Mostrando entradas con la etiqueta docentes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta docentes. Mostrar todas las entradas

CLASES Y CLASES DE FORMACIÓN PROFESIONAL

sábado, 10 de enero de 2026

 


 

Podemos leer muchos manuales o asistir a formaciones sobre metodologías, gestión de aula y conflictos, innovación educativa u otro sucedáneos, pero, en demasiadas ocasiones se nos desmonta el chiringuito cuando te encuentras con una clase donde la diversidad te apabulla o el comportamiento no es el ideal para dar clase convenientemente. La experiencia ayuda a manejar situaciones, así como grandes dosis de paciencia que logran no agriar tu carácter o precipitar una subida de la tensión arterial. 

 

Las conversaciones sobre la necesidad de disciplina o un régimen sancionador más estricto creo que no son nada nuevo en este siglo o en el pasado. La inquietud o el nerviosismo de la juventud no tiene cura. Más todavía en una sociedad acostumbrada a no relajarse y a consumir contenidos y productos sin cesar. La dichosa dopamina. Probablemente en el futuro será una anomalía mantener a los estudiantes tantas horas seguidas cara a una pizarra (digital o tradicional). O quizás el efecto rebote ante la ingente generación de contenidos vía inteligencia artificial nos devuelva a tiempos donde el silencio y el estudio analógico eran la norma. Sin embargo, dudo de nuestra capacidad para ese sosiego, más allá de para un grupo selecto apto para la concentración y vacunado de la inanidad de las redes. 

 

Quizás no hayamos todos pasado de frenada abrazando una educación permisiva. Para bien y para mal. Las familias, base de los valores de las personas, también patinan independientemente de los recursos que tengan. Y así se van sumando factores que hacen más difícil una profesión que siempre ha sido compleja donde las dificultades se redoblan cuando no sabes qué hacer en una clase para mantener ese clima facilitador del aprendizaje y mantener la motivación propia y ajena. No obstante, también hay clases donde te encuentras estudiantes que te escuchan y agradecen tu empeño, a pesar de que nos solemos quedar con esos cuatro más intensos que estresan la enseñanza y alteran una cotidianidad utópica. Desde luego, mucho mérito (y un sueldo doble) tienen todos esos y esas docentes de Formación Profesional Básica o algunos Grados Medios que tienen una realidad complicada. 

 

Mientras tanto, a los docentes no nos queda otra que capear el temporal y tratar esa diversidad alborotada con la mejor fórmula de siempre: la empatía. Recordar cómo fuimos en aquellos maravillosos años, a menudo olvidados o idealizados, siendo sabedores que cada curso viene con nuevos sobresaltos a pesar de nuestras buenas intenciones iniciales. Desde luego, a pesar de esas clases donde parece que se conjugan las peores circunstancias, vale la pena seguir apostando por unos jóvenes que más tarde que pronto caerán del árbol y se convertirán en buenos profesionales y personas gracias también a nuestra reducida influencia.  

 

Foto de Giuseppe Argenziano en Unsplash

DIFICULTADES Y MEDIOS PARA SELECCIONAR Y RETENER EL TALENTO DOCENTE

miércoles, 28 de febrero de 2024

 


En el sector educativo la selección y retención del talento es una actividad de complejidad creciente. Hace no demasiados años un puesto como docente era una opción atractiva que requería presentarse a algún tipo de oposición para al menos conseguir una vacante de interino o rogar por encontrar una plaza en el sector privado. La pila de currículos que recibía un centro educativo era considerable. Al igual ocurría con las listas de espera en las bolsas de trabajo para profesorado en la educación pública. 

 

Ahora asombra ver procesos de oposición donde hay más plazas que candidatos mientras seguimos en España con unas tasas de desempleo considerables (en torno al 8%) en la población universitaria y algo más del doble que en la Unión Europea. Sin contar con todos aquellos graduados universitarios que tiene trabajos de baja cualificación. Aunque, por otro lado, las nuevas generaciones (millenials y Z) no han sufrido la considerable competencia que los jóvenes boomers tuvieron en su día. Éramos, a la fuerza, poco exigentes. 


Los perdida de poder adquisitivo en este sector, así como la inexistente carrera docente, pueden ser también razones que favorecen la escasez de vocaciones docentes. Por no hablar del poco prestigio de la profesión en la sociedad y el permanente cuestionamiento de la labor, así como la creciente sensación de abandono o la impotencia ante una juventud que se percibe como indisciplinada o poco esforzada. Todo ello, puede que no haga más que cronificar un problema donde una parte del profesorado ejerce de rebote esta profesión; ya sea porque no encuentra nada mejor, porque en otros sectores privados las condiciones son más desventajosas, o porque las exigencias para la contratación son ahora mínimas ante la ausencia de aspirantes. 

 

Otro problema añadido viene en la actualidad con la forma diferente de entender la relación laboral con los empleadores. La fidelidad a un centro o a un equipo de personas se percibe como algo temporal; no cuesta esfuerzo ni hay muchos reparos para cambiar el lugar de trabajo si hay una oportunidad laboral algo mejor. Una consecuencia más de un mercado laboral docente cada vez más desequilibrado en cuanto a su oferta y demanda, y que nos debe llevar a naturalizar una rotación voluntaria más elevada. Tan solo, el elevado interés de las mujeres por la carrera docente (a menudo por razones de conciliación o no discriminación) parece mitigar la falta de aspirantes actual. Al igual que otros tantos enseñantes no cambian su posición al ser compatible con otros empleos mientras el horario laboral se lo permita. 


Evidentemente, la forma más sencilla de atraer ese talento viene a través de una subida de los salarios. Por no hablar de la mejora de unas condiciones de trabajo (aulas, equipamientos...) que nos hemos acostumbrado a exigir en una sociedad más rica donde siempre nos comparamos con los más pudientes y no con aquellos que sufren la escasez de recursos. No podemos pretender ser un centro de trabajo tipo Google, con sus futbolines; pero la estética Roper o los medios desactualizados parece que importan. Al igual que ocurre con esas discriminaciones horarias donde por igual o menor sueldo se trabajan más horas en ciertos tipos de centros o según que comunidad autónoma. Más diferencias que favorecen una rotación incesante en las escuelas. 

 

No hace falta ser un experto en recursos humanos para entender que los empleados de cualquier organización prefieren directivos que fomenten un ambiente colaborativo, que contemplen un desarrollo personalizado de cada trabajador y que favorezcan la flexibilidad laboral. Justo tres debilidades que a menudo arrastra la docencia por distintos motivos: estamos acostumbrados a trabajar de modo independiente, por nuestra cuenta y sin tener que dar demasiadas explicaciones sobre nuestras acciones; la carrera docente o una capacitación personalizada no se contempla habitualmente; y la flexibilidad es casi nula ante un calendario escolar y unos horarios que dependen principalmente de la antigüedad del docente, de los permisos permitidos o de las reducciones de jornada legales. Luego, la transparencia, la ejemplaridad y el estilo de liderazgo colaborativo, pueden ser otras buenas razones para mantener la implicación de la plantilla. Sin duda.  


Tampoco han ayudado las exigencias lingüísticas o los desactualizados requisitos para impartir ciertas materias. Ahuyentan demasiados perfiles que podrían enseñar ciertas materias o módulos sin problema alguno (hay muchos grados universitarios de reciente creación que están en el limbo). En los últimos años, además de la demanda de salir de esa populista zona de confort, tampoco se han incorporado medios o soluciones a los problemas estructurales que arrastra la docencia. La gestión y la calidad de los centros educativos nos embarcan en nuevas tareas mientras los estudiantes son más reivindicativos y las complicaciones van en aumento. Todo ello también nos lleva a una mayor insatisfacción donde no se atisban mejoras en un horizonte cercano. Justo lo contrario. También nos hemos vuelto escépticos con los nuevos métodos que prometían resultados de la mano de formadores a menudo expertos solo en frases positivas. Y una buena formación docente nos puede dar motivos para enseñar mejor y gestionar las aulas con cierta suficiencia.


Luego está el ambiente laboral. Trabajar rodeado de quejas nos convierte en quejicas, con o sin razón. Afrontar una jornada lectiva intensa sin ciertas expectativas, el soporte de un compañero o la confianza en ayudar al crecimiento de los alumnos, eterniza la faena. Y las relaciones personales, como en cualquier entorno, no son siempre fáciles cuando conviven personas con ópticas distintas o un concepto de la educación y el trabajo opuesto al tuyo. Somos dados a diagnosticar los males de la juventud actual o culpar a las familias, y nos quitamos de en medio como si no fuera faena nuestra atender las anomalías. Otro factor más para el quemazón (burnout). 

 

¿Y qué nos queda ante un panorama tan sombrío? Desde los equipos directivos poco se puede hacer para atraer ese talento que escasea. Un talento, como define Pilar Jericó, por el cual un “profesional  comprometido que pone en práctica sus capacidades para obtener resultados superiores en su entorno y organización”. Una definición para reflexionar. En un sector tan restringido, en cuanto a oportunidades de crecimiento dentro de la propia organización, nos queda poco más que apostar por una innovación y creatividad que aporte entusiasmo a nuestra práctica diaria. Alentar las iniciativas del profesorado que se implica y confiar en su desempeño; teniendo al alumno como centro de nuestras acciones pero dando valor al trabajo de los docentes. Sin personalismos. Incluso, preguntar, consultar o encuestar más a menudo a cada docente sobre sus intereses, propuestas y aspiraciones para ejercer la enseñanza.


La docencia, la podemos contemplar desde muchos puntos de vista. Seguro que podemos listar decenas de factores que nos impiden estar satisfechos con nuestra labor diaria. Sin embargo, son muchas más las variables que hacen de esta profesión una oportunidad para ejercer una labor única y preciada en unas condiciones laborales dignas. Podemos compararnos con otros empleos, pero no lo hagamos solo con aquellos que parecen ser más exitosos. Se me ocurren multitud de empleos poco o nada estimulantes. Marcarse objetivos cada curso o cada trimestre, algo no demasiado frecuente en la profesión, también facilita esa motivación que decrece conforme transcurre el curso. A pesar de las programaciones, también tenemos la posibilidad de incorporar de algún modo al aula nuestras aficiones o pasiones personales. También puede ayudar a sobrellevar tensiones y días lectivos estresantes. 


Quizás, acabemos reclutando profesores a través de Tik-Tok o Instagram, atrayendo así a una profesión que garantiza una juventud diaria y pocas opciones para el aburrimiento. O, tal vez, nos estemos dirigiendo hacia una nueva Inteligencia Artificial que nos facilitará el trabajo disminuyendo esa intensidad a la que nos hemos acostumbrado. Permitidme la duda...

HABLAR MAL DEL ALUMNO

lunes, 26 de febrero de 2024

 

hablar mal del alumno

Un buen indicador de la profesionalidad del docente está en la forma de referirse hacia su alumnado. No se trata de valorar las filias o fobias de cada uno, ni medir la mayor o menor bondad que cada uno atesora. La forma habitual que tenemos de calificar o adjetivar a los estudiantes, cómo valoramos sus acciones personales o académicas, o qué palabras utilizamos para dirigirnos hacia ellos dice más de nosotros que de ellos mismos. Y no me refiero a las formas, que pueden ser más o menos coloquiales o correctas según el entorno en el que estamos hablando. A casi todos se nos ha podido ir la lengua en alguna ocasión o no somos lo políticamente correctos que debiéramos. 

 

Afortunadamente, en las aulas no es habitual encontrar situaciones donde el desconsiderado o inoportuno sea el docente. Tal vez los alumnos, por inmadurez o falta de educación familiar, son más propensos a faltar el respeto hacia sus compañeros o profesores. Sin duda, hemos pasado de una escuela donde el temor reinaba en las aulas a estar en un contexto más laxo y cercano que favorece las impertinencias. Difícil equilibrio. En estos casos, como docentes, no nos queda otra que educar con todo lo que conlleva este término; porque no solo instruimos sino que constantemente tenemos la oportunidad de valorar aquellos actos que consideramos moralmente adecuados o inapropiados. Aún así, seguimos dando por sentados muchos de estos comportamientos, como si ser una persona correcta e instruida viniera de fábrica en nuestros jóvenes o niños. 

 

Sin embargo, el objeto de este artículo alude hacia la forma de hablar que utilizamos en público para referirnos a nuestros estudiantes, aún no estando ellos presentes. Hacer comedia o ridiculizar cualquiera de sus actuaciones no tiene excusa alguna. Tal vez nos pueden resultar graciosas ciertas respuestas o comportamientos e incluso nos sonríamos con la boca pequeña con las ocurrentes contestaciones de algunos; pero nunca es apropiada la chanza sobre aquellos para los que trabajamos. La burla o las odiosas comparaciones sobre la juventud actual tampoco son justas ni aportan nada en un contexto bien diferente al que tuvimos en nuestra época. Además de la desmemoria que solemos padecer, sin caer en la cuenta que no siempre fuimos esas personas formales y diligentes que ahora somos...

 

Al final, un truco infalible para saber cómo hablar sobre nuestros alumnos, es imaginar cómo me gustaría que hablaran sobre mí o sobre mis hijos; independientemente de las idioteces, las insolencias, la ineptitud o la ignorancia que suele venir de serie por edad o procedencia de esa valiosa materia prima con la que ocupamos nuestras jornadas lectivas. Ser bienhablado, cuando mencionamos a un alumno o alumna, también es educativo.


Foto de Dmitry Vechorko en Unsplash

CRITICAR AL DOCENTE

lunes, 12 de febrero de 2024

 


No sé en otros sectores profesionales, pero los docentes, acostumbrados a un trabajo que se realiza la mayor parte del tiempo entre las cuatro paredes de un aula, a solas y junto a un grupo de estudiantes, no estamos muy por la labor a que pongan en entredicho nuestra docencia. Del aula o jaula, como diría Toni Solano, pasamos a un despacho o al escritorio doméstico donde corregimos exámenes o diseñamos con mayor o menor fruición los materiales didácticos. La docencia, pese a los cambios acelerados que vivimos, sigue siendo una tarea excesivamente solitaria. Salvando excepciones, por supuesto. 

 

Ese aislamiento puede ser una de las causas de lo mal que encajamos la crítica. No importa los años de experiencia docente que atesores o la valía del crítico: sientan mal los comentarios. Pecamos tomándonos de un modo personal cualquier juicio de valor sobre nuestro desempeño. Esa falta de compañía habitual puede favorecer una autonomía mal entendida o un compañerismo donde no caben valoraciones discordantes. No sea que nadie se enfade. 

 

Incluso la estructura horizontal de los centros educativos, donde son los propios compañeros los que ocupan puestos directivos, fomenta esa ausencia de autoridad formal e informal donde todos supuestamente sabemos de cualquier aspecto relacionado con la enseñanza. Salvando, desafortunadamente, las incidencias informáticas que nadie quiere dominar... Ponemos en entredicho cualquier tipo de decisión escolar pero somos pocos dados a admitir enmiendas a nuestra labor personal. Sin embargo, a no ser que gustemos vivir en la inopia, somos conocedores de las muchas veces que metemos la pata o que podríamos haber actuado profesionalmente de un mejor modo.  

 

Lo mismo ocurre en el aula. Cuando comienzas la andadura como docente es habitual tratar de ganarte el respeto siendo severo y echando mano de castigos o sanciones. Hay que mostrarse duro. Con los años, si has envejecido bien, toleras más ciertas actitudes y tratas de ganarte al alumnado con el fin de que presten un interés en vías de extinción. La docencia es un difícil equilibrio donde jugamos a ser flexibles sin caer en la intransigencia. Teóricamente, en aras de esos valores democráticos que debiéramos promover, también estamos obligados a escuchar y tomar en consideración las opiniones del alumnado. O, al menos, debatir con ellos la sinrazón de sus propuestas. Una buena práctica para entender y no olvidar los razonamientos propios de la edad. Sin, por supuesto, perder de vista que también podemos andar equivocados ocasionalmente. 


La soberbia profesional es uno de los peores defectos que podemos arrastrar como docentes. Los mejores compañeros son aquellos que proponen y se muestran abiertos a iniciativas motivadas, a la vez que admiten sugerencias y no pontifican alegremente o sin conocimiento. Controlar el ego, en una profesión con escasas superstars, no debiera ser una misión complicada. Tal vez, uno de los males de la profesión viene cuando solo escuchamos a quienes nos interesan, a las personas más allegadas, a los que nos secundan incondicionalmente. Nos quedamos encajados en la crítica o en el desahogo. Pero, de tanto en tanto, aparecen esas otras personas que no hay que dejar escapar, que saben mucho más que nosotros, que actúan sin sobresaltos, que escuchan y leen no solo entre líneas. Compañeros que pueden servirnos de referencia para comenzar una autocrítica que nos cuesta encajar tanto o igual como las críticas ajenas. 


Criticar nos suena en negativo, a reproche. Necesitamos una crítica que suponga un análisis y valoración fundamentada del trabajo diario que desempeñamos. Debemos aceptarlas sin rencores ni antipatías hacia aquellos que nos critican; siempre que sea con ánimo de mejorar la escuela que tenemos y ofrecer la mejor formación posible a nuestro alumnado. Sin ocurrencias ni bandos, sin otros intereses impropios. La clave está en criticar con buena fe y aceptar las criticas profesionalmente. 


Foto de Mauro Gigli en Unsplash

LA DOCENCIA: UNA CARRERA DE FONDO

jueves, 14 de diciembre de 2023

 

LA DOCENCIA: UNA CARRERA DE FONDO

Cuando inicias la docencia no eres consciente de la sucesión de cursos que están por venir. Lo habitual, si comienzas a una edad temprana y aún eres un veinteañero, es arrancar con energía y replicando ese modelo que has vivido recientemente como estudiante y trasladando las pocos o muchos conocimientos que hayas podido adquirir en el controvertido Máster en formación del profesorado. Y la carrera docente es larga, además de tener sus altibajos.

 

El ímpetu inicial suele ir menguando con los años, no así siempre la vocación, si es que fue una variable fundamental para elegir como profesión la enseñanza. La entereza, por fuerza de la edad, también decrece y tras varios lustros es normal sentir cierta fatiga frente a unos alumnos que nunca envejecen. Durante esos primeros años, a pesar de la determinación, la juventud es atrevida y motivo de muchas meteduras de pata, impertinencias o excesiva suficiencia. Rodearse de buenos compañeros y profesionales suele ser una buena cura para las imperfecciones que vienen de serie. Sin embargo, hay quienes prefieren mantenerse en sus trece y mantener una misma marcha seguros de su competencia; no dejan espacio al avituallamiento, pretenden llegar a la meta con las mismas facultades y no tienen necesidad de mejora. 

 

Los fuegos de artificio también nos espolean profesionalmente. Ahí están los premios, méritos, trienios o sexenios, cargos, o esas redes sociales que nos pueden confundir y no tomar la ruta adecuada. Todo dependerá de la necesidad de autobombo, la ambición o la esplendidez personal. Incluso hay quien toma el atajo para seguir ejerciendo sin apenas horas de aula, alejado de los alumnos o buscando negocios alternativos donde ejercer como alquimista: obtengamos más ingresos a cambio de menos horas lectivas. Todo legal, desde luego. 

 

El grupo que marcha en cabeza es mayoritario. Pese al sinfín de vueltas dadas, siguen a pie de pista; con sus bajones y alguna que otra pájara física o mental, sin despotricar y atentos a las necesidades de sus estudiantes. No todo van a ser mejoras personales. También se preocupan por la situación de sus estudiantes, colaboran con sus colegas y sienten la escuela como un lugar propio. No están de visita con la mirada puesta en su cronómetro, sino que atienden al reloj oficial también cuando no les conviene. Saben lo que cuesta emprender cualquier proyecto o iniciativa en favor del aprendizaje. Se forman y entrenan pese a las limitaciones o los coaches de turno que alimentan mitos educativos. 


Lamentablemente, hay quienes no dejan la carrera y buscan atajos con tal de llegar a la línea de meta sin los esfuerzos correspondientes. No parecen entender que falta una larga distancia para alcanzar el final. No son conscientes de la agonía que supone, para los demás y para uno mismo, tratar de acortar una carrera con medidas ajustadas. Cuestión aparte es la falta de salud u otras circunstancias personales forzosas que nos sobrevienen a lo largo de la vida y nos impiden mantener un ritmo. 

 

El prodigio sucede con aquellos con más de treinta años de carrera, traspasados los sesenta, y a pie de pista. Ofreciendo aliento. Dando ejemplo de entereza, compartiendo y animando a los que por detrás venimos con la lengua fuera; conscientes de las malas épocas personales o profesionales y con la misma mirada sobre esos siempre jóvenes alumnos. Estos, ni ahora ni antes, son mejores o peores; tal vez distintos. Vamos perdiendo fuelle o motivos para llegar hasta el final. El empuje que nos queda es hacer mejores a aquellos que nos acabarán relevando.

 

LOS DOCENTES QUE NOS PRECEDIERON

lunes, 6 de noviembre de 2023

 

LOS DOCENTES QUE NOS PRECEDIERON

 

A algunos nos quedan muy lejos los años de colegio. Aún así, la mayoría, salvando a aquellos que no tuvieron la fortuna de ver respetados sus derechos como niños, tendemos a idealizar esos años escolares donde el juego y los compañeros de pupitre eran lo más importante. Nuestra selectiva memoria nos hace ese favor para no ahondar en la crítica que, ahora como adultos, hacemos al sistema educativo actual. Si meditamos sobre los maestros y profesores que nos acompañaron en el aula, la memoria revive esos limitados momentos donde nos sentimos reconfortados dentro de la caterva de chavales que consumían el oxigeno disponible de esas cuatro paredes. 

 

Ahora, ya como docentes con cierta experiencia, podemos echar la vista atrás y rememorar a esos enseñantes de ayer. Incluso puede que añoremos los tiempos de tarima, temores, ordeno y mando. Pero no es ese el tema que hoy me ocupa. El sistema educativo actual, con todas sus imperfecciones, es la consecuencia de muchos docentes ahora jubilados o fallecidos que tuvieron una mirada distinta sobre el significado del verbo educar. A pesar de las muchas deficiencias arrastradas por la inercia o la herencia a la que no sabemos renunciar cuando damos clase. 

 

Son esos primeros profesores a los que hay que estar muy agradecidos. Son esos compañeros y compañeras los que nos abrieron la puerta a una educación distinta donde lo que más importa es el afecto a unos jóvenes que tienen distintas preocupaciones, sufren inseguridades y patinan a menudo como consecuencia de su inmadurez. Colegas preocupados tanto por los conocimientos como por los valores que buscaban contagiar. Docentes responsables, sin ínfulas, cercanos, alejados de la pedantería, más dispuestos a colaborar que a sembrar con quejas los pasillos de la escuela. Profesores congruentes, sin premios ni títulos rimbombantes, que tenían como única falta el adoctrinamiento de sus alumnos para que llegaran a sentirse valorados y capaces de progresar a través del acompañamiento y el esfuerzo personal. Personas que no escatimaban minutos para atender y entender a sus estudiantes. Más allá de toda metodología.


Corren tiempos de incertezas en el mundo educativo. No sabemos si nos hemos pasado de frenada con ciertas concesiones a los estudiantes o si debiéramos desandar el camino y subir de nuevo a la tarima; corremos el riesgo de poetizar épocas pretéritas en lugar de estimar solo a los educadores admirables de entonces. Dudamos de cualquier ley educativa que nos plantean con prisas los que no entienden que la impaciencia es enemiga del aprendizaje. Nos hemos creído demasiados reclamos publicitarios que prometían renovar la docencia. Pecamos buscando la elegancia de las formas o a través de métodos simplistas, sin profundizar en el fondo de lo que nuestros alumnos realmente necesitan: ganas por saber más. 


Por ello, pese a la falta de cálculo en la frenada, debemos mantener la mirada puesta en ese retrovisor que nos ayuda a cambiar de carril con mayor seguridad. Echemos la vista atrás y sigamos las huellas de los mejores que nos antecedieron. Mantengamos la mirada puesta en el alumno, más allá de nuestra conveniencia, implicados en esa escuela que todos andamos construyendo y que algún día otros recibirán como legado. No dilapidemos la herencia recibida. Sigamos atesorando las maravillas de los docentes que nos precedieron. Tal vez así dejaremos algo de valor a los que nos sucederán. 

 

LA IMBECILIDAD DEL ALUMNO

domingo, 29 de octubre de 2023

 


No me gusta entrar en polémicas en el ámbito educativo. No soy dado a añadir levadura a los que gustan de engordar los males de la escuela despotricando de su materia prima. Pero ciertas valoraciones profesionales, que además son aplaudidas por colegas, no debieran tener cabida en la escuela. Corremos el riesgo de disculpar o apoyar cualquier acción u opinión que vertemos como docentes si la situación nos sobrepasa o no encaja con nuestras expectativas. Valorar al alumnado adolescente, de forma tan negativa, resulta desolador: «Veo estupidez allá donde mire. Ya no comprendo ni soporto nada de lo que hacen. No soporto tanta ignorancia. Casi cada uno de ellos simboliza la imbecilidad»

 

Ni corporativismo ni falta de crítica a un sistema educativa que no aporta los recursos materiales y humanos necesarios. No es ese el asunto. Reprobar este tipo de comentarios, públicos o privados, es una cuestión de ética profesional docente. Pese a que algunos aprovechen la dicotomía, entre el saber para ejercer la enseñanza y el saber quién soy para dedicarme a este oficio y no a otro (F. Altarejos, 2003), para decantarse por la primera opción. Como si ambos asuntos no tuvieran la misma importancia. Y ni es un tema de bandos ni estamos ante una cazas de brujas para desprestigiar a nadie.


Somos sabedores de la necesidad de una mirada que busque la comprensión de los alumnos, independientemente de cuestiones pedagógicas. La estulticia o cualquier otra problemática que arrastre el alumnado son inherentes a la profesión. No son motivo de reproche. Todo ello no quita que sigamos demandando recursos específicos para centros educativos de difícil desempeño, el apoyo del equipo directivo y una formación específica para mejorar la convivencia en las aulas. Los alumnos actuales, sus padres y madres, o nuestros compañeros, no admiten cambios ni devoluciones. Pongamos el acento en esos recursos no accesibles o en ese malgasto en partidas accesorias para poder ejercer con competencia nuestra docencia.

 

El gran defecto de los profesores sería su incapacidad para imaginarse sin saber lo que saben. Sean cuales sean las dificultades que han debido superar para adquirirlos, en cuanto los adquieren sus conocimientos se les vuelven consustanciales, los perciben como si fueran evidencia («¡Pero es evidente, vamos!»), y no pueden imaginar que sean por completo ajenos a quienes, en ese campo preciso, viven en estado de ignorancia.  Pennac, Daniel. "Mal de escuela"

 

Porque hacemos un flaco favor a nuestra profesión, de la que reclamamos justamente un mayor aprecio, cuando pataleamos por los estudiantes que nos tocan en gracia o nos atrevemos a descalificarlos como si fuéramos meros aficionados al aula. Mi límite, a la hora de dirigirme a un alumno o hablar acerca de él, me lo pongo en cómo me gustaría que fuera tratado un hijo mío. Por mucho que haga el imbécil o insista en seguir acomodado en la ignorancia ante una vaga promesa de un futuro mejor a cambio de un esfuerzo que considera poco ventajoso. Es cuestión de profesionalidad y ética.


CÓMO INFLUYES EN LOS JÓVENES DOCENTES

domingo, 17 de septiembre de 2023

 

como influyes en los jóvenes docentes

La naturaleza manda y el ímpetu juvenil de los primeros años como docente suele ir menguando conforme pasan los años. Si la salud te respeta es más fácil mantener intactos los motivos por los que comenzaste a trabajar; más aún si la vocación y la ilusión eran parte de esos primeros cursos. Ahora, con unos cuantos lustros a la espalda, ya eres uno de los viejos del lugar; un señor o señora en toda regla; un tipo que podría ser el padre o madre de esos jóvenes que cada año te escudriñan para saber qué tipo de profe eres. Empiezas a estar de vuelta de todo. Y aún no te das cuenta de tu influencia sobre los compañeros y compañeras que te rodean. 

 

Sin embargo, ahí están esas nuevas filas de profesores que, como tú, tienen la oportunidad de encauzar su vida profesional en el desafiante mundo de la enseñanza. Y sí, es una ocasión, estimado joven docente: Porque si sientes la docencia solo como una salida laboral más, seguramente no acabe llenándote, a pesar del sueldo decente y unas vacaciones generosas. Sin los motivos adecuados para dedicarte a la educación puede que acabes quemado según gire el aire cada curso; o puede que no aguantes las impertinencias consabidas de la muchachada; o puede que acabes con esa estrechez de mira que acompaña a los que solo ven obligaciones y no disfrutan de esas vidas en crecimiento que nos escuchan. Y todas esas posibilidades son admisibles, pero puede también que acaben llevándote a la indolencia o a la queja permanente. El sistema, los jefes, los alumnos... serán responsables de ese resquemor profesional. Todos menos tú. Una amargura que acabarás compartiendo.

 

Y ahí andas caminando por el pasillo del centro educativo, sabiéndote dominador del terreno de juego. Pocos se atreven a llamarte la atención por muchos desaguisados que cometas. Cierras las puertas del aula y allí no hay VAR ni cámaras (afortunadamente) que subsanen los errores o faltas cometidos. Eso de la mejora permanente quedaba muy bien en los manuales de calidad; pero ahora, ¡que otros se dediquen a ello!; que cada cual se preocupe de sus privilegios. ¿Aquello del bien común qué era? 

 

Y así continúa pasando un curso tras otro. Parece que no eres sabedor de lo mucho que cala esa actitud tuya para con los alumnos y tus compañeros. Ese postularte cuando es necesario. Ese no censurar el trabajo u opinión formada de un colega. Ese saber rectificar cuando metes la pata. Ese compartir recursos propios y dar crédito al trabajo de los demás. Ese tener claro que el alumno es lo primero y entender sus circunstancias. Ese no quitarse de en medio aprovechando la norma y a costa de un compañero. Ese buen carácter cuando la coyuntura no es la más idónea. Ese aportar e implicarte en tu centro pese a la saturación que arrastramos todos en mayor o menor medida. O ese pedir ayuda cuando la necesites. La ansiada congruencia.

 

Bien sabemos que, por mala costumbre, los docentes somos pésimos trabajadores en equipo. A todos nos place dar clase a nuestro aire, sin dar explicaciones a nadie. El problema sobreviene cuando animaos a los alumnos a empatizar, a coordinarse, a coevaluarse, a darse feedback... Todo ello daría para un nuevo y extenso artículo. En todo caso, replanteemos nuestra docencia junto a nuestros más y menos jóvenes compañeros. Ojalá todos tengamos la suerte de apropiarnos de las mejores cualidades de los profesores que nos precedieron y acompañaron en esta larga carrera. Yo he tenido esa fortuna, aunque me queda mucho por mejorar.


UN BUEN MÁSTER DE FORMACIÓN DEL PROFESORADO DE FP

miércoles, 18 de enero de 2023

El peaje del máster del profesorado se ha vuelto caro. Si decides adentrarte en la profesión docente no queda otra que cursar uno de los másters que las distintas universidades ofrecen para poder ejercer en un centro educativo público o privado. La formación pedagógica pasa hace años por al menos un año académico con asignaturas teóricas, unas prácticas y un trabajo fin de máster. La elección de uno u otro programa, o incluso la especialidad, la acaba determinando el precio y la facilidades para ser compatibilizado (presencial, semipresencial u online) con otras ocupaciones académicas o laborales. Nada nuevo bajo el sol. 

 

Los que desean ejercer como profesores de FP tampoco tienen muchas opciones para su especialización. La parte teórica, común en muchos másteres y especialidades, no tiene tanto valor como unas buenas prácticas en un centro educativo donde puedas observar cómo trabajan en la especialidad que te interesa. Cada familia profesional es un mundo. Paradójicamente, la remuneración de los tutores de prácticas de los centros educativos es testimonial (por no decir otra cosa). A pesar de los elevados precios que se llegan a pagar en algunas universidades. 

 

Los primeros compañeros docentes que te acompañan al inicio de tu carrera docente pueden ser un factor determinante para ejercer la profesión. El ambiente de trabajo, el compañerismo, el afecto por el alumnado, las ganas de innovar, las lecturas compartidas... son activos no disponibles en los programas del máster del profesorado. Esa primera experiencia, a menudo sin guía, es importante a la hora de enfocar una profesión que tiene muchas aristas. La inexperiencia como enseñante te puede abocar a cierta rigidez o falta de empatía con esos jóvenes que parecen estar esperando tus fallos. Incluso hay quien apuesta por mostrarse inclemente para suplir la natural falta de seguridad. Siendo el equilibrio, exigencia-flexibilidad, lo necesario para una buena docencia. 

 

La lástima, en el caso de la Formación Profesional, es el escaso valor que se dota a la experiencia en el sector profesional en el que se va a ejercer como docente. En muchas familias profesionales tenemos docentes con títulos superiores que rara vez han ejercido en su ámbito productivo o de servicios. Y poco se hace al respecto para revertir esta situación. Incentivar las prácticas en empresas de los docentes de FP actuales y futuros debiera ser una prioridad de las autoridades educativas. Es necesario dar tiempo y remuneración a unas estancias formativas que seguro acabarían redundando en una preparación más real y actualizada de los futuros técnicos de Formación Profesional. 

 

En el máster del profesorado acabarás escuchando y leyendo muchas teorías, modas o formas de ver la educación. La didáctica, las nuevas tecnologías o la innovación educativa tendrán su importancia, muy relativa a la larga, pero la práctica diaria y el interés por mejorar cómo gestionar el aula y que tus estudiantes aprendan más acabará resultando diferenciadora. Los buenos profesores y profesoras de FP acaban destacando tanto por sus conocimientos actualizados en los módulos impartidos como por esa otra mirada donde siempre caben la empatía, la paciencia y el anhelo personal porque todos y cada uno de sus alumnos progresen. El máster por ser un experto docente de FP finaliza cuando te jubilas. 

 

REGALOS DE NAVIDAD PARA DOCENTES Y COORDINADORES TIC

jueves, 8 de diciembre de 2022

Se acercan fechas anheladas por los coordinadores TIC, ahora llamados también coordinadores digitales de centro, no sólo por sus reencuentros con la familia política sino también por la esperada pausa en cuanto a incidencias técnicas, planes digitales, quejas sobre la wifi o mil y una protestas para mejorar las instalaciones y dispositivos de las limitadas escuelas. 

 

Por ello, si tienes algún compañero o compañero que tenga la fortuna de asumir estas tareas de coordinación, te aconsejo, como sufrido coordinador TIC, los siguientes regalos navideños para profesores como muestra de tu admiración y cariño en estos señalados días. Siempre puedes enviar un Bizum o abrir un sobre con una aportación mínima de 20 euros (por aquello de la inflación), para que todo el claustro aporte algo material a ese inconmensurable e intangible afecto por tu compañero/a. Vamos a ello. 

 

1. Un curso de pago y presencial. Ya está bien de cursos gratuitos online con Google Actívate, Microsoft o Coursera. Estiraos y regaladle formación presencial y en sus horas lectivas para que se actualice por fin sobre el sinsentido del TikTok en el aula, bailar al son del reggaeton o cómo ser resiliente sin perder los nervios con los tecnófobos. Seguro que en tu localidad hay algo a media mañana (imprescindible pedir previamente permiso al equipo directivo). 


2. Sheets. La hoja de cálculo es el talón de Aquiles del profesorado. Más allá de la media ponderada parece que hay poca vida entre los docentes. Conviértete en un experto para formar a otros colegas con uno de estos cursos de pago (lo siento, son online): en la UNED o en la UOC. Presume de fórmulas complejas y macros con el claustro.

 

3. Cuenta de tuitero verificada u oficial con Twitter Blue. Aunque todavía no está disponible en España, podéis ir mirando la suscripción para que vuestro coordinador/a tenga una cuenta oficial en Twitter. Un modo de malgastar el dinero y alimentar la autoestima de un próximo tuitstar. Si ya tienes a un gurú en tu equipo, dile que se meta en BeReal, un éxito entre los más jóvenes.

 

4. Cómic. La lectura, ante la avalancha audiovisual y el procastinamiento provocado por las redes sociales, es una actividad en constante peligro de extinción. La novela gráfica "Fahrenheit  451" es una adaptación magnífica de la obra de Ray Bradbury, situada en un mundo donde leer está prohibido. Si no te convence este título, busca en las reseñas de blogdecomics.com

 

5. Suscripción a una aplicación de Inteligencia Artificial. Regala una mensualidad al menos, ya que es algo caro el servicio, a la plataforma Jasper. Una herramientas de IA ideal para ahorrar tiempo escribiendo artículos en el blog de tu centro o creando contenidos para la web. ¿Está cerca el final de los copywriters? Muchas más herramientas en este hilo de Twitter. 

 

6. Un jamón de bellota. Que se quite todo artificio y dispositivo donde esté un buen jamón. En esta empresa extremeña seguro que no fallas con tu elección si dispones de presupuesto. En caso contrario, siempre queda comprar un paquete en lonchas al vacío en esa misma página o un queso de cabra payoya para los docentes no carnívoros.

 

7. Estiramientos. La vida frente al teclado es dura y causa de lesiones musculares, además de la presbicia galopante que nos acompaña. Buscad un buen gimnasio con sesiones de Pilates o agenciaos un profesional a distancia. Su atribulado físico os lo agradecerá, aunque no tanto como sus abdominales y suelo pélvico.

 

8. Comercio justo. Nada mejor que una buena cesta con alimentos para mantener el nivel de azúcar o cafeína para aguantar una jornada lectiva. Café, chocolate, té (o una buena tila) y galletas que respetan el medioambiente así como unas condiciones justas para sus productores. Todo en las tiendas físicas u online de Oxfam Intermon. O mejor todavía, una escuela en una maleta de parte de Unicef: asegura que un profesor pueda seguir dando clase a 40 niños durante un desastre natural o una guerra.

 

9. Un móvil sin internet. No podía faltar un dispositivo tecnológico con juegos, radio y linterna, pero tan solo para hablar con tus contactos. El mejor medio para no tener que responder correos a deshoras, gestionar usuarios o atender incidencias técnicas. Con el nuevo Nokia 105 tienes la concentración asegurada por poco más de veinte pavos. 


10. Por último, y para afrontar mejor el plan digital de centro que se nos viene encima, así como los dichosos certificados de competencias digitales docentes, un bonito planificador de pared personalizado del 2023 que nos espera... No habrá Google Calendar, Notion o OneNote que lo resista.

 

Os deseo, por adelantado, felices fiestas. En especial a los coordinadores TIC. 

 

regalos navidad profesores coordinadores TIC

Foto de Edgar Soto en Unsplash

PROFESORES VETERANOS

domingo, 30 de octubre de 2022

Cuando comienzas a enterarte de qué va esto de la educación ya han pasado más de dos décadas. Y en este sector, como en otros muchos, el edadismo también hace sus pinitos. Ser algo mayor, y no hablo de no tener derecho al carnet joven, parece que supone un hándicap en unas aulas repletas de jovencitos con los que debemos conectar y conducirnos a ese ritmo veloz que lleva la vida moderna. Más allá de los conocimientos y el bagaje cultural que estos viejos docentes atesoren, la dialéctica de este sinvivir digital tiende a buscar su jubilación virtual anticipada (lástima que no sea una real y voluntaria).

 

Es una pena, ahora que se lleva tanto el reciclaje y la reutilización, que no se aproveche todo ese capital humano que apartamos hasta que llegue el júbilo a sus vidas. Todas las escuelas disponen de esas personas que han sido ejemplo para los que venimos por detrás y que han aportando matices y visiones de lo que implica la labor educativa. Docentes magníficos que, también con sus errores, han hecho mella y luego han sido rápidamente sustituidos. Sí, ley de vida. Sin embargo, no deberíamos perder la ocasión de seguir escuchándolos o aprovechar sus últimos años como profesionales del aula. 

 

No tiene sentido seguir fascinados por gurús educativos aún novatos en el arte de educar o por aquellos que dejaron las aulas para llevar una vida mejor. No tiene sentido si aún tenemos cerca a ese colega que sabe llevar bien una clase, pese a su cansancio físico, o a pesar de su falta de pericia digitial. No es sensato seguir anhelando su jubilación para dar entrada a gente supuestamente mejor preparada o motivada. Más ahora, donde cierta desesperanza cunde también entre el profesorado más joven ante la falta de atención y de compostura creciente en las aulas. No todo es tener tablas, pero la veteranía siempre aporta.  


No sé si las viejas recetas sirven para estos nuevos tiempos donde nos estamos replanteando, afortunadamente, muchas inercias. Pero estoy seguro que muchas antiguas actitudes y esa madurez de un buen profesional, debidamente valorado, son profundamente valiosas para los que comienzan a dar clase. Los años no siempre confieren una experiencia rica para los demás; más aún si tu carrera docente ha estado marcada por un mirar el reloj a todas horas. Pero son muchos los que se han devanado los sesos para ofrecer lo mejor de sí mismos con el fin de llegar a todos sus alumnos. Y ellos deben ser nuestro espejo, pese a sus desaciertos y pese a esa imagen ideal de profesor eternamente joven o instagrameable. 

 

Vivimos en una época donde solo leemos titulares o seguimos solo el trending topic del momento. La calma y le lenta velocidad para hacer las cosas ya no sirve tampoco en educación. Falta profundidad en las conversaciones y en las lecturas. Ahora apostamos todo poner la mejor cara, esconder las miserias y desencuentros, y tratar de brillar para ser el docente o la escuela escogida. Lo viejo vende poco. Tampoco es nada nuevo en las últimas décadas. Algunos incluso confunden lo viejo con lo reaccionario. Estos olvidan que está casi todo inventado: el trabajo por proyectos, la FP dual o incluso el enfoque competencial. Inventado por personas generosas, idealistas y críticas. Personas que todavía tenemos cerca y de las que debiéramos echar mano.

 

Los viejos profesores y profesoras parece que solo estorban y, en lugar de darles su espacio merecido, ahora solo valen para que sigan cotizando unos años más en ese cementerio de elefantes al que se ven abocados. Valoremos sus testimonios, su experiencia vital y profesional, su agotamiento merecido, sus ganas de seguir cumpliendo y su justo ritmo más pausado. Ojalá todos acabemos con esa oportunidad de de marcar tanto a alumnos como a compañeros; de hacernos viejos sabiéndonos estimados y no como un engranaje más del sistema. Que lo sepan.

 

profesores veteranos

¿MERECEMOS EL DÍA DEL DOCENTE?

miércoles, 5 de octubre de 2022
Si eres docente, lo del "Día mundial de las y los docentes"  parece una manera más de autofelicitarse, obtener consuelo o recibir el reconocimiento público que no suele producirse a lo largo de la carrera profesional (más allá de algunos premios simbólicos o esa fiesta de jubilación merecida). Solo los años te garantizan un incremento de salario; y la implicación profesional ni se mide ni tiene modo de ser recompensada, por lo que la exigencia personal queda en las manos de cada docente.
 

Desde mi percepción, tal vez haría falta un estudio sociológico al respecto, el profesional de la docencia ha evolucionado a la par que lo hacía mercado laboral. Afortunadamente, las condiciones laborales han mejorado en los últimos treinta años, gracias a unas plantillas que exigieron una mejora de sus derechos a través de huelgas (con su pérdida de salario correspondiente) y manifestaciones consensuadas por una mayoría del profesorado. El salario y las horas lectivas de entonces distaban mucho de las condiciones actuales. Generaciones anteriores a las que debemos mucho de lo que ahora disfrutamos. Muchas gracias.


Las anteriores crisis económicas (años 90 del siglo pasado) provocaron unas tasas muy altas de desempleo, con la consiguiente inseguridad económica y estrecheces de muchas familias. Obtener un trabajo fijo era casi un privilegio para un joven profesional así como los despidos eran cosa habitual por entonces. Cualquier trabajo era bien recibido ante un futuro poco halagüeño. Fue a partir del 2000 cuando el crecimiento económico se disparó en España, pese a la abundancia de los mileuristas de entonces que ya protestaban por unos sueldos escasos para vivir decentemente. La juventud se había acostumbrado a apreciar un buen empleo y los novatos docentes de entonces no teníamos complejos para cambiar de residencia fuera del domicilio habitual o firmar un contrato de pocas horas para alimentar el currículum. 

 

La crisis del 2008 también ayudo a valorar la estabilidad laboral y a temer por la amortización de ciertos  puestos de trabajo. Los interinos o docentes de centros educativos privados no tenían el futuro asegurado. Los centros educativos competían por atraer alumnos y el marketing educativo acampó sin remedio. La avalancha de titulitis para mantener el puesto y seguir las directrices de las autoridades educativas nos hacía perder, de nuevo, el foco en lo que realmente siempre ha importado: la atención a los alumnos. Pero superamos también esta nueva crisis y, como si nada, al igual que ahora tras una pandemia y en medio de una escalada bélica mundial, nos acostumbramos a la abundancia de empleo (mejor o peor remunerado) y nos pusimos a exigir prerrogativas para contrarrestar ese sueldo de maestro algo escaso en nuestra sociedad de consumo y que, comparándolo con los países europeos de nuestro entorno, es ciertamente menor a medida que aumenta la antigüedad laboral. Pero ahí seguimos adormecidos: con desproporcionadas desigualdades según el cuerpos docente, según la titularidad de los centros y según las regulaciones de cada comunidades autónomas. El guirigay habitual. 


Ahora, tras una pandemia que no nos ha hecho mejores, un horizonte político convulso y polarizado, y un desacuerdo educativo eterno entre las fuerzas políticas, al que se suma un profesorado aturdido con distintos frentes que no sabe si apostar por el conservadurismo educativo, la llamada nueva pedagogía o el sálvese quien pueda tan habitual en nuestro sector. Además, parecemos rozar esa especie de "gran renuncia" donde poco importa el proyecto educativo si es a costa de alguna que otra incomodidad relacionada con la falta de flexibilidad laboral o ciertas condiciones del trabajo. Hay, de momento, una escasez de docentes en ciertas materias que parece provocar esa mayor movilidad laboral que antiguamente no ocurría. 

 

El futuro está en el aire, lo que no parece que influya mucho en el optimismo (o indolencia) reinante al que se suma la escasa iniciativa por defender los derechos conseguidos, mejorar las condiciones, luchar contra las injusticias existentes y hacer honor y merecer de algún modo este día de los docentes. Ya va siendo hora. 


DIA DEL DOCENTE

Foto de Brad West en Unsplash

DOCENTES SIN PRESTIGIO

domingo, 11 de septiembre de 2022

La devaluación de la figura del profesor no es nada nuevo, o al menos la percepción que sobre ello tenemos los docentes. Aquello de "pasas más hambre que un maestro" ya pasó a mejor vida, afortunadamente, aunque una inflación vertiginosa haya mermado parte de unos salarios venidos a menos. Pero, cuestiones económicas aparte, tengo la impresión que los docentes de educación secundaria, hablando como profesor de Formación Profesional, seguimos sin tener ese prestigio que al menos ahora comienzan a recibir los jovenes demandantes de ciclos formativos y próximos técnicos. Una falta de reconocimiento que parece venir de la mano de ciertos medios de comunicación y amplificada por las redes sociales e instantáneas; pese que no estamos nada mal en España según ciertos estudios (Ipsos Global Trustworthiness Index 2022).

 

La posesión de una titulación universitaria ya no parece gran cosa. Tras la reforma de Bolonia han proliferado los másteres como algo obligado si quieres demostrar tu competencia y acceder a un empleo. La titulitis de siempre. Encima, no son pocos los que se embarcan en doctorados para suplir esa supuesta falta de prestigio donde cualquiera es ya graduado universitario. También el elitismo intelectual de siempre de aquellos que acompañan sus firmas con honores académicos.  

 

El máster del profesorado, un grado universitario, aprobar unas oposiciones y atesorar distintos certificados B2 o C1 en otras lenguas, no parece suficiente para demostrar conocimientos en un sistema donde, paradojicamente, se critica la obtención de unos títulos que parecen devaluados por el elevado número de graduados que los han obtenido. Desconozco si el nivel es mayor o menor que antaño, pero supongo que quien desea estudiar y aprender tiene hoy día aún más oportunidades de elevar sus estudios y compartirlos con otros interesados. Otra cosa es si sabemos enseñar o tenemos disposición para que todos, sin excepción, aprendan de nuestra docencia. Porque de la pedagogía ni hablemos, ahora que dicen es causa de toda la ignorancia de nuestra muchachada.

 

No es raro oir hablar mal de profesores o maestros, con mayor o menor razón, pero con más saña que si hablamos de las pifias de otros profesionales con los que nos topamos diariamente. El corporativismo no es tampoco una seña que distinga al profesorado; son muchos los sectores profesionales donde sus integrantes se tapan entre sí o que culpan de sus males a otros técnicos de distintas áreas. Lo que no excusa ni una galopante falta de autocrítica profesional ni una inmerecida defensa de aquellos colegas que no respetan los principios mínimos de cualquier enseñante (por mucho que sepan). Aunque sean minoría.


Pero todo esto venía al cuento de esa falta de aprecio que se respira por los docentes. Puede que acabemos vistos como políticos mediocres de turno o  esos trabajadores aprovechados con tres meses de vacaciones que debieran dedicar más tiempo al cuidado de los retoños ajenos; indispensables pero necesarios para que la rueda vital siga sustituyendo a unas generaciones por otras y el mito de la meritocracia no se desmonte. Así, cada nueva quinta seguirá mirando con ojeriza a unos educadores que demasiado cobran por lo que hacen y que cada vez parece que enseñan menos a unos estudiantes que supuestamente lo tienen todo para triunfar. O eso dicen algunos. 

 

Al menos, pese a la falta de sintonía del momento, no desaprovechemos las limitadas oportunidades que cada curso tenemos para ofrecer nuestros conocimientos y ese acompañamiento que todos los jóvenes merecen pero no siempre reciben. Sigamos, pese a todo(s). 

 

docentes sin prestigio

Foto de Matthew Henry en Unsplash

¿ES LINKEDIN PARA DOCENTES?

martes, 15 de febrero de 2022

Parece que la red del pajarito azul cae en desuso en el sector docente. Al menos, los proyectos colaborativos o las discusiones constructivas entre docentes de orígenes y etapas educativas distintas, escasean en el universo tuitero. Una red creada para la inmediatez, donde ahora abundan noticias del último minuto o se viralizan todo tipo de trivialidades dirigidas a un público ansioso por estar actualizado. La educación, tristemente, también se subió hace un tiempo a ese tren del cambio vertiginoso e insustancial, donde parecía haber cambiado el paisaje pero la ruta se mantuvo igual de árida; mientras unos discutían por el billete electrónico y otros por el menú incluido. ¿Pero, hay una alternativa a Twitter?

 

Ahora, con LinkedIn, las conversaciones intensas y provechosas tampoco abundan. Estamos ante un escaparate donde se comparten recursos y lecturas especializadas por sectores profesionales; donde, al menos, los usuarios reprimen el exhibicionismo doméstico. Tenemos aquí un ecosistema que funciona a través de recomendaciones y solicitudes, donde hay poca información personal mientras florecen los títulos académicos y experiencias profesionales con rótulos que parecen sacados de una serie yanqui. Una red todavía a salvo de la mayoría de bulos o trols que campan en otros espacios digitales, pero donde el humo no es tan visible. Aún así, no creo que lleguemos a ver la intensidad y buen rollo que se vivió entre el profesorado en los inicios de Twitter.


Al menos, para los que nos dedicamos a la Formación Profesional, es una red interesante porque nos da la oportunidad de estar actualizados en nuestro sector o familia profesional. LinkedIn también ofrece la posibilidad de seguir en contacto con antiguos alumnos y conocer su desarrollo laboral; una buena razón que nos permite tener a mano referentes que trasladen su experiencia a los actuales estudiantes de FP. Por otro lado, también existen los grupos sobre distintas temáticas; muy concurrido el de "Redes de FP" con más de 2.000 contactos relacionados de algún modo con la Formación Profesional.


Por otro lado, pensando en el profesorado de FOL, LinkedIn es hoy día imprescindible para buscar oportunidades de trabajo, conocer empresas del sector, contactar con expertos y publicar un currículum donde mostrar la identidad digital de los estudiantes. Es una buena herramienta que necesita una dedicación para subir contenidos y reflejar una imagen cuidada con un perfil interesante para potenciales empleadores. En este enlace te dejo con una buena guía inicial para configurar tu cuenta en LinkedIn. 

 

De momento, pese a los continuos cambios en el entorno digital, LinkedIn es una red más que recomendable para profesionales de la docencia, más aún de Formación Profesional, que ofrece recursos valiosos si somos selectivos a la hora de seguir perfiles y mostramos una actitud colaboradora compartiendo también contenidos para otros usuarios. Os dejo con mi perfil, donde todavía leo más que participo. Si te animas, aquí ando también: https://www.linkedin.com/in/efepeando/

 

 

Photo by Ben Sweet on Unsplash

PUDOR DOCENTE

jueves, 27 de enero de 2022

La palabra pudor suena a término antiguo, desafasado, propio de tipos del pasado siglo. Hay quien asocia la modernidad a la exhibición permanente, al "es que yo soy así" y "si quieres, puedes". Los que predicamos en el joven desierto de las aulas, donde los famosos y sus chándales son motivo de adoración, sonamos a disco de vinilo rayado. ¿Será el pudor cosa de boomers reaccionarios?

 

El comportamiento pudoroso, como indica la RAE, hace referencia a una actitud personal honesta, modesta y recatada. ¿Es eso rancio? Otros tres adjetivos que parecen en desuso ante la avalancha de bonitos rótulos en inglés, cargos rimbombantes y redes sociales con centenares de seguidores pero con cuatro gatos auténticos como real followers. Donde el sígueme y te sigo, dame al like y dórame la píldora entre emoticonos es lo más chill (si se dice así ahora...).


La estulticia humana hace que publiquemos datos personales en cualquier sitio, sin querer y queriendo. El ego nos invita a dar detalle de cada acontecimiento privado aunque no nos suponga ningún beneficio profesional. La falta de vergüenza propia nos anima a desvelar intimidades, compartir el albúm de fotos personal o radiar donde nos encontramos en cada festivo. En tiempos donde la identidad digital debiera ser cuidada al extremo es frecuente encontrar todo tipo de publicaciones por supuestos modelos profesionales que, además, trasladan esa imagen de "éxito" a la chavalería y dan lecciones de prestigio, siempre presunto, para alcanzar la gloria. La confundida libertad de expresión con el derecho a la tontería mientras los demás sufrimos vergüenza ajena.

 

Habrá quien determine que es un problema de millennials, viejenials o tontenials. No lo creo. El problema se agudiza con aquellos que antes ya eran soberbios e imprudentes y disponen ahora de todos los medios para campar a sus anchas y magnificar simplezas íntimas. Desde los estados de Whatsapp, a las historias de Instagram, los tiktoks... tenemos innumerables herramientas para alimentar la impudicia con etiquetas de #supercool. Las cápsulas de pudor ya no se recetan ni siquiera en los centros educativos. Las prescripciones actuales pasan por contar tu vida, éxitos fantasmales y miserias incluídas, para ser cercano y cualquiera vea que eres imprudente pero auténtico. 

 

Al final va a ser cierto aquello de que los políticos son reflejo de la sociedad. Esperemos que no ocurra lo mismo con los docentes. 

 

Photo by Laura Fuhrman on Unsplash

PALABRAS PROFESIONALES

sábado, 22 de enero de 2022

Si hay algo inadmisible e inexcusable a nivel docente es la utilización de un vocabulario denigrante hacia el alumno, ya sea en público o en privado. Dirigirse hacia el alumno a través de calificativos que tachan de anormal o "cortito" a un chaval, dice mucho de la calidad humana y profesional de un docente. Si en caliente no tiene excusa, menos la tiene aún en frío; cuando en alguna reunión puedes oír risotadas o esas gracias sin gracia hacia ese alumno que no llega. 

 

En tiempos donde las redes sociales y la mensajería instantánea son el nuevo boletín oficial del estado; donde la imagen camufla los hechos con frases grandielocuentes; donde se valora la persuasión de los jóvenes (y mayores) inmaduros a través de la propia estampa; continúa siendo intolerable esa falta de sensibilidad con el vocabulario. Algunos, no sé si muchos o pocos, estamos hartos de la titulitis, del escaparate narcisista, del quejido si luego no cumples, de la incongruencia profesional que destilan las palabras. Desencantados de la inacción de quienes siempre tienen razón o se acogen a los derechos y a su articulado, pero nunca exigen el cumplimiento escrupuloso de los deberes que acogen al alumno o que facilitan el trabajo de los compañeros. 


Siempre, pese al exhibicionismo actual, han pesado más los que trabajan como hormigas, dando el callo aunque caigan chuzos de punta; ofreciendo lo mejor sin amiguismo o sin buscar prebendas envueltas de humo. También en educación. Los imponderables, los intangibles con los que trabajamos como docentes no siempre pueden medirse en procedimientos de calidad. Sin embargo, las palabras se pueden calibrar todo lo que deseemos. Luego, el corporativismo nos silencia por no entrar en conflicto, pese a la vergüenza ajena que padeces y a la mirada agria de unos pocos que debieran haberse decantado por la acuicultura o el mundo del espectáculo. ¿Debemos transigir con ese lenguaje y la banalidad permanente en el entorno escolar?

 


 

Es curioso que, en tiempos donde se busca tanto la protección de datos, inundemos las redes de imágenes y palabras poco profesionales con frivolidades de la vida cotidiana y personal, empujando a los alumnos (menores incluidos) a seguirnos y darle a un me gusta tu careto y la frase de tu tazón de café con leche. El problema se agrava con una escuela o sistema cómplice que favorece no solo la banalidad, sino también la pérdida de tiempo como un meme reciclado. Una escuela que debiera ser dique de contención de esa tromba digital que adormece al público de todas las edades. Un dique que podemos construir con hechos y palabras sinceras, con sentimientos y profesionalidad; con contenidos preciosos no solo esteticamente.

 

Los centros educativos no están para calificar ni colgar sambenitos. La escuela debe ser un espacio para dar oportunidades, que algunos desgraciadamente rechazarán, pese a la escasez de recursos y las trabas que encontramos cada curso. La escuela debe respirar palabras de aliento, de escucha; pese a los impertinentes que aún están creciendo y buscando su espacio. Recordar la finalidad de la escuela nos da motivos para no caer en la fatiga profesional o poner en marcha un piloto autómatico en busca de la jubilación soñada. La escuela necesita gente ilusionada, implicada en un proyecto común, con lo pies en la tierra, cargada de palabras amables y sabedora de que la larga andadura valdrá la pena. Y no solo a uno mismo.


Photo by Possessed Photography on Unsplash

REGALOS NAVIDEÑOS PARA DOCENTES

sábado, 25 de diciembre de 2021

Unas nuevas Navidades y el periodo vacacional que conllevan, demasiado largo para algunas almas ajenas a la profesión, significan nuevos deseos que no siempre son materiales. Muchos anhelamos una educación diferente pero con los motivos de siempre: dar oportunidades a nuestros alumnos. Mientras tanto, pese a las estériles batallas lingüísticas, las quejas con costra de unos pocos, los enfrentados derroteros de los dirigentes y el desaliento que provoca una pandemia que parece eterna; solo nos queda imaginar tiempos mejores y disfrutar de esas personas que nos acompañan en la vida (aulas inclusive). 


Todo ello no quita que suspiremos por algún que otro capricho que podemos solicitar formalmente a SS. MM. Aquí os dejo con algunas ideas con las que poder agasajar o camelar a tu docente favorito o favorita, ya seas alumna, pariente lejano o amigo íntimo. Dejemos ya de lado la típica caja roja de bombones o el bono regalo para masajear pies. Tomad nota, por favor. 


1. Un jamón de bellota. Atemporal y siempre acertado obsequio, con la condición de que no sea marca blanca de supermercado. Aciertas seguro (aceptado hasta por ciertos veganos) con un jamón ibérico de la localidad extremeña de Zahínos. Estírate, aunque siempre te quedará elegir uno de cebo en lugar del de bellota. 


2. Hartos de mascarillas parece que la película no llega a su fin. No llegaremos al exterminio pero, ya que nos toca costeárnoslas, al menos que los estudiantes nos vean dos tercios del careto. Las nuevas mascarillas higiénicas M.L. Inclusiva PROVEIL además de permitir la lectura de labios nos dejarán transmitir risas y disgustos por partes iguales. 


3. Bono almuerzo. Un ticket regalo con diez almuerzos en el bar más cercano al centro educativo es la mejor manera de seguir apoyando la hostelería a la par que empeoras la analítica del colesterol con un bocata diario de panceta, blanco y negro con habas o calamares a la romana. No te fíes de las reseñas de Google y pregunta a su colega más cercano. 


4. Deportes. Olvídate del Decathlon. Si queremos docentes innovadores no caigamos en las típicas mancuernas, batidos proteínicos o matrículas al gimnasio. La gimnasia cerebral (nada que ver con la neuroeducation and coaching) es el futuro para una profesión que promete alargarse hasta los setenta y tantos. Con un económico cubo antiestrés tal vez aguantes mejor tus clases, sudores menos e incluso recuerdes dónde te has dejado las gafas de lectura. 


5. Lecturas. Los lectores jóvenes hacen crecer las ventas de libros de este último año. Ahora nos toca a los más viejos dar ejemplo y llevar bajo el brazo alguno de esos títulos recomendables a nuestro público habitual. Regala una edición singular de Lavandera Blanca Editores para presumir entre los pupitres de un precioso ejemplar impreso. 


6. No puede faltar un buen álbum de música. En los tiempos donde las plataforma de streaming copan el mercado, no vuelvas al CD ni al vinilo, ahora toca el sonido cálido de una cinta de cassette a la que puedes incorporar un bolígrafo Bic para su posterior rebobinado. Puedes buscarlas por Wallapop, pero te recomiendo la tienda La Cassettería donde ofrecen cassettes originales de todo tipo. Eso sí, a lo mejor te toca regalar también un Walkman


7. La tecnología no puede faltar para ese hiperprofesor en su hiperaula ecológica y digitalizada. Mientras nos conformamos con la pizarra y el pupitre verde, vale la pena gastar unos cientos de euros en formación para afrontar con garantías el próximo Metaverso. Luego nos digas que no te habían avisado. Con suerte, te encontrarás a tus futuros alumnos más disruptivos en la virtualidad del aula...


8. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Mi batalla perdida contra el chándal en el aula solo tiene una solución: busca uno que se acople a tu estilo. Para rememorar los setenta siempre tienes un chándal Beckenbauer con el que contar batallitas de cuando hacías gimnasia en clase, con el plinto y el potro, antes de que C. Tangana popularizara una prenda que se ha vuelto omnipresente. 


9. Para docentes con hijos menores, hartos de bregar todo el día con el móvil en el aula y en casa, siempre nos quedara alguna de esas aplicaciones que obligan a la desconexión para hacer frente a la hartura de unas redes sociales diseñadas para su uso infinito. Inmejorable opción la de FamiSafe. Mejor que el antiguo candado con el que bloqueaban aquellos teléfonos antiguos con la rueda de números donde se introducía el dedo índice. 


10. Para el final, el mejor regalo: un kit de educación de Unicef. Pese a lo mucho que protestamos, no conviene olvidar la escasez y miseria que en muchas partes del mundo sufren los escolares y sus docentes. Sigamos protestando cuando toca, pero agradecidos también cuando corresponde, sin perder de vista aquellos que no tienen nada. 


Disfruten lo regalado.


regalos navidad profesores docentes maestros

Photo by Kostiantyn Li on Unsplash

SUGERENCIAS PARA JÓVENES DOCENTES

martes, 21 de diciembre de 2021

Los años, profesionalmente hablando, pueden darte atrevimiento por un lado (en teoría la experiencia supone sensatez) pero, por otro, te conminan a morderte los labios ante algunas inercias que la ocupación docente parece asumir. En las siguientes líneas, me aventuro a ofrecer algunas sugerencias a los profesores recién llegados a las aulas; comentarios que me hubiera gustado recibir cuando, hace ya veinte años, comenzaba con ilusión a ejercer esta profesión. En cualquier caso, disculpad mi temeridad.

 

Las nuevas hornadas de profesores cambian, al igual que lo hace el contexto social y económico del país, las prioridades son otras y los valores mutan también ante unas supuestas, pero inciertas, mayores posiblidades de empleo que ahora disfrutamos en el sector. La desmemoria también afecta a los mayores del lugar; algunos parecen haber envejecido anticipadamente y esperan con ansia una jubilación a veinte años vista. Nos permitimos incluso criticar la desidia de los jóvenes estudiantes cuando algunos parecen estar en combustión permanente exigiendo sin medida hastiados del verde pizarra. 

 

Todos miramos con ansia la llegada de cada nueva nómina o un periodo vacacional; ello no quita que tengamos motivos igual de ilusionantes para hacer un buen trabajo y tratar de disfrutarlo del mejor modo posible a pesar de los limitados recursos o la inercia de una administración educativa que funciona a cámara lenta o en modo super slow motion (como dirían ahora). Buscar esos motivos y recordarlos continuamente es una buena receta para terminar esta larga carrera docente sufriendo algún que otro tirón, sudando la camiseta, pero con aire suficiente en los pulmones. 

 

La carrera docente, para aquellos más ambiciosos, no tiene grandes perspectivas. Alguna jefatura o dirección te puede caer (¿en suerte?) pero poco compensa si estás dispuesto a hacer un buen trabajo en jornadas interminables y en un periodo vacacional más reducido. Te queda la satisfacción de una labor bien hecha, pese a no llegar a todo, pensando en el bien de tu centro educativo y sus alumnos, a cambio de un exiguo complemento y un cartel en la puerta.


Lo que si vas a necesitar es mucha perseverancia. Con los años puedes caer en la tentación del desengaño; en esos momentos es donde es necesario que encuentres el sentido de una profesión que cambia vidas, donde cada año tienes en tus manos a personas que buscan una oportunidad y en las que puedes influir positivamente en mayor o menor medida. No son tus hijos, pero trátalos como te gustaría que trataran a los tuyos. Pese a sus impertinencias, salidas de tono e inmadurez natural.

 

El afecto es también indispensable en el aula. Además de la seriedad o la búsqueda de un ambiente de trabajo y estudio en el aula, es preciso mostrar una cercanía y una puerta siempre abierta a aquellos con más dificultades. No sabemos que hay detrás de la vida de cada chaval. No juzges con ligereza la actitud o el comportamiento de un estudiante problemático. Pregunta, escucha, investiga y luego toma las medidas que creas más adecuadas después de escuchar a tus compañeros. Nunca sabemos de todo. Fuimos estudiantes, no profesores.

 

Tampoco es necesario presumir de títulos, estudios o de supuestos éxitos profesionales. La humildad y la ausencia de postureo son valores escasos en una sociedad donde la imagen prima. Tal vez deslumbres a los más ingenuos y jóvenes, pero poco aportas en un entorno presidido por ególatras. Los mejores docentes se acercan desde el sosiego, sin estruendo, sin imponer, sin miedo a ser juzgados ni temerosos de perder el poder en el aula. Mantente firme pero accesible. La mayoría de alumnos no han madurado todavía y necesitan esa formación y consejo que no siempre encuentran en sus familias. No hace falta pontificar ni criticar a una juventud que tiene los problemas de su época al igual que cada uno de nosotros tuvo los suyos. 

 

Recuerda cuando eras estudiante. No todos han nacido para ser buenos escolares o tienen interés por aprender. Provocar la ilusión o dar motivos para que se formen, lean y se acerquen a la cultura, puede ser una labor muy valiosa en sus vidas. Inténtalo, aunque no sepas cómo. Acércales tus inquietudes, aficiones, lecturas, películas, música, experiencias vitales... Todo suma y puede suponer un enriquecimiento más allá de unos apuntes o de un libro de texto.

 

Observa y acércate a aquellos colegas que conectan con sus alumnos. Conversa sobre ello y empápate de sus prácticas. Hay quien tiene un trato innato magnífico que ayuda en esa conexión incluso con aquellos alumnos más complejos. Lo sencillo es disponer de un aula y alumnos con buen comportamiento, que no alteran la convivencia, siempre dispuestos a trabajar... pero lo normal es encontrarse con todo tipo de situaciones y personalidades, que varían cada curso, y que también forman parte de nuestras responsabilidades como docentes. Cualquier tiempo no fue mejor, ni mucho menos.

 

Tus ausencias o faltas pueden repercutir en los compañeros, pero sobre todo en tus alumnos. No te escaquees, ofrécete. La disposición y la iniciativa se valoran mucho. Aunque el trabajo en equipo no es un fuerte de este empleo, organiza tus clases (siempre que puedas) teniendo en cuenta la coordinación con otros profesores y el desajuste que se ocasiona. Evita las camarillas, no tienes por qué situarte en ningún bando. Aproxímate a todos y ten personalidad propia. Los desmotivados siempre buscan refuerzos o excusas para compensar la falta de autocrítica.

 

Lee. Sobre educación y sobre lo que te apetezca. Comparte esas lecturas con tus alumnos. Si lees sobre educación filtra muchos los títulos y no caigas en las modas del momento. Asesórate bien sobre qué leer. Hay libros magníficos para jóvenes docentes o sin experiencia, para aquellos que buscan mejorar sus métodos de enseñanza y aprendizaje, o, simplemente, para acercarse a la pedagogía. No te dejes cegar por cantos de sirenas, tecnologías vanguardistas o experimentos deslumbrantes que prometen solventar todas los dificultades del aula. Replantéate continuamente tu foma de enseñar y considera tu aptitud pedagógica como en mejora permamente. 

 

Y, sobre todo, sé consecuente. No prediques ni exijas si luego no cumples. Dedica tus esfuerzos en aquello que supone una mejora para el alumno; evita el artificio y busca lo sencillo. Embárcate en todo aquello que te ilusiona aunque luego no llegues siempre a buen puerto. No pierdas el ánimo del principiante aunque pasen los años. Recuerda que cada curso puedes volver a empezar de nuevo. Ser docente vale la pena. Suerte.

 

sugerencias para jóvenes docentes

Photo by davide ragusa on Unsplash

LA FP PARALELA

martes, 28 de septiembre de 2021
Tras veinte años en el aula, mi capacidad de sorpresa ha ido en descenso. Los últimos cursos hemos sido bombardeados con una ralea de cambios que nos amenazaban: un entorno VUCA (horrible acrónimo) en el que supuestamente vivimos; una zona de confort en la que presuntamente estamos cómodamente apoltronados; o atrapados en una maraña insalvable de flexibilidad en aras de pasar a ser profesionales camaleónicos. Hemos pasado a ser los protagonistas secundarios de una serie distópica de Netflix donde los docentes de FP somos superhumanos capaces de acabar con el malvado desempleo y la tirana fracaso escolar. 

 

¿No estaremos viviendo en una realidad paralela? ¿Los que nos dirigen viven en ese entorno VUCA o atrapados en el tiempo del día de la marmota? ¿Podemos llamar comodidad a unas condiciones laborales que no se adaptan a las necesidades organizativas de los centros educativos con los mismos recursos que hace décadas? ¿O montamos una sucursal del conforama con tanto bienestar que parecemos gozar? ¿Y dónde anda esa flexibilidad en una administración educativa elefantiástica que funciona a cámara superlenta mientras la economía se transforma en supuestamente sostenible mientras lo único verde que nos queda es el colorido de los pupitres? De la digitalización ni hablamos, no sea que nos quedemos congelados de nuevo discutiendo entre software o cubalibre mientras otras comunidades y países se conjuran con flashesgordon tecnológicos. 

 

Mientras tanto andaremos engatusados con la metodología pensando algunos en que un mundo mejor es posible dentro de una maraña de egos desbocados, perfiles hastiados o aprovechados, personajes que se agotan y mucho bienintencionado que desea cumplir con sus obligaciones profesionales con la vista puesta en el futuro de sus alumnos. 

 

El nuevo maná vendrá de una nueva ley educativa para la Formación Profesional española que nos tendrá entretenidos unos cuantos años más. Tal vez hasta los 75 si Mick Jagger nos presta su gimnasio personal y el parné no se lo funden en dispendios dispensables con la venia del ministro sagaz. Que no nos conviertan en burocrátas certificadores, por favor. Que la titulitis no fustigue a los más profanos que no tienen la fortuna de convivir con la cultura y unos posibles familiares al tiempo que doctores e intelectuales dan lecciones de buena educación. 


Mi castigo es no perder el optimismo y la fe en un sistema educativo donde plagiemos lo que realmente funciona, se invierta en beneficio de todos los actores de este escenario efepero bendito y no se discrimine a nadie independientemente de credos, origen y afiliaciones. Luego, que hagan todas las campañas que quieran. Me apunto si hace falta. 

 


 Photo by Jeremy Thomas on Unsplash

Con la tecnología de Blogger.

.

Back to Top