RESPONSABILIDADES DOCENTES

martes, 23 de junio de 2020
Como docentes, al igual que les sucede a los alumnos, parece que tendemos a ver la anécdota como ese todo que nos dificulta el trabajo y nos incordia en el día a día. Una anécdota en forma de compañero, profesor o alumno que no cumple nuestras expectativas o que quiebra la confianza que habíamos depositado en cualquiera de ellos. Una minucia dentro de la enormidad de personas con las que nos movemos habitualmente y que, para bien o para mal, altera nuestra visión de las cosas. Pienso ahora en esos pocos alumnos disruptivos que te ponen el curso cuesta arriba; o en aquel colega que no participa ni coopera en la misma medida que tú (te) exiges. Tal vez pecamos de falta de empatía, nos falla la vara de medir o, simplemente, el hartazgo en ocasiones nos supera ante tanta odiosa comparativa. El quid de la cuestión se mueve entre esas fronteras difusas que separan nuestras responsabilidades de las de los demás.

responsabilidades docentes
En el caso de los alumnos, pese a la mayoría de edad de algunos, me duele ver como desaprovechan el curso y caen en un absentismo pese a la ayuda y consejos de compañeros y profesorado. Sigo sin ver qué falla en estos chavales que, o bien están mal orientados, o bien su situación personal no les ofrece motivos para seguir un curso. No tengo clara cuál es nuestra responsabilidad ante un fracaso que consume tiempo y recursos de las familias, la Administración y supone un nuevo revés vital en la trayectoria de estos jóvenes. 

Podemos optar por culpabilizar al alumno o a sus familias; o incluso a un sistema educativo del que se dice que no promueve el esfuerzo como en aquellos tiempos de opulencia intelectual y cultural (léase con ironía). Muchos de los que hacen este diagnóstico suelen ser aquellos que luego van a la suya y asumen difícilmente su falta de implicación en la tarea que les ocupa. También es cierto que hacemos lo que podemos, o más bien lo que sabemos, en situaciones difíciles y ofreciendo una atención insuficiente con los recursos actuales. O quizás nos hayamos pasado experimentando. 

Mirando hacia atrás, no tengo clara la receta educativa ante el pasado confinamiento y sigo dando vueltas a qué podríamos haber hecho mejor para atender al alumnado y evitar ese interés ausente. Bastante teníamos con gestionar clases, plataformas, correos, correcciones... en un entorno doméstico, en muchos casos, poco proclive para el trabajo. Nos puede haber fallado la (des)organización, la falta de coordinación, la generosidad con los colegas para compensar el trabajo, las prioridades. No sé. Hemos estados sometidos a una situación excepcional en medio de una alerta sanitaria; sin embargo, el problema viene cuando este tipo de situaciones se prorroga en el tiempo y los docentes quemados o los alumnos congelados por su inactividad académica siguen manteniendo esas inercias negativas.

Me temo que en septiembre estaremos en las mismas. Igual de quemados o motivados. Viéndolas venir y esperando instrucciones de arriba o de los costados. Se hará más difícil acercarse físicamente a los alumnos, evitar el ruido con unas ventanas abiertas permanentemente o controlar esas nuevas herramientas digitales sin miedo a cometer un traspiés que te ponga en evidencia. Y las responsabilidades seguirán siendo nuestras; forma parte de nuestra profesión y su límite es tan dilatado como personalidades hay en la escuela, pese a las normas y la burocracia del momento. Nuestra mayor certeza vendrá si trabajamos conjuntamente y asumiendo unas responsabilidades bien repartidas.

photo credit: akahawkeyefan SLOW via photopin (license)

UN CURSO POSTCOVID

jueves, 18 de junio de 2020
Por fin vamos ya viendo el fin de un maldito curso que nos ha robado muchas horas y días junto a nuestros alumnos y compañeros; con la amargura añadida de no poder sentir la compañía de nuestros familiares y amigos, o incluso perder a alguno de ellos a causa de un insólito virus.

A estas alturas de la película, las fuerzas y las ganas de repensar el nuevo curso van ya menguando. Muchos estamos exhaustos de tanto cavilar y estar frente al ordenador impersonal tratando de gestionar correos y singulares reuniones online . Han pasado tres meses. Nos quedan ahora otros tantos para comenzar un curso incierto con un virus que acecha; pese a muchos desmemoriados que creen haber terminado, con final feliz, una novela de Stephen King.

Esperemos que la demanda de FP no sufra ningún bajón. Que ese prestigio añorado, de nuestra Formación Profesional, sea algo más que una económica propaganda por las redes. Espero también que superemos un curso próximo con más acción, instrucciones y consenso; que rebasemos las ocurrencias y esos sálvense quienes puedan que vivimos ordinariamente. Innovarán los de siempre y se esconderán camuflados los que nunca dejan de pensar más que en sí mismos. Y lo pagaremos todos con agotamiento, conflictos o un desasosiego continuo. Todo por no remar al unísono.


A la fuerza se han digitalizado muchos docentes, pese a una autoformación obligada y muchas penurias frente a un teclado que se ha convertido en ese escudero solícito que al mismo tiempo nos ha mortificado junto a su amiga la pantalla. ¡Ay, qué bien estábamos dando y recibiendo clases en el aula! ¡Qué maravillosa es la educación presencial! No hay robots que valgan ni aplicaciones que sustituyan esa riña, el nervio en la pizarra o aquel discreto cumplido que recibes ocasionalmente. Los gurús educativos deberán afrontar una temporada de rebajas y saldos para lograr vender sus fórmulas magistrales.

Oiremos aquello de esto no va a ser lo mismo que antes o esa nueva anormalidad que tal vez se quede en un gel de manos o un chócame ese codo, colega. Soy poco optimista. Los que se quitaban de en medio, seguirán en las mismas; los usureros del tiempo ajeno, continuarán pensando solo en si mismos, en su horario y su monedero; los exhaustos, volverán a terminar un curso agotados por la dedicación a tiempo completo a sus alumnos y escuela. En fin. Que volveremos a las andadas con el temor añadido de un contagio a nuestros mayores. A lo sumo, en 2021, nos habremos acabado de idiotizar montando tiktoks para dar clases online.

Como mucho, algunos soñaremos con una escuela donde la lectura, la reflexión, la significatividad del aprendizaje y el cambio educativo, vengan de la mano de un consenso donde el profesorado participe y lidere a través de aquellos más sabios y experimentados, capaces de acordar y gestionar, con sensatez y humanidad, nuestro futuro educativo. Septiembre hablará.

photo credit: Tom Raworth DSC_0130-Edit-2-Edit-Edit.jpg via photopin (license)

QUÉ NO CAMBIARÁ EN LA FP

miércoles, 3 de junio de 2020
La lectura de este artículo de Xavier Marcet  me ha inspirado para reflexionar acerca de los que seguro, a mi parecer, NO va a cambiar en la Formación Profesional, ni después de la pandemia ni dentro de diez años o más. Puede ser una especulación valiosa tener en cuenta todos aquellos aspectos que creemos continuarán siendo importantes en la educación de nuestros alumnos, en la docencia del profesorado o en la organización de nuestros centros educativos.

¿Serán nuestros alumnos diferentes dentro de una década? Seguro que continuaremos hablando de generaciones T, alfa o táctil, o esa otra letra del abecedario que convenga; pero también es cierto que seguiremos tratando de amoldarnos a los alumnos para buscar ese aprendizaje significativo que combine las necesidades de los centros de trabajo con los intereses y conocimientos de los alumnos. Los nativos o aborígenes digitales seguirán siendo colonizados por esa turba de profesores dispuestos a transmitir conocimientos a las promociones venideras.

Los alumnos siempre van a necesitar ser formados presencialmente, independientemente de las tecnologías que nos acompañen; y, como se ha venido demostrando estas semanas de confinamiento y educación a distancia, seguirán precisando de la figura del docente que les acompañe y mentorice; de unos compañeros con los que relacionarse y aprender a trabajar en equipo; y de una evaluación presencial continua más allá de un formulario digital o unas tareas en la nube. A excepción de esa modalidad online con la que coexistiremos y que seguirá siendo adecuada para unos perfiles específicos de alumnos: "La formación online no funciona".

Nuestros alumnos, o clientes como a algunos gusta llamar, permítaseme la sinonimia, van a continuar requiriendo la atención del profesorado, lo más individualizada posible (si una adecuada ratio y horas de docencia nos los permiten), y una formación permanente de los docentes en aquellas herramientas y métodos que, desde la evidencia, contribuyan a ese aprendizaje permanente deseado. Seguiremos necesitando formación actualizada, lecturas profesionales sobre pedagogía y nuevas técnicas específicas en cada familia profesional. Comienzo ahora un libro interesante al respecto, de Héctor Ruiz Martín: "¿Cómo aprendemos?".

qué no cambiará en la formación profesional blogLos centros educativos seguirán precisando una organización que se adapte a las tecnologías que las empresas y otras entidades utilizan en sus procesos productivos o prestación de servicios. Nuestros centros continuarán necesitando espacios donde trabajar en equipo, tiempos donde el profesorado se coordine, líderes que se adapten a las exigencias del momento y que encabecen medidas transformadoras más allá de la ingente documentación que generamos. Las escuelas de FP seguirán necesitando dar autonomía y confianza a su profesorado; motivando y promoviendo el compromiso de su claustro; gestionando la abundancia o la falta de implicación o profesionalidad.

Como docentes de FP mantendremos innegablemente la necesidad de relacionarnos más estrechamente con el mundo del trabajo; cercanos a las empresas y a las competencias que demandan. Seguiremos en unos años buscando recursos, digitales o físicos, para poder actualizar nuestros temarios. Aunque espero que algún día se materialice alguna iniciativa que recoja todos esos recursos publicados en abierto, por ciclos formativos, disponibles para toda el profesorado que en muchos módulos tiene dificultades para encontrar materiales específicos. Un proyecto que debiera ser coordinado entre las distintas administraciones educativas del Estado y sus Comunidades Autónomas.

En unos años, difícilmente cambiarán esos profesores que cumplen y se preocupan por el aprendizaje del alumno, más allá de unas meras calificaciones. Disfrutaremos de compañeros y compañeras que, con su experiencia, honestidad y forma de enseñar, nos seguirán inspirando para ser mejores profesionales. Y siempre habrá quien se quite de en medio, o aquel que nos da coraje por su disfrute desconsiderado a costa de alumnos y colegas que no perdonan un día en este oficio. Seguirán siendo los menos, pese al ruido que ocasionan.

Desafortunadamente, viviremos también acometidas por parte de los oportunistas que nos desean vender fórmulas seductoras para mejorar la enseñanza o artefactos supuestamente imprescindibles para ser un innovador certificado. Seguirá siendo necesario tener los pies en la tierra, contar con la experiencia de nuestros docentes; analizar y reflexionar antes de cada curso, sobre qué añadir o en qué merece la pena emplear un tiempo siempre escaso. Geniales las tiras cómicas que Pedro Cifuentes publica en Twitter con la etiqueta: #enclasenosedibuja.

Lo que dudo si cambiará o no, será esa necesidad de prestigio permanente que, como el arca perdida, parece ser el sino de nuestra Formación Profesional. Espero que se mantenga esa creciente estima a una etapa, la FP, que refleja una valoración muy positiva por parte de los alumnos que pasan por sus aulas y talleres, a pesar de las reticencias iniciales de algunas familias o un cierto desdén de algunos estamentos. Seguiremos demostrando, con hechos y a través de las experiencias vitales de nuestro alumnado, que la FP es la mejor elección para crecer personal y profesionalmente. Siempre, claro está, que se invierta en ella y se cuente con el profesorado para su transformación y mejora.

EL VALOR DE LA LECTURA Y LAS COMPETENCIAS DIGITALES EN FP

lunes, 1 de junio de 2020
Al principio de este casi, por fin, finiquitado curso, arrancamos la lectura con los alumnos de un ciclos de grado medio en Actividades Comerciales de uno de los libros del escritor Nando López: "En las redes del miedo".

Para situarnos, mejor os cuento los antecedentes y la justificación en relación al tipo de actividad propuesta como el título seleccionado. Mi insistencia, o pesadez, sobre la importancia de la lectura en los más jóvenes, me ha llevado desde hace unos años a tratar de incluir y fomentar títulos más o menos relacionados con los módulos en los que imparto mi docencia. Es difícil acertar con los gustos de los alumnos, así como es complicado que sustituyan la lectura por otras formas de ocio mucho más atractivas a sus ojos. Otros compañeros y compañeras, todavía una minoría, también se atreven a recomendar lecturas o incluyen libros (no de texto) dentro de sus programaciones.

Otros años, en ciclos formativos de grado superior, he optado por seleccionar cuatro o cinco títulos entre los que el alumno pueda escoger. La voluntariedad y esa posibilidad de elección suele ser valorada muy positivamente por los alumnos. El inconveniente principal es acertar con libros que aporten tanto el placer de la lectura como algún conocimiento o valores para su vida profesional futura. Al final, me he acabado decantando tanto por novelas como por otros títulos más "técnicos": "Libros recomendados para jóvenes de FP".

En esta ocasión, con alumnos más jóvenes, decidí seleccionar el libro de Nado López en un módulo poco literario, Aplicaciones Informáticas para el Comercio, por ser tanto literatura juvenil como por las diferentes problemática o inquietudes en las que, desde una postura nada paternalista, el autor se sumerge a través de las miradas de sus protagonistas. Asimismo, este libro, ofrece una estructura nada clásica, con constantes referencias a la música y a las redes sociales que, al principio de cada capítulo, se plasman con capturas de un diálogo o memorias personales publicadas en Instagram.

nando lópez escritor
Imagen propia
Comenzamos leyendo en clase, una vez por semana, para facilitar la lectura de todos y teniendo en cuenta la dificultad o falta de motivación de muchos alumnos para abrir un libro durante su tiempo libre en casa. También, buscábamos un tiempo de silencio a través de una lectura compartida pero individual, donde cada uno toma el ritmo que necesita o comparte su libro con otro compañero/a. No todo ha sido un camino de rosas; costó lo suyo el alcanzar ese clima de silencio y tranquilidad requerido para leer plácidamente; las interrupciones se han sucedido y en ocasiones no había libros suficientes o el temario nos obligaba a posponer la lectura. De hecho, nunca sabré si para "perder tiempo", algunos alumnos demandaban esa hora de lectura en detrimento de la clase de informática con la que debíamos avanzar; pero voy a ser bien pensado. 😄

Los días de lectura, y desde un perfil en Instagram que cree para esta ocasión, lanzaba algunas cuestiones para reflexionar sobre los capítulos de libro. Ha sido también complicado que todos participaran, entiendo también que por no querer ver "afectada" su cuenta personal con una cuenta escolar. Pero al menos, proyectando este en perfil en clase, nos servía para conversar sobre alguna de los asuntos que preocupan a los personajes del libro: suicidio, anorexia, pareja, autoestima, redes sociales, amistades, etc.

Justo antes del confinamiento, andábamos algo rezagados con la lectura del libro, y quise aprovechar estas últimas semanas para que lo terminaran todos aquellos que aún no lo habían hecho. Espero que me "confiesen", en una futura encuesta, cuantos terminaron finalmente el libro, en unos días en los que las series y el horario nocturno ha dejado huella en unos jóvenes ansiosos, lógicamente, por retomar su vida social.

La última tarea (ver aquí) que debían realizar con el libro, aprovechando las competencias digitales trabajadas durante este curso, pretendía que los alumnos utilizaran la hoja de cálculo, el diseño digital, el marketing y la edición de vídeos. Aquí, y gracias a la generosidad de Nando López, ofrecíamos a los mejores cuatro trabajos, un ejemplar dedicado del autor. Finalmente, por los problemas actuales con la logística, no los pudo firmar pero, a cambio, nos regaló dos ejemplares para cada uno de los cuatro afortunados: "La versión de Eric" y "Hasta nunca Peter Pan". Espero, a la vuelta en septiembre, poder hacer entrega en mano de estos ejemplares que ahora solo adornan mi librería a la espera de nuevos lectores.

Recalco de nuevo aquí la amabilidad de Nando que, en todo momento, se mostró atento y partícipe en esta sencilla iniciativa. Es muy motivador que un escritor se implique de esta manera con sus lectores y responda a las interpelaciones de unos jóvenes que suelen acercarse a la literatura con cierto recelo. Aquí os dejo con la reseña personal, sobre "Las redes del miedo", de una de esas alumnas que, puede pasar desapercibida en el aula, pero que demuestra su sensibilidad y saber hacer en otras muchas destrezas a menudo no demasiado valoradas desde la Formación Profesional.

ESTO ES LA FP.

sábado, 30 de mayo de 2020
La Formación Profesional no es una moda. La Formación Profesional lleva décadas trabajando con jóvenes que han logrado adquirir, gracias a ella, las competencias necesarias para especializarse en un sector profesional. Las empresas de nuestro país están en funcionamiento gracias a los miles de técnicos medios y superiores que dan soporte diario a los distintos engranajes que empresas, organizaciones, entidades y centros de trabajo de toda índole que ofrecen sus productos y servicios. Y lo han demostrado ahora, en los peores momentos de la pandemia.

La FP no es una alternativa más. La FP es la opción de cualquier alumno o alumna que esté buscando una salida laboral en tan solo dos cursos académicos. En estos dos cursos, y a través de los distintos módulos que componen cada ciclo formativo, los estudiantes son capaces de integrarse en un centro de trabajo de la mano de unas competencias profesionales alcanzadas que le van a  facilitar la inserción laboral en su sector profesional. La actitud, la seriedad, los modales, la iniciativa, la creatividad o la cultura, no están reñidas con esas competencias técnicas que aprovechamos y disfrutamos desde las aulas.

esto es la formación profesional


La Formación Profesional no es el último recurso. La Formación Profesional es la expresión del talento que muchos jóvenes materializan a través de cualquiera de los más de 150 ciclos formativos desde los que pueden emplear sus intereses personales y profesionales. La oferta formativa es numerosa y permite especializarse con un ciclo formativo de grado medio como Técnico/a o desde un ciclo de grado superior como Técnico/a Superior; existiendo además la posibilidad de transitar a otra etapa educativa diferente a la FP. Sin olvidarse de los títulos de FP Básica que son una opción magnífica para iniciarse en una profesión y encontrar motivos para seguir formándose en una edad complicada.

La FP no es todo práctica. La FP es fruto de la experiencia que el profesorado traslada a sus alumnos a través de multitud de métodos donde las habilidades profesionales se trabajan sin perder de vista la teoría para cada una de las técnicas y las destrezas para llevarlas a cabo. En FP se aprende desde las aulas, los talleres y desde los centros de trabajo, en un entorno real, donde ponen a prueba sus conocimientos y las competencias trabajadas. La FP supone una evaluación constante donde se valora el proceso de maduración profesional y no solo se califica con un examen teórico.

Los docentes de Formación Profesional no son iguales al resto. El profesorado de FP es, de hecho, el mayor activo de la Formación Profesional. Gracias al profesorado funciona una FP que, con recursos siempre limitados, ofrece una formación actualizada donde el centro de la enseñanza es el alumno. La vocación profesional del alumnado y de los docentes se conjugan perfectamente en esta etapa educativa; una actitud positiva es una garantía para el éxito académico y profesional de unos alumnos que van a beneficiarse de la especialización de su profesorado.

La FP no es tan solo un título oficial. Con la FP también vas a poder amplificar tu currículum gracias a los programas de FP Dual que se ofrecen en muchas titulaciones; o desde una experiencia en el extranjero con prácticas en empresas internacionales facilitadas con una beca Erasmus+. Conocerás, en todos los ciclos, las posibilidades de empleo y emprendimiento, los retos de la digitalización y cómo acceder al mundo del trabajo gracias a un módulo específico de Formación y Orientación Laboral. La FP acredita tu aprendizaje desde la experiencia de cualquiera de los cientos de centros de Formación Profesional en España que llevan décadas preparando a jóvenes para que afronten su futuro con la mayor confianza. Tan solo tienes que preguntar a una antigua alumna o alumno de FP.

Gracias a la FP se han iniciado mucha vidas profesionales. Incluso, desde la FP, muchas personas han podido cambiar el rumbo a sus estudios o empleos a otras actividades más satisfactorias a nivel personal. La FP nos ha dado a muchos una forma de estar en el mundo; aprendiendo constantemente, tanto desde la parte técnica como de la humana, gracias a ese contacto constante con compañeros y alumnos que dotan de ese carácter especial que tiene nuestra Formación Profesional. Esto es para mí la FP.

photo credit: rey perezoso between the lectures via photopin (license)

GRACIAS A LOS TÉCNICOS Y TÉCNICAS DE FP

viernes, 22 de mayo de 2020
Ahora que parece que cesan los aplausos dando paso a protestas más o menos acertadas; tras muchas semanas confinada la mayor parte de la población, teletrabajando y tratando de seguir con la Educación, toca agradecer, si es que no se ha hecho suficientemente todavía, y poner nombre a todos los profesionales técnicos y técnicas de Formación Profesional que siguen dando el callo desde sus puestos de trabajo. Profesionales titulados y preparados gracias a los actuales ciclos formativos de grado medio y superior, o profesionales que se titularon como técnicos auxiliares y especialistas en FPI y FPII en aquella pionera FP.

Aquello de los trabajadores de cuello azul o cuello blanco sigue vigente en cierto modo. Ser operario nunca han sido objeto de deseo de aquellos que buscaban crédito, así como ahora, trabajar en una oficina, tampoco supone mayor consideración vistas las condiciones laborales de algunas empresas. Incluso los docentes hemos dejado de ser referentes para gran parte de la población; pasando a ser únicamente envidiados por aquello de unas vacaciones más extensas que en el resto de ocupaciones. También nos toca justificar nuestro trabajo mientras pretendemos, como ahora está de moda, solucionar ese desprestigio a base de una mejor comunicación de nuestro desempeño en una sociedad que sobrevalora la apariencia. Así ha ocurrido siempre con la gente de FP: esos efeperos que llevan décadas demandando visibilidad y reconocimiento tanto a nivel educativo como social.

Nuestros alumnos y alumnas, ya titulados en Formación Profesional, se han revelado imprescindibles a lo largo de esta pandemia. Imprescindibles los técnicos Sanitarios por su atención especializada, y en las peores condiciones, a la población afectada. Imprescindibles los técnicos en Comercio y Marketing o Seguridad y Medio Ambiente, que junto a  los técnicos de las familias Marítimo-Pesquera, Industrias Alimentarias y Agraria, han seguido desempeñando su labor para que podamos seguir disponiendo de alimentos y productos básicos en nuestras casas. O nuestros técnicos en Administración y Gestión que, desde casa principalmente, han seguido atendiendo las necesidades de las empresas que han podido continuar con su actividad económica. Por no hablar de los técnicos de Instalaciones y Mantenimiento, Energía y AguaEdificación y Obra Civil, Industrias Extractivas, Fabricación Mecánica, Química, Electricidad y Electrónica, Madera, Mueble y Corcho, Transporte y Mantenimiento de Vehículos que han seguido reparando y manteniendo la maquinaria, vehículos, activos, herramientas e instalaciones necesarias para la industria y los hogares, al igual que los técnicos en Informática y Comunicaciones que nos siguen facilitando el teletrabajo y el funcionamiento informático de las redes en unos días en los que hemos puesto al límite la capacidad de los servidores en un encierro físico pero digitalizado.  Fundamentales los técnicos de Imagen y Sonido que han facilitado que sigamos informados y entretenidos, al igual que los técnicos en Servicios Socioculturales y a la Comunidad que han seguido ofreciendo un servicio valiosísimo a muchas familias con dificultades personales. O esos técnicos en Actividades Físicas y Deportivas que han ayudado a sobrellevar la falta de ejercicio físico al aire libre con su profesionalidad y conocimientos.

gracias a la fp formación profesional

Y no me olvido de otros profesionales de sectores como la Hostelería y Turismo, Artes gráficas, Textil y Confección, Artes y Artesanía, Vidrio y Cerámica o Imagen Personal, que han tenido que bajar la persiana ante la imposibilidad de seguir con sus negocios.

Sin dejar tampoco de lado a esos miles de profesionales universitarios que ahora desempeñan su trabajo tras haber pasado por las aulas de FP y que siguen desarrollando su carrera laboral en otros ámbitos.

Es obligado este reconocimiento de todos aquellos profesionales que, diariamente, nos facilitan la vida y nos ofrecen productos y servicios de calidad, ayudándonos a sobrellevar una situación que roza la distopía. Y, muchas gracias a todos esos docentes de Formación Profesional que, a pesar de las dificultades, han seguido persiguiendo que sus alumnos adquieran las competencias profesionales desde cada uno de sus módulos. Volveremos a las aulas. Y no es una amenaza... 😉

photo credit: gaston torre . up via photopin (license)

QUÉ HACER O NO HACER EN LA EDUCACIÓN CONFINADA

jueves, 23 de abril de 2020
En tiempos de incertidumbres parece que ni el sentido común es materia de acuerdo entre los sensatos. Ya era difícil llegar a acuerdos o tener la misma visión de lo que debe suponer la Educación y nuestra práctica docente, como para ahora pretender resolver esta excepcional situación de formación a distancia en total armonía.

Nos apuntamos al carro de lo que nos iba a transformar esta pandemia, de que debíamos parar y reflexionar sobre nuestra enseñanza, de que nada volvería a ser como antes. Y ya no compro nada de eso. Antes lo dudaba, ahora me reafirmo. Es una opinión personal más. Porque sigo observando que pretendemos trasladar a casa el mismo sistema que seguíamos antes de la alerta sanitaria; tan solo aderezado por una plataforma, una conexión permanente (quien la tenga) más unas lecciones y ejercicios que poco tienen en cuenta la autonomía o las particularidades de cada alumno. Incluso las videollamadas parecen haber pasado a mejor vida. Qué predecibles somos.

educación confinadaY todo sigue igual. Las recomendaciones de las autoridades educativas de profundizar en contenidos anteriores son ya agua pasada. Han tenido el mismo efecto que los avisos de las cajetillas de tabaco. Hay que avanzar, no nos coja no sé que tren. No sea que el libro de texto de turno o esos viejos apuntes acaben caducando en casa muertos de risa. Sigamos todos en casa añadiendo algo de estrés para mantener ocupados a los niños, ya que los jóvenes van a la suya como es lo normal, y nosotros, los docentes, perpetuando el sistema, caiga quien caiga. Sin contar el empantallamiento, sin apenas filtros, al que están sometidos ahora los más pequeños.

Y mira que me siento afortunado. Tengo una profesión que disfruto. Unos alumnos que aprecio y que me motivan a diseñar experiencias de aprendizaje significativas para ellos. Es incomparable, a nivel de esfuerzo, nuestra tarea a la que muchos profesionales sanitarios, fuerzas de seguridad, dependientes, cajeros... siguen viviendo con estrés y riesgo para ellos y sus familias. Aún así, aquí seguimos nosotros, cara al ordenador gran parte del día, por responsabilidad.Tratando de atender a una minoría que sigue demandando conocimiento y buscando despertar a una mayoría aletargada en una preocupante situación que viven ya con hastío.

No creo que sea tiempo de discutir sobre el libro de texto, la teleformación o los deberes. Me parece más adecuado buscar alternativas para conectar con los alumnos a través de aprendizajes significativos y con tareas que desarrollen la autonomía del alumnado; diseñadas pensando que será posible interactuar con cada uno de con ellos, corregirles y evaluarles. Seguimos sin tener clara la evaluación, pero seguimos simulando la programación con el piloto automático puesto; casi siempre con la mejor intención y gracias a una mayoría de docentes que siguen, como ya era habitual, buscando el mejor modo de llegar a sus alumnos. Los que se quitaban de en medio siguen ahora haciéndolo; continúan sufriéndolos alumnos, madres, padres y compañeros. Sobre todo esos primeros. Son pocos, no sé si cobardes, pero deshonestos.

Ya nos hemos pegado el empacho inicial y nos queda un mes mínimo de clases a distancia. Dosifiquemos la dieta, poca comida rápida y más platos caseros; algo de ejercicio físico y todo aderezado de afecto para que sepan mejor los guisos. Cada uno con su toque personal. Ojalá en septiembre sigamos todos con buena salud. Esta es mi única receta al título de este artículo.

LA FORMACIÓN ONLINE NO FUNCIONA

martes, 21 de abril de 2020
El título de esta entrada es totalmente equívoco; al igual que el tuit donde me planteaba el fiasco de la formación online que estamos llevando a cabo en esta situación excepcional de alerta sanitaria y que nos debería hacer meditar al respecto.

Tengo claro, como algunas personas comentaban en ese mismo tuit, que la formación a distancia es útil y fundamental en ciertas circunstancias donde el alumnado no puede cursar presencialmente unos estudios por razones personales o profesionales. El e-learning o aprendizaje virtual a través de Internet nos ofrece un sinfín de posibilidades muy superiores a la tradicional enseñanza a distancia basada en los contenidos de un libro de texto. Son numerosas las organizaciones con experiencia en el e-learning y no voy a descubrir América enumerando las ventajas que ofrece este tipo de formación.

La formación online no funciona ahora mismo porque muchos alumnos son inmaduros, sobre todo en etapas de educación obligatoria, y precisan del acompañamiento de sus docentes en un contexto donde sus familias tampoco pueden atenderlos o no disponen de los conocimientos suficientes para acompañarles en su aprendizaje. No funciona porque, tal y como está planificada, deprisa y corriendo, impide una organización adecuada y una coordinación de los equipos docentes. Esa (des)organización prorroga o amplía ese trabajo meramente individual del profesorado en un "sálvese quién pueda" habitual en muchos centros educativos donde cada uno suele hacer lo que mejor puede o cree. 

La formación online no funciona cuando venimos de un tipo de formación presencial que presenta unas inercias heredadas y ciertas malas costumbres de muchos alumnos que esperan una explicación individual de cualquier tarea y un estímulo de sus profesores. Sin descontar la falta de comprensión lectora que padecen muchos estudiantes, ¡ojalá nos sirva todo esto para fomentar e invertir en lectura! Sin perder de vista la necesidad de socialización con sus compañeros en un espacio, la escuela, que les ofrece a algunos una válvula de escape diaria a su situación familiar. Y la formación online, por mucha videollamada y aplicación digital que dispongamos, no ofrece ese contacto físico humano que los alumnos necesitan, al igual que su profesorado acostumbrado a hablar o escuchar a través de las miradas.

Luego vienen las dificultades de la evaluación de la formación online. La experiencia en este aspecto, sobre todo a nivel universitario o incluso en la Formación Profesional, ofrece múltiples prácticas docentes para valorar el aprendizaje y el trabajo del alumno. En la formación presencial, habituados a evaluaciones llevadas a cabo principalmente con exámenes escritos, se torna casi imposible encontrar alternativas fuera de los exámenes online o los tests que ahora abundan en las plataformas digitales de los centros educativos. Evaluar de otro modo requiere mucha reflexión, así como unas pautas claras de las que, en estos instantes, no disponemos. Lástima que el blog EvaluAcción no siga con esa tarea transformadora. Tampoco te pierdas, aunque dudo que ahora tengamos ese tiempo de reposo y lectura necesarios, los recursos que ofrecen desde EDULLAB o desde Conecta13.

En cualquier caso, espero que esta situación de emergencia, que habrá llevado a muchos profesionales de la enseñanza a valorar en su justa medida la necesidad de ser competente digitalmente, no sea aprovechada por las administraciones para hacer recortes; como prueba de que los alumnos pueden aprender por su cuenta y el docente es ese mero acompañante, asesor o coach que algunos pregonan. Tampoco deseo que, cuando todo esto pase, caigamos en el ansia de digitalizar todo sin ton ni son y sin un plan de formación a medida. La experiencia nos ha demostrado que las herramientas no son la solución ni el problema principal de la Educación y los robots, señoras y señores, no pueden sustituirnos por mucha inteligencia artificial que se desarrolle.

Sirvan estas líneas para valorar el enorme trabajo que desempeñan los formadores online desde sus instituciones públicas o privadas; una tarea poco valorada y que, como muchos están comprobando ahora, supone infinidad de horas de diseño de materiales, comunicación y evaluación de tareas. Un trabajo que, pese a estar bien desarrollado y con buenos resultados, no es tan agradecido y reconfortante como es la formación presencial. 

Ahora, no queda otra, sigamos con el mejor ánimo posible con la teleformación, e-learning, formación online y a distancia, aprendizaje virtual o electrónico, o como lo quieras llamar. Todo sea por nuestros alumnos. Desde casa. 

photo credit: Konrads Bilderwerkstatt Zaungast ... via photopin (license)

COVID-19: DISEÑOS PARA COMUNICAR Y EDUCAR

miércoles, 15 de abril de 2020
Leyendo las noticias de la ONU en relación al COVID-19 y los derechos humanos, así como las recomendaciones que hacen a las empresas y sus responsables de comunicación -que buscan erradicar la desinformación y el odio que se propaga en las redes- estoy convencido que desde los centros educativos podemos también ayudar en esta tarea comunicadora. No se pueden tolerar acciones, como las que estos días conocemos a través de medios de comunicación, donde algunos vecinos desalmados acosan a sanitarios con los que comparten escalera.
Por ello, animo a los responsables de comunicación de las escuelas, community managers oficiosos, coordinadores/as de las TIC y redes sociales, o a los docentes que interactúan ahora virtualmente con sus alumnos y alumnas; a seguir educando en el respeto a los derechos humanos en una situación en la que la ignorancia y el  miedo son las causantes principales de la discriminación y el odio hacia ciertos colectivos. Tampoco está de más transmitir mensajes de apoyo y disponibilidad a nuestros estudiantes y la cercanía virtual que se merecen.

Es fácil llegar a nuestro alumnado a través de mensajes en aquellas redes que ellos más utilizan (Instagram, las stories, grupos de Whatsapp, Telegram, Twitter, blogs...) o desde las diferentes plataformas webs donde ahora subimos, ineludiblemente, materiales y recursos para seguir las clases a distancia. Podemos elaborar recursos multimedia propios (cartelería digital, vídeos, podcasts...) difundiendo mensajes de solidaridad, respeto a los derechos humanos y sensibilizando hacia el daño que pueden ocasionar ciertos mensajes o bulos que circulan por la red y divulgamos sin filtros.

Además de las ya conocidas páginas que se dedican a desmentir bulos, los llamados verificadores de información, es posible ayudar en esta tarea educativa mediante una campaña continua de concienciación sobre las amenazas de la desinformación en tiempos de crisis y alerta sanitaria.

covid19 gracias sanitarios

En cualquier caso, os dejo con esta serie de materiales propios descargables libremente y elaborados en diferentes tamaños y formatos, con ayuda de las plantillas que la herramienta de diseño digital Canva facilita, y que pueden ser utilizados para su publicación en las redes sociales o webs escolares. Espero que os puedan ser de ayuda para seguir educando y difundiendo valores y actitudes muy necesarios en estos días tan duros y difíciles para mucha gente. No sabemos si los tiempos de crisis nos harán o no mejores, pero, al menos intentemos poner nuestro grano de arena para que no pasemos a ser peores personas.


Si necesitas los diseños en otro formato, no dudes en contactar conmigo. También, si deseas aportar materiales para compartir libremente, me los puedes enviar a: oboluda @ gmail.com o vía Twitter

DIGITALIZACIÓN Y LECTURA EN FP

domingo, 12 de abril de 2020
Seguimos recluidos, con el curso avanzando a rastras y simulando las dinámicas que acostumbramos a llevar en el aula. Tratamos de compensar nuestra ausencia con tareas digitales o analógicas que replican nuestro modo de enseñar y la frustrada relación que ahora tenemos con los alumnos. Nos persiguen, abruman, motivan, frustran y maravillan todas esas aplicaciones digitales que ahora entendemos mejor como un medio de productividad personal, creatividad y un eficaz instrumento para comunicarnos no solo con los que sentimos más cercanos.

Antes de esta alerta sanitaria ya sabíamos de la importancia de la digitalización en el mundo del trabajo y la necesidad de muchas empresas, y de la formación profesional por ende, que buscan actualizar sus técnicas en un mundo cambiante y abierto a nuevas posibilidades en cualquier etapa de sus procesos de producción o prestación de servicios. La FP, a diferencia de otras etapas educativas, debe acompasar al instante su evolución a las novedades que se producen en cada sector profesional. No podemos obviar los avances tecnológicos ni cualquier otro adelanto que suponga una mejora de las competencias profesionales de los futuros técnicos y técnicas.

Esta nueva crisis puede que haga caer del árbol a más de uno. Quizás veamos ahora el uso de las aplicaciones informáticas o de las redes como herramientas imprescindibles independientemente del módulo o ciclo formativo donde ejerzas. Puede que finalmente contemplemos todos a Internet y al conocimiento que se comparte en las redes como el ecosistema ideal donde seguir aprendiendo y colaborando en aras de una mejora personal y profesional tanto de los alumnos como del profesorado. Todo ello sin obviar el informe PISA de 2015, "Students, Computers and Learning", que no encontraba una mejora apreciable de la lectura, las matemáticas o las ciencias, en los alumnos de aquellos países que habían invertido fuertemente en TIC para educación.

lecturas fp digitalización
Tal vez también estamos (re)aprendiendo sobre la importancia que tiene la comprensión lectora y la expresión escrita de nuestros alumnos que se encuentran solos, en casa, ante textos, cuestionarios y problemas que deben resolver sin la ayuda del compañero o docente habitual. Tal vez seamos más conscientes de lo útil que resulta trabajar tus propios recursos digitales más allá del libro de texto de turno. Puede que incluso dejemos de echar la culpa, de esa falta de expresión escrita y comprensión lectora, a los docentes de etapas previas si todos, desde nuestra parcela (también las familias) damos la misma importancia a los libros y no solo a los dispositivos digitales, idiomas o campos de deporte.

Leer, leer y leer. Todo pasa, incluso aquellas aplicaciones digitales más sencillas, por el acto de la lectura. Ser ágil leyendo y comprender correctamente un texto es una habilidad que repercute sin duda en el aprendizaje autónomo del alumno. ¿Cuánto leemos en el aula más allá de los libros de texto o las fotocopias técnicas del profesorado? ¿Cuántos libros recomendamos durante el curso? ¿Cuántas visitas a las bibliotecas físicas o virtuales programamos cada años? ¿Cuántos planes lectores se llevan a cabo en los centros de Formación Profesional? ¿En qué estado se encuentran las bibliotecas escolares de FP y que visión tenemos sobre ellas?

Mantener la vista en los cambios que se producen en la economía y en las empresas, es inherente en una formación de calidad. Estar atentos a las tendencias es también exigible a los formadores y a una Administración obligada a facilitar los medios para que ese conocimiento actualizado sea permeable en todos los integrantes de la comunidad educativa. Estas ansias de futuro no pueden obviar otras competencias igual de importantes: procesar críticamente la información; ser ciudadanos reflexivos y compasivos.

Como apunta Maryanne Wolf en su último libro, "Lector, vuelve a casa": "Si nosotros, en el siglo XXI, queremos preservar una conciencia colectiva vital, debemos asegurarnos de que todos los miembros de nuestra sociedad puedan leer y escribir bien y en profundidad. Fracasaremos como sociedad si no educamos a nuestros niños y reeducamos a nuestra ciudadanía en la responsabilidad de cada ciudadano de procesar la información de manera vigilante, crítica y sabia a través de los distintos medios de información. Y fracasaremos como sociedad, como lo hicieron las sociedades del siglo XX, si no reconocemos y asumimos la capacidad de razonamiento reflexivo de aquellos que no están de acuerdo con nosotros." La autora, sostiene que la cultura digital ya está provocando cambios en el cerebro lector; aprender a combinar una la lectura rápida digital en tareas que requieren agilidad con una lectura reflexiva y profunda, principalmente en papel, es un reto al que nos enfrentamos como educadores.

No puedo estar más de acuerdo con Felipe Zayas, en "Leer en el centro escolar: El plan de lectura":  "todos los profesores, sean de la asignatura que sean, han de incluir la lectura y la escritura en sus actividades de enseñanza, (...) es decir, no para enseñar a leer y a escribir, sino para guiar a sus alumnos en la construcción de determinados conocimientos, para que se apropien del lenguaje y de las formas discursivas características de estas áreas del saber." Es posible, y deseable, introducir lecturas en cada uno de los módulos de nuestra docencia, así como la escritura a través de blogs, portafolios, proyectos digitales, etc. Leer y escribir son tareas que requieren un esfuerzo intelectual y la adquisición de unas competencias que seguro serán útiles al alumno en su desempeño profesional.

No malgastemos la coyuntura actual, con una formación digital forzosa, fomentando un aprendizaje superficial y ligero; contemplemos la reflexión y la lectura en nuestra práctica docente como un elemento cardinal de la enseñanza. También ahora desde casa.

photo credit: P. Marioné lire derrière la fenêtre via photopin (license)

TODOS A LA CALLE

jueves, 2 de abril de 2020
Las aceras están plagadas de gente sentada en todo tipo de sillas. El asfalto de la calzada se adivina a duras penas; las tiendas de campaña se apiñan sin apenas espacio para circular entre ellas. Cada calle, cada barrio, parecen uno de esos campamento de refugiados que intuimos en los telediarios. Las ciudades han derivado en un hormiguero destripado de proporciones dantescas. Y los pisos, vacíos e inservibles como latas amontonadas para su reciclaje.

Ignoro cuándo estalló esta calamidad. Algunos apuntan a que todo comenzó unas semanas después de terminar el confinamiento provocado por la dichosa pandemia; tras varias semanas recluidos en casa, el uso intensivo y diario de la lejía había ido corroyendo los cimientos de la mayoría de edificios; los bomberos se vieron obligados a clausurar edificios por el riesgo de derrumbamiento. Pasaron los días. Llegó un momento en el que no quedaban viviendas disponibles libres de letalidad. Las autoridades se vieron obligadas a sellar los portales y sus vecinos fueron desahuciados en demasiadas pocas horas.

Otros achacan la situación sobrevenida al impacto físico de los estudiantes y originado en las escaleras y zonas comunes de cada edificio: alumnos obligados a acudir en masa a los MEA (Massive Exams Agreement) que erosionaron indefectiblemente el esqueleto de los edificios donde habitaban. Ese trajín no perdonó tan siquiera a los edificios más modernos. Incluso algunos achacaban la situación al exceso de conexiones a internet ocasionado por un uso desmesurado de las redes sociales y esos malditos grupos de WhatsApp saturados de gracias sin gracia; una hiperconexión que dicen los tecnófobos suscitaron los fallos estructurales de nuestras viviendas. Esta forzosa caída de la Red, aliviadora de la salud mental y física, ha cambiado nuestras vidas.

¡QUÉDATE EN CASA!En este apocalíptico paisaje urbano, con miles de edificios y construcciones precintados, resaltan ahora los rótulos amarillos fosforescentes donde se puede leer: "El que sale ya no entra. Prohibida la entrada a las viviendas sin el permiso y acompañamiento de la autoridad pertinente". La norma, de obligado cumplimiento, exige a los moradores la autorización de los responsables educativos de cada región. Los gobernantes, además de la inspección técnica del inmueble, imponen que un docente acompañe a sus propietarios junto a sus vástagos, máximo por parejas; el propósito radica en que las familias puedan rescatar los deberes, el chándal, la flauta y los libros de texto imprescindibles para el arranque del curso escolar. Los chromebooks, móviles y las tablets han pasado a mejor vida. El acabose.

La nueva clase privilegiada son los técnicos de Formación Profesional. Las familias se los rifan. No hay tienda sin una dieta, una cura, un arreglo, una dinámica de grupo, un trámite o un corte de pelo en el que no intervenga una o uno de ellos. El Gobierno comenzará a becar el próximo curso a todos aquellos que cursen Bachillerato, una etapa que parece caída en desgracia. Los chavales de la ESO acosan a los orientadores en busca de folletos sobre la FP. No dejo de frotarme los ojos.

La vida en las calles no es demasiado dura. Ahora, a finales de septiembre, la climatología respeta a los sin techo. Lo que peor se lleva es la falta de internet, ya que es imposible recibir tareas escolares o mantener contacto con los tutores de los muchachos. El papel higiénico ha dejado de ser un bien de primera necesidad; hay sobreabundancia de rollos derivada de lo poco acogedoras que resultan las letrinas públicas instaladas por el ejército en cada barrio. Hay un portacontenedores con fibra alimentaria que atracará en el puerto de Valencia el próximo mes.

Los quioscos son ahora los bares de antaño. Abren casi veinticuatro horas, ofreciendo pilas (ante la falta de alargadores y enchufes) y juegos de mesa para estas noches que despiden el verano. El bingo casero ha sustituido a las traslúcidas apuestas online. La prensa en papel es además un bien apreciado. Twitter va a sacar un diario con artículos de doscientos ochenta caracteres. El postureo en las redes se ha descolgado de nuestras vidas, pero ahora debemos soportar la procesión de cuerpos cincelados paseando junto a los iglús del Decathlon. Comienzan a propagarse los primeros bulos sobre la durabilidad del material de las tiendas de campaña y cuáles son las mejores cantimploras según la frenología. Los youtubers han pasado a peor vida.

La gente está muy preocupada. Los niños sin colegio ni actividades académicas empiezan a marear a los adultos. Están pensando en dar clases multitudinarias desde los inutilizados estadios de fútbol que, afortunadamente, no han sufrido daño alguno durante los meses anteriores. Se habla sin cesar de los posibles despidos de miles de profesores; la política educativa pasa por la educación en casa (tentschooling) a cargo solo de los padres que posean un certificado de idoneidad parental como enseñante. Sin embargo, aún no sabemos cómo se va a evaluar a esos padres y madres o a sus descendientes. Solo nos dicen que seamos positivos.

Con lo bien que estábamos en casa. Y en las aulas.

photo credit: tullio dainese Umarell via photopin (license)

EVALUACIÓN EN FP EN TIEMPOS DE PANDEMIA

martes, 31 de marzo de 2020
Reflexionando a propósito del artículo de Fernando Trujillo, "¿Evaluación del curso? Escenarios posibles para el futuro inminente de la educación", publicado en el El diario de la Educación, me planteo cuál escenario es el más plausible en el caso de los centros de Formación Profesional. En principio, siguiendo las directrices de mi comunidad autónoma (la valenciana), entiendo que nos podemos plantear el escenario 1 o 2 durante este estado de alerta sanitaria.

evaluación fp coronavirusEl primer escenario plantea la autonomía de los centros para llevar a cabo la evaluación que estos consideren más adecuada: ya sea promediando las calificaciones de las dos primeras evaluaciones y dejando la tercera sin calificar; o realizando una evaluación continua, durante estas semanas de confinamiento, de los contenidos de esas dos evaluaciones junto a una prueba final que pudiera ser presencial o a distancia usando medios telemáticos.

El segundo escenario persigue ajustar el currículo a unos contenidos mínimos planteados por la Administración educativa; lo que en nuestro caso, atendiendo a la numerosa oferta de títulos de Formación Profesional, se antoja prácticamente imposible. Incluso, si así fuera, debiéramos también evaluar de algún modo dichos mínimos, al igual que en el primer escenario.

Por ello, siguiendo las indicaciones que se trasladan desde nuestra Conselleria y secundando la argumentación de Fernando Trujillo, me planteo una evaluación de la FP dentro de un escenario 1, donde debemos adaptar nuestra programación a aquellos contenidos que consideremos más relevantes en cada uno de los diferentes módulos que componen los ciclos formativos. La dificultad de este escenario estriba en el tipo de evaluación que podemos plantear al alumnado. En estos momentos, no sabemos si volveremos o no a las aulas; desconocemos si será posible o no abrir los centros educativos para llevar a cabo las recuperaciones de los trimestres anteriores, las evaluaciones extraordinarias o las sesiones de evaluación. Desconocemos si podremos volver a atender a los alumnos presencialmente y realizar exámenes físicamente en las aulas de los centros educativos. 

Me parece por ello importante plantearnos otros posibles escenarios antes de continuar con el curso a distancia tal y como lo venimos haciendo en estos días. Las cuatro semanas de formación digital no nos las quita nadie. Ahora, queda plantearse si volveremos a las aulas después de la vacaciones de Semana Santa o si la vuelta a la "normalidad" será o no factible hasta el mes de mayo o junio. 
Personalmente, considero más adecuado plantearnos un escenario conservador donde la vuelta a las aulas va a resultar improbable. Entiendo que será difícil volver a dar clases con una epidemia rondando entre nosotros durante los próximos meses. De hecho, en China, se están comenzando ahora reabrir algunos centros educativos de algunas zonas del país, tras más de dos meses de cuarentena y confinamiento. 

¿Y qué podemos plantear a los alumnos? La inercia que detecto, al menos en mi contexto más próximo, pasa por seguir con el temario de mejor o peor modo, a través de las diferentes tareas que el alumnado puede llevar a cabo desde casa y que envía periódicamente al profesorado por medios digitales. Pero, ¿hasta qué punto nos hemos parado a pensar en cuáles son esos contenidos más relevantes que debemos trabajar a distancia y qué tipo de evaluación pensamos plantear al alumnado según las circunstancias a las que nos enfrentemos?

Las tareas o actividades que estos días estamos trabajando son evaluables, con el inconveniente que la retroalimentación que podemos dar ahora a los alumnos es algo más costosa por el tiempo que requiere la propia formación presencial. Muchos podemos haber cometido el error de mandar trabajo por encima de nuestras posibilidades de corrección, asumiendo una carga horaria del módulo que no se corresponde realmente al trabajo que se venía haciendo desde el aula (explicaciones, prácticas, atención al alumno...). También estamos a tiempo de echar el freno. No es raro oír las protestas de alumnos que reciben un exceso de tareas sin explicaciones previas o sin temporalizar adecuadamente. 

Sin la explicación previa o sin los materiales y herramientas específicas del aula, necesarias en aquellos módulos más técnicos, no es posible desarrollar muchas de las competencias básicas programadas. En estos días, la flexibilidad y la creatividad de docentes y alumnos son cualidad es esenciales para seguir adelante con la frágil formación que ofrecemos. Sin obviar las circunstancias personales que pueden rodear a cada familia y que pueden dificultar aún más si cabe la adquisición de estas competencias. 

Volviendo a la evaluación, la cual nos debemos (re)plantear antes de seguir con la dinámica actual. ¿Cómo vamos a evaluar este último trimestre? ¿Cómo van a recuperar los trimestres anteriores aquellos alumnos que no los han superado? ¿Cómo haremos el cálculo de la calificación final del curso que es decisiva para la promoción a etapas superiores?

Mi propuesta pasa por la evaluación y calificación de cada una de las tareas que ahora están realizando los alumnos desde casa, teniendo en cuenta el grado de participación e implicación en su propio aprendizaje, sin obviar en ningún momento las dificultades materiales que puedan tener algunos alumnos sin medios tecnológicos (es precisa una valoración previa al respecto). Estas tareas, dependiendo de cada familia profesional, deben contener esos contenidos más relevantes mencionados anteriormente. Los portafolios digitales (mediante webs, blogs u otros soportes) son aquí una herramienta muy útil que algunos acostumbramos a utilizar en ciertos módulos. 

No nos queda otra que simular, en la medida de lo posible, esos contextos profesionales en los que trabajamos; la realidad virtual o aumentada podría ser muy útil en estos casos, aunque dudo que ahora seamos capaces de desarrollar estas posibilidades (si te animas, ahora hay abierto un MOOC del INTEF sobre "Realidad virtual en educación"). Aún así, debemos asumir que la formación va a quedar incompleta a pesar del esfuerzo ímprobo que muchos docentes están realizando a través de la producción de materiales audiovisuales o videollamadas con sus alumnos. 

Luego viene el tema de los exámenes; ¿son imprescindibles en el contexto al que nos enfrentamos? ¿podemos valorar otras alternativas más allá del examen a desarrollar o tipo test? Cuesta romper esas dinámicas de las que antes hablábamos, pero ahora no tenemos más remedio que reflexionar sobre qué tipo evaluación vamos a llevar a cabo y de qué instrumentos nos vamos a servir. 

Las herramientas digitales que favorecen una evaluación clásica, a través de exámenes a desarrollar o tipo test, son diversas: podemos realizar formularios online con un tiempo limitado y orden aleatorio y a una hora específica para evitar plagios; se pueden realizar exámenes escritos desde documentos en línea a través de cuestionarios donde el alumno pueda consultar libremente los materiales de los que disponga, así como también sería posible realizar exámenes orales a través de videollamadas individuales. ¿Tienes alguna otra alternativa?

La excepcionalidad de la situación junto al estrés provocado por numerosas tareas pendientes, mensajes por contestar o reedición de los materiales propios o ajenos, no favorecen ahora una reflexión sosegada sobre la evaluación del alumno. Aún así, la singularidad en la que ahora nos movemos (pese al confinamiento físico), nos exige tomar medidas extraordinarias que seguro en un futuro enriquecerán nuestro aprendizaje profesional docente. Vivimos en tiempos apresurados que, desafortunadamente, hemos debido de detener forzosamente; vayamos cambiando la marcha según sea el recorrido y los pasajeros, con la vista puesta en esos aprendizajes valiosos para nuestros alumnos. 

photo credit: vieux reveur à la lueur de son écran - by the light of his screen ***wiev full size*** via photopin (license)

COMPARTAMOS RECURSOS DE FP

jueves, 26 de marzo de 2020
Desde que arranqué este blog, hace ya varios años, así como navegando por las redes sociales, especialmente en Twitter, he podido comprobar las escasas y puntuales iniciativas públicas o privadas enfocadas a compartir recursos específicos de Formación Profesional abiertos a la comunidad docente.

En estos momentos de dificultad, con la formación a distancia obligada, y cuando surgen multitud de iniciativas solidarias para que el alumnado pueda seguir de algún modo con su formación, podríamos aprovechar estos días para compartir aquellas actividades específicas de los ciclos formativos donde ejercemos y que pueden ser de utilidad a otros compañeros.

Las autoridades educativas se han visto obligadas a elaborar repositorios digitales, como es el caso de la Comunidad Valenciana, con el fin de facilitar la tarea al profesorado. Iniciativas loables, pese a que debieran haberse promovido antes de llegar a esta situación extraordinaria, y que junto a cientos de profesores que ofrecen su colaboración y experiencia con herramientas digitales de formación online, corren el riesgo de dispersarse por las redes. Espero que esa tarea de curación, desde el ministerio y las consejerías, se unifique de algún modo y, en el caso de la FP, nos veamos todos beneficiados de los diferentes materiales diseñados específicamente para los futuros técnicos y técnicas de Formación Profesional. Materiales que pudiéramos filtrar por ciclos y/o módulos formativos, además de por familias profesionales.

La comunidad folera (FOL, EIE, RET) siempre ha sido un ejemplo a seguir en lo que se refiere a la distribución de materiales y organización de encuentros donde se favorece la difusión de buenas prácticas y la reflexión educativa. En la web de su asociación nacional (ANPROFOL) podéis ver muchas de las iniciativas de su profesorado. No tiene sentido llevarse a la tumba unos recursos que otros docentes pueden utilizar, citando las fuentes y agradeciendo su uso al autor/a, para el beneficio de miles de alumnos que pasan cada año por nuestras aulas y talleres de FP. Y que no sea tampoco por vergüenza o pudor; todos tenemos recursos valiosos que aportar.

Ahora que muchos están haciendo un curso acelerado de digitalización, y no solo acerca del uso de videoconferencias, tenemos la oportunidad de compartir nuestros recursos propios a través de cualquier sistema de carpetas compartidas en Internet -Google Drive, Dropbox, OneDrive, etc.- donde solo necesitamos copiar el enlace que da acceso público a esa carpeta y archivos personales, o a través de algún blog o web personal sencilla publicada con una de las herramientas gratuitas que nos ofrecen en la red.

Además de estos recursos que podemos compartir, ya sea mediante portafolios digitales docentes o abriendo los espacios web donde subir nuestros materiales a los alumnos, también podemos aprovechar estos días para conectar con la comunidad de profesores de Formación Profesional que se mueven por las redes. En LinkedIn o a través de Twitter podemos conocer cuentas personales muy valiosas para seguir aprendiendo y conocer la realidad de otros centros de FP y el trabajo de los profesores con sus alumnos. Puedes comenzar a seguir personas o entidades relacionadas con la Formación Profesional desde esta lista de Twitter elaborada por Pablo Peñalver.

Te animo, si no lo has hecho aún, a publicar tus materiales con la licencia que estimes conveniente. Os dejo de nuevo con la tabla colaborativa abierta con casi un centenar de recursos de FP clasificados, y en la que puedes dejar esa web, blog, canal de vídeo o carpeta personal con esos materiales que pueden ayudar a muchos docentes que no encuentran fácilmente recursos específicos para sus módulos.



recursos abiertos de Formación Profesional


photo credit: highersights Work as Prescribed via photopin (license)

¿Y SI NO HUBIERA INTERNET?

miércoles, 25 de marzo de 2020
Tras varios días donde la actividad académica familiar de mi casa pasa, irremediablemente, por varias pantallas conectadas a internet durante la mayor parte del día, me pregunto: ¿qué estaríamos haciendo ahora si no tuviéramos esa permanente conectividad a la red? ¿cómo nos habríamos planeado todas estas jornadas de reclusión?

Algunos idealistas, entre los que me incluyo, soñarían con un encierro casero aliviado con partidas interminables de juegos de mesa, leyendo hasta las tantas novelas o cómics, conversando con familiares y amigos por teléfono, haciendo turnos para cocinar y ordenar rincones deshabitados, o escuchando la radio y esos CDs en peligro de extinción. Otros bailarían, cantarían sin temor al vecindario, harían maquetas, idearían disfraces, retomarían el dibujo, ensayarían con sus instrumentos...

La realidad es otra. No somos capaces de parar por el qué dirán nuestros votantes o ciudadanos; o por ciertas inercias que consideran irrenunciable el no agotamiento de un currículo; o por que no se puede dejar de consumir contenidos para que ruede sin cesar el sistema; o por que los expertos nos aconsejan seguir con rutinas al igual que antes nos aconsejaban que saliéramos de nuestra zona de confort. ¡Hay que mantener horarios como si no pasara nada! Pero, algo pasa.

Pasa que llevamos ya muchas horas con niños que necesitan actividad física. Pasa que hay padres y madres que trabajan en casa o fuera de ella y no pueden hacer de monitores. Pasa que no todas las familias disponen de un dispositivo por cabeza o conectividad suficiente. Pasa que hay demasiada gente muy grave y que fallece diariamente a nuestro alrededor. Pasa, simplemente, que estamos en estado de alerta sanitaria y las prioridades debieran ser otras. Pasa que no se puede replicar el horario escolar en casa aduciendo que internet está abierto veinticuatro horas. Pasa que los colegios no son una réplica de aquellos 7-Eleven, abiertos todo el día, que nos maravillaban en los años noventa del siglo pasado.

Por soñar que no quede. La insumisión parece no caber y seguiremos arrastrados por la misma dinámica, protestando en las redes sociales, despotricando en los grupos de WhatsApp o quemados con la dinámica diaria de tareas; eso si somos afortunados y no tenemos preocupaciones más serias. Aún así podemos darnos con un canto en los dientes: vivimos en un país con recursos y un sistema sanitario público de calidad, al igual que disfrutamos de un sistema educativo con docentes muy profesionales que, en su inmensa mayoría, se ocupan de sus alumnos más allá de lo que exige su responsabilidad laboral.

Si no tuviéramos internet nos lamentaríamos más en silencio, puertas hacia adentro. Nuestros pensamientos no enmudecerían entre las videollamadas programadas que nos mantienen ocupados. Quizá nos pararíamos a pensar en aquello que podemos hacer en casa, con pausa, más allá de las obligaciones escolares que aceleran los días. Tal vez, si no hubiera internet, solo haría falta alguna que otra llamada de ánimo de la gente más cercana, o una fugaz sonrisa desde la ventana y aprovechar la lenta espera de ese día en que todo volverá a la normalidad. Sin embargo, sin internet, no estaría compartiendo ahora estas líneas, ni sabría de la ansiedad de familias, alumnos o compañeros de otras regiones. Nunca sabes si vivir en la ignorancia, desconectado o alejado del conocimiento, es más conveniente para nuestra felicidad.
“En realidad, encontramos que cuanto más se preocupa una razón cultivada del propósito de gozar de la vida y alcanzar la felicidad, tanto más se aleja el hombre de la verdadera satisfacción, por lo cual muchos, y precisamente los más experimentados en el uso de la razón, acaban por sentir, con tal de que sean suficientemente sinceros para confesarlo, cierto grado de misología u odio a la razón, porque tras hacer un balance de todas las ventajas que sacan, no digo ya de la invención de todas las artes del lujo vulgar, sino incluso de las ciencias (que al fin y al cabo les parece un lujo del entendimiento), hallan, sin embargo, que se han echado encima más penas que felicidad hayan podido ganar, y, más que despreciar, envidian al hombre común, que es más propicio a la dirección del mero instinto natural y no consiente a su razón que ejerza gran influencia en su hacer y omitir.”  Inmanuel Kant. "Fundamentación de la metafísica de las costumbres" (1785)
photo credit: renedepaula umchorarmaissemfim via photopin (license)

CARTA ABIERTA PARA ALUMNOS DE FP CONFINADOS

lunes, 23 de marzo de 2020
Estimados alumnos, propios y extraños:

No es preciso recalcar que estamos en una situación extraordinaria que solo habíamos imaginado viendo películas ciencia ficción o series distópicas y apocalípticas. Recibimos múltiples mensajes a través de las redes sociales, en el correo electrónico o desde los medios de comunicación, que nos abruman y sumergen en la incertidumbre. Cada uno de nosotros afronta las noticias e imprevistos de un modo diferente; siempre en función de la situación personal y familiar en la que convivimos. No podemos pretender reaccionar todos del mismo modo ante un circunstancia que trastoca nuestras vidas.

Vuestras inquietudes e intereses son diversos. Muchos estaréis preocupados por vuestro futuro académico o laboral ante el decrecimiento económico que se avecina o los cambios en la planificación escolar que estamos ya sufriendo. No se trata ni mucho menos de edulcorar la situación, ni pretendo lanzaros simples eslóganes de ánimo; aún así, estoy convencido que vuestra situación académica o titulación profesional no se verá alterada significativamente gracias al esfuerzo que todos estamos haciendo y que ayudará a completar a distancia, en la medida de lo posible, vuestra formación profesional.


Las medidas que se van emprendiendo desde la administración educativa, pretenden, acertada o desacertadamente, que no perdáis el curso y la posible promoción a etapas superiores. El presencialismo y la burocracia es una rémora que arrastramos tanto en el sistema educativo como en muchos otros sectores profesionales, y nos toca cumplir con esas normas; buscando siempre sacar una lección valiosa de la coyuntura que estamos viviendo sin perder la necesaria rebeldía que los años apagan. Aprovechar los recursos que nos brinda el profesorado, exprimir con pausa este tiempo más dilatado, para aprender y desarrollar otros intereses, es una opción que tenemos para que este escenario indeseado nos proporcione algo positivo y transformador.

En cualquier caso, no podemos perder de vista las prioridades y nuestro bagaje cultural, como bien dice mi admirado Pepe Mújica:
"Pero en esta vida, no se trata solo de producir, también hay que disfrutar. Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no solo hay esfuerzo, sino también placer. Dicen que la gente que trota llega un punto en el que entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y solo queda el placer. Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute. ¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente! Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que la sociedad puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales".
Ese trote, o esta carrera de fondo, con las dificultades que encontraremos durante el recorrido, nos pueden fortalecer para ser mejores personas. La perseverancia que demuestres, la fortaleza ante el desánimo del día a día, apoyándote en la familia, amigos, compañeros de pupitre y en tus profesores que seguro que están al otro lado de la pantalla, nos ayudarán a sobrellevar esta situación. No tenemos un líder físicamente a nuestro lado, como el expedicionario Shackleton, un modelo de supervivencia en las peores condiciones posibles que demostró la máxima entereza posible junto a su tripulación atrapados en el hielo de la Antártida. Un tipo que, en estos días, nos da deja un buen ejemplo de resistencia, sacrificio y responsabilidad (te recomiendo que indagues en su historia en el buque Endurance).

Tomemos su ejemplo, pensemos no solo en nuestro futuro próximo, sino también en las personas que están haciendo ahora excepcionales esfuerzos y poniendo su vida en peligro en sus puestos de trabajo, o en aquellos que tienen aún mayores dificultades para sobrellevar esta situación por circunstancias económicas o personales. Volviendo a Pepe Mújica (no te pierdas la película sobre su vida):
Esto lo pensamos mucho, pasamos más de diez años de soledad en el calabozo y tuvimos tiempo ... Tuvimos siete años sin leer un libro y tuvimos mucho tiempo para pensar. Y descubrimos esto: o logras ser feliz con poco y liviano de equipaje porque la felicidad esta dentro tuyo; o no logras nada.
Cuidaos mucho, para así cuidar a nuestros mayores, libres de contagios; vivid con la mente puesta en ellos, que se merecen el descanso de una vida de trabajo acompañados hasta el final. Vivid estos días, pensando, escribiendo. Seguro que los recordáis en el futuro: mirando hacia atrás, cuando cursabais Formación Profesional durante un estado de alerta nacional. Dejad de postergar todo aquello que no hacemos habitualmente por el ritmo frenético y de consumo que nos aturde.

Espero que, cuando todo pase, nos acordemos de disfrutar y dar valor a ese pequeño balcón donde el sol se cuela; a esas páginas de una novela que no queremos que termine; a la voz de aquellos que viven cerca o lejos pero que están todos a la distancia de marcar una llamada. Incluso, cuando vuelvas al aula, que la disfrutes aprovechando las enseñanzas de tus profesores; porque lo que más anhelamos es que seas una persona plena, con conocimientos y valores, con las mejores herramientas para afrontar una vida que, como estamos comprobando, nunca sabemos lo que nos depara.

Un fuerte abrazo.

photo credit: Manolo Barragan Orozco Luces y Sombras via photopin (license)

RETOS Y RECURSOS PARA EL TELETRABAJO DOCENTE

jueves, 12 de marzo de 2020
En estos días de alerta sanitaria, con centros educativos cerrados para prevenir el contagio del coronavirus, muchas incertidumbres ante una situación preocupante, y donde huelga decir que la prioridad es la salud de las personas; nos enfrentamos a complejos retos si la situación de excepcionalidad se alargara y la enseñanza presencial tuviera que ser sustituida sine die por una educación a distancia u online. Las escuelas y docentes que aún no trabajan con asiduidad en un entorno digital van a tener aún más problemas para afrontar estos retos; sin contar con las dificultades añadidas que tendrán aquellos alumnos sin dispositivos o con una conexión deficiente para el aprendizaje desde sus casas.

No es momento ahora de innovar o probar herramientas que antes no hayamos testado nosotros mismos. Las alternativas más eficaces pasan por simplificar el número de herramientas digitales a utilizar, así como es necesario un protocolo claro de comunicación con los alumnos. La previa formación docente del profesorado, a nivel de competencias digitales, se torna ahora una valor imprescindible para la labor educadora a distancia y el teletrabajo.

En Formación Profesional, generalmente, no necesitamos contactar con las familias; así como, nuestros alumnos, debieran tener a estas alturas del curso unas competencias digitales mínimas para continuar trabajando los módulos al menos a nivel teórico. Por el contrario, la imposibilidad del trabajo en talleres o laboratorios, nos obliga a diseñar actividades que puedan en cierto modo sustituir este tipo de tareas prácticas.

Entornos digitales como G Suite u Office 365 son un valor seguro si tenemos una experiencia previa con las distintas herramientas digitales en línea que ofrecen.  Las aplicaciones que proporcionan son ahora útiles para planificar sesiones de trabajo, colgar materiales, programar sesiones virtuales, establecer evaluaciones a través de formularios, etc. Aprovechar el material que otros docentes publican en abierto por las redes, con la debida atribución de su autoría, se hace también necesario; las redes sociales (el buscador avanzado de Twitter es una buena opción, así como los tuits con la etiqueta #TeletrabajoDocente) o los repositorios digitales de materiales educativos son igualmente muy útiles para buscar recursos específicos de nuestras asignaturas (dejo aquí de nuevo esta tabla colaborativa con recursos de FP).

En cualquier caso, la colaboración y coordinación entre compañeros, uno de los puntos débiles de nuestro sector, sigue siendo vital para llevar a cabo esta planificación que tiene como principal objetivo que, los alumnos, desde casa, puedan seguir aprendiendo de un modo autónomo y comunicarse fácilmente de un modo virtual con el profesorado.

Es también un buen momento para apelar a la responsabilidad de los alumnos, para que no tomen este periodo como vacacional y sean sensatos con sus actos para evitar contagios. Me quedo con el siguiente manifiesto para concienciar al respecto:

fuente

Mucho ánimo y salud a todos.

¿ATIENDEN MENOS LOS ALUMNOS HOY EN DÍA?

lunes, 9 de marzo de 2020
Es común escuchar comentarios de docentes acerca de la falta de atención que hoy día muestran en clase los alumnos. Las quejas sobre la falta de concentración son constantes y frecuentemente atribuida a los dispositivos tecnológicos y a sus pantallas que nos conectan en un clic a cualquier otro mundo distinto al que pretende enseñar el profesor de turno. Las maquinitas, pantallas o vídeos son el chivo expiatorio actual al igual que lo fueron los tebeos o novelas en su día.

Incluso existen ya productos que han descubierto un nicho de negocio en esta aparente falta de concentración y comercializan una tecnología en forma de diadema que, según afirman, "mide la capacidad de atención de los estudiantes en tiempo real en el aula. El profesorado puede hacer un seguimiento de la participación de los alumnos y los niveles de atención de la clase cuando los alumnos desarrollan una rutina de trabajo, escuchan una explicación o usan un nuevo recurso educativo." Una tecnología un tanto pavorosa y que recuerda a esas ilustraciones futuristas de niños hipercontrolados dibujadas por Villermard en el pasado siglo.
¿Qué hay de verdad en todo esto? ¿son nuestras percepciones fieles a lo que hoy ocurre en las aulas?, o, ¿estamos de nuevo exagerando una situación que siempre ha ocurrido con los jóvenes estudiantes ávidos de distracciones, juegos y cualquier otra ocupación diferente a las eternas y monótonas tareas escolares? ¿o no nos distraíamos hace décadas con cualquier persona, animal o cosa que se entreveía fugazmente a través de los cristales de las puertas o ventanas del aula?

Algunos gustan, con una dudosa fidelidad, recordar su infancia o adolescencia quietos en sus pupitres atendiendo ininterrumpidamente a las lecciones del profesorado concentrados en las tareas escolares, leyendo sin tregua o escribiendo ordenadamente en pulcras libretas de doble pauta. Permitidme dudar de esa bucólica imagen, ya que no refleja la realidad, ahora edulcorada, que se vivía hace treinta años: aulas saturadas de alumnos expulsados al pasillo, suspensos, repeticiones y problemas de comportamiento a mansalva. Sin mencionar la marabunta de chavales dirigidos hacia la FP porque no superaban en condiciones aquel octavo de EGB (actual segundo curso de la ESO).

En cualquier caso, es evidente que la digitalización repercute no solo en la forma en la que consumimos contenidos sino también en la forma en la que leemos combinando textos digitales, repletos de hipervínculos, y otros medios de lectura impresa. Como sostiene la investigadora Maryanne Wolf; leer no es algo natural y la dimensión contemplativa del ser humano no nos viene dada. Una autora que apuesta por lectores que sepan alternar la lectura impresa con la digital o con cualquier otro medio de comunicación que nos depare el futuro. Recomiendo la lectura de su último libro: "Lector, vuelve a casa".

Coincido con esta tesis. Leer es una tarea costosa, más aún cuando estamos hablando de libros de textos con infinidad de información, habitualmente descontextualizada y sin un alcance significativo para el alumno. Lo mismo ocurre con la escucha en el aula; es materialmente imposible que un niño o adolescente mantengan la atención, continuamente durante seis horas, en el discurso del profesorado; respetando además un silencio y una compostura que es casi imposible experimentar en otros momentos y lugares del mundo adulto.

No por ello dejo de apostar por una educación que fomente esa lectura sosegada o una escucha activa que facilita la concentración y el estudio. Enseñar como autolimitarse, controlar los tiempos y gestionar las necesarias desconexiones, son competencias básicas a trabajar en el aula pese a la exasperación que nos provocan las continuas distracciones de unos alumnos inmersos en un entorno digital inagotable. Trabajar la lectura y la escritura, recalcando al alumnos su importancia, con las múltiples herramientas que nos ofrece la tecnología actual, sigue siendo una prioridad en este nuevo mundo digitalizado que se enfrenta a las dificultades inherentes a la naturaleza humana.

INCONVENIENTES PROFESIONALES DEL CHÁNDAL

jueves, 5 de marzo de 2020
No es mi intención abrir ninguna sección de moda o estilismo en este blog, ni aún menos tratar de asesorar sobre su vestimenta a los futuros profesionales que tejerán las relaciones laborales de las próximas décadas.

Sirvan estas líneas para mostrar mi desafección hacia esa prenda, llamada chándal, vocablo que no puede siquiera presumir de un fragante origen etimológico: parece ser que, en el siglo XIX, los comerciantes de ajo (marchand d'ail) llevaban en París, en el mercado de Les Halles, unos suéteres de lana que pasaron a denominarse des chandails de laine. Al menos, la etimología de la palabra, apunta a una procedencia profesional y comercial (como la rama que a mi me ocupa).

chándal profesionalEl chándal se ha descubierto una indumentaria comodín para cualquier ocasión. Ha dejado de ser aquella ropa con la que algunos se desayunaban los domingos por la mañana para recoger la prensa o pasear al can de la casa; luego vino a ser pieza fundamental de pandillas juveniles urbanas y aditivo obligado en modernos videoclips musicales; y  ahora, no hay aula que se precie de ser innovadora que no albergue una mayoría de estudiantes chandaleros entre sus pupitres. Ya no es una prenda que te distinga socialmente, para bien o para mal, si no una forma de vida que apuesta por el confort y por esa supuesta elegancia si el chándal viene con la incrustración tamaño XXL del logo de una marca supuestamente prestigiosa. Siempre supuestamente; porque tiene delito la cosa.

No pretendo discriminar a los estudiantes por su vestimenta. Dios me libre. Tampoco olvido las pintas que en los años noventa se permitían algunas tribus urbanas hoy en extinción. Tampoco quiero recordar el peinado que sobrellevábamos cuando aún conservábamos todo el cabello. Sin embargo, esas tribus, ahora en extinción, dotaban de cierta personalidad a sus seguidores. Ahora, el chándal, es apto para cualquier ocasión: salir con los amigos, ir a clase, pasear con la pareja, trappear, tapear, hacer flipped classroom en casa o competir en unas Olimpiadas. Cualquiera es merecedor de un chándal.

No me olvido de las zapatillas de deportes, tenis, playeras o deportivas que, escoltan tanto a un chándal de Rosalía como a un vestido de alta costura; calzado producido a bajo coste en fábricas asiáticas y por las que se pagan fácilmente dos billetes verdes (aproximadamente dos salarios mínimos en Bangladesh). Unas zapatillas que antaño disfrutábamos exclusivamente haciendo deporte y con un único par que pasaba a mejor vida solamente cuando estaba a punto de desintegrarse o el pie había crecido dos números. Era normal casarse y tener hijos y seguir utilizando las mismas zapatillas y chándal que te compraron tus padres siendo estudiante. Eso sí era reducir, reutilizar y reciclar...

En mi particular batalla contra el chándal como prenda profesional, tengo a mis clases "amenazadas" con una rebaja de un punto en cualquier presentación oral a la que se personen con chándal. Que nadie se lleve las manos a la cabeza ni esgrima el pin neandertal: jamás he llevado a cabo esta advertencia ni la he contemplado por escrito en rúbrica alguna. Es tan solo un acicate homeopático. No he tenido más remedio, pese a la presión recibida y ser tildado de vejestorio, que tomar esta drástica medida antes que algún colega decida pasarse al bando del atuendo deportivo; sin abarcar, por supuesto, a los compañeros de la familia profesional de actividades físicas y deportivas que llevan con garbo sus propias prendas.

¿Dónde queda esa elegancia, ese saber estar, esos mocasines lustrosos y pantalones con pinzas con los que acudías a tu primer empleo ataviado con camisa de manga larga pese a los treinta seis grados centígrados que soportábamos dentro y fuera del centro de trabajo? ¿Dónde queda el estilo de esas filas de escritorios de jóvenes enchaquetados en aulas en blanco y negro aptos todos para un anuncio actual de Nespresso? No me atrevo aún, no sea me suponga una baja laboral, a pedir una foto del interior del armario de uno de mis jóvenes alumnos; apuesto a que esos muebles soportan al menos media docena de chándales con capucha entre sus perchas, listos para engalanar las aulas.

El siguiente paso, al que os animo me acompañéis, es demandar a las autoridades educativas y responsables de la Formación Profesional, autonómicas y estatales, que incluyan en la futura LOMLOE la prohibición expresa del uso de chándal en horario lectivo, excepto durante educación física, así como se modernice el currículo de FOL para que no se permita el inicio de la FCT a cualquier alumno que acredite una foto de su CV con esta dichosa prenda.


PD. Disculpad si he herido alguna sensibilidad (sirva como atenuante que este post ha sido perpetrado en casa vestido con chándal).

photo credit: theirhistory It would only end in a soaking. via photopin (license)
Con la tecnología de Blogger.

.

Back to Top