CONTROL DIGITAL ESCOLAR PERMANENTE

viernes, 19 de noviembre de 2021

Libertad, pensamiento crítico, cultura, competencias técnicas, habilidades blandas... y un largo etcétera de ideales son los que supuestamente la educación actual tiene entre sus objetivos o deseos para con los alumnos de este ya casi maduro siglo veintiuno. Todavía no nos hemos desengañado con el errático uso que hacemos de los dispositivos digitales en la escuela para lograr esos fines; incluso el futuro no es demasiado halagüeño y parece nos depara un bombardeo en el control de datos de los alumnos en forma de amenazas conductistas que modernizarían el paisaje de algunas escenas de la película ochentera "The wall" de Alan Parker.

Seguimos enfrentando la disciplina y el esfuerzo a la falta de curisosidad y ganas de aprender de los alumnos. Los hemos vuelto irreconciliables. Continuamos con discusiones estériles sobre la evaluación, no respetando lo que funciona y añadiendo experimentos que perpetúan un sistema de enseñanza árido y poco estimulante para los estudiantes. Buscamos dar clases lights y que los dispositivos y su software nos solvente la papeleta formativa para que motive a los más jóvenes por real decreto. Sin embargo, el alumno sigue igual de desafecto a las clases, los contenidos académicos y todo lo que rodea el entresijo escolar. Para colmo, el mundo absorbente de las pequeñas pantallas no hace más que distanciarlos de una dinámica de enseñanza-aprendizaje en beta permanente junto a un profesorado con desmotivación creciente. 

Ya estamos sufriendo las plataformas educativas digitales con un sinfín de avisos e incidencias que un profesorado inmerso en un proceso kafkiano tiene la obligación de anotar por motivos intrascendentes o para cubrirse las espaldas si alguna familia resulta manifiestamente incómoda o acusadora. ¿Acabaremos siendo los esbirros de un sistema de control permanente? Los móviles paternos y maternos reciben notificaciones, además de las simplezas en los grupos de wasap familiares, nuevas comunicaciones que les alertan de incumplimientos varios basados en un reglamento con un articulado para duchos letrados. Llegará un día, si no lo ha hecho ya, donde la geolocalización permanente no dejará a los adolescentes saltarse una clase por pura inconsciencia de la edad.

Mientras tanto, las familias se enconan o dimiten de sus obligaciones por puro disgusto o falta de tiempo vital ante tanto fuego amigo. Parece que estamos esperando a que inventen un bot que responda al sinfín de notificaciones para así simular preocupación y no perder la medalla de buenos padres. No sé si los chavales acabarán aprendiendo a base de estímulos y frenos; ignoro si el temor a un apercibimiento digital marcará unas conductas venideras donde el libre albedrío y la personalidad serán cosa del pasado en un futuro donde los algoritmos de Netflix, Amazon, Facebook o Google nos igualarán en mediocridad y egocentrismo.

Soñaremos, como alucina hoy Jeff Bezzos, en un futuro donde la educación obligatoria sea una de esas naves espaciales repletas de bibliotecas, saberes interesantes y actividades que estimulan la capacidad intelectual y artística de nuestros menores; que no sea necesario inventar un planeta Tierra en el que solo estemos de visita mientras unos estímulos electrónicos marcan nuestras aceleradas e inciertas vidas.

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FP EUSKADI: SUMA Y SIGUE

domingo, 14 de noviembre de 2021

Como no podía ser de otra manera, tras más de dos años sin el habitual congreso internacional de Formación Profesional del País Vasco, hemos vuelto a casa con una mezcla de envidia, asombro y algo de fastidio por la situación educativa y laboral que disfrutan los estudiantes y docentes de FP de esta comunidad. Además de las consabidas elevadas inversiones en recursos humanos, instalaciones y equipamiento técnico, siguen avanzado en la reorganización de los centros a nivel interno (equipos directivos, estructura de los ciclos y sus módulos...) así como en una parte metodológica (ETHAZI) donde el trabajo en equipo del profesorado y los alumnos es parte fundamental de su innovador sistema educativo. 

 

Centros de FP como el Miguel Altuna son el paradigma de un sistema formativo que integra, diría que perfectamente, la formación avanzada de sus alumnos junto a una actualización constante con el fin de mejorar también la formación continua de las empresas de su entorno.  Para ello, obviamente, los centros necesitamos unos recursos técnicos a la vanguardia así como docentes en contacto constante con las empresas de su sector profesional con el fin de ofertar formación en competencias valiosas para sus empleados. ¿Están preparados los docentes y los centros de FP para dar esa formación continua a los centros de trabajo? Pasear por este centro es caminar por un espacio que se nos antoja utópico y futurista para la mayoría de mortales de FP. 

 

Asimismo, como se mencionó a lo largo de varias de las ponencias, es indispensable tener en cuenta la transformación digital tanto de los centros educativos como de los empleos actuales y futuros a los que se enfrentarán los estudiantes y técnicos de FP. Una transformación que debe ir enfocada, no solo a la introducción de dispositivos o conectividad, sino también a plantear mejoras y acciones disruptivas en aras de una mayor eficiencia y competitividad gracias a la introducción de nuevas tecnologías.

 

congreso FP EUSKADI 2021

 

Interesante la ponencia de Enrique Fernández Macías, coordinador del equipo de empleo y competencias del Joint Research Center, que concluyó destacando la importancia de unas habilidades cognitivas básicas (flexiblidad, resolución, comunicación...) dentro de los entornos de trabajo, que pueden ser incluso más importantes que algunas competencias digitales o técnicas de carácter específico. Habilidades que también podemos trabajar en las aulas y que son útiles a lo largo de una vida laboral que, inevitablemente, nos lleva a estar en formación permanente. 

 

También clarificador el discurso de Andrés Arizcorreta, presidente de CAF, que insistió en la necesidad de adaptación a las distintas habilidades (comunicación, planificación, liderazgo, adaptación...) y conocimientos (machine learning, inteligencia artificial, análisis de datos, ciberseguridad...) que exige una recualificación y actualización constante del empleo y un sector productivo donde la sostenibilidad y la digitalización son ya una prioridad.


Durante el congreso, los distintos ponentes coincidieron también en la importancia de la humanidad como parte de la formación profesional de los estudiantes. Tenemos el reto de sumergirnos en la digitalización sin perder de vista los valores humanos que compartimos y los derechos laborales de los profesionales; todo ello con la vista puesta en ese futuro incierto donde conviviremos permanentemente con la inteligencia artificial. Un futuro, como expuso Jorge Arévalo, donde nos tenemos que enfrentar a la complejidad creciente de la mano de un talento competente preparado a todos los niveles: cultural, tecnológico, científico, técnico y personalmente.

 

Desde Tknika, con su director Jon Labaka, seguimos aprendiendo sobre la necesidad de trascender las estructuras clásicas de los centros educativos (dirección, jefatura de estudios o departamentos, administración) para incorporar figuras que gestionen y coordinen la innovación en equipos de trabajo y en los centros inteligentes de FP 5.0 que Arévalo nos adelantaba. Una flexibilidad que es hoy imprescindible si queremos avanzar e intentar ese cambio que el futuro de la sociedad nos está planteando. Es preciso permitir la adaptación de los ciclos a las realidad de cada centro, reorganizar los módulos, reprogramar los contenidos y competencias sin perder de vista los objetivos del ciclo y la motivación del profesorado a través de proyectos relevantes apoyados por una Administración donde todos participen.

 

Nos quedaron claras también las ventajas de la colaboración entre centros y con las empresas a nivel nacional e internacional. La cooperación y la internacionalización son claves para los centros educativos siempre que se contemplen los recursos para que se lleven a cabo. Los Centers of Vocational Excellence, que presentó Joao Santos, son un buen ejemplo de ello. 

 

Nos vamos a casa con ganas de seguir progresando en la Formación Profesional, pero teniendo claro que la flexibilidad que se nos demanda también debe respirarse por parte de una administración educativa donde todos los agentes que intervienen en la FP (centros públicos y privados, empresas y estudiantes) cuenten a la hora de tomar decisiones y se avance a través de medidas tanto presupuestarias como audaces.


Prestigiar el empleo para prestigiar la FP

lunes, 8 de noviembre de 2021

¿Se pueden prestigiar los estudios de Formación Profesional si los empleos para los que estamos preparando no son de calidad? ¿Qué debiera implicar esta calidad en el empleo de un futuro técnico o técnica superior de FP? 

 

A menudo centramos el debate en la promoción de la oferta de ciclos formativos de grado medio y superior y dejamos de lado el tipo de empleo adonde llevan estas titulaciones. Cuando un estudiante se orienta hacia un ciclo formativo, un factor relevante para decidirse, siendo pragmáticos, podrían ser las condiciones laborales existentes en ese sector profesional: salario, horarios, vacaciones, etc. La descompensación de la oferta y demanda formativa podría equilibrarse también si los alumnos fueran conscientes de las bondades de determinadas profesiones.


Por otro lado, desde el mundo de la empresa, al igual que se hace en la oferta pública de empleo, debieran empezar a valorarse en mayor medida las titulaciones para el acceso a puestos específicos. Como afirma Ricardo Fernández Guerra en un reciente debate acerca del presente y futuro de la FP, moderado por José María Puya, alias "El Alimentólogo": en ciertos puestos de trabajo sería necesario que se exigiera un título de técnico o técnica superior con el fin de prestigiar los estudios así como requerir unos conocimientos mínimos (además de valiosos) en los centros de trabajo. Títulos oficiales que son garantes de una formación específica junto a unas calificaciones (poco apreciadas a nivel laboral) que son la prueba de las competencias profesionales adquiridas.


Tal vez, de este modo, determinados sectores tendrían una mejor oferta de perfiles profesionales disponibles si ligamos la demanda de empleo a unos salarios competitivos y a unas condiciones atractivas para esos miles de jóvenes que optan por la FP. Las noticias, a menudo exageradamente, mencionan el déficit de personal en ciertas ocupaciones: hostelería, transporte, informática, mecánica.. o incluso en algunos puestos que no disponen de una titulación específica. A todo ello le añadimos una población activa joven que, a diferencia de otras generaciones, parece no estar dispuesto a emplearse sin unas condiciones mínimas que permitan la conciliación personal. 


No sé si es un mito lo de las diferencias generacionales en el trabajo, pero sí observo que las prioridades y el valor por el empleo varían en relación a cómo se apreciaba en los años 80 o 90 del siglo pasado; una época con también una elevadísima tasa de desempleo y unas expectativas poco halagüeñas que favorecían a la fuerza la movilidad geográfica y una inestabilidad como norma. Todo ello llevó a exigir unas regulaciones que, gracias a las reivindicaciones sociales, mejoraron esas condiciones laborales en muchos sectores profesionales (la docencia incluída) que otros lograron con sacrificios y que actualmente parecemos haber olvidado. Ahora, con un individualismo omnipresente, andamos anestesiados y con poca visión de futuro para con nuestros alumnos y nosotros mismos. Las quejas más oídas se refieren habitualmente a situaciones personales y poco a exigencias en aras del bien común. 

 

Así, cuando hablamos de soft skills y toda esa serie de competencias que tan bien quedan en los vídeos promocionales de los departamentos de recursos humanos, podríamos añadir el esfuerzo, la generosidad y la colaboración que nos han demostrado las generaciones que nos han precedido. Es hora de exigir esas mejoras laborales en beneficio de los más jóvenes educando desde la congruencia personal y profesional; con menos quejas estériles y más acción al respecto. Por suerte, tenemos unas generaciones venideras con ganas y formación sobrada que nos tienen como ejemplo (o contraejemplo) para mejorar esta sociedad tan compleja en la que vivimos. 


Los que tenemos un empleo medianamente estable debemos reivindicar esas condiciones mínimas para los jóvenes y próximos técnicos. Sin embargo, antes, debemos comenzar a valorar nuestras propias ventajas sin perder de vista que en cualquier momento podemos también empeorar la situación laboral que ahora disfrutamos y que no debe darse por sentada. La generosidad intergeneracional también se mide en el empeño que ponemos en que nuestros alumnos disfruten de unas condiciones dignas y se nutre con el modelo que reflejamos profesionalmente con la acción cotidiana. 

 

 

Photo by Zahir Namane on Unsplash


MI BATALLA PROFESIONAL CONTRA EL CHÁNDAL

jueves, 4 de noviembre de 2021
Un tema que causa enorme controversia entre el estudiantado hace referencia a la vestimenta habitual con la que acuden a su centro educativo. En la época actual donde el sport style inunda nuestras calles y espacios públicos en aras de una mayor comodidad, parece que no cabe otro tipo de atuendo en muchos de nuestros jóvenes acostumbrados a priorizar el confort sobre todas las cosas. A ello hay que sumarle la necesiidad de ser políticamente correcto junto a una especial sensibilidad a la hora de mencionar que es posible otro vestuario.
 

Los boomers del presente solo hacíamos gala del chandal durante las clases de gimnasia o algún que otro domingo para recoger níscalos en el monte más cercano. Pero, a diferencia de esos tiempos (no siempre mejores), ahora los zapatos y las camisas han pasado a mejor vida y solo se utilizan en ocasiones muy especiales. El chandal gris con elasticos ajustados en los tobillos y mangas es ahora el paradigma de la moda retro y el uniforme escolar no oficial más deseado por una creciente multitud de estudiantes.


En mi particular batalla contra el chandal he llegado a amenazar con algún punto menos en las presentaciones orales (aunque nunca he cumplido la advertencia) o con el destierro indefinido al parque urbano más cercano a la clase. Todo sea para que, en clave de humor, reflexionen acerca de la idoneidad de su vestimenta en función de las circunstancias. Ahora que se llevan tanto las soft skills debiéramos añadir, quizás no la elegancia, pero al menos un cierto gusto adecuado al marco profesional donde se moverán los alumnos en el futuro una vez finalicen su titulación de FP. 


Por suerte, los docentes no tenemos que sufrir obligatoriamente un traje de chaqueta y corbata, pero, al paso que vamos, no será raro ver a algun joven teacher arremangado y con una reedición del chandal de Di Stefano dando una clase magistral o gamificando sin medida. Como parece ser que dijo Karl Lagerfeld: "Los pantalones de jogging son una señal de derrota, de que perdiste el control de tu vida". Ayudemos pues a que lo recuperen. 

 



INCONGRUENCIAS DE LA ESCUELA CON LAS REDES SOCIALES

martes, 26 de octubre de 2021

No es raro oír a padres y docentes despotricar acerca del abuso que hacen sus hijos y alumnos de las redes sociales. Parece que nuestros jovenes aborígenas digitales son culpables del salvajismo ilimitado que les lleva a marear por las redes más tiempo del que la civilización actual recomienda. Los adultos ilustrados somos expertos en dar recetas de buena educación mientras con el pulgar damos likes de reojo cual turistas digitales que somos mientras guardamos cola en las atracciones más visitadas.


Lo grave del asunto no es la actitud desdemedida de la chavalería con raíces digitales; tal vez el exceso venga sobrevenido o alimentado por unos adultos que, desde su propio domicilio o escuela, han caído también en las redes de unos algoritmos que nos idiotizan además de robarnos el tiempo. Sin embargo, pese a sancionar a los estudiantes y regañar a nuestros descendientes por esa adicción al móvil y sus embacuadoras aplicaciones, seguimos con rumbo firme en dar a conocer esas bondades ocultas que aportarán supuestamente motivación, felicidad y conocimiento a nuestros zagales. Pese a la nomofobia creciente y a ese más de un tercio de jóvenes que manifiestan signos de falta de control en el uso del móvil pocos son los que conocen cuánto tiempo pasan en su dispositivo y aplicaciones preferidas. Haz la prueba en el aula, tal vez te sorprendas.


Los responsables de marketing o los más innovadores nos descubren que si no estás en las redes sociales no comunicas; y que si no comunicas permaneces en el oscurantismo como asalvajados digitales. Eso sí, luego medita o mindfulnea con el móvil en la mano sin perder la fotogenia deseada. ¿Merece la pena seguir animando a los más jóvenes al uso de unas redes sociales donde permanecen sin límite alguno? ¿Tiene sentido no advertir a las familias de los más pequeños de los peligros y de la adicción que crean? ¿Es necesario que los menores estén expuestos desde casa y desde la escuela al escaparate de nuestra egolatría virtual? Imprescindible la información de profesionales como P. Duchement para prevenir los delitos cada vez más comunes que son perpetrados contra los menores en las redes sociales. Más recursos en su web: https://pduchement.org/

 


Puedo entender el uso de las redes sociales como medio de comunicación donde la escuela informe o busque trasladar los valores y la profesionalidad de sus participantes; pero discrepo del empleo superficial constante e idiotizador donde las formas o la figura sobreactuan para ganar asiduos. ¿Hace falta exhibirse en Tik-Tok ante los más pequeños? ¿Qué aprendemos con las stories o imágenes que reflejan un encanto natural impostado en el narcisita dominio de Instagram? Priorizar estos medios es la mejor excusa para los que añoran los idealizados años de la EGB donde vivíamos los extraditados digitales del pasado apilados en los mismos pupitres verdes del ahora.


En determinadas edades y a nivel profesional sí tiene sentido analizar y descubrir las oportunidades laborales que nos ofrecen las redes. En LinkedIn o Twitter, incluso desde Instagram, podemos establecer contactos interesantes para futuros empleos, así como trabajar esa llamada marca personal asociada a una identidad digital positiva y diferenciadora en procesos de selección. Ahora bien, esa enseñanza, como cualquier otra, debe ir acompañada de cierta congruencia con nuestros propios perfiles personales en las redes; no es raro encontrar diálogos virulentos o simplezas varias en adultos supuestamente domesticados a nivel digital. ¿Será necesaria una política de redes sociales a nivel profesional docente?


Hace falta una reflexión sosegada sobre lo que queremos trasladar desde las redes sociales de la escuela. Si damos importancia a la lectura, quizás debamos insistir y comunicar sobre ella en las redes; si queremos dar formación sobre medidas sanitarias de prevención pueden ser igualmente un buen medio para formar; y así con cualquier otro tema que consideremos educativamente valioso. Pero si lo que buscamos son seguidores, podemos seguir buscando el espectáculo y la inanidad permanente. Eso sí, no protestemos luego si culpan a la escuela de falta de congruencia.


Photo by Prateek Katyal on Unsplash

LA LECTURA Y LAS COMPETENCIAS PROFESIONALES

lunes, 18 de octubre de 2021

El fomento de la lectura en los centros educativos, más aún en los de Formación Profesional, no suele ser un punto en el que destaquen nuestras escuelas o que forme parte de su relato comercial. Las nuevas tecnologías, los idiomas, las instalaciones u otros valores añadidos a la oferta académica, son más fácilmente vendibles a los estudiantes y a unas familias que piensan de un modo pragmático.

Quizás, si hubiéramos invertido una décima parte de la formación del profesorado y del equipamiento tecnológico en unos buenos planes lectores dirigidos a los alumnos desde el inicio de su escolorazición obligatoria, otro gallo cantaría más dulcemente dentro y fuera de las aulas. Tal vez, multiplicaríamos así la demanda social de centros educativos con una biblioteca ejemplar y profesionales en este ámbito. Seguramente, la lectura tendría un valor funcional mucho más elevado en nuestro entorno social. 


Discutimos mucho sobre la conveniencia de los dispositivos móviles, el visionado de determinadas series televisivas, el uso de los videojuegos, la sostenibilidad, el bilingüismo, etc. Mientras, el debate sobre la necesidad de fomentar un hábito lector, destacando las bondades y disfrute que implica el verbo leer, permanece mudo; solo se despierta en esos días internacionales de... o semanas de... que tanto nos gusta celebrar. 

Para mi sorpresa, la semana pasada, en una charla organizada para nuestros alumnos de un ciclo de grado superior de FP, un directivo de una empresa multinacional valenciana aconsejaba vivamente la lectura a los estudiantes: "Leed todo lo que podáis". Afirmaba, para mi gozo, que gracias a la lectura su vocabulario aumentaría; serían capaces de expresarse mejor oralmente y por escrito; y tendrían más oportunidades de ser seleccionados en un proceso de reclutamiento si se muestran capaces de responder a la oferta de empleo de un modo adecuado y diferente al resto de candidatos. 

 

Muchos sabemos, aunque parece que no la mayoría de enseñantes, que el imperativo y la lectura casan mal a ciertas edades. El "hay que leer" soltado como precepto tiene poco recorrido entre los más jóvenes. Es preciso convencerles de que es posible encontrar lecturas adecuadas a sus gustos; que prueben y deshechen libros; que visiten librerías y bibliotecas (también con nuestra compañía); que la cultura y el placer que ofrece un buen libro está a su alcance y no tiene por qué rivalizar con otras formas de entretenimiento. 

Dejemos el discurso de lo importante que es leer y pongámonos manos a la obra. Llevemos libros a las aulas de Formación Profesional. Recomendemos títulos y acerquemos la lectura a través de las redes, de sus compañeros, de los módulos, de las series, del cine... Ahora que nos gusta tanto hablar de las "soft skills", mencionemos las habilidades que conlleva la lectura habitual. Sin duda, además de las competencias técnicas indispensables en cualquier puesto, en un entorno profesional se requieren técnicos con destrezas comunicativas más allá del simple lenguaje que empleamos en un whastsapp o en un comentario ingenioso en las redes.  

 

Por otro lado, el profesorado necesita formación didáctica y recursos para trabajar el fomento de la lectura. Precisamos conocer los mecanismos que motivan a coger un libro evitando ese aura de actividad forzosa que tanto rechazo ocasiona. En FP adolecemos de la visión y de las herramientas que ayudan a generar nuevos lectores, escasean los útiles para acrecentar ese hábito lector buscado. Pongamos empeño en ello y persigamos los medios para un fin que no debiera tener oponentes; aunque solo sea por el bien de sus competencias profesionales. 

Nos seguimos leyendo. 

 


 

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