lunes, 31 de marzo de 2014

¿CONVERSAS CON TUS COMPAÑEROS DE ESCUELA?

Las prisas, el estrés, la acumulación de tareas, la rutina, la vida familiar... son buenos argumentos para no reunirnos y hablar de los que nos (pre)ocupa: la educación. Siempre tenemos al lado algún compañero/a que nos puede aportar algo. Por más que acumulemos años de experiencia profesional, siempre es posible aprender de buenas prácticas de otros profesores y de su experiencia con los alumnos.

Por ello, encuentro fundamental articular momentos y espacios donde poder conversar formal e informalmente, de manera periódica, con nuestros compañeros de escuela. Es imprescindible realizar un esfuerzo y encontrarse para conocer las sensaciones y experiencias de colegas con los que compartimos aulas, pasillos, salas y reuniones más o menos esporádicas.

La burocracia, con los constantes cambios legislativos, las programaciones o la titulitis española no debieran frenar unos tiempos donde charlar de lo que cada uno hace en su pequeño mundo: el aula. Abramos nuestras aulas con ánimo de compartir. En nuestra profesión, competir es de insensatos o necios. No confundamos competir con ser competitivos. Compartir ayuda a conectar con otras personas, es terapéutico, y, personalmente, creo que nos hace más felices en nuestro trabajo. 

Por suerte, en mi escuela, estamos en ello. Hemos comenzado a encontrarnos mensualmente para comer y charlar; conversar sobre un día a día en el aula que muchas veces no tenemos tiempo para digerir reposadamente.   

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jueves, 27 de marzo de 2014

SE CIERRA LA ESCUELA

Un cartel, en la puerta principal de la escuela, rezaba: "Clases suspendidas hasta nueva orden". Los estudiantes y sus padres se amontonaban junto a las puertas de entrada. Nadie se explicaba la razón de este cierre sin previo aviso. Los alumnos, despreocupados, tenían prisa por encontrarse en el parque más cercano. Mientras, sus familiares, padres y abuelos, comenzaban a ponerse nerviosos con los rumores que ya circulaban por el barrio.

Algunos conjeturaban que el cierre se debía a una aluminosis detectada en el edificio principal. Otros, sospechaban que se había extendido algún tipo de virus estomacal entre el profesorado. Y, unos pocos, culpaban al Gobierno y al ministro, de un cierre premeditado con vistas a implantar la escuela en casa. 

Lo más inquietante es que ningún responsable de la escuela se atrevía a dar la cara. Pese a la insistencia de muchos padres, las puertas seguían cerradas, la página web del centro se había colapsado y en el último tuit de la escuela se podía leer: "Aprobado proyecto educativo innovador y de calidad para el curso próximo". 

Un grupo de tres alumnos, ansiosos, no por retomar las clases, sino por pasar el rato, habían accedido a la escuela saltando la valla que rodeaba la cancha de baloncesto. Consiguieron adentrarse en el aulario donde se encontraba también el salón de actos y la biblioteca. Sigilosamente, tras recorrer las aulas de la primera planta, accedieron a un cuarto desde donde se manejaba el sistema audiovisual del salón de actos. Desde una ventanita de este reducido cuarto, se veía, pero apenas se escuchaba, lo que en esos momentos estaba pasando en el interior de este salón.

Todo el profesorado de la escuela, el jefe de estudios, el administrador y la directora se encontraban reunidos en ese instante. Desde su posición, los muchachos, sólo intuían que estaba hablando la directora académica. Parecía muy enojada por la cantidad de aspavientos que realizaba. El administrador asentía con la cabeza cada una de las palabras que la directora profería. Mientras, los profesores, se limitaban a mirar al suelo. 

Los chavales alcanzaron a entender algunas palabras de la máxima responsable académica: "¿No os da vergüenza? Solo nos faltaba esto. Con el desprestigio que ya tiene el gremio...". El administrador intervino: "Esta situación es intolerable. No podemos escudarnos en un servicio de seguridad deficiente". Uno de los profesores más jóvenes del claustro se atrevió a participar: "Pero, pero... si nosotros únicamente estamos siguiendo la programación. No podemos utilizar otros recursos de los ya planificados". El resto de profesores seguía mirando el suelo. 

Los tres alumnos no entendían nada. Sabían que, Tomás, un exalumno que abandonó la escuela tras pasar por varios grupos de diversificación curricular, había accedido al centro con una llave maestra durante el fin de semana. Siguieron con la oreja pegada a esa pequeña ventana. Hasta que, alucinados, comprendieron el quid del asunto. Rita, una profesora con varios trienios en su haber, puso el grito en el cielo: "¡Os avisé en el último claustro! ¡los libros de texto y sus solucionarios deben ponerse bajo llave!".

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sábado, 22 de marzo de 2014

CÓMO PODRÍA SER UN BOLETÍN DE NOTAS

La obsesión por las calificaciones parece ser un "padecimiento" que comienza a temprana edad. Una obsesión inoculada por la parentela que se arrastra hasta la finalización de los estudios reglamentarios. Una presión multidireccional donde se retroalimentan familias, alumnos, profesores y directivos de las escuelas.

Un niño menor de siete años no se preocupa por su boletín de notas. No ha entrado en la guerra del expediente académico. Todavía va a la escuela con ganas de aprender y disfrutar junto con sus amigos. Todavía no es consciente de la presión social para aprender idiomas, memorizar temas, preparar lectura y calculo exprés o ser un genio del balón. 

Entiendo que en edades superiores hay que baremar para acceder a determinados estudios. Aún así, no tiene sentido comenzar a clasificar a los alumnos a edades tan tempranas. Desde bien pronto estamos transmitiendo esa obsesión por la nota. Alumnos que estudian para aprobar o para sacar nota. Alumnos que te discuten hasta la última décima. Alumnos que están siempre de paso para continuar otros estudios o para finalizar su agonía y periplo académico.

El esfuerzo se debe premiar, pero, más importante aún, es motivar a nuestros alumnos para que vengan a clase. Cada estudiante tiene unas capacidades que podemos ayudar a descubrir o desarrollar. Independientemente de la calificación final, de la mayor o menor exigencia, debemos insistir en que el fin no es únicamente obtener un título. 

Está más que demostrado: unas calificaciones altas no suponen un mayor éxito profesional o personal. Quizás serían más convenientes unas calificaciones que valoren el trabajo, el comportamiento y la actitud del alumno. Unas calificaciones que incluyan más comentarios y reflexiones que etiquetas o cifras. Unas notas que puedas comentar con cada uno de tus alumnos y/o con sus padres. Menos cuantitativas y más cualitativas. 

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miércoles, 19 de marzo de 2014

ESCUELAS O ENTIDADES ASEGURADORAS

Perdonad la comparativa. Si fuéramos corredores de seguros, raramente pondríamos en duda los siniestros justificados por nuestros asegurados. Si nuestros clientes contrataran una póliza, la entidad aseguradora no podría negarse a indemnizarlos en caso de sufrir la contingencia suscrita. Pese a la letra pequeña del seguro, si se abona la prima, estaríamos obligados a cubrir los riesgos contratados. 

En muchas escuelas no parece suceder lo mismo. Parece que hay asegurados de primera y de segunda. Que aunque te matricules, si no te comportas y rindes, puedes no recibir una contraprestación justa y asegurada. Parece que si nos sale algún alumno "de riesgo", éste no merece un trato distinto. Parece que todos deben pagar su prima, pero, en caso de contingencia, mejor desprenderse del alumno problemático. Parece que sólo queremos asegurados de buena clase, con el menor riesgo posible. 

Eso sí, también hay coincidencias entre algunas escuelas y aseguradoras; los bonus son sólo para los que destacan por no dar problemas, mientras que una política de malus también puede obligarnos a finalizar la relación contractual. Algunos prefieren quedarse sólo con clientes que pagan y no causan conflictos.

Lamentablemente, no todas las escuelas son inclusivas. No todas las escuelas tienen una función social o las hay que sólo buscan figurar en los rankings. Aún así, cada profesor, tenemos la opción personal de ser o no inclusivos. No podemos asegurar buenos resultados, pero sí un trato personalizado y adaptado a las particularidades de cada alumno. Sin importar la prima, el riesgo, la contingencia o la indemnización recibida.

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sábado, 15 de marzo de 2014

10 APLICACIONES PARA EL TRABAJO COLABORATIVO

Saber trabajar de modo coordinado, en equipo, colaborando en grupo y de forma ubicua es básico en nuestra vida laboral. Para ello, en educación, tenemos disponibles muchas aplicaciones útiles para trabajar estas competencias. 

Estas herramientas nos permiten trabajar online e individualmente sobre un proyecto común. Tan sólo necesitaremos darnos de alta como usuario, crear y compartir con el grupo la tarea a realizar. A continuación, recomiendo algunas de estas aplicaciones para trabajar y aprender de modo colaborativo:

Publicaciones digitales. Lucidpress nos permite crear documentos digitales que podemos imprimir, publicar o compartir libremente. Incluye un chat para los coeditores. 

Crear una página web. Con Weebly se puede construir una web muy vistosa. Nos permite configurar varios editores y la edición es bastante intuitiva.

Marcadores sociales. Diigo nos ofrece la posibilidad de crear grupos, compartir enlaces, etiquetarlos y/o describirlos. Excelente opción para archivar recursos de la web acerca de una temática o asignatura específica. 
Otra opción mucho más gráfica es Pearltress; donde poder compartir o descubrir enlaces de distintos usuarios.

Blogs. Blogger, Tlumbr o Wordpress son opciones válidas si queremos crear un blog colaborativo del aula o de la asignatura. Crear un blog nos ayuda, entre otras cosas, a desarrollar contenidos, mejorar nuestra expresión escrita y trabajar el PLE del alumno. 

Infografías, mapas conceptuales, diagramas. Con la versión gratuita de Creately podemos crear diagramas con hasta cuatro personas editando al mismo tiempo. Interesante recurso para reflexionar, sintetizar, esquematizar y mostrar gráficamente cualquier tema trabajado en el aula.

Herramientas de ofimática: trabajar con documentos de texto, hojas de cálculo o presentaciones. Google Drive es la aplicación perfecta para trabajar en grupo. Sigue en constante evolución y ya permite obtener complementos para realizar otras muchas tareas. Ver post al respecto: "Lista con los mejores complementos de Google Drive" 
Microsoft se ha puesto las pilas: con OneDrive disponemos ahora de almacenamiento gratuito y la posibilidad de crear y compartir archivos de Word, Excel o PowerPoint.

¿Recomiendas alguna otra aplicación colaborativa?

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viernes, 14 de marzo de 2014

SIN EMPATÍA NO SOMOS...


Alumnos de cuatro o dieciocho años. No importa. Si no somos capaces de empatizar con el alumno es imposible dejar huella en ellos. Es fundamental trabajar nuestra capacidad de ponernos en su piel, reconocernos en ellos cuando teníamos su edad o recordar que su madurez está en proceso.

Basar la enseñanza sólo en disciplina y autoridad nos conduce a un aprendizaje a medias. Un aprendizaje donde no se disfruta o donde se valoran únicamente las calificaciones es, a la larga, improductivo. Algunos parecen querer enseñar como en la academia militar -se nota que no la han sufrido- sin el afecto, comprensión y cercanía necesarios. Y no somos entrenadores.

Trabajar con gente más joven te rejuvenece. Siempre que no seas de aquellos que opinan: "en mi época los alumnos éramos más (...)". Tenemos la suerte de poder vernos reflejados en la cara, en las preocupaciones e intereses de personas más jóvenes que nosotros. Suerte en poder rebobinar la cinta -qué antiguo suena- de nuestra vida cuando miras a tus alumnos.

Lo malo es que la empatía no se certifica en ningún máster o módulo de FP. Se puede tener de modo natural, pero también se puede aprender. Hay que acercarse y tratar con personas empáticas. La empatía no es inherente a todo ser humano, aunque debiera ser condición necesaria para cualquier docente. Sin empatía no somos ni seremos buenos maestros.

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domingo, 9 de marzo de 2014

COLEGIOS, DEBERES, EXÁMENES Y OTRAS PANDEMIAS

Supongo que hay que acostumbrarse a eso de que los cambios en educación van despacio. Supongo que es complicado cambiar la cultura de los centros educativos. Supongo que no podemos modificar de un día para otro las prácticas docentes heredadas. Supongo que las nuevas leyes educativas no van a cambiar ninguna de estas suposiciones.

Ahora que tengo hijos en edad escolar, me preocupa más este tema. Me adelanto a lo que ellos puedan "sufrir". Escucho demasiado ruido sobre chavales con exámenes diarios, jornadas escolares intensivas, una agenda con deberes repetitivos o clases donde la plástica, la música y el juego es algo anecdótico. Padres asfixiados con las tareas escolares o padres que aprietan para que aprieten a los suyos.

Al final parece todo una lotería. Tener la suerte de tropezar con uno de esos profes que trabajan de otro modo en el aula. Que disfrutan con sus alumnos y ellos con él. Que no se basan en un libro de texto. Que son afectuosos y accesibles. Que saben que no todo son las calificaciones. Que no entran en el juego de la competitividad, sino en la colaboración. Que tienen iniciativas por el bien común de la escuela. Que se forman y conocen las pedagogías modernas y contemporáneas. 

Creo en un cambio de forma horizontal. Donde los profesores se contagien mutuamente de sus buenas prácticas. Como docente soy paciente ante los cambios, como padre no lo soy tanto. El cambio también se debe promover de arriba a abajo, y viceversa. Sin miedo a la crítica y al debate. Somos profesionales de la enseñanza. Eso sí, poco acostumbrados a que se cuestione nuestro trabajo por otros profesionales. Por favor, aceleremos la marcha.

photo credit: jenni from the block via photopin cc

viernes, 7 de marzo de 2014

NO FUNCIONA LA WIFI

Los profes más viejunos recordarán aquellos tiempos en que los problemas técnicos se limitaban a desatascar las diapositivas de turno, conectar el vídeo-VHS y limpiar sus cabezales o cambiar la bombilla del proyector de transparencias. Los más intrépidos peleaban con unos pocos PC y sus casetes o disquetes flexibles. De la conexión a Internet ni se hablaba hasta finales del noventa: había sólo unos 300.000 ordenadores conectados en 1998.

Ahora, unos quince años después, hablamos de 25 millones de españoles los que usamos Internet el año pasado (700.000 más que en 2012). Actualmente, hay más de 28 millones de móviles con acceso a Internet. Hace un par de años había "sólo" unos 16 millones de líneas con banda ancha. 

Aún así, la infraestructura de las redes de los centros educativos no ha sido capaz de asumir este vertiginoso crecimiento. Además de la inversión que supone, cada año surgen nuevos retos que las escuelas deben asumir con más o menos ingenio. Por suerte, dicho sea de paso, cada vez son más los docentes que utilizan habitualmente Internet en el aula con sus alumnos. 

A todo esto hay que añadir la consabida exigencia del ser humano. Incluyendo como humanos a profesores y alumnos. Exigencia notoria cuando se cae la red en ciertos momentos, cuando el ratón no funciona, cuando al teclado le falta una letra, cuando no se reconoce la contraseña de la wifi y muchos otros cuandos.

Somos exigentes con la tecnología. Aún más aún cuando ésta no es la doméstica. Quizás no estemos aún preparados para cientos de alumnos conectados a Internet realizando descargas desde tabletas, smartphones, portátiles u otros ordenadores con sistemas operativos distintos. Cientos de alumnos en un mismo centro y al mismo tiempo. Quizás habrá que tener paciencia e ir avanzando poco a poco. 

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jueves, 6 de marzo de 2014

SEIS PROPUESTAS PARA EL PLE DEL ALUMNO

Desarrollar el Entorno Personal de Aprendizaje o PLE (Personal Learning Network) del alumno es algo que no aparece en ningún currículum oficial. Al menos, en Formación Profesional, no encontramos este término o algún equivalente.

Con el crecimiento y madurez de la "sociedad red" es fundamental trabajar este concepto de un modo más formal, y, a ser posible, de forma transversal.  Pero, ¿cómo comenzar? En mayor o menor medida, se vienen realizando actividades aisladas que inciden en el manejo de algunas herramientas TIC, ciertas redes sociales o en la creación de blogs personales. Aún así, los profesores debiéramos trabajar más coordinadamente con el fin de trabajar digital y colaborativamente, de forma natural,  las competencias o contenidos de cada asignatura o módulo.

Lanzo aquí algunas propuestas para seguir insistiendo en este PLE-PLN.  Especialmente, en los estudiantes de Formación Profesional, que precisan finalizar su formación con una competencia digital mínima. Asimismo, lograremos mejorar las habilidades necesarias para que sean responsables de su aprendizaje a lo largo de la vida. 
1. Abrirse un blog personal. Podemos comenzar con un blog de aula colaborativo, para habituarse a su mecánica, y pasar luego a crear un blog propio. Una buena tarea es comenzar a seguir blogs que sean de interés en nuestra área académica o profesional. 
2. Gestionar un RSS. Seguramente les sonará a chino a muchos alumnos. Conectando con el punto anterior, mediante un gestor de RSS podemos estar al tanto de las actualizaciones de nuestros blogs o webs favoritos, así como administrar información de actualidad. Nos podemos iniciar con Feedly o  Netvibes.
3. Trabajar con portafolios digitales o e-portfolios. Una buena herramienta de trabajo para reflexionar sobre la actividad diaria del alumno, de un grupo o del curso. Un medio para organizar y gestionar la información, autoevaluarnos o colaborar. Ver presentación de Juanfratic al respecto.  
4. Aplicaciones de Google. Con una cuenta de Gmail tenemos acceso a muchas herramientas que nos permiten avanzar en las competencias digitales del alumno. Podemos comenzar Drive para trabajar documentos colaborativos o gestionar nuestros archivos, Calendar para nuestra agenda personal o del curso, Sites para crear una web de un portafolio, Google + para comunicarnos o Blogger para gestionar un blog personal o de aula.
5. Redes Sociales. Exprimir las posibilidades de Twitter o Linkedin como herramientas para ampliar nuestra Red Personal de Aprendizaje o PLN. Ver post personal al respecto. 
6. Curar contenidos. Gestionar la sobreinformación que hay en la red es más sencillo mediante marcadores sociales (p.ej. Diigo o  Symbaloo) o publicaciones digitales personalizadas (p.ej. Paper.li o Scoop.it). 
Seis propuestas para comenzar, que, como ocurre en este mundillo de las TIC o TAC, están en constante revisión y actualización. Eso sí, hay que ser un buen marino en la red... 

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