RECURSOS Y MATERIALES PARA DISEÑAR PROYECTOS (ABP) EN FP

sábado, 26 de noviembre de 2022

Es difícil encontrar en la red buenos ejemplos y recursos adecuados y específicos relacionados con la Formación Profesional. Más aún si estamos buscando algún material concreto para nuestros módulos y ciclos formativos. Parece incluso que el gusto por compartir ha pasado a mejor vida y volvemos sin remedio a guardar con celo cualquier recurso propio, no sea que alguien se aproveche del mismo y encima no tenga la deferencia de citarte. O nos debemos creer muy únicos o no nos da satisfacción que otros disfruten de unos materiales que, a la postre, serán útiles en la formación de otros muchos alumnos.

 

En cualquier caso, y predicando con el ejemplo, para aquellos interesados en el diseño de proyectos de aprendizaje en Formación Profesional, o Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) en FP, os dejo con un recopilatorio de recursos que me resultan útiles en mis módulos y que pueden ser de interés para aquellos que se encaminan hacia el ABP de un modo más riguroso o metódico, o quieren profundizar algunos aspectos de sus proyectos (herramientas, evaluación, competencias, bibliografía...).

 

Para ello, en la siguiente web he recopilado aquellos materiales que nos pueden servir a la hora de diseñar un proyecto tanto a nivel modular como interciclos. Puedes encontrar ejemplos valiosos de proyectos en FP  realizados en otros centros educativos, así como herramientas que ayudan a diseñar nuestro proyecto teniendo en cuenta las competencias y resultados de aprendizaje que deseamos trabajar en el aula. 

 

Recursos para diseñar proyectos de ABP en FP

 

Las siguientes plantillas, elaboradas con la ayuda de hojas de cálculo, pueden también ser útiles para sistematizar el diseño de tus proyectos y realizar más fácilmente su programación. Una parte previa a la ejecución de cualquier ABP, siempre necesaria, que nos facilitará el desarrollo y valoración posterior de nuestro diseño. 

 

Plantillas para programar un ABP en FP 

 

En los tiempos de crispación educativa que corren, podríamos discutir y debatir sobre la pertinencia del Aprendizaje Basado en Proyectos, Retos o Problemas, en la educación actual. Un tipo de aprendizaje que no está reñido, y que complementa, cualquier otro método de enseñanza (como queramos llamarlo: magistral o tradicional); y que principalmente aporta motivación y un acercamiento al entorno real desde nuestros módulos gracias a esos recursos externos que lo enriquecen. Proyectos que buscan la memorabilidad y la curiosidad por el aprendizaje, así como proporcionan una visión conjunta de los módulos del ciclo formativo y un trabajo en equipo de los docentes y estudiantes de la titulación. Un modo de aprender y enseñar que, si se realiza con creatividad, acierto y rigor, facilita la implicación del alumno en su formación, más allá (y sin menospreciar) de lo que unos exámenes o libros de texto puedan aportar. 

 

Espero que os resulten útiles.

 

RECURSOS Y MATERIALES PARA ABP EN FP

Foto de Saad Salim en Unsplash

VOLVERÁN LOS BLOGS EDUCATIVOS

domingo, 20 de noviembre de 2022

👉LISTADO COLABORATIVO DE BLOGS EDUCATIVOS

 

Ahora que se anuncia la defunción anticipada de Twitter por esa masa de agoreros que la frecuentamos, siempre nos queda aquello de buscar la oportunidad en los momentos de adversidad (si es que podemos tildar de desastre la desaparición de una red social). Pese a que esas esquelas anticipadas constituyen tal vez la renta que su patrono esperaba en forma de alimento para el ego y publicidad gratuita. Pero, volviendo a la ocasión que ahora tenemos, y no hablo de buscar una nueva red social donde seguir despotricando como actividad principal, creo que es un buen momento para volver a unos blogs que habrían adquirido ya la categoría de artefactos vintage al igual que los vinilos o los carretes de fotografía de creciente demanda. 

 

Los que todavía persistimos en nuestra actividad bloguera somos una suerte de Kodak que siguió manteniendo su producción de rollos de película pese a la invasión digitalizadora de la fotografía y que ahora ha visto aumentada la venta de carretes. El tiempo parece habernos dado la razón y, no enterrar los blogs en su día, nos permite no necesitar su desentumecimiento. No me extrañaría que pasara algo similar con los blogs,  mientras paseamos por un Twitter donde ya son mayoría los tuiteros de la generación Z (nacidos entre 1997 y 2012), en un medio que también permite el desahogo contestatario y tiene su vertiente retro, a lo WordPerfect.

 

Volviendo a los blogs. A nivel educativo quedan pocos autores que siguen alimentando sus bitácoras personales. Los premios a los blogs están en desuso ante otros formatos de consumo más rápido y fácil difusión. Los tiktokers, instagrammers o los facebookers (en peligro de extinción), solo tienen facilidades para mostrar sus creaciones. Lograr la atención del visitante, sin aburrir, en un artículo con más de mil palabras es una misión difícil. Puede que la prensa en papel, otra gran ignorada entre los jóvenes e inusual entre sus mayores, se vuelva de moda y logre un retorno a la lectura de artículos de mayor extensión sin un clic de por medio, un meme o un vídeo corto. Tal vez, los amantes de la nueva red BeReal, gusten también de hacerse fotos mientras hojean su diario favorito o escriben sus artículos en un blog digital tratando de no perder esa autenticidad alejada de lo mainstream. Incluso puede que volvamos a compartir recursos mientras blogueamos sin preocuparnos de nuestros acólitos ni de emitir sentencias educativas; tan solo por el gusto de dar nuestra visión profesional desde el aula, con o sin tarima y pese a lo que nos une y nos separa.


En cualquier caso, los amantes del marketing están de enhorabuena. Dentro de las competencias digitales  emergentes y más demandadas tenemos el blogging y la redacción de contenidos. Un síntoma de lo valiosas que resultan las competencias relacionadas con la lectura y escritura en un mundo preparado para el consumo inmediato, fugaz y preferentemente audiovisual. Y me pregunto: ¿han sido la lectura y la escritura las grandes derrotadas en la escuela actual?, ¿no hemos sabido o querido fomentar el placer por leer más allá de las obligatorias lecturas escolares? Ya no tenemos excusa, al menos en Formación Profesional, las competencias que conlleva mantener un blog son apreciadas en el mercado laboral: crear contenidos originales para atraer lectores en Internet que a su vez incremente la facturación. El mundo del SEO es un buen socio para la redacción de artículos en un blog. Un planeta enrevesado que requiere constancia y gusto por la escritura, si buscamos aumentar las visitas, así como ciertos conocimientos para optimizar la estructura y el diseño digital del blog.

 

Las plataformas que ofrecen un alojamiento para el blog son numerosas. Es un lástima que desde Google no hayan mejorado ni ampliado las opciones que ofrecen con Blogger, su herramienta gratuita, pero también es posible, si tienes ganas de trastear, comenzar con alternativas más complejas y visualmente más atractivas: Wordpress o Medium. Pese a que lo realmente importante pasa por perseverar y no abrir un blog como el que se apunta a un gimnasio en enero. Es necesario mantener cierta rutina y plantearse un ritmo mínimo de publicaciones factible (¿unas, dos o tres entradas mensuales?) con una extensión adecuada. Si tras estas líneas te atreves a crear un blog, retomar el que en su día creaste o dejar simplemente constancia del que ya mantienes, te animo a dejar el enlace en el siguiente archivo abierto al público:  

 

LISTADO COLABORATIVO DE BLOGS EDUCATIVOS

 

¡Larga vida a los blogs! 


volverán los blogs educativos



MENOS YOUTUBE, MENOS GOOGLE Y MÁS CLASE

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Ahora que algunos jóvenes comienzan a utilizar TikTok o Instagram como si fueran un buscador, se hace más necesario que nunca saber explicar bien las cosas. Y no. No vale con poner un vídeo de Youtube en clase o dejar que los alumnos se busquen la vida hasta dar con el videotutorial de turno. La presencialidad de los estudios, sobre todo a edades más tempranas, nos obliga afortunada e irremediablemente a enseñar de viva voz cómo se lleva a cabo un proceso de caracter técnico, definir un concepto, tener la actitud y formalidad adecuada, debatir un tema o gestionar los equipos de trabajo en el aula. 

 

Y en FP no ibamos a ser menos. Pese al auge de la enseñanza online (más orientada a personas con mayor madurez personal con obligaciones personales y profesionales) no podemos montar una clase únicamente  a través de vídeos. Ya no es solo una cuestión de eficacia de la docencia, sino también una cuestión de eficiencia de nuestro tiempo. Grabar, editar y publicar un vídeo con cierta calidad requiere un tiempo que no solemos disponer o que detraemos de otras tareas más valiosas para la enseñanza. El formato vídeo puede ser un buen soporte para complementar ciertos contenidos que, con caracter profesional,  publican empresas u otras entidades; así como para dar la opción al alumno a profundizar en aquellos temas que por falta de tiempo no podemos desarrollar en mayor medida. Aún así, con las dinámicas de atención actuales, es difícil lograr que visionen vídeos de larga duración. Personalmente, yo soy cada vez más incapaz de visionarlos, a no ser que me los ponga únicamente en formato audio y mientras realizo otra actividad. 

 

Hace unos años el formato vídeo era una herramienta eficaz por la novedad que suponían. Hoy en día, con una población hiperconectada, con unos auriculares inalámbricos que parecen prótesis permanentes, asombrar y llamar la atención es una tarea inalcanzable. El metaverso, la realidad aumentada o la realidad virtual puede que acaben como esas cintas de VHS que antaño cumplieron su papel y que ahora solo encontramos en un mercadillo. Más inventos para consumir contenidos pero que poco alimentan nuestra capacidad creativa si no se diseñan y utilizan convenientemente. La hiperconexión tal vez acabe provocando un efecto secundario: la necesidad imperiosa de docentes que sepan transmitir y conectar con el alumno (perdón por la perogrullada). Un acople que no se logra con vídeos de Youtube ni otras simplezas que consumimos en las redes sociales aderezadas del anglicismo habitual para vender más. Incluso algunos caeran en la cuenta de la mayor agilidad que supone comprender unos contenidos o procedimientos cuando se es capaz de leer un texto con cierta velocidad: ¡para que visionarlos o reproducir audios acelerados! Y no es mi intención quitar valor a unos buenos materiales multimedia. 


Con suerte, y sin ser nada nostálgico, se pondrán de moda esas clases donde hay momentos de escucha; donde se puede conversar con cierta profundidad; donde la autonomía de los alumnos venga dada tras una buena lección en la que buscamos conectar con el estudiante despertando su curiosidad por el aprendizaje. Conjuntadas, sin duda alguna, con emoción y afecto. Ya sé que es un mundo ideal, pero aún quedan profesores, como leía recientemente en un tuit, que se atreven a buscar la verdad, la bondad y la belleza junto a sus alumnos.  Objetivos loables, no para todos, y que no cuadran con una educación basada en el visionado de vídeos en YouTube o en las búsquedas aleatorias e incesantes en Google: una tramposa autonomía. Estas herramientas pueden ayudar (al igual que un buen libro de texto), pero no ser los cimientos de una buena educación y formación profesional. 

 

 

Luego nos chocaremos con los estudiantes disruptivos, con los perezosos o con aquellos que nos llegan sin haber aprendido a estudiar, tomar notas, dar importancia a la lectura o ser capaces de organizar su aprendizaje (los que más nos necesitan). Consecuencias del desánimo profesional, del atracón de unidades didácticas y de los bandazos pedagógicos y normativos que sufrimos. Tal vez, con tanto vídeo, dejamos de lado bien temprano una serie de habilidades y competencias que los adolescentes debieran ser capaces de desempeñar y que no solo se contemplan en los libros de texto y en los respectivos exámenes. Quizás, el ardor digitalizador ha empañado esos objetivos loables y esa utopía que solía ser esencial en la educación de los más pequeños. Puede que hayamos digitalizado por encima de nuestras posiblidades y sin atender al desarrollo y evidencias sobre niños y adolescentes (Escritura manual o en teclado: ¿puede influir en el desarrollo de la lectura?). En cualquier caso, con los mimbres que ahora tenemos, no debemos ceder ante una falsa modernización que solo atonta e insistir, aunque cueste, en la búsqueda de la atención continuada de los alumnos, con o sin artificios. 

El agotamiento lo tenemos garantizado, mucho ánimo. 

 

MENOS YOUTUBE MENOS GOOGLE Y MÁS CLASE

LA ANSIEDAD EN LAS AULAS

lunes, 7 de noviembre de 2022

Problemas de las postpandemia o consecuencias de un exceso de consumo de ansiolíticos (el 11% de la población los toma): los cuadros de ansiedad y estrés son frecuentes entre los jóvenes estudiantes. No es raro necesitar atender a un alumno por alguno de los síntomas que ocasiona la ansiedad (taquicardia, opresión en el pecho, llanto, náuseas, mareo, agobio, rigidez...). Trastornos que, como docentes, atendemos del mejor modo posible pero para los que necesitamos algunas orientaciones básicas con el fin de dar una primera respuesta. 

 

Evidentemente, nuestra labor docente no nos faculta para una atención sanitaria ni un diagnóstico psicológico. Sin embargo, con la ayuda de profesionales especialistas podemos ofrecer una primera atención para luego derivar, según el caso, a los servicios correspondientes de salud mental. Unos servicios que sabemos saturados en la sanidad pública y que a nivel escolar recaen básicamente en unos departamentos de orientación también abarratodas y congestionados por la burocracia habitual. Las medidas de inclusión educativa en la FP, al igual que otras etapas educativas, deben contemplar estos recursos de demanda creciente; así como una preparación y dignificación del profesorado tutor. Los tutores no somos especialistas en bienestar emocional ni tenemos normalmente los recursos necesarios para dar una debida atención. 

 

En algunos centros educativos tenemos la suerte de contar con psicólogos y/o sanitarios que pueden responder a crisis de ansiedad graves; así como podemos recibir de su mano orientaciones para ese primer momento donde el chico o chica afectados necesitan ser atendidos. Unos auxilios que, como muchos compañeros relatan, son necesarios ante los problemas de autogestión que tienen muchos jóvenes o la carencias que arrastran en la comunicación con su entorno más cercano y que les dificultan su relaciones personales y profesionales futuras. Aprender a respirar, calmarse en un entorno adecuado y enseñar controlar esa ansiedad por sus propios medios son parte de esos "primeros auxilios". 


Me atrevo a recomendar los recursos que ofrece Iris Pérez Bonaventura, psicóloga clínica, tanto para jóvenes como para adolescentes, padres y docentes, sobre la salud mental. De interés esta entrevista con ella en un podcast y su libro con herramientas y habilidades destinado a jóvenes para afrontar la ansiedad, el estrés o los ataques de pánico:  "Ansiedad: a mí también me pasa". Las redes sociales, el ritmo de vida y los problemas con la educación en casa parece que nos auguran un incremento de este tipo de trastornos. Podemos, como docentes, conocer algunas pautas de actuación con los jóvenes, pero es preciso comenzar a dotarle de herramientas para que aprendan a gestionar sus emociones. 

 

LA ANSIEDAD EN LAS AULAS

RECURSOS PARA DIGITALIZAR LA FP

sábado, 5 de noviembre de 2022

Las medidas por digitalizar la FP son misteriosas como la Atlántida. Es continua la arenga que recibimos para transformar la Formación Profesional y colaborar en la adquisición de competencias digitales de los futuros técnicos del mercado laboral. El profesorado y los equipos directivos damos palos de ciego buscando esa transformación que abarque no solo los medios de enseñanza (plataformas educativas, trabajo en la nube, diseño digital...) sino también que suponga un avance en la digitalización de los sectores profesionales a los que nuestros alumnos se dirigen.

 

Tampoco queda siempre claro que, antes que digitalizar cualquier proceso o introducir esa inteligencia artificial que tanto promete (para bien y para mal), debemos esforzarnos por la adquisición de otras competencias igual o más importantes: lectura crítica, saber estar, cálculo, habilidad escritora y comunicativa o la capacidad de atención y concentración. Un tema que daría para otros tantos artículos. 

 

De momento, al igual que hacemos con esos materiales de FP difíciles de encontrar o inexistentes, tratamos de entender y averiguar qué demandan o precisan las empresas y organizaciones en las que nuestros estudiantes realizan su Formación en Centros de Trabajo (FCT). En ocasiones son estas empresas las que necesitan también digitalizarse, mientras que en otros casos son las empresas las que podrían iluminarnos para capacitar digitalmente a nuestro alumnado de FP. Pero seguimos sin una ruta clara: todo son deseos digitalizadores que lucen mucho en un plan del gobierno o en la estrategia de un centro educativo. Y los centros necesitamos asesores que sepan más que nosotros; que estén en contacto directo con el entorno económico y que nos ofrezcan alternativas viables para con el profesorado y los alumnos en cuanto a software y dispositivos.


Corremos el riesgo de introducir herramientas o medidas que acaben en saco roto o en ese maremagnum de modas educativas que pasaron a mejor vida: escape rooms, flipped learning, pokemons o performances varias para difundir divertimientos por las redes. Innovar significa atreverse y errar a menudo hasta encontrar un buen método o herramienta que permita un mayor aprendizaje o la adquisición de unas competencias relevantes en el futuro del alumno. Sin embargo, la experiencia acumulada y el saber que la FP es una etapa distinta a otras (en cuanto a fines y objetivos) nos debiera hacer reflexionar en mayor medida sobre qué podemos, digitalmente hablando, incorporar al aula; sabiendo además que los recursos son escasos, por no decir mínimos en muchas ocasiones, y que no estamos para malgastarlos ni hacer simples operaciones de estética.  

 

Mientras tanto, seguiremos investigando y leyendo a aquellos que más saben sobre esta transformación digital, buscando pistas y señales que permitan a los docentes y alumnos de FP ser conscientes de esta necesidad de actulización permanente en un área digital que se nos antoja infinita e imprescindible para mejorar la inserción laboral. A continuación os dejo con algunos recursos y materiales que vale la pena seguir para estar al día sobre la digitalización y poder acercarla al mundo de la Formación Profesional:

 

 

TÍTULOS DE FP A LOS QUE MANDARÍAS A TUS HIJOS

miércoles, 2 de noviembre de 2022

A raíz de un artículo de prensa del pasado mes de octubre, donde se hacía referencia a ciertos títulos malditos en FP a los que ningún padre o madre (supuestamente) mandaría a sus hijos, me hago las siguientes preguntas: ¿cómo se estimulan ciertas vocaciones desatendidas y con poco gancho entre los jóvenes?, ¿qué podemos hacer para flexibilizar la oferta educativa en FP?, ¿qué titulaciones y competencias nos convendría impulsar desde las distintas familias profesionales?

Los datos sobre estudiantes afiliados a la Seguridad Social (con un contrato) tras finalizar un ciclo formativo de grado medio o superior los tenemos. Sabemos qué títulos tienen más éxito en el mercado laboral y qué ciclos tienen vacantes disponibles. Según la última "Estadística de inserción laboral de los graduados de enseñanzas de Formación Profesional", en relación a los titulados de grado medio:


Las tasas de afiliación más altas en el primer año corresponden a Industrias Extractivas (68,7%), la agrupación de Soldadura y calderería y Conformado por moldeo de metales y polímeros (56,7 %)y Mecanizado (55,6%). Al llegar el tercer año Industrias Extractivas alcanza el 75,2% y el grupo Soldadura y calderería y Conformado por moldeo de metales y polímeros el 68,0%, mientras que Mantenimiento electromecánico sube hasta el 70,6% observándose un menor aumento en la afiliación de los ciclos de la familia profesional Hostelería y Turismo, que se quedan en el 55,0% y 55,7% respectivamente.

 

Mientras que para los titulados en un ciclo de grado superior:


Destaca, por encima del 69%, Programación de la producción en fabricación mecánica
(76,4%), Desarrollo de aplicaciones web (69,4%) y Mecatrónica Industrial (69,1%). Al llegar el tercer año ambas continúan teniendo afiliación media elevada (77,6%, 78,8% y 75,8%
respectivamente), situándose cerca del 80% también Desarrollo de Aplicaciones multiplataforma (77,9%). Destacan algunos incrementos, especialmente en el segundo año, como en Administración de sistemas informáticos en red (9,1 puntos), que llega al 71,1% en el tercer año, aunque se observa cierta tendencia a que los ciclos formativos con mayor afiliación media en el primer año presenten menos incrementos en años posteriores, como es el caso de Programación de la producción en fabricación mecánica (aumenta solo 1,1 puntos), Dirección de cocina-Dirección de servicios de restauración (aumenta 2,7 puntos) y la agrupación Construcciones metálicas - Diseño en fabricación mecánica -Programación de la producción en moldeo de metales y polímeros - Óptica de anteojería (LOGSE) (2,5 puntos), de manera que el grueso de la incorporación al mercado laboral en estos ciclos formativos se produce en el primer año. En la zona media, con afiliación similar al total se sitúan varios ciclos formativos de diferentes familias profesionales: Ortoprótesis y productos de apoyo, Prótesis dentales y la agrupación Dirección de cocina - Dirección
de servicios de restauración.

 

Datos que deberían estudiarse y diferenciarse según cada comunidad autónoma, pero que nos dan una idea de qué ciclos y familias profesionales tienen más éxito en el mercado laboral; debiendo tenerse en cuenta además las tasas de abandono y el porcentaje de módulos superados en cada ciclo. Así como las últimas "Estadísticas del alumnado de Formación Profesional" del curso 2020-2021 que muestran una concentración de las matrículas en ciertas familias profesionales:


En Grado Medio las familias más relevantes son Sanidad (23,7%) y Administración y Gestión (13,7%), seguidas de Informática y Comunicaciones (10,0%), Transporte y Mantenimiento de Vehículos (7,3%) y Electricidad y Electrónica (7,1%). Existen diez familias que no alcanzan un peso del 1,0%, y una familia no tiene ciclos en este grado.
En Grado Superior las familias con más matriculación corresponden a Sanidad (15,3%),
Administración y Gestión (13,8), Servicios Socio-culturales y a la Comunidad (13,5%) e
Informática y Comunicaciones (13,5%). Asimismo, existen nueve familias que no alcanzan un peso del 1,0% y para una familia no existen ciclos en este nivel. 

 

Luego habría que investigar incluso qué ciclos son un mero puente para cursar un título universitario y por qué después de cursar un ciclo de grado superior muchos alumnos se plantean cursar un nuevo ciclo: ¿no están bien orientados académica y profesionalmente?, ¿qué motivos tienen para seguir estudiando otro ciclo?, ¿vale la pena esa inversión?, ¿no podrían dedicar sus esfuerzos a otros estudios o certificados complementarios y más valiosos en el mercado laboral? Y la concentración de la oferta formativa en unos pocos títulos (a nivel público y privado) no ayuda mucho a dar salida a estas cuestiones.

 

Asimismo, disponemos de un Observatorio de las Ocupaciones del SEPE, donde cada año se muestran los perfiles profesionales con buenas perspectivas y potencial de empleo. En el último estudio (2021) podemos encontrar perfiles en los que un título de Formación Profesional facilita su desempeño y contratación: Analistas y diseñadores de software y multimedia, Analistas y administradores de sistemas y redes informáticas, Técnicos en imagen y diagnóstico, Programadores informáticos, Empleados de control de personal y nóminas, Auxiliares de Enfermería, Técnico en emergencias sanitarias, Mecánicos y ajustadores de maquinaria agrícola e industrial, Personal de Limpieza de Oficinas, Hoteles y Otros Establecimientos Similares. 

 

Otro aspecto interesante, que debiera tratarse con urgencia, es el relativo a la actualización de competencias de cada familia profesional. Los currículos oficiales suelen quedarse desfasados de la realidad económica, así como aparecen nuevas oportunidades que tampoco se reflejan en los libros de texto de FP. Es vital conocer y analizar los informes de prospección y detección de necesidades formativas que precisamos para preparar mejor a los estudiantes y para la necesaria actualización de los docentes de FP. 


Quizás las administraciones, además de invertir en campañas para atraer a los jóvenes hacia la FP, precisan campañas informativas y visitas a los centros de FP donde los futuros alumnos puedan descubrir in situ la oferta actual; más allá de una página web y contando con el asesoramiento de orientadores y/o profesorado de FP conocedor de la realidad de esta etapa educativa. Suponemos que los alumnos se han informado convenientemente antes de su matriculación, pero los porcentajes de abandono siguen siendo altísimos (casi 1 de cada 3 en grados medios) y las medidas conocidas para evitarlo suelen brillar por su ausencia (Prevenir el abandono de los estudios en la formación profesional: orientaciones y propuestas) o aparecen imponderables difíciles de prevenir. Aún así, las experiencias de éxito en centros educativos con menores tasas de abandono en FP debieran ser compartidas con otras escuelas. Sin dejar de lado la escasa oferta de plazas de ciertas titulaciones demandadas por los estudiantes y las empresas.


Otro fallo que arrastramos en la FP desde hace décadas: la rigidez. Además de la consabida falta de inversión, que ahora parece que algunos ya no padecen, seguimos sufriendo de una falta de flexibilidad en cuanto a la oferta educativa que se ha ido encostrando con el crecimiento, sin una visión a largo plazo, de las plantillas de profesorado. Un profesorado que comienza a escasear en algunas familias profesionales y al que se valoran más ciertos títulos (no siempre oportunos) que otras aptitudes relacionadas con su sector profesional. Las normativas y los requisitos técnicos siguen siendo un hándicap para muchos centros de Formación Profesional que no pueden rediseñar su oferta educativa sin recursos adicionales. El número de contratos de profesorado de FP creció en 2021 un 23,11% respecto a 2020 (según datos del SEPE), algo que nos debería prevenir de la falta de docentes de FP y de la necesidad de una carrera docente que no solo se defina por la antigüedad y unas horas formativas superadas. 

 

La rigidez de la oferta formativa es difícil de acompasar con las demandas cambiantes de titulados y tituladas técnicos en FP. El último Informe Infoempleo Adecco, elaborado en 2022, pone el relieve en los puestos de trabajo más demandados para titulados en Formación Profesional así como qué títulos de FP se solicitan en las ofertas de empleo: 

Agente de Seguros 

Técnico/a de mantenimiento industrial 

Comercial 

Director/a Comercial 

Administrativo/a

Técnico/a de Soporte 

Mecánico/a 

Operario/a 

Programador/a 

Operario/a Especializado/a 

Oficial de Mantenimiento 

Director/a Regional - Delegación 

Export Area Manager

Auxiliar Administrativo/a 

Administrativo/a Comercial 

Jefe/a de Equipo Comercial 

Técnico/a de Atención al Cliente 

Técnico/a de Comunicaciones 

Técnico/a de Instalaciones Eléctricas 

Técnico/a Administrativo/a 

Técnico/a de Calidad 

Técnico/a de Logística

Electricista 

Mozo/a de Almacén

Recepcionista

 

Más información para decidir qué estudios de FP seleccionar, sin tener que dejar de lado en ningún caso, la vocación personal y esas otras profesiones que no parecen estar de moda y que no venden tanto en la economía moderna. La recuperación de viejos oficios, así como la valoración de los pocos profesionales experimentados que quedan en algunos sectores, cotizarán al alta algunas ocupaciones que carecerán de técnicos para llevarlas a cabo. Esperemos que la FP no muera por el éxito de una campaña de marketing.

 

titulos fp más demandados por tus hijos

Foto de Joshua Golde en Unsplash

PROFESORES VETERANOS

domingo, 30 de octubre de 2022

Cuando comienzas a enterarte de qué va esto de la educación ya han pasado más de dos décadas. Y en este sector, como en otros muchos, el edadismo también hace sus pinitos. Ser algo mayor, y no hablo de no tener derecho al carnet joven, parece que supone un hándicap en unas aulas repletas de jovencitos con los que debemos conectar y conducirnos a ese ritmo veloz que lleva la vida moderna. Más allá de los conocimientos y el bagaje cultural que estos viejos docentes atesoren, la dialéctica de este sinvivir digital tiende a buscar su jubilación virtual anticipada (lástima que no sea una real y voluntaria).

 

Es una pena, ahora que se lleva tanto el reciclaje y la reutilización, que no se aproveche todo ese capital humano que apartamos hasta que llegue el júbilo a sus vidas. Todas las escuelas disponen de esas personas que han sido ejemplo para los que venimos por detrás y que han aportando matices y visiones de lo que implica la labor educativa. Docentes magníficos que, también con sus errores, han hecho mella y luego han sido rápidamente sustituidos. Sí, ley de vida. Sin embargo, no deberíamos perder la ocasión de seguir escuchándolos o aprovechar sus últimos años como profesionales del aula. 

 

No tiene sentido seguir fascinados por gurús educativos aún novatos en el arte de educar o por aquellos que dejaron las aulas para llevar una vida mejor. No tiene sentido si aún tenemos cerca a ese colega que sabe llevar bien una clase, pese a su cansancio físico, o a pesar de su falta de pericia digitial. No es sensato seguir anhelando su jubilación para dar entrada a gente supuestamente mejor preparada o motivada. Más ahora, donde cierta desesperanza cunde también entre el profesorado más joven ante la falta de atención y de compostura creciente en las aulas. No todo es tener tablas, pero la veteranía siempre aporta.  


No sé si las viejas recetas sirven para estos nuevos tiempos donde nos estamos replanteando, afortunadamente, muchas inercias. Pero estoy seguro que muchas antiguas actitudes y esa madurez de un buen profesional, debidamente valorado, son profundamente valiosas para los que comienzan a dar clase. Los años no siempre confieren una experiencia rica para los demás; más aún si tu carrera docente ha estado marcada por un mirar el reloj a todas horas. Pero son muchos los que se han devanado los sesos para ofrecer lo mejor de sí mismos con el fin de llegar a todos sus alumnos. Y ellos deben ser nuestro espejo, pese a sus desaciertos y pese a esa imagen ideal de profesor eternamente joven o instagrameable. 

 

Vivimos en una época donde solo leemos titulares o seguimos solo el trending topic del momento. La calma y le lenta velocidad para hacer las cosas ya no sirve tampoco en educación. Falta profundidad en las conversaciones y en las lecturas. Ahora apostamos todo poner la mejor cara, esconder las miserias y desencuentros, y tratar de brillar para ser el docente o la escuela escogida. Lo viejo vende poco. Tampoco es nada nuevo en las últimas décadas. Algunos incluso confunden lo viejo con lo reaccionario. Estos olvidan que está casi todo inventado: el trabajo por proyectos, la FP dual o incluso el enfoque competencial. Inventado por personas generosas, idealistas y críticas. Personas que todavía tenemos cerca y de las que debiéramos echar mano.

 

Los viejos profesores y profesoras parece que solo estorban y, en lugar de darles su espacio merecido, ahora solo valen para que sigan cotizando unos años más en ese cementerio de elefantes al que se ven abocados. Valoremos sus testimonios, su experiencia vital y profesional, su agotamiento merecido, sus ganas de seguir cumpliendo y su justo ritmo más pausado. Ojalá todos acabemos con esa oportunidad de de marcar tanto a alumnos como a compañeros; de hacernos viejos sabiéndonos estimados y no como un engranaje más del sistema. Que lo sepan.

 

profesores veteranos

¿CÓMO VA EL NIVEL DE EXIGENCIA EDUCATIVA?

miércoles, 26 de octubre de 2022

El pequeño círculo por el que nos movemos marca nuestra visión en muchos aspectos de la vida. También a nivel educativo. Si te pasas por Twitter o te interesas por la actualidad política seguro que acabas lamentando la desidia que supuestamente abunda entre los jóvenes alumnos. Mientras que si frecuentas otros círculos resulta que hay una exagerada obsesión por muchos estudiantes y sus familias para alcanzar unas calificaciones que les permitan seguir formándose durante varios años más. Al final no entiendes de qué va la sociedad que nos hemos montado: ¿cultura del esfuerzo con alumnos blandengues?, ¿competetividad extrema y obsesión por las calificaciones?, ¿somos demasiado exigentes con los chavales o nos pasamos de permisivos?, ¿hay qué frustarles o bastante tienen algunos con su situación personal?

 

Los opinólogos (entre los que me encuentro ahora mismo) dan recetas según la experiencia que les ha tocado vivir, sufrir o disfrutar. En el coso educativo nos líamos a despotricar según la escuela que padecemos: entorno socioecónomico, edad, multiculturalidad, etapa educativa... No son pocos los que andan desilusionados ante unas aulas complejas donde dar clase es cada día una odisea. Mientras que otros gozan de la excelencia educativa en centros bilingües con acceso limitado y una notas de corte altas. Sin embargo, cada uno prescribe su propia fórmula para un deseo común: tener alumnos interesados por aprender. Tendemos a generalizar según nuestra propia experiencia independientemente de que hablemos de una FP Básica o un Bachillerato de excelencia; de si éramos buenos o malos estudiantes; o de qué nos tocó vivir cuando éramos aún inmaduros.

 

Hay entornos donde los críos van encaminados a hacer unas determinadas carreras universitarias (si hace falta se paga) mientras que otros sobreviven en una ESO donde, si tienen fortuna, les encaminará a una FP donde emplearse con unas condiciones decentes. Unos chavales seguirán aprovechándose de esa exigencia a través de múltiples clases extras, idiomas, experiencias educativas...; mientras que otros se mantendrán como parias perezosos que solo saben estar atontados frente a una pantalla. Y la historia se repite. Al igual que pasa con el profesorado: tropezarán con docentes muy exigentes pero que empatizan con su juventud, y otros que se dedicarán a cumplir con el expediente, caiga quien caiga. Y la autoexigencia de cada docente también es muy variable; disfrutarán de aquellos que recuerdan que un día fueron jóvenes e incautos, y renegarán de aquellos que solo ven el fin de los tiempos en la juventud actual. Pero cada uno contaremos una película distinta. 

 

Y con los padres y madres más de lo mismo. Seguiremos viendo familias superexigentes mientras que otras vivirán en la inopia educativa. Aunque ahora digamos que todo el mundo pasa de todo, sigue habiendo colegios con ampas participativas y otras donde la escuela es una simple guardería donde almacenar a la progenie. Padres que funcionan a golpe de talón exigiendo una buena nota para sus descendientes y otros que no tienen ni para pagar una excursión escolar. Y la mayoría protestando de un sistema que no solventa sus necesidades: por arriba o por abajo. 

 

Luego escuchamos a los perezrevertes y pensamos en una escuela que vive su propia caída del imperio romano. Volvemos a generalizar y suponemos que no hay exigencia entre el profesorado y las leyes educativas son la causa de todos los males. Y erre que erre con la exigencia, pese a que la inmensa mayoría de los adultos no aprobaríamos unos exámenes finales de 4º de la ESO. Mientras, algunos viven cómodos en un sistema que culpabiliza de (casi)todo al alumno o responsabiliza de sus exigencias desantentidas a sus superiores o a la administración. Unos exigen a terceros porque no tienen tiempo para exigirse (el dichoso ritmo laboral), mientras que otros estiran el tiempo de sus hijos pensando en el éxito profesional y económico. 

 

Sin embargo, en lo que muchos coinciden es en la falta de exigencia cultural. En ningún bando encuentras iniciativas exigentes con las lecturas de sus vástagos (excepto para censurar) o el amor por las humanidades. Unos se esconden porque las entienden mediocres o con un futuro poco prometedor, mientras que otros no han encontrado la oportunidad para cultivarlas. Y así unos solo exigen mucho inglés y asignaturas "relevantes" para el porvenir. 


En el centro están unos jóvenes que tienen inquietudes y cometen negligencias, como en cada generación. Unos saben y otros desconocen cómo aprovechar los recursos que les ofrecemos según lo que se les ha ido exigiendo o según lo que han digerido. Pero acabarán exigiéndose más o menos según les vaya en la vida, según con quien se junten o según marche el crecimiento económico y la estabilidad política. Y nos seguiremos cargando de razones que justificen nuestras opiniones según el viento que sople o la ideología que abracemos. ¡A ver quién inventa un compensador de exigencias!


exigencia educativa

EXPLICAR PARA ENSEÑAR Y APRENDER MEJOR

martes, 25 de octubre de 2022

Es curioso como muchos alumnos demandan cada vez más explicaciones (vaya, lo que llamamos dar clase) cuando se enfrentan a temas complejos. La mesa del profesor no puede ser nuestra madriguera. El aprendizaje por descubrimiento puede ser útil cuando nos enfrentamos a cuestiones relacionadas con la creatividad o en áreas donde ya tenemos cierto poso de información además de un interés previo. 

 

Erramos, a mi parecer, cuando demandamos tareas en las que lanzamos a la aventura al alumnado suponiendo que serán capaces de resolverlas con una simple búsqueda en internet y debatiendo al respecto con sus compañeros de equipo. Las herramientas que les prestamos deben ir acompañadas de unas buenas instrucciones; orientaciones sobre qué y cómo alcanzar esos resultados esperados; reglas para que aprendan a manejarse con autonomía sin ser dejados como buenos salvajes que no necesitan de nuestra influencia. Y un feedback útil y preciso. 


Y al profesorado nos pasa algo parecido. Pretendemos innovar sin haber leído, estudiado, escuchado o investigado profundamente sobre aquellas prácticas que deseamos poner en práctica. Nos movemos demasiado por oídas y por lo que nuestro supuesto sentido común nos dice. No es raro escuchar ocurrencias del momento cuando se debate en la escuela. Ideas caprichosas que atienden a modas, opiniones sin fundamento o comentarios de pasillo. Y también necesitamos explicaciones, con cierta base intelectual, para encontrar esos resultados que mejoran el aprendizaje y la motivación del alumnado. Muchas probaturas cuando está casi todo inventado pero necesitamos descubrir ciertas prácticas a través de nuestros pares y con ayuda de la investigación docente. No solo de Google debiera vivir el docente. 


Lo fácil es mandar hacer un podcast, pedir una presentación o grabar un TikTok. Más difícil es dar las pautas para que se realicen convenientemente e invertir bien el tiempo en dar las explicaciones para que puedan ser elaboradas con cierta destreza y cumpliendo los objetivos previamente planteados. Por eso, cuando llevamos a cabo un proyecto en el aula (llámese ABP, retos o problemas) nunca están de más unas buenas explicaciones antes y durante su ejecución; ya sean por parte del profesorado o expertos ajenos al aula. Exigir la construcción de artefactos digitales, cuando nosotros no controlamos su diseño y producción, es un tanto incongruente.

 

Por ello, también los profesores agradecemos un buen curso presencial donde se nos ayude a comprender una u otra metodología; donde se nos argumente y den recursos masticados con experiencias reales del aula; donde no todo sean vaguedades y un positivismo que poco nos aporta a nuestro día a día. Para escuchar frases fantásticas tenemos las redes sociales. Personalmente, pese a ciertas incomodidades de la presencialidad frente al aprendizaje a distancia, entiendo mucho más efectiva la formación en un aula donde el ponente explique con soltura y sin dejarnos a solas para investigar y practicar lo que podemos hacer en casa. Un buen acompañamiento tiene un valor inestimable en cualquier acción formativa. 

 

Porque si queremos pensamiento crítico y creatividad, además de aprendizaje continuo, debemos asegurar un sedimento de experiencias culturales y científicas donde un buen profesor o profesora es capaz de explicar su tema a la vez que conecta con los alumnos. Iniciar la enseñanza con ocurrencias o decenas de tareas en un aula virtual es coger el atajo hacia la intrascendencia. Conversar, leer, y, a la postre, sintonizar con los intereses del estudiante, nos supone un viaje más costoso pero más fiable si queremos que aprendan. Y eso también requiere emoción. 


EXPLICAR PARA ENSEÑAR Y APRENDER MEJOR

EL ESTADO DE LA COMPETENCIA DIGITAL DOCENTE

domingo, 23 de octubre de 2022

El pasado jueves, gracias a la iniciativa de Pablo Felip y Balbino Fernández, pudimos disfrutar de una conversación entre docentes sobre las famosas y manidas competencias digitales que acaparan titulares en en el mundo educativo. A este primer episodio del Comando GEG, capitaneado por los arriba mencionados, nos enrolamos docentes de distinta procedencia geográfica y variadas etapas educativas. Sin embargo, las opiniones sobre el estado actual de la competencia docente no fueron tan desiguales. 

 

La pandemia puede habernos dejado algunas mejoras a nivel del manejo de ciertas herramientas (aulas virtuales, trabajo en la nube, edición de vídeos, etc.), así como una mayor sensibilización sobre la necesidad de ser competente digitalmente. ¿Y eso qué significa? Sabemos que esas competencias se adquieren progresivamente, e incluso que lo ideal es diseñar una formación entre iguales donde los centros educativos puedan autogestionar sus recursos y demandar aquellos que realmente necesitan. 

 

La sensación de despilfarro por parte de las administraciones es más que evidente. Se anuncian inversiones millonarias sin contar con los centros y centralizando compras que a menudo resultan inadecuadas para el alumnado y el profesorado que debe hacer uso de ellas. Millones que no se gastan en lo que necesita un alumno de FP que no tiene por qué ser igual a lo que precisa un estudiante de primaria. Por no hablar de si este inmenso gasto debiera ser desviado, si no se puede ejecutar adecuadamente, en otras cuestiones igual o más relevantes para la educación de nuestros alumnos. 

 

Corremos el peligro de que los planes que se avecinan, relacionados con las competencias digitales docentes o el plan digital del centro, se conviertan en vulgares documentos donde acreditamos un nivel para cumplir con la papeleta de turno. Necesitamos ser muy escrupulosos a la hora de seleccionar y adecuar nuestras necesidades a aquello que realmente se necesita; no podemos perder más tiempo en cuestiones extrañas al aprendizaje del alumno. Sabemos que el uso de determinadas herramientas nos confiere unas capacidades digitales pero no simpre ayuda a mejorar nuestra enseñanza. Ya es hora de evaluar las distintas iniciativas que se llevan a cabo, escuchar al profesorado y aprender a hacer un uso adecuado de esas nuevas tecnologías, TIC o como lo queremos llamar, para no caer en la docencia de siempre pero con una pantalla de por medio. 

 

No hace falta ser un experto en educación para entender que unos apuntes en PDF aportan poco más de lo que ofrece una página de un libro de texto. Aprender a diseñar esas situaciones de aprendizaje, que el nuevo currículo incluye, será más factible si los docentes atesoramos un nivel de competencia digital elevado. Muchas competencias profesionales, la significatividad de los contenidos y los saberes básicos, son alcanzables si somos capaces de entender ese mundo digital donde los estudiantes y el mundo profesional (en el caso de la FP) se mueven habitualmente. Sin desdeñar en ningún momento el necesario poso cultural y científico que los alumnos deben ir adquiriendo para lograr ese pensamiento crítico tan alabado y manipulado al mismo tiempo. 

 

En cada etapa educativa se requieren unas competencias digitales distintas. En la Formación Profesional, con unos currículos caducos, no disponemos de acceso a software específico de cada sector, o manuales para programas informáticos que habitualmente utilizan las empresas relacionadas con las familias profesionales. Nos harían falta expertos, en contacto con el mundo empresarial, en este tipo de aplicaciones informáticas; y no un mero enfoque basado en herramientas de gestión y productividad personal (Google Workspace, Microsoft Teams..) cuyo uso es más sencillo y requiere menor formación. 

 

En otras etapas educativas no existe, a mi entender, una medición de los resultados que ofrece la introducción de dispositivos informáticos. En los últimos años hemos sufrido una fiebre por introducir aparatos sin ton ni son para acabar haciendo lo mismo de siempre, dejando de lado otros aprendizajes más valiosos a determinada edad. No es raro encontrar hoy en día centros educativos bien dotados tecnológicamente pero con una biblioteca arcaica sin novedades ni un plan de fomento a la lectura con recursos materiales y humanos suficientes. Centros con millones de euros gastados en tabletas digitales o PDI aparcadas que, sin la ocurrencia habitual, podrían haber sido destinados a otros menesteres más valiosos. La competencia en lo gastado, que no invertido, también debería medirse. Tan solo hace falta pasarse por los comentarios a este tuit: 

 


Tenemos una oportunidad, si se gasta adecuada y equitativamente, de planificar una formación del profesorado a medida de las necesidades del alumno y de cada docente (y no solo para acumular horas de formación); adquirir los equipos informáticos que precisan los estudiantes según la etapa educativa en la que se encuentran y con la vista puesta en el largo plazo y no en saturar a nuestros chavales con pantallas que reinciden en un modelo educativo desfasado o en un simple entretenimiento prorrogado. Porque aprender a usar los dispositivos digitales de un modo sensato, sin la multitarea habitual, sin caer en las redes que fomentan la dependencia y la falta de autoestima, es también una competencia digital clave.

 

Foto de Giu Vicente en Unsplash

NO HAY MATERIALES PARA FP

miércoles, 19 de octubre de 2022

Resulta paradójico que, pese a los cientos de millones de euros (2291,1 millones para 2022) invertidos en la FP este año, sigamos sufriendo todavía la escasez o inexistencia de recursos didácticos y materiales técnicos adecuados a las distintas titulaciones de cada familia profesional. La mayoría de los títulos, FP Básica, Técnico o Técnico Superior, se aprobaron hace más de diez años; por no hablar de algunos títulos (¡LOGSE!) que aún se ofertan. No tiene sentido que las administraciones educativas no hayan sido capaces de coordinar propuestas, a nivel ministerial y autonómico, para ofrecer unos materiales comunes y mínimos para cada uno de los títulos de Formación Profesional.

 

Cada curso hay cientos (por no decir miles) de docentes de FP que se las ven y se las desean para conseguir recursos con los que impartir sus clases. Los ciclos formativos más ofertados no suelen tener problemas a la hora de conseguir libros de texto; de hecho, hay una mayor presencia editorial en ciertas titulaciones y módulos que han crecido significativamente en su número de estudiantes. Sin embargo, el profesorado de ciertas familias profesionales y módulos necesita elaborar sus propios temarios ante la falta de un espacio o un repositorio oficial, público o privado, donde se puedan compartir esos recursos para el aula. En muchas ocasiones, son los propios docentes los que no desean publicar sus materiales por problemas de derechos de propiedad, modestia o una simple falta de altruismo. Cualquiera de los motivos es irreprochable. 

 

Y me pregunto: ¿sería tan difícil coordinar una iniciativa con profesorado y profesionales de cada sector donde se elaboren y actualicen periódicamente unos materiales de calidad y de dominio público para los distintos módulos? Contando, por supuesto, con la remuneración a unos autores debidamente seleccionados. Actualmente, solo podemos encontrar una iniciativa parecida con los Recusos Educativos Abiertos donde el INTEF, a través del CEDEC, ha publicado algunos materiales para los módulos de Formación y Orientación Laboral (FOL) y Empresa e Iniciativa Emprendedora (EIE). Una iniciativa valiosa pero claramente insuficiente para la enorme oferta modular que tiene nuestra FP. 

 

Ahora que disponemos de fondos para invertir en la Formación Profesional tenemos la oportunidad de crear unos materiales que además contemplen la digitalización de cada sector profesional teniendo como primer objetivo la calidad de los mismos, su actualización y su conexión con el mundo laboral. Dejemos de gastar tiempo navegando en Internet, copiando y pegando textos, o diseñando unos apuntes más que mejorables en una plantilla de powerpoint. Estamos hablando de ahorrar miles de horas del trabajo de docentes de FP, así como evitar apuntes caducos alejados de las competencias y saberes que demandan las empresas. 

 

El tiempo mejor invertido para ofrecer una buena docencia viene con una constante formación, compartiendo experiencias educativas de éxito y con el diseño de actividades o prácticas adecuadas a nuestros alumnos y entorno productivo. Ahora hace falta que las administraciones educativas, con sus consejeros y ministra a la cabeza, destinen presupuesto para estos menesteres antes que a otras partidas que pueden esperar. El aula del futuro en FP también requiere de materiales didácticos de alta calidad. 


NO HAY MATERIALES PARA FP

COMPETENCIAS SENSIBLES

miércoles, 12 de octubre de 2022

La relevancia que tienen las competencias técnicas y blandas en la formació profesional de los estudiantes está fuera de toda duda. Luego hay otras competencias, por llamarlas de alguna forma, que son igualmente perceptibles y que se manifiestan allí donde ejercemos nuestra labor profesional.  Unas destrezas que a menudo damos por sentadas y que son igualmente relevantes. Las he titulado competencias sensibles tanto su importancia como por el especial cuidado que debiéramos tener con ellas. 

 

En cualquier ámbito profesional tenemos siempre recorrido para la mejora; podemos seguir aprendiendo y necesitamos cambiar actitudes y aptitudes a lo largo de nuestra carrera, al igual que otros profesionales deben actualizar habilidades o redirigir su talento a otras áreas. Esa experiencia y aprendizaje permanente es trasladable a unos alumnos que, probablemente, cometerán nuestros mismos errores o no habrán sido formados en esas competencias sensibles antes mencionadas. Algunos preferirán atribuir su adquisición a la educación familiar, otros que son un tema de sentido común e incluso varios argumentarán que escasean como consecuencia de diferencias generacionales o culturales. En el fondo, no creemos necesario explicitar una serie de comportamientos o talantes que nos capacitan y ayudan a mejorar nuestras relaciones laborales. Tal vez, ese módulo en vías de extinción denominado "Relaciones en el entorno laboral", conocido como RET, ya nos ayudaba en la adquisición de las siguientes competencias sensibles que me aventuro a enumerar y que pueden ser expuestas desde cualquier módulo de FP:

 

  • Honestidad. Cumple escrupulosamente con las funciones que debes desempeñar, tanto por el sueldo que recibes a cambio como por responsabilidad personal. La vida no es solo trabajo, pero es una satisfacción personal hacer lo que está en tus manos para que tu empresa crezca.
  • Contribución. Saca provecho a tu tiempo de trabajo: el escaqueo o la inasistencia injustificada la pagan los compañeros que deben realizar un esfuerzo adicional o esos clientes que reciben un peor servicio. Aporta.
  • Transmisión. Sé de los que transmiten optimismo y buen rollo. Arrímate a los que proponen y quieren mejorar. Sé crítico pero no te instales ni te contagies de una queja continua que amarga el ambiente y el tiempo en el trabajo.
  • Constancia. Perservera en tus ocupaciones. No siempre obtendrás el resultado deseado, pero acabarás siendo valorado por tu buen hacer y profesionalidad; aunque no lo creas, ese trabajo constante se acaba notando.
  • Flexibilidad. Destaca por tu polivalencia y ofrecimiento. Mantén la mente abierta a los cambios desde la dedicación y no desde las ocurrencias. Da tu punto de vista y defiende tu postura objetivamente, sin acritud ni cerrazón.
  • Tolerancia. No te tomes cualquier contratiempo o decisión laboral como algo personal. Discúlpate si es necesario, rectifica si has metido la pata. Eso te honrará. Pregunta a menudo por la opinión de los demás antes de actuar o llevar a cabo alguna tarea que afecte a terceros. Cuenta con los demás.
  • Humildad. No lo sabemos todo, ni casi todo. Si empiezas en un empleo muéstrate receptivo, aprende de los que más saben y quieran enseñarte. No eres menos por demostrar desconocimiento ni es necesario alardear de títulos o experiencias. Y recuerda que opinar no significa siempre saber.
  • Semblante. Muestra tu mejor cara y haz un esfuerzo por sonreir, pese a que todos no podamos ser la alegría de la huerta. Aunque la procesión se lleva por dentro, la profesionalidad se demuestra aparcando los días malos y endulzando un carácter serio.
  • Compañerismo. Muestra predisposición para ayudar a tus compañeros; tanto con aquellos que se incorporan por primera vez y necesitan ser acogidos, como con los que en algún momento necesitarán que les eches una mano.
  • Congruencia. Si exiges, sé autoexigente. Si criticas, sé autocrítico. Si demandas, ofrécete. Predica con el ejemplo de la profesionalidad que te gusta contemplar como usuario o colega.
  • Agradecimiento. Muéstrate agradecido, no es algo que te rebaje, con aquellos que te ayudan o te han dado una oportunidad profesional. Mantén siempre una puerta abierta aunque cambies de empleo y despídete del mejor modo posible de tus compañeros y superiores.

 

Puede esto parecer un mundo del trabajo ideal o puedo pecar de buenismo. Sin duda, es un listado donde todos nos podemos ver reflejados, pero que busca la reflexión y la apreciación de unas competencias sensibles que, a mi entender, son valoradas y no siempre abundantes, en el entorno laboral. Apreciar estas competencias también es parte de una buena formación profesional. 

 

COMPETENCIAS SENSIBLES FP

Foto de George Pagan III en Unsplash

CICATRICES DIGITALES O CÓMO CUIDAR LA MARCA PERSONAL

sábado, 8 de octubre de 2022

Los expertos en marca personal abundan porque son millones las personas que no atienden a este aspecto por dejadez o, simplemente, por no saber cómo construirla. El personal branding (así queda más cool) no es más que un intento de reflejar una versión cuidada de nuestro perfil profesional, principalmente a través de plataformas digitales, donde potenciales empleadores o clientes van a conocer, supuestamente, nuestro mejor perfil. Podemos maquillar nuestro trabajo, ser excelentes virtualmente o incluso autodenominarnos expertos en mil y una facetas. Y seguro que si lo hacemos bien comprarán nuestro trabajo pese a que haya otras personas mejor preparadas pero que gestionan digitalmente peor sus virtudes profesionales. 

 

Desde el aula, con jóvenes que en un futuro próximo se van a emplear, no tenemos más remedio que trabajar esta marca tanto desde la gestión de las herramientas o portales digitales que nos ayudan a construirla, como desde la honestidad profesional donde la mera fachada se suele acabar descubriendo antes o después. No hay más que darse una vuelta por LinkedIn para sonrojarte ante tanta grandilocuencia, relatos personales con moraleja para que sean viralizados o los títulos y puestos de trabajo inventados que tan bien suenan en otras lenguas. Ahora mismo, de mis lozanos tiempos como kitchen porter en Escocia (el friegaplatos de toda la vida), podría contar una idílica película donde aprendí a trabajar bajo presión en el sector de los hoteles de lujo ascendiendo a barman en tan solo doce semanas. Y eso haría marca personal, aunque suene ridículo. 


Parece que tengamos todos la obligación de divulgar una imagen donde en algún momento hemos sido jefes, coachs, consultores, expertos, directivos o eso que ahora llaman CEO (bien feo, por cierto). Por no hablar de la casi obligación, como si del antiguo servicio militar se tratará, de haber emprendido con éxito en algún momento. Y nuestros jóvenes estudiantes, por inexperiencia, al igual que nosotros en su tiempo, caerán rendidos ante tanto fuego de artificio de unas plataformas, donde ellos, como no puede ser de otra manera, tienen todavía poco que reflejar con sus currículos. 

 

Enseñarles a difundir sus experiencias académicas e intereses profesionales, a la vez que cuidan su privacidad y son íntegros con los sustantivos y calificativos que utilizan (sin mentir ni edulcorar), puede ser decisivo en su futuro laboral. Nuestra influencia como docentes, a veces desafortunadamente, también es un ejemplo para ellos de cómo manejarnos por las redes sociales, nuestras publicaciones personales, imágenes, comentarios públicos, etc. No creo que sea un problema de autocensura, porque la estulticia y la cólera no tienen freno actualmente, ni que debamos aleccionar a los estudiantes. Sin embargo, pienso que debemos hacer pensar a los alumnos sobre qué queremos que los demás sepan de nuestras vidas; si es necesario abrirnos en canal y difundir nuestra intimidad (personal, familiar o con los amigos); o si nuestra privacidad (datos de carácter personal) está debidamente protegida. 

 

Todas estas cuestiones tienen una dificultad creciente en un mundo donde la vida digital no tiene límites y las nuevas redes sociales o sistemas de comunicación nos desbordan. No podemos ser expertos y conocedores de las últimas herramientas ni de las costumbres digitales de la juventud. Pero sí debemos ser capaces de hacerles reflexionar (parece que cada vez son más conscientes) de lo innecesario que resulta filmar y propagar nuestras vidas para el deleite de multinacionales o la burla de extraños. Cada dato o publicación personal puede marcar, sin duda, nuestra identidad digital. Aprender a manejarnos con naturalidad y conocimiento por las redes, desde el respeto, sin pedantería ni exhibicionismo, ofreciendo nuestra mejor versión profesional, es una tarea delicada y compleja. Es difícil ser constante y cuidar nuestra marca personal; pero es fácil dejar cicatrices digitales que marquen nuestra vida profesional.

 

marca personal


POR UNA FP A CONTRACORRIENTE

jueves, 6 de octubre de 2022

El dulce momento que pasa la Formación Profesional es fruto del trabajo de los miles de docentes de FP que han pasado con esfuerzo e ilusión por esta etapa cuando aún eramos esa hermana pobre del sistema educativo donde, hoy también, pese a tantas loas, iban abocados los estudiantes que fracasaban escolarmente o disponían de menos recursos familiares. 

 

Actualmente, gracias a un sistema educativo que aprecia el carácter práctico de los contenidos y esa relación con el mundo del trabajo, la FP se ha tornado en el paradigma de una educación para ser competente en un complejo y competitivo entorno económico. Seguimos siendo capaces de preparar, en un tiempo récord, a miles de estudiantes para que en menos de 18 meses puedan afrontar un empleo con ciertas garantías a través de la adquisición de unas competencias profesionales técnicas y personales. Un éxito de la FP que ha supuesto una oferta y demanda creciente, gracias, sin duda, a la excelente formación y al valor añadido que ofrecemos a un mercado laboral español necesitado de perfiles técnicos. 

 

Estamos ante un sistema educativo que tiene como uno de sus principios (ver preámbulo de la LOMLOE) el compromiso con los objetivos de la Unión Europea: La pretensión de convertirse en la próxima década en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica, capaz de lograr un crecimiento económico sostenido, acompañado de una mejora cuantitativa y cualitativa del empleo y de una mayor cohesión social, se ha plasmado en la formulación de unos objetivos educativos comunes. Unos principios que casan con esa destacada importancia de la digitalización, en todas las etapas educativas, frente a otros conocimientos considerados como humanísticos: la palabra "digital" y sus derivadas aparece en 41 ocasiones, mientras que el término "humanidades" tan solo en 4. Competitividad ante todo.  


Esa demandada competitividad del alumnado no debiera, a mi parecer, ser parte de los objetivos educativos que se presumen en la educación obligatoria de nuestros niños y adolescentes. Incluso, si me apuran, no tiene mucho sentido en un bachillerato que prepara hoy en día únicamente con la vista puesta en el acceso a la universidad. ¿Dónde queda el gusto por el conocimiento?, ¿el descubrimiento de los saberes e intereses personales de cada alumno?, ¿la opción por las ciencias o las humanidades más allá de los criterios economicistas? La vorágine curricular actual solo perpetúa un modelo que basa la valía personal en las calificaciones para el acceso a determinados estudios y en la fortuna (en todos los sentidos) para adquirir un título demandado por el mercado. 

 

En la FP ya nos sabemos la lección. Siempre hemos tenido clara nuestra vocación para la inserción profesional y la orientación personal de nuestros estudiantes. Seguimos siendo el pasaporte de los desterrados de unos estudios poco interesantes donde se premia el aguantoformo en unas aulas difíciles de gestionar donde todos miramos de reojo el reloj que marca el final de la jornada. La FP engancha a muchos porque pueden demostrar su valía en otras áreas, viéndose capaces de idear y practicar los conocimientos que van adquiriendo. Pero, tal vez, eso no sea suficiente. Quizás todo no sea digitalizar procedimientos, producir vídeos o prepararnos para ese metaverso donde la realidad virtual o aumentada no hace más que ampliar una realidad áspera sin tener en cuenta esos saberes humanísticos que acrecentan el espíritu y el respeto mutuo. Todo cabe. La utopía también. 


Siguiendo la metáfora que nos ofreció Nuccio Ordine (imprescindible la lectura de sus libros) en una conferencia reciente: debemos ser como el salmón que va contracorriente remontando un río lleno de obstáculos ocultos por un utilitarismo que nos roba el tiempo para ser más rentables. Podemos aprovechar nuestra FP, así como nuestra educación primaria, nuestra ESO y bachillerato, para nadar en contra de una educación simplemente pragmática; podemos abrazar con fuerza el arte, la literatura, el cine o la música para avanzar por ese denso y superficial caudal que nos entorpece. Despertar ese deseo por crecer personalmente, a través de las humanidades, resultará seguro una tarea fructífera en una sociedad superficial donde el éxito está mal medido. Leamos más. Nademos en contra. 

 

FP A CONTRACORRIENTE

Foto de Drew Farwell en Unsplash

¿MERECEMOS EL DÍA DEL DOCENTE?

miércoles, 5 de octubre de 2022
Si eres docente, lo del "Día mundial de las y los docentes"  parece una manera más de autofelicitarse, obtener consuelo o recibir el reconocimiento público que no suele producirse a lo largo de la carrera profesional (más allá de algunos premios simbólicos o esa fiesta de jubilación merecida). Solo los años te garantizan un incremento de salario; y la implicación profesional ni se mide ni tiene modo de ser recompensada, por lo que la exigencia personal queda en las manos de cada docente.
 

Desde mi percepción, tal vez haría falta un estudio sociológico al respecto, el profesional de la docencia ha evolucionado a la par que lo hacía mercado laboral. Afortunadamente, las condiciones laborales han mejorado en los últimos treinta años, gracias a unas plantillas que exigieron una mejora de sus derechos a través de huelgas (con su pérdida de salario correspondiente) y manifestaciones consensuadas por una mayoría del profesorado. El salario y las horas lectivas de entonces distaban mucho de las condiciones actuales. Generaciones anteriores a las que debemos mucho de lo que ahora disfrutamos. Muchas gracias.


Las anteriores crisis económicas (años 90 del siglo pasado) provocaron unas tasas muy altas de desempleo, con la consiguiente inseguridad económica y estrecheces de muchas familias. Obtener un trabajo fijo era casi un privilegio para un joven profesional así como los despidos eran cosa habitual por entonces. Cualquier trabajo era bien recibido ante un futuro poco halagüeño. Fue a partir del 2000 cuando el crecimiento económico se disparó en España, pese a la abundancia de los mileuristas de entonces que ya protestaban por unos sueldos escasos para vivir decentemente. La juventud se había acostumbrado a apreciar un buen empleo y los novatos docentes de entonces no teníamos complejos para cambiar de residencia fuera del domicilio habitual o firmar un contrato de pocas horas para alimentar el currículum. 

 

La crisis del 2008 también ayudo a valorar la estabilidad laboral y a temer por la amortización de ciertos  puestos de trabajo. Los interinos o docentes de centros educativos privados no tenían el futuro asegurado. Los centros educativos competían por atraer alumnos y el marketing educativo acampó sin remedio. La avalancha de titulitis para mantener el puesto y seguir las directrices de las autoridades educativas nos hacía perder, de nuevo, el foco en lo que realmente siempre ha importado: la atención a los alumnos. Pero superamos también esta nueva crisis y, como si nada, al igual que ahora tras una pandemia y en medio de una escalada bélica mundial, nos acostumbramos a la abundancia de empleo (mejor o peor remunerado) y nos pusimos a exigir prerrogativas para contrarrestar ese sueldo de maestro algo escaso en nuestra sociedad de consumo y que, comparándolo con los países europeos de nuestro entorno, es ciertamente menor a medida que aumenta la antigüedad laboral. Pero ahí seguimos adormecidos: con desproporcionadas desigualdades según el cuerpos docente, según la titularidad de los centros y según las regulaciones de cada comunidades autónomas. El guirigay habitual. 


Ahora, tras una pandemia que no nos ha hecho mejores, un horizonte político convulso y polarizado, y un desacuerdo educativo eterno entre las fuerzas políticas, al que se suma un profesorado aturdido con distintos frentes que no sabe si apostar por el conservadurismo educativo, la llamada nueva pedagogía o el sálvese quien pueda tan habitual en nuestro sector. Además, parecemos rozar esa especie de "gran renuncia" donde poco importa el proyecto educativo si es a costa de alguna que otra incomodidad relacionada con la falta de flexibilidad laboral o ciertas condiciones del trabajo. Hay, de momento, una escasez de docentes en ciertas materias que parece provocar esa mayor movilidad laboral que antiguamente no ocurría. 

 

El futuro está en el aire, lo que no parece que influya mucho en el optimismo (o indolencia) reinante al que se suma la escasa iniciativa por defender los derechos conseguidos, mejorar las condiciones, luchar contra las injusticias existentes y hacer honor y merecer de algún modo este día de los docentes. Ya va siendo hora. 


DIA DEL DOCENTE

Foto de Brad West en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

.

Back to Top