano al nuestro, el New York Times tiene su propia política para evitar problemas de imagen con su línea editorial. Un texto del que podríamos extraer alguna que otra idea: "The Times Issues Social Media Guidelines for the Newsroom"

De este texto, subrayaría su introducción, aplicable, en cierto modo, a nuestras escuelas:
We believe that to remain the world’s best news organization, we have to maintain a vibrant presence on social media. 
But we also need to make sure that we are engaging responsibly on social media, in line with the values of our newsroom. 
That’s why we’re issuing updated and expanded social media guidelines.

El problema de nuestro mundo educativo es la borrosa frontera entre la vida particular y la profesional. Desafortunadamente, muchos seguimos conectados también en casa, de un modo u otro, a nuestra actividad laboral. Por ello, es tan difícil poner límites o hacer distinciones en nuestras redes y a los contenidos que en ellas publicamos. Quizás sea una de las causas, aunque los ajenos a la profesión no lo crean, del estrés laboral que conlleva la docencia.

Colegas, nos vemos en las redes...

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martes, 31 de octubre de 2017

DEBERES ESCOLARES EN FP Y EN PRIMARIA

Aunque me meto donde no me toca, me apetece y parece conveniente retomar el debate -nunca cerrado- sobre los deberes escolares. Especialmente, en la etapa de la educación primaria, en la cual no me ocupo, pero que sufro como padre.

Ahora que parecemos más modernos que nunca, pedagógicamente hablando, que presumimos de innovación o inversiones en tecnología, parece una paradoja que nuestros niños sigan, una vez finalizada la jornada escolar, realizando tareas repetitivas o acumulando pruebas (exámenes) o ejercicios para casa no individualizados que atiendan a sus necesidades específicas.

El argumento del esfuerzo o de que el alumno aprenda a gestionar su tiempo, ser autónomo y otras competencias básicas, no tiene porque ser incompatible con unos deberes más racionales que tengan en cuenta lo que cada alumno precisa y que, sobre todo, no desmotiven o añadan estrés en niños que aún no son ni preadolescentes.

DEBERES ESCOLARES PRIMARIA FP
La jornada escolar diaria, habitualmente de 9.00 a 17.00 horas, es más que suficiente para trabajar contenidos o reforzar competencias. Se puede, y seguramente se debe, añadir alguna actividad o "deber" de refuerzo que fomente esa autonomía y responsabilidad; pero lo que no se puede es acabar con la convivencia familiar y el disfrute de los niños junto a sus padres o amigos porque no tengan suficiente tiempo en casa. Hablamos mucho de conciliar pero en España seguimos con cenas a horas intempestivas o acostando a los niños más allá de las diez de la noche; los deberes o las actividades extraescolares son otro factor más que no ayudan a tener unos horarios racionales.

Acabar el colegio, merendar, jugar un rato, estar con la familia, cenar, leer antes de dormir... no son compatibles si mandamos unos deberes donde un adulto además debe estar explicando la materia durante una hora o más en algunos casos. No se trata de sobreproteger al niño, más bien proteger su descanso, poder disfrutar con ellos de su infancia y que no pierdan las ganas de ir al colegio y seguir aprendiendo.

Tampoco creo que la solución radique en mandar tareas superoriginales a los niños, donde los padres parezcan concursantes, ni deberes donde el ordenador sea la herramienta principal por aquello de que las nuevas tecnologías estén de moda. Buen artículo de Carlos Magro al respecto: "Educación y tecnología: transformar las dificultades en posibilidades". Lectura, comprensión, escritura... trabajar este tipo de actividades de un modo significativo es más que suficientes para no perder el gusto por el conocimiento y desarrollar unas competencias útiles para toda la vida.

Parece que ya está demostrado, o algunos estudios así lo verifican, Polo Martínez, I., & Bailén, E. (2016). DEBERES ESCOLARES: EL REFLEJO DE UN SISTEMA EDUCATIVO. Avances en Supervisión Educativa, (25), que los deberes escolares no son ninguna panacea para aumentar el rendimiento académico. No hace falta mucho más debate al respecto si comenzamos a reconocer que los actuales deberes no introducen ningún componente emocional en el alumno ni logran unas mayores competencias en nuestros pequeños alumnos.

Y si hablamos de Formación Profesional, más de lo mismo. Si aprovechamos bien la jornada escolar no serían necesarias tareas adicionales para hacer en casa, trabajar en grupo después de las clases o memorizar contenidos. Ello no quita que exijamos unos exámenes para asegurar la comprensión y estudio de un temario, o demandar un trabajo adicional cuando no se rinde en el aula o el estudiante precisa más tiempo por cualquier circunstancia.

En FP son igual de importantes ciertas competencias personales (responsabilidad, saber estar, cortesía, puntualidad, autoexigencia, respeto...) que no caben en unos deberes escolares y se trabajan mejor en clase. Si encima logramos que se interesen por nuestra materia, que profundicen en ella por su cuenta y que conecten con la realidad profesional o académica que hay fuera de la escuela, ya nos podemos sentir más que satisfechos.

Mientras tanto, por favor, exijamos una racionalización de los deberes de los más pequeños.

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miércoles, 25 de octubre de 2017

LA FANTASÍA DE LA ESCUELA BURBUJA

Hoy nos reunimos en este texto para tratar de analizar las llamativas coincidencias que estamos viviendo en diferentes lugares. Vamos a comenzar a desenredar algunas de estas cuestiones.

La neutralidad imposible
Débora Kozak

Es interesante cómo cada vez cobran mayor fuerza en la difusión de sus ideas quienes piensan que la escuela debe ser un “mundo rosa”, una burbuja a donde nada se “infiltre” desde el exterior.

Puede verse la contundencia de este imaginario en las redes sociales. Vemos por ejemplo cómo en Twitter, espacio a donde suelen ponerse de manifiesto algunas situaciones entre terribles y absurdas que se viven cotidianamente en la escuela, los cuestionamientos que aparecen cuando se toca que vincula la escuela con la realidad. ¿Por qué molesta que la escuela sea permeable a lo que sucede en el contexto en el que está inserta?

La vida no es rosa. Parece obvio pero sin embargo el fantasma de la “neutralidad” recorre la escuela como si fuera posible mantenerla al margen del mundo. Tal vez lo más preocupante sea la idea de que deberíamos mantenerlos aislados para “no contaminarlos”. Y en este marco aparece la ilusión del “adoctrinamiento”, como si los alumnos fueran seres totalmente dependientes de los pensamientos y enfoques de sus docentes; como si no tuvieran reflexiones propias; como si fueron “moldeados a medida”.

Quienes creen estas cosas le exigen a la escuela mantenerse callada y al margen. Paradójicamente, en momentos a donde las sociedades requieren de la formación de ciudadanos con herramientas de lo más diversas para hacer frente a múltiples conflictos, es cuando a la escuela se le pide mirar para otro lado.

Si educar sólo se tratara de enseñar contenidos esterilizados, ¿cuál sería la función de la escuela?. En la era donde el acceso a la información resulta más un problema que una virtud tanto por su volumen como por su calidad, dejar de enseñar en las escuelas a analizar, comprender, argumentar y seleccionar esa información podría representar el enorme riesgo de dejar generaciones fuera de su propia realidad. ¿Cuál sería entonces el rol de la escuela y de los maestros y profesores hoy en la formación de ciudadanía?

En principio es necesario establecer que la escuela debería ser, por lejos, el lugar a donde se estimule el diálogo; el debate y el respeto por las diferencias. Resulta imposible pensar que esto es factible reclamándole al docente que sea “neutro”, que no tenga ideología. TODOS tenemos ideología, consciente o no; partidaria o no, pero todos la tenemos. La asociación entre “ideología y peligro” es la base de toda sociedad que ha perdido el rumbo de la democracia. Sembrar sospecha sobre el pensamiento diferente supone así que existe una forma de ver las cosas que es válida y que las de otros no lo son. ¿Cómo es posible construir diálogo si se parte de esta base?

Ahora bien: ¿esto implicaría que los docentes salgan a “adoctrinar” personitas dóciles dentro de su propia ideología? La respuesta obviamente es que no. Sin embargo esto interpela la idea de “neutralidad”, entendiendo que las subjetividades, puntos de vista o visiones del mundo existen de manera inevitable pero que además son el motor de los debates y la búsqueda de argumentos.

En las instituciones educativas debería garantizarse que todos las perspectivas de pensamiento pudieran estar representadas siempre y cuando ninguna de ellas resulte ofensiva o discriminatoria. La garantía de que así sea la darán siempre los docentes, cuyo rol indispensable en este proceso será el de guiar y mediar.

Otro aspecto fundamental para considerar es el lugar que ocupan las familias dentro de la formación de los alumnos. La escuela parte de recuperar lo que traen considerando como pilar que será la diversidad y la heterogeneidad lo que enriquezca y amplíe la mirada de los otros. No se trata de seres que se moldean “a imagen y semejanza” sino de personas en formación que escucharán, analizarán, comprenderán y tomarán cada una sus propias decisiones, más o menos fundamentadas según el caso. Pero el lugar de los enseñantes es el de facilitar y posibilitar que esto suceda.

Las propias teorías del aprendizaje han realizado aportes que confirman esto: se aprende de los problemas, de los conflictos de conocimiento. ¿Se puede aprender entonces cuando se intenta desconocer los problemas que llegan a la escuela desde la realidad misma que los impone?

En Argentina hemos visto con crudeza estos últimos tiempos el cuestionamiento a la escuela y los docentes por el tratamiento del tema de la desaparición de Santiago Maldonado. Chicos de todas las edades que llegaba preguntando por aquello que habían visto, leído o escuchado en medios y redes, sobre lo que intentaban buscar respuestas. Ante esto, el reclamo de silenciar el tema por parte de algunos medios y familias que se hicieron eco de este mensaje, poniendo en tela de juicio la capacidad de los docentes para dar tratamiento a este tema complejo. La figura del maestro “sospechada”, que abrió la puerta para todo tipo de ataques y desconfianzas sobre las escuelas.

Vivimos en un mundo convulsionado. Nuestra responsabilidad es preparar a los alumnos con las herramientas que se requieren hoy para vivir en él. Callar y ocultar lo que la realidad impone no parece ser un camino posible. O por lo menos no uno que posicione a las nuevas generaciones en situación de resolver esta complejidad que les toca vivir.




Doctrina, escuela y patria: ¿y qué hace el docente?
Ramón Paraíso

La situación política en Cataluña ha vuelto a poner la cuestión del adoctrinamiento en las aulas en el candelero. Desde el gobierno central y, sobre todo, desde los medios de comunicación afines se insiste de manera simplista e interesada en la idea de un sistema educativo, el catalán, que se constituye como una verdadera fábrica de independentistas y como espacio irradiador de hispanofobia. Una visión apocalíptica y sesgada pero en absoluto nueva. Recordemos que ya el ex ministro Wert recomendó la idea de “españolizar a los niños catalanes”. Así pues, no se trata de un debate surgido al calor de la situación política actual, sino que tiene un recorrido mucho más largo.

Por otro lado, llama la atención que la cuestión del adoctrinamiento en las aulas en España no dé el salto a los grandes medios de comunicación desde una perspectiva religiosa o de género. Y es que hablamos de un país laico que cuenta con una red de centros religiosos de enorme magnitud donde la religión católica tiene un notable reconocimiento en los planes de estudio, mucho mayor que otros ámbitos de conocimiento que quedan relegados a un segundo plano. Igual pasa con los centros segregadores por género. No se detecta un debate mediático de la magnitud del relacionado hacia la cuestión catalana ante este modelo educativo segregador. En definitiva, parece que lo que no han conseguido religión y segregacionismo escolar sí que lo ha hecho el nacionalismo.

No obstante, e independientemente de la situación política argentina, española o de cualquier otro país, quizá cabría reflexionar sobre el papel de los sistemas educativos y de sus docentes desde una perspectiva mucho más amplia. ¿Adoctrinan los estados a sus ciudadanos a partir de su red de escuelas?, ¿están libres los planes de estudio de doctrina político-social?, ¿cómo debemos actuar los docentes ante este panorama?

Sería ingenuo negar que las administraciones educativas que elaboran los planes de estudio de los distintos estados y regiones del mundo lo hacen de un modo neutral. Parece evidente que, como mínimo, se trata de planes que parten desde una perspectiva nacional y desde un posicionamiento social y económicos determinados.Y no cabe duda, además, de cuál es el modelo imperante, al menos en el mundo occidental. En cualquier caso, estando más o menos de acuerdo, se trata de sistemas y de planes de estudio legítimos, que estados democráticos se han otorgado a sí mismos de manera legal. Ahora bien, ¿significa eso que no hay doctrina en ellos?

Así pues, plantear la idea de una escuela burbuja se torna, en nuestra opinión, un sinsentido. La perspectiva nacional, ideológica y económica que subyace en cualquier modelo educativo contiene en sí misma una nada despreciable dosis de doctrina. Partiendo de ahí cualquier intento de neutralidad ideológica en los centros educativos resulta inviable. Por otra parte, en la escuela trabajan y conviven personas que, afortunadamente, tienen sus ideas y creencias propias y muchas veces además, todavía más afortunadamente, distintas entre sí. Ahora bien, descartada la idea de la escuela burbuja, ¿qué hacer?

Visto lo visto, quizá el gran recurso para el docente, para la escuela y para el propio sistema no sea otro que el diálogo. El diálogo entre distintas ideas, posicionamientos e ideologías; el diálogo para generar debate y, por supuesto conocimiento; el diálogo para, en definitiva, acercar posicionamientos y para evitar los choques de trenes que nos llevan a escenarios apocalípticos donde la Educación, con mayúsculas, acostumbra a ser la gran derrotada.


El docente polícromo
Óscar Boluda

Que la realidad es polícroma según el sujeto que la observa y experimenta es una afirmación que podría ser unánimemente aceptada. La escuela que vivimos, donde trabajamos y donde nuestros alumnos pasan buena parte de su vida actual, también debiera ser igualmente polícroma. No sólo por el bien de un alumno, más enriquecido a la hora de percibir su propia vida, sino para que la misma escuela crezca en un ecosistema donde es necesario un replanteamiento continuo de lo que se hace, siempre mirando de reojo al pasado y con vistas al futuro que nos espera.

Informar, reflexionar, debatir y comunicar son tareas a las que no damos la suficiente importancia en la escuela en contraposición de otras muchas que seguramente no son tan vitales. No se trata de querer influir en el pensamiento del alumno sino buscar la independencia intelectual de unos alumnos en formación inicial y permanente -al igual que debiéramos estar los docentes- prepararlos para la vida adulta.

Cuando en nuestras escuelas buscamos formar profesionales que sepan manejar el futuro, que entiendan lo que la sociedad y el mundo laboral pide de ellos, estamos profundizando igualmente en una concepto que debiera ser trabajado en cualquier contexto: el pensamiento crítico. Sin una capacidad crítica, que no de queja permanente, no podemos crecer como personas ni como profesionales.

En el mundo que a mi me ocupa, la Formación Profesional, muchos tenemos claro que los alumnos tienen su propio criterio que debe ser aprovechado para seguir creciendo junto a otras muchas competencias profesionales. Cada profesor en cada módulo profesional (asignatura) aporta al aprendiz unas competencias técnicas, así como unas destrezas personales, que refuerzan al alumno para que pueda desenvolverse mejor en un futuro empapándose de lo mejor de cada docente. Ahí reside gran parte de la riqueza de nuestra escuela.

No hay mejor alimento para la creatividad que un replanteamiento continuo de nuestra labor y de las rutinas heredadas. El alumno debe ser consciente de lo que hace y revisar, al igual que el docente, cómo ha venido aprendiendo y trabajando hasta el momento actual. Para ello es esencial conectar con otras escuelas, con otros colegas o estudiantes lejanos cultural o geográficamente, y así mirar más a menudo con otras lentes. Como ejemplo este mismo artículo donde compartimos diversas miradas que nos facilitan la evasión de esa angosta burbuja en la que nos movemos habitualmente.

Igual que nadie se escandaliza si buscamos fomentar el esfuerzo de nuestros estudiantes, tampoco debiera ser motivo de discusión ansiar alumnos críticos. Críticos con la sociedad y más aún con ellos mismos. Vivimos en una sociedad lo suficientemente democrática y avanzada para no saber qué valores son universales o qué normas de convivencia debemos respetar para no herir sensibilidades, avanzar en el bien común y no perpetuar el individualismo. Eso sí, también como docentes profesionales, hay que buscar más tiempos para meditar al respecto.

No somos ni burbujas ni neutrales. La escuela y sus docentes seguimos transmitiendo mucho más que disciplinas técnicas, aunque no con la repercusión que muchos calculan. La familia y el contexto socioeconómico son factores que mediatizan en mucho mayor grado -la vida presente y futura del alumno- que la influencia de unos docentes en su mayoría interesados en facilitar que sus alumnos aprendan y sean responsables a todos los niveles. Que esperemos que nuestros alumnos contribuyan a construir un mundo mejor no puede ser nunca un reproche.

Tres colegas, tres contextos, tres realidades... no tantas diferencias.

Muchas más reflexiones personales en los blogs de Débora Kozak (Pensar la escuela) y Ramón Paraíso (De Vuelta).


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