domingo, 16 de febrero de 2014

¿APRENDEN LOS ALUMNOS CON SU MÓVIL?

En los últimos días he tropezado con muchos artículos sobre las bondades del uso del móvil como herramienta educativa. Es innegable que los actuales teléfonos móviles o smartphones ofrecen multitud de posibilidades para el aprendizaje.

Ya son mayoría los alumnos que disponen de acceso a Internet a través de su móvil personal. Pero, ¿saben sacar provecho a todas las opciones que les ofrecen estos caros dispositivos? Lo dudo. Son muy rápidos escribiendo con los pulgares, pero, y algo tendremos que ver, no saben darle un uso distinto al lúdico. 

Un 80% de mis alumnos, con edades comprendidas entre 16 y 20 años, afirma hacer uso del móvil más de cuatro horas al día. Alguno confesaba casi el doble...  A la hora de usar aplicaciones o apps, la reina es el Whatsapp, seguida de Twitter, Instagram y un Facebook que parece estar de capa caída. Pese a ello, las apps de redes sociales no se utilizan como aprendizaje, ni formal ni informalmente. 

Personalmente, no me atrevo a usar el Whatsapp con mis alumnos. Soy partidario de plataformas abiertas donde se comparte libremente, sin estar mediatizado, y donde es necesaria cierta sensatez en su uso (son públicas). Por otro lado, los usos educativos de Twitter o Instagram son múltiples (leer post al respecto): pueden ser un punto de partida para trabajar el PLN -Red Personal de Aprendizaje- del alumno. 

A estas alturas del curso, mis alumnos manejan con asiduidad apps como Google Drive o Gmail. Herramientas que fácilmente controlan y aprenden a utilizar para comunicarse con otros docentes, enviar actividades o trabajar colaborativamente desde sus móviles personales.

Es imprescindible seguir por este camino. La adquisición de competencias digitales puede lograrse, gracias también a la motivación extra que suponen, con el uso en el aula de lo dispositivos móviles. Programar actividades que requieran la descarga de aplicaciones, hacer uso del móvil como herramienta de consulta durante las clases, crear materiales multimedia con ayuda del smartphone, conectarse con estudiantes de otras poblaciones, etc. Unas actividades que comienzan en el aula pero que pueden tener continuidad allí donde el alumno se encuentre.

Eso sí, hay que acordar y programar momentos de desconexión. Tiempos donde el móvil no sea una herramienta de distracción y el alumno se dedique a tareas que requieren concentración: la lectura o escucha al profesor y compañeros. 

Como docentes debemos conocer los usos (y abusos) de los móviles. Conocer sus posibilidades para el aprendizaje, ajustar la seguridad de los dispositivos, probar aplicaciones y recomendarlas a los alumnos. No podemos obviar unos aparatos con los que viven y duermen, literalmente, días tras día. Podemos aprovechar esta ubicuidad para conseguir una de las funciones principales del docente: que el alumno desee aprender. 

photo credit: Johan Larsson via photopin cc

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