EVALUACIÓN EN FP EN TIEMPOS DE PANDEMIA

martes, 31 de marzo de 2020
Reflexionando a propósito del artículo de Fernando Trujillo, "¿Evaluación del curso? Escenarios posibles para el futuro inminente de la educación", publicado en el El diario de la Educación, me planteo cuál escenario es el más plausible en el caso de los centros de Formación Profesional. En principio, siguiendo las directrices de mi comunidad autónoma (la valenciana), entiendo que nos podemos plantear el escenario 1 o 2 durante este estado de alerta sanitaria.

evaluación fp coronavirusEl primer escenario plantea la autonomía de los centros para llevar a cabo la evaluación que estos consideren más adecuada: ya sea promediando las calificaciones de las dos primeras evaluaciones y dejando la tercera sin calificar; o realizando una evaluación continua, durante estas semanas de confinamiento, de los contenidos de esas dos evaluaciones junto a una prueba final que pudiera ser presencial o a distancia usando medios telemáticos.

El segundo escenario persigue ajustar el currículo a unos contenidos mínimos planteados por la Administración educativa; lo que en nuestro caso, atendiendo a la numerosa oferta de títulos de Formación Profesional, se antoja prácticamente imposible. Incluso, si así fuera, debiéramos también evaluar de algún modo dichos mínimos, al igual que en el primer escenario.

Por ello, siguiendo las indicaciones que se trasladan desde nuestra Conselleria y secundando la argumentación de Fernando Trujillo, me planteo una evaluación de la FP dentro de un escenario 1, donde debemos adaptar nuestra programación a aquellos contenidos que consideremos más relevantes en cada uno de los diferentes módulos que componen los ciclos formativos. La dificultad de este escenario estriba en el tipo de evaluación que podemos plantear al alumnado. En estos momentos, no sabemos si volveremos o no a las aulas; desconocemos si será posible o no abrir los centros educativos para llevar a cabo las recuperaciones de los trimestres anteriores, las evaluaciones extraordinarias o las sesiones de evaluación. Desconocemos si podremos volver a atender a los alumnos presencialmente y realizar exámenes físicamente en las aulas de los centros educativos. 

Me parece por ello importante plantearnos otros posibles escenarios antes de continuar con el curso a distancia tal y como lo venimos haciendo en estos días. Las cuatro semanas de formación digital no nos las quita nadie. Ahora, queda plantearse si volveremos a las aulas después de la vacaciones de Semana Santa o si la vuelta a la "normalidad" será o no factible hasta el mes de mayo o junio. 
Personalmente, considero más adecuado plantearnos un escenario conservador donde la vuelta a las aulas va a resultar improbable. Entiendo que será difícil volver a dar clases con una epidemia rondando entre nosotros durante los próximos meses. De hecho, en China, se están comenzando ahora reabrir algunos centros educativos de algunas zonas del país, tras más de dos meses de cuarentena y confinamiento. 

¿Y qué podemos plantear a los alumnos? La inercia que detecto, al menos en mi contexto más próximo, pasa por seguir con el temario de mejor o peor modo, a través de las diferentes tareas que el alumnado puede llevar a cabo desde casa y que envía periódicamente al profesorado por medios digitales. Pero, ¿hasta qué punto nos hemos parado a pensar en cuáles son esos contenidos más relevantes que debemos trabajar a distancia y qué tipo de evaluación pensamos plantear al alumnado según las circunstancias a las que nos enfrentemos?

Las tareas o actividades que estos días estamos trabajando son evaluables, con el inconveniente que la retroalimentación que podemos dar ahora a los alumnos es algo más costosa por el tiempo que requiere la propia formación presencial. Muchos podemos haber cometido el error de mandar trabajo por encima de nuestras posibilidades de corrección, asumiendo una carga horaria del módulo que no se corresponde realmente al trabajo que se venía haciendo desde el aula (explicaciones, prácticas, atención al alumno...). También estamos a tiempo de echar el freno. No es raro oír las protestas de alumnos que reciben un exceso de tareas sin explicaciones previas o sin temporalizar adecuadamente. 

Sin la explicación previa o sin los materiales y herramientas específicas del aula, necesarias en aquellos módulos más técnicos, no es posible desarrollar muchas de las competencias básicas programadas. En estos días, la flexibilidad y la creatividad de docentes y alumnos son cualidad es esenciales para seguir adelante con la frágil formación que ofrecemos. Sin obviar las circunstancias personales que pueden rodear a cada familia y que pueden dificultar aún más si cabe la adquisición de estas competencias. 

Volviendo a la evaluación, la cual nos debemos (re)plantear antes de seguir con la dinámica actual. ¿Cómo vamos a evaluar este último trimestre? ¿Cómo van a recuperar los trimestres anteriores aquellos alumnos que no los han superado? ¿Cómo haremos el cálculo de la calificación final del curso que es decisiva para la promoción a etapas superiores?

Mi propuesta pasa por la evaluación y calificación de cada una de las tareas que ahora están realizando los alumnos desde casa, teniendo en cuenta el grado de participación e implicación en su propio aprendizaje, sin obviar en ningún momento las dificultades materiales que puedan tener algunos alumnos sin medios tecnológicos (es precisa una valoración previa al respecto). Estas tareas, dependiendo de cada familia profesional, deben contener esos contenidos más relevantes mencionados anteriormente. Los portafolios digitales (mediante webs, blogs u otros soportes) son aquí una herramienta muy útil que algunos acostumbramos a utilizar en ciertos módulos. 

No nos queda otra que simular, en la medida de lo posible, esos contextos profesionales en los que trabajamos; la realidad virtual o aumentada podría ser muy útil en estos casos, aunque dudo que ahora seamos capaces de desarrollar estas posibilidades (si te animas, ahora hay abierto un MOOC del INTEF sobre "Realidad virtual en educación"). Aún así, debemos asumir que la formación va a quedar incompleta a pesar del esfuerzo ímprobo que muchos docentes están realizando a través de la producción de materiales audiovisuales o videollamadas con sus alumnos. 

Luego viene el tema de los exámenes; ¿son imprescindibles en el contexto al que nos enfrentamos? ¿podemos valorar otras alternativas más allá del examen a desarrollar o tipo test? Cuesta romper esas dinámicas de las que antes hablábamos, pero ahora no tenemos más remedio que reflexionar sobre qué tipo evaluación vamos a llevar a cabo y de qué instrumentos nos vamos a servir. 

Las herramientas digitales que favorecen una evaluación clásica, a través de exámenes a desarrollar o tipo test, son diversas: podemos realizar formularios online con un tiempo limitado y orden aleatorio y a una hora específica para evitar plagios; se pueden realizar exámenes escritos desde documentos en línea a través de cuestionarios donde el alumno pueda consultar libremente los materiales de los que disponga, así como también sería posible realizar exámenes orales a través de videollamadas individuales. ¿Tienes alguna otra alternativa?

La excepcionalidad de la situación junto al estrés provocado por numerosas tareas pendientes, mensajes por contestar o reedición de los materiales propios o ajenos, no favorecen ahora una reflexión sosegada sobre la evaluación del alumno. Aún así, la singularidad en la que ahora nos movemos (pese al confinamiento físico), nos exige tomar medidas extraordinarias que seguro en un futuro enriquecerán nuestro aprendizaje profesional docente. Vivimos en tiempos apresurados que, desafortunadamente, hemos debido de detener forzosamente; vayamos cambiando la marcha según sea el recorrido y los pasajeros, con la vista puesta en esos aprendizajes valiosos para nuestros alumnos. 

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COMPARTAMOS RECURSOS DE FP

jueves, 26 de marzo de 2020
Desde que arranqué este blog, hace ya varios años, así como navegando por las redes sociales, especialmente en Twitter, he podido comprobar las escasas y puntuales iniciativas públicas o privadas enfocadas a compartir recursos específicos de Formación Profesional abiertos a la comunidad docente.

En estos momentos de dificultad, con la formación a distancia obligada, y cuando surgen multitud de iniciativas solidarias para que el alumnado pueda seguir de algún modo con su formación, podríamos aprovechar estos días para compartir aquellas actividades específicas de los ciclos formativos donde ejercemos y que pueden ser de utilidad a otros compañeros.

Las autoridades educativas se han visto obligadas a elaborar repositorios digitales, como es el caso de la Comunidad Valenciana, con el fin de facilitar la tarea al profesorado. Iniciativas loables, pese a que debieran haberse promovido antes de llegar a esta situación extraordinaria, y que junto a cientos de profesores que ofrecen su colaboración y experiencia con herramientas digitales de formación online, corren el riesgo de dispersarse por las redes. Espero que esa tarea de curación, desde el ministerio y las consejerías, se unifique de algún modo y, en el caso de la FP, nos veamos todos beneficiados de los diferentes materiales diseñados específicamente para los futuros técnicos y técnicas de Formación Profesional. Materiales que pudiéramos filtrar por ciclos y/o módulos formativos, además de por familias profesionales.

La comunidad folera (FOL, EIE, RET) siempre ha sido un ejemplo a seguir en lo que se refiere a la distribución de materiales y organización de encuentros donde se favorece la difusión de buenas prácticas y la reflexión educativa. En la web de su asociación nacional (ANPROFOL) podéis ver muchas de las iniciativas de su profesorado. No tiene sentido llevarse a la tumba unos recursos que otros docentes pueden utilizar, citando las fuentes y agradeciendo su uso al autor/a, para el beneficio de miles de alumnos que pasan cada año por nuestras aulas y talleres de FP. Y que no sea tampoco por vergüenza o pudor; todos tenemos recursos valiosos que aportar.

Ahora que muchos están haciendo un curso acelerado de digitalización, y no solo acerca del uso de videoconferencias, tenemos la oportunidad de compartir nuestros recursos propios a través de cualquier sistema de carpetas compartidas en Internet -Google Drive, Dropbox, OneDrive, etc.- donde solo necesitamos copiar el enlace que da acceso público a esa carpeta y archivos personales, o a través de algún blog o web personal sencilla publicada con una de las herramientas gratuitas que nos ofrecen en la red.

Además de estos recursos que podemos compartir, ya sea mediante portafolios digitales docentes o abriendo los espacios web donde subir nuestros materiales a los alumnos, también podemos aprovechar estos días para conectar con la comunidad de profesores de Formación Profesional que se mueven por las redes. En LinkedIn o a través de Twitter podemos conocer cuentas personales muy valiosas para seguir aprendiendo y conocer la realidad de otros centros de FP y el trabajo de los profesores con sus alumnos. Puedes comenzar a seguir personas o entidades relacionadas con la Formación Profesional desde esta lista de Twitter elaborada por Pablo Peñalver.

Te animo, si no lo has hecho aún, a publicar tus materiales con la licencia que estimes conveniente. Os dejo de nuevo con la tabla colaborativa abierta con casi un centenar de recursos de FP clasificados, y en la que puedes dejar esa web, blog, canal de vídeo o carpeta personal con esos materiales que pueden ayudar a muchos docentes que no encuentran fácilmente recursos específicos para sus módulos.



recursos abiertos de Formación Profesional


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¿Y SI NO HUBIERA INTERNET?

miércoles, 25 de marzo de 2020
Tras varios días donde la actividad académica familiar de mi casa pasa, irremediablemente, por varias pantallas conectadas a internet durante la mayor parte del día, me pregunto: ¿qué estaríamos haciendo ahora si no tuviéramos esa permanente conectividad a la red? ¿cómo nos habríamos planeado todas estas jornadas de reclusión?

Algunos idealistas, entre los que me incluyo, soñarían con un encierro casero aliviado con partidas interminables de juegos de mesa, leyendo hasta las tantas novelas o cómics, conversando con familiares y amigos por teléfono, haciendo turnos para cocinar y ordenar rincones deshabitados, o escuchando la radio y esos CDs en peligro de extinción. Otros bailarían, cantarían sin temor al vecindario, harían maquetas, idearían disfraces, retomarían el dibujo, ensayarían con sus instrumentos...

La realidad es otra. No somos capaces de parar por el qué dirán nuestros votantes o ciudadanos; o por ciertas inercias que consideran irrenunciable el no agotamiento de un currículo; o por que no se puede dejar de consumir contenidos para que ruede sin cesar el sistema; o por que los expertos nos aconsejan seguir con rutinas al igual que antes nos aconsejaban que saliéramos de nuestra zona de confort. ¡Hay que mantener horarios como si no pasara nada! Pero, algo pasa.

Pasa que llevamos ya muchas horas con niños que necesitan actividad física. Pasa que hay padres y madres que trabajan en casa o fuera de ella y no pueden hacer de monitores. Pasa que no todas las familias disponen de un dispositivo por cabeza o conectividad suficiente. Pasa que hay demasiada gente muy grave y que fallece diariamente a nuestro alrededor. Pasa, simplemente, que estamos en estado de alerta sanitaria y las prioridades debieran ser otras. Pasa que no se puede replicar el horario escolar en casa aduciendo que internet está abierto veinticuatro horas. Pasa que los colegios no son una réplica de aquellos 7-Eleven, abiertos todo el día, que nos maravillaban en los años noventa del siglo pasado.

Por soñar que no quede. La insumisión parece no caber y seguiremos arrastrados por la misma dinámica, protestando en las redes sociales, despotricando en los grupos de WhatsApp o quemados con la dinámica diaria de tareas; eso si somos afortunados y no tenemos preocupaciones más serias. Aún así podemos darnos con un canto en los dientes: vivimos en un país con recursos y un sistema sanitario público de calidad, al igual que disfrutamos de un sistema educativo con docentes muy profesionales que, en su inmensa mayoría, se ocupan de sus alumnos más allá de lo que exige su responsabilidad laboral.

Si no tuviéramos internet nos lamentaríamos más en silencio, puertas hacia adentro. Nuestros pensamientos no enmudecerían entre las videollamadas programadas que nos mantienen ocupados. Quizá nos pararíamos a pensar en aquello que podemos hacer en casa, con pausa, más allá de las obligaciones escolares que aceleran los días. Tal vez, si no hubiera internet, solo haría falta alguna que otra llamada de ánimo de la gente más cercana, o una fugaz sonrisa desde la ventana y aprovechar la lenta espera de ese día en que todo volverá a la normalidad. Sin embargo, sin internet, no estaría compartiendo ahora estas líneas, ni sabría de la ansiedad de familias, alumnos o compañeros de otras regiones. Nunca sabes si vivir en la ignorancia, desconectado o alejado del conocimiento, es más conveniente para nuestra felicidad.
“En realidad, encontramos que cuanto más se preocupa una razón cultivada del propósito de gozar de la vida y alcanzar la felicidad, tanto más se aleja el hombre de la verdadera satisfacción, por lo cual muchos, y precisamente los más experimentados en el uso de la razón, acaban por sentir, con tal de que sean suficientemente sinceros para confesarlo, cierto grado de misología u odio a la razón, porque tras hacer un balance de todas las ventajas que sacan, no digo ya de la invención de todas las artes del lujo vulgar, sino incluso de las ciencias (que al fin y al cabo les parece un lujo del entendimiento), hallan, sin embargo, que se han echado encima más penas que felicidad hayan podido ganar, y, más que despreciar, envidian al hombre común, que es más propicio a la dirección del mero instinto natural y no consiente a su razón que ejerza gran influencia en su hacer y omitir.”  Inmanuel Kant. "Fundamentación de la metafísica de las costumbres" (1785)
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CARTA ABIERTA PARA ALUMNOS DE FP CONFINADOS

lunes, 23 de marzo de 2020
Estimados alumnos, propios y extraños:

No es preciso recalcar que estamos en una situación extraordinaria que solo habíamos imaginado viendo películas ciencia ficción o series distópicas y apocalípticas. Recibimos múltiples mensajes a través de las redes sociales, en el correo electrónico o desde los medios de comunicación, que nos abruman y sumergen en la incertidumbre. Cada uno de nosotros afronta las noticias e imprevistos de un modo diferente; siempre en función de la situación personal y familiar en la que convivimos. No podemos pretender reaccionar todos del mismo modo ante un circunstancia que trastoca nuestras vidas.

Vuestras inquietudes e intereses son diversos. Muchos estaréis preocupados por vuestro futuro académico o laboral ante el decrecimiento económico que se avecina o los cambios en la planificación escolar que estamos ya sufriendo. No se trata ni mucho menos de edulcorar la situación, ni pretendo lanzaros simples eslóganes de ánimo; aún así, estoy convencido que vuestra situación académica o titulación profesional no se verá alterada significativamente gracias al esfuerzo que todos estamos haciendo y que ayudará a completar a distancia, en la medida de lo posible, vuestra formación profesional.


Las medidas que se van emprendiendo desde la administración educativa, pretenden, acertada o desacertadamente, que no perdáis el curso y la posible promoción a etapas superiores. El presencialismo y la burocracia es una rémora que arrastramos tanto en el sistema educativo como en muchos otros sectores profesionales, y nos toca cumplir con esas normas; buscando siempre sacar una lección valiosa de la coyuntura que estamos viviendo sin perder la necesaria rebeldía que los años apagan. Aprovechar los recursos que nos brinda el profesorado, exprimir con pausa este tiempo más dilatado, para aprender y desarrollar otros intereses, es una opción que tenemos para que este escenario indeseado nos proporcione algo positivo y transformador.

En cualquier caso, no podemos perder de vista las prioridades y nuestro bagaje cultural, como bien dice mi admirado Pepe Mújica:
"Pero en esta vida, no se trata solo de producir, también hay que disfrutar. Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no solo hay esfuerzo, sino también placer. Dicen que la gente que trota llega un punto en el que entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y solo queda el placer. Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute. ¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente! Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que la sociedad puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales".
Ese trote, o esta carrera de fondo, con las dificultades que encontraremos durante el recorrido, nos pueden fortalecer para ser mejores personas. La perseverancia que demuestres, la fortaleza ante el desánimo del día a día, apoyándote en la familia, amigos, compañeros de pupitre y en tus profesores que seguro que están al otro lado de la pantalla, nos ayudarán a sobrellevar esta situación. No tenemos un líder físicamente a nuestro lado, como el expedicionario Shackleton, un modelo de supervivencia en las peores condiciones posibles que demostró la máxima entereza posible junto a su tripulación atrapados en el hielo de la Antártida. Un tipo que, en estos días, nos da deja un buen ejemplo de resistencia, sacrificio y responsabilidad (te recomiendo que indagues en su historia en el buque Endurance).

Tomemos su ejemplo, pensemos no solo en nuestro futuro próximo, sino también en las personas que están haciendo ahora excepcionales esfuerzos y poniendo su vida en peligro en sus puestos de trabajo, o en aquellos que tienen aún mayores dificultades para sobrellevar esta situación por circunstancias económicas o personales. Volviendo a Pepe Mújica (no te pierdas la película sobre su vida):
Esto lo pensamos mucho, pasamos más de diez años de soledad en el calabozo y tuvimos tiempo ... Tuvimos siete años sin leer un libro y tuvimos mucho tiempo para pensar. Y descubrimos esto: o logras ser feliz con poco y liviano de equipaje porque la felicidad esta dentro tuyo; o no logras nada.
Cuidaos mucho, para así cuidar a nuestros mayores, libres de contagios; vivid con la mente puesta en ellos, que se merecen el descanso de una vida de trabajo acompañados hasta el final. Vivid estos días, pensando, escribiendo. Seguro que los recordáis en el futuro: mirando hacia atrás, cuando cursabais Formación Profesional durante un estado de alerta nacional. Dejad de postergar todo aquello que no hacemos habitualmente por el ritmo frenético y de consumo que nos aturde.

Espero que, cuando todo pase, nos acordemos de disfrutar y dar valor a ese pequeño balcón donde el sol se cuela; a esas páginas de una novela que no queremos que termine; a la voz de aquellos que viven cerca o lejos pero que están todos a la distancia de marcar una llamada. Incluso, cuando vuelvas al aula, que la disfrutes aprovechando las enseñanzas de tus profesores; porque lo que más anhelamos es que seas una persona plena, con conocimientos y valores, con las mejores herramientas para afrontar una vida que, como estamos comprobando, nunca sabemos lo que nos depara.

Un fuerte abrazo.

photo credit: Manolo Barragan Orozco Luces y Sombras via photopin (license)

RETOS Y RECURSOS PARA EL TELETRABAJO DOCENTE

jueves, 12 de marzo de 2020
En estos días de alerta sanitaria, con centros educativos cerrados para prevenir el contagio del coronavirus, muchas incertidumbres ante una situación preocupante, y donde huelga decir que la prioridad es la salud de las personas; nos enfrentamos a complejos retos si la situación de excepcionalidad se alargara y la enseñanza presencial tuviera que ser sustituida sine die por una educación a distancia u online. Las escuelas y docentes que aún no trabajan con asiduidad en un entorno digital van a tener aún más problemas para afrontar estos retos; sin contar con las dificultades añadidas que tendrán aquellos alumnos sin dispositivos o con una conexión deficiente para el aprendizaje desde sus casas.

No es momento ahora de innovar o probar herramientas que antes no hayamos testado nosotros mismos. Las alternativas más eficaces pasan por simplificar el número de herramientas digitales a utilizar, así como es necesario un protocolo claro de comunicación con los alumnos. La previa formación docente del profesorado, a nivel de competencias digitales, se torna ahora una valor imprescindible para la labor educadora a distancia y el teletrabajo.

En Formación Profesional, generalmente, no necesitamos contactar con las familias; así como, nuestros alumnos, debieran tener a estas alturas del curso unas competencias digitales mínimas para continuar trabajando los módulos al menos a nivel teórico. Por el contrario, la imposibilidad del trabajo en talleres o laboratorios, nos obliga a diseñar actividades que puedan en cierto modo sustituir este tipo de tareas prácticas.

Entornos digitales como G Suite u Office 365 son un valor seguro si tenemos una experiencia previa con las distintas herramientas digitales en línea que ofrecen.  Las aplicaciones que proporcionan son ahora útiles para planificar sesiones de trabajo, colgar materiales, programar sesiones virtuales, establecer evaluaciones a través de formularios, etc. Aprovechar el material que otros docentes publican en abierto por las redes, con la debida atribución de su autoría, se hace también necesario; las redes sociales (el buscador avanzado de Twitter es una buena opción, así como los tuits con la etiqueta #TeletrabajoDocente) o los repositorios digitales de materiales educativos son igualmente muy útiles para buscar recursos específicos de nuestras asignaturas (dejo aquí de nuevo esta tabla colaborativa con recursos de FP).

En cualquier caso, la colaboración y coordinación entre compañeros, uno de los puntos débiles de nuestro sector, sigue siendo vital para llevar a cabo esta planificación que tiene como principal objetivo que, los alumnos, desde casa, puedan seguir aprendiendo de un modo autónomo y comunicarse fácilmente de un modo virtual con el profesorado.

Es también un buen momento para apelar a la responsabilidad de los alumnos, para que no tomen este periodo como vacacional y sean sensatos con sus actos para evitar contagios. Me quedo con el siguiente manifiesto para concienciar al respecto:

fuente

Mucho ánimo y salud a todos.

¿ATIENDEN MENOS LOS ALUMNOS HOY EN DÍA?

lunes, 9 de marzo de 2020
Es común escuchar comentarios de docentes acerca de la falta de atención que hoy día muestran en clase los alumnos. Las quejas sobre la falta de concentración son constantes y frecuentemente atribuida a los dispositivos tecnológicos y a sus pantallas que nos conectan en un clic a cualquier otro mundo distinto al que pretende enseñar el profesor de turno. Las maquinitas, pantallas o vídeos son el chivo expiatorio actual al igual que lo fueron los tebeos o novelas en su día.

Incluso existen ya productos que han descubierto un nicho de negocio en esta aparente falta de concentración y comercializan una tecnología en forma de diadema que, según afirman, "mide la capacidad de atención de los estudiantes en tiempo real en el aula. El profesorado puede hacer un seguimiento de la participación de los alumnos y los niveles de atención de la clase cuando los alumnos desarrollan una rutina de trabajo, escuchan una explicación o usan un nuevo recurso educativo." Una tecnología un tanto pavorosa y que recuerda a esas ilustraciones futuristas de niños hipercontrolados dibujadas por Villermard en el pasado siglo.
¿Qué hay de verdad en todo esto? ¿son nuestras percepciones fieles a lo que hoy ocurre en las aulas?, o, ¿estamos de nuevo exagerando una situación que siempre ha ocurrido con los jóvenes estudiantes ávidos de distracciones, juegos y cualquier otra ocupación diferente a las eternas y monótonas tareas escolares? ¿o no nos distraíamos hace décadas con cualquier persona, animal o cosa que se entreveía fugazmente a través de los cristales de las puertas o ventanas del aula?

Algunos gustan, con una dudosa fidelidad, recordar su infancia o adolescencia quietos en sus pupitres atendiendo ininterrumpidamente a las lecciones del profesorado concentrados en las tareas escolares, leyendo sin tregua o escribiendo ordenadamente en pulcras libretas de doble pauta. Permitidme dudar de esa bucólica imagen, ya que no refleja la realidad, ahora edulcorada, que se vivía hace treinta años: aulas saturadas de alumnos expulsados al pasillo, suspensos, repeticiones y problemas de comportamiento a mansalva. Sin mencionar la marabunta de chavales dirigidos hacia la FP porque no superaban en condiciones aquel octavo de EGB (actual segundo curso de la ESO).

En cualquier caso, es evidente que la digitalización repercute no solo en la forma en la que consumimos contenidos sino también en la forma en la que leemos combinando textos digitales, repletos de hipervínculos, y otros medios de lectura impresa. Como sostiene la investigadora Maryanne Wolf; leer no es algo natural y la dimensión contemplativa del ser humano no nos viene dada. Una autora que apuesta por lectores que sepan alternar la lectura impresa con la digital o con cualquier otro medio de comunicación que nos depare el futuro. Recomiendo la lectura de su último libro: "Lector, vuelve a casa".

Coincido con esta tesis. Leer es una tarea costosa, más aún cuando estamos hablando de libros de textos con infinidad de información, habitualmente descontextualizada y sin un alcance significativo para el alumno. Lo mismo ocurre con la escucha en el aula; es materialmente imposible que un niño o adolescente mantengan la atención, continuamente durante seis horas, en el discurso del profesorado; respetando además un silencio y una compostura que es casi imposible experimentar en otros momentos y lugares del mundo adulto.

No por ello dejo de apostar por una educación que fomente esa lectura sosegada o una escucha activa que facilita la concentración y el estudio. Enseñar como autolimitarse, controlar los tiempos y gestionar las necesarias desconexiones, son competencias básicas a trabajar en el aula pese a la exasperación que nos provocan las continuas distracciones de unos alumnos inmersos en un entorno digital inagotable. Trabajar la lectura y la escritura, recalcando al alumnos su importancia, con las múltiples herramientas que nos ofrece la tecnología actual, sigue siendo una prioridad en este nuevo mundo digitalizado que se enfrenta a las dificultades inherentes a la naturaleza humana.

INCONVENIENTES PROFESIONALES DEL CHÁNDAL

jueves, 5 de marzo de 2020
No es mi intención abrir ninguna sección de moda o estilismo en este blog, ni aún menos tratar de asesorar sobre su vestimenta a los futuros profesionales que tejerán las relaciones laborales de las próximas décadas.

Sirvan estas líneas para mostrar mi desafección hacia esa prenda, llamada chándal, vocablo que no puede siquiera presumir de un fragante origen etimológico: parece ser que, en el siglo XIX, los comerciantes de ajo (marchand d'ail) llevaban en París, en el mercado de Les Halles, unos suéteres de lana que pasaron a denominarse des chandails de laine. Al menos, la etimología de la palabra, apunta a una procedencia profesional y comercial (como la rama que a mi me ocupa).

chándal profesionalEl chándal se ha descubierto una indumentaria comodín para cualquier ocasión. Ha dejado de ser aquella ropa con la que algunos se desayunaban los domingos por la mañana para recoger la prensa o pasear al can de la casa; luego vino a ser pieza fundamental de pandillas juveniles urbanas y aditivo obligado en modernos videoclips musicales; y  ahora, no hay aula que se precie de ser innovadora que no albergue una mayoría de estudiantes chandaleros entre sus pupitres. Ya no es una prenda que te distinga socialmente, para bien o para mal, si no una forma de vida que apuesta por el confort y por esa supuesta elegancia si el chándal viene con la incrustración tamaño XXL del logo de una marca supuestamente prestigiosa. Siempre supuestamente; porque tiene delito la cosa.

No pretendo discriminar a los estudiantes por su vestimenta. Dios me libre. Tampoco olvido las pintas que en los años noventa se permitían algunas tribus urbanas hoy en extinción. Tampoco quiero recordar el peinado que sobrellevábamos cuando aún conservábamos todo el cabello. Sin embargo, esas tribus, ahora en extinción, dotaban de cierta personalidad a sus seguidores. Ahora, el chándal, es apto para cualquier ocasión: salir con los amigos, ir a clase, pasear con la pareja, trappear, tapear, hacer flipped classroom en casa o competir en unas Olimpiadas. Cualquiera es merecedor de un chándal.

No me olvido de las zapatillas de deportes, tenis, playeras o deportivas que, escoltan tanto a un chándal de Rosalía como a un vestido de alta costura; calzado producido a bajo coste en fábricas asiáticas y por las que se pagan fácilmente dos billetes verdes (aproximadamente dos salarios mínimos en Bangladesh). Unas zapatillas que antaño disfrutábamos exclusivamente haciendo deporte y con un único par que pasaba a mejor vida solamente cuando estaba a punto de desintegrarse o el pie había crecido dos números. Era normal casarse y tener hijos y seguir utilizando las mismas zapatillas y chándal que te compraron tus padres siendo estudiante. Eso sí era reducir, reutilizar y reciclar...

En mi particular batalla contra el chándal como prenda profesional, tengo a mis clases "amenazadas" con una rebaja de un punto en cualquier presentación oral a la que se personen con chándal. Que nadie se lleve las manos a la cabeza ni esgrima el pin neandertal: jamás he llevado a cabo esta advertencia ni la he contemplado por escrito en rúbrica alguna. Es tan solo un acicate homeopático. No he tenido más remedio, pese a la presión recibida y ser tildado de vejestorio, que tomar esta drástica medida antes que algún colega decida pasarse al bando del atuendo deportivo; sin abarcar, por supuesto, a los compañeros de la familia profesional de actividades físicas y deportivas que llevan con garbo sus propias prendas.

¿Dónde queda esa elegancia, ese saber estar, esos mocasines lustrosos y pantalones con pinzas con los que acudías a tu primer empleo ataviado con camisa de manga larga pese a los treinta seis grados centígrados que soportábamos dentro y fuera del centro de trabajo? ¿Dónde queda el estilo de esas filas de escritorios de jóvenes enchaquetados en aulas en blanco y negro aptos todos para un anuncio actual de Nespresso? No me atrevo aún, no sea me suponga una baja laboral, a pedir una foto del interior del armario de uno de mis jóvenes alumnos; apuesto a que esos muebles soportan al menos media docena de chándales con capucha entre sus perchas, listos para engalanar las aulas.

El siguiente paso, al que os animo me acompañéis, es demandar a las autoridades educativas y responsables de la Formación Profesional, autonómicas y estatales, que incluyan en la futura LOMLOE la prohibición expresa del uso de chándal en horario lectivo, excepto durante educación física, así como se modernice el currículo de FOL para que no se permita el inicio de la FCT a cualquier alumno que acredite una foto de su CV con esta dichosa prenda.


PD. Disculpad si he herido alguna sensibilidad (sirva como atenuante que este post ha sido perpetrado en casa vestido con chándal).

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Con la tecnología de Blogger.

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