Continuando con la temática de los últimos artículos publicados en relación al uso docente de la IA generativa, vengo a reflexionar sobre la necesidad u obligación de mencionar su utilización a la hora de crear y publicar recursos educativos. ¿Debemos hacer una mención explícita en cada material que compartimos con el alumnado? ¿Hay alguna obligación legal o recomendación ética para incluir en los recursos que editamos (apuntes, actividades, imágenes...) el uso de ChatGPT, Gemini, Copilot o cualquier otra herramienta de IA generativa?
Para responder a estas cuestiones, conviene en primer lugar analizar la normativa de la Unión Europea al respecto en su Reglamento 2024/1689 y en el Reglamento modificativo 2026/1744 recién publicado sobre la aplicación de normas armonizadas en materia de inteligencia artificial. ¿A qué obliga al profesorado? En este reglamento no aparece la obligación de poner una declaración de IA en todos los materiales docentes ni prescribe ninguna fórmula para mencionar su uso. Tan solo hace mención a que la Comisión deberá fomentar y facilitar códigos de buenas prácticas europeos para: «la detección, el marcado y el etiquetado de contenidos generados o manipulados de manera artificial».
Observamos que la actualización de 2026 no convierte los apuntes, fichas, presentaciones o actividades de un profesor en materiales que obligatoriamente deban llevar una etiqueta de IA. Tan solo refuerza la necesidad de que las organizaciones formen y orienten a quienes usan IA, incluidos potencialmente los docentes, pero no obliga a poner una etiqueta en estos materiales. El Reglamento europeo de IA sí establece obligaciones de transparencia en algunos casos concretos. Por ejemplo, cuando se difunden deepfakes —imágenes, audios o vídeos manipulados o generados por IA que pueden parecer auténticos— debe informarse de su carácter artificial. También exige transparencia para determinados textos generados o manipulados por IA que se publican con el fin de informar al público sobre asuntos de interés público. En cualquier caso, según la norma, el mero hecho de utilizar IA para preparar un texto no implica automáticamente una obligación legal de etiquetarlo como generado por IA, especialmente cuando el profesor revisa, corrige, adapta y asume la responsabilidad del contenido.
Por otro lado, en la disposición de julio de 2026 se exige adoptar medidas para apoyar la promoción de la alfabetización en IA, teniendo en cuenta los conocimientos, experiencia, educación, formación, contexto de uso y personas afectadas. En principio todo ello nos lleva al profesorado a la necesidad de tener unos criterios, y no simples intuiciones, acerca de: qué usos son apropiados; cómo verificar el contenido; cuándo existe obligación de transparencia; cómo proteger los datos; cómo detectar errores y sesgos; o cuándo no debe delegarse una decisión en la IA.
Asimismo, si tomamos como referencia las "Directrices éticas sobre el uso de la IA y los datos en la educación y formación para los educadores" la idea de fondo nos señala que la IA puede utilizarse para crear, adaptar o recomendar recursos, pero el docente debe revisar, contextualizar y responsabilizarse del resultado. Las directrices también contemplan que el profesorado debe saber cómo incorporar a su trabajo contenidos de IA editados o manipulados y cómo acreditarlos. Ahora bien, no establecen una fórmula concreta de declaración ni obligan a utilizar APA, MLA u otro sistema bibliográfico. En definitiva promueven un uso transparente, supervisado y responsable, en el que el docente conserve el control, proteja los datos, compruebe los resultados y haga reconocible la intervención de la IA cuando sea relevante.
No tenemos por tanto una obligación legal para mencionar el uso de la IA generativa en nuestros materiales, pero esa transparencia, cuando las herramientas de inteligencia artificial generativa hayan contribuido de forma sustantiva a la elaboración de un material docente, nos recomienda indicar de forma clara la herramienta empleada, la finalidad de su utilización y el alcance de la intervención de la IA. Esto aconseja que los centros educativos establezcan criterios comunes sobre cuándo y cómo declarar el uso de IA generativa, cómo verificar sus resultados, qué información no debe introducirse en estas herramientas y qué responsabilidad conserva el docente sobre los materiales finales.
En principio, sería tan sencillo como que el profesorado fuera conocedor de una declaración de uso de inteligencia artificial generativa:
Cuando la IA generativa haya contribuido de manera sustantiva a la elaboración de un material docente, deberá indicarse de forma clara la herramienta utilizada y la finalidad de su uso. El profesorado deberá revisar, validar y adaptar los resultados antes de su utilización educativa y mantendrá la responsabilidad sobre el contenido final.
Y, en su caso, sería suficiente una declaración en los materiales del docente indicando:
IA generativa: [herramienta] utilizada como apoyo para [finalidad]. Las aportaciones generadas han sido revisadas y validadas por el docente, que asume la responsabilidad sobre el contenido final.
Cuestión distinta sería si tuviéramos que hacer una simple cita bibliográfica, tipo normas APA, para mencionar únicamente la utilización de la IA generativa pero sin asumir la supervisión humana y ni la responsabilidad del docente. Para estos casos, tomando como ejemplo la guía de la APA tan solo sería necesario citar con la siguiente estructura:
En un texto:
Para generar ejemplos iniciales de casos prácticos contextualizados se utilizó ChatGPT (OpenAI, 2026).
Como referencia al final de un documento o presentación:
OpenAI. (2026, 15 de septiembre). Problemas contextualizados sobre logística internacional [Chat de IA generativa]. ChatGPT. https://chatgpt.com/share/XXXXXXXX
Entiendo que, además del sentido común en la utilización de la IA, es necesario reflexionar, acordar y establecer unas normas comunes con el fin de ser también ejemplo para nuestro alumnado. Además de por las razones éticas arriba mencionadas, es educativo trasladarles la necesidad de revisar los materiales generados y hacer un uso adecuado, buscando además controlar las fuentes que generan esos datos que a menudo damos por sentado. No hay por qué avergonzarse de su uso si se hace con transparencia y formando de paso a los estudiantes. Cuesta muy poco.
Fuente imagen: generada con IA mediante ChatGPT (OpenAI, 2026), a partir de instrucciones del autor.


