CÓMO EVALUAR COMPETENCIAS TRANSVERSALES Y PARA LA EMPLEABILIDAD EN FP

martes, 14 de julio de 2026
 
competencias empleabilidad FP Transversales

 
La complejidad e inabarcabilidad de las programaciones de los módulo profesionales con el nuevo sistema de Formación Profesional, nos ha llevado a algún que otro renuncio, equívoco o desespero por tratar de cumplir las exigencias de la normativa en cuanto a una evaluación competencial donde los resultados de aprendizaje son la base de todo, mientras tratamos de dar sentido a todos esas unidades formativas que llevamos años trabajando. Hasta hora todo era relativamente sencillo, cuando los instrumentos de evaluación se reducían básicamente a una serie de exámenes, actividades y algunas prácticas de carácter más técnico donde la actitud se valoraba a ojo o a través de ciertos indicadores que suponían un porcentaje de esa calificación necesaria cada trimestre.


Ahora, la norma y el espíritu de la misma, nos orientan hacia una evaluación formativa donde deberíamos contemplar una evaluación inicial, así como una diversidad de instrumentos de evaluación que nos ayuden a medir el desempeño profesional que nos indican los resultados de aprendizaje y sus respectivos criterios de evaluación. La actitud o esos valores que son imprescindibles para todo buen profesional ya no caben como una parte más de la nota final del módulo. En tiempos de inteligencia artificial, donde es sencillo resolver tareas técnicas o académicas, las empresas demandan cada vez más competencias transversales como la autonomía, cooperación, comunicación, trabajo en equipo y capacidad de adaptación. 
 
 
El reciente informe  "OECD Employment Outlook 2026" señala que las competencias no cognitivas y las prácticas de trabajo tienen un papel importante en los resultados laborales. En concreto, indica que mayores niveles de autonomía en la tarea y de cooperación en el trabajo se asocian con salarios más altos, lo que refleja la creciente importancia de las prácticas de trabajo centradas en las personas. Incluso afirma que la formación en trabajo en equipo, liderazgo y gestión de proyectos se asocia con mayores salarios. También dice que las competencias cognitivas y no cognitivas son complementarias: no basta con saber técnicamente, sino que el valor de esas capacidades aumenta cuando el trabajador tiene autonomía y trabaja en entornos cooperativos.

Los currículos oficiales anteriores al Real Decreto 659/2023 hablan de de «competencias profesionales, personales y sociales» en lugar de para la empleabilidad. En cualquier caso, ahora deberíamos extraer esas competencias no cognitivas para la empleabilidad, y a nivel de ciclo, con el fin de trabajarlas de forma coordinada y consensuada por el equipo docente tanto a nivel modular como intermodular; y teniendo en cuenta especialmente el módulo Itinerario Personal para la Empleabilidad (IPE) I y II y el Proyecto Intermodular para su desarrollo en el aula. Aún así, si queremos trabajar estas competencias para la empleabilidad a nivel de centro sería de interés señalar conjuntamente aquellas que consideramos comunes en nuestra familia profesional o aquellas que suelen encajar en el perfil profesional del ciclo formativo.


En la siguiente propuesta, a través de cinco competencias clave (PACTO) buscaremos mejorar ciertos comportamientos profesionales y personales que ayudan al alumnado a trabajar mejor, convivir en un entorno laboral, adaptarse a distintas situaciones y demostrar responsabilidad en las tareas. Estas competencias se trabajarían dentro de las actividades, proyectos, retos, prácticas o situaciones de aprendizaje vinculadas a los resultados de aprendizaje de cada módulo. No deben sustituir la evaluación técnica del módulo, sino que deben ayudarnos a valorar cómo realiza el alumnado la tarea: cómo participa, se organiza, se comunica, colabora y mantiene una actitud profesional adecuada. Podríamos, para no complicar nuestra evaluación, incluir estas competencias en alguna tarea, proyecto o reto vinculada a los distintos resultados de aprendizaje (RA) para así darle la importancia que estas requieren y que así afecten a la calificación del RA implicado.

Con el acrónimo PACTO remarcaremos la importancia de las siguientes competencias:


P - Participación y compromiso

El alumnado participa de forma activa y responsable en las tareas propuestas. Se observa si llega y se incorpora a tiempo, atiende las indicaciones, se implica en la actividad, mantiene una actitud de trabajo y cumple con las fases o tareas previstas. También se valora que aproveche el tiempo de clase y que muestre interés por mejorar.


A - Autonomía y responsabilidad

El alumnado organiza su trabajo y avanza con responsabilidad. Se observa si entiende lo que debe hacer, planifica los pasos de la tarea, utiliza los recursos disponibles, pide ayuda cuando la necesita y entrega el trabajo en el plazo establecido. También se valora el uso responsable de dispositivos, materiales y herramientas.


C - Comunicación profesional

El alumnado se comunica de forma clara, respetuosa y adecuada al contexto profesional. Se observa si expresa sus ideas con orden, escucha a los demás, formula preguntas adecuadas y utiliza un lenguaje verbal y no verbal correcto. También se valora el cuidado de la ortografía, el tono, la presentación de documentos y la imagen profesional en exposiciones, mensajes o simulaciones.


T - Trabajo en equipo e iniciativa

El alumnado colabora con otras personas y aporta al resultado común. Se observa si cumple su parte del trabajo, respeta los acuerdos del grupo y a sus compañeros, ayuda cuando es necesario, aporta ideas o soluciones y puede explicar cuál ha sido su contribución individual. También se valora que asuma responsabilidades y participe en la mejora del trabajo colectivo.


O - Orden, cortesía y conducta profesional

El alumnado mantiene una conducta adecuada en el aula, taller, empresa o entorno de trabajo. Se observa si respeta las normas, cuida los materiales, mantiene el espacio ordenado, utiliza un tono adecuado y trata a las demás personas con educación. También se valora que contribuya a un clima de trabajo positivo y seguro.


En las actividades o tareas que consideramos aplicar PACTO no solo se valora si saben hacer la tarea, sino también cómo la realizan. La puntuación podrá suponer hasta un 25% de la calificación de la tarea si tomamos los cinco ítems. Cada ítem logrado sumaría 0,5 puntos en tareas calificadas sobre 10, mientras que los ítems no procedentes no penalizarían. Es importante señalar que con la puntuación PACTO no se debe compensar la no superación del desempeño técnico mínimo asociado al resultado de aprendizaje de la tarea evaluada.
 
De este modo, y si nos atenemos a la legislación vigente en Formación Profesional, podemos aplicar este sistema de PACTO o cualquier otro similar que se apoye en la importancia de las competencias transversales necesarias para la inserción, permanencia y progresión en el empleo que incentiva el nuevo sistema de FP; que respete una evaluación que toma como referencia los resultados de aprendizaje y los criterios de evaluación donde estas competencias se integran en tareas, proyectos, retos o actividades relacionados con los RA y CE del módulo; y que se enmarca dentro de la autonomía pedagógica de los centros para acordar herramientas compartidas siempre que estén recogidas en la programación, sean conocidas por el alumnado y se basen en evidencias objetivas.

Por todo ello, y recalcando el último punto, tanto por cuestiones normativas como pedagógicas es deseable explicar el significado de cada una de las competencias aplicables a cada tarea para que saber qué se espera de él antes de ser evaluado. Por coherencia pedagógica no se puede calificar una competencia que no se ha enseñado, practicado o modelado previamente. Por tanto, además de describir adecuadamente cada ítem o competencia, es necesario que el profesorado se plantee su desarrollo en el aula. Por ejemplo, podríamos seguir la siguiente secuencia:

1. Presentamos el ítem PACTO que se va a trabajar y qué significa.
2. Mostramos ejemplos de conducta adecuada y no adecuada.
3. Proponemos una actividad breve para ensayarlo.
4. Damos feedback: correcciones durante el proceso, antes de calificar.
6. Revisamos: comunicamos al alumnado qué debe mantener y qué debe mejorar.

Quizás, la parte más compleja de este tipo de evaluación competencial se produce a la hora de buscar esas evidencias objetivas que nos permitan de forma sencilla valorar al alumnado a nivel individual (sobre todo en los trabajos en equipo). Para una valoración más justa podemos combinar dos o tres evidencias como las que a continuación señalamos para determinar cada competencia como lograda o no lograda:
 
  • Participación: registro de avance, intervenciones, cumplimiento de fases. Autonomía: planificación, entrega parcial, observación del trabajo en aula. 
  • Comunicación: exposición oral, documento escrito, respuesta a preguntas durante la exposición o defensa. 
  • Trabajo en equipo: observación docente, acta de reparto de roles, aportación individual.
  • Orden y conducta profesional: observación directa, ausencia/presencia de incidencias, cuidado del material.

Esta propuesta de evaluación de competencias para la empleabilidad se puede desarrollar muy bien tanto en los proyectos intermodulares donde tenemos más evidencias, como en aquellas tareas o retos colaborativos donde la autonomía, la comunicación, el trabajo en equipo o las conductas profesionales se pueden observar más fácilmente por parte del profesorado. Como comentábamos anteriormente, será necesario incluir en la programación este tipo de evaluación de forma clara para que el alumnado entienda la importancia de estas competencias y su repercusión en la calificación:

Aplicación de PACTO en retos y proyectos

En los retos, proyectos o tareas prácticas del módulo se podrá aplicar la herramienta PACTO para valorar competencias comunes de empleabilidad. Estas competencias reflejan comportamientos profesionales importantes en cualquier entorno de trabajo.

PACTO significa:

P: Participación y compromiso. 
A: Autonomía y responsabilidad 
C: Comunicación profesional. 
T: Trabajo en equipo e iniciativa. 
O: Orden, cortesía y conducta profesional.

Cuando se aplique PACTO, el profesorado indicará antes de comenzar el reto o proyecto qué ítems se van a valorar y qué evidencias se tendrán en cuenta. No siempre se evaluarán los cinco ítems, solo aquellos que tengan relación con la actividad.

La calificación principal del reto o proyecto corresponderá al desempeño técnico vinculado a los resultados de aprendizaje y criterios de evaluación del módulo. PACTO podrá suponer hasta 2,5 puntos sobre 10, siempre dentro de la calificación de la tarea.

Ejemplo de reparto:

7,5 puntos: desempeño técnico del reto o proyecto. 
2,5 puntos: competencias PACTO.

La puntuación PACTO se obtendrá mediante evidencias observables, como la participación, la organización del trabajo, las entregas parciales, la comunicación, la aportación individual al equipo, el uso adecuado de materiales o herramientas y la conducta profesional durante la actividad.

PACTO no sirve para aprobar un reto o proyecto si no se alcanza el mínimo técnico exigido. Es decir, una buena actitud profesional no compensa la falta de logro del resultado de aprendizaje.

Si se produce un incumplimiento grave relacionado con PACTO, como una falta de respeto, abandono de la tarea, copia, manipulación de evidencias, uso inadecuado grave de dispositivos, conducta que impida trabajar al grupo o incumplimiento de normas de seguridad, el alumnado podrá perder la puntuación total de PACTO de esa tarea. Además, si procede, se aplicarán las normas de convivencia del centro.

El objetivo de PACTO es ayudar al alumnado a mejorar su forma de trabajar y prepararse para actuar de manera responsable, autónoma, colaborativa y profesional en el mundo laboral.

HAGAMOS POSIBLE OTRA FP

viernes, 26 de junio de 2026

 


 

He tenido la fortuna de visitar distintos centros públicos o privados de Formación Profesional a lo largo y ancho de toda España. Desde Andalucía hasta Galicia, o desde Baleares hasta León, el profesorado solemos tener inquietudes comunes: necesidad de más recursos, ya sea en instalaciones modernizadas o equipamiento técnico actualizado; mayor cercanía al sector profesional a la hora de programar los módulos; falta de trabajo en equipo y coordinación docente por cuestiones organizativas del centro o por escasa cultura de trabajo cooperativo del profesorado; competencia digital docente desigual o descoordinada; o falta de herramientas para motivar al alumnado y buscar su implicación en el aula. 

 

Por suerte, el profesorado de FP suele mostrar muy buena disposición para afrontar los cambios a los que nos obliga la nueva normativa que surge cada curso o los avances que se producen en nuestro entorno profesional más cercano. Habitualmente, el problema para superar estos avatares no viene solo de esa falta de recursos antes mencionada sino también de una falta de visión estratégica donde es preciso buscar sentido pedagógico a la norma y, al mismo tiempo, ser capaces de implementar medidas que resulten sensatas y útiles a nuestros propósitos: un aprendizaje auténtico y mayor conexión con la empresa. Todo sea por la empleabilidad y futuro de un alumnado falto de certezas. 

 

El problema viene cuando no se entiende esa flexibilidad a la que alude la norma máxima que ahora mismo rige el sistema de Formación Profesional; la Ley Orgánica 3/2022, de 31 de marzo, de ordenación e integración de la Formación Profesional que señala en su artículo 1:

 

La finalidad de la norma es regular un régimen de formación y acompañamiento profesionales que, sirviendo al fortalecimiento, la competitividad y la sostenibilidad de la economía española, sea capaz de responder con flexibilidad a los intereses, las expectativas y las aspiraciones de cualificación profesional de las personas a lo largo de su vida y a las competencias demandadas por las nuevas necesidades productivas y sectoriales tanto para el aumento de la productividad como para la generación de empleo. 

 

Podríamos desgranar aún más la mención a la flexibilidad o a la autonomía de los centros que se hace desde las distintas normas que vienen ordenando la FP en los dos últimos años. Sin embargo, somos en ocasiones nosotros mismo quienes ponemos palos en las ruedas a cualquier tipo de cambio que reordene o transforme lo que venimos haciendo y que es manifiestamente mejorable. Desde la Administración educativa, inspección o técnicos, equipos directivos, consultores de calidad u otros responsables académicos, se coarta esa flexibilidad de la mano de una mala interpretación de un sistema de FP que nos orienta, dentro de un determinado marco, hacia la innovación y la adaptación de nuestros módulos y las diferentes competencias que surgen con el tiempo. Y aquí el algodón no engaña: si andamos más ocupados justificándonos que mejorando la enseñanza, algo está fallando con la aplicación normativa.

 

Seguimos perdiendo el tiempo en reuniones donde debatimos más sobre porcentajes que sobre competencias. Acabamos abrumados y desmotivados por tareas que solo suponen cumplimentar fichas intrascendentes. Nos devanamos los sesos reordenando hojas de cálculo con tal de cuadrar al milímetro los resultados de aprendizaje y criterios de evaluación que son manifiestamente inalcanzables.Y así seguimos engordando ese museo virtual donde duerme la documentación acumulada de miles de docentes. 

 

Al final, todos esos asuntos que sabemos son primordiales acaban relegados a un segundo plano mientras nos colgamos la medalla del buen cumplidor. Pese a los pocos días que quedan para cerrar el curso, sigo insistiendo en la necesidad de cuestionarnos la organización interna a pesar de los límites que nos autoimponemos a menudo por evitar cualquier tipo de conflicto. ¿Estamos innovando en nuestros ciclos? ¿Trabajamos realmente en equipo con los compañero y sabemos enseñar a hacerlo al alumnado? ¿Promovemos y destacamos la evaluación de las competencias para la empleabilidad o personales de los estudiantes? ¿Tenemos un plan y un marco de actuación que impulse las competencias digitales del profesorado y la introducción de la inteligencia artificial en las aulas? ¿Sabemos llevar a cabo una evaluación formativa real? ¿Hacemos algo con todos lo datos que recogemos durante el curso? ¿Medimos lo que no funciona o aquello que nos ayuda a avanzar y cumplir con nuestra misión como centro educativo?

 

Estas y otras muchas preguntas que planteo me parecen necesarias para que, ahora que andamos de capa caída, no sigamos tirándonos piedras en nuestro propio tejado. Pensemos y diseñemos situaciones de aprendizaje valiosas para nuestro alumnado y sin perder demasiado el tiempo malabarismos legales que cualquier herramienta de IA generativa nos podrá resolver y justificar ante cualquier burócrata. Atendamos al espíritu de la norma y a ese sentido común que nuestra experiencia señala; pero sin perder de vista que toda transformación educativa requiere, además de prueba y error, un conocimiento profundo tanto a nivel técnico como pedagógico. Ya que tengo la sensación de que a menudo nos quedamos en las formas. Seamos flexibles. Evitemos redundancias y trabas para lograr una Formación Profesional más posible y actual. 

 

Foto de Joao Vitor Marcilio en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

.

Back to Top