jueves, 25 de octubre de 2018

SLOW EDUCATION

A veces quedan incluso bien estos anglicismos, y el término slow en educación parece un adjetivo proscrito en los tiempos que corren. Tiempos rápidos donde el consumo de educación parece destinado a obtener títulos que certifican competencias de diversa índole y en escalas multicolores.
Nos paramos poco a pensar para qué educamos y donde está lo importante, o más bien, lo que urge en esta época de cambio constante.

En este entretanto nos embarcamos en demasiadas cosas sin un trasfondo claro o con una superficialidad meridiana. Apuntamos hacia demasiados frentes y luego nos enerva la acumulación de tareas, proyectos, sinsabores, relaciones personales, comparativas, competitividad... a lo que añadimos unos alumnos siempre jóvenes en un contexto complejo.

slow education

Estamos tardando demasiado en llevar a cabo la trilla, y separar toda esa paja de un grano que puede acabar enterrado si no centramos nuestra tarea en lo que realmente importa: una educación memorable. Memorable en el sentido de que adquieran competencias para toda la vida; memorable en que los alumnos sean conscientes de su necesidad de conocimiento; memorable en que valoren la formación que están recibiendo y el coste que supone; memorable en que los jóvenes se sientan escuchados, atendidos y respeten al mismo tiempo a compañeros y docentes; memorable porque les ayudará a dar sentido a su vida personal y profesionalmente.

Todo ello es difícil de llevar a cabo si no se dan las condiciones para ello, si todos los docentes no se implican del mismo modo en los centros educativos, no dando valor a nuestra profesión o se deje que unos pocos sean los que se estresen laboralmente; o si no hay clara una línea pedagógica y unos principios que vertebren las escuelas. Luego quedarán en el olvido las modas educativas, los manequin challenge y el resto de naderías que inundan los centros cada cierto tiempo; sin embargo, nuestras acciones y actitudes como profesionales de la educación permanecerán y dejarán esas huellas invisibles que de tanto en tanto convergen en nuestro camino en forma de una persona adulta y agradecida por la educación recibida.

Es hora de pararnos un poco y dejar de echar la culpa a esta sociedad hipercompetitiva que alimenta egos, estimula la confrontación y nos incita a enrolarnos en esa espiral de multiactividades en la que vivimos. Ser creativos, reflexionar, leer, convivir... necesitan un fuego lento que no está reñido con la innovación que nos requieren.

photo credit: *Tom* Penzance Noir: Slow via photopin (license)

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