UNA FP QUE VA PARA LARGO

miércoles, 15 de abril de 2026

 


 

Transcurrida gran parte del actual curso, ya podemos de nuevo hacer cierto balance de las medidas, cambios o acciones que nos ha tocado implementar, con mayor o menor agrado, en el sistema de Formación Profesional recientemente estrenado. Por lo que intuyo, el sentir del profesorado no parece derrochar ilusión al respecto. Incluso se adivina cierta claudicación. 

 

Indudablemente, y entendiendo que toda transformación requiere paciencia, más aún a nivel educativo, creo que hemos dedicado gran parte de los esfuerzos a cumplir con esas nuevas programaciones en las que ya sabemos que el papel todo lo aguanta y con el fin de cumplir cara a la galería con esas decenas de criterios de evaluación que, como bien sabemos, no tendremos tiempo de verificar en unos currículos con un menor número de horas lectivas e incluso sin actualizar en muchos casos. Parece que nos hemos aficionado a jugar a la quiniela. Siendo sabedores que, con suerte, el ChatGPT de turno comprobará este papeleo. 

 

Estos dos cursos nos hemos hecho especialistas en revisar papeles para cumplir con unas exigencias que difícilmente tendrán un impacto positivo si no se emprenden con la motivación e intenciones que proponen las nuevas leyes de Formación Profesional. Programar teniendo en cuenta los resultados de aprendizaje de cada ciclo tiene sentido cuando se revisan y se busca su actualización adaptándonos a la realidad de nuestro entorno y centro educativo. Es un craso error el seguir a pies juntillas unos currículos oficiales que son inabarcables. Además, y entonando el mea culpa, en muchos casos seguimos creyendo fundamental incluir todos y cada uno de los contenidos que hasta ahora veníamos transmitiendo. Coincidimos en la importancia de atesorar unos conocimientos básicos, pero cada vez es más evidente el déficit de competencias personales y sociales del alumnado. 

 

Para más inri, la inteligencia artificial ya impacta de pleno en las aulas y en la forma de trabajar y aprender (o aprobar) del alumnado. Si a ello le sumamos una diversidad creciente del alumnado y dificultades con la salud mental o el comportamiento de los más jóvenes, estamos ante la tormenta perfecta. Pero ahí seguimos, preocupándonos más de una documentación que agobia al profesorado, y que poco o nada afecta a nuestra docencia, o buscando certificarnos en esas mil y una formaciones que se suponen mejorarán nuestra competencia digital o nuestra pericia como programadores profesionales. Nada nuevo bajo el sol. ¿Dónde quedó la innovación? 

 

En muchos casos, la innovación, y tras muchos años peleándonos por implementar metodologías activas, se ha quedado en un proyecto intermodular descafeinado donde incluso alguna que otra comunidad autónoma permite seguir entregando trabajos individuales para superar este nuevo módulo. Un módulo que, con buena intención, pretende que el profesorado trabaje en equipo junto a su alumnado, buscando acercar la realidad profesional a través de proyectos o retos colaborativos. Pero el agobio, la falta de motivación o una mala interpretación de la norma, lleva a muchos docentes a quedarse solos ante el peligro con un módulo que no habían pedido. 

 

Poco más de lo mismo pasa con una sostenibilidad y digitalización cuando solo se entiende desde la lectura de unos apuntes o un libro de texto estandarizado para todo tipo de ciclos. La aplicación de estos asuntos al sector profesional o productivo parece a menudo ser una coletilla que molesta. De nuevo, se cae en la tentación de volver a una FP que destaca los contenidos en lugar de buscar una aplicación real a un entorno digital o a esa economía verde que ya no es opcional en el mundo del trabajo. 

 

¿Y qué decir de la Formación en Empresa? Las FCT pasaron a mejor vida, pero en muchos casos poco a cambiado en relación a esa dualización exprés que ahora sufren con escasos recursos los tutores de este renombrado módulo. Los esfuerzos para su implementación son enormes, pese a la poca flexibilidad o incluso falta de adaptación o de rectificación en aquellos aspectos que así requieren sus gestores. Cambios que debieran haber venido de la mano de mayor información y sensibilización dirigida hacia unas empresas acostumbradas a participar en la FP tanto por su responsabilidad social como para captar talento. 

 

A pesar de todo ello, y sabedores de que las Administraciones son lentas e inexorables, me quedo con esa enorme potencial mejora que tenemos a nuestro alcance; y que todo progreso requiere de una mayor inversión junto a un reajuste de los recursos heredados. Son muchos los aspectos que pueden ser mejorados tanto a nivel normativo y presupuestario como a nivel de centro. Una vez hayan transcurridos estos dos primeros cursos con el nuevo sistema, parece evidente que esa transformación deseada, al igual que las iniciativas a las que insta la normativa pertinente, deben desarrollarse con los objetivos que inicialmente se buscaban y tomando en cuenta la experiencia sufrida. Y, tal vez, cohesionar o buscar sinergias entre las comunidades autónomas. 

 

Creo que debemos continuar o comenzar a darle sentido a las programaciones buscando mejorar las competencias del alumnado haciendo un uso inteligente de los currículos y los resultados de aprendizaje que demandan. Debemos mantener la mente abierta, cumpliendo la norma pero sin convertirnos en fariseos de su observancia. Es preciso explicar mejor la ley que soporta todos estos cambios y divulgar las razones y los medios para una implementación provechosa. Desde los despachos, a través de buenas prácticas y docentes referentes que pueden servir de modelo a aquellos que ahora andan deambulando sin un rumbo. Afortunadamente, hay entidades, dirigentes y profesores anónimos que siguen cimentando la FP con su apoyo constante y mirada puesta en el alumnado. Tenemos grandes activos. 

 

No podemos caer en la desesperanza o en la crítica constante a una burocracia que hay que sortear inteligentemente (y artificialmente si es necesario), ni despotricar de la juventud que ahora puebla nuestros centros educativos. No sé si tenemos la mejor juventud posible, pero es a la que nos debemos. Mirar con los mismos ojos que antaño no aporta demasiado a un debate donde es necesaria una orientación y formación pedagógica adecuada. Hemos perdido demasiado tiempo con ocurrencias sin evidencia alguna o creyendo que alguna herramienta digital cambiaría nuestra enseñanza magistral. Necesitamos más reflexión educativa, más lecturas sosegadas, más debate con sentido y una selecta formación continua para no perder el escaso tiempo que nos queda para preparar bien las clases y atender a sus ocupantes. 

 

También es preciso recordar(nos) la función social que hacemos, pese al estancamiento de las condiciones laborales del profesorado, y, como indica la ley, promover una carrera profesional con recursos para investigar y acercarnos físicamente a la realidad de las empresas de nuestro sector. Desterremos lo meramente académico, sin desdeñar las humanidades, para que nuestra etapa siga siendo ejemplar para la mejora de la empleabilidad de su alumnado y para el crecimiento económico de nuestro país. No nos convirtamos en un surtidor barato de títulos o en simple negocio que vende un humo muy costoso.

 

Además, nuevas y anteriores generaciones de docentes pueden seguir aportando y combinando formas de enseñar y aprender. Escuchando sin pontificar y buscando el bien común. Con experimentos y experiencia, junto a pedagogías contrastadas. Ahora, además de hacer y transformar esta FP, corresponde hacer una parada para convencernos de la senda que queremos tomar con el fin de seguir dando clase con los mejores motivos y el mayor confort posible. Porque esto va para largo. 

 

Foto de Max Zhang en Unsplash

CLAVES PARA FUTUROS PROYECTOS INTERMODULARES

sábado, 28 de marzo de 2026

 

claves de proyectos intermodulares FP

 

En el evento online que tuvo lugar el pasado jueves dentro del MOOC sobre Proyecto Intermodular en FP, promovido por Caixabank Dualiza, tuvimos la suerte de contar con la presencia de Ricardo Fernández y Núria Ferré como invitados y docentes experimentados en este tipo de proyectos o retos intermodulares que tantas dudas e inquietudes están suponiendo para muchos docentes de Formación Profesional desde el pasado curso académico debido a su obligatoriedad. 

 

Además de recomendar la escucha atenta de sus intervenciones, me gustaría destacar algunos aspectos que también creo que son claves para programar un módulo que solo tiene sentido si se diseña con la colaboración del equipo docente de cada ciclo formativo y buscando un sentido real a las tareas que demandamos. A pesar de las distintas normativas, las diferencias existentes a nivel de centro educativo, el entorno socioeconómico o los recursos disponibles, la actual ley de FP nos lleva obligatoriamente hacia un modelo donde es imprescindible no solo un trabajo colaborativo del profesorado y sus estudiantes, sino también una forma de enseñar y aprender vinculada lo máximo posible a las demandas de las empresas del sector. 

 

Sin duda, idear proyectos teniendo en cuenta los intereses del alumnado, sobre todo en ciclos de grado medio o básico, nos facilitará la implicación del alumnado. Al igual que la introducción de la tecnología aplicada a nuestros módulos profesionales o ese acercamiento real a las empresas vinculando los proyectos a sus necesidades. También es una buena idea buscar la difusión de los proyectos llevados a cabo por el alumnado a través de medios de comunicación locales o buscando su promoción en los canales oficiales de nuestro centro educativo. El uso profesional de la inteligencia artificial, la incorporación de las nuevas o las básicas competencias que precisarán, el acercamiento a la empresa o un planteamiento sugerente del desafío que deben superar, son buenos ingredientes para este tipo de proyectos intermodulares.

 

Asimismo, como Núria y Ricardo mencionan, es recomendable comenzar a diseñar este tipo de proyectos antes del verano; estos próximos meses son ideales para que los equipos docentes tengan diseñados sus proyectos de cara al curso inmediato. Comenzar su diseño en septiembre no es lo más adecuado. También es deseable mantener cierta estabilidad en los equipos de trabajo y comenzar, en su caso, con al menos dos o tres profesores y módulos, que se coordinen y programen aquellas tareas o entregables que interesa trabajar para la adquisición de las competencias y resultados de aprendizaje del ciclo formativo. Buscar esa complicidad con los compañeros para hacer más grato este tipo de aprendizaje facilitará su desarrollo en el futuro. El compañerismo y la transigencia son fundamentales frente a esa forma de trabajar individualista que solemos arrastrar.

 

Podemos comenzar con retos o proyectos intermodulares pequeños y desde esa flexibilidad a la que alude insistentemente el nuevo sistema de Formación Profesional. No podemos caer en el error de enfrascarnos en tablas interminables, como si fuera un sudoku, donde el principal objetivo es cumplir con una programación imposible a efectos prácticos. En mi opinión, es vital acercar todas las tareas demandadas en los retos a la realidad profesional de cada titulación técnica. Pensar como empresa, y no solo a nivel académico, es fundamental para dar sentido a este tipo de proyecto intermodulares. Estos retos son una buena oportunidad para desarrollar esas otras competencias personales que ya diferencian a los profesionales en el actual entorno tecnológico: actitud, curiosidad, resolución, perseverancia, comprensión, modales, etc. 

 

Por todo ello, es necesaria la colaboración del profesorado de Itinerario Personal para la Empleabilidad (IPE) o de esas otras transversales (idiomas, digitalización o sostenibilidad) que se acoplan a la perfección a las necesidades de nuestros proyectos. No tiene sentido el desempeño de estos módulos profesionales a través de unos contenidos enlatados y sin una vinculación específica con el sector productivo al que va destinado nuestro alumnado.  Por todo ello, también es imprescindible reflexionar sobre la evaluación del proceso, tanto a nivel individual o de los equipos de trabajo, sistematizando la calificación y la mejora de unos proyectos que con el tiempo iremos perfeccionando. 

 

No menos importante es plantear estos retos para que puedan ser reutilizados en cursos posteriores. Si somos capaces de acordar e idear proyectos, si somos flexibles y solidarios con los compañeros del ciclo, acabaremos simplificando unos proyectos que en un primer momento nos resultan desafiantes frente a nuestra forma habitual de dar clase. Como también apuntaban, es imprescindible una formación pedagógica para trabajar de otra forma a nivel intermodular; así como visitar y conocer otros centros educativos y experiencias de aprendizaje relacionadas con la puesta en marcha de este tipo de retos. Afortunadamente, tenemos cada vez más referencias inspiradoras para aprender y adaptar estas prácticas a la realidad de nuestras aulas. 

 

Foto de goffredo crollalanza en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

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