viernes, 14 de marzo de 2014

SIN EMPATÍA NO SOMOS...


Alumnos de cuatro o dieciocho años. No importa. Si no somos capaces de empatizar con el alumno es imposible dejar huella en ellos. Es fundamental trabajar nuestra capacidad de ponernos en su piel, reconocernos en ellos cuando teníamos su edad o recordar que su madurez está en proceso.

Basar la enseñanza sólo en disciplina y autoridad nos conduce a un aprendizaje a medias. Un aprendizaje donde no se disfruta o donde se valoran únicamente las calificaciones es, a la larga, improductivo. Algunos parecen querer enseñar como en la academia militar -se nota que no la han sufrido- sin el afecto, comprensión y cercanía necesarios. Y no somos entrenadores.

Trabajar con gente más joven te rejuvenece. Siempre que no seas de aquellos que opinan: "en mi época los alumnos éramos más (...)". Tenemos la suerte de poder vernos reflejados en la cara, en las preocupaciones e intereses de personas más jóvenes que nosotros. Suerte en poder rebobinar la cinta -qué antiguo suena- de nuestra vida cuando miras a tus alumnos.

Lo malo es que la empatía no se certifica en ningún máster o módulo de FP. Se puede tener de modo natural, pero también se puede aprender. Hay que acercarse y tratar con personas empáticas. La empatía no es inherente a todo ser humano, aunque debiera ser condición necesaria para cualquier docente. Sin empatía no somos ni seremos buenos maestros.

photo credit: WadeB via photopin cc

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