jueves, 20 de octubre de 2016

TWITTER NO ES PARA ALUMNOS

Sí. Parece que ya le ha llegado la hora a Twitter entre los más jóvenes. Se acabaron los tiempos en los que Twitter enganchaba al público más joven por su frescura o novedad y por permitirles una cercanía a sus ídolos o personajes favoritos.  Sin embargo, ya podemos afirmar que la red social, microblogging, o como queramos llamar a Twitter, se ha quedado caduca para el segmento más joven de la población.

Aquellos que nos las prometíamos hace pocos años, pensando que Twitter era la herramienta perfecta para comunicarnos con el alumno a la vez que nos enriquecía con el saber de otros tuiteros, hemos perdido la batalla. No podemos tratar a Whatsapp o Snapchat como redes que producen conocimiento; son meras aplicaciones de mensajería instantánea y habitualmente superficial -por no decir otra cosa-. Incluso Facebook, con algunas páginas interesantes y con la posibilidad de difundir recursos, tampoco atrae en demasía a nuestros alumnos más jóvenes. Unos jóvenes que, afortunadamente, buscan aplicaciones más privadas para evitar la intromisión de la familia y "controlar" sus seguidores, a la vez que comparten mayoritariamente imágenes personales o cuestiones cotidianas.
twitter no es para alumnos educación

La única esperanza que nos queda  -en redes sociales- es a través del uso educativo de YouTube como una herramienta a través de la cual contactar con perfiles interesantes, académica y profesionalmente hablando, a la vez que nos facilita la comunicación y difusión de contenidos propios o ajenos. No veo YouTube como una herramienta donde cada docente suba sus propios vídeos -algo sólo para los más valientes- si no como un espacio donde poder seguir un canal, añadir vídeos y comentarios a los mismos.

De todos modos, Twitter sigue siendo la mejor aplicación para desarrollarse profesionalmente. Continúa siendo única para conocer la opinión de expertos en materias de tu interés, así como para seguir la actualidad del sector, ya sea el educativo o cualquier otro. A nivel de Formación Profesional, sobre todo en los ciclos de grado superior, me parece que es una herramienta genial tanto para la búsqueda de trabajo, como para potenciar la identidad digital -mejor junto a un blog- y seguir aprendiendo tras la finalización de estudios.

Sólo hace falta pegar un vistazo a este estudio de @christiandve, sobre el perfil de usuario de Twitter en España en 2016, para comprobar que el 90% de los tuiteros españoles tienen entre 25 y 54 años, y menos de un 7% tienen una edad inferior a 24 años. Es decir, estamos perdidos si queremos utilizar Twitter como herramienta de comunicación personal o grupal con los jóvenes, ya que tenemos muy pocos tuiteros en nuestras aulas y los que no los son se muestran reacios a su instalación en el móvil.

De todos modos, para materias o módulos que incluyen en su programación las redes sociales a nivel empresarial, o para profesores de FOL que trabajan la búsqueda de empleo o el emprendimiento, Twitter siguen siendo una herramienta ideal para trabajar este tipo de contenidos e interactuar con otros profesionales de un modo directo y real.

Si tienes alumnos puede que Twitter ya no sea el mejor medio de comunicación y aprendizaje, pero si eres docente ya es otra cosa. Pese a la multitud de opiniones, teorías o métodos educativos que encontramos por la red, en Twitter siempre acabas encontrando perfiles relacionados con la educación con los que aprender y replantearte el trabajo. Para ser un buen edutuitero no hace faltar ser muy friki...  Aquí tienes unos cuantos tuiteros recomendados que conversan sobre educación  y pueden ser una buena muestra para empezar o completar tu número de seguidos. Siempre encuentras alguien interesante por la red, no olvides que los talluditos somos ya mayoría en esto del Twitter.

miércoles, 19 de octubre de 2016

DECÁLOGO MOLÓN PARA MOTIVAR A TUS ALUMNOS

Los que trabajamos en formación profesional, ya sea de adultos o específica, solemos coincidir con un tipo de alumno muy heterogéneo. En nuestras aulas concurren alumnos más o menos jóvenes, con una formación u objetivos vitales muy diferentes, con experiencias educativas de distinto tipo; ya sea porque aparcaron en su día los estudios, porque en estos momentos desean un cambio de rumbo profesional o buscan iniciar una nueva etapa vital con mayor o menor voluntad propia.

Ahora bien, ¿están motivados estos alumnos con los que trabajamos diariamente en el aula? ¿requieren prácticas docentes específicas y extraordinarias? ¿podemos aplicar alguna receta prodigiosa que sirva igualmente para otras etapas educativas? ¿cuál es la fórmula para mantenerlos conectados en clase e ilusionados en su futuro laboral o académico próximo?

decálogo motivación alumnos
Nuestros años de experiencia, trabajando con alumnos inclasificables -ni mejores ni peores, sino únicos- nos permiten sugeriros estos diez consejos para mantener esa motivación y espíritu de trabajo perpetuo en el aula. Consejos que no pretenden ser innovadores, tan sólo requieren un entrenamiento agotador, un tacto especial o, en su defecto, un personal coach las veinticuatro horas del día.

1. Persevera y no te lo creas demasiado. Si un día fluyen las respuestas, a alguno se le cae la baba escuchándote o te felicitan por esa clase excepcional o por ser un monologuista digno del club de la comedia: ha sido todo un sueño. Cada día es diferente y puedes meter la pata o matar de aburrimiento en la clase menos esperada. Esa es la realidad...

2. Paciencia. Muy relacionada con el punto anterior. Es fundamental armarse de paciencia en cada clase porque siempre algún alumno que te vacilará, te sacará los colores por tu ignorancia sobrevenida o te obligará a morderte la lengua para no responder algo indebido. El mejor remedio: una píldora de Pacientin 500 después de desayunar.

3. Ingenio. Capacidad de cambiar de rumbo en cualquier clase donde el agotamiento sea generalizado, los medio técnicos no acompañen por alguna rara caída del internet o porque te toca dar clase a última hora del viernes previo a un puente festivo. No es válido poner la película del momento en V.O.S.E. y justificarlo con que están aprendiendo inglés.

4. Empatiza. ¿aguantarías seis horas seguidas sentadas con libros de texto o escuchando a un profesor tras otro? Si a ello le añadimos diferencias de edad, situaciones familiares diversas o la mera búsqueda de una titulación oficial, se nos complica la situación. Si te atreves, disfrázate de chaval y pasa un par de días sentado en cualquier aula de un instituto o colegio durante toda la jornada escolar.

5. Relata. A casi todos nos gusta escuchar historietas, más aún a los alumnos, ávidos de conocer tu edad, situación civil, domicilio paterno o última salida estival y concierto remember al que acudiste. Siempre funciona contar experiencias en clase que podemos relacionar con nuestra materia a través de anécdotas, discos que escuchamos, películas o series que estamos viendo, algún cómic o novela. No es preciso ser un titiritero o trovador moderno, pero sí va bien soltar algún que otro rollo más o menos íntimo o inventado que nos acerque a su terreno y que demuestre que tenemos vida más allá de la enseñanza.

6. Cede el poder. No hace falta que impongas tu voluntad constantemente cual monarca absoluto de turno. Tu alumnado tiene una experiencia y un bagaje que merece ser escuchado y tenido en cuenta. No te va a hacer daño abrir espacios para la toma de decisiones colectivas. Tranquilo, siempre te queda decidir cuándo poner el siguiente examen.

7. Haz cosas. Como diría Rajoy (creador de la famosa sentencia “las mujeres -o los catalanes- hacen cosas”) hacer cosas es positivo ya que traslada el aprendizaje a un plano más real y, por tanto, mucho más motivador para el alumnado. Tampoco se trata de hacer macramé porque sí, pero con un poco de ingenio (ver punto 3) seguro que podemos llevar nuestros contenidos a un plano más práctico y llevadero.

8. Date una vuelta. Pasarse nueve meses encerrado entre cuatro paredes puede ser, salvo que padezcas de agorafobia, un pelín agobiante. Seguro que en tu centro existen espacios por descubrir y utilizar: un laboratorio, el aula de informática, el gimnasio, etc. Da igual qué enseñes, un gimnasio puede ser un lugar excelente para romper una dinámica rutinaria. Además, también puedes salir del centro y visitar cientos de sitios de interés. Así que, fuera pereza y miedos y sal del aula.

9. Mira tu agenda. Seguro que tienes contactos que pueden resultar de enorme interés para tus alumnos. Un amigo que no deja de viajar a lugares exóticos, otra que colabora en una ONG, otro que trabaja en una profesión relacionada con una parte del temario… Qué sé yo. Tira de agenda, pues, y abre tus clases a compañeros y/o amigos. Tus alumnos te lo agradecerán por partida doble: por un lado, aprenderán cosas nuevas y, por otro, dejarán de verte el careto durante unos días.

10. Socializad vuestro trabajo. Implícate con la comunidad, presenta vuestros resultados, intenta resolver un problema del barrio, del pueblo, etc. Intenta que tu alumnado vea que lo que hace en el aula (y fuera, recuerda el punto 8) tiene algún tipo de sentido más allá del maldito aprobado final.

Visto lo visto, podríamos afirmar que el docente que no motiva a su alumnado es porque no quiere. Con este decálogo molón que ponemos a tu alcance lograrás que tus clases se conviertan en ese oscuro objeto de deseo del alumnado de tu centro. Así que tómatelo con calma y no apliques todos los puntos de golpe o tus chicos y chicas te van a perseguir por los pasillos cual estrella del rock. Y al loro, ya has visto lo que ha pasado con Dylan: ¡morir de éxito no es una alternativa!

P.D. Artículo redactado a cuatro manos con mi colega Ramón Paraíso y que puedes también leer en su magnífico blog: DE VUELTA.

lunes, 17 de octubre de 2016

MASLOW PARA DOCENTES

Aún teniendo la fortuna de trabajar en lo que te gusta, ya sea como docente o en cualquier otro ámbito, es normal sufrir altibajos a lo largo de una carrera profesional que a más de uno se le puede hacer eterna. Pese a las envidiadas vacaciones del profesorado, la suerte de trabajar con niños o jóvenes cada año diferentes o a pesar de todas las satisfacciones que tenemos como educadores; es inevitable pasar por fases personales con una mayor o menor motivación, etapas que además no son impermeables al aula o a nuestras familias.

maslow docentes
Los profesores de FOL bien conocen el funcionamiento de la popular pirámide de Maslow -una teoría demasiado trillada en mi opinión- donde se argumenta que las personas tenemos una serie de necesidades básicas que al ser satisfechas pasamos a buscar la satisfacción de otras superiores hasta llegar a la autorealización.  No sé si alguno lo ha logrado y ya está autorealizado como docente, pero sí tengo claro que nuestro trabajo requiere una dosis de motivación muy alta para estar en el aula con toda la intensidad que se requiere; no perder los nervios, seguir actualizado, no caer en la rutina y el tedio o no estar deseando volver a casa para perder de vista la escuela.

Siempre nos quedan los recursos fáciles de automotivación; disfrutamos un empleo más o menos estable y un salario decente en comparación con los millones -sí, millones- de personas que están en situación de desempleo o en clara precariedad laboral o vital. Aún así, supongo que todos somos algo inconformistas, o más bien de fácil desánimo: ¿será la naturaleza humana -tendente a la languidez puntual o crónica cuando nos acostumbramos a las cosas- junto al estrés que supone tratar de hacer bien tu trabajo y llegar a todo, que no es poca cosa cuando te responsabilizas de varios grupos, materias o alumnos con peculiaridades y diferentes motivaciones?

También nos queda -para seguir motivados- buscar la satisfacción en esos momentos puntuales que se dan cuando te cruzas con algún alumno o alumna al que le van bien las cosas, que tiene un futuro claro, o al menos ha decidido con ilusión tomar un camino académico o profesional. Siempre es una buena inyección de optimismo o energía para la semana o el mes en curso.

Sin embargo, está la soledad del aula, que algunos disfrutan en un silencio escandaloso, y que a la larga es un martirio si no sabes salir de él a través del trabajo o amistad de tus compañeros. Cerrar las puertas del aula, hacer lo que te venga en gana, día tras día, también acaba hastiando hasta al más independiente. Nuestro trabajo cobra sentido cuando logramos trabajar en grupo, pese a nuestras múltiples diferencias o naderías, sacando un proyecto adelante y logrando que los alumnos se involucren en el aula y fuera de ella. Otro suministro de energía.

Luego siempre nos quedará  quejarnos de los horarios, de los grupos que nos han tocado, de los eternos trámites burocráticos o de los sinsabores de la evaluación. Aún así, no hay otra que asumir los baches laborales y emocionales con la mejor haztitud posible, porque lo de buscarse un coach no acabo de verlo, y doparse, menos todavía.

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jueves, 6 de octubre de 2016

¿FP DUAL?

La modalidad de Formación Profesional Dual parece que ha calado en los gobiernos de todo signo y en cada una de las comunidades autónomas que no quieren perder un tren, modelo alemán, que tiene muy buena prensa a nivel mediático y social.

Pero, ¿qué modelo de FP dual es el más idóneo? ¿por qué hay modelos de Formación Profesional Dual tan diferentes entre las distintas gobiernos autonómicos? No tiene sentido que sigamos contabilizando como alumnos de FP dual a aquellos que tan sólo han aumentado sus horas de FCT, incluso a través de la mala ocurrencia llamada FCT ampliada, y que no reciben ningún tipo de formación específica en la empresa; donde el alumno acaba perdiendo horas de formación presenciales en su centro educativo.

No es eficaz un modelo de FP dual tan diferente entre Cataluña y Madrid o la Comunidad Valenciana. ¿O no podríamos ser más eficientes con las experiencias del País Vasco o Andalucía?

FP DUAL, FPDUAL, FORMACIÓN PROFESIONALLos expertos tienen claro que la FP dual requiere un compromiso más alto de las empresas que deben apostar por esta formación como una inversión donde los alumnos reciban una formación adicional con la colaboración de un tutor de la empresa  y vean a su vez remunerado su trabajo desde el primer día. Las empresas no deberían escatimar recursos o tratar de disminuir costes en sueldos y salarios a través de los alumnos de la FP dual. Si las empresas, las pymes principalmente, cambian de mentalidad y ofrecen plazas de FP dual atractivas acabarán contratando a los alumnos con mejores aptitudes y una actitud más positiva en su puesto de trabajo.

Sabemos que las empresas buscan perfiles profesionales con una serie de competencias transversales y una gran capacidad de adaptación. Para lograr este objetivo la FP dual puede resultar muy útil si nos ayuda a acercar el mundo empresarial a los centros educativos a través de sinergias donde los distintos tutores se relacionen e incidan en esas demandas que el sistema productivo o de servicios está buscando.

Ahora bien, tanto las multinacionales como las pymes españolas, deben implicarse en un modelo donde el profesorado también pueda recibir cierta formación y actualización de sus conocimientos técnicos, así como invertir en unos alumnos con el propósito de una futura contratación y no como un sistema para cubrir puestos de trabajo precarios. ¿Por qué no se fomentan más este tipo de formación profesional a través de incentivos fiscales o bonificaciones en la seguridad social?

Es evidente que si no se invierte más y se dota de un valor añadidor real a la FP dual, ésta acabará siendo un mero escaparate político que vende las bondades de un modelo alemán que disfruta de unas tasas de desempleo inmejorables si las comparamos con la situación española actual, pero que no es equiparable a nuestra cultura económica y empresarial.

Creo que los dos tipos de formación profesional que se dan en la actualidad pueden convivir al mismo tiempo, pero es necesario que las autoridades educativas y económicas, junto a las empresas, inviertan en mejorar realmente la formación de los alumnos de la FP dual a través de más horas de formación actualizada y con los mejores medios que podamos ofrecer. No se puede dejar todo de la mano de unos centros educativos que se las ven y las desean para invertir en recursos técnicos o en formación especializada a unas plantillas docentes con más horas lectivas y una exigencia profesional alarmantemente creciente.

Ya hemos perdido varios años desde que se decidió apostar por este modelo; si no se toman medidas más concretas, estos cambios de tipo de FP sólo van a suponer un derroche de horas de trabajo y una devaluación de un modelo que puede ser perfectamente válido en ciertos sectores o empresas interesadas en un tipo de alumno y técnico profesional.

Además de los foros y congresos sobre la FP, es necesario articular medidas que no sólo traten de "prestigiar" la formación profesional en la sociedad, sino que se tomen más decisiones pragmáticas que no supongan sólo descargar el peso en unos centros educativos y en unos docentes que bastante tienen con seguir actualizándose técnica y metodológicamente. No se puede estar hablando constantemente de creatividad, innovación y flexibilidad si no se acometen reformas reales que cuenten con los centros, nos permita trabajar a las escuelas en red con plantillas de docentes estables y con recursos suficientes de los gobiernos del color de turno.

Una sugerencia, ¿por qué no tomamos como ejemplo los planes y medidas de la FP del País Vasco y su inversión real en esta etapa educativa tan necesaria para el país?

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domingo, 2 de octubre de 2016

ATENCIÓN AL CLIENTE EN LA FORMACIÓN PROFESIONAL

Aquello de que el cliente siempre tiene la razón parece que pasó a mejor vida. Puede resultar algo anticuado para algunos, pero la cortesía, amabilidad o buena disposición a la hora de atender a un cliente debiera ser materia obligada no sólo en cualquier ciclo de Formación Profesional sino en todas las etapas educativas.

atención al cliente en la FPNo voy a entrar tampoco en aquello de si mis alumnos son mis clientes o no. Creo que no necesito considerarlos como tales, sino como iguales a los que tratar como a mi me gusta ser tratado. En el caso de los que formamos a futuros profesionales, independientemente de la familia profesional, lo normal es que deban en algún momento enfrentarse a una situación donde lidiar con clientes. Unos clientes de muchos tipos: amables, impacientes, groseros, exigentes, inconformistas, sabelotodos, agradecidos, problemáticos, impertinentes, generosos...

Cualquier de nosotros ha vivido situaciones donde ha sido mal atendido, donde la empresa vendedora no ha satisfecho nuestras expectativas, donde sólo deseábamos una solución, una compensación o una alternativa al problema con ese producto o servicio adquirido. Unos problemas que en cualquier ámbito profesional pueden darse, ya seas técnico en un almacén, diseñador, electricista, administrativo, comercial, cocinero, maquillador, informática, realizador audiovisual, dietista, auxiliar de enfermería, animador o encargada del mantenimiento de vehículos.

Que nuestros alumnos sean respetuosos, que no pierdan los nervios, que ofrezcan soluciones y sean diligentes o que sepan trabajar con las normas básicas de cortesía en el cara a cara, por email o por teléfono, puede ser más relevante que cualquier otra competencia técnica de un módulo profesional. La diferencia de una buena o mala empresa, de un servicio de calidad o deficiente, radica a menudo en esa cuidada atención al cliente.

Creo que desde cualquier módulo profesional podríamos trabajar esa atención al cliente. Trabajar en un ambiente distendido con los alumnos no significa que no consideren unas normas básicas de educación que deberán aplicar con sus compañeros de aula o de trabajo, así como con los clientes o proveedores de la empresa u organización donde estén empleados. Y, ¿qué podemos hacer en el aula? Cualquier detalle o momento es bueno para hacer hincapié en el trato al cliente: la forma de dirigirse a un compañero, disculparse cuando uno llega tarde, comer o no durante una conversación, el modo de saludar o sentarse cuando se trabaja o recibe a una persona, el uso del móvil, el lenguaje no verbal, el autocontrol de las emociones en situaciones de estrés, las disculpas cuando metemos la pata, etc.

Aquel "Manual de urbanidad y buenas maneras" de Carreño está ciertamente desfasado, pero ello no quita que sigamos insistiendo en la importancia del trato en nuestras relaciones profesionales. Unas relaciones profesionales que se cuidaban muy bien desde el módulo de Relaciones en el Entorno del Trabajo (RET) que se impartía en algunos ciclos y que pasó a mejor vida con la LOE. Unas relaciones que, como profesionales y docentes, podríamos atender o preservar siempre mejor a lo largo de nuestra singladura laboral y vital.

En cualquier caso, la obligada cortesía, no puede impedir que sigamos acercándonos más al alumno, que lo valoremos y seamos exigentes al mismo tiempo, que podamos tener un trato menos encorsetado y más estrecho, que continuemos valorando y apreciando a cada uno de los alumnos que atendemos en el aula.

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