CONSEJOS PARA DOCENTES NOVELES

viernes, 9 de julio de 2021

Tras veinte años de experiencia en las aulas, y echando la vista atrás, con toda seguridad modificaría o eliminaría muchas prácticas, herramientas o formas de trabajar con los alumnos. La inexperiencia siempre es motivo de error, y la soberbia propia de la juventud junto a una profesión que a menudo conlleva un trabajo solitario excesivo, son factores que solemos pasar por alto esos primeros años de docencia.

 

Unos pocos docentes tienen un aura natural o unas competencias innatas para ser enseñantes memorables; al resto no nos queda más remedio que buscar esa mejora continua que se transforme en un mejor aprendizaje de nuestros alumnos. Tal vez, uno de los problemas clave de nuestra profesión radica en la no necesidad que tienen algunos docentes en seguir aprendiendo y evolucionando en relación a su pedagogía. 

 

En cualquier caso, y si tuviera que dar algún consejo a esos incipientes profesores o jóvenes docentes que se encaminan a esta compleja pero agradecida profesión, me atrevería con este lista de sugerencias:

 

  • Arrímate, observa, escucha y pregunta a esos compañeros que tienen tablas en las aulas y que son queridos y admirados por los alumnos. Te aportarán conocimientos y experiencia que no encontrarás en libros o manuales, así como un modo de contemplar la enseñanza y la mirada que los alumnos necesitan. 
  • Actúa en el aula con naturalidad, sin soberbia, sin presumir de títulos o conocimientos. Acércate al alumnado sin prejuicios y sin estar a la defensiva (enseguida captan la inexperiencia o inseguridad). Pregúntales, solicita su opinión. No temas que te estén juzgando. Si te equivocas, reconocelo. Agradecerán tu honestidad sin necesidad de que coleguees con ellos. La cercanía es un valor siempre que sepas mantener ese equilibrio entre alumno-docente. 
  • Procura, si te lo permiten, entrar en otras aulas con profesorados más experimentados. Si has tenido la suerte de disfrutar unas buenas prácticas en el máster de formación del profesorado o durante el grado universitario, seguro que has podido tomar nota de qué competencias, habilidades o actitudes son más útiles durante la gestión del aula. 
  • Aprovecha tus aficiones, virtudes o experiencias vitales para conectar con los estudiantes y con la materia. Esa conexión personal te permite disfrutar más de las clases, a la vez que el alumno encuentra más interesantes los contenidos por su aplicación práctica y nexo con su entorno.
  • Lee mucho. Y no solo sobre docencia y pedagogía, que también. Pide recomendaciones para esas lecturas sobre educación o pásate por las redes (en esta lista de Twitter de @balhisay tienes muchos perfiles para comenzar) y otras webs o blogs personales; descubre distintos perfiles que pueden ayudarte a contemplar la docencia desde distintas perspectivas. En esta ponencia os dejo con algunas otras sugerencias.
  • Procura ser crítico con el ejercicio de tu docencia. Tampoco hace falta que caigas en todas las modas educativas del momento: ¡todas pasan de largo! Quédate con aquello que más te puede interesar o con aquellas que te infundan más confianza y buscando siempre que el alumno aprenda más y encaje con la materia y clase. 
  • Innova, pese a que (casi)todo está inventado, con la vista puesta en el futuro del alumno: ¿cómo despertar su interés? ¿cómo le gusta ser tratado? ¿qué conocimientos necesitara en el futuro? ¿qué le podemos aportar desde la escuela que no recibe desde su entorno?
  • No pares de formarte profesionalmente. Eso sí, sé cuidadoso a la hora de seleccionar la formación e infórmate bien sobre los docentes que la imparten y la experiencia que atesoran. Realiza aquellos cursos que sean realmente provechosos. El tiempo perdido no vuelve. 
  • Procura ser congruente con lo que dices en el aula. Si eres muy exigente con la puntualidad, sé puntual. Si les pides que lean: lleva tus propios libros. Si aleccionas sobre el (mal) uso personal que hacen del móvil: no lo tengas activado en clase o te dediques a deambular por las redes. 
  • Cuida mucho tu identidad digital y establece tus propios límites a la hora de interactuar con alumnos (sobre todo con los menores de edad) en las redes sociales. El exhibicionismo virtual aporta poco en su educación; sin embargo, es también una buena excusa para educar y acercarte a sus intereses.
  • Busca experiencias educativas valiosas de la mano de tus compañeros así como de aquellas que están basadas en la evidencia. Hay prácticas demostradas que funcionan, pese a que cada curso el panorama del aula y los alumnos pueden variar. No se trata de enfrentar la clase magistral con la enseñanza centrada en el alumno; descubrirás que distintas metodologías son combinables y necesarias desde cualquier materia. Muchos materiales al respecto en: www.investigaciondocente.com
  • Digitaliza aquello que aporte un valor añadido a tu práctica docente. No es necesario utilizar herramientas digitales como si se fuera a acabar el mundo. Combina lo analógico con lo digital. Busca también momentos de desconexión, lectura reflexiva, conversación, escucha. Sal de aula con ellos cuando tengas oportunidad. 
  • Involúcrate en el centro desde el primer día. Muestra disposición con tus compañeros y responsables de la escuela. Arrímate a quienes participan y huyen de la queja constante. Aporta, con sencillez y sin arrogancia, en los equipos de trabajo donde participes. Más vale pecar de discreto que de sabelotodo. La simpatía y el sentido del humor son siempre bienvenidos en los claustros. 

 

No pierdas la ilusión por el camino. La docencia tiene sus momentos. La suerte, pese a lo dificultad de gestionar una aula, la intensidad y la complicación creciente, es que cada año tenemos un grupo de jóvenes más o menos dispuestos a escucharnos; alumnos que nos rejuvenecen y que logran que cada curso e incluso, cada día en la escuela, pueda ser diferente del anterior. Nunca nos aburrimos.


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Las aulas del futuro (muy lejano)

miércoles, 16 de junio de 2021

¡Ay, si tuviéramos fondos disponibles para invertir en instalaciones y tecnología! Qué preciosa queda esa aula del futuro plasmada en prensa, en las webs educativas y en las redes, donde, como en los pisos piloto, aparecen perfectas y coloridas salas con mobiliario amablemente ondulado, paneles móviles transparentes, pizarras blancas y nacaradas juntoa a pantallas digitales imponentes donde nos gustaría quedarnos a veranear bajo su aire acondicionado e ionizado. 


Pero luego viene la realidad de las miles de aulas que pueblan el país de norte a sur; aulas donde jamás llegarán esos miles de euros que supone el montaje de cada una de ellas: porque hay otras necesidades, porque son de centros concertados y no hay ayudas, porque no hay espacio suficiente o las prioridades son otras, porque la burocracia es compleja o porque estamos ante una moda pasajera hasta la vuelta de los nostálgicos de la tarima. 




Yo me conformo con tener un espacio adecuado, una ratio decente y, como no queda otra, pedir a los alumnos eso del BYOD que queda muy cool y nos ahorra el mantenimiento de equipos. Ahora, gracias al auge del teletrabajo, la teleformación y las tarifas de datos infinitas podemos aligerar el gasto en los centros educativos. ¡Quién se acuerda ahora de los 128 kilobits de descarga por segundo que compartíamos entre todos los equipos del centro! En cualquier caso, si fuera por pedir, seguiría demandando aulas de informática con equipos portátiles, pantallas digitales LED de gran tamaño con conectividad inalámbrica a la red y a los distintos periféricos (teclados, altavoces...); pantallas que permitan proyectar fácilmente el dispoitivo del docente o los alumnos sin depender de cables u otros sistemas. 

 

 


 

Si hablamos de interiorismo, ahí soy de gustos un tanto escandinavos. Pediría un mobiliaro sencillo, cómodo y resistente; con lo justo y necesario para trabajar y poder moverse en el aula. Ahora, pese a las tendencias de los últimos años, parece que se demuestra que un exceso de decoración puede influir en la atención de los más pequeños. Supongo que todos seríamos más felices en aulas ventiladas con buenas vistas al exterior, con iluminación natural o artificial adecuada y a esa temperatura que eluda los sofocos estivales o la congelación invernal habitual de la península ibérica. Ideal este Learnometer para medir distintas variables necesarias para el confort adecuado del aula, junto a un purificador muy útil en los tiempos que corren (aunque sea como último recurso).


Puestos a pedir, también invertiría en una buena biblioteca de aula con ejemplares recomendados a los alumnos donde puedan tomar prestados libros actuales o clásicos en cualquier momento del curso. No sería muy costoso tener treinta o cuarenta libros en un par de baldas; pensando sobre todo en la escasa querencia actual de los estudiantes por las bibliotecas. Con el precio de un ordenador tenemos libros de sobra para una sola aula.

 

Para los de Formación Profesional, además de los necesarios enchufes y ladrones diseminados por la sala, sería genial disponer de material fungible para el diseño de prototipos, elaboración de esquemas o fichas, toma de apuntes, etc. Podríamos contar con un buen equipo de audio y video para la grabación y edición de material multimedia o la retransmisión digital de cualquier evento por las redes. Incluso con este Catchbox lograríamos que hasta el último estudiante participe en el aula:

 


En esta nueva aula también es interesante contemplar la disposición del docente. Muy interesante la experiencia de este profesor que modifica su situación para la instrucción directa: deja de estar frente al alumno y se ubica detras o en un lado del aula y limitando sus exposiciones a 27 minutos siguiendo el modelo de John Hattie en "Aprendizaje visible"


Ya sé que queda mucho para la llegada de SSMM los Reyes Magos, Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás, pero que no quede por pedir y soñar algo más allá de nuestras sillas verde ministerio.

 

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EDUCACIÓN: ¿CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE PEOR O MEJOR?

lunes, 14 de junio de 2021

En la actualidad, para variar, seguimos criticando leyes educativas, el aprendizaje competencial o a través de proyectos, el bajo nivel del alumnado (y profesorado), la exagerada introducción de las emociones en el aula, la formación docente, la introducción de dispositivos, la ratio alumnos-docente, las modas pedagógicas, el gurusismo en las redes o cualquier otro asunto que pueda servir para vender titulares de prensa o incluso un libro propio. 


Algunos lo harán desde la autocrítica como un modo de mejorar las deficiencias de nuestro volátil y remolón sistema educativo. Otros, desde esa atalaya donde se divisa un pasado ideal donde el conocimiento y la cultura fluían acompasadamente entre una juventud esforzada. Unos cuantos se servirán de la crítica para defender su ideología y buscar la confrontación con el gobierno de turno (hasta que administren los suyos). 


Leemos entrevistas o escuchamos ponencias con aseveraciones concluyentes donde nos dejamos obnubilar por un pasado idealizado gracias al cual somos ahora ilustradas personas de bien frente a la barbarie que nos acecha. Parece que, al igual que olvidamos las noches en vela con nuestro primer hijo y seguimos deseando un segundo y un tercero, la mente tiende a arrinconar ciertos infelices recuerdos escolares. Yo no recité la lista de los reyes godos (me parece que ese recital es una leyenda); pero haciendo memoria, recuerdo clases con más de cuarenta y cinco niños (todo varones), algunos capones aleatorios, docentes más severos de lo admisible, desatención emocional y una ley de la selva donde los más débiles e inadaptados acababan rezagados o expulsados del sistema.


El problema lo tenemos en que tras más de cuarenta años parece que seguimos titubeando tanto en relación a los objetivos del sistema educativo como de los medios y métodos a utilizar en las aulas; los docentes tras distintas leyes educativas seguimos a nuestro aire con más o menos acierto y con una praxis influenciada más por el entorno próximo o las modas educativas que por cualquier directiva de la administración. Los equipos directivos tienen, para bien y para mal, un gran efecto en los métodos que el profesorado utiliza normalmente a través de la formación recomendada o de un proyecto educativo cohesionado. Las familias, por su lado, no entienden de didáctica más allá de lo que experimentaron como estudiantes o de lo que su sentido común les puede decir; a menudo son más fuente de conflicto que un agente colaborador de la escuela. 



Pero, ¿no estábamos mejor en el pasado? A nivel didáctico era todo mucho más sencillo: la cotidianidad del enseñante la definía un libro de texto y una instrucción directa donde el docente y el alumno tenían claro su papel. La formación pedagógica brillaba por su ausencia, y la innovación se limitaba a alguna visita extraescolar o al uso del VHS. Como alumno solo te quedaba esperar que te tocara un docente afectuoso y no demasiado intransigente. Ahora, la cosa ha cambiado, la relación no es tan distante; aunque el alumno sigue desconfiando de una figura docente a menudo desbordada o con la paciencia puesta al límite. La familia ofrecía, normalmente, un apoyo incondicional al profesorado; a cambio, el alumno, no tenía presunción de inocencia alguna. Hoy día el panorama es imprevisible. 


Para rematar, la orientación educativa era muy simple: a los catorce años muchos dejaban de estudiar para buscar un oficio o eran encaminados hacia una FP destinada para aquellos que no "valían" para seguir estudiando. Los elegidos seguían con un bachillerato dirigido casi exclusivamente a aquellos con intenciones universitarias. Pese a todo, tenemos mucho que agradecer a esos docentes de FP que lograron dar un futuro a miles de los jóvenes de entonces. Mucho ha cambiado, afortunadamente, el panorama al respecto: tenemos una Formación Profesional donde caben todo tipo de perfiles personales y vocaciones laborales; que permite una transición flexible a otras etapas educativas y donde ya no es motivo de deshonra afirmar que estás cursando un ciclo formativo. 


En el camino puede que nos hayamos dejado cierta exigencia o una amplia cultura general que los mejores estudiantes exprimían durante su escolarización. La importancia de la lectura y escritura, unos valores definidos y los modales eran puntales de un sistema educativo poco dado a pensar en la personalización del aprendizaje o en una inclusión como hoy día la entendemos. Los que más sufrieron esa escuela son los que ahora se rebelan frente a esa tendencia conservadora que entiendo está encabezada por aquellos que fueron brillantes y esforzados estudiantes. Casar exigencia con inclusión es la parte más difícil de este paisaje educativo actual. No dejarnos a nadie en el camino es una obligación que tenemos como sociedad sin obviar que debemos inspirar cuando convivimos en un mundo con un presente disruptivo y un futuro que se antoja precario. 


Ya tenemos suficiente experiencia para saber qué aporta la tecnología y cómo y cuándo debiéramos implantarla en las aulas. Ya debiéramos conocer la mejor forma de introducir las lenguas cooficiales y extranjeras. Ya podríamos tener claro que una buena biblioteca escolar y un equipo de docentes formados en el fomento a la lectura es mucho más importante que cualquier otra innovación. Ya debiera ser evidente que hay que contar con el profesorado y la investigación educativa para llevar a cabo reformas. Ya sabemos que la burocracia escolar es inútil y que necesitamos medios y pocos alumnos para atenderlos convenientemente. Para ello, precisamos líderes educativos que escuchen y actúen sin sesgos, desde la experiencia acumulada en las aulas, con capacidad de consenso y flexibilidad, con decisión y una visión optimista, a la vez que realista, de la educación que queremos. Y que pisen las aulas y lean mucho, si es posible. 


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¿ESTAMOS HECHOS LOS DOCENTES PARA EL TRABAJO EN EQUIPO?

jueves, 10 de junio de 2021
No pretendo hacer una lista exhaustiva de motivos por los que el profesorado no estamos duchos en el trabajo en equipo. Podríamos aducir razones históricas o culturales que nos han (mal)acostumbrado a ese trabajo de hormiga en el aula a la que le molesta a menudo, paradójicamente, lo que rodea al hormiguero; ya sea por comodidad o por una sensación de eficacia o autosuficiencia donde nos estorban las ideas o maneras ajenas. 

Tal y como comentaba en la anterior entrada, la falta de autocrítica nos impide en ocasiones detectar esas carencias o mejoras que podríamos resolver aprendiendo de los compañeros, con una necesaria formación específica o a través de lecturas técnicas o pedagógicas recomendadas (aprovecho para recomendaros el catálogo de libros digitales de la Editorial Aptus). ¡Cuánto nos perdemos por no entrar al inicio de nuestra profesión en las aulas de docentes experimentados! Tampoco favorece el trabajo en equipo una plantilla eventual del centro o donde los docentes del ciclo no tienen cierta estabilidad. 

trabajo en equipo docente


Luego vienen ciertos problemas estructurales y organizativos que impiden a los centros educativos una organización adecuada donde la "reunionitis" no sea algo temido por la mayoría del claustro; donde no falten dinamizadores, espacios y tiempos organizados para llevar a cabo proyectos y una comunicación sana entre el profesorado. O las dificultades con el profesorado que, aunque nos cueste admitirlo, también padecemos de muchas teclas y temperamentos distintos, que impiden esa armonía indispensable en un trabajo colaborativo. La generosidad, el talante, el optimismo, el sentido del humor y, sobre todo, no ver trabas en cualquier propuesta, también facilitan ese trabajo en equipo. Las herramientas digitales, sincrónicas o asincrónicas, son secundarias en comparación con esas apreciadas cualidades personales donde sobran egos y amor propio en favor de un proyecto común. 

Por descontado, es clave también una mirada positiva sobre el alumno. La conexión es vital con un equipo de docentes que se preocupa por sus estudiantes y que entiende esta profesión como un modo de ofrecerles un futuro mejor. Despotricar y ver a los chavales como gente sin arreglo tampoco ayuda demasiado a cohesionar equipos y funcionar con un mínimo de armonía. La empatía no lo soluciona todo, pero ayuda bastante a conformar una meta y un modo de trabajar donde el alumno y su aprendizaje sean la base de nuestro diseño curricular. 

La heterogeneidad de los equipos docentes suele darse sin buscarla. Lo verdaderamente provecho es saber utilizar esas diferencias y las cualidades que cada uno de nosotros podemos aportar al conjunto de docentes. Todos tenemos intereses, habilidades o aptitudes que suman a la hora de trabajar en equipo. Lograr la motivación necesaria para que todos lo miembros se impliquen y aporten es, tal vez, una de las claves del éxito de un equipo ejemplar. Pero qué difícil resulta. 

Lo que está claro es que si no trabajamos en equipo, con regularidad y acompañados de un buen liderazgo, será complicado aprender a trabajar en equipo.  



AUTOEVALUACIÓN EN FP DE LAS COMPETENCIAS DOCENTES

viernes, 4 de junio de 2021

En la Formación Profesional está muy de actualidad el trabajo y la evaluación por competencias de nuestros alumnos. La inmensa mayoría tenemos claro que hay ciertas competencias transversales que son vitales para el futuro laboral de los estudiantes: autonomía, creatividad, ser resolutivo, saber trabajar en equipo, iniciativa, actitud, perseverancia, implicación, flexibilidad, pensamiento crítico... Competencias blandas llamadas también "soft skills" (el inglés le da una pátina reluciente a todo) que cualquier empleador y compañeros valoramos porque facilitan el trabajo, la convivencia y el crecimiento de las organizaciones.  


El problema viene cuando tenemos que evaluar este tipo de competencias; crear indicadores y rúbricas objetivas que nos permitan valorar la evolución del estudiante de FP. Cada vez hay más experiencias al respecto, aunque no es fácil encontrar -como es habitual en nuestra etapa- recursos específicos para este tipo de evaluación. Recomiendo visionar estas experiencias de tres centros de Formación Profesional de las Islas Baleares: centre Jovent, el centre integrat de FP Son Llebre y la escuela El Liceu, que participan en el proyecto de investigación "Itinerarios de éxito y abandono en la formación profesional del sistema educativo (IEAFP)" dirigido por Francesca Salvà Mut. O indagando en esta caja de herramientas (en inglés) del Cedefop con un apartado específico para las competencias que mejoran la empleabilidad. 


autoevaluación competencias profesionales docentes

Otro problema, que da título a este artículo, es la autoevaluación de este tipo de competencias por parte del profesorado. Sabemos que los mejores predicadores no sermonean sino que ofrecen su ejemplo. Y aquí es donde observo en demasiadas ocasiones una falta de congruencia profesional entre los docentes. No es raro oír hablar de lo poco que trabajamos en equipo, la falta de implicación de algunos compañeros, la poca iniciativa o flexibilidad de aquellos que se limitan a su aula y sus formas de hacer, o esos otros que tienen ocupaciones más "importantes" que el bien común, que cumplen con lo "justo y necesario" y encima protestan si sugieres mejoras. Por suerte son minoría, aunque jamás reconocen su contraproducente papel. 


Lo que no es creíble (o al menos plausible), pese a la ingenuidad habitual de nuestros alumnos, es mostrarnos como paladines de las competencias transversales profesionales cuando nos interesamos no demasiado por ellas en nuestro ejercicio profesional como docentes. La incongruencia es un mal que nos acecha, que tiene cura y se previene cuando somos conscientes de ella. Las redes (y las aulas) están llenas de ella; más aún en un mundo donde los selfies y el comadreo se multiplican en grupos de whatsapp donde solo recibimos likes y la audiencia justifica nuestros aparentes motivos. Donde una foto corriendo te convierte en runner o un comentario en Instagram te transforma en cool teacher


La autocrítica o esa autoevaluación de competencias docentes me parece un ejercicio sano e imprescindible para mejorar y no perder esa coherencia precisa y preciosa con la que transmitir destrezas y capacidades a nuestros alumnos. Por fortuna, siempre tenemos compañeros donde mirarnos y que nos devuelven un nítido reflejo que emborrona un ego desmedido, que nos muestran cómo nos gustaría ser y qué embellecer como enseñantes. 


El que suscribe es consciente de que necesita mejorar. Todo sea por las competencias. 


Imagen: https://unsplash.com/@fodelwdc

AGRADECIMIENTOS EN UN CURSO CON PANDEMIA

miércoles, 2 de junio de 2021

Con un curso de nuevo extraordinario que llega a su fin, parece que ya podemos respirar con cierta tranquilidad; lo hemos superado en condiciones más que aceptables teniendo en cuenta el panorama que que afrontábamos el pasado mes de septiembre.


Tenemos mucho que agradecer a esa mayoría de alumnos, compañeros, equipos directivos y a una administración educativa que ha respondido más ágilmente de lo que nos suele tener acostumbrados. Es de agradecer el ejercicio de responsabilidad de muchos estudiantes, aguantando las bajas temperaturas del mes de enero y una organización académica deslavazada por la alternancia, los cambios horarios y unas mascarillas que han añadido todavía más confusión a la docencia. 


También, pese a la variedad que alumbra los claustros, los docentes hemos llevado con cierta armonía el cumplimento de normas anticovid. Me da la impresión de que nuestro sector profesional ha sido uno de los más escrupulosos en el seguimiento de protocolos y en una exigencia aún superior a lo que nos dictaban las autoridades sanitarias y educativas. 


Los equipos directivos se encontraron con una papeleta y una responsabilidad sobrevenida que afectaba a muchos jóvenes y menores. Por no hablar de tener que lidiar con las familias y el personal de los centros educativos, atendiendo protocolos y normas que no han dejado de bailar durante estos últimos meses. Debemos estarles también agradecidos por la escasa incidencia de los contagios y por su determinación con unos recursos siempre escasos o recibidos a deshora.


El pasado curso lo salvamos pobremente, por decir algo, pero este año podemos estar satisfechos por unos resultados que, con los medios y formación disponibles, permitirán al alumnado continuar el próximo curso en mejores condiciones que el que ahora finaliza. Confío en que las inevitables mermas que ha sufrido el aprendizaje de los alumnos, se acabará compensando informalmente o a través de nuestra exigencia extra con los estudiantes que recibiremos el septiembre venidero.


Soy de la opinión de que todo esto, en pocos años, acabará en el baúl de los recuerdos como un episodio más de nuestra historia personal. Tengo pocas esperanzas en que esta pandemia nos convierta en mejores personas o que nos cambie el juicio a la hora de priorizar necesidades y demandas; dudo que los más jóvenes entiendan el contexto actual como un acicate para ser más exigentes consigo mismos a nivel académico y profesional. La mocedad es lo que tiene, como norma general, aunque no queramos entenderlo desde una veteranía que no recuerda esos años de juventud. 


Aún así, sigo agradecido por la fortuna de no haber sido tocado por esta cruel pandemia que, a fecha de hoy, sigue haciendo sufrir a muchas familias y a un personal sanitario que tiene motivos de sobra para estar exhausto. Gracias también a todos ellos. Y gracias de nuevo a todos mis alumnos, compañeros y gestores que han actuado con responsabilidad y civismo. 


Confiemos en un próximo curso como los de antes; pidiendo mejoras en la ratio, una inversión educativa justa, recursos para todos los centros de Formación Profesional, formación actualizada para los docentes y motivos para seguir en las aulas educando a nuestros jóvenes del mejor modo posible. 



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MOTIVOS PARA SER DOCENTE DE FP

domingo, 23 de mayo de 2021

Nos sobran los motivos, como dice la canción de Sabina. O tal vez, como dice Alfonso Alcántara, lo importante de la motivación no es tener ánimo sino tener motivos; y cada cual tiene los suyos. Tal vez ahí está la clave de muchos docentes hastiados pero que cumplen cada día pese a la falta de ganas o sus circunstancias; gente que no falla porque tiene motivos para estar en el aula cada día. 


Quizás los más motivados, por lo que observo, son aquellos que tienen siempre proyectos en mente; que tienen una agenda llena de actividades con sus alumnos, que idean y no tienen tiempo para el desánimo. Algunos están motivados por naturaleza, por la pasión que ponen a lo que hacen; otros por simple responsabilidad y honestidad con su desempeño; la mayoría, porque necesitamos un empleo retribuido. 


Somos únicos. A mí, personalmente, me gusta poner el acento de mis motivos en los alumnos. Alumnos que tienen la posibilidad de un futuro mejor gracias a la formación que podemos darles. Alumnos que tienen la oportunidad de crecer con nosotros y que agradecen que confíes en ellos; pese a que a muchos también les falten los motivos para ir diariamente a clase y tengamos que recordárselos porque a su edad las certezas no abundan. Y ahí el habitual desacierto de ese docente que no recuerda sus años escolares ni su fugaz juventud. 


A mí me sobran los motivos porque el aula tiene su aquel inexplicable, que no cambio por oficinas o despachos con la cara pegada a la pantalla o a un mostrador. No la cambio porque cada año veo nuevas caras, nuevas ilusiones y desplantes; estudiantes igual de jóvenes año tras año y yo con un ceño fruncido cada curso más hondo. Convivir con una juventud que aporta vida, que nos regala reconocernos en ellos, recordar cómo fuimos, qué buscábamos. 


Aún así, entiendo quien padezca esa falta de motivos, o más bien, de ganas, para compensar la energía que absorben las preocupaciones, los desplantes, la burocracia, los conflictos. Motivos que van y vienen. Motivos que, si no lo remedias, fallan porque te come la rutina, los agravios comparativos, el cansancio.


Esta reflexión personal viene a cuento de mi participación como ponente en el pasado encuentro de educadores de Formacón Profesional que usan tecnología en la nube y Google Workspace: "La FP que viene". Encuentros donde se respiran los motivos en todos aquellos que participan, liados, de una u otra forma, en plantear la docencia de modos distintos, con la tecnología como excusa y, sobre todo, conscientes de los cambios constantes que afrontamos y que debemos trasladar a las aulas de Formación Profesional. 


Os dejo con mi presentación del encuentro, donde recomiendo algunas lecturas y recursos valiosos para mejorar como docentes y, sobre todo, para seguir teniendo motivos. 


RECURSOS PARA FP: ECHANDO LA VISTA ATRÁS

miércoles, 12 de mayo de 2021

Echando la vista atrás, si la memoria no me engaña, ¡qué difícil era hace unos años encontrar por las redes proyectos y prácticas docentes de calidad por las redes! Podías navegar por aquel Internet Explorer ya desaparecido y, a lo sumo, tropezarte con alguna editorial y los libros de texto de turno. Luego comenzó a animarse el cotarro gracias a Twitter y a muchos docentes, la mayoría de FOL, que volcaban sus contenidos con el fin de enseñar de un modo diferente, más actual y teniendo en cuenta otras competencias que, desde solo unos apuntes, eran difíciles de trabajar. 


Allí estaban Isabel, Elena, Antonio, Daniela, Javier, Eduardo, Lourdes, Paz, Pablo, Maricruz, Mª José..., ruego los que no cito perdonéis mi desmemoria, que congeniábamos y disfrutábamos de este mundo tan diferente (dentro de la Educación) como es la Formación Profesional. Coincidía físicamente pocas veces con ellos, pero la coincidencia en la necesidad de emprender, compartir y crear recursos siempre ha sido una constante con todos. 


Con el tiempo, los vaivenes en las redes sociales han sido la norma. De cualquier modo, la FP ha ido ganando protagonismo entre los responsables educativos; sin duda, debido en gran parte a la labor impulsora de Jorge Arévalo como viceconsejero de Formación Profesional del País Vasco. Muchas comunidades autónomas empiezan a hacer los deberes, aunque más lentamente de lo que algunos anhelamos; pero siguen habiendo demasiadas diferencias entre ellas y entre las distintas redes públicas y concertadas. No siempre llegan las inversiones a todas partes, desafortunadamente. 


Esta reflexión viene originada por la invitación que Paz Gómez (técnica docente del Departament d'Educació de la Generalitat de Catalunya) nos ha llevado a presentar en la 2ª Mostra d'ImpulsFP uno de los proyectos que hemos diseñado y llevado a cabo en un ciclo de Comercio Internacional y que, por las condiciones extraordinarias al inicio del curso, se programaron desde dos módulos.  Gracias también a un alumno, Álvaro Trigo, que ha sabido demostrar con creces las capacidades de los estudiantes de FP con una breve explicación sobre el desarrollo del proyecto Faves que nos ocupaba: 




Estas iniciativas, así como el actual MOOC sobre ABP en FP , los congresos específicos para profesorado de Formación Profesional, las webs de algunas entidades, consejerías autonómicas, los eventos y repositorios de recursos que se publican en abierto por las redes; son una buena muestra de que los tiempos avanzan a pesar de todo. Parece que vamos perdiendo ese reparo a compartir o esa falta de atrevimiento a crear e innovar en las aulas con recursos propios o adaptando buenas experiencias.


Esperemos que el profesorado de FP siga compartiendo recursos y creando esas redes valiosas de participación y colaboración que, muy a menudo, son fuente de motivación en nuestra compleja y exigente profesión docente.

VENDIENDO LIBROS EN FP

martes, 20 de abril de 2021

Se acerca el Día Internacional del Libro y pese a que esos "días de..." acaban a menudo en el olvido, no podemos dejar pasar la ocasión para insistir en la importancia que tiene la lectura en la educación. Una afición a la lectura que confundimos con esa asignatura de Lengua y Literatura en la que injustamente parece siempre recaer toda la responsabilidad del fomento lector. 


Es incongruente la insistencia en fortalecer el pensamiento crítico de los alumnos cuando no ponemos todo el esfuerzo necesario en un plan lector dotado con recursos materiales y humanos. No tiene sentido organizar cuentacuentos y un sinfín de actividades en educación infantil o en primaria cuando luego todo es una carrera para alcanzar unos contenidos, a toda prisa habitualmente, sin tiempo ni la dedicación necesaria para forjar ese plan lector tan valioso para los alumnos.


En la FP, el bachillerato o en la ESO, con la excepción de la heroicidad e ilusión de algunos centros educativos, no es fácil encontrar experiencias transversales donde la lectura sea uno de sus bienes más preciados. Ciertas modas educativas o el afán por digitalizar sin medida han calado más en los políticos de turno y en las repetitivas formaciones del profesorado que otras iniciativas que tienen al libro como protagonista.


Volviendo al título que da pie a este artículo; en los dos días que llevamos de semana, he conseguido "vender" seis libros a otros tantos alumnos y un par a dos profesores. Sin tener cualidades de comercial, no tiene más secreto que llevarse al aula unos cuantos libros de temáticas variadas, comentarlos y recomendar su lectura. Y acaban picando... Parece que es más fácil acercar la biblioteca al aula que al alumno a la biblioteca. 


Aprovecho la ocasión para recomendar, a jóvenes y mayores, los siguientes títulos prestados en estas últimas 48 horas:


"Fahrenheit 451" de Ray Bradbury

"El guardián entre el centeno" de J. D. Salinger

"Y tú, ¿qué marca eres? 20 claves para gestionar tu reputación personal" de Neus Arqués

"El diario de Anne Frank" (novela gráfica) de Anne Frank

"Salvaje" de Cheryl Strayed

"Éramos el enemigo" (novela gráfica) de George Takei

"La casa del propósito especial" de John Boyne

"Gordo de Porcelana" de David Pascual. 

(Estos dos últimos recomendados por dos profesoras.)


Espero que las acciones puntuales, las mías incluidas, esas que persiguen la animación a la lectura; se queden en algo más que pasajeras actividades bienintencionadas que al poco tiempo acaban siendo olvidadas hasta el siguiente "día de lo que sea". 

PD. Hoy, miércoles, he conseguido "vender" otro libro, muy duro pero que narra una historia para no olvidar:  "El chico que siguió a su padre hasta Auschwitz" de Jeremy Dronfield.


¿Por qué seguir como docente en Twitter?

jueves, 15 de abril de 2021
Ya son muchos años rondando por Twitter y pese al ruido que genera, los bulos, los abandonos, el hartazgo, la antipatía, la repetición o el aburrimiento que algunos generan ocasionalmente, sigue siendo mi red preferida para el aprendizaje profesional. 

Twitter es una buena muestra del panorama educativo que tenemos, tanto por sus ausencias como por sus protagonistas. Somos una minoría los que participamos activamente en Twitter dentro de ese océano de docentes que inunda los centros educativos. Muchos otros ni se plantean su presencia o hace tiempo que se agotaron del pajarillo azul. 

En cualquier caso, si hacemos una buena selección de cuentas a las que seguir, sigue siendo un lugar excepcional para descubrir recursos útiles y válidos para mejorar la docencia o, al menos, reflexionar sobre esta compleja profesión que nos ocupa. Gracias a Twitter he descubierto una bibliografía magnífica, artículos geniales, blogueros interesantes, docentes generosos y muchas oportunidades de seguir ampliando miras. Me parece vital, para los docentes de Formación Profesional, estar al día de lo que ocurre en esta red, donde además de recursos relacionados con la docencia se pueden ampliar conocimientos sobre el sector profesional de nuestros ciclos formativos o cualquier interés personal que tengamos. Además, claro está, de pasar un buen rato leyendo trivialidades. No va a ser todo filosofía del derecho. 

Es por ello importante esa tarea de selección de aquellos perfiles que más aportan y la deselección (o silenciamiento para los más considerados) de esas cuentas que aturden o cansan por diversos motivos. No hay obligación de seguir a nadie ni de contestar a impertinencias, tan solo manda la cortesía de cada uno. Aún así, en todos estos años, han sido mínimos los encontronazos por la red. Eso sí, el espíritu de colaboración de los primeros tiempos y la cercanía del patio tuitero, conferían de una mayor familiaridad a esos seguidos y seguidores que por entonces despegábamos. 

Por otro lado, a quién seguimos o dejamos de seguir es, desafortunadamente para la privacidad o identidad digital de algunos, un testigo de nuestros intereses e inclinaciones de todo tipo. No es raro encontrar por ello perfiles anónimos o tuiteros que solo participan como lectores sin publicar contenido. Twitter desvela mucha más información personal de la que a veces creemos, y no son raros los conflictos o problemas que ocasionan cuando no te muerdes la lengua (o el dedo). 

Aún así, sigo animando a otros docentes y alumnos de FP para que abran su cuentas e indaguen, escojan y tamicen entre todos esos perfiles y miles de tuits que diariamente inundan las redes. Qué mejor modo de educar en el pensamiento crítico que aprendiendo a filtrar y a estar informado a través de diversas fuentes y cuentas rigurosas o con opiniones distintas a las nuestras. 

No te lo pierdas. Por aquí seguiré, de momento: @oscarboluda


Aprendizaje Basado en Proyectos en FP

jueves, 18 de marzo de 2021

A lo largo del tiempo de vida de este blog, así como durante mi trayectoria docente, han sido muchas los ocasiones donde he podido narrar y disfrutar junto a los estudiantes y compañeros docentes con distintos proyectos de aprendizaje diseñados para los ciclos formativos donde trabajo. 


La Formación Profesional es una etapa donde la metodología de ABP es en la práctica algo inherente a estos estudios. Con el ABP podemos trabajar todas las competencias técnicas y transversales que precisa un futuro técnico o técnica en FP. Así como las competencias digitales o esas soft skills que son imprescindibles para la empleabilidad del alumnado. 


Conocer el marco teórico en el que nos movemos, las oportunidades que nos brindan otros profesionales, las herramientas que facilitan este aprendizaje, los artefactos digitales que podemos construir, la creatividad necesaria, las distintas formas de evaluación o la necesidad de un trabajo en equipo desde el propio departamento; son algunas de las peculiaridades que nos obliga a plantear un trabajo por proyectos.


Por ello, desde el MOOC (curso online masivo y abierto) que Dualiza Bankia  ha lanzado junto a FP Empresa, de la mano de Conecta13, tenemos una buena oportunidad para iniciarnos en el ABP o profundizar en aquellos aspectos que podemos reforzar a la hora de diseñar y llevar a cabo un proyecto desde nuestros módulos y ciclos formativos. Un curso, en el que he colaborado, que está producido por y para docentes de FP con experiencia en esta metodología que  atesora décadas de experiencia y que sin embargo puede suponer un plus de innovación en las aulas. 


Desde mi experiencia personal tan solo puedo valorar positivamente todos los proyectos en los que nos hemos embarcado. En este MOOC tienes además la oportunidad de conocer el trabajo de otros docentes de Formación Profesional que pueden servir de ejemplo o inspiración para que te plantees el ABP en tus clases. 


CÁLCULO Y REDACCIÓN EN FP

domingo, 14 de marzo de 2021

Es curioso como los estudiantes de Formación Profesional acaban percibiendo la importancia de sus competencias básicas en matemáticas y en escritura. No descubro nada afirmando que adquirir una buena base de estas competencias, durante la educación obligatoria, supone ese plus necesario para desempeñar distintas tareas en cualquiera de las ocupaciones a las que se dirigen los alumnos de FP. 


La antigua FP contemplaba materias como las matemáticas o la lengua española, en detrimento de la carga modular actual que contempla solo materias de carácter técnico específicas y transversales en todos los ciclos (FOL, EIE, RET). La buena noticia es que desde cualquier módulo podemos seguir trabajando las matemáticas y el lenguaje de un modo también transversal. Incluso, podríamos hacer ver al estudiante la necesidad de trabajar estas áreas a través de las distintas aplicaciones, tareas o productos que diseñamos habitualmente en el aula. 


En los tiempos que corren, donde la espectacularidad de las herramientas digitales y un diseño dinámico venden mucho, debiéramos recuperar la importancia del manejo de las hojas de cálculo. A través de este tipo de programas podemos, en cualquier titulación, desarrollar multitud de contenidos a la vez que adquirimos competencias técnicas muy útiles en su entorno laboral futuro. Dar un paso más y avanzar en el uso de estas hojas de cálculo es necesario tanto para los docentes como para nuestro alumnado. En este blog de Juan Carlos Becerra se enumeran múltiples cursos gratuitos y online para iniciarse o especializarse en Excel a través de un MOOC. 



Luego viene el tema de la lengua con la competencia escritora como un hándicap para muchos estudiantes que, obra y gracia del corto y pego en la red, escriben únicamente durante los exámenes; exámenes que incluso ahora están pasando a convertirse en meros formularios de corrección automática. Podríamos trabajar más textos (artículos periodísticos, fragmentos de ensayos, webs, blogs, etc.) sobre los cuales el estudiante pueda redactar su opinión o inferir unas conclusiones en cualquier formato digital. 


Desde hace años, pese a que la tendencia nos lleva hacia una cultura preminentemente audiovisual, tengo inclinación al uso del blog en el aula. Que los alumnos tengan su propio blog personal y deban mantenerlo durante un curso es una tarea que requiere constancia y un ejercicio de escritura y reflexión. Obligar a redactar veinte o treinta líneas sobre cada tarea presentada, supone una tarea que va más allá de ese corta y pega que inunda la mayoría de trabajos. A la vez que nos sirve para señalar los errores gramaticales u ortográficos que se arrastran por la falta de práctica. 


Que los estudiantes sean ágiles a la hora de redactar un correo electrónico, crear contenidos propios, organizar y gestionar distintos cálculos y saber comunicarlos convenientemente, dota de valor al perfil profesional de los alumnos. Pese a las carencias académicas con las que muchos aterrizan en la Formación Profesional, tenemos la oportunidad de solventarlas a través de nuestro trabajo en cada módulo. Pueden incluso descubrir que no "se les dan mal las mates y la lengua"; que con trabajo pueden lucir mucho, y brillantemente, como profesionales que hacen cálculos y redactan contenidos propios. 

photo credit: wuestenigel Group of people sitting on calculator with white background via photopin (license)

LA MEJORA DOCENTE

domingo, 7 de marzo de 2021

Pasan los cursos y las vacilaciones e incertidumbres sobre el ejercicio de nuestra docencia parece que no se inmutan. Los años de experiencia no siempre significan una mejora, desafortunadamente, para esa mayoría de profesores que tenemos constantemente que hacer y deshacer prácticas en nuestra enseñanza porque los resultados no son los esperados o no acabamos de estar satisfechos del todo. 


Seguimos replanteándonos la evaluación y los exámenes que esta conlleva, la valoración de las competencias, la motivación de los estudiantes, la metodología o los dispositivos tecnológicos que utilizamos. Luego está el estéril debate de aquellos que nos quieren iluminar con la importancia de los contenidos frente a los que nos acusan de falta de inteligencia emocional. ¡Cómo si no tuvieran importancia ambos asuntos!


El debate se contamina cuando no diferenciamos entre los alumnos más pequeños de los más maduros, de aquellos que están en Primaria frente a otros que pueden estar cursando la ESO, FP o el Bachillerato. Y seguimos sin tener demasiado en cuenta las evidencias y las reflexiones de aquellos que se dedican a investigar sobre los diferentes métodos de enseñanza y la importancia de ciertas prácticas que redundan en un aprendizaje más óptimo.


Que el rigor no está reñido con la flexibilidad ni con las pantallas ni con los intereses del alumnado. Que el temario está para ser exigido pero no para aletargar las mentes durante largas jornadas escolares donde la desconexión con el docente es la norma.  Que la digitalización en inevitable pero solo cuando aporta un valor añadido a nuestras explicaciones o libros de texto: porque motivan,  incrementan la productividad, mejoran los contenidos o ayudan a adquirir nuevas competencias. Y seguimos, veinte años después, con los fans de las TIC y los que las aborrecen; incluso algunos ya están pensando en volver al aula de informática de antaño (quizás no sea tan mala idea para los más pequeños); obviando que la competencia digital docente debiera ser tan básica como saber leer y escribir. 


Continuamos protestando por la vagancia de los estudiantes o su falta de concentración; pero seguimos sin "perder" tiempo en explicar cómo se toman apuntes, cómo se estudia o cómo se redacta adecuadamente. Seguimos condensando exámenes en unos pocos días agobiados con las correcciones y con el fin principal de calificar y calcular unas notas que a toda prisa ponemos en la plataforma de turno. Pero, ¿nos preguntamos si han aprendido tras esos exámenes? ¿nos sirven o les sirven para mejorar? ¿hacemos feedback o los guardamos a toda prisa para que no los fotografíen?


La quemazón parece afectar a muchos más compañeros que de costumbre. La falta de motivación intrínseca se plasma en bajas laborales o en un estancamiento profesional que acaban padeciendo los alumnos. La pandemia, las exigencias de las familias, la burocracia o imposiciones para parecer que innovas, el descrédito social... todo suma en un curso agotador donde la mayoría hace lo que puede y lo que sabe. Y en lo que (no) sabe está la solución. O eso creo. Siempre podemos saber más. Siempre tenemos herramientas nuevas para afrontar mejor el curso y nuestra enseñanza. Las ganas se nos presumen, y bien que las demostramos, pero hay margen de mejora. Y esa es la buena noticia.


Sin embargo, con la excepción de esos docentes entrañables y sabios que siempre dan con tecla correcta, todos podemos mejorar, cambiar y desdeñar las malas prácticas que arrastramos o replantearnos otros modos de enseñar y aprender. No se trata de elegir entre la instrucción directa y el aprender haciendo, ni entre la disciplina militar y la anarquía ingenua; cada centro, cada curso y cada alumno son diferentes, al igual que nuestros compañeros de los que aprendemos (por falta de tiempo) menos de lo que debiéramos, ¡y mira que tenemos buenos modelos a mano!


De cualquier modo, siempre nos quedará la lectura para buscar ese progreso en nuestra enseñanza. Y no hablo de hacer cursos sobre herramientas, dispositivos o modas educativas manidas. Tenemos a nuestra disposición decenas de recursos donde se reflexiona y se investiga sobre educación; blogs como el de Juan G. Fernández  donde traduce, reseña y desgrana libros de interés para la práctica docente en el aula; libros como los de Héctor Ruiz Martín, para aprender sobre cómo aprendemos; o muchos otros autores que nos inspiran desde las redes: Fernando Trujillo, Marta Ferrero, Toni Solano, Carlos Magro, Bea Galán y otros muchos más que se atreven a opinar con amabilidad y mostrar su trabajo. 


Ya sufrimos bastantes cenizos en educación para convertirnos en uno de ellos. La crítica está a la orden del día en todos los sectores, y nosotros estamos expuestos a los alumnos y sus familiares, medios de comunicación, y a la sociedad en general. No podemos abstraernos de todo ello, pero sí podemos capear ese temporal demostrando la profesionalidad que atesoramos, con afecto y demostrando que nuestra labor educativa tiene fundamento; más allá de nuestras particularidades y de la diversidad con la que convivimos.  


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PROFESORES QUE NO SE SIENTAN

jueves, 28 de enero de 2021

Cuando llevas años en esto de la enseñanza y has podido observar o hablar con muchos alumnos, así como eres conocedor de las experiencias de tus propios hijos u otros compañeros, sabes ya cuáles son algunas de las actitudes de los docentes que los alumnos destacan como valiosas


Ojalá me hubieran enumerado estas actitudes, conductas o hábitos en el desaparecido Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), que se centraba poco en la aptitud y menos aún en la pedagogía. Ahora, con el Máster de Formación del Profesorado, parece que los tiros apuntan hacia las herramientas digitales junto a muchas horas de prácticas que, si están bien planteadas y tienes un tutor/a con experiencia e implicación, pueden desequilibrar la balanza hacia una buena o mala formación inicial. 


Porque los alumnos lo que solicitan es atención. Una atención permanente que, a causa de la ratio o de la diversidad en las aulas, es difícil de ofrecer. Sin embargo no es raro hacer dejación de esta atención, al igual que se lo recriminamos al alumnado, dedicando tiempo en el aula a otros menesteres: correcciones, correos, navegando en la web o incluso apoltronados haciendo uso de ese maldito despistador o manipulador que es el móvil. 


profesores que no se sientan


Los alumnos valoran que les atiendas y no les dejes con una retahíla de ejercicios o tareas pendientes; aprecian las explicaciones orales y la resolución personalizada de dudas; necesitan un refuerzo positivo cuando hay un esfuerzo o un logro en su aprendizaje o resultados académicos. Al fin y al cabo, como todos, precisan una figura de referencia que sea congruente con lo que dice y les sirva de estímulo; la mayoría estamos cansados de embaucadores aficionados o profesionales que no ofrecen lo mejor de sí mismos. Más allá de buenas palabras, jueguecitos, melodías o colegueo; los alumnos necesitan esa referencia o ese mentor que los oriente y se interese por ellos, despreocupado por quedar mejor o peor de cara a la galería o tener más o menos gracia. 


Los estudiantes, jóvenes o mayores, quieren (incluso sin saberlo) profesores actualizados; pero creo que valoran aún más, a ese docente que se interesa por su aprendizaje, en cómo están; maestros que no tiene tiempo para sentarse en el aula. Desean, aunque a menudo no lo parezca, un docente que les escuche a la par que les explica y pretende activar unas cabezas saturadas de asuntos personales y aturdidas por los inputs del entretenimiento continuo. 


Saber estar en el aula es también un aprendizaje para el docente. Ser capaz de tener una narrativa, sin pretender embaucar a los más ingenuos, corrigiendo, explicando, valorando positiva o negativamente los aprendizajes y desde la honestidad con la escuela que representas, es crucial en nuestro ejercicio profesional. Admiro a esos profesores y profesoras que no paran en toda la hora, que no se sientan ni un minuto, que se desgañitan, cuentan y explican, siempre solícitos, en ese pequeño cosmos poblado por alumnos. 


photo credit: designwallah Laneway Still Life with steno chair and flower pot via photopin (license)

SE BUSCAN SENSATOS PROFESIONALES

jueves, 21 de enero de 2021
La sensatez no se imparte todavía en ningún módulo profesional. Al menos de momento. Es difícil ponerse en la piel (o en los zapatos) del otro cuando la situación es compleja o delicada. Es fácil criticar a los que nos dirigen o las que nos acompañan en nuestras ocupaciones profesionales habituales. Todos no tenemos la misma paciencia; y cuando son los nuestros los criticados parece que tenemos mucha más cuerda para seguir disculpando sus desatinos o inoperancias repetidas.

Arrogarse la sensatez puede también ser peligroso. Escuchar y leer mucho, además de tener la fortuna de haber vivido con buenos ejemplos, son un buen remedio para esa dosis de sensatez y eficiencia que se demanda a un buen profesional. Aún así, siempre acabamos metiendo la pata en algún momento. Sin embargo, la reiteración en la impericia, la altanería, el egoísmo, la dejadez o el infantilismo, acaban agotando la paciencia de cualquier fulano. 

Vivimos tiempos donde muchos se esconden tras unos derechos de los que abusan; donde otros tienen complejo de infalibles; donde algunos dan lecciones mientras solo piensan en su beneficio personal; o donde unos pocos achican agua mientras el resto se asegura su salvavidas. Temerarios, ignorantes o negligentes que solo alzan la voz cuando les rozan la jeta. La experiencia, los años de convivencia, ponen a todos en su sitio. Sobre todo, a nivel profesional. Engañarán a los suyos o a los inmaduros, pero acaban retratados. 

La pandemia, y esta maldita situación con la que malvivimos, puede disculpar o disimular muchas carencias. Las redes sociales, los comunicados, los míos, las sonrisas adulteradas... pueden esconder una insensatez que ahora cuesta vidas. Y seguimos disculpando todo o cerramos los ojos paralizados por la rutina que nos anestesia ante una negligencia que causa, no el desempleo o la falta de educación de los más jóvenes, sino la pérdida de la salud o la vida de muchas personas. Los insensatos somos ahora nosotros; creyentes y confiados por esa supuesta profesionalidad de los que nos dirigen. 

El narcisismo en las redes sociales, la querencia por el poder o la pasta, son demasiado antiguas para no disculparlas.  Los que dicen una cosa pero hacen otra. Los que viven de una foto editada junto a una frase entrecomillada. Pero la inacción, la nulidad o el estorbo no pueden ser ahora toleradas. Y no es un problema de ideología. Ser sensato -prudente, cuerdo, de buen juicio; como afirma la RAE- es ahora obligado. Ya no estamos discutiendo entre lo público y lo privado, el sistema tributario o esas horas lectivas y la ratio que nos aprietan cada día. Nos jugamos la vida. 

Vivimos una época donde faltan sensatos, con visión y abnegados, que nos dirijan. No solo mediocres de telediario. Sensatos de esos que aparecen como cuentagotas en las aulas y aún están madurando o con los que compartimos parte de nuestras vidas y son demasiado modestos para levantar la mano o la voz. Acabaremos regulando la sensatez en el currículo. Cuídese. 


photo credit: Mark Seton 171/365v3 - Maurice Gill via photopin (license)
Con la tecnología de Blogger.

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