INCOMPETENCIA DIGITAL ESCOLAR

martes, 14 de noviembre de 2023


 

El afán curricular, ya sea con presente o anterior legislación educativa, continúa siendo la tapadera perfecta que esconde la falta de actualidad de la escuela en muchos asuntos. Ahora, con la cacareada prohibición de los móviles (¿no lo estaban ya?) en la escuela, cerramos de nuevo los ojos ante muchos de los desafíos sobre los que la evolución tecnológica lleva años advirtiéndonos. Seguiremos con medidas desiguales según la filosofía educativa de cada centro o según las intenciones e ideas que parte del profesorado más influyente pudiera tener. 

 

Como docente que recibe estudiantes recién graduados en la Educación Secundaria Obligatoria o titulados en un ciclo formativo de grado medio o superior, o aquellos que han finalizado hace poco sus estudios de bachillerato, sigo encontrándome con similares carencias digitales y personales que otras generaciones también padecíamos. Tengo la impresión que unos por otros, los docentes de las etapas educativas que nos preceden y los que nos continúan, damos por sentados una serie de competencias y saberes que en la sociedad actual de la información y el conocimiento no debieran ser de difícil adquisición. Pero la realidad, a mi parecer, me sugiere que pasamos de puntillas por muchos asuntos relevantes para el crecimiento personal de los alumnos. 

 

Nos llenamos la boca con la necesidad de un pensamiento crítico por parte de nuestros jóvenes, pero, ¿nos paramos a reflexionar con ellos sobre su significado?, ¿sobre cómo pueden desarrollarlo?, ¿cómo podrían buscar mejor, analizar las fuentes, cribar contenidos o mencionar la autoría? Muchos desconocen las herramientas avanzadas de los buscadores, y ahora, con la Inteligencia Artificial, me temo que pasaremos a una nueva etapa donde el copio y pego seguirá siendo habitual pero más difícil de detectar cuando se espabilen en estas artes. Al respecto de la desinformación tampoco observo mayores avances. Adultos y jóvenes somos carne de cañón ante bulos y falsedades viralizadas por propios y extraños. La dedicación a estos menesteres no parece ser muy intensa y generalizada entre los escolares. El extremismo, la discriminación, la xenofobia, la violencia, la homofobia, el machismo, etc. pueden ser también consecuencia de esa falta de espíritu crítico y filtro personal. 


Luego viene la educación sexual y la conocida y temprana sobreexposición de los menores a contenidos inadecuados. Más allá de las charlas policiales, que hacen su papel avisando sobre las amenazas de los ciberdelincuentes, el descontrol sobre el consumo de estos contenidos y la insuficiente educación afectivo-sexual son el abono perfecto para todo tipo de agresiones sexuales. ¿Educamos al respecto suficientemente?, ¿controlamos a los menores y enseñamos a las familias a establecer medidas de seguridad efectivas? Por no mencionar los casos de bullying y su relación con el descontrol en el uso de las pantallas; pese a que es un tema al que ahora se dedica más atención y recursos. 

 

La escuela, a pesar de la opinión contraria de algunos, también es responsable de la educación y formación en todos estos aspectos que sobrepasan a muchas familias; tanto por falta de conocimientos tecnológicos como por la inacción o dejación parental. La escuela puede ser la única tabla de salvación de muchos jóvenes que continuarán en la inopia tecnológica si no somos capaces de darles los recursos necesarios. Debemos ser capaces de vertebrar medidas eficaces y pragmáticas en el sistema educativo; conocemos de sobra el famoso marco de competencias digitales pero nos falta imprimir agilidad en lo que realmente importa para la educación del alumnado, más allá de certificados u otras cuestiones formales que solo nos despistan.


Dediquemos más tiempo a estas cuestiones que son transversales, más allá de los contenidos y competencias de nuestras materias; asuntos donde nos jugamos el futuro de la sociedad que nos gustaría tener. Centremos el debate no solo en las prohibiciones sino en el aprendizaje y en los valores que todo joven debiera respetar dentro de ese magnífico y desatendido marco que es la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

LOS DOCENTES QUE NOS PRECEDIERON

lunes, 6 de noviembre de 2023

 

LOS DOCENTES QUE NOS PRECEDIERON

 

A algunos nos quedan muy lejos los años de colegio. Aún así, la mayoría, salvando a aquellos que no tuvieron la fortuna de ver respetados sus derechos como niños, tendemos a idealizar esos años escolares donde el juego y los compañeros de pupitre eran lo más importante. Nuestra selectiva memoria nos hace ese favor para no ahondar en la crítica que, ahora como adultos, hacemos al sistema educativo actual. Si meditamos sobre los maestros y profesores que nos acompañaron en el aula, la memoria revive esos limitados momentos donde nos sentimos reconfortados dentro de la caterva de chavales que consumían el oxigeno disponible de esas cuatro paredes. 

 

Ahora, ya como docentes con cierta experiencia, podemos echar la vista atrás y rememorar a esos enseñantes de ayer. Incluso puede que añoremos los tiempos de tarima, temores, ordeno y mando. Pero no es ese el tema que hoy me ocupa. El sistema educativo actual, con todas sus imperfecciones, es la consecuencia de muchos docentes ahora jubilados o fallecidos que tuvieron una mirada distinta sobre el significado del verbo educar. A pesar de las muchas deficiencias arrastradas por la inercia o la herencia a la que no sabemos renunciar cuando damos clase. 

 

Son esos primeros profesores a los que hay que estar muy agradecidos. Son esos compañeros y compañeras los que nos abrieron la puerta a una educación distinta donde lo que más importa es el afecto a unos jóvenes que tienen distintas preocupaciones, sufren inseguridades y patinan a menudo como consecuencia de su inmadurez. Colegas preocupados tanto por los conocimientos como por los valores que buscaban contagiar. Docentes responsables, sin ínfulas, cercanos, alejados de la pedantería, más dispuestos a colaborar que a sembrar con quejas los pasillos de la escuela. Profesores congruentes, sin premios ni títulos rimbombantes, que tenían como única falta el adoctrinamiento de sus alumnos para que llegaran a sentirse valorados y capaces de progresar a través del acompañamiento y el esfuerzo personal. Personas que no escatimaban minutos para atender y entender a sus estudiantes. Más allá de toda metodología.


Corren tiempos de incertezas en el mundo educativo. No sabemos si nos hemos pasado de frenada con ciertas concesiones a los estudiantes o si debiéramos desandar el camino y subir de nuevo a la tarima; corremos el riesgo de poetizar épocas pretéritas en lugar de estimar solo a los educadores admirables de entonces. Dudamos de cualquier ley educativa que nos plantean con prisas los que no entienden que la impaciencia es enemiga del aprendizaje. Nos hemos creído demasiados reclamos publicitarios que prometían renovar la docencia. Pecamos buscando la elegancia de las formas o a través de métodos simplistas, sin profundizar en el fondo de lo que nuestros alumnos realmente necesitan: ganas por saber más. 


Por ello, pese a la falta de cálculo en la frenada, debemos mantener la mirada puesta en ese retrovisor que nos ayuda a cambiar de carril con mayor seguridad. Echemos la vista atrás y sigamos las huellas de los mejores que nos antecedieron. Mantengamos la mirada puesta en el alumno, más allá de nuestra conveniencia, implicados en esa escuela que todos andamos construyendo y que algún día otros recibirán como legado. No dilapidemos la herencia recibida. Sigamos atesorando las maravillas de los docentes que nos precedieron. Tal vez así dejaremos algo de valor a los que nos sucederán. 

 

Con la tecnología de Blogger.

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