CONFLICTOS POR EL MÓVIL

martes, 2 de julio de 2019
A raíz de un tuit donde abogaba por la resistencia de los padres a dar en propiedad un móvil a sus hijos menores (no más de 12 años en este caso), aparecieron decenas de contestaciones, tanto a favor como en contra, a una simple opinión en voz alta. Los comentarios a favor fueron los primeros, principalmente de otros padres y madres también docentes; pero no tardaron en llegar los comentarios despectivos, e incluso insultantes, provenientes de una contada chavalería maleducada. Ser joven puede presuponer ser contestatario, pero los límites del humor ácido los debieran marcar las ofensas gratuitas.
Y la bola se sigue haciendo grande. Con un simple tuit ya son más las 175.000 impresiones ahora mismo con al parecer cientos de ofendidos... Hoy, continúan los comentarios retroalimentándose y apareciendo más personajes (en su mayoría anónimos y supongo adolescentes) destilando inquina por los cuatro costados. Lo cierto es que algunas personas, desde la buena educación, han sostenido y justificado una opinión contraria a la mía que me hace replantear mi posición inicial. En cualquier caso, lo que más me ha llamado la atención ha sido el incivismo ilimitado del que hacen gala algunos tipos en las redes. No estaba acostumbrado a ello desde un perfil donde principalmente me preocupo de temas relacionados con la educación y me relaciono con otros docentes por temas profesionales.

En cualquier caso, sigo reticente a la posesión de un dispositivo móvil a los niños con menos de 12-13 años. Entiendo también que no se puede generalizar este posicionamiento; que puede depender de las diferentes situaciones personales y/o familiares del niño o niña, y que se pueda adelantar o postergar esta entrega tan deseada por muchos menores. De hecho, la postura más fácil es entregar un móvil al niño cuando lo pida, y no resistir a proporcionárselo hasta que realmente le pueda ser útil o beneficioso, o que los posibles perjuicios sean superiores al aprovechamiento que se hará del mismo. Aún así, cualquier madre o padre tiene la potestad a tomar la decisión que crea conveniente, más allá del porque "todos tienen un móvil".

móvil jóvenes niños adolescentes educación

Alguno también me acusaban de ser un outsider, además de viejo inmisericorde, pero en mi trabajo con ordenadores y formando digitalmente a jóvenes y adultos, puedo afirmar que el mayor o menor nivel de competencias digitales personales o profesionales no viene dada por la posesión mas tardía o temprana de un smartphone. De hecho, y desafortunadamente, en el bachillerato y en la universidad pude apenas trabajar con ordenadores; aún así, sin necesidad de ser un nativo digital, tengo mis competencias digitales en plena forma. Sin embargo, ahora, cualquiera dispone de una pantalla, que no implica ni mucho menos una mejora en el aprendizaje de los niños: ver dosier sobre Lectura digital en la primera infancia del Centro Regional para al Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) de la UNESCO y patrocinado por la Fundación SM.

Opinar por opinar es perfectamente aceptable, pero no por ello podemos ensalzar o aceptar opiniones basadas en simples creencias o experiencias personales. Existen ya estudios donde se analizan las consecuencias de la introducción de pantallas en nuestras vidas. Y no se trata de volver a las cavernas, como algunos acusan. Se trata, sí, de educar en ese uso responsable y en que los más pequeños sigan disfrutando del juego físico y de una socialización fundamentada en el contacto directo con sus compañeros y amigos. No todo son bondades cuando asumimos que el móvil ayuda a que el menor no se sienta apartado: “a medida que los niños se comunican cada vez más a través de medios electrónicos, y menos personalmente, comienzan a sentirse más solos y deprimidos.” Y, sí, se puede confesar; los adultos también hacemos mal uso -abuso- del móvil.

Restringir ciertos contenidos, tiempo de uso o el gasto en tecnología y comunicaciones es función de todo padre o madre que educa a sus hijos. Posponer el uso de un móvil no es ninguna aberración como algunos proclaman. ¿A qué edad? En ese dilema estamos muchos que preferimos reflexionar al respecto con calma. Adoptar una u otra postura en función de la situación del niño es una posición plausible que no significa estar en contra de la tecnología y el progreso. La experiencia que muchos tenemos con adolescentes, que en su mayoría, como es lógico, usan el móvil como mero entretenimiento; nos lleva a pensar que son necesarios mayores tiempos de desconexión digital, sobre todo en los momentos de estudio y trabajo. Se puede afirmar que existe una relación causal entre la distracción de un dispositivo electrónico y el rendimiento académico en un examen.  Por no hablar del sedentarismo que puede provocar un elevado número de dispositivos electrónicos en el hogar.

Independientemente de todos estos argumentos, que seguro pueden ser contestados en base a las ventajas que ofrece el mundo virtual y el conocimiento y cultura de las redes, lo más importante es, si cabe, la escasa educación digital que algunos reflejan en las redes a través del desprecio de la opinión del otro, el improperio fácil y la falta de diálogo sin necesidad de sentar cátedra. Personalmente me quedo con esas opiniones de jóvenes y adolescentes que han sabido argumentar su posición al respecto.

P.D. Como profesor de Formación Profesional me tomo la libertad de aconsejar, a esos jóvenes y no tan jóvenes que responden con acritud, que su identidad digital es vital y puede llegar a determinar su futuro laboral. Hay que cuidarla, no sólo por cuestiones profesionales sino también por evitar herir o molestar a terceros, aun desconocidos.

photo credit: Joris_Louwes Generations 2018 via photopin (license)

RETÓRICA POCO EDUCATIVA

viernes, 21 de junio de 2019
El discurso educativo cae demasiado a menudo en la retórica; tanto en su acepción de "dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover" como en la de retórica como "sofisterías o razones que no son del caso". Un discurso cada vez más numeroso que peca de poco pragmático a la vez que de insustancial y que atiende más a opiniones personales, modas o intereses con poco que ver con la idea de educación que algunos tenemos.

Las ocurrencias son una de las amenazas que tenemos en este ambiente seudoinnovador en el que constantemente creemos vivir. Luego, con los pies ya en la tierra, nos encontramos con los mismos males de siempre: falta de trabajo en equipo, personalismos, incongruencias y escaso tiempo y ganas para leer, reunirse, formarse y vertebrar proyectos educativos que trasciendan al aula y a todos nuestros alumnos. Esa facilidad de palabras hueras que ahoga debates o acciones trascendentes.

Luego están las prioridades. Somos especialistas, en la comunidad educativa, en perder tiempo en debates estériles o que aportan más bien poco al estado de la educación. Que si una hora más de esta asignatura, que si más lengua propia o extranjera, que si el bilingüismo, que si el uniforme, que si me han cambiado el módulo, que si el otro libra más que yo, etc. Todo antes que abordar el qué y el cómo para mejorar la enseñanza y aprendizaje o atender mejor a mis alumnos.

RETÓRICA POCO EDUCATIVAY la política. Cómo no. Votar azul, rojo, naranja o morado parece que te inhabilita para tener un criterio propio y distinto al del partido. La utilización de la educación para ganar votos es un desprecio al futuro del país. El tema del pacto educativo debe haber pasado a mejor vida; renta más polemizar sobre cualquier medida actual o pasada que enfrente a padres, madres, docentes o con la dirección de los centros. Y además sale barato.

Superficialidad a mansalva. Frases hechas, lemas manidos, happyflower... con buena intención pero sin sustancia. Los cambios decisivos, aunque nos pese, vienen dados de las aportaciones de todos y no de unos pocos que tiren del carro. La ilusión y motivación son vitales, pero para ello todos debemos buscar motivos para esforzarnos aún algo más en aras del bien común. En el caso contrario acabamos mirando constantemente el reloj y el calendario esperando ese timbrazo extintor que nos devuelva a casa (y no estoy hablando de empeorar las condiciones laborales).

Crítica compulsiva y protestas por defecto: sin reflexionar en qué más aportar al trabajo o en qué puedo estar patinando. Luego vienen las diferencias personales, profesores o padres quemados que no se han parado a pensar o agradecer la ingente tarea de compañeros, directivos o padres preocupados por la educación de todos. El talante se contagia, así como las ganas de trabajar. Al menos eso me contaban de niño...

En nuestras manos está tomar decisiones basadas en la reflexión; sin mezclar ocurrencias, superficialidad y política. Buscar momentos cada curso para evaluar y proponer; a ser posible desde las evidencias y la experiencia, aun sin miedo a equivocarse. Nos sentamos y pensamos poco tanto a nivel individual como grupalmente. La ficción educativa nos engatusa y acabamos deslumbrados por esos efectos artificiales en forma de gurúes o titulares de periódico que edulcoran o tiran piedras, en partes iguales, a los docentes. Sin duda, la mala enseñanza se cura leyendo pedagogía y compartiendo experiencias con otros colegas de aula.

Yo, de momento, me conformo con esa semanita al año donde poder trabajar, sin prisas y codo con codo, con mis compañeros. Sin otro objetivo que mejorar la enseñanza. Aquí el tuit culpable de este artículo:

photo credit: Julien Lagarde Correfoc de la Mercè via photopin (license)

DESAFÍOS DE LA FP: TECNOLOGÍA, SOSTENIBILIDAD Y VALORES

domingo, 9 de junio de 2019
¿Hacia adónde va la FP? ¿Qué políticas deberían llevarse a cabo para que la Formación Profesional siga avanzando y siendo considerada una de las mejores opciones educativas?  ¿Cómo puede el profesorado intervenir para la mejora de la FP? ¿Cuáles son las tendencias a tener en cuenta a nivel formativo y profesional?

Los asistentes al nuevo Congreso Internacional de Formación Profesional del País Vasco hemos podido disfrutar, nunca mejor dicho, de un encuentro con ponencias donde la tecnología, la sostenibilidad y los valores han sido los ejes centrales durante los dos días de duración del mismo. A nivel político, es evidente que la apuesta por la FP es una reto tanto para la demanda de empleo que precisaran las empresas como para la población activa (jóvenes y mayores) en búsqueda de empleo o en formación continua.


Los desafíos que arroja el actual panorama socioeconómico nos conducen a una reflexión constante sobre el tipo de formación técnica y competencial que se ofrece desde cada uno de los ciclos formativos del sistema educativo. Que la FP debe pasar por un constante contacto con las empresas no es algo nuevo, sin embargo, sí que parece nuevo un paradigma donde los centros educativos ayuden a que las empresas estén a la última y no sólo al contrario. Al igual que, los futuros técnicos en Formación Profesional impulsen una sociedad donde la honestidad, la transparencia y el compromiso sean valores clave en el mundo del trabajo.

Desde el Gobierno Vasco, así como desde las instituciones europeas, se sigue destacando la necesidad de inversión en la Formación Profesional; recalcando la importancia de la tecnología en todas las familias profesionales así como el intercambio y colaboración entre los distintos agentes económicos y educativos; y sin perder de vista el incremento presupuestario previsto en los programas europeos (Erasmus+) como herramienta de mejora educativa y profesional. Como bien dice Jorge Arévalo, viceconsejero de FP en Euskadi, la primera tarea para la mejora de la FP es invertir en ella. El resto son todo palabras y líneas como estas que se lleva el viento.

 La tecnología, núcleo del congreso, nos anticipa ya una sociedad diferente y unos puestos de trabajo donde se requerirán competencias dispares, flexibilidad a nivel técnico y personal y una sensibilidad elevada hacia nuestra identidad digital y el rastro constante que dejan nuestros dispositivos conectados a la red. Humberto Bustince, catedrático de la Universidad Pública de Navarra, recalcó esa necesidad de regulación de los datos para que la Inteligencia Artificial y la robótica no supongan peligro alguno, así como más filosofía y ética como acompañantes de esta revolución digital y científica.

Un buen ejemplo de esta exigencia de ética vino de la mano de Ana López de San Román, consultora en RSC, que abogó por una FP donde los valores sean la base de una sociedad donde el individualismo y la deshumanización pueden transformarse desde las empresas; a través de la demanda de profesionales sensibles con un futuro más humano y sostenible.

En otras ponencias, pudimos ver y escuchar como muchos sectores están transformando su forma de hacer negocios gracias a esta revolución digital que ha traído la inteligencia artificial y la preocupación por un planeta más agotado que nunca. Buena muestra la que nos ofreció Irene Díez, de la empresa Ecoalf, con un discurso que defiende el compromiso con un consumo sostenible a través del diseño y la innovación.

A nivel personal me quedo con un doble mensaje tras lo vivido en este último congreso: por un lado la necesidad de cooperación para que el conocimiento pueda ser transferido y aumentado desde los centros educativos más próximos o incluso desde otras latitudes (buen ejemplo de ello es el proyecto VETIBAC de la FP vasca); mientras que, por otro lado, es imprescindible seguir impulsando unos valores humanos desde el mundo educativo, una humanidad como disposición añadida que requieren las empresas y demandan los consumidores.

Y, para todo ello, además de mucha inteligencia artificial, no nos queda otra que mucha inteligencia humana: trabajemos mucho más en equipo en las aulas, mucha más lectura y escritura, muchas más competencias digitales y sensibilización sobre las mismas, y más compromiso con los alumnos y el mundo que les estamos dejando.

LA FP Y EL APRENDIZAJE BASADO EN RETOS

lunes, 3 de junio de 2019
Transformar la metodología de trabajo en el aula, y más aún a nivel de centro, no es tarea fácil. En la Formación Profesional hace años que venimos tratando de transformar las aulas para pasar a modelo donde el alumno sea una parte activa en el aula; donde aprenda a trabajar con sus compañeros (al igual que en cualquier puesto de trabajo); y donde se manejen competencias técnicas y transversales útiles en sus futuros empleos.

En el País Vasco llevan desde 2013 años implementando el modelo ETHAZI, un modelo que, como indican en su web oficial, se basa en el aprendizaje colaborativo basado en retos:
El planteamiento de una situación problemática, su transformación hacia un reto, así como la totalidad del proceso hasta la obtención de un resultado, está estructurado partiendo tanto de las competencias técnicas y específicas de cada ciclo, como de aquellas competencias transversales que en este momento tienen un carácter estratégico, tales como: autonomía en el aprendizaje, trabajo en equipo, orientación hacia resultados extraordinarios, etc…
Este modelo, que he podido conocer directamente gracias a la formación recibida el pasado mes en nuestra escuela por parte de Julio Alarcón e Iñaki Narbaiza, docentes de Formación Profesional en Maristak Durango (uno de los centros piloto en Ethazi), significa un cambio más que sustancial tanto en el proceso de enseñanza-aprendizaje como en la organización modular y del profesorado de cada ciclo.
Esta propuesta de trabajo no encaja con el modelo estructural tal y como lo venimos conociendo hasta ahora; elementos tales como los horarios, las evaluaciones, la configuración del aula,…., en su formato actual dejan de ser válidos y necesitan de un re-pensamiento y consiguiente redefinición.
El aprendizaje basado en retos supone una evolución del Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) con la particularidad de que con este modelo, que pretende ser implementado integralmente en cada ciclo, se ven afectados todos los módulos y durante la totalidad del horario lectivo del centro en cada una de las evaluaciones (estas desaparecen en favor de una evaluación final que tiene en cuenta la valoración de cada reto). Todo ello supone necesariamente un trabajo en equipo del profesorado, una cierta flexibilidad con las aulas y módulos del ciclo, así como una reflexión previa e intensa de las capacidades y competencias que buscamos en el perfil profesional del título.

ethazi aprendizaje basado en retos
fuente: tknika.eus

Pese a la dificultad que esto pueda entrañar, por las reticencias del profesorado o la inestabilidad de la plantilla docente, creo que vale la pena apostar por un modelo que encaja perfectamente en la Formación Profesional actual. Una FP que debe preparar del modo más aproximado posible al mundo laboral gracias al planteamiento de metodologías alternativas a una enseñanza únicamente magistral o basada en una evaluación de la memoria.

Es necesario, por tanto, un apoyo de la dirección, una implicación de la mayoría de docentes, y muchas ganas de hacer un esfuerzo adicional para buscar esa transformación de las aulas. De momento, siguiendo los consejos de Iñaki y Julio, trataremos de, poco a poco, implementar este modelo a través de uno o dos retos durante el próximo curso.

En este otro enlace podemos encontrar retos de diversos ciclos formativos. Un buen banco de recursos para hacernos una idea de qué es un reto y poder así diseñar retos propios adaptados a la realidad de nuestros ciclos y centros de FP. Con la experiencia que tenemos como docentes, el conocimiento sobre los ciclos donde trabajamos y las necesidades que buscan las empresas, podemos comenzar a plantear retos motivadores para los alumnos con el fin de continuar trabajando aquellas competencias que seguro necesitarán a lo largo de su vida.

Mientras tanto, seguiremos experimentando en el aula gracias a un modelo que seguro irá evolucionando y que, al igual que nuestra labor docente, tendrá pendientes y descensos; nos obligará a mirar de vez en cuando el retrovisor pero con la vista puesta en un horizonte incierto para todos. 

BANDAZOS E INNOVACIÓN EDUCATIVA

lunes, 20 de mayo de 2019
No sé si habremos perdido el oremus, pero seguimos dando tumbos en lo que concierne a nuestra práctica educativa o incluso respecto a los objetivos últimos de la educación que nos ocupa.  Los frikis de la tecnología no han desaparecido, sin embargo parece que hace ya algún tiempo cedieron el turno a los frikis de la innovación. Esas TIC ahora monopolizadas por los grandes gigantes de la tecnología, han dado paso a un oligopolio de personajes y empresas que crean tendencia e influyen (a menudo desacertadamente) en la formación o prácticas docentes a incluir en la mayoría de centros educativos. Solo hace falta pegarse un garbeo por la oferta formativa de algunas organizaciones.

"Vivimos tiempos simultáneos de furor científico y adoración al charlatán", expone Rodrigo Santodomingo en este artículo de El diario de la educación. No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación; parece que el centro educativo o el docente que no flipea, gamifica, hace escape rooms o monta vídeos ocurrentes, no merece un hueco en el panorama innovador educativo. ¿Dónde están las bibliotecas escolares, los clubs de lectura o incluso las experiencias científicas en un entorno natural? Afortunadamente, también se respira cierto interés por la investigación científica en el ámbito educativo, así como por el estudio de prácticas pedagógicas contrastadas. Incluso, ante tanta desinformación, fake news o intentos de manipulación política, surgen demandas de una mayor competencia crítica de nuestros alumnos que solo puede alcanzarse a través de un trabajo intenso y motivador de la comprensión lectora en las aulas.

Si consiguiéramos que los anglicismos de turno tuvieran el mismo éxito que la lectura de algunos títulos de pedagogos o sociólogos de referencia, probablemente, cambiaría nuestra mirada hacia la educación y, por defecto, esa imagen que trasladamos a unas familias y alumnos influenciadas por los titulares de unos medios de comunicación que ponen el acento en una educación utilitarista o centrada en el show del momento.

Las tablets, los móviles, los portátiles parece que pierden terreno en las aulas de las edades más tempranas tras los últimos estudios que desaconsejan su implantación antes de los diez años (y se quedan cortos, en mi opinión).  “Los niños aprenden de las relaciones humanas y de las experiencias reales, no de las pantallas” como sostiene Catherine L'Ecuyer en un artículo reciente. Aun así, la inmensa mayoría de centros educativos de infantil o primaria tratan de congraciarse con las familias que demandan una educación "actual" para sus hijos con cachivaches e inglés por doquier. ¿En serio hace falta meter más pantallas, vídeos o aplicaciones en las aulas de los más pequeños? ¿No tenemos suficientes en casa?

Otro de los problemas, a mi parecer, es que se compran toda clase de "innovaciones" para cualquier etapa educativa. Parece no importar si estás preparándote el Bachillerato, cursando un ciclo formativo, en sexto de primaria o sacándote el título de la ESO. Seguimos corriendo el riesgo de saturar a un alumnado con prácticas o herramientas que pueden servir para momentos puntuales pero que aportan poco a un cambio educativo necesitado de más recursos, menor congestión de contenidos y un trabajo colegiado de sus docentes basado en la experiencia, en el propio contexto y en la reflexión educativa.

Incluso, ahora los estudiantes universitarios comienzan a demandar un profesorado menos tradicional o unas hiperaulas que parecen algo muy lejano en la actual escena universitaria. Las ya populares "metodologías activas" se demandan en una universidad que, al igual que en la Formación Profesional, requieren de espacios y tiempos para ese trabajo conjunto del profesorado con el fin de realizar cambios en la evaluación y en la forma de enseñar en el aula.

De este modo, y en el panorama actual, seguimos dando bandazos. Con unos tratando de aplicar esas "nuevas metodologías" pero con falta de tiempo, recursos o apoyo de jefes o compañeros; otros evocando a una innovación con tintes sensacionalistas; algunos más buscando transformar su aula y mejorar la enseñanza con el método prueba y error; y muchos dejándose llevar por la vorágine de una cotidianidad que invita poco a la reflexión de adónde queremos ir.

photo credit: wuestenigel Concept For Action and Reaction in Business With Newton's Cradle via photopin (license)

SIN RECURSOS NO MEJORA LA FP

jueves, 9 de mayo de 2019
Ahora que se acercan cambios en los gobiernos autonómicos de turno, o, con la más que probable continuación de los mismos responsables educativos en el caso de la Comunidad Valenciana, no debiera ser indudable recalcar la necesidad de invertir más recursos en esta Formación Profesional que a muchos nos ocupa y que es tabla de salvación de numerosos jóvenes que buscan su inserción laboral y un futuro alejado de la precariedad.

No me parece obvio porque pasan los años y, en muchos casos seguimos con unos mismos recursos que no están ni a la última ni a la penúltima en nuestros centros públicos o privados sostenidos con fondos también públicos. Nos la vemos y deseamos para sostener un sistema de formación profesional que se adelante a lo que el sistema productivo o de servicio nos demanda. Por mucha campaña de comunicación o artículos de prensa donde incluso se alaba que los jóvenes universitarios tengan que, anómalamente, recurrir a la FP cuando se gradúan. 

Se nos pide innovar pero no se ofrecen horas o permisos para este tipo de ocupaciones donde la investigación pedagógica o la actualización en el área técnica de los docentes debiera ser una norma entre el profesorado de FP. Todo ello desemboca en docentes desmotivados que suelen pensar, acertadamente, en que bastante tienen con sus horas de aula y donde ofrecer una educación individualizada es una labor materialmente imposible.

recursos mejora fpSe promulgan nuevas leyes sin ningún tipo de acompañamiento presupuestario o donde los plazos para entrar en ciertos programas solo provocan unas prisas que suelen ser malas consejeras en temas educativos. Premios, programas de innovación, congresos, exposiciones, etc. tienen su función, sin embargo, no pueden ser sustitutivos de planes de mayor alcance donde la administración educativa tenga una estrategia clara acerca de la formación que necesita todo su profesorado o de los recursos que precisa invertir en todos los centros educativos. Resalto lo de todos, porque creo, sin ninguna duda, que todos los alumnos debieran acceder a centros con los mismos recursos actualizados y con docentes con igual carga de trabajo independientemente de su situación administrativa.

Cambian los tiempos, y, afortunada o desafortunadamente, el profesorado no está ahora dispuesto a hacer verdaderos milagros con los recursos propios o ajenos que tiene a su disposición. Ante todo, la gran mayoría de profesores son profesionales que no se quitan de en medio ni se escaquean de la labor principal para con sus alumnos; aún así, la intensidad de nuestra labor junto a las constantes llamadas a una innovación gaseosa o ciertos requerimientos de títulos que no aportan demasiado, siguen incrementando el agotamiento mental y físico de esta gran generalidad de docentes que pierden gota a gota esa motivación original. Todo ello no es excusa para esos pocos que no cumplen o no dedican la totalidad de su tiempo en el trabajo a mejorar o cumplir con sus obligaciones profesionales o que despotrican permanentemente sin el menor atisbo de autocrítica.

Desde estas líneas ya son varios los años que llevo protestando o sugiriendo ciertos cambios. No pierdo la esperanza, independientemente de quien gobierne. Tengo claro que, la mayoría de los avances se han llevado a cabo gracias al personal de los centros educativos que no escatima esfuerzo ni ilusión en ofrecer una buena formación profesional. La sociedad no es consciente del mérito y la valiosísima función que brindan tantos profesores que sacan petróleo de unos chavales en ocasiones desmotivados, inmaduros o, sencillamente, desorientados personal, académica o profesionalmente. Aún así, no podemos dejar de demandar mejoras que redunden en el alumnado y una carrera profesional que se nos puede hacer demasiado larga si no viene acompañada de esos recursos materiales y humanos necesarios para una economía competitiva y una sociedad en permanente transformación.

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