Las aulas del futuro (muy lejano)

miércoles, 16 de junio de 2021

¡Ay, si tuviéramos fondos disponibles para invertir en instalaciones y tecnología! Qué preciosa queda esa aula del futuro plasmada en prensa, en las webs educativas y en las redes, donde, como en los pisos piloto, aparecen perfectas y coloridas salas con mobiliario amablemente ondulado, paneles móviles transparentes, pizarras blancas y nacaradas juntoa a pantallas digitales imponentes donde nos gustaría quedarnos a veranear bajo su aire acondicionado e ionizado. 


Pero luego viene la realidad de las miles de aulas que pueblan el país de norte a sur; aulas donde jamás llegarán esos miles de euros que supone el montaje de cada una de ellas: porque hay otras necesidades, porque son de centros concertados y no hay ayudas, porque no hay espacio suficiente o las prioridades son otras, porque la burocracia es compleja o porque estamos ante una moda pasajera hasta la vuelta de los nostálgicos de la tarima. 




Yo me conformo con tener un espacio adecuado, una ratio decente y, como no queda otra, pedir a los alumnos eso del BYOD que queda muy cool y nos ahorra el mantenimiento de equipos. Ahora, gracias al auge del teletrabajo, la teleformación y las tarifas de datos infinitas podemos aligerar el gasto en los centros educativos. ¡Quién se acuerda ahora de los 128 kilobits de descarga por segundo que compartíamos entre todos los equipos del centro! En cualquier caso, si fuera por pedir, seguiría demandando aulas de informática con equipos portátiles, pantallas digitales LED de gran tamaño con conectividad inalámbrica a la red y a los distintos periféricos (teclados, altavoces...); pantallas que permitan proyectar fácilmente el dispoitivo del docente o los alumnos sin depender de cables u otros sistemas. 

 

 


 

Si hablamos de interiorismo, ahí soy de gustos un tanto escandinavos. Pediría un mobiliaro sencillo, cómodo y resistente; con lo justo y necesario para trabajar y poder moverse en el aula. Ahora, pese a las tendencias de los últimos años, parece que se demuestra que un exceso de decoración puede influir en la atención de los más pequeños. Supongo que todos seríamos más felices en aulas ventiladas con buenas vistas al exterior, con iluminación natural o artificial adecuada y a esa temperatura que eluda los sofocos estivales o la congelación invernal habitual de la península ibérica. Ideal este Learnometer para medir distintas variables necesarias para el confort adecuado del aula, junto a un purificador muy útil en los tiempos que corren (aunque sea como último recurso).


Puestos a pedir, también invertiría en una buena biblioteca de aula con ejemplares recomendados a los alumnos donde puedan tomar prestados libros actuales o clásicos en cualquier momento del curso. No sería muy costoso tener treinta o cuarenta libros en un par de baldas; pensando sobre todo en la escasa querencia actual de los estudiantes por las bibliotecas. Con el precio de un ordenador tenemos libros de sobra para una sola aula.

 

Para los de Formación Profesional, además de los necesarios enchufes y ladrones diseminados por la sala, sería genial disponer de material fungible para el diseño de prototipos, elaboración de esquemas o fichas, toma de apuntes, etc. Podríamos contar con un buen equipo de audio y video para la grabación y edición de material multimedia o la retransmisión digital de cualquier evento por las redes. Incluso con este Catchbox lograríamos que hasta el último estudiante participe en el aula:

 


En esta nueva aula también es interesante contemplar la disposición del docente. Muy interesante la experiencia de este profesor que modifica su situación para la instrucción directa: deja de estar frente al alumno y se ubica detras o en un lado del aula y limitando sus exposiciones a 27 minutos siguiendo el modelo de John Hattie en "Aprendizaje visible"


Ya sé que queda mucho para la llegada de SSMM los Reyes Magos, Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás, pero que no quede por pedir y soñar algo más allá de nuestras sillas verde ministerio.

 

Photo by Werner Du plessis on Unsplash

EDUCACIÓN: ¿CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE PEOR O MEJOR?

lunes, 14 de junio de 2021

En la actualidad, para variar, seguimos criticando leyes educativas, el aprendizaje competencial o a través de proyectos, el bajo nivel del alumnado (y profesorado), la exagerada introducción de las emociones en el aula, la formación docente, la introducción de dispositivos, la ratio alumnos-docente, las modas pedagógicas, el gurusismo en las redes o cualquier otro asunto que pueda servir para vender titulares de prensa o incluso un libro propio. 


Algunos lo harán desde la autocrítica como un modo de mejorar las deficiencias de nuestro volátil y remolón sistema educativo. Otros, desde esa atalaya donde se divisa un pasado ideal donde el conocimiento y la cultura fluían acompasadamente entre una juventud esforzada. Unos cuantos se servirán de la crítica para defender su ideología y buscar la confrontación con el gobierno de turno (hasta que administren los suyos). 


Leemos entrevistas o escuchamos ponencias con aseveraciones concluyentes donde nos dejamos obnubilar por un pasado idealizado gracias al cual somos ahora ilustradas personas de bien frente a la barbarie que nos acecha. Parece que, al igual que olvidamos las noches en vela con nuestro primer hijo y seguimos deseando un segundo y un tercero, la mente tiende a arrinconar ciertos infelices recuerdos escolares. Yo no recité la lista de los reyes godos (me parece que ese recital es una leyenda); pero haciendo memoria, recuerdo clases con más de cuarenta y cinco niños (todo varones), algunos capones aleatorios, docentes más severos de lo admisible, desatención emocional y una ley de la selva donde los más débiles e inadaptados acababan rezagados o expulsados del sistema.


El problema lo tenemos en que tras más de cuarenta años parece que seguimos titubeando tanto en relación a los objetivos del sistema educativo como de los medios y métodos a utilizar en las aulas; los docentes tras distintas leyes educativas seguimos a nuestro aire con más o menos acierto y con una praxis influenciada más por el entorno próximo o las modas educativas que por cualquier directiva de la administración. Los equipos directivos tienen, para bien y para mal, un gran efecto en los métodos que el profesorado utiliza normalmente a través de la formación recomendada o de un proyecto educativo cohesionado. Las familias, por su lado, no entienden de didáctica más allá de lo que experimentaron como estudiantes o de lo que su sentido común les puede decir; a menudo son más fuente de conflicto que un agente colaborador de la escuela. 



Pero, ¿no estábamos mejor en el pasado? A nivel didáctico era todo mucho más sencillo: la cotidianidad del enseñante la definía un libro de texto y una instrucción directa donde el docente y el alumno tenían claro su papel. La formación pedagógica brillaba por su ausencia, y la innovación se limitaba a alguna visita extraescolar o al uso del VHS. Como alumno solo te quedaba esperar que te tocara un docente afectuoso y no demasiado intransigente. Ahora, la cosa ha cambiado, la relación no es tan distante; aunque el alumno sigue desconfiando de una figura docente a menudo desbordada o con la paciencia puesta al límite. La familia ofrecía, normalmente, un apoyo incondicional al profesorado; a cambio, el alumno, no tenía presunción de inocencia alguna. Hoy día el panorama es imprevisible. 


Para rematar, la orientación educativa era muy simple: a los catorce años muchos dejaban de estudiar para buscar un oficio o eran encaminados hacia una FP destinada para aquellos que no "valían" para seguir estudiando. Los elegidos seguían con un bachillerato dirigido casi exclusivamente a aquellos con intenciones universitarias. Pese a todo, tenemos mucho que agradecer a esos docentes de FP que lograron dar un futuro a miles de los jóvenes de entonces. Mucho ha cambiado, afortunadamente, el panorama al respecto: tenemos una Formación Profesional donde caben todo tipo de perfiles personales y vocaciones laborales; que permite una transición flexible a otras etapas educativas y donde ya no es motivo de deshonra afirmar que estás cursando un ciclo formativo. 


En el camino puede que nos hayamos dejado cierta exigencia o una amplia cultura general que los mejores estudiantes exprimían durante su escolarización. La importancia de la lectura y escritura, unos valores definidos y los modales eran puntales de un sistema educativo poco dado a pensar en la personalización del aprendizaje o en una inclusión como hoy día la entendemos. Los que más sufrieron esa escuela son los que ahora se rebelan frente a esa tendencia conservadora que entiendo está encabezada por aquellos que fueron brillantes y esforzados estudiantes. Casar exigencia con inclusión es la parte más difícil de este paisaje educativo actual. No dejarnos a nadie en el camino es una obligación que tenemos como sociedad sin obviar que debemos inspirar cuando convivimos en un mundo con un presente disruptivo y un futuro que se antoja precario. 


Ya tenemos suficiente experiencia para saber qué aporta la tecnología y cómo y cuándo debiéramos implantarla en las aulas. Ya debiéramos conocer la mejor forma de introducir las lenguas cooficiales y extranjeras. Ya podríamos tener claro que una buena biblioteca escolar y un equipo de docentes formados en el fomento a la lectura es mucho más importante que cualquier otra innovación. Ya debiera ser evidente que hay que contar con el profesorado y la investigación educativa para llevar a cabo reformas. Ya sabemos que la burocracia escolar es inútil y que necesitamos medios y pocos alumnos para atenderlos convenientemente. Para ello, precisamos líderes educativos que escuchen y actúen sin sesgos, desde la experiencia acumulada en las aulas, con capacidad de consenso y flexibilidad, con decisión y una visión optimista, a la vez que realista, de la educación que queremos. Y que pisen las aulas y lean mucho, si es posible. 


Photo by Paolo Bendandi on Unsplash

¿ESTAMOS HECHOS LOS DOCENTES PARA EL TRABAJO EN EQUIPO?

jueves, 10 de junio de 2021
No pretendo hacer una lista exhaustiva de motivos por los que el profesorado no estamos duchos en el trabajo en equipo. Podríamos aducir razones históricas o culturales que nos han (mal)acostumbrado a ese trabajo de hormiga en el aula a la que le molesta a menudo, paradójicamente, lo que rodea al hormiguero; ya sea por comodidad o por una sensación de eficacia o autosuficiencia donde nos estorban las ideas o maneras ajenas. 

Tal y como comentaba en la anterior entrada, la falta de autocrítica nos impide en ocasiones detectar esas carencias o mejoras que podríamos resolver aprendiendo de los compañeros, con una necesaria formación específica o a través de lecturas técnicas o pedagógicas recomendadas (aprovecho para recomendaros el catálogo de libros digitales de la Editorial Aptus). ¡Cuánto nos perdemos por no entrar al inicio de nuestra profesión en las aulas de docentes experimentados! Tampoco favorece el trabajo en equipo una plantilla eventual del centro o donde los docentes del ciclo no tienen cierta estabilidad. 

trabajo en equipo docente


Luego vienen ciertos problemas estructurales y organizativos que impiden a los centros educativos una organización adecuada donde la "reunionitis" no sea algo temido por la mayoría del claustro; donde no falten dinamizadores, espacios y tiempos organizados para llevar a cabo proyectos y una comunicación sana entre el profesorado. O las dificultades con el profesorado que, aunque nos cueste admitirlo, también padecemos de muchas teclas y temperamentos distintos, que impiden esa armonía indispensable en un trabajo colaborativo. La generosidad, el talante, el optimismo, el sentido del humor y, sobre todo, no ver trabas en cualquier propuesta, también facilitan ese trabajo en equipo. Las herramientas digitales, sincrónicas o asincrónicas, son secundarias en comparación con esas apreciadas cualidades personales donde sobran egos y amor propio en favor de un proyecto común. 

Por descontado, es clave también una mirada positiva sobre el alumno. La conexión es vital con un equipo de docentes que se preocupa por sus estudiantes y que entiende esta profesión como un modo de ofrecerles un futuro mejor. Despotricar y ver a los chavales como gente sin arreglo tampoco ayuda demasiado a cohesionar equipos y funcionar con un mínimo de armonía. La empatía no lo soluciona todo, pero ayuda bastante a conformar una meta y un modo de trabajar donde el alumno y su aprendizaje sean la base de nuestro diseño curricular. 

La heterogeneidad de los equipos docentes suele darse sin buscarla. Lo verdaderamente provecho es saber utilizar esas diferencias y las cualidades que cada uno de nosotros podemos aportar al conjunto de docentes. Todos tenemos intereses, habilidades o aptitudes que suman a la hora de trabajar en equipo. Lograr la motivación necesaria para que todos lo miembros se impliquen y aporten es, tal vez, una de las claves del éxito de un equipo ejemplar. Pero qué difícil resulta. 

Lo que está claro es que si no trabajamos en equipo, con regularidad y acompañados de un buen liderazgo, será complicado aprender a trabajar en equipo.  



AUTOEVALUACIÓN EN FP DE LAS COMPETENCIAS DOCENTES

viernes, 4 de junio de 2021

En la Formación Profesional está muy de actualidad el trabajo y la evaluación por competencias de nuestros alumnos. La inmensa mayoría tenemos claro que hay ciertas competencias transversales que son vitales para el futuro laboral de los estudiantes: autonomía, creatividad, ser resolutivo, saber trabajar en equipo, iniciativa, actitud, perseverancia, implicación, flexibilidad, pensamiento crítico... Competencias blandas llamadas también "soft skills" (el inglés le da una pátina reluciente a todo) que cualquier empleador y compañeros valoramos porque facilitan el trabajo, la convivencia y el crecimiento de las organizaciones.  


El problema viene cuando tenemos que evaluar este tipo de competencias; crear indicadores y rúbricas objetivas que nos permitan valorar la evolución del estudiante de FP. Cada vez hay más experiencias al respecto, aunque no es fácil encontrar -como es habitual en nuestra etapa- recursos específicos para este tipo de evaluación. Recomiendo visionar estas experiencias de tres centros de Formación Profesional de las Islas Baleares: centre Jovent, el centre integrat de FP Son Llebre y la escuela El Liceu, que participan en el proyecto de investigación "Itinerarios de éxito y abandono en la formación profesional del sistema educativo (IEAFP)" dirigido por Francesca Salvà Mut. O indagando en esta caja de herramientas (en inglés) del Cedefop con un apartado específico para las competencias que mejoran la empleabilidad. 


autoevaluación competencias profesionales docentes

Otro problema, que da título a este artículo, es la autoevaluación de este tipo de competencias por parte del profesorado. Sabemos que los mejores predicadores no sermonean sino que ofrecen su ejemplo. Y aquí es donde observo en demasiadas ocasiones una falta de congruencia profesional entre los docentes. No es raro oír hablar de lo poco que trabajamos en equipo, la falta de implicación de algunos compañeros, la poca iniciativa o flexibilidad de aquellos que se limitan a su aula y sus formas de hacer, o esos otros que tienen ocupaciones más "importantes" que el bien común, que cumplen con lo "justo y necesario" y encima protestan si sugieres mejoras. Por suerte son minoría, aunque jamás reconocen su contraproducente papel. 


Lo que no es creíble (o al menos plausible), pese a la ingenuidad habitual de nuestros alumnos, es mostrarnos como paladines de las competencias transversales profesionales cuando nos interesamos no demasiado por ellas en nuestro ejercicio profesional como docentes. La incongruencia es un mal que nos acecha, que tiene cura y se previene cuando somos conscientes de ella. Las redes (y las aulas) están llenas de ella; más aún en un mundo donde los selfies y el comadreo se multiplican en grupos de whatsapp donde solo recibimos likes y la audiencia justifica nuestros aparentes motivos. Donde una foto corriendo te convierte en runner o un comentario en Instagram te transforma en cool teacher


La autocrítica o esa autoevaluación de competencias docentes me parece un ejercicio sano e imprescindible para mejorar y no perder esa coherencia precisa y preciosa con la que transmitir destrezas y capacidades a nuestros alumnos. Por fortuna, siempre tenemos compañeros donde mirarnos y que nos devuelven un nítido reflejo que emborrona un ego desmedido, que nos muestran cómo nos gustaría ser y qué embellecer como enseñantes. 


El que suscribe es consciente de que necesita mejorar. Todo sea por las competencias. 


Imagen: https://unsplash.com/@fodelwdc

AGRADECIMIENTOS EN UN CURSO CON PANDEMIA

miércoles, 2 de junio de 2021

Con un curso de nuevo extraordinario que llega a su fin, parece que ya podemos respirar con cierta tranquilidad; lo hemos superado en condiciones más que aceptables teniendo en cuenta el panorama que que afrontábamos el pasado mes de septiembre.


Tenemos mucho que agradecer a esa mayoría de alumnos, compañeros, equipos directivos y a una administración educativa que ha respondido más ágilmente de lo que nos suele tener acostumbrados. Es de agradecer el ejercicio de responsabilidad de muchos estudiantes, aguantando las bajas temperaturas del mes de enero y una organización académica deslavazada por la alternancia, los cambios horarios y unas mascarillas que han añadido todavía más confusión a la docencia. 


También, pese a la variedad que alumbra los claustros, los docentes hemos llevado con cierta armonía el cumplimento de normas anticovid. Me da la impresión de que nuestro sector profesional ha sido uno de los más escrupulosos en el seguimiento de protocolos y en una exigencia aún superior a lo que nos dictaban las autoridades sanitarias y educativas. 


Los equipos directivos se encontraron con una papeleta y una responsabilidad sobrevenida que afectaba a muchos jóvenes y menores. Por no hablar de tener que lidiar con las familias y el personal de los centros educativos, atendiendo protocolos y normas que no han dejado de bailar durante estos últimos meses. Debemos estarles también agradecidos por la escasa incidencia de los contagios y por su determinación con unos recursos siempre escasos o recibidos a deshora.


El pasado curso lo salvamos pobremente, por decir algo, pero este año podemos estar satisfechos por unos resultados que, con los medios y formación disponibles, permitirán al alumnado continuar el próximo curso en mejores condiciones que el que ahora finaliza. Confío en que las inevitables mermas que ha sufrido el aprendizaje de los alumnos, se acabará compensando informalmente o a través de nuestra exigencia extra con los estudiantes que recibiremos el septiembre venidero.


Soy de la opinión de que todo esto, en pocos años, acabará en el baúl de los recuerdos como un episodio más de nuestra historia personal. Tengo pocas esperanzas en que esta pandemia nos convierta en mejores personas o que nos cambie el juicio a la hora de priorizar necesidades y demandas; dudo que los más jóvenes entiendan el contexto actual como un acicate para ser más exigentes consigo mismos a nivel académico y profesional. La mocedad es lo que tiene, como norma general, aunque no queramos entenderlo desde una veteranía que no recuerda esos años de juventud. 


Aún así, sigo agradecido por la fortuna de no haber sido tocado por esta cruel pandemia que, a fecha de hoy, sigue haciendo sufrir a muchas familias y a un personal sanitario que tiene motivos de sobra para estar exhausto. Gracias también a todos ellos. Y gracias de nuevo a todos mis alumnos, compañeros y gestores que han actuado con responsabilidad y civismo. 


Confiemos en un próximo curso como los de antes; pidiendo mejoras en la ratio, una inversión educativa justa, recursos para todos los centros de Formación Profesional, formación actualizada para los docentes y motivos para seguir en las aulas educando a nuestros jóvenes del mejor modo posible. 



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Con la tecnología de Blogger.

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