CÓMO ENVIAR UN CORREO ELECTRÓNICO AL PROFESORADO Y AL ALUMNADO

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Las cosas cambien menos de lo que parecen. Siempre andamos quejándonos de cómo responden nuestros alumnos a algunos mensajes, de la forma de dirigirse a nosotros, de las faltas de ortografía, del vocabulario, etc.


Pensamos también que los alumnos nacen enseñados y el docente anterior ya debiera haberles iluminado con esas normas básicas de comunicación que se supone todos utilizamos en nuestros escritos. Tal vez seguimos todos ciertas inercias y damos por supuesto muchas competencias que a veces se quedan por el camino o que no se trabajan lo suficiente a lo largo del tiempo. 


En cualquier etapa educativa es necesaria esa netiqueta (término caído en el olvido) que seguro es apreciada por los receptores de los cientos o miles de mensajes que probablemente enviarán a lo largo de su vida desde sus direcciones de correo electrónico. 


El lenguaje whatsapero e informal abunda en las comunicaciones digitales; olvidamos signos de admiración e interrogación al comienzo de las oraciones, tuteamos y abrazamos por doquier haciendo uso de emoticonos de todo tipo. Por no hablar de las variopintas imágenes que subimos en nuestros perfiles de correo o en las redes sociales. Sin embargo, luego nos quejamos de la cultura de la imagen, la inmediatez y todos esos apelativos con los que nos gusta denostar cualquier tiempo venidero o contemporáneo. 

Espero sea de utilidad esta infografía o plantilla para que el alumnado conozca las claves de un correo formal o profesional y que surgió tras ver la plantilla en inglés publicada en Twitter por el @SrMadel. El tuteo utilizado en esta plantilla (aviso para lectores de fuera de España) es algo habitual a nivel escolar durante la educación primaria y secundaria; de ahí la omisión del tratamiento de usted. 


CÓMO MANDAR UN CORREO ELECTRÓNICO AL PROFESORADO


Adjunto también una plantilla para responder a los correos electrónicos de los alumnos. Muchos entendemos que debieran sobrar estos consejos, pero, vistos los comentarios de algunos alumnos ante la parquedad de ciertos profesores, me atrevo a publicar esta otra infografía para evitar esos "Ok. Enviado desde mi iPhone."


CÓMO MANDAR UN CORREO ELECTRÓNICO AL ALUMNADO

YO ME LIBRO [EN FP]

viernes, 11 de septiembre de 2020
 Este curso, pese a las obligadas e incomodas medidas que tenemos que seguir para dar clase, nos embarcamos en la escuela en un proyecto de esos que llaman de innovación que sin embargo se nutre de esa intemporal creencia de que la lectura nos convierte en nómadas más sabios que cabalgan sobre la vida de otros que no quieren ser olvidados a través de la imperecedera escritura. 


En la Formación Profesional actual se desatendieron, con cierta lógica aunque indiscriminadamente, ciertas materias que en la  antigua FPI y FPII buscaban continuar la formación básica del alumnado más allá de las competencias técnicas específicas de cada título. La lengua española o las ciencias aplicadas eran parte de esa formación integral que se buscaba en los antiguos títulos de FP antes de la llegada de la la LOGSE en 1990 y la dilatada implantación de los actuales Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior. 


Ahora suena a menudo ese continuo runrún, creo que ya por vicio, de lo poco que leen los jóvenes y el aumento de faltas de ortografía en sus escritos. Los centros educativos, así como los distintos artífices de la política educativa, hemos tenido (y perdido habitualmente) la oportunidad de fomentar la lectura como ese tronco principal de la escuela que deshidrata y provoca la sed de conocimientos o el gusto por narrativas que imaginan otras vidas. Tanto en la FP como en el resto de etapas educativas, la lectura no vende a las familias deseosas de idiomas extranjeros o recursos en la nube, ni a los políticos que gustan de idear ocurrencias que suenen a siglo veintiuno. 


A través de este incipiente proyecto, buscamos involucrar a todo el alumnado del centro en cada uno de los ciclos formativos que hay en nuestra escuela; todo ello, a través de distintas actividades que a lo largo del curso se llevarán a cabo con la colaboración voluntaria de un grupo de profesores que abarcan todas las titulaciones y que pretenden animar y acompañar también en estas tareas de animación lectora al resto del profesorado. 


Ahora, con la aprobación provisional de este proyecto de innovación educativa (PIIE 2020-2021), por parte de la Conselleria de Educación, Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana, nuestro centro de Formación Profesional, la Escuela Profesional Xavier, dispondrá de fondos para llevar a cabo este proyecto gracias al compromiso y la implicación de buena parte del profesorado sensible a esta causa pero necesitado de recursos y motivación para llevarlo a buen puerto. 


Nuestro proyecto, titulado "Yo me libro [en FP]", es ambicioso pero busca ser realista con las dificultades que seguro se presentan. En las siguientes líneas os dejamos con algunos extractos seleccionados del proyecto presentado que resumen el contexto en el que lo vamos a implementar, al igual que la planificación que lo acompaña. Os iremos contando...

El título de este proyecto hace referencia a la necesidad de “librarse” (permítasenos el neologismo) en el sentido de buscar ese libro con el que te puedes evadir, conocer otros paisajes y personajes, empatizar con ellos y crecer personal y profesionalmente con su lectura”. Librar, como disfrutar de un descanso merecido a través de la lectura; librar como una evasión ante las contrariedades y preocupaciones diarias. Librarse de (casi) todo gracias a los libros que otros escriben, otros más nos recomiendan y que nos atrapan al mismo tiempo.

Los jóvenes con estudios secundarios, según investigaciones recientes, leen libros con mucha menor frecuencia que los jóvenes con estudios superiores: un 59,5% de los jóvenes con estudios secundarios leen en su tiempo libre, comparado con un 83,3% de los universitarios. Mientras que por razón de trabajo o estudios, solo un 27,1% de la población con estudios secundarios lee libros, frente a un 42,4% de aquellos con estudios universitarios. Asimismo, a partir de los 18 años, la edad mayoritaria de nuestros alumnos en los ciclos formativos de grado medio y superior, un 38,7% se consideran no lectores. Por ello, contemplamos este proyecto transversal que pretende abarcar los diferentes ciclos formativos de grado medio (Actividades Comerciales, Cuidados Auxiliares de Enfermería, Gestión Administrativa, Farmacia y Parafarmacia) y grado superior (Administración y Finanzas, Animación Sociocultural y Turística, Comercio Internacional, Dietética).

En nuestro contexto, la Formación Profesional, los currículos oficiales no contemplan de un modo transversal el fomento a la lectura ni un trabajo específicos de la competencia lectora como esa habilidad del ser humano que puede ser valiosa en la sociedad que le rodea. Sabiendo además que esta competencia es fundamental para mejorar las perspectivas de empleo y el desarrollo personal de nuestros alumnos y alumnas. La competencia lectora requiere: “saber acceder a la información y seleccionarla de acuerdo con determinados objetivos de lectura, saber interpretar los textos interactuando con ellos a partir de los propios conocimientos e intenciones o ser capaces de reflexionar sobre lo que se lee para actuar en diversos ámbitos sociales”

Los sectores que podrían ganar peso a raíz de la pandemia demandan, en términos relativos, más habilidades TIC, de lectura, de escritura y numéricas. Es decir, que la competencia lectora, es una habilidad importante para la empleabilidad de las ramas profesionales con mayor crecimiento de empleo en el futuro tras la el Covid-19.

Tal y como se refleja en el preámbulo de la LOMCE: “Las habilidades cognitivas, siendo imprescindibles, no son suficientes; es necesario adquirir desde edades tempranas competencias transversales, como el pensamiento crítico (...)”. Es necesario por tanto, para facilitar este pensamiento crítico, un fomento de la lectura desde todas las etapas educativas; incluyendo sin duda alguna a la Formación Profesional, que tiene entre sus finalidades la preparación para la actividad en un campo profesional y su desarrollo personal.

Por todo ello, consideramos vital que siga favoreciéndose el hábito lector entre nuestros jóvenes estudiantes, de modo que la escuela ofrezca la lectura como una alternativa a otras formas de ocio y sea considerada como un entretenimiento que nos ayuda a comprender el mundo, nos hace más tolerantes y nos proporciona cultura. En la actualidad, debemos considerar la amenaza, en nuestra sociedad democrática, del bombardeo constante de información que exige poca reflexión y un pensamiento menos profundo; la cultura digital ofrece innegables ventajas, pero sin buenos lectores, que procesen la información de un modo crítico y sabio, no educaremos ciudadanos reflexivos, compasivos y diversos.

Partimos de la necesidad de trabajar dos aspectos fundamentales en este proyecto de innovación. Por un lado, es necesaria una acción coordinada del profesorado para incluir la lectura de un modo formal en los proyectos de investigación que se llevan a cabo en el centro educativo desde los distintos ciclos formativos. Y, por otro lado, es necesaria una intervención en la biblioteca tanto en su espacio físico como en su concepción de un lugar que no es solo para el estudio y el trabajo de los módulos. Una biblioteca que debe contemplarse también de un modo virtual como un espacio en las redes desde donde generar contenido audiovisual o reseñas adecuadas a las necesidades de nuestros alumnos de Formación Profesional y contando con la participación de todo el profesorado en cada uno de los módulos que imparten.

Buscamos además, atendiendo al “efecto Mateo” según el cual el mejor lector cada vez sabe más y el peor cada vez menos, que el alumnado tenga más “probabilidades de poder avanzar y ponerse al día con los contenidos curriculares de un título eminentemente técnico y que requiere actualización constante.”

La intervención del proyecto pretende abarcar a todo el alumnado de nuestro centro educativo, receptor principal de nuestro objetivo de promoción de la lectura, así como implicar al profesorado para crear lectores y generar un cambio en la cultura lectora de los centros de Formación Profesional. Como afirman Lluch y Sánchez-García: “Estamos en un momento propicio para plantear proyectos innovadores de promoción de la lectura que superen las prácticas habituales y tradicionales.”

El proyecto “Yo me libro [en FP]” presenta un programa innovador para un centro de Formación Profesional que no pretende ser un Plan Lector del Centro (PLC) sino una estrategia coordinada desde cada una de las familias profesionales de la escuela, contando con el departamento de FOL, para fomentar la lectura como actividad con la que disfrutar a la vez que es un medio para aprender y complementar los contenidos curriculares de los módulos.

Para llevar a cabo este proyecto hemos contemplado la realización de las siguientes tareas a lo largo de todo el curso y que aquí enumero someramente:

tarea 1: Formación equipo "Yo me libro"
tarea 2: Selección títulos para cada ciclo formativo
tarea 3: Creación del blog colaborativo: me libro [en fp]
tarea 4: Evaluación inicial hábitos lectores del alumnado y percepciones del profesorado
tarea 5: lanzamiento oficial del proyecto
tarea 6: Uso de redes sociales para el proyecto
tarea 7: Repositorio online de los proyectos que incluyen libros
tarea 8: Ambientación literaria de la escuela
tarea 9: Rediseño de la biblioteca
tarea 10: Reconfiguración préstamo tabletas
tarea 11: Formación del profesorado
tarea 12: Lectura y emprendimiento
tarea 13: Visitas lectoras
tarea 14: Punto promoción lectora
tarea 15: Encuentros literarios
tarea 16: Recital y concurso booktubers
tarea 17: Actualización fondo literario
tarea 18: Motivación del profesorado: lecturas al aire libre
tarea 19: Talleres de animación lectora
tarea 20: Bibliotecarios asistentes

 

YO ME LIBRO EN FP

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TENGO ALGO QUE CONTAROS

jueves, 10 de septiembre de 2020
Hacía tiempo que no reseñaba un libro en este blog. También, desde antes del verano, no me había puesto cara a la pantalla a escribir; tal vez no encontraba nada a destacar (educativamente hablando) y el agotamiento al terminar julio tampoco ayudó mucho a ponerme manos a la obra.
Me preocupa reseñar este libro de Bea Galán, profesora de secundaria en Barcelona (entre otras muchas cosas), y no hacer justicia a todo lo que expresa como docente y tutora de esos alumnos que, como otros muchos, pasaron semanas confinados en sus casas, solos y ante una pantalla, con panoramas bien diferentes en cada familia en una edad compleja por muchos motivos.

En "Tengo algo que contaros" Bea Galán relata y remarca con mucho acierto y sensibilidad aquellos puntos claves que considera vitales para la educación de sus jóvenes alumnos. En un formato epistolar les exhorta hacia el inconformismo, la humildad, la lectura y la bondad. Combina perfectamente sus observaciones personales con su sentir hacia la docencia. Distingue la tarea educadora como una invitación permanentemente dirigida a que el alumno piense y tenga curiosidad; siempre desde la escucha y observación atenta a cada uno de ellos.

Se adivina entre sus líneas que Bea Galán es una profesora especial, sensible y sensata. Una profesora que seguro disfrutan sus alumnos; con la que aprenden desde la exigencia y los valores que transmite. Sus palabras destellan, sin pretenderlo, su buen hacer. Con este libro te hace meditar sobre la razón de ser de nuestra profesión; lo importante que es la preparación de una primera clase, la empatía sin caer en lo banal, el trabajo docente en equipo, el sinsentido de la queja permanente y el mal carácter, o el disfrute de la enseñanza como un medio de vida exigente pero agradecido.

Me quedo también con su percepción (o más bien constatación) de que la juventud actual no es en absoluto peor que la de nuestra generación o la de hace un siglo. Como padres y docentes somos testigos de ese excesivo protagonismo sin exigencia que muchos chavales disfrutan desde bien pequeños; y ahí, en este inexcusable escenario, está esa labor educadora que puede transformar personas o pasar a ser una simple anécdota en sus vidas.

El único fallo que veo a este libro es su extensión: me he quedado con ganas de más. Finalizo con este párrafo dirigido a esos adolescentes de 3º de la ESO que seguro se asemejan a cualquier otro de FP básica o Grado Medio que tenemos en nuestras aulas.
Escuchadme, por favor: no vayáis nunca a mínimos. No os conforméis. Estoy absolutamente convencida de que existe una línea que une la bondad, la belleza y la inteligencia. Es una línea fina pero irrompible. No la subestiméis. Sed ambiciosos y exigentes, pero no con arrogancia, sino con humildad. Hay que ser muy humilde para darlo todo, y hay que ser muy valiente para darse a los demás.
Leedlo sin falta. 

RESPONSABILIDADES DOCENTES

martes, 23 de junio de 2020
Como docentes, al igual que les sucede a los alumnos, parece que tendemos a ver la anécdota como ese todo que nos dificulta el trabajo y nos incordia en el día a día. Una anécdota en forma de compañero, profesor o alumno que no cumple nuestras expectativas o que quiebra la confianza que habíamos depositado en cualquiera de ellos. Una minucia dentro de la enormidad de personas con las que nos movemos habitualmente y que, para bien o para mal, altera nuestra visión de las cosas. Pienso ahora en esos pocos alumnos disruptivos que te ponen el curso cuesta arriba; o en aquel colega que no participa ni coopera en la misma medida que tú (te) exiges. Tal vez pecamos de falta de empatía, nos falla la vara de medir o, simplemente, el hartazgo en ocasiones nos supera ante tanta odiosa comparativa. El quid de la cuestión se mueve entre esas fronteras difusas que separan nuestras responsabilidades de las de los demás.

responsabilidades docentes
En el caso de los alumnos, pese a la mayoría de edad de algunos, me duele ver como desaprovechan el curso y caen en un absentismo pese a la ayuda y consejos de compañeros y profesorado. Sigo sin ver qué falla en estos chavales que, o bien están mal orientados, o bien su situación personal no les ofrece motivos para seguir un curso. No tengo clara cuál es nuestra responsabilidad ante un fracaso que consume tiempo y recursos de las familias, la Administración y supone un nuevo revés vital en la trayectoria de estos jóvenes. 

Podemos optar por culpabilizar al alumno o a sus familias; o incluso a un sistema educativo del que se dice que no promueve el esfuerzo como en aquellos tiempos de opulencia intelectual y cultural (léase con ironía). Muchos de los que hacen este diagnóstico suelen ser aquellos que luego van a la suya y asumen difícilmente su falta de implicación en la tarea que les ocupa. También es cierto que hacemos lo que podemos, o más bien lo que sabemos, en situaciones difíciles y ofreciendo una atención insuficiente con los recursos actuales. O quizás nos hayamos pasado experimentando. 

Mirando hacia atrás, no tengo clara la receta educativa ante el pasado confinamiento y sigo dando vueltas a qué podríamos haber hecho mejor para atender al alumnado y evitar ese interés ausente. Bastante teníamos con gestionar clases, plataformas, correos, correcciones... en un entorno doméstico, en muchos casos, poco proclive para el trabajo. Nos puede haber fallado la (des)organización, la falta de coordinación, la generosidad con los colegas para compensar el trabajo, las prioridades. No sé. Hemos estados sometidos a una situación excepcional en medio de una alerta sanitaria; sin embargo, el problema viene cuando este tipo de situaciones se prorroga en el tiempo y los docentes quemados o los alumnos congelados por su inactividad académica siguen manteniendo esas inercias negativas.

Me temo que en septiembre estaremos en las mismas. Igual de quemados o motivados. Viéndolas venir y esperando instrucciones de arriba o de los costados. Se hará más difícil acercarse físicamente a los alumnos, evitar el ruido con unas ventanas abiertas permanentemente o controlar esas nuevas herramientas digitales sin miedo a cometer un traspiés que te ponga en evidencia. Y las responsabilidades seguirán siendo nuestras; forma parte de nuestra profesión y su límite es tan dilatado como personalidades hay en la escuela, pese a las normas y la burocracia del momento. Nuestra mayor certeza vendrá si trabajamos conjuntamente y asumiendo unas responsabilidades bien repartidas.

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UN CURSO POSTCOVID

jueves, 18 de junio de 2020
Por fin vamos ya viendo el fin de un maldito curso que nos ha robado muchas horas y días junto a nuestros alumnos y compañeros; con la amargura añadida de no poder sentir la compañía de nuestros familiares y amigos, o incluso perder a alguno de ellos a causa de un insólito virus.

A estas alturas de la película, las fuerzas y las ganas de repensar el nuevo curso van ya menguando. Muchos estamos exhaustos de tanto cavilar y estar frente al ordenador impersonal tratando de gestionar correos y singulares reuniones online . Han pasado tres meses. Nos quedan ahora otros tantos para comenzar un curso incierto con un virus que acecha; pese a muchos desmemoriados que creen haber terminado, con final feliz, una novela de Stephen King.

Esperemos que la demanda de FP no sufra ningún bajón. Que ese prestigio añorado, de nuestra Formación Profesional, sea algo más que una económica propaganda por las redes. Espero también que superemos un curso próximo con más acción, instrucciones y consenso; que rebasemos las ocurrencias y esos sálvense quienes puedan que vivimos ordinariamente. Innovarán los de siempre y se esconderán camuflados los que nunca dejan de pensar más que en sí mismos. Y lo pagaremos todos con agotamiento, conflictos o un desasosiego continuo. Todo por no remar al unísono.


A la fuerza se han digitalizado muchos docentes, pese a una autoformación obligada y muchas penurias frente a un teclado que se ha convertido en ese escudero solícito que al mismo tiempo nos ha mortificado junto a su amiga la pantalla. ¡Ay, qué bien estábamos dando y recibiendo clases en el aula! ¡Qué maravillosa es la educación presencial! No hay robots que valgan ni aplicaciones que sustituyan esa riña, el nervio en la pizarra o aquel discreto cumplido que recibes ocasionalmente. Los gurús educativos deberán afrontar una temporada de rebajas y saldos para lograr vender sus fórmulas magistrales.

Oiremos aquello de esto no va a ser lo mismo que antes o esa nueva anormalidad que tal vez se quede en un gel de manos o un chócame ese codo, colega. Soy poco optimista. Los que se quitaban de en medio, seguirán en las mismas; los usureros del tiempo ajeno, continuarán pensando solo en si mismos, en su horario y su monedero; los exhaustos, volverán a terminar un curso agotados por la dedicación a tiempo completo a sus alumnos y escuela. En fin. Que volveremos a las andadas con el temor añadido de un contagio a nuestros mayores. A lo sumo, en 2021, nos habremos acabado de idiotizar montando tiktoks para dar clases online.

Como mucho, algunos soñaremos con una escuela donde la lectura, la reflexión, la significatividad del aprendizaje y el cambio educativo, vengan de la mano de un consenso donde el profesorado participe y lidere a través de aquellos más sabios y experimentados, capaces de acordar y gestionar, con sensatez y humanidad, nuestro futuro educativo. Septiembre hablará.

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QUÉ NO CAMBIARÁ EN LA FP

miércoles, 3 de junio de 2020
La lectura de este artículo de Xavier Marcet  me ha inspirado para reflexionar acerca de los que seguro, a mi parecer, NO va a cambiar en la Formación Profesional, ni después de la pandemia ni dentro de diez años o más. Puede ser una especulación valiosa tener en cuenta todos aquellos aspectos que creemos continuarán siendo importantes en la educación de nuestros alumnos, en la docencia del profesorado o en la organización de nuestros centros educativos.

¿Serán nuestros alumnos diferentes dentro de una década? Seguro que continuaremos hablando de generaciones T, alfa o táctil, o esa otra letra del abecedario que convenga; pero también es cierto que seguiremos tratando de amoldarnos a los alumnos para buscar ese aprendizaje significativo que combine las necesidades de los centros de trabajo con los intereses y conocimientos de los alumnos. Los nativos o aborígenes digitales seguirán siendo colonizados por esa turba de profesores dispuestos a transmitir conocimientos a las promociones venideras.

Los alumnos siempre van a necesitar ser formados presencialmente, independientemente de las tecnologías que nos acompañen; y, como se ha venido demostrando estas semanas de confinamiento y educación a distancia, seguirán precisando de la figura del docente que les acompañe y mentorice; de unos compañeros con los que relacionarse y aprender a trabajar en equipo; y de una evaluación presencial continua más allá de un formulario digital o unas tareas en la nube. A excepción de esa modalidad online con la que coexistiremos y que seguirá siendo adecuada para unos perfiles específicos de alumnos: "La formación online no funciona".

Nuestros alumnos, o clientes como a algunos gusta llamar, permítaseme la sinonimia, van a continuar requiriendo la atención del profesorado, lo más individualizada posible (si una adecuada ratio y horas de docencia nos los permiten), y una formación permanente de los docentes en aquellas herramientas y métodos que, desde la evidencia, contribuyan a ese aprendizaje permanente deseado. Seguiremos necesitando formación actualizada, lecturas profesionales sobre pedagogía y nuevas técnicas específicas en cada familia profesional. Comienzo ahora un libro interesante al respecto, de Héctor Ruiz Martín: "¿Cómo aprendemos?".

qué no cambiará en la formación profesional blogLos centros educativos seguirán precisando una organización que se adapte a las tecnologías que las empresas y otras entidades utilizan en sus procesos productivos o prestación de servicios. Nuestros centros continuarán necesitando espacios donde trabajar en equipo, tiempos donde el profesorado se coordine, líderes que se adapten a las exigencias del momento y que encabecen medidas transformadoras más allá de la ingente documentación que generamos. Las escuelas de FP seguirán necesitando dar autonomía y confianza a su profesorado; motivando y promoviendo el compromiso de su claustro; gestionando la abundancia o la falta de implicación o profesionalidad.

Como docentes de FP mantendremos innegablemente la necesidad de relacionarnos más estrechamente con el mundo del trabajo; cercanos a las empresas y a las competencias que demandan. Seguiremos en unos años buscando recursos, digitales o físicos, para poder actualizar nuestros temarios. Aunque espero que algún día se materialice alguna iniciativa que recoja todos esos recursos publicados en abierto, por ciclos formativos, disponibles para toda el profesorado que en muchos módulos tiene dificultades para encontrar materiales específicos. Un proyecto que debiera ser coordinado entre las distintas administraciones educativas del Estado y sus Comunidades Autónomas.

En unos años, difícilmente cambiarán esos profesores que cumplen y se preocupan por el aprendizaje del alumno, más allá de unas meras calificaciones. Disfrutaremos de compañeros y compañeras que, con su experiencia, honestidad y forma de enseñar, nos seguirán inspirando para ser mejores profesionales. Y siempre habrá quien se quite de en medio, o aquel que nos da coraje por su disfrute desconsiderado a costa de alumnos y colegas que no perdonan un día en este oficio. Seguirán siendo los menos, pese al ruido que ocasionan.

Desafortunadamente, viviremos también acometidas por parte de los oportunistas que nos desean vender fórmulas seductoras para mejorar la enseñanza o artefactos supuestamente imprescindibles para ser un innovador certificado. Seguirá siendo necesario tener los pies en la tierra, contar con la experiencia de nuestros docentes; analizar y reflexionar antes de cada curso, sobre qué añadir o en qué merece la pena emplear un tiempo siempre escaso. Geniales las tiras cómicas que Pedro Cifuentes publica en Twitter con la etiqueta: #enclasenosedibuja.

Lo que dudo si cambiará o no, será esa necesidad de prestigio permanente que, como el arca perdida, parece ser el sino de nuestra Formación Profesional. Espero que se mantenga esa creciente estima a una etapa, la FP, que refleja una valoración muy positiva por parte de los alumnos que pasan por sus aulas y talleres, a pesar de las reticencias iniciales de algunas familias o un cierto desdén de algunos estamentos. Seguiremos demostrando, con hechos y a través de las experiencias vitales de nuestro alumnado, que la FP es la mejor elección para crecer personal y profesionalmente. Siempre, claro está, que se invierta en ella y se cuente con el profesorado para su transformación y mejora.

EL VALOR DE LA LECTURA Y LAS COMPETENCIAS DIGITALES EN FP

lunes, 1 de junio de 2020
Al principio de este casi, por fin, finiquitado curso, arrancamos la lectura con los alumnos de un ciclos de grado medio en Actividades Comerciales de uno de los libros del escritor Nando López: "En las redes del miedo".

Para situarnos, mejor os cuento los antecedentes y la justificación en relación al tipo de actividad propuesta como el título seleccionado. Mi insistencia, o pesadez, sobre la importancia de la lectura en los más jóvenes, me ha llevado desde hace unos años a tratar de incluir y fomentar títulos más o menos relacionados con los módulos en los que imparto mi docencia. Es difícil acertar con los gustos de los alumnos, así como es complicado que sustituyan la lectura por otras formas de ocio mucho más atractivas a sus ojos. Otros compañeros y compañeras, todavía una minoría, también se atreven a recomendar lecturas o incluyen libros (no de texto) dentro de sus programaciones.

Otros años, en ciclos formativos de grado superior, he optado por seleccionar cuatro o cinco títulos entre los que el alumno pueda escoger. La voluntariedad y esa posibilidad de elección suele ser valorada muy positivamente por los alumnos. El inconveniente principal es acertar con libros que aporten tanto el placer de la lectura como algún conocimiento o valores para su vida profesional futura. Al final, me he acabado decantando tanto por novelas como por otros títulos más "técnicos": "Libros recomendados para jóvenes de FP".

En esta ocasión, con alumnos más jóvenes, decidí seleccionar el libro de Nado López en un módulo poco literario, Aplicaciones Informáticas para el Comercio, por ser tanto literatura juvenil como por las diferentes problemática o inquietudes en las que, desde una postura nada paternalista, el autor se sumerge a través de las miradas de sus protagonistas. Asimismo, este libro, ofrece una estructura nada clásica, con constantes referencias a la música y a las redes sociales que, al principio de cada capítulo, se plasman con capturas de un diálogo o memorias personales publicadas en Instagram.

nando lópez escritor
Imagen propia
Comenzamos leyendo en clase, una vez por semana, para facilitar la lectura de todos y teniendo en cuenta la dificultad o falta de motivación de muchos alumnos para abrir un libro durante su tiempo libre en casa. También, buscábamos un tiempo de silencio a través de una lectura compartida pero individual, donde cada uno toma el ritmo que necesita o comparte su libro con otro compañero/a. No todo ha sido un camino de rosas; costó lo suyo el alcanzar ese clima de silencio y tranquilidad requerido para leer plácidamente; las interrupciones se han sucedido y en ocasiones no había libros suficientes o el temario nos obligaba a posponer la lectura. De hecho, nunca sabré si para "perder tiempo", algunos alumnos demandaban esa hora de lectura en detrimento de la clase de informática con la que debíamos avanzar; pero voy a ser bien pensado. 😄

Los días de lectura, y desde un perfil en Instagram que cree para esta ocasión, lanzaba algunas cuestiones para reflexionar sobre los capítulos de libro. Ha sido también complicado que todos participaran, entiendo también que por no querer ver "afectada" su cuenta personal con una cuenta escolar. Pero al menos, proyectando este en perfil en clase, nos servía para conversar sobre alguna de los asuntos que preocupan a los personajes del libro: suicidio, anorexia, pareja, autoestima, redes sociales, amistades, etc.

Justo antes del confinamiento, andábamos algo rezagados con la lectura del libro, y quise aprovechar estas últimas semanas para que lo terminaran todos aquellos que aún no lo habían hecho. Espero que me "confiesen", en una futura encuesta, cuantos terminaron finalmente el libro, en unos días en los que las series y el horario nocturno ha dejado huella en unos jóvenes ansiosos, lógicamente, por retomar su vida social.

La última tarea (ver aquí) que debían realizar con el libro, aprovechando las competencias digitales trabajadas durante este curso, pretendía que los alumnos utilizaran la hoja de cálculo, el diseño digital, el marketing y la edición de vídeos. Aquí, y gracias a la generosidad de Nando López, ofrecíamos a los mejores cuatro trabajos, un ejemplar dedicado del autor. Finalmente, por los problemas actuales con la logística, no los pudo firmar pero, a cambio, nos regaló dos ejemplares para cada uno de los cuatro afortunados: "La versión de Eric" y "Hasta nunca Peter Pan". Espero, a la vuelta en septiembre, poder hacer entrega en mano de estos ejemplares que ahora solo adornan mi librería a la espera de nuevos lectores.

Recalco de nuevo aquí la amabilidad de Nando que, en todo momento, se mostró atento y partícipe en esta sencilla iniciativa. Es muy motivador que un escritor se implique de esta manera con sus lectores y responda a las interpelaciones de unos jóvenes que suelen acercarse a la literatura con cierto recelo. Aquí os dejo con la reseña personal, sobre "Las redes del miedo", de una de esas alumnas que, puede pasar desapercibida en el aula, pero que demuestra su sensibilidad y saber hacer en otras muchas destrezas a menudo no demasiado valoradas desde la Formación Profesional.

ESTO ES LA FP.

sábado, 30 de mayo de 2020
La Formación Profesional no es una moda. La Formación Profesional lleva décadas trabajando con jóvenes que han logrado adquirir, gracias a ella, las competencias necesarias para especializarse en un sector profesional. Las empresas de nuestro país están en funcionamiento gracias a los miles de técnicos medios y superiores que dan soporte diario a los distintos engranajes que empresas, organizaciones, entidades y centros de trabajo de toda índole que ofrecen sus productos y servicios. Y lo han demostrado ahora, en los peores momentos de la pandemia.

La FP no es una alternativa más. La FP es la opción de cualquier alumno o alumna que esté buscando una salida laboral en tan solo dos cursos académicos. En estos dos cursos, y a través de los distintos módulos que componen cada ciclo formativo, los estudiantes son capaces de integrarse en un centro de trabajo de la mano de unas competencias profesionales alcanzadas que le van a  facilitar la inserción laboral en su sector profesional. La actitud, la seriedad, los modales, la iniciativa, la creatividad o la cultura, no están reñidas con esas competencias técnicas que aprovechamos y disfrutamos desde las aulas.

esto es la formación profesional


La Formación Profesional no es el último recurso. La Formación Profesional es la expresión del talento que muchos jóvenes materializan a través de cualquiera de los más de 150 ciclos formativos desde los que pueden emplear sus intereses personales y profesionales. La oferta formativa es numerosa y permite especializarse con un ciclo formativo de grado medio como Técnico/a o desde un ciclo de grado superior como Técnico/a Superior; existiendo además la posibilidad de transitar a otra etapa educativa diferente a la FP. Sin olvidarse de los títulos de FP Básica que son una opción magnífica para iniciarse en una profesión y encontrar motivos para seguir formándose en una edad complicada.

La FP no es todo práctica. La FP es fruto de la experiencia que el profesorado traslada a sus alumnos a través de multitud de métodos donde las habilidades profesionales se trabajan sin perder de vista la teoría para cada una de las técnicas y las destrezas para llevarlas a cabo. En FP se aprende desde las aulas, los talleres y desde los centros de trabajo, en un entorno real, donde ponen a prueba sus conocimientos y las competencias trabajadas. La FP supone una evaluación constante donde se valora el proceso de maduración profesional y no solo se califica con un examen teórico.

Los docentes de Formación Profesional no son iguales al resto. El profesorado de FP es, de hecho, el mayor activo de la Formación Profesional. Gracias al profesorado funciona una FP que, con recursos siempre limitados, ofrece una formación actualizada donde el centro de la enseñanza es el alumno. La vocación profesional del alumnado y de los docentes se conjugan perfectamente en esta etapa educativa; una actitud positiva es una garantía para el éxito académico y profesional de unos alumnos que van a beneficiarse de la especialización de su profesorado.

La FP no es tan solo un título oficial. Con la FP también vas a poder amplificar tu currículum gracias a los programas de FP Dual que se ofrecen en muchas titulaciones; o desde una experiencia en el extranjero con prácticas en empresas internacionales facilitadas con una beca Erasmus+. Conocerás, en todos los ciclos, las posibilidades de empleo y emprendimiento, los retos de la digitalización y cómo acceder al mundo del trabajo gracias a un módulo específico de Formación y Orientación Laboral. La FP acredita tu aprendizaje desde la experiencia de cualquiera de los cientos de centros de Formación Profesional en España que llevan décadas preparando a jóvenes para que afronten su futuro con la mayor confianza. Tan solo tienes que preguntar a una antigua alumna o alumno de FP.

Gracias a la FP se han iniciado mucha vidas profesionales. Incluso, desde la FP, muchas personas han podido cambiar el rumbo a sus estudios o empleos a otras actividades más satisfactorias a nivel personal. La FP nos ha dado a muchos una forma de estar en el mundo; aprendiendo constantemente, tanto desde la parte técnica como de la humana, gracias a ese contacto constante con compañeros y alumnos que dotan de ese carácter especial que tiene nuestra Formación Profesional. Esto es para mí la FP.

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GRACIAS A LOS TÉCNICOS Y TÉCNICAS DE FP

viernes, 22 de mayo de 2020
Ahora que parece que cesan los aplausos dando paso a protestas más o menos acertadas; tras muchas semanas confinada la mayor parte de la población, teletrabajando y tratando de seguir con la Educación, toca agradecer, si es que no se ha hecho suficientemente todavía, y poner nombre a todos los profesionales técnicos y técnicas de Formación Profesional que siguen dando el callo desde sus puestos de trabajo. Profesionales titulados y preparados gracias a los actuales ciclos formativos de grado medio y superior, o profesionales que se titularon como técnicos auxiliares y especialistas en FPI y FPII en aquella pionera FP.

Aquello de los trabajadores de cuello azul o cuello blanco sigue vigente en cierto modo. Ser operario nunca han sido objeto de deseo de aquellos que buscaban crédito, así como ahora, trabajar en una oficina, tampoco supone mayor consideración vistas las condiciones laborales de algunas empresas. Incluso los docentes hemos dejado de ser referentes para gran parte de la población; pasando a ser únicamente envidiados por aquello de unas vacaciones más extensas que en el resto de ocupaciones. También nos toca justificar nuestro trabajo mientras pretendemos, como ahora está de moda, solucionar ese desprestigio a base de una mejor comunicación de nuestro desempeño en una sociedad que sobrevalora la apariencia. Así ha ocurrido siempre con la gente de FP: esos efeperos que llevan décadas demandando visibilidad y reconocimiento tanto a nivel educativo como social.

Nuestros alumnos y alumnas, ya titulados en Formación Profesional, se han revelado imprescindibles a lo largo de esta pandemia. Imprescindibles los técnicos Sanitarios por su atención especializada, y en las peores condiciones, a la población afectada. Imprescindibles los técnicos en Comercio y Marketing o Seguridad y Medio Ambiente, que junto a  los técnicos de las familias Marítimo-Pesquera, Industrias Alimentarias y Agraria, han seguido desempeñando su labor para que podamos seguir disponiendo de alimentos y productos básicos en nuestras casas. O nuestros técnicos en Administración y Gestión que, desde casa principalmente, han seguido atendiendo las necesidades de las empresas que han podido continuar con su actividad económica. Por no hablar de los técnicos de Instalaciones y Mantenimiento, Energía y AguaEdificación y Obra Civil, Industrias Extractivas, Fabricación Mecánica, Química, Electricidad y Electrónica, Madera, Mueble y Corcho, Transporte y Mantenimiento de Vehículos que han seguido reparando y manteniendo la maquinaria, vehículos, activos, herramientas e instalaciones necesarias para la industria y los hogares, al igual que los técnicos en Informática y Comunicaciones que nos siguen facilitando el teletrabajo y el funcionamiento informático de las redes en unos días en los que hemos puesto al límite la capacidad de los servidores en un encierro físico pero digitalizado.  Fundamentales los técnicos de Imagen y Sonido que han facilitado que sigamos informados y entretenidos, al igual que los técnicos en Servicios Socioculturales y a la Comunidad que han seguido ofreciendo un servicio valiosísimo a muchas familias con dificultades personales. O esos técnicos en Actividades Físicas y Deportivas que han ayudado a sobrellevar la falta de ejercicio físico al aire libre con su profesionalidad y conocimientos.

gracias a la fp formación profesional

Y no me olvido de otros profesionales de sectores como la Hostelería y Turismo, Artes gráficas, Textil y Confección, Artes y Artesanía, Vidrio y Cerámica o Imagen Personal, que han tenido que bajar la persiana ante la imposibilidad de seguir con sus negocios.

Sin dejar tampoco de lado a esos miles de profesionales universitarios que ahora desempeñan su trabajo tras haber pasado por las aulas de FP y que siguen desarrollando su carrera laboral en otros ámbitos.

Es obligado este reconocimiento de todos aquellos profesionales que, diariamente, nos facilitan la vida y nos ofrecen productos y servicios de calidad, ayudándonos a sobrellevar una situación que roza la distopía. Y, muchas gracias a todos esos docentes de Formación Profesional que, a pesar de las dificultades, han seguido persiguiendo que sus alumnos adquieran las competencias profesionales desde cada uno de sus módulos. Volveremos a las aulas. Y no es una amenaza... 😉

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QUÉ HACER O NO HACER EN LA EDUCACIÓN CONFINADA

jueves, 23 de abril de 2020
En tiempos de incertidumbres parece que ni el sentido común es materia de acuerdo entre los sensatos. Ya era difícil llegar a acuerdos o tener la misma visión de lo que debe suponer la Educación y nuestra práctica docente, como para ahora pretender resolver esta excepcional situación de formación a distancia en total armonía.

Nos apuntamos al carro de lo que nos iba a transformar esta pandemia, de que debíamos parar y reflexionar sobre nuestra enseñanza, de que nada volvería a ser como antes. Y ya no compro nada de eso. Antes lo dudaba, ahora me reafirmo. Es una opinión personal más. Porque sigo observando que pretendemos trasladar a casa el mismo sistema que seguíamos antes de la alerta sanitaria; tan solo aderezado por una plataforma, una conexión permanente (quien la tenga) más unas lecciones y ejercicios que poco tienen en cuenta la autonomía o las particularidades de cada alumno. Incluso las videollamadas parecen haber pasado a mejor vida. Qué predecibles somos.

educación confinadaY todo sigue igual. Las recomendaciones de las autoridades educativas de profundizar en contenidos anteriores son ya agua pasada. Han tenido el mismo efecto que los avisos de las cajetillas de tabaco. Hay que avanzar, no nos coja no sé que tren. No sea que el libro de texto de turno o esos viejos apuntes acaben caducando en casa muertos de risa. Sigamos todos en casa añadiendo algo de estrés para mantener ocupados a los niños, ya que los jóvenes van a la suya como es lo normal, y nosotros, los docentes, perpetuando el sistema, caiga quien caiga. Sin contar el empantallamiento, sin apenas filtros, al que están sometidos ahora los más pequeños.

Y mira que me siento afortunado. Tengo una profesión que disfruto. Unos alumnos que aprecio y que me motivan a diseñar experiencias de aprendizaje significativas para ellos. Es incomparable, a nivel de esfuerzo, nuestra tarea a la que muchos profesionales sanitarios, fuerzas de seguridad, dependientes, cajeros... siguen viviendo con estrés y riesgo para ellos y sus familias. Aún así, aquí seguimos nosotros, cara al ordenador gran parte del día, por responsabilidad.Tratando de atender a una minoría que sigue demandando conocimiento y buscando despertar a una mayoría aletargada en una preocupante situación que viven ya con hastío.

No creo que sea tiempo de discutir sobre el libro de texto, la teleformación o los deberes. Me parece más adecuado buscar alternativas para conectar con los alumnos a través de aprendizajes significativos y con tareas que desarrollen la autonomía del alumnado; diseñadas pensando que será posible interactuar con cada uno de con ellos, corregirles y evaluarles. Seguimos sin tener clara la evaluación, pero seguimos simulando la programación con el piloto automático puesto; casi siempre con la mejor intención y gracias a una mayoría de docentes que siguen, como ya era habitual, buscando el mejor modo de llegar a sus alumnos. Los que se quitaban de en medio siguen ahora haciéndolo; continúan sufriéndolos alumnos, madres, padres y compañeros. Sobre todo esos primeros. Son pocos, no sé si cobardes, pero deshonestos.

Ya nos hemos pegado el empacho inicial y nos queda un mes mínimo de clases a distancia. Dosifiquemos la dieta, poca comida rápida y más platos caseros; algo de ejercicio físico y todo aderezado de afecto para que sepan mejor los guisos. Cada uno con su toque personal. Ojalá en septiembre sigamos todos con buena salud. Esta es mi única receta al título de este artículo.

LA FORMACIÓN ONLINE NO FUNCIONA

martes, 21 de abril de 2020
El título de esta entrada es totalmente equívoco; al igual que el tuit donde me planteaba el fiasco de la formación online que estamos llevando a cabo en esta situación excepcional de alerta sanitaria y que nos debería hacer meditar al respecto.

Tengo claro, como algunas personas comentaban en ese mismo tuit, que la formación a distancia es útil y fundamental en ciertas circunstancias donde el alumnado no puede cursar presencialmente unos estudios por razones personales o profesionales. El e-learning o aprendizaje virtual a través de Internet nos ofrece un sinfín de posibilidades muy superiores a la tradicional enseñanza a distancia basada en los contenidos de un libro de texto. Son numerosas las organizaciones con experiencia en el e-learning y no voy a descubrir América enumerando las ventajas que ofrece este tipo de formación.

La formación online no funciona ahora mismo porque muchos alumnos son inmaduros, sobre todo en etapas de educación obligatoria, y precisan del acompañamiento de sus docentes en un contexto donde sus familias tampoco pueden atenderlos o no disponen de los conocimientos suficientes para acompañarles en su aprendizaje. No funciona porque, tal y como está planificada, deprisa y corriendo, impide una organización adecuada y una coordinación de los equipos docentes. Esa (des)organización prorroga o amplía ese trabajo meramente individual del profesorado en un "sálvese quién pueda" habitual en muchos centros educativos donde cada uno suele hacer lo que mejor puede o cree. 

La formación online no funciona cuando venimos de un tipo de formación presencial que presenta unas inercias heredadas y ciertas malas costumbres de muchos alumnos que esperan una explicación individual de cualquier tarea y un estímulo de sus profesores. Sin descontar la falta de comprensión lectora que padecen muchos estudiantes, ¡ojalá nos sirva todo esto para fomentar e invertir en lectura! Sin perder de vista la necesidad de socialización con sus compañeros en un espacio, la escuela, que les ofrece a algunos una válvula de escape diaria a su situación familiar. Y la formación online, por mucha videollamada y aplicación digital que dispongamos, no ofrece ese contacto físico humano que los alumnos necesitan, al igual que su profesorado acostumbrado a hablar o escuchar a través de las miradas.

Luego vienen las dificultades de la evaluación de la formación online. La experiencia en este aspecto, sobre todo a nivel universitario o incluso en la Formación Profesional, ofrece múltiples prácticas docentes para valorar el aprendizaje y el trabajo del alumno. En la formación presencial, habituados a evaluaciones llevadas a cabo principalmente con exámenes escritos, se torna casi imposible encontrar alternativas fuera de los exámenes online o los tests que ahora abundan en las plataformas digitales de los centros educativos. Evaluar de otro modo requiere mucha reflexión, así como unas pautas claras de las que, en estos instantes, no disponemos. Lástima que el blog EvaluAcción no siga con esa tarea transformadora. Tampoco te pierdas, aunque dudo que ahora tengamos ese tiempo de reposo y lectura necesarios, los recursos que ofrecen desde EDULLAB o desde Conecta13.

En cualquier caso, espero que esta situación de emergencia, que habrá llevado a muchos profesionales de la enseñanza a valorar en su justa medida la necesidad de ser competente digitalmente, no sea aprovechada por las administraciones para hacer recortes; como prueba de que los alumnos pueden aprender por su cuenta y el docente es ese mero acompañante, asesor o coach que algunos pregonan. Tampoco deseo que, cuando todo esto pase, caigamos en el ansia de digitalizar todo sin ton ni son y sin un plan de formación a medida. La experiencia nos ha demostrado que las herramientas no son la solución ni el problema principal de la Educación y los robots, señoras y señores, no pueden sustituirnos por mucha inteligencia artificial que se desarrolle.

Sirvan estas líneas para valorar el enorme trabajo que desempeñan los formadores online desde sus instituciones públicas o privadas; una tarea poco valorada y que, como muchos están comprobando ahora, supone infinidad de horas de diseño de materiales, comunicación y evaluación de tareas. Un trabajo que, pese a estar bien desarrollado y con buenos resultados, no es tan agradecido y reconfortante como es la formación presencial. 

Ahora, no queda otra, sigamos con el mejor ánimo posible con la teleformación, e-learning, formación online y a distancia, aprendizaje virtual o electrónico, o como lo quieras llamar. Todo sea por nuestros alumnos. Desde casa. 

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COVID-19: DISEÑOS PARA COMUNICAR Y EDUCAR

miércoles, 15 de abril de 2020
Leyendo las noticias de la ONU en relación al COVID-19 y los derechos humanos, así como las recomendaciones que hacen a las empresas y sus responsables de comunicación -que buscan erradicar la desinformación y el odio que se propaga en las redes- estoy convencido que desde los centros educativos podemos también ayudar en esta tarea comunicadora. No se pueden tolerar acciones, como las que estos días conocemos a través de medios de comunicación, donde algunos vecinos desalmados acosan a sanitarios con los que comparten escalera.
Por ello, animo a los responsables de comunicación de las escuelas, community managers oficiosos, coordinadores/as de las TIC y redes sociales, o a los docentes que interactúan ahora virtualmente con sus alumnos y alumnas; a seguir educando en el respeto a los derechos humanos en una situación en la que la ignorancia y el  miedo son las causantes principales de la discriminación y el odio hacia ciertos colectivos. Tampoco está de más transmitir mensajes de apoyo y disponibilidad a nuestros estudiantes y la cercanía virtual que se merecen.

Es fácil llegar a nuestro alumnado a través de mensajes en aquellas redes que ellos más utilizan (Instagram, las stories, grupos de Whatsapp, Telegram, Twitter, blogs...) o desde las diferentes plataformas webs donde ahora subimos, ineludiblemente, materiales y recursos para seguir las clases a distancia. Podemos elaborar recursos multimedia propios (cartelería digital, vídeos, podcasts...) difundiendo mensajes de solidaridad, respeto a los derechos humanos y sensibilizando hacia el daño que pueden ocasionar ciertos mensajes o bulos que circulan por la red y divulgamos sin filtros.

Además de las ya conocidas páginas que se dedican a desmentir bulos, los llamados verificadores de información, es posible ayudar en esta tarea educativa mediante una campaña continua de concienciación sobre las amenazas de la desinformación en tiempos de crisis y alerta sanitaria.

covid19 gracias sanitarios

En cualquier caso, os dejo con esta serie de materiales propios descargables libremente y elaborados en diferentes tamaños y formatos, con ayuda de las plantillas que la herramienta de diseño digital Canva facilita, y que pueden ser utilizados para su publicación en las redes sociales o webs escolares. Espero que os puedan ser de ayuda para seguir educando y difundiendo valores y actitudes muy necesarios en estos días tan duros y difíciles para mucha gente. No sabemos si los tiempos de crisis nos harán o no mejores, pero, al menos intentemos poner nuestro grano de arena para que no pasemos a ser peores personas.


Si necesitas los diseños en otro formato, no dudes en contactar conmigo. También, si deseas aportar materiales para compartir libremente, me los puedes enviar a: oboluda @ gmail.com o vía Twitter

DIGITALIZACIÓN Y LECTURA EN FP

domingo, 12 de abril de 2020
Seguimos recluidos, con el curso avanzando a rastras y simulando las dinámicas que acostumbramos a llevar en el aula. Tratamos de compensar nuestra ausencia con tareas digitales o analógicas que replican nuestro modo de enseñar y la frustrada relación que ahora tenemos con los alumnos. Nos persiguen, abruman, motivan, frustran y maravillan todas esas aplicaciones digitales que ahora entendemos mejor como un medio de productividad personal, creatividad y un eficaz instrumento para comunicarnos no solo con los que sentimos más cercanos.

Antes de esta alerta sanitaria ya sabíamos de la importancia de la digitalización en el mundo del trabajo y la necesidad de muchas empresas, y de la formación profesional por ende, que buscan actualizar sus técnicas en un mundo cambiante y abierto a nuevas posibilidades en cualquier etapa de sus procesos de producción o prestación de servicios. La FP, a diferencia de otras etapas educativas, debe acompasar al instante su evolución a las novedades que se producen en cada sector profesional. No podemos obviar los avances tecnológicos ni cualquier otro adelanto que suponga una mejora de las competencias profesionales de los futuros técnicos y técnicas.

Esta nueva crisis puede que haga caer del árbol a más de uno. Quizás veamos ahora el uso de las aplicaciones informáticas o de las redes como herramientas imprescindibles independientemente del módulo o ciclo formativo donde ejerzas. Puede que finalmente contemplemos todos a Internet y al conocimiento que se comparte en las redes como el ecosistema ideal donde seguir aprendiendo y colaborando en aras de una mejora personal y profesional tanto de los alumnos como del profesorado. Todo ello sin obviar el informe PISA de 2015, "Students, Computers and Learning", que no encontraba una mejora apreciable de la lectura, las matemáticas o las ciencias, en los alumnos de aquellos países que habían invertido fuertemente en TIC para educación.

lecturas fp digitalización
Tal vez también estamos (re)aprendiendo sobre la importancia que tiene la comprensión lectora y la expresión escrita de nuestros alumnos que se encuentran solos, en casa, ante textos, cuestionarios y problemas que deben resolver sin la ayuda del compañero o docente habitual. Tal vez seamos más conscientes de lo útil que resulta trabajar tus propios recursos digitales más allá del libro de texto de turno. Puede que incluso dejemos de echar la culpa, de esa falta de expresión escrita y comprensión lectora, a los docentes de etapas previas si todos, desde nuestra parcela (también las familias) damos la misma importancia a los libros y no solo a los dispositivos digitales, idiomas o campos de deporte.

Leer, leer y leer. Todo pasa, incluso aquellas aplicaciones digitales más sencillas, por el acto de la lectura. Ser ágil leyendo y comprender correctamente un texto es una habilidad que repercute sin duda en el aprendizaje autónomo del alumno. ¿Cuánto leemos en el aula más allá de los libros de texto o las fotocopias técnicas del profesorado? ¿Cuántos libros recomendamos durante el curso? ¿Cuántas visitas a las bibliotecas físicas o virtuales programamos cada años? ¿Cuántos planes lectores se llevan a cabo en los centros de Formación Profesional? ¿En qué estado se encuentran las bibliotecas escolares de FP y que visión tenemos sobre ellas?

Mantener la vista en los cambios que se producen en la economía y en las empresas, es inherente en una formación de calidad. Estar atentos a las tendencias es también exigible a los formadores y a una Administración obligada a facilitar los medios para que ese conocimiento actualizado sea permeable en todos los integrantes de la comunidad educativa. Estas ansias de futuro no pueden obviar otras competencias igual de importantes: procesar críticamente la información; ser ciudadanos reflexivos y compasivos.

Como apunta Maryanne Wolf en su último libro, "Lector, vuelve a casa": "Si nosotros, en el siglo XXI, queremos preservar una conciencia colectiva vital, debemos asegurarnos de que todos los miembros de nuestra sociedad puedan leer y escribir bien y en profundidad. Fracasaremos como sociedad si no educamos a nuestros niños y reeducamos a nuestra ciudadanía en la responsabilidad de cada ciudadano de procesar la información de manera vigilante, crítica y sabia a través de los distintos medios de información. Y fracasaremos como sociedad, como lo hicieron las sociedades del siglo XX, si no reconocemos y asumimos la capacidad de razonamiento reflexivo de aquellos que no están de acuerdo con nosotros." La autora, sostiene que la cultura digital ya está provocando cambios en el cerebro lector; aprender a combinar una la lectura rápida digital en tareas que requieren agilidad con una lectura reflexiva y profunda, principalmente en papel, es un reto al que nos enfrentamos como educadores.

No puedo estar más de acuerdo con Felipe Zayas, en "Leer en el centro escolar: El plan de lectura":  "todos los profesores, sean de la asignatura que sean, han de incluir la lectura y la escritura en sus actividades de enseñanza, (...) es decir, no para enseñar a leer y a escribir, sino para guiar a sus alumnos en la construcción de determinados conocimientos, para que se apropien del lenguaje y de las formas discursivas características de estas áreas del saber." Es posible, y deseable, introducir lecturas en cada uno de los módulos de nuestra docencia, así como la escritura a través de blogs, portafolios, proyectos digitales, etc. Leer y escribir son tareas que requieren un esfuerzo intelectual y la adquisición de unas competencias que seguro serán útiles al alumno en su desempeño profesional.

No malgastemos la coyuntura actual, con una formación digital forzosa, fomentando un aprendizaje superficial y ligero; contemplemos la reflexión y la lectura en nuestra práctica docente como un elemento cardinal de la enseñanza. También ahora desde casa.

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TODOS A LA CALLE

jueves, 2 de abril de 2020
Las aceras están plagadas de gente sentada en todo tipo de sillas. El asfalto de la calzada se adivina a duras penas; las tiendas de campaña se apiñan sin apenas espacio para circular entre ellas. Cada calle, cada barrio, parecen uno de esos campamento de refugiados que intuimos en los telediarios. Las ciudades han derivado en un hormiguero destripado de proporciones dantescas. Y los pisos, vacíos e inservibles como latas amontonadas para su reciclaje.

Ignoro cuándo estalló esta calamidad. Algunos apuntan a que todo comenzó unas semanas después de terminar el confinamiento provocado por la dichosa pandemia; tras varias semanas recluidos en casa, el uso intensivo y diario de la lejía había ido corroyendo los cimientos de la mayoría de edificios; los bomberos se vieron obligados a clausurar edificios por el riesgo de derrumbamiento. Pasaron los días. Llegó un momento en el que no quedaban viviendas disponibles libres de letalidad. Las autoridades se vieron obligadas a sellar los portales y sus vecinos fueron desahuciados en demasiadas pocas horas.

Otros achacan la situación sobrevenida al impacto físico de los estudiantes y originado en las escaleras y zonas comunes de cada edificio: alumnos obligados a acudir en masa a los MEA (Massive Exams Agreement) que erosionaron indefectiblemente el esqueleto de los edificios donde habitaban. Ese trajín no perdonó tan siquiera a los edificios más modernos. Incluso algunos achacaban la situación al exceso de conexiones a internet ocasionado por un uso desmesurado de las redes sociales y esos malditos grupos de WhatsApp saturados de gracias sin gracia; una hiperconexión que dicen los tecnófobos suscitaron los fallos estructurales de nuestras viviendas. Esta forzosa caída de la Red, aliviadora de la salud mental y física, ha cambiado nuestras vidas.

¡QUÉDATE EN CASA!En este apocalíptico paisaje urbano, con miles de edificios y construcciones precintados, resaltan ahora los rótulos amarillos fosforescentes donde se puede leer: "El que sale ya no entra. Prohibida la entrada a las viviendas sin el permiso y acompañamiento de la autoridad pertinente". La norma, de obligado cumplimiento, exige a los moradores la autorización de los responsables educativos de cada región. Los gobernantes, además de la inspección técnica del inmueble, imponen que un docente acompañe a sus propietarios junto a sus vástagos, máximo por parejas; el propósito radica en que las familias puedan rescatar los deberes, el chándal, la flauta y los libros de texto imprescindibles para el arranque del curso escolar. Los chromebooks, móviles y las tablets han pasado a mejor vida. El acabose.

La nueva clase privilegiada son los técnicos de Formación Profesional. Las familias se los rifan. No hay tienda sin una dieta, una cura, un arreglo, una dinámica de grupo, un trámite o un corte de pelo en el que no intervenga una o uno de ellos. El Gobierno comenzará a becar el próximo curso a todos aquellos que cursen Bachillerato, una etapa que parece caída en desgracia. Los chavales de la ESO acosan a los orientadores en busca de folletos sobre la FP. No dejo de frotarme los ojos.

La vida en las calles no es demasiado dura. Ahora, a finales de septiembre, la climatología respeta a los sin techo. Lo que peor se lleva es la falta de internet, ya que es imposible recibir tareas escolares o mantener contacto con los tutores de los muchachos. El papel higiénico ha dejado de ser un bien de primera necesidad; hay sobreabundancia de rollos derivada de lo poco acogedoras que resultan las letrinas públicas instaladas por el ejército en cada barrio. Hay un portacontenedores con fibra alimentaria que atracará en el puerto de Valencia el próximo mes.

Los quioscos son ahora los bares de antaño. Abren casi veinticuatro horas, ofreciendo pilas (ante la falta de alargadores y enchufes) y juegos de mesa para estas noches que despiden el verano. El bingo casero ha sustituido a las traslúcidas apuestas online. La prensa en papel es además un bien apreciado. Twitter va a sacar un diario con artículos de doscientos ochenta caracteres. El postureo en las redes se ha descolgado de nuestras vidas, pero ahora debemos soportar la procesión de cuerpos cincelados paseando junto a los iglús del Decathlon. Comienzan a propagarse los primeros bulos sobre la durabilidad del material de las tiendas de campaña y cuáles son las mejores cantimploras según la frenología. Los youtubers han pasado a peor vida.

La gente está muy preocupada. Los niños sin colegio ni actividades académicas empiezan a marear a los adultos. Están pensando en dar clases multitudinarias desde los inutilizados estadios de fútbol que, afortunadamente, no han sufrido daño alguno durante los meses anteriores. Se habla sin cesar de los posibles despidos de miles de profesores; la política educativa pasa por la educación en casa (tentschooling) a cargo solo de los padres que posean un certificado de idoneidad parental como enseñante. Sin embargo, aún no sabemos cómo se va a evaluar a esos padres y madres o a sus descendientes. Solo nos dicen que seamos positivos.

Con lo bien que estábamos en casa. Y en las aulas.

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EVALUACIÓN EN FP EN TIEMPOS DE PANDEMIA

martes, 31 de marzo de 2020
Reflexionando a propósito del artículo de Fernando Trujillo, "¿Evaluación del curso? Escenarios posibles para el futuro inminente de la educación", publicado en el El diario de la Educación, me planteo cuál escenario es el más plausible en el caso de los centros de Formación Profesional. En principio, siguiendo las directrices de mi comunidad autónoma (la valenciana), entiendo que nos podemos plantear el escenario 1 o 2 durante este estado de alerta sanitaria.

evaluación fp coronavirusEl primer escenario plantea la autonomía de los centros para llevar a cabo la evaluación que estos consideren más adecuada: ya sea promediando las calificaciones de las dos primeras evaluaciones y dejando la tercera sin calificar; o realizando una evaluación continua, durante estas semanas de confinamiento, de los contenidos de esas dos evaluaciones junto a una prueba final que pudiera ser presencial o a distancia usando medios telemáticos.

El segundo escenario persigue ajustar el currículo a unos contenidos mínimos planteados por la Administración educativa; lo que en nuestro caso, atendiendo a la numerosa oferta de títulos de Formación Profesional, se antoja prácticamente imposible. Incluso, si así fuera, debiéramos también evaluar de algún modo dichos mínimos, al igual que en el primer escenario.

Por ello, siguiendo las indicaciones que se trasladan desde nuestra Conselleria y secundando la argumentación de Fernando Trujillo, me planteo una evaluación de la FP dentro de un escenario 1, donde debemos adaptar nuestra programación a aquellos contenidos que consideremos más relevantes en cada uno de los diferentes módulos que componen los ciclos formativos. La dificultad de este escenario estriba en el tipo de evaluación que podemos plantear al alumnado. En estos momentos, no sabemos si volveremos o no a las aulas; desconocemos si será posible o no abrir los centros educativos para llevar a cabo las recuperaciones de los trimestres anteriores, las evaluaciones extraordinarias o las sesiones de evaluación. Desconocemos si podremos volver a atender a los alumnos presencialmente y realizar exámenes físicamente en las aulas de los centros educativos. 

Me parece por ello importante plantearnos otros posibles escenarios antes de continuar con el curso a distancia tal y como lo venimos haciendo en estos días. Las cuatro semanas de formación digital no nos las quita nadie. Ahora, queda plantearse si volveremos a las aulas después de la vacaciones de Semana Santa o si la vuelta a la "normalidad" será o no factible hasta el mes de mayo o junio. 
Personalmente, considero más adecuado plantearnos un escenario conservador donde la vuelta a las aulas va a resultar improbable. Entiendo que será difícil volver a dar clases con una epidemia rondando entre nosotros durante los próximos meses. De hecho, en China, se están comenzando ahora reabrir algunos centros educativos de algunas zonas del país, tras más de dos meses de cuarentena y confinamiento. 

¿Y qué podemos plantear a los alumnos? La inercia que detecto, al menos en mi contexto más próximo, pasa por seguir con el temario de mejor o peor modo, a través de las diferentes tareas que el alumnado puede llevar a cabo desde casa y que envía periódicamente al profesorado por medios digitales. Pero, ¿hasta qué punto nos hemos parado a pensar en cuáles son esos contenidos más relevantes que debemos trabajar a distancia y qué tipo de evaluación pensamos plantear al alumnado según las circunstancias a las que nos enfrentemos?

Las tareas o actividades que estos días estamos trabajando son evaluables, con el inconveniente que la retroalimentación que podemos dar ahora a los alumnos es algo más costosa por el tiempo que requiere la propia formación presencial. Muchos podemos haber cometido el error de mandar trabajo por encima de nuestras posibilidades de corrección, asumiendo una carga horaria del módulo que no se corresponde realmente al trabajo que se venía haciendo desde el aula (explicaciones, prácticas, atención al alumno...). También estamos a tiempo de echar el freno. No es raro oír las protestas de alumnos que reciben un exceso de tareas sin explicaciones previas o sin temporalizar adecuadamente. 

Sin la explicación previa o sin los materiales y herramientas específicas del aula, necesarias en aquellos módulos más técnicos, no es posible desarrollar muchas de las competencias básicas programadas. En estos días, la flexibilidad y la creatividad de docentes y alumnos son cualidad es esenciales para seguir adelante con la frágil formación que ofrecemos. Sin obviar las circunstancias personales que pueden rodear a cada familia y que pueden dificultar aún más si cabe la adquisición de estas competencias. 

Volviendo a la evaluación, la cual nos debemos (re)plantear antes de seguir con la dinámica actual. ¿Cómo vamos a evaluar este último trimestre? ¿Cómo van a recuperar los trimestres anteriores aquellos alumnos que no los han superado? ¿Cómo haremos el cálculo de la calificación final del curso que es decisiva para la promoción a etapas superiores?

Mi propuesta pasa por la evaluación y calificación de cada una de las tareas que ahora están realizando los alumnos desde casa, teniendo en cuenta el grado de participación e implicación en su propio aprendizaje, sin obviar en ningún momento las dificultades materiales que puedan tener algunos alumnos sin medios tecnológicos (es precisa una valoración previa al respecto). Estas tareas, dependiendo de cada familia profesional, deben contener esos contenidos más relevantes mencionados anteriormente. Los portafolios digitales (mediante webs, blogs u otros soportes) son aquí una herramienta muy útil que algunos acostumbramos a utilizar en ciertos módulos. 

No nos queda otra que simular, en la medida de lo posible, esos contextos profesionales en los que trabajamos; la realidad virtual o aumentada podría ser muy útil en estos casos, aunque dudo que ahora seamos capaces de desarrollar estas posibilidades (si te animas, ahora hay abierto un MOOC del INTEF sobre "Realidad virtual en educación"). Aún así, debemos asumir que la formación va a quedar incompleta a pesar del esfuerzo ímprobo que muchos docentes están realizando a través de la producción de materiales audiovisuales o videollamadas con sus alumnos. 

Luego viene el tema de los exámenes; ¿son imprescindibles en el contexto al que nos enfrentamos? ¿podemos valorar otras alternativas más allá del examen a desarrollar o tipo test? Cuesta romper esas dinámicas de las que antes hablábamos, pero ahora no tenemos más remedio que reflexionar sobre qué tipo evaluación vamos a llevar a cabo y de qué instrumentos nos vamos a servir. 

Las herramientas digitales que favorecen una evaluación clásica, a través de exámenes a desarrollar o tipo test, son diversas: podemos realizar formularios online con un tiempo limitado y orden aleatorio y a una hora específica para evitar plagios; se pueden realizar exámenes escritos desde documentos en línea a través de cuestionarios donde el alumno pueda consultar libremente los materiales de los que disponga, así como también sería posible realizar exámenes orales a través de videollamadas individuales. ¿Tienes alguna otra alternativa?

La excepcionalidad de la situación junto al estrés provocado por numerosas tareas pendientes, mensajes por contestar o reedición de los materiales propios o ajenos, no favorecen ahora una reflexión sosegada sobre la evaluación del alumno. Aún así, la singularidad en la que ahora nos movemos (pese al confinamiento físico), nos exige tomar medidas extraordinarias que seguro en un futuro enriquecerán nuestro aprendizaje profesional docente. Vivimos en tiempos apresurados que, desafortunadamente, hemos debido de detener forzosamente; vayamos cambiando la marcha según sea el recorrido y los pasajeros, con la vista puesta en esos aprendizajes valiosos para nuestros alumnos. 

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COMPARTAMOS RECURSOS DE FP

jueves, 26 de marzo de 2020
Desde que arranqué este blog, hace ya varios años, así como navegando por las redes sociales, especialmente en Twitter, he podido comprobar las escasas y puntuales iniciativas públicas o privadas enfocadas a compartir recursos específicos de Formación Profesional abiertos a la comunidad docente.

En estos momentos de dificultad, con la formación a distancia obligada, y cuando surgen multitud de iniciativas solidarias para que el alumnado pueda seguir de algún modo con su formación, podríamos aprovechar estos días para compartir aquellas actividades específicas de los ciclos formativos donde ejercemos y que pueden ser de utilidad a otros compañeros.

Las autoridades educativas se han visto obligadas a elaborar repositorios digitales, como es el caso de la Comunidad Valenciana, con el fin de facilitar la tarea al profesorado. Iniciativas loables, pese a que debieran haberse promovido antes de llegar a esta situación extraordinaria, y que junto a cientos de profesores que ofrecen su colaboración y experiencia con herramientas digitales de formación online, corren el riesgo de dispersarse por las redes. Espero que esa tarea de curación, desde el ministerio y las consejerías, se unifique de algún modo y, en el caso de la FP, nos veamos todos beneficiados de los diferentes materiales diseñados específicamente para los futuros técnicos y técnicas de Formación Profesional. Materiales que pudiéramos filtrar por ciclos y/o módulos formativos, además de por familias profesionales.

La comunidad folera (FOL, EIE, RET) siempre ha sido un ejemplo a seguir en lo que se refiere a la distribución de materiales y organización de encuentros donde se favorece la difusión de buenas prácticas y la reflexión educativa. En la web de su asociación nacional (ANPROFOL) podéis ver muchas de las iniciativas de su profesorado. No tiene sentido llevarse a la tumba unos recursos que otros docentes pueden utilizar, citando las fuentes y agradeciendo su uso al autor/a, para el beneficio de miles de alumnos que pasan cada año por nuestras aulas y talleres de FP. Y que no sea tampoco por vergüenza o pudor; todos tenemos recursos valiosos que aportar.

Ahora que muchos están haciendo un curso acelerado de digitalización, y no solo acerca del uso de videoconferencias, tenemos la oportunidad de compartir nuestros recursos propios a través de cualquier sistema de carpetas compartidas en Internet -Google Drive, Dropbox, OneDrive, etc.- donde solo necesitamos copiar el enlace que da acceso público a esa carpeta y archivos personales, o a través de algún blog o web personal sencilla publicada con una de las herramientas gratuitas que nos ofrecen en la red.

Además de estos recursos que podemos compartir, ya sea mediante portafolios digitales docentes o abriendo los espacios web donde subir nuestros materiales a los alumnos, también podemos aprovechar estos días para conectar con la comunidad de profesores de Formación Profesional que se mueven por las redes. En LinkedIn o a través de Twitter podemos conocer cuentas personales muy valiosas para seguir aprendiendo y conocer la realidad de otros centros de FP y el trabajo de los profesores con sus alumnos. Puedes comenzar a seguir personas o entidades relacionadas con la Formación Profesional desde esta lista de Twitter elaborada por Pablo Peñalver.

Te animo, si no lo has hecho aún, a publicar tus materiales con la licencia que estimes conveniente. Os dejo de nuevo con la tabla colaborativa abierta con casi un centenar de recursos de FP clasificados, y en la que puedes dejar esa web, blog, canal de vídeo o carpeta personal con esos materiales que pueden ayudar a muchos docentes que no encuentran fácilmente recursos específicos para sus módulos.



recursos abiertos de Formación Profesional


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¿Y SI NO HUBIERA INTERNET?

miércoles, 25 de marzo de 2020
Tras varios días donde la actividad académica familiar de mi casa pasa, irremediablemente, por varias pantallas conectadas a internet durante la mayor parte del día, me pregunto: ¿qué estaríamos haciendo ahora si no tuviéramos esa permanente conectividad a la red? ¿cómo nos habríamos planeado todas estas jornadas de reclusión?

Algunos idealistas, entre los que me incluyo, soñarían con un encierro casero aliviado con partidas interminables de juegos de mesa, leyendo hasta las tantas novelas o cómics, conversando con familiares y amigos por teléfono, haciendo turnos para cocinar y ordenar rincones deshabitados, o escuchando la radio y esos CDs en peligro de extinción. Otros bailarían, cantarían sin temor al vecindario, harían maquetas, idearían disfraces, retomarían el dibujo, ensayarían con sus instrumentos...

La realidad es otra. No somos capaces de parar por el qué dirán nuestros votantes o ciudadanos; o por ciertas inercias que consideran irrenunciable el no agotamiento de un currículo; o por que no se puede dejar de consumir contenidos para que ruede sin cesar el sistema; o por que los expertos nos aconsejan seguir con rutinas al igual que antes nos aconsejaban que saliéramos de nuestra zona de confort. ¡Hay que mantener horarios como si no pasara nada! Pero, algo pasa.

Pasa que llevamos ya muchas horas con niños que necesitan actividad física. Pasa que hay padres y madres que trabajan en casa o fuera de ella y no pueden hacer de monitores. Pasa que no todas las familias disponen de un dispositivo por cabeza o conectividad suficiente. Pasa que hay demasiada gente muy grave y que fallece diariamente a nuestro alrededor. Pasa, simplemente, que estamos en estado de alerta sanitaria y las prioridades debieran ser otras. Pasa que no se puede replicar el horario escolar en casa aduciendo que internet está abierto veinticuatro horas. Pasa que los colegios no son una réplica de aquellos 7-Eleven, abiertos todo el día, que nos maravillaban en los años noventa del siglo pasado.

Por soñar que no quede. La insumisión parece no caber y seguiremos arrastrados por la misma dinámica, protestando en las redes sociales, despotricando en los grupos de WhatsApp o quemados con la dinámica diaria de tareas; eso si somos afortunados y no tenemos preocupaciones más serias. Aún así podemos darnos con un canto en los dientes: vivimos en un país con recursos y un sistema sanitario público de calidad, al igual que disfrutamos de un sistema educativo con docentes muy profesionales que, en su inmensa mayoría, se ocupan de sus alumnos más allá de lo que exige su responsabilidad laboral.

Si no tuviéramos internet nos lamentaríamos más en silencio, puertas hacia adentro. Nuestros pensamientos no enmudecerían entre las videollamadas programadas que nos mantienen ocupados. Quizá nos pararíamos a pensar en aquello que podemos hacer en casa, con pausa, más allá de las obligaciones escolares que aceleran los días. Tal vez, si no hubiera internet, solo haría falta alguna que otra llamada de ánimo de la gente más cercana, o una fugaz sonrisa desde la ventana y aprovechar la lenta espera de ese día en que todo volverá a la normalidad. Sin embargo, sin internet, no estaría compartiendo ahora estas líneas, ni sabría de la ansiedad de familias, alumnos o compañeros de otras regiones. Nunca sabes si vivir en la ignorancia, desconectado o alejado del conocimiento, es más conveniente para nuestra felicidad.
“En realidad, encontramos que cuanto más se preocupa una razón cultivada del propósito de gozar de la vida y alcanzar la felicidad, tanto más se aleja el hombre de la verdadera satisfacción, por lo cual muchos, y precisamente los más experimentados en el uso de la razón, acaban por sentir, con tal de que sean suficientemente sinceros para confesarlo, cierto grado de misología u odio a la razón, porque tras hacer un balance de todas las ventajas que sacan, no digo ya de la invención de todas las artes del lujo vulgar, sino incluso de las ciencias (que al fin y al cabo les parece un lujo del entendimiento), hallan, sin embargo, que se han echado encima más penas que felicidad hayan podido ganar, y, más que despreciar, envidian al hombre común, que es más propicio a la dirección del mero instinto natural y no consiente a su razón que ejerza gran influencia en su hacer y omitir.”  Inmanuel Kant. "Fundamentación de la metafísica de las costumbres" (1785)
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