HABLAR MAL DEL ALUMNO

lunes, 26 de febrero de 2024

 

hablar mal del alumno

Un buen indicador de la profesionalidad del docente está en la forma de referirse hacia su alumnado. No se trata de valorar las filias o fobias de cada uno, ni medir la mayor o menor bondad que cada uno atesora. La forma habitual que tenemos de calificar o adjetivar a los estudiantes, cómo valoramos sus acciones personales o académicas, o qué palabras utilizamos para dirigirnos hacia ellos dice más de nosotros que de ellos mismos. Y no me refiero a las formas, que pueden ser más o menos coloquiales o correctas según el entorno en el que estamos hablando. A casi todos se nos ha podido ir la lengua en alguna ocasión o no somos lo políticamente correctos que debiéramos. 

 

Afortunadamente, en las aulas no es habitual encontrar situaciones donde el desconsiderado o inoportuno sea el docente. Tal vez los alumnos, por inmadurez o falta de educación familiar, son más propensos a faltar el respeto hacia sus compañeros o profesores. Sin duda, hemos pasado de una escuela donde el temor reinaba en las aulas a estar en un contexto más laxo y cercano que favorece las impertinencias. Difícil equilibrio. En estos casos, como docentes, no nos queda otra que educar con todo lo que conlleva este término; porque no solo instruimos sino que constantemente tenemos la oportunidad de valorar aquellos actos que consideramos moralmente adecuados o inapropiados. Aún así, seguimos dando por sentados muchos de estos comportamientos, como si ser una persona correcta e instruida viniera de fábrica en nuestros jóvenes o niños. 

 

Sin embargo, el objeto de este artículo alude hacia la forma de hablar que utilizamos en público para referirnos a nuestros estudiantes, aún no estando ellos presentes. Hacer comedia o ridiculizar cualquiera de sus actuaciones no tiene excusa alguna. Tal vez nos pueden resultar graciosas ciertas respuestas o comportamientos e incluso nos sonríamos con la boca pequeña con las ocurrentes contestaciones de algunos; pero nunca es apropiada la chanza sobre aquellos para los que trabajamos. La burla o las odiosas comparaciones sobre la juventud actual tampoco son justas ni aportan nada en un contexto bien diferente al que tuvimos en nuestra época. Además de la desmemoria que solemos padecer, sin caer en la cuenta que no siempre fuimos esas personas formales y diligentes que ahora somos...

 

Al final, un truco infalible para saber cómo hablar sobre nuestros alumnos, es imaginar cómo me gustaría que hablaran sobre mí o sobre mis hijos; independientemente de las idioteces, las insolencias, la ineptitud o la ignorancia que suele venir de serie por edad o procedencia de esa valiosa materia prima con la que ocupamos nuestras jornadas lectivas. Ser bienhablado, cuando mencionamos a un alumno o alumna, también es educativo.


Foto de Dmitry Vechorko en Unsplash

LA NUEVA FP: ¿QUÉ NOS INTERESA A LOS DOCENTES?

sábado, 17 de febrero de 2024

 


En breve vamos a sufrir o disfrutar las consecuencias de la nueva Ley de FP aprobada en el año 2022 y desarrollada el pasado año a través de un Real Decreto. A medida que se van aproximando los cambios previstos va in crescendo el interés de los docentes sobre cómo pueden verse afectadas sus funciones. ¿Qué pasa con mis módulos? ¿Qué hay de esa FP dual que ahora se generaliza? ¿Cómo quedan los currículos oficiales de los títulos? ¿Qué ocurre con la FCT, FOL o el PFC? Todos, de una u otra manera, tememos ver alteradas nuestras dinámicas y un trabajo al que tenemos cogida la medida. Sospechamos que la zona de confort no va a verse ampliada sino que más bien acabaremos desalojados de la misma.

De forma muy resumida, podemos ver algunos aspectos destacables que van a verse afectados con esta nueva Ley y su teórica aplicación para el próximo curso 2024/2025:
 

  • Unificación de la oferta formativa. La FP se erige ahora como un sistema integrado que abarca la formación para empleados, desempleados, y aquellos estudiantes que se deciden por esta etapa. La nueva estructura está compuesta por distintos grados: desde la A hasta la E, la FP se despliega ofreciendo desde acreditaciones parciales hasta especializaciones. Cada grado es un peldaño que el estudiante puede ascender, acumulando competencias y calificaciones específicas.
  • Reconocimiento flexible de aprendizajes. La formación recibida no es un camino lineal sino modular, permitiendo que el aprendizaje previo sea capitalizado y reconocido, reduciendo así la redundancia y fomentando la eficiencia educativa.
  • Actualización curricular. La reforma trae consigo una actualización significativa en los currículos de los ciclos de grado básico, medio y superior, incluyendo nuevos módulos enfocados en habilidades digitales, sostenibilidad y empleabilidad. Se introduce en todos los ciclos el "proyecto intermodular", uniendo teoría y práctica a través del aprendizaje colaborativo y por proyectos.
  • Dualidad como norma. La FP se rediseña bajo un modelo dual, implicando una colaboración más estrecha entre centros educativos y el mundo laboral, con una porción significativa del aprendizaje realizándose en empresas en cada curso de los ciclos y un mayor número de horas de prácticas que afectaran a la organización horaria de algún modo.
  • Adaptaciones para la diversidad. Se establecen modalidades de formación presencial, semipresencial y virtual en la oferta de ciclos formativos, así como una oferta modular para atender a las necesidades educativas especiales a través de adaptaciones metodológicas.
  • Compromiso con la calidad. La normativa introduce medidas para mejorar la calidad de la formación, incluyendo la reducción progresiva de ratios alumno/profesor, la promoción de la innovación y la investigación, y el fortalecimiento de los servicios de orientación profesional.


Para conocer en más detalles estos cambios son muy clarificadores los materiales publicado por Caixabank Dualiza y FPEmpresa. También vale la pena echar un visualizar atentamente los vídeos del canal de Youtube de Teacher MrSoler al respecto de cómo nos afectan estos próximos cambios a nivel docente y en las programaciones de los módulos.

Lo que parece claro es que este nuevo escenario va a conllevar una reestructuración de los ciclos y de las horas que cada especialidad tiene ahora atribuidas en los ciclos formativos, así como todo parece indicar que el proceso certificador de los distintos grados implicará una carga administrativa mayor a las entidades involucradas en la formación. Nos falta además por ver el distinto desarrollo normativo que hará cada comunidad autónoma y los recursos que cada administración educativa aportará para implementar las pretendidas mejoras de esta nueva Formación Profesional. 

 

A nivel docente lo que realmente nos importa es cómo quedarán los módulos que ahora impartimos y saber cuándo, y verdaderamente, se actualizarán las competencias, los resultados de aprendizaje y los criterios de evaluación en los que debiera basarse una renovada programación didáctica. Suponemos que todo no será un mero cambio de libros de texto. Veremos si se hace a tiempo y con la debida sensatez, si se mantiene la vista puesta en lo que necesitan los estudiantes para su inserción profesional de un modo flexible a la vez que riguroso. También estaremos expectantes por saber si se contemplan recursos (mediante horas disponibles) para impulsar la investigación aplicada, la innovación, la internacionalización o el emprendimiento al que hace referencia la nueva normativa. Si todo se queda en un cambio de cromos, o en una mayor carga burocrática para los centros educativos, habremos perdido la oportunidad de transformar verdaderamente esta etapa educativa. Confiemos en que las modificaciones en la ordenación académica y dotar de una mayor autonomía a los centros educativos resolverán ciertas trabas a las que nos enfrentamos hoy en día. Suponiendo también una gestión más eficiente de los recursos. 


Espero igualmente que las distintas administraciones autonómicas compartan recursos (programaciones, materiales didácticos, metodologías, etc.) e inviertan sin caer de nuevo en diferencias injustas tanto para los estudiantes como para el profesorado según cursen la formación en una u otra región. Queremos dar clase con instalaciones y herramientas adecuada y necesitamos además estar al tanto de aquellas metodologías e investigaciones que mejoran el aprendizaje del alumnado. Tampoco estaría mal aprovechar esta ley para contemplar el desarrollo de la carrera docente; una mejora más necesaria que nunca en un entorno profesional donde comienzan a escasear los perfiles docentes en muchas especialidades. Veremos.


Foto de Diane Picchiottino en Unsplash

CRITICAR AL DOCENTE

lunes, 12 de febrero de 2024

 


No sé en otros sectores profesionales, pero los docentes, acostumbrados a un trabajo que se realiza la mayor parte del tiempo entre las cuatro paredes de un aula, a solas y junto a un grupo de estudiantes, no estamos muy por la labor a que pongan en entredicho nuestra docencia. Del aula o jaula, como diría Toni Solano, pasamos a un despacho o al escritorio doméstico donde corregimos exámenes o diseñamos con mayor o menor fruición los materiales didácticos. La docencia, pese a los cambios acelerados que vivimos, sigue siendo una tarea excesivamente solitaria. Salvando excepciones, por supuesto. 

 

Ese aislamiento puede ser una de las causas de lo mal que encajamos la crítica. No importa los años de experiencia docente que atesores o la valía del crítico: sientan mal los comentarios. Pecamos tomándonos de un modo personal cualquier juicio de valor sobre nuestro desempeño. Esa falta de compañía habitual puede favorecer una autonomía mal entendida o un compañerismo donde no caben valoraciones discordantes. No sea que nadie se enfade. 

 

Incluso la estructura horizontal de los centros educativos, donde son los propios compañeros los que ocupan puestos directivos, fomenta esa ausencia de autoridad formal e informal donde todos supuestamente sabemos de cualquier aspecto relacionado con la enseñanza. Salvando, desafortunadamente, las incidencias informáticas que nadie quiere dominar... Ponemos en entredicho cualquier tipo de decisión escolar pero somos pocos dados a admitir enmiendas a nuestra labor personal. Sin embargo, a no ser que gustemos vivir en la inopia, somos conocedores de las muchas veces que metemos la pata o que podríamos haber actuado profesionalmente de un mejor modo.  

 

Lo mismo ocurre en el aula. Cuando comienzas la andadura como docente es habitual tratar de ganarte el respeto siendo severo y echando mano de castigos o sanciones. Hay que mostrarse duro. Con los años, si has envejecido bien, toleras más ciertas actitudes y tratas de ganarte al alumnado con el fin de que presten un interés en vías de extinción. La docencia es un difícil equilibrio donde jugamos a ser flexibles sin caer en la intransigencia. Teóricamente, en aras de esos valores democráticos que debiéramos promover, también estamos obligados a escuchar y tomar en consideración las opiniones del alumnado. O, al menos, debatir con ellos la sinrazón de sus propuestas. Una buena práctica para entender y no olvidar los razonamientos propios de la edad. Sin, por supuesto, perder de vista que también podemos andar equivocados ocasionalmente. 


La soberbia profesional es uno de los peores defectos que podemos arrastrar como docentes. Los mejores compañeros son aquellos que proponen y se muestran abiertos a iniciativas motivadas, a la vez que admiten sugerencias y no pontifican alegremente o sin conocimiento. Controlar el ego, en una profesión con escasas superstars, no debiera ser una misión complicada. Tal vez, uno de los males de la profesión viene cuando solo escuchamos a quienes nos interesan, a las personas más allegadas, a los que nos secundan incondicionalmente. Nos quedamos encajados en la crítica o en el desahogo. Pero, de tanto en tanto, aparecen esas otras personas que no hay que dejar escapar, que saben mucho más que nosotros, que actúan sin sobresaltos, que escuchan y leen no solo entre líneas. Compañeros que pueden servirnos de referencia para comenzar una autocrítica que nos cuesta encajar tanto o igual como las críticas ajenas. 


Criticar nos suena en negativo, a reproche. Necesitamos una crítica que suponga un análisis y valoración fundamentada del trabajo diario que desempeñamos. Debemos aceptarlas sin rencores ni antipatías hacia aquellos que nos critican; siempre que sea con ánimo de mejorar la escuela que tenemos y ofrecer la mejor formación posible a nuestro alumnado. Sin ocurrencias ni bandos, sin otros intereses impropios. La clave está en criticar con buena fe y aceptar las criticas profesionalmente. 


Foto de Mauro Gigli en Unsplash

HARTAZGO EN LAS AULAS

miércoles, 7 de febrero de 2024

 


 

La sensación de hartazgo parece poblar las aulas. Actualmente, no solo los docentes, sino también el alumnado, tienden a expresar con mayor frecuencia su descontento; ya sea por un ambiente difícil en el aula, aprendizajes considerados como irrelevantes, los comportamientos disruptivos, la burocracia creciente o cualquier otro de esos elementos que sobrevienen en un sector profesional complejo por la diversidad de personas que participan en el mismo. 

 

Para más inri, nos centramos en señalar a la tecnología como uno de los culpables máximos de todo este desaguisado que solo ocasiona malestar y esa sensación de inutilidad de una escuela que hace lo que buenamente puede. Centramos el debate en el móvil sí o no, ahora ponemos o quitamos portátiles, y en breve pasaremos a discutir sobre si bloqueamos la conexión a Internet. Todo sea por vivir en paz... O eso pretendemos. Sin embargo, dudo que la solución a todos esos males o la respuesta a las quejas incesantes se resuelvan con un apagado digital. 

 

Los docentes manifiestan un estrés creciente, y no parece ser una cuestión generacional. Según el último Barómetro Internacional de la salud y el bienestar del personal educativo, más de la mitad de los docentes considera muy o bastante estresante su trabajo desde el inicio del curso escolar; casi el 50% a menudo, muchas veces o siempre, sienten desequilibrios en su vida profesional y personal o no duerme adecuadamente. Y lo mismo ocurre con la cantidad de docentes que manifiestan limitación en las actividades diarias por motivos de salud (principalmente a causa de fatiga, trastornos mentales o del sueño y depresión). Al menos, casi tres cuartas partes del profesorado, se sienten cómodos con las herramientas digitales y consideran que facilitan su trabajo; pese a que casi la mitad consideran que es fuente de conflicto en las relaciones con el alumnado. Aún así, ¿es la tecnología el causante de la causa? No lo creo.


En mi opinión, seguimos mareando la perdiz en el mundo educativo. Entiendo que es necesario un análisis profundo de todo ese malestar docente que también observamos habitualmente en nuestro alumnado. Ya sea una cuestión de salud mental, que se nos escapa a la gran mayoría de docentes, o una consecuencia de la evolución de la sociedad; debiéramos comenzar a investigar y establecer medidas que no deterioren todavía más las relaciones con la escuela. Los desafíos son cada vez mayores y la sensación de inacción es evidente. Nos movemos por percepciones y ocurrencias. Seguimos en el aula con recetas caseras tratando de abordar problemáticas que nos superan. La inclusión, la diversidad, el bienestar emocional y los cambios curriculares, no hacen más que complicar una profesión de por sí compleja. Y los medios disponibles todavía son insuficientes o mal gestionados; y el enfoque profesional que a veces planteamos tampoco favorece los objetivos de la escuela. Unos objetivos en entredicho que debieran considerar, sin duda alguna, el crecimiento personal, social y emocional de todos los alumnos. 

 

Podemos hacer comedia sobre lo blandas que son las generaciones actuales, pero no caemos en la cuenta del agobio o el cansancio que arrastran colegas más o menos experimentados. Nos quejamos de los estudiantes que se quejan y sin embargo criticamos con frecuencia las medidas que se toman en los centros educativos o desde las administraciones públicas. La congruencia no es nuestro fuerte. Hemos perdido la vara de medir. No sabemos relativizar en una sociedad con más recursos que nunca pero con unos niveles de insatisfacción crecientes entre los jóvenes. Predicamos mucho sobre la resiliencia, pero no hemos dominado las herramientas para desarrollarla. El mensaje o el mensajero se han perdido. Los verbos agradecer y valorar no se conjugan con asiduidad.


Tal vez ayudaría tener una visión común de lo que debe significar la escuela para nuestros hijos y alumnos. Suena demasiado utópico. Seguimos discutiendo entre la indudable importancia de los conocimientos, mientras unos desdeñan los valores que debe transmitir la escuela o minimizan las contrariedades que otros sufren. Corremos el riesgo de caer en una renuncia silenciosa donde el único desarrollo profesional docente va unido a terminar cuanto antes la jornada laboral. Y el hartazgo se va espesando. Familias, alumnado o docentes a disgusto con un sistema educativo que no cumple sus promesas ni expectativas. Se protesta tanto de saberes poco prácticos o nada significativos como de un exceso de orientación temprana hacia la competitividad laboral. Andamos mareados.

 

Al igual que con el calentamiento global, ya estamos padeciendo las consecuencias de un clima escolar que se vuelve sofocante con mayor frecuencia. No advertimos lo suficiente la necesidad de unas leyes educativas consensuadas con rigor y sin arbitrariedades, en un clima político y social que no anticipa nada bueno (hasta la elección de una insípida canción de Eurovisión causa disgustos). Nos queda, a los optimistas entre los que me encuentro, seguir el pensamiento que habita en la frase atribuida por algunos a Eduardo Galeano: 

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.

 

Foto de Wesley Tingey en Unsplash

INTELIGENCIA ARTIFICIAL: ¿REPETIMOS EL MODELO EDUCATIVO?

miércoles, 31 de enero de 2024

 

LA IA Y EL MODELO EDUCATIVO

El aterrizaje de la Inteligencia Artificial (IA) en nuestras aulas tiene a día de hoy un pronóstico más que reservado. Es innegable su influencia en los procesos de enseñanza y aprendizaje; así como, parece que los docentes volveremos a llegar tarde a ese paradero final donde la tecnología nos proporciona medios para ser más capaces tanto a los estudiantes como al profesorado. Y no me refiero únicamente a las competencias digitales. 

 

Repetir los mismos errores que antaño no es nada difícil en el mundo educativo. Somos presas fáciles de titulares sensacionalistas, listas de éxitos, discursos políticos y tendencias suministradas por interesados varios. Pese a las usuales buenas intenciones de los que trabajamos en la escuela, así como de las familias y sus alumnos, es sencillo caer en los mitos que a pies juntillas abrazamos, demonizando o adorando ciertas prácticas para, en el fondo, hacer poco más de lo mismo y buscando culpables donde no corresponde. Se presume la inocencia de muchas metodologías didácticas por simple desconocimiento o herencias recibidas sin atender a su origen. 

 

En esta sociedad del conocimiento, donde nos las prometíamos felices en un sistema donde se valoraba cada vez más la educación recibida, puede que nos hayamos desviado hacia una sociedad competitiva donde lo que importan son las respuestas correctas y los títulos atesorados. En el mundo educativo, cuando hace unas décadas comenzamos a alucinar (en el buen sentido de la palabra) con las posibilidades de Internet o con la irrupción de empresas tecnológicas como Google o Apple, creímos sin duda que teníamos la llave a una nueva forma de relacionarnos con el conocimiento más allá de las disertaciones o libros de texto que acostumbrábamos a recibir sin demasiada pasión.

 

Ahora, como si la historia se repitiera de nuevo también en la educación, estamos otra vez obnubilados con una tecnología que nos aporta muchos datos (y nos hurta otros tantos) y donde corremos el riesgo de hacer una utilización insustancial de la misma. No tiene mucho sentido que solo busquemos respuestas con una IA generativa (tipo ChatGPT) donde el corto y pego, ahora más ágil, es similar a ese guglear al cual la mayoría de personas acudimos para seleccionar y fiarnos de una contestación de entre las diez primeras obtenidas. 

 

Y los estudiantes, como no podría ser de otra forma, se reconvierten y continúan a la carga en la búsqueda de la eficacia y la eficiencia escolar: resolver problemas o entregar tareas al gusto del profesorado en el menor tiempo posible. Con la añadidura actual de la complicada detección de plagios o trampas varias que, indudablemente, siempre han existido. No hace falta buscar una cita de un filósofo presocrático para confirmarlo. Ya vamos tarde si no repensamos las tareas o proponemos otras actividades donde no importa tanto el producto final como el proceso para llegar al mismo. Seguramente ya nos habrán colado más de una respuesta fácil a una compleja pregunta con un sencillo prompt en su IA favorita. Nada nuevo en un planeta tierra donde fusilar contenidos es un deporte de riesgo popular. Luego nos hartaremos a hablar sobre la ética en su uso, pero la realidad nos atontará y acabaremos regalando datos a cambio de una cuenta gratuita o difundiremos contenidos de unas fuentes cada vez más difusas. 


En mi opinión, tampoco acertamos si enfocamos los usos educativos de la IA de igual modo en cualquier etapa educativa. Podemos seguir errando el tiro, al igual que ocurrió con la fiebre que introdujo dispositivos en la escuela para hacer casi lo mismo, y que sigue manteniendo vivas ciertas quimeras; ya se demuestran los efectos superiores en la comprensión texto de aquellos que leen en soportes impresos sobre los que lo hacen en digital con alumnos de infantil o secundaria. ¿Tantos cursos después no hemos medido los efectos de la introducción de la tecnologías en el aprendizaje?, ¿no sabemos todavía qué metodologías, con la colaboración de herramientas digitales, son las más adecuadas según el nivel educativo donde ejercemos? ¿podemos gastar algo más en la dotación de bibliotecas escolares en lugar de ocurrencias fugaces?


A nivel de la Formación Profesional, nunca ha sido fácil trabajar la comprensión lectora de textos expositivos, instructivos o argumentativos. El carácter eminentemente práctico de esta etapa no quita la necesidad de entender adecuadamente unas instrucciones, revisar un argumentario, comprender un artículo científico o sacar unas conclusiones. Incluso ahora, con la IA generativa, cotejar textos, extraer la información válida, verificar los errores o seguir unos procedimientos, son competencias que no pueden ser trasladadas completamente a ninguna herramienta tecnológica. Igulamente es necesario, además de esa capacidad crítica, ir en búsqueda de una creatividad que no solo se obtiene a través de prompts o aplicaciones con IA generadoras de vídeos o imágenes. Sigamos, o comencemos, a dar importancia a una tecnología que nos puede ayudar a idear, crear contenidos nuevos, conectar con otras personas, descubrir recursos, etc. No nos quedemos solo en el uso de una plataforma virtual donde seguimos con los deberes de antaño y donde la comprensión queda en un segundo planto. Difícil tarea la nuestra. 

 

Con la IA tenemos también la oportunidad de reflexionar acerca de la evaluación que arrastramos. Entiendo que es fundamental cambiar lo que medimos. Si antes abusábamos de las calificaciones o ponderábamos en exceso las entregas finales, sin posibilidad de rectificación y mejora, ahora estamos en un buen momento para trabajar con buenas fuentes de información eludiendo las IA para lo estrictamente necesario; a través de pocas pero buenas tareas donde lo que cuenta es la comprensión y el aprendizaje a lo largo de todo el proceso. Incluso, ¿por qué no?, trabajar momentos con textos y materiales sin necesidad de conexión o evaluar formativamente esa capacidad de entendimiento con otro tipo de actividades o pruebas personales. 

 

Nos guste más o menos la tecnología, es imparable. También en el mundo educativo. Añorar tiempos de tiza y tarima donde la selección natural y social era el factor preeminente es poco realista; además de inútil, en una sociedad donde la escuela puede y debe hacer de contrapeso ante un modelo que apuesta por el consumismo y la apariencia, pero que no puede sustraerse de las competencias y valores que necesitarán nuestros alumnos cuando dejen las aulas. 


Foto de Annie Spratt en Unsplash

FP A MEDIDA DEL ALUMNADO

martes, 23 de enero de 2024

 

FP A LA MEDIDA DEL ALUMNO

La FP es una etapa compleja en muchos aspectos, y uno de ellos está relacionado con la diversidad de alumnos que nos encontramos en las aulas. La creciente demanda de estudios de Formación Profesional tiene como consecuencia, además de grupos más numerosos, una extensa variedad de estudiantes que provienen de otros ciclos formativos, de estudios reglados tipo la ESO o el Bachillerato, titulados universitarios o personas que vienen del mundo laboral buscando un cambio de sector o una certificación profesional. Una amalgama en toda regla. 


Según el último estudio de CaixaBank Dualiza, 1 de cada 3 estudiantes que finaliza la ESO estudia FP, pero solo un 62,74% de los estudiantes en el curso 2021-2022 finalizaron sus estudios de Formación Profesional. Tal vez, estos porcentajes son una muestra más de la dificultad añadida que nos encontramos en aulas con estudiantes que presentan motivaciones dispares o necesidades variopintas por cuestiones personales. Alrededor de un 8%, sobre el total de FP, son estudiantes extranjeros y un 1,59% tienen discapacidad y trastornos graves. En definitiva, el maremágnum que hay en las aulas, por diversos motivos, precisa una atención más específica en cada nuevo curso.

 

Luego, si nos fijamos en otros datos estadísticos del Ministerio de Educación, FP y Deportes, relativos al seguimiento educativo posterior del alumnado de FP, podemos destacar que: de los graduados en FP Básica en 2020-2021, el 58,8% accede a un ciclo de FP Grado Medio en 2021-2022; el 50,2% de los graduados en FP Grado Medio en 2018-2019 inició un Ciclo Formativo de Grado Superior en los tres años siguientes; o que el 25,5% de los graduados en FP Grado Superior en 2018-2019 cursan estudios universitarios en los tres años siguientes. Observamos de nuevo una gran disparidad a la hora de continuar estudios o buscar salida en el mercado laboral. 

 

De nuevo, la labor orientadora es más necesaria que nunca tanto antes de comenzar un ciclo formativo como al final del mismo; incluso durante su formación, en aquellos casos donde se abandona prematuramente la titulación cursada. Todo ello también nos lleva a plantearnos la atención que damos en las aulas, no solo en cuanto a la formación en competencias técnicas sino también a la hora de transmitir esas otras competencias personales y sociales que suelen ser las más costosas de trasladar al alumnado. Pero, ¿estamos debidamente preparado para ello? El fortalecimiento necesario de los servicios de orientación específicos para los centros de FP es una buena medida (en aquellas comunidades autónomas que así lo contemplan), pero el resto de recursos de atención a la diversidad o una gestión del aula con estudiantes de muy diferentes perfiles, no puede hacerse solo con el sentido común que se nos supone; se precisa una formación específica al respecto. 

 

Por el momento, seguiremos tratando de dar esa formación a medida para cada uno de esos perfiles que abundan en las aulas: aquellos que estudian por obligación, los que toman la FP como una vía para otros estudios, los que están porque no sabían qué hacer, los faltos de motivación personal o valoración de sí mismos, los que buscan un trabajo, los que quieren reciclarse o reinventarse, los disruptivos o los atentos, los responsables o los indolentes, o los que exigen aprendizajes frente a los que solo quieren que el curso pase cuanto antes. 

 

Ante esta disparidad de actitudes, intenciones o capacidades, no nos queda otra que mantener un espíritu constructivo donde el diálogo y la paciencia son nuestros mejores aliados. Es sencillo quemarse en un ambiente escolar que suele caldearse con frecuencia y donde la exigencia profesional es alta si quieres que todos tus alumnos aprendan. Encontrar esos equilibrios en el aula, donde la tolerancia y el respeto caben, y sin necesidad de amargarse la existencia diaria a la par que tratamos de cumplir con las responsabilidades propias, hacen de la docencia una ocupación imprevisible, por no decir inefable.

UNA EDUCACIÓN SOFISTICADAMENTE IMPERFECTA

jueves, 18 de enero de 2024

 


Empezamos el año, que no el curso, y cuesta vislumbrar mejoras significativas en nuestra profesión; no hay señales halagüeñas de que enseñar sea menos desafiante que en aquel pasado ilusorio donde todo era mejor. Aquí seguimos dando clase, tratando de ser escuchados y de que perdure algún fragmento de nuestro mensaje diario en el disco duro de nuestros jóvenes alumnos. La inmadurez sigue igual de verde que entonces, al igual que lo rancio obnubila los sentidos y acabamos departiendo sobre lo secundario.

 

Continuamos con esa formación informal del profesorado donde (casi)todos procuramos hacerlo lo mejor que podemos en el aula dependiendo de la dosis de paciencia que no hayamos agotado. Ocurrencias bien intencionadas nos sobran, pero luego está el aula donde si no hay cierta disposición y afectos la jornada se vuelve interminable. Estudiantes que no escuchan, conflictos personales, correcciones eternas, dificultades particulares y... ese maremágnum de normas, procedimientos y novedades que nunca hay tiempo para absorber con sentido porque nos enredan en una docencia con altibajos exagerados (a nivel de carga lectiva y responsabilidades) a lo largo del año.   

 

Demasiados días donde el agotamiento da paso a malas caras y respuestas fuera de lugar. Demasiados mensajes optimistas donde sonreír parece la respuesta a todos los males. Demasiados consejos no solicitados y recetas empaquetadas con el filtro que nos interesa. Demasiados estudiantes que no saben lo que les interesa porque no hemos tenido tiempo para preguntárselo. Escolares quejosos consecuencia de adultos irritados con pocas razones. Muchos egos para una educación que requiere discreción y sencillez y menos presunción de títulos o ganancias extraordinarias. Mucha mala política educativa interesada en titulares y en no molestar demasiado a los protestones habituales pese al malgasto corriente.  


Aspiramos a sobrevivir lo mejor que podemos. Dedicamos más tiempo a despotricar que a sugerir mejoras en aras del bien común. Nos sentamos con la mirada puesta en el reloj y con la mano manchada de una tiza que compite con ese inteligente artificial que lo único que no logrará será robarnos el puesto; acabaremos siendo el único dispositivo que el estudiante no podrá desconectar cuando le interese. Ya empiezan a escasear esos perfiles humanos de una población envejecida que requiere sustitutos comprometidos hacia una sociedad donde el sentido de pertenencia no cotiza al alza. Pronto se valorará más el contacto personal, pero auténtico, en un mercado a rebosar de títulos digitales difíciles de filtrar. 


Sin embargo, pese a la intensidad de lo que nos ocupa, nos quedan las caras de aquellos alumnos que se sorprenden cuando aprenden algo nuevo. Mantenemos todavía momentos de complicidad con esos chicos y chicas espejos de lo que fuimos y que son nuestro colágeno mental y corporal. Conservamos intacta la necesidad de seguir aprendiendo para enseñar algo mejor. La capacidad de renovarnos es ilimitada. Y la autonomía profesional, para bien y para mal, es amplia. Con fortuna, nos dejarán seguir centrados en lo que más importa y no tanto en lo que nos interesa. Con algo de suerte podremos focalizar los esfuerzos en dar, sin regalar, una buena base de conocimientos, competencias y valores a todos y cada uno de los que nos aguantan un día tras otro. Ojalá no perdamos la sensibilidad. En todos los sentidos.

10 REGALOS CON Y SIN IA PARA DOCENTES

miércoles, 3 de enero de 2024

 

regalos para docentes

 

Aún estás a tiempo de hacer un regalo especial a esa o ese docente especial que te acompaña en casa o en el trabajo. El profesorado somos una especie profesional distinta fácil de asombrar en cualquier tienda de baratijas importadas, tipo Tiger o Ale-Hop, donde la vaca de la entrada sonríe cuando detecta el ansia por ese material escolar que acostumbra a sufragarse el propio enseñante. La digitalización no ha podido con esa multitud de paridas con las que presumir de su inutilidad ante los colegas o discentes. 

 

Una vez pasado Papá Noel, el innovador de estas fiestas tradicionales, toca esperar a SSMM los Reyes Magos; seguros de nuestro buen comportamiento en las aulas y talleres, durante los satisfactorios claustros o mientras suceden las productivas sesiones de evaluación. Son incuestionables nuestros constantes elogios a la organización escolar, la normativa académica y el buen hacer de los compañeros y compañeras del departamento a lo largo del pasado año. Somos unos benditos que lo merecemos todo. Incluso nos alegraremos si el otro recibe mejores presentes y compartimos materiales por doquier. Comparar está feo. 

 

No me alargo más, no sea que finalmente reciba combustibles fósiles por exceso de guasa. Os dejo aquí con los mejores regalos navideños, festivos, democráticos o monárquicos (como cada cual guste hoy en día), especiales para docentes, para incluir en la lista del próximo 6 de enero. 

 

1. Smart glasses. Los desamparados señores de Meta, junto a la reconocida marca Ray-Ban, han sacado al mercado unas gafas para con las que podrás hacer llamadas y enviar mensajes por WhatsApp, Messenger y SMS sin utilizar las manos, solo con tu voz, como ellos mismos apuntan. Un cachivache genial que seguro tiene alguna utilidad educativa intrascendente, más allá de grabar a tus pobres alumnos sin respetar su privacidad, a la vez que evitamos usar el móvil en clase (si es que eso se practica) para ver cómo anda el niño o estudiar la clasificación de la liga. 

 

2. Un Tupperware [tuperguare] es un excelente regalo para cualquier docente, sea innovador o profesaurio. Combina a la perfección lo conservador (al vacío) y lo novedoso. Una marca de garantía para esas anheladas comidas recalentadas en la sala del profesorado donde se compite por el menú más saludable. Quitando los torreznos del moderno de turno. 

 

3. La docencia es agotadora y exige a menudo dosis elevadas de cafeína para soportar ese horario del que siempre despotrica tu colega. El gasto en cápsulas suele ser elevado durante el curso y economizar con cápsulas rellenables de tu máquina de café favorita es una magnífica idea. Sostenible para tus párpados y para el planeta. Para los amantes del poleo menta también hay teteras plegables para almacenar junto a los exámenes.

 

4. No todos estamos hechos para una visita semanal al gimnasio. La cultura del cuerpo, donde todo pasa por estar fit, exige mucho sacrificio. Casi más que la lectura completa de un artículo de prensa. Mantener la lozanía, pese a los varios sexenios de docencia, y que sigan tuteándote cuando te preguntan la hora se ha vuelto una carga laboral que merecería su propio complemento. Un estimulador muscular eléctrico (aunque acabe luego al fondo de un armario) ahorra matrículas improductivas en el gym mientras visionas tu serie favorita y alimentas tu tableta de chocolate. 

 

5. Únete al enemigo y empatiza con la muchachada. El reggaetón tiene su aquel. No todo se terminó con las letras educativas de Siniestro Total, Barricada o Sex Pistols. Regala este libro de Pablito Wilson para que tu docente se empape y conozca la música urbana actual. Lo siguiente será pasar por el filtro del autotune tus lecciones magistrales... (lo de llevar chándal mejor déjalo para el profesorado de Educación Física).  


6. Nunca está de más un bonito cuaderno para anotar ideas, ocurrencias, experiencias personales o profesionales. Una Moleskine es ideal como borrador de esos proyectos educativos que algunos comienzan a denostar por su mala aplicación o falta de formación al respecto. Puede ser además una buena idea para iniciarse en el lettering, visual thinking, copywritting, content creation, designing, illustration, piltring, etc. Incluso puede servir para dar forma a tus pensamientos. Tampoco están nada mal las agendas de Valtrus

 

7. Una camiseta ecológica reivindicativa, si te atreves, es también un buen regalo. Aún a riesgo de que te acusen de intento de adoctrinamiento, rojipardo, progre, woke... 👊 Siempre queda la opción de lucirla solo (o sólo) en casa debajo del batín. Si el susodicho o susodicha no es tan temerario puedes apostar por una bata laboral de Valento o de "La batita presumida" El hábito hace al maestro...


8. El vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma hasta el fondo y asegura la curación de la tristeza. Haremos caso a Lucio Anneo Seneca y obsequiaremos con un buen vino de Casa Los Frailes (en este caso barro para casa) para retomar un curso siempre agotador. Guarda la opción 0,0 para las celebraciones en el aula.

 

9. Si tienes presupuesto, y antes que adquirir una licencia de ChatGPT, invierte tus ahorros en un robot de planchado. Mucho más útil que cualquier bot redactor de exámenes y temarios insulsos. Serás la excepción en un claustro habitualmente arrugado. Ni inteligencia emocional ni artificial: la mente es plana. O si tu escuela se ha convertido en un centro sin pantallas, sin IA o sin luz eléctrica, no dudes en adquirir un buen teléfono analógico. No admite distracciones.

 

10. Por último, y tal vez lo más trascendente, te animo a hacer un regalo justo o un regalo azul en favor de los refugiados en colaboración con UNRWA o UNICEF. Nuestras necesidades y deseos materiales son ciertamente irrelevantes si las comparamos con los evitables padecimientos de tantas familias.


¡Felices Reyes! 👑👑👑

ANHELOS EDUCATIVOS PARA UN NUEVO AÑO

lunes, 1 de enero de 2024

 


Como docente, la lista de deseos y propósitos para un nuevo año puede acortarse a ese socorrido y sensato "que tengamos salud" o alargarse kilométricamente como esas listas infantiles donde todo cabe. Haré un ejercicio de síntesis. Voy a intentar apuntar hacia lo que realmente (me) importa. ¿Qué puede ser más relevante para sobrellevar o renovarme en esta exigente profesión? 

 

Podemos quedarnos en intenciones no cumplidas, pedir posibles inasequibles para los administradores de turno, o seguir deambulando como buenamente tratamos de hacer cada inicio de año (en nuestro caso comenzó el pasado mes de septiembre). Podemos instalarnos en uno de esos polos que ahora se estilan y mirar de reojo a los que piensan distinto. Podemos continuar con ese cronómetro vital con la cuenta atrás activada pensando en que todo se solventará en el minuto cero del retiro profesional.  O podemos dar la batalla pensando en los demás, dedicando tiempo a las cosas que disfrutamos y descartando frivolidades; o buscando el sentido de un tiempo que intercambiamos por un salario complementario a otros pluses invisibles y significativos.  


La realidad luego es ardua y compleja. Creemos saber lo que necesitamos o pedimos influenciados por el marketing educativo. Igual queremos un centro sin pantallas que flipamos con un chat donde un bot nos da la razón o se disculpa amablemente. Seguimos con la inocencia del crío que no busca la utilidad a la que aspira el adulto sino deslumbrarse y entretenerse con un nuevo capricho donde el envoltorio importa demasiado. Podría hacer una larga lista con cacharrería digital (esa que suele venir con poca instrucción pedagógica) e incluir igualmente estrategias docentes que faciliten el aprendizaje. No debiera hacer falta optar por un presente de uno u otro tipo. Buscar que aprendan más es siempre un buen regalo; y sabemos que hay métodos y caminos diferentes que nos llevan a a ese mismo anhelo. 


Al final se me está haciendo larga la lista. Deseos inmateriales dejados al azar de lo que Sus Majestades decidan, recursos tecnológicos que no solo entretengan y una formación con sentido para enseñar mejor. El carbón endulzado con desmotivación no debiera caber en este inventario educativo, pero la realidad se tropieza luego con problemas reales, percepciones personales, comparativas desafortunadas, reflexiones desagradecidas o el abatimiento propio de los exigentes consigo mismos. Tal vez, la receta está la compañía. Compañeros que acompañan verdaderamente; que nos dan motivos en cada altibajo, que nos facilitan no solo recursos sino también aspiraciones en una escuela oficinesca.


De momento, podemos comenzar el año poniendo buena cara a esas chicas y chicos que no anhelan volver al aula e incluso desconocen que nos necesitan. El afecto, la conversación, una preocupación sincera o la complicidad desde el respeto mutuo, hace que tengamos una mejor escuela. Un regalo asequible, sin duda.

 

Foto de Nationaal Archief en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

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