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LA NECESIDAD DE PRESTIGIAR CIERTOS EMPLEOS (Y NO SOLO LA FP)

viernes, 16 de enero de 2026

 

prestigiar empleo en fp

 

Batimos récords de alumnado matriculado en Formación Profesional. Tal y como señalan los últimos datos del Ministerio de Educación y FP: "el alumnado de Formación Profesional ha aumentado significativamente en los últimos cinco cursos, un 30,0% en su conjunto. Destacando el incremento de un 39,1% del Grado Superior. El Grado Medio se ha incrementado en un 24,0% y el Grado Básico en un 6,8% en este periodo. Hay que destacar la muy importante subida del régimen a distancia, 144,7%." Es evidente que el desprestigio de esta etapa educativa ha caído y la FP se contempla como una salida interesante para el futuro académico y profesional de sus estudiantes. 

 

Cuestión aparte, que también señalan estos datos a nivel macro para el curso 2023-2024, son aquellas familias profesionales que acumulan la mayor parte del alumnado matriculado en FP: 

 

En Grado Básico, las familias profesionales con mayor peso son: Informática y Comunicaciones (17,3%), Administración y Gestión (15,6%), Electricidad y Electrónica (12,4%), Imagen Personal (9,1%) y Transporte y Mantenimiento de Vehículos (9,0%). Para cinco familias su peso no alcanza el 1,0% y en siete familias no existen ciclos en este nivel.

 

En Grado Medio la familia con mayor peso es Sanidad (26,4%), seguida de Administración y Gestión (12,9%), Informática y Comunicaciones (11,4%), Transporte y Mantenimiento de Vehículos (6,7%) y Electricidad y Electrónica (6,5%). Existen once familias que no alcanzan un peso del 1,0%, y una familia no tiene ciclos en este grado.

 

En Grado Superior las familias con más matriculación corresponden a Sanidad (18,2%), Informática y Comunicaciones (15,5%), Servicios Socioculturales y a la Comunidad (13,0%), Administración y Gestión (12,8%) y Comercio y Marketing (8,3%). Asimismo, existen nueve familias que no alcanzan un peso del 1,0% y para una familia no existen ciclos en este nivel.

 

Luego, según la Estadística de seguimiento educativo y rendimiento académico del alumnado que accede a FP, también podemos observar datos interesantes sobre el porcentaje de alumnado que acceden a otros estudios tras cursar una titulación de FP: 

 

El 65,2 % de las personas tituladas en Formación Profesional de Grado Básico en el curso 2020-2021 accedió, en los tres años siguientes, a un Ciclo Formativo de Grado Medio. Las mayores tasas de continuidad se registraron en las familias profesionales de Informática y Comunicaciones (71,0 %), Electricidad y Electrónica (70,4 %) y Administración y Gestión (69,1 %). Al tercer año (curso 2023-2024), el 8,9 % de las personas tituladas de Grado Básico accedió a un Ciclo Formativo de Grado Superior. Entre las personas graduadas de 2022-2023, el 60,3 % continuó su formación, casi en su totalidad en ciclos de Grado Medio (59,2 %).

 

En el caso de la FP de Grado Medio, el 51,9 % de las personas tituladas de 2020-2021 inició un Ciclo Formativo de Grado Superior en los tres años siguientes. Las familias con mayores tasas de progresión académica fueron Informática y Comunicaciones (79,3 %), Actividades Físicas y Deportivas (75,4 %), Imagen y Sonido (75,0 %) y Química (72,6 %). Por el contrario, las menores tasas se observaron en Seguridad y Medio Ambiente (31,3 %), Sanidad (32,3 %), Industrias Alimentarias (34,5 %) y Madera, Mueble y Corcho (36,3 %). 


Respecto a las personas tituladas en FP de Grado Superior en 2020-2021, el 23,9 % se matriculó en Educación Universitaria en los tres años posteriores. Por familia profesional, destacan Servicios Socioculturales y a la Comunidad (45,3 %), Actividades Físicas y Deportivas (39,4 %) y,  a cierta distancia, Sanidad (29,9 %). Las familias con menores tasas de acceso universitario fueron Transporte y Mantenimiento de Vehículos (8,3 %), Imagen Personal (8,7 %), Fabricación Mecánica (10,4 %) e Instalación y Mantenimiento (11,3 %). Además, una parte relevante de las personas graduadas de Grado Superior inicia otro ciclo del mismo nivel: el 8,3 % de las tituladas de 2022-2023 se matriculó en 2023-2024 en un nuevo ciclo de Grado Superior, especialmente en Comercio y Marketing (14,0 %), Artes Gráficas (11,8 %) y Hostelería y Turismo (11,0 %). 

 

En definitiva, podemos sacar alguna que otra conclusión sobre una FP que concentra sus titulados en determinadas familias profesionales, muchas de ellas relacionadas con el sector servicios, así como un porcentaje relevante de estudiantes que, en Grado Básico, Medio y Superior deciden continuar sus estudios.

 

También resulta interesante observar las tasas de afiliación de cada familia profesional y que están condicionados por aquellos estudiantes que cursan estudios tras finalizar su titulación:

 

Por familia profesional, en Grado Medio, la inserción laboral presenta diferencias
significativas. Así, en el primer año, los valores más altos para las tasas de afiliación media se observan en Sanidad (46,7%), seguida de Transporte y Mantenimiento de Vehículos (46,3%), Fabricación Mecánica (45,0%) e Instalación y Mantenimiento (40,7%). Destaca el crecimiento en la inserción en los dos años posteriores en Seguridad y Medioambiente, 32,5 puntos porcentuales, hasta situarse en el 64,7% en el tercer año, presentando el cuarto valor más alto por detrás de Transporte y Mantenimiento de Vehículos (70,6%), Fabricación Mecánica (70,1%) e Instalación y Mantenimiento (68,9%). En el extremo inferior en el tercer año se sitúan Artes Gráficas (44,5%), Imagen y Sonido (44,7%) y Textil, Confección y Piel (48,1%).

 

Por familia profesional, la inserción laboral en Grado Superior también presenta diferencias significativas. En el primer año, destacan Informática y Comunicaciones (65,8%), seguida de Fabricación Mecánica (65,5%), Instalación y Mantenimiento (64,6%), y Transporte y Mantenimiento de Vehículos (62,4%), coincidiendo algunas de estas familias con las de mayor inserción también en Grado Medio. Algunas de estas familias se mantienen en el tercer año con las tasas de afiliación media más altas: Informática y Comunicaciones (76,8%), Fabricación Mecánica (74,5%), Instalación y Mantenimiento (74,2%), y Transporte y Mantenimiento de vehículos (72,3%). En el extremo inferior se sitúan Imagen y Sonido (36,3% en el primer año y 54,1% en el tercer año), Seguridad y Medioambiente (44,4% que aumenta hasta el 59,1% en el tercer año), Sanidad (44,4% y 54,9%) y Artes Gráficas (45,9% y 60,9%). También se observa un valor bajo en el tercer año en Marítimo-Pesquera (57,9%). 

 

A pesar de unas tasas de afiliación creciente (mayor empleabilidad de los titulados de FP), no tengo claro que se esté facilitando al mercado laboral la oferta que se precisa. El sector servicios sigue atrayendo a mucho alumnado en detrimento de otras familias profesionales que no parecen persuadir a los más jóvenes: electricistas, fontaneros, albañiles, mecánicos, carpinteros, instaladores, etc. Tal vez ahora corresponda prestigiar este tipo de profesiones que, gracias a su insuficiente oferta de titulados, debiera mejorar sus condiciones laborales. De hecho, no es raro observar técnicos con salarios no demasiado lejanos o superiores a lo que cobra un docente, por poner un ejemplo. A pesar del arrase actual de la inteligencia artificial, es evidente que este tipo de profesionales seguirán teniendo un hueco tanto a nivel industrial como en los hogares. De momento, no hay una IA que repare la caldera, solucione una gotera o cambie un azulejo. Cuestión aparte es el poco encanto que destilan estas profesiones, a pesar de su mayor empleabilidad en comparación con otros sectores profesionales y un abanico de ofertas superior que permite cierta elección personal. Por todo ello, es fundamental eliminar ciertos prejuicios que no existen en países de nuestro entorno. Por no hablar de la brecha de género en alguna de estas familias profesionales donde las mujeres no suponen ni un 5% de los estudiantes matriculados. 

 

Además, probablemente, el boom de la oferta universitaria parece haber facilitado la consideración de la FP como una pasarela de acceso a este otro tipo de estudios superiores. Un boom que se retroalimenta con una creciente oferta privada de grados superiores donde son muchos los estudiantes que prefieren continuar sus estudios en lugar de trabajar en su sector. Sinceramente, no creo que debamos limitar las posibilidades de los estudiantes, pero tal vez sí podríamos vender mejor y prestigiar esos oficios tan necesarios que además facilitan el crecimiento económico y nuestra actividad diaria. Afortunadamente, por poner un ejemplo, hay mucha demanda de titulados en Cuidados Auxiliares de Enfermería; una profesión exigente y no muy bien pagada que, a pesar de todo, tiene una alta matrícula de estudiantes para asumir unos puestos de trabajo imprescindibles en nuestra sociedad. La vocación, las posibilidades de empleo público, el boca-oreja o la estabilidad son factores que facilitan la demanda de titulaciones como esta. Quizás, falte cierto estímulo y una labor comunicativa más intensa para atraer estudiantes hacia esas otras ocupaciones que ahora no encuentran candidatos suficientes. 

 

Cuestión aparte es la falta de flexibilidad en la oferta de titulaciones por distintos problemas: carencia de perfiles docentes específicos, escasa inversión en recursos materiales, normativa estricta y rígida, etc. Arrastramos, pese a la novedosa ley de FP, muchas inercias en los centros o hemos generado taifas difíciles de desmontar que no facilitan una necesaria actualización de la oferta. Se ha pregonado mucho en favor de la salida de la zona de confort, pero, en relación a la oferta formativa o los currículos de FP, parece que andamos con más de lo mismo desde hace demasiados años. Incluso ahora, deambulamos algo perdidos tratando de justificar resultados de aprendizaje como si nada más importara por miedo a perder algún tren. Ojalá volvamos a un confort bien entendido. 

 

Por ser positivos, si hemos logrado un mayor reconocimiento de la FP gracias al trabajo demostrado ya en el siglo pasado por muchos centros educativos que decidieron apostar por esta etapa; y gracias también al apoyo inversor de la administración pública; debe ser posible ahora prestigiar ciertas profesiones donde el trabajo de los técnicos y técnicas a nivel económico y social es fundamental, además de ofrecer una buena calidad de vida a las personas que así lo deciden. 


 

Foto de Benjamin Thomas en Unsplash

INFLACIÓN EDUCATIVA Y PROFESIONAL

miércoles, 8 de enero de 2025

 


 Nos hemos acostumbrado a que nos suban el precio del pan, del recibo del gas o de ese desayuno que no perdonamos en la cafetería de turno. No protestamos tampoco cuando los precios de un apartamento vacacional roza los mil euros semanales o si las entradas de un concierto para 2026 superan los cientos de euros. Pero la inflación no solo la sufrimos los consumidores transigentes. La inflación educativa hace tiempo que campa a sus anchas en un mundo educativo acostumbrado a inflar calificaciones y a no querer enfrentarse ante unos mal vistos suspensos consecuencia de múltiples factores.  


Pero vayamos a los números. En el caso de los estudiantes de bachillerato, según los datos analizados en el artículo editado por Funcas "Desafíos y oportunidades para el futuro de la educación superior", el porcentaje de estudiantes con notable o sobresaliente pasó del 50 por 100 en 2015, al 59,2 por cien en 2018, hasta el 69,9 en 2022. Y no solo es un caso español; en este mismo estudio se señala que tanto en las universidades del Reino Unido como en EEUU hay un aumento en las calificaciones que no refleja una mejor preparación de los estudiantes ni a un aumento en el nivel educativo de los padres de los universitarios, sino que es una mera inflación de las notas. Tampoco se queda atrás el gran aumento en las tasas de graduación en las universidades. 

 

No todo son noticias preocupantes al respecto. España ha logrado una notable reducción en la tasa de abandono educativo temprano (jóvenes que no completan la ESO), pasando del 30,9% en 2002 al 13,2% en los tres primeros trimestres de 2024. A pesar de que está lejos del 9% que tiene la UE como objetivo para 2030.  Como se explica en el documental "EXIT, abandono escolar", entre los factores principales del abandono se identifican circunstancias familiares complicadas, dificultades económicas y la percepción de falta de utilidad en la educación. Varones y jóvenes de origen inmigrante presentan mayores tasas de abandono escolar y somos los segundos con las cifras más altas de abandono temprano de la UE tras Rumanía (16,6%). Y somos líderes en repetición de curso en la primera etapa de la educación secundaria (7,8%). ¿Será todo ello un problema de desigualdad creciente? Evidentemente, un acceso gratuito a una buena educación y orientación personal paliaría parte de estos problemas.

 

Volviendo a las líneas iniciales de este artículo, las percepciones (a veces engañosas) nos señalan que todo vale con tal de obtener un certificado o titulación. La mayoría conocemos demasiados casos donde el suspenso no cabe, no sea que el cliente o su parentela se enoje. Incluso parece un derecho el llegar a un sobresaliente. Todo ello a pesar del contrasentido de unas calificaciones que sirven de vía de acceso a otras etapas educativas pero que tienen escasa influencia en el acceso al mercado laboral. ¿Qué empresa revisa los boletines de notas en un proceso de selección? En la FP superior estas calificaciones tienen escasa relevancia en el itinerario profesional (no en el acceso a la universidad) de los estudiantes y aún así seguimos perdiendo el tiempo con el cálculo de décimas. La Formación Profesional es una etapa ideal para fomentar la importancia de las competencias técnicas y personales por encima de las debidas notas. La obsesión calificadora es difícil de atemperar cuando se arrastra desde la educación primaria.


Tal vez la solución pase por dar la relevancia debida a estas calificaciones en los procesos de reclutamiento; dejar de acumular títulos solo para complacer a los empleadores y centrarse en el aprendizaje como la meta principal del sistema educativo. Hay escalas para todo. Las rebajas y los sistemas exprés en educación nunca han sido buenas consejeras. La obsesión calificadora y la titulitis galopante no parecen redundar en una mayor cualificación de las personas. Nos hemos habituado a formarnos y pagar si es preciso (y posible) por ese papel que evidencia requisitos inaplazables en lugar de crecer en aquello que nos mejora realmente.


Foto de Drew Dizzy Graham en Unsplash

LA RAZÓN DEL ÉXITO DE LA FP

jueves, 23 de febrero de 2023

No pretendo en este artículo enumerar las innumerables ventajas que tiene cursar un ciclo de Formación Profesional. Afortunadamente, el impulso de las administraciones públicas junto a la colaboración con otras entidades privadas, sigue favoreciendo la demanda de una FP tanto por parte de los jóvenes (y sus familias) como por el lado de las empresas. Sin embargo, el éxito de nuestra etapa educativa se ha venido gestando desde hace muchos cursos. Desde la antigua FP1 y FP2, extinta hace más de veinte años, se contemplaba una formación integral del alumnado dirigida a su inserción en el mundo laboral. Aunque fue con la LOGSE (1990), y luego con la LOE (2006), cuando verdaderamente se modernizó un sistema de FP con los ciclos formativos de grado medio y superior actuales. Pese a la falta de actualización de algunos títulos aún con esas normativas vigentes. Pero eso es otra historia. 

 

¿Y dónde está el éxito de la FP actual?

Sin ningún lugar a dudas, la FP se distingue de otras etapas educativas en el tratamiento que se le da al estudiante. Los alumnos, en los centros de Formación Profesional, son recibidos como adultos que deben ser formados, teniendo en cuenta su madurez personal, para ejercer profesionalmente en un entorno laboral. A diferencia de la ESO, el Bachillerato, e incluso ciertas universidades, se busca la autonomía del alumnado confiando en su crecimiento personal y en que aprendan a gestionar las exigencias propias de un empleo. Los jóvenes valoran ese tratamiento. La infantilización de la educación o una actitud intransigente hacia el alumno son deméritos que a menudo se extienden por otras etapas educativas donde ni todo son parques de atracciones ni abunda esa educación exquisita y humanista que nos venden fácilmente. 


La FP suele sorprender a los estudiantes que acceden a ella por primera vez. Es habitual dialogar con los alumnos, tratar de entender sus necesidades y conciliar en caso de conflicto. Los castigos o premios escolares no son moneda corriente. Aunque los perfiles de alumnado suelen ser muy distintos, por razón de edad y maduración personal, entre ciclos de FP Básica, grados medios o superiores; lo que también provoca diferentes complicaciones. Bien lo saben quienes se ocupan en esas etapas. Además, en la FP comienzan a dejar de preguntar aquello de "¿eso para qué me sirve?". Y su grado de satisfacción es muy elevado, pese a unas tasas de abandono que debieran preocuparnos más.


A la larga, la FP funciona porque el estudiante se acostumbra a trabajar durante el horario lectivo, con un menor peso de clases expositivas, y se promueve la actividad y aprovechamiento del tiempo en el aula. Al igual que en una jornada laboral. Pese a las sempiternas quejas proferidas desde los pupitres. Los deberes y exámenes cobran menor peso frente a las entregas de las tareas programadas y la resolución de problemas. Otra forma de trabajar. El libro de texto ya no es el rey y debemos aprender y enseñar a convivir con unos dispositivos permanentemente conectados. Y saber también cuando desconectarlos. Unos y otros. 


La nueva FP, o lo que busca esa nueva ley de Formación Profesional, incide en el acercamiento al mundo de la empresa. Pero no podemos obviar esa cercanía al alumno, con una ratio adecuada, que ayude al docente a mantener ese trato cordial y fructífero que repercute en un buen ambiente del aula. La tipología de los alumnos de FP varía con los años, al igual que lo hace la sociedad, y ser capaces de adaptarnos, al igual que lo hacemos con las competencias que demandan las empresas, sigue siendo la variable diferencial para el éxito de la Formación Profesional. No cejemos en el empeño. Entender a una juventud desubicada y sin motivos es también parte de nuestra responsabilidad docente. Luego podemos debatir, indignarnos o patalear junto a los compañeros. Pero los alumnos no se eligen. Las protestas y reclamaciones debieran ir dirigidas a quienes pueden ofrecernos recursos, en tiempo y dinero, para mejorar nuestra formación, gestionar mejor la carga horaria y reorganizar y actualizar unos ciclos formativos acordes a los momentos que vivimos. Añadir más ingredientes (erasmus, inclusión, innovación, digitalización...) a la receta educativa, si no disponemos de más cacharros y ayudantes, no aseguran un plato equilibrado para todos los comensales. O nos tocará conformarnos con quitar el hambre.

 

Sigamos con una FP donde se atienda y comprenda al alumno o alumna; donde se les exija y requiera la responsabilidad que luego necesitarán en su futuro empleo; siendo sabedores que están en FP para alcanzar unas competencias que son el producto de tiempo y trabajo. Que no son innatas. Ni fruto de unas pocas semanas. Sigamos enseñando desde el diálogo, en una escuela democrática, sin perder de vista los compromisos que todos tenemos con la sociedad. 

 

RETOS Y DESEOS PARA LA FP

miércoles, 4 de enero de 2023

Un nuevo año, al igual que un nuevo curso, no conllevan necesariamente grandes novedades ni mejoras sustanciales para nuestros alumnos y profesorado de Formación Profesional. Este 2023, al igual que el pasado 2022, apunta las mismas maneras. Sin embargo, para no caer en el derrotismo de una profesión que tendemos a volver rutinaria y donde es difícil mantener la motivación en aras de unos estudiantes mejor preparados, siempre nos queda desear (e incluso autoengañarnos) sobre la FP que nos gustaría disfrutar. 

 

Me planteo en las siguientes líneas esos retos, mejoras deseables y aspectos que no solo desde las administraciones educativas, sino también desde cada centro de FP o personalmente, podrían plantearse o resolverse para ofrecer esa Formación Profesional que merecemos. Más allá de ideologías, principios pedagógicos u otras políticas que nos dividen. Afortunadamente, a diferencia de otras etapas educativas, los docentes de FP mantenemos una cierta armonía y la batalla metodológica y competencial que sobrellevamos en las redes sociales no parece divisarse en un futuro próximo.  Comienzo.

 

1. Una digitalización sensata de la FP donde se introduzcan aquellas herramientas digitales específicas y necesarias para cada ciclo formativo y en función de los sectores profesionales adonde se dirigen los alumnos. Hace falta un observatorio de FP y expertos en cada familia profesional ocupados en digitalizar unos ciclos, más que en certificar lo que ya sabemos o estructurar planes abundando en lo que venimos haciendo. 


2. Recursos materiales para todas las familias profesionales y no solo para las nuevas titulaciones o cursos de especialización. Seguimos con un grave déficit en las instalaciones de muchos centros educativos, así como faltan herramientas y equipamiento actualizado en centros públicos y concertados; no toda la inversión debiera concentrase en la red de centros de excelencia de Formación Profesional. Por no hablar de las desigualdades y falta de actualización económica de los módulos de los conciertos educativos que evite copagos y cualquier tipo de segregación escolar.  

 

3. Recursos didácticos abiertos y especializados. Sigue siendo una asignatura pendiente la creación de un banco de recursos abiertos donde el profesorado de FP pueda acceder a materiales actualizados para sus módulos. Centralizar estos recursos y su creación a nivel estatal, tanto a nivel de contenidos y competencias como en las prácticas, resultaría una mejora sobre la formación que actualmente se oferta y los manuales publicados. Un Procomún con Recursos Educativos en Abierto solo para FP, distinguiendo por ciclos y módulos, es un desafío ambicioso pero factible. 

 

4. Realzamiento de la figura del tutor/a junto a los orientadores de los centros educativos. Valorar y dignificar estas figuras  (económicamente o en la carga horaria), en el contexto actual, es vital para atender mejor a un alumnado que requiere un acompañamiento para su inserción académica y profesional. Los problemas personales y la diversidad que encontramos en las aulas merecen unos recursos específicos. 


5. Evaluación de la implementación de la FP Dual. Introducir esta modalidad formativa solo cuando suponga un valor añadido extra en comparación a la FCT y siempre que no suponga una merma en la formación técnica del estudiante a través de menos horas lectivas o una tutorización deficiente por parte de empresas con recursos humanos limitados.


6. Nuevas y mejores metodologías. En muchos centros educativos llevamos años trabajando por proyectos y tratando de implantar procesos que supongan esa actualización de competencias que las empresas demandan de nuestros alumnos. Aún así, es necesario seguir profundizando en nuevas técnicas y procedimientos que nos ayuden a trabajar y aprender mejor en el aula. La innovación debe ir de la mano de expertos e investigadores que plantean retos trasladables a otros centros educativos. Necesitamos un plan estratégico más allá de la formación de turno con tiempos y espacios para formar equipos docentes. Tknika sigue siendo un referente que demasiado lentamente se sigue exportando a otras comunidades autónomas. 

 

7. Más humanismo. Desde la FP también podemos aportar cultura a unos alumnos que, tal vez, ya no vuelvan a entrar en el sistema educativo. La literatura, el arte, la historia, la música... también pueden contemplarse de un modo transversal desde nuestros módulos. Al igual que es necesario diseñar planes de fomento a la lectura, visitas culturales y sensibilizar sobre la importancia de las humanidades en la vida personal de nuestros futuros profesionales. Solo así, y con sosiego, se puede fomentar ese pensamiento crítico del que tanto hablamos.


8. Valores. En tiempos donde todo se cuestiona es de vital importancia insistir en los valores universales que conforman nuestra sociedad. Los derechos humanos siguen siendo la referencia y la barrera para ciertos límites que hoy en día se están poniendo en entredicho. Trabajar estos valores junto a los estudiantes debiera ser una prioridad en todas las etapas educativas, incluida la FP. La xenofobia, el machismo, la homofobia y la intolerancia deben ser confrontadas con más educación.


9. Más personal administrativo. Los docentes de FP no pueden convertirse en gestores de la internacionalización, proyectos de FP Dual, encargados de calidad o encargados de plataformas educativas. Es necesario un mayor apoyo administrativo para evitar una sobrecarga que acaba detrayendo calidad a la docencia que ofrecemos a los alumnos. 

 

10. Más solidaridad. El compañerismo es básico para que una empresa o un centro educativo funcione. Pese a los consabidos problemas de nuestra profesión o el hartazgo ante ciertos inmovilismo, todo es mucho más fácil con compañeras y compañeros que te facilitan el día a día. Personas que te cubren cuando es necesario, que te prestan sus materiales, que participan y se implican en los proyectos comunes de tu centro o ciclo formativo. Ese apoyo mutuo es fundamental para seguir progresando en una FP que no debe morir de éxito ni por el descuido provocado por la falta de motivación de su profesorado. La generosidad personal, respetando los derechos laborales, es un gran acicate para los que trabajan junto a nosotros. 

 

retos y deseos para la FP

TODOS LOS ALUMNOS NO SON IGUALES

domingo, 18 de diciembre de 2022

Para cada madre y padre sus hijos son únicos. Nadie desea un NPC -como dirían hoy los más jóvenes- en su casa. Todos y cada uno de ellos merecen una atención, educativamente hablando, digna y con los recursos adecuados para su crecimiento personal. Otra cuestión, que a menudo olvidamos, es que hay unos alumnos que requieren más recursos que otros por distintas circunstancias personales o familiares. Tendemos a creer que algunos no son merecedores de los esfuerzos de un sistema educativo que debiera tener como meta la plena igualdad de oportunidades. 

 

Hay quien prefiere despistarse de estos objetivos y tachan de aprovechados a esos chicos inmigrantes o a aquellos jóvenes inmaduros que poco o ningún apoyo familiar tienen. Hay quien incluso culpa al Estado de dar un exceso de recursos a muchos de ellos mientras prefiere ignorar las becas que otros, menos necesitados, también reciben. Hay incluso quien, en lugar de protestar por el malgasto en cachivaches o certificaciones poco útiles, señalan con el dedo a los cuatro zagales que les "molestan" porque necesitan una atención personalizada de la mano de profesionales de otras áreas. Porque los que más tienen acabarán sorteando esas dificultades a base de contactos o de talonario, sin importar su currículum repleto de indolencia. La historia de siempre de la humanidad.

 

Luego están los que atribuyen las diferencias de los otros como las causantes de todo mal o disfunción de nuestra sociedad: los de la concertada que se llevan los recursos, los de la pública que no se preocupan de sus alumnos, los inmigrantes que tienen más derechos que nosotros, los jóvenes que solo piensan en sí mismos, o los impertinentes que no estudian que se vayan a la FP... Y mira que parece obvio que, en nuestro país, afortunadamente, tenemos recursos más que suficientes para atender a toda la población y en especial a aquellos alumnos distintos pero más necesitados; independientemente de nuestras diferencias políticas o formas de entender la educación. Y siempre se educa demasiado poco sobre la importancia de la solidaridad. Nos hacemos mayores y los ideales acaban consumidos entre el pragmatismo y los mantras simplones.

 

Muchos no quieren darse cuenta del favor que nos hacemos cuando conseguimos que un alumno o alumna evite el fracaso escolar y decida seguir formándose para encontrar un trabajo cualificado. Tampoco queremos darnos cuenta de la riqueza que nos perdemos si no atesoramos una amplia población joven (sin importar su origen ni condición) que impulse el creciento y la innovación en la economía. Está demostrado que democratizar la innovación supone una mayor prosperidad colectiva. Pero seguimos engañados en un microcosmos, que es nuestro entorno más cercano, sin dar verosimilitud a lo que acontece no demasiado lejos. 


La cultura del esfuerzo no se mama por igual en todas las casas; porque no todos precisan esforzarse por igual ni a todos se les exige lo mismo. No se trata de tener manga ancha sino de dar más posibilidades a los que menos tienen o a los que sufren carencias; sin dejar de lado, claro está, a los que han tenido la fortuna de cara en la vida. Porque gustamos de compararnos con los que más beneficios obtienen pero poco con los más desdichados. Exigir lo que no damos es también otro vicio popular. Y no solo entre los docentes. La educación no tiene más remedio que ser generosa con todos, sin importar diferencias, pero más espléndida con los que soportan contratiempos. 

 

TODOS LOS ALUMNOS NO SON IGUALES

UNA FP A PARTIR DE LOS 12 AÑOS

domingo, 4 de diciembre de 2022

No sé por qué nos asombramos cuando escuchamos ideas descabelladas. Más todavía si el foro es una red social o viene de parte de algún tipo que pretende recetarnos un remedio educativo para que todos seamos más cultivados (sin contar con aquellos que hemos cribado previamente) y funcionales. Será por opinar. Puede que ahora, tiempos extraños donde la certidumbre educativa se tambalea, ya le está tocando el turno a la Formación Profesional. Tal vez algunos añoren esa FP destinada a los que se supone no quieren aprender, no les alcanzan los aprobados o simplemente no valen para otras aspiraciones más intelectuales. 

 

Ahora que crece la demanda de plazas para cursar un ciclo formativo, algunos pueden estar tentados en desviar a gran parte del personal a formar parte de esos cuellos azules distintos de los que realmente quieren estudiar sin incordiar en las aulas. No sea que se moleste al profesorado. Aprovechemos la moda de la FP y derivemos a los chavales a partir de los 12 años a unos formación provechosa para la economía y conveniente para la tranquilidad en la escuela. Quizás nos pasemos de frenada con eso del modelo alemán y, además de una FP dual todavía en ciernes en muchas comunidades, quieran vendernos un modelo segregador y poco comprensivo en nuestra educación obligatoria. 

 

Una buena clase no es un regimiento marcando el paso, es una orquesta que trabaja la misma sinfonía... El problema es que queremos hacerles crecer en un mundo donde solo cuentan los primeros violines. Daniel Pennac en "Mal de escuela".  


Que la ESO tenga muchas carencias y posiblidades de mejora es evidente. No hay más que hablar con madres o padres de estudiantes de esa etapa educativa; o con docentes desbordados por la falta de atención, la disrupción en el aula o los vaivenes legislativos. Pero tratar de dar una solución a estos problemas a través de la segregación de los alumnos con más dificultades y a costa de una FP que, comienza a gozar de cierta reputación tras décadas de buen trabajo de sus docentes, me parece un desatino y una nueva ocurrencia para glorificar solo a los buenos estudiantes, a los pudientes y a aquellos que a dedo hemos decidido se lo merecen y son capaces además de resistir seis brillantes horas de clases magistrales al día.  

 

Más que ideas absurdas cabría dignificar, y poner un monumento de paso, a todo el profesorado de la FP Básica que ejerce una labor magnífica y vital para recuperar la motivación y ahuyentar ese fracaso escolar que tantas vidas descarría. Más que ocurrencias para lumbreras no estaría mal duplicar los recursos humanos y materiales de los centros con más dificultades sin distinguir zonas geográficas, titularidades ni el rédito político. Tal vez todo sea más fácil cuando dejemos de mirarnos el ombligo y algunos dejen de pensar que su entorno personal o acervo cultural representa a la totalidad de la sociedad. 

 

Muchos soñamos con una educación humanística que abarque incluso a la Formación Profesional. Más que atraer a impúberes a la FP debiéramos tratar de mejorar las etapas anteriores y seguir buscando el progreso de los ciclos formativos atrayendo al mejor profesorado posible con los medios que merecen tanto ellos como sus alumnos. Con una FP que no sea una vía muerta si no un comienzo en la autonomía personal y profesional de sus estudiantes; que les inyecte las ganas de trabajar o de seguir estudiando sin otra cortapisa que sus propias aspiraciones. Pero dejemos que sean bien orientados y lo decidan al final de su educación obligatoria. 

 

Todo lo malo que se dice de la escuela nos oculta el número de niños que ha salvado de las taras, los prejuicios, la altivez, la ignorancia, la estupidez, la codicia, la inmovilidad o el fatalismo de las familias.  Daniel Pennac en "Mal de escuela".

 

FP A LOS 12 AÑOS

CENTROS EDUCATIVOS CONCERTADOS, PÚBLICOS Y JUSTOS CON SUS ESTUDIANTES

miércoles, 15 de junio de 2022

Las comparaciones son odiosas según con el prisma con que se quieran examinar. Puede parecer imposible convencer a un empleado público de la conveniencia puntual de la educación concertada, así como persuadir a ciertos empleados por cuenta ajena de la necesidad de una oferta pública de determinados servicios. La empatía y las sinergias suelen ayudar a cambiar esa predisposición que nos lleva a defender parcelas personales pese a las incongruencias vitales que luego muchos arrastramos: disfrute de una sanidad pública o mutuas médicas, hijos en colegios o academias de pago y en escuelas oficiales de idiomas, emprendedores que estudian para ser funcionarios o entrar en una bolsa de empleo público, etc. 

 

Por ello, cuando defiendo la igualdad de recursos y entro a debatir con personas que abogan por la supresión de los conciertos educativos o por su asfixia económica, prefiero enfocar la discusión sobre los que realmente pierden cuando un centro educativo sostenido con fondos públicos (concertado) no tiene derecho a los mismos medios y recursos humanos y materiales: su alumnado. Sin entrar en la discusión ni mentar puntuales ejemplos de centros de todo tipo que incumplen normativas, cobran o no hacen bien su trabajo.

 

centros fp concertados públicos y justos con sus estudiantes

No es mi intención entrar a discutir el anclaje legal de los conciertos educativos sino, desde la realidad que actualmente observamos, demandar los cambios e inversiones necesarias para que todo estudiante de un centro público o sostenido con fondos públicos pueda cursar sus estudios en las mejores condiciones posibles con la gratuidad que exige la ley. Me parece justo exigir que cualquier alumno de uno u otro tipo de centros pueda disfrutar de unas aulas, herramientas, materiales, ayudas tecnológicas o a la innovación, redes educativas, becas, recursos económicos... independientemente del tipo de centro educativo oficial en el que se haya matriculado. No entro a valorar las condiciones laborales ni las formas de acceso de su profesorado, ni otras circunstancias relacionadas con la docencia que también pueden suponer mayor o menor calidad educativa. 

 

Tal y como se fundamenta en este artículo, "Conciertos educativos y régimen de copago en España. Entre la ficción y la realidad", los módulos económicos por unidad escolar no se corresponden con el coste real ni desde hace más de diez años se han actualizado estos módulos para financiar justamente a unos centros de modo que sus servicios se ofrezcan gratuitamente sin esas barreras de entrada (manifiestamente injustas) que algunos "exigen" para ser viables económicamente y poder reponer y actualizar sus instalaciones. No me parece mal que el rigor presupuestario obligue a buscar distintas fuentes de financiación a través de servicios voluntarios; pero entiendo que una escuela inclusiva tanto en centros públicos como privados de iniciativa social debe garantizar esa gratuidad, libre elección y oferta académica en las mismas condiciones independientemente de su titularidad. 

 

Buscar las sinergias entre centros públicos y privados de iniciativa social, intercambiar experiencias o materiales didácticos con otros docentes y favorecer el intercambio de conocimientos y recursos, garantizaría la mejora de la educación de nuestros jóvenes. En la Formación Profesional es esencial la transferencia de conocimientos tanto a nivel geográfico como entre los distintos centros y sin importar idearios ni procedencia. El aislamiento, los frentes abiertos y el ensimismamiento ideológico no aporta nada a la educación ni a nuestro alumnado. Afortunadamente, he podido aprender mucho de compañeros de otros centros educativos, así como de las iniciativas colaborativas (aunque cada vez se observan menos) que desinteresadamente comparten en las distintas redes profesionales.


Todos nos indignamos por atropellos y sinrazones que sufrimos en nuestras carnes a nivel profesional. Exigir, desde la coherencia, es un ejercicio que todos debiéramos practicar cuando sufrimos incompetencias, privilegios ajenos o favoritismos de quienes entienden los servicios públicos y la educación de forma monocromática. Por ello, no cesaré en mis demandas públicas para que mis alumnos puedan acceder a determinadas ayudas, instalaciones o convocatorias públicas que también pueden disfrutar en otro tipo de centros educativos. Al igual que protestaré contra cuotas injustas o una educación competitiva basada en un cheque escolar. 


Ojalá todos pudiéramos comprender, sin el matiz que los colores políticos nos perfilan, que todo estudiante debe poder disfrutar de una enseñanza académica y profesional en las mismas condiciones de acceso y con recursos humanos y técnicos similares sin importar la zona geógrafica donde se oferta ni el gobierno de turno. Es simple justicia social.  

 

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¿SE MORIRÁ DE ÉXITO LA FP?

miércoles, 1 de junio de 2022

se morirá de éxito la fp
 

El número de estudiantes que cursa Formación Profesional crece a un ritmo vertiginoso. ¡Quién nos lo iba a decir hace una década! El alumnado matriculado en enseñanzas de FP ha subido un 28,7% en cinco años. La moda efepera, por fortuna para los que trabajamos en esta etapa educativa, no parece tener fin; más aún con los más de 1200 millones que el Ministerio de Educación y FP invertirá en la FP para, entre otras cosas, ampliar plazas. Pero ojo con la letra pequeña y con las partidas que realmente cada comunidad autónoma dedicará a las aulas de FP y a la preparación del profesorado. Para la modernización de la FP nos tocarán, de esos 1200 millones, solo 393 millones de euros: de los cuales se nos van 179 millones a la acreditación de competencias, 103 millones a nuevas plazas de FP, 89 millones a plazas bilingües, 13 millones a espacios de tecnología aplicada y alrededor de 6 millones a aulas de emprendimiento. 

 

Observamos que de los 1200 millones seguramente algunos no disfrutaremos mejora real alguna, a no ser que nos toque la pedrea que permita convertir algún aula en espacio de tecnología avanzada o en un lugar de emprendimiento empresarial. Es evidente que el afan por el bilingüismo y los nuevos títulos adaptados a las demandas actuales y futuras del sistema productivo abarcarán gran parte de estas inversiones; presupuestos que no parecen poner el acento en el eje de la FP: el profesorado. Sin embargo, como es habitual, la política educativa de cada comunidad autónoma marcará las diferencias y pondrá sobre la mesa otras prioridades.


La FP puede morir de éxito si al final logramos persuadir a la inmensa mayoría de los cientos de miles de estudiantes que cada año abandonan sus estudios de educación secundaria obligatoria (ya rondamos el 40% en las tasas brutas de escolarización: relación entre el total de alumnado de cualquier edad de la enseñanza considerada y la población del grupo de edad teórica que cursar dicha enseñanza) pero no rediseñamos la estructura formativa actual, favorecemos una nueva organización de los centros educativos e impulsamos la actualización y contratación del profesorado. 

 

Los retos que afronta este profesorado son crecientes y complejos, tal y como se afirma desde el Observatorio de la Formación Profesional en España en su "Informe 2021: La FP como clave de desarrollo y sostenibilidad", que pone el acento en: "formación en competencias, nuevas metodologías e innovación digital, itinerarios multidisciplinares, prevalencia de la práctica sobre la teoría, interconexión con la empresa, fomento de la competitividad, la formación para un desarrollo sostenible a favor de la viabilidad de la economía y una sociedad justa, la formación de personas con bajo nivel educativo, formación para apoyar a las transiciones digital y verde, el upskilling y reskilling que tengan en cuenta las transformaciones de los sectores productivos, etc." Mucho por hacer además de dar clase y renovar unos módulos que debieran ser actualizados con mayor periodicidad. 


Si el número de plazas aumenta sin tener en cuenta las necesidades de las plazas actuales corremos el riesgo de devaluar la FP que ahora ofrecemos. También es necesario ahondar en la diversificación de las titulaciones pero ofreciendo plazas suficientes en aquellos ciclos con más demanda tanto por parte de los estudiantes como de las empresas. Pero todo ello solo se conseguirá si disponemos de una fuerza docente preparada, actualizada y con los recursos necesarios para ofrecer una formación exigente y adecuada a los perfiles que demanda el mercado de trabajo. Inundar el mercado formativo de títulos de dudosa valía, certificados semiregalados bajo pago, oferta formativa de centros sin control alguno (laboral y/o académico) o una formación a distancia con una regulación laxa, puede ser otro motivo más para esa expiración fatal. 

 

No podemos perder de vista el modelo de la FP de las últimas décadas. Los profesionales docentes que nos han precedido han sido un ejemplo de dedicación y adaptación a tiempos con una mayor precariedad laboral junto al desafío que supuso pasar a ofertar ciclos formativos a partir de la LOGSE de 1990. En el siguiente artículo lo cuenta a la perfección Manuel Llaca, autor de ParcelaDigital, un blog dedicado a la historia de la informática donde relata su paso por la FP I y FP II. Una época con menores recursos que se compensaba con esos atributos ahora tan estimados: compañerismo e implicación y mucho más hacer que decir. 


Por el lado de los centros educativo será necesaria una reordenación académica que permita al profesorado dedicar horas de trabajo a proyectos en contacto con el mundo profesional, la digitalización de su sector laboral o la internacionalización, además de la adquisición de competencias didácticas y el desarrollo de la investigación educativa. Pretender cambiar el sistema de FP y modernizarlo sin tener en cuenta esas necesidades, a nivel de horarios, actualización y formación de equipos de trabajo, solo puede terminar siendo visto como una losa por los docentes. Es imprescindible que la autonomía de los centros redunde en una flexiblidad con respecto a los módulos y el equipo de profesores, donde todos seamos copartícipes de esta modernización que debe afrontarse desde las organizaciones tanto a nivel vertical como horizontal.

 

La motivación intrínseca siempre ha sido un factor imprescindible para ofrecer calidad; pero reorganizar, adaptar, evaluar, corregir, impulsar, dotar de recursos y planificar a las personas y los equipos de trabajo, es una responsabilidad aún mayor y estratégica para la evolución de la FP. 

 

Foto de Phil S en Unsplash

FP: NO TODO ES LA PASTA

lunes, 28 de marzo de 2022

Con una nueva ley sobre la Formación Profesional ratificada recientemente en el Senado, parece que el futuro modelo de FP dependerá de nuevo de los designios que los gobiernos autonómicos tengan a bien plantear. Sirva de ejemplo la reincidencia en la deriva del gobierno de la Comunidad de Madrid a la hora de eliminar los conciertos educativos que algunos centros recuperaron tras sentencia del Tribunal Supremo en el año 2017. Todo ello en favor de un sistema, fundamentalmente privatizador, que desde su Consejería de Educación trata de imponer el modelo de cheque escolar a los futuros alumnos de FP. Un modelo de cheque que no redunda en la mejora de la calidad educativa y que desincentiva el acceso de los profesionales a la docencia ("School vouchers are not a proven strategy for improving student achievement" Economic Policy Institute). 


La nueva ley de FP, ampliamente debatida en el Congreso, aunque no en el Senado (no se aceptó ninguna de las más de 300 enmiendas presentadas), parte con el handicap habitual según el cual la supervivencia y mejora de la calidad de los centros educativos de FP dependará de los líderes políticos de turno de cada comunidad. Parece que seguiremos arrastrando la falta de inteligencia estratégica entre aquellos que solo buscan hacer negocio, aún a costa de las familias y jóvenes con escasez de oportunidades académicas; y esos otros que solo contemplan la financiación de la oferta pública desmereciendo la labor social y educativa que, durante décadas, vienen realizando multitud de centros concertados en todo el país. Porque, ¿cuál es el mejor modelo de Formación Profesional que tenemos en España? Pista: Lanbide Heziketa.

 

Son muchas las razones para mantener y auspiciar un modelo de colaboración entre centros públicos y concertados que no vaya en detrimento de la calidad educativa, que garantice la validez de los títulos obtenidos, que respete las condiciones laborales del profesorado, que favorezca la difusión del conocimiento acumulado por la experiencia educativa y que permita tener una oferta de títulos asequible para todos los estudiantes. Porque la libertad de elección finaliza en el momento en que hay un solo alumno que no puede acceder a un ciclo por motivos económicos; que dependa su matrículación de la posible concesión de un cheque que no sufraga la mayoría del importe de las tasas académicas sin tener en cuenta otros gastos adicionales (libros, transporte, material...); o que base su elección en cuantiosas y seductoras campañas de marketing. 


Ojalá la nueva ley de FP se convierta en esa moderna norma que, con un amplio apoyo presupuestario, logre modernizar los centros educativos, sus títulos e instalaciones; a la vez que toma medidas para actualizar al profesorado ante los retos que presenta la digitalización de la economía y un incierto panorama político internacional. Espero que esta ley, que tanto apuesta por la flexibilización, no acabe por quebrar los derechos alcanzados ni se transmute hacia un mero expedidor de certificados de todo tipo y simple amplificador de horas de FCT. Eficiencia, inversiones y desburocratización es lo que demandan los centros y su profesorado. 

 

Sin duda, la nueva ley, aún por publicar en el B.O.E., debe insistir en los razones que tiene la existencia de la Formación Profesional para con TODO su alumnado: permitir su desarrollo personal, inserción laboral y preparación para un complejo futuro profesional que deberán afrontar. Argumentos de peso para los partidos políticos que, de una vez por todas, debieran ser congruentes con sus discursos y preocupación por la juventud. La cooperación, y no la competición desbocada, es el medio y el objetivo de una política educativa transformadora e inclusiva. Estamos a tiempo, no todo es la pasta.

 

FP no todo es la pasta cheque escolar
 Photo by Markus Spiske on Unsplash 


MACROAULAS Y MACROHORARIOS

jueves, 13 de enero de 2022
Cientos de horas en debates televisivos. Ríos de tinta en la prensa. Ahora toca polemizar acerca de las macrogranjas, ese palabro que se arrojan unos contra otros sin importar razones, incongruencias o criterios científicos. El debate educativo queda para más adelante: cuando se apruebe una u otra ley, se la restrieguen los de una bancada a la de enfrente y arranque una nueva polémica para arañar votos y enfrentar a los curritos. Las lenguas, las creencias y los suspensos son siempre un buen forraje. 


Los franceses, mientras tanto, si es menester, convocan una huelga del profesorado apoyado por las direcciones y asociaciones de padres; hartos todos de protocolos inaplicables, demandando medios y respeto a los enseñantes. Aquí, no se nos ocurrirá discutir sobre los protocolos; ahora estamos ante un sálvese usted mismo, mida usted su dióxido de carbono, elija su test favorito, coja la mascarilla que le apetezca (las de rejilla incluídas) y autoconfínese cinco, siete o catorce días. A su gusto, que no hay control. 

 

Tampoco nos sofocaremos si algunos seguimos con macrohorarios lectivos, curso tras curso, padeciendo las ínfulas sobre internacionalización, digitalización, ecologismo y lo que sea preciso según nos reclamen. Más trabajo al mismo precio es un negocio redondo para la Administración. Aquí tampoco se asoman los sindicatos o patronales, no sea que empeoremos el cuadro educativo. Desgraciadamente, somos afortunados en comparación con países no demasiado lejanos. Pero los bóvidos venden más. 


Otros sufren también las macroaulas con ratios que contaminan, no por el metano de sus usuarios sino por la congestión que sufren los estudiantes y la falta de atención debida. Puede que sea el momento de reclamar alumnos ecológicos para que disfruten también de los cuatro metros cuadrados que cada pollo dispone por ley en su granja. No pedimos llegar al nivel de las terneras de Kobe, pero no irían mal inversiones para todos los centros educativos, sin discriminación alguna, para ofrecer esa enseñanza de calidad que cada nueva ley orgánica pregona. 

 

El aula del futuro sigue a años luz. Algunos todavía se ilusionan con cambiar la decoración o pintar tres paredes. Las macroaulas del pasado dentro de nada serán vintage, añoradas por los amantes de la tarima y los silencios de los corderos. Somos maestros del reciclaje infinito, verdes como los pupitres. Mientras tanto, el macrocosmos educativo continuará silenciado en los medios, rogando que no acabemos siendo meros criadores enfrentandos con la parentela por no saber pastorearnos a nosotros mismos. 

 

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LA FP DIGITAL Y VERDE (O AZUL)

lunes, 10 de enero de 2022

El marrón que nos viene encima con la digitalización y la economía verde y azul, sobre la que nos avisan amablemente políticos y legisladores, nos llena de incertidumbre a los que trabajamos en la Formación Profesional. La mayoría de la población tenemos clara la necesidad de un desarrollo sostenible, así como la inevitable digitalización que transforma los distintos sectores productivos y de servicios. Pero, ¿cómo introducimos todos estos conceptos y procesos en cada ciclo formativo?

 

La leyes suelen estar repletas de palabras bienintencionadas, y la futura ley de FP parece también apostar por transformar la oferta educativa tanto a nivel de competencias como estructuralmente. Este año seremos de nuevo espectadores de unos cambios que, sobre el papel, debieran mejorar y actualizar nuestro modelo de FP. Ahora bien, ¿vamos a transformar digitalmente de un modo real los títulos? ¿se va a apostar por una formación práctica y específica del profesorado? Encontrar respuestas a estas cuestiones no es tarea fácil. Necesitamos expertos, además de inversiones, para planificar y adecuar los ciclos formativos a las futuras necesidades que conlleva la digitalización y la economía sostenible; expertos que nos asesoren y conozcan las peculiaridades de los sectores ligados a cada familia profesional. 


Debemos, más allá de aprender  a usar herramientas informáticas básicas, comprender los procesos digitales que se pueden desarrollan en las empresas para mejorar su competitividad. Podemos, más allá de las campañas de reciclaje de desechos, conocer cómo la economía circular puede beneficiar al empleo y las ventas. Si queremos de algún modo transformar la economía española, no es solo a través de nuevos títulos relacionados con el medio ambiente y la informática; sino también afectando a todas las titulaciones que pueden de alguna forma evolucionar y aportar un valor añadido a sus competencias profesionales. ¿Qué y cómo incorporamos estas competencias o resultados de aprendizaje a los currículums de cada ciclo formativo? ¿en la FP básica, grados medios y superiores? ¿o en los certificados de profesionalidad?

 

Es imprescindible conectar a las empresas punteras con los centros educativos. Será necesario también crear más especializaciones (futuros máster de FP) para atender las necesidades del mercado laboral; con la dificultad añadida de disponer de docentes actualizados y con experiencia en temas digitales y en economía sostenible. Los parches no van a ser útiles si queremos abarcar a todos y cada uno de los estudiantes de FP. No es eficaz dejar esta futura y próxima odisea digital en manos de cada docente y de su mayor o menor disposición. Llevamos muchos años viendo venir al lobo y son pocas (y no demasiado afortunadas) las iniciativas que pretenden que la FP evolucione al respecto. 

 

Los populares fondos europeos (Next Generation EU), si se utilizan con cabeza, son una oportunidad única para hacer realidad esa evolución, para dejar atrás las perpetuas necesidades materiales y formativas que la Formación Profesional precisa como parte de la solución al sangrante desempleo y precariedad laboral de los más jóvenes. Ojalá los cambios educativos discurran con serenidad pero con la agilidad tecnológica que requieren los profesionales más relevantes. Y no lleguemos tarde.

 


Photo by note thanun on Unsplash

LA FP PARALELA

martes, 28 de septiembre de 2021
Tras veinte años en el aula, mi capacidad de sorpresa ha ido en descenso. Los últimos cursos hemos sido bombardeados con una ralea de cambios que nos amenazaban: un entorno VUCA (horrible acrónimo) en el que supuestamente vivimos; una zona de confort en la que presuntamente estamos cómodamente apoltronados; o atrapados en una maraña insalvable de flexibilidad en aras de pasar a ser profesionales camaleónicos. Hemos pasado a ser los protagonistas secundarios de una serie distópica de Netflix donde los docentes de FP somos superhumanos capaces de acabar con el malvado desempleo y la tirana fracaso escolar. 

 

¿No estaremos viviendo en una realidad paralela? ¿Los que nos dirigen viven en ese entorno VUCA o atrapados en el tiempo del día de la marmota? ¿Podemos llamar comodidad a unas condiciones laborales que no se adaptan a las necesidades organizativas de los centros educativos con los mismos recursos que hace décadas? ¿O montamos una sucursal del conforama con tanto bienestar que parecemos gozar? ¿Y dónde anda esa flexibilidad en una administración educativa elefantiástica que funciona a cámara superlenta mientras la economía se transforma en supuestamente sostenible mientras lo único verde que nos queda es el colorido de los pupitres? De la digitalización ni hablamos, no sea que nos quedemos congelados de nuevo discutiendo entre software o cubalibre mientras otras comunidades y países se conjuran con flashesgordon tecnológicos. 

 

Mientras tanto andaremos engatusados con la metodología pensando algunos en que un mundo mejor es posible dentro de una maraña de egos desbocados, perfiles hastiados o aprovechados, personajes que se agotan y mucho bienintencionado que desea cumplir con sus obligaciones profesionales con la vista puesta en el futuro de sus alumnos. 

 

El nuevo maná vendrá de una nueva ley educativa para la Formación Profesional española que nos tendrá entretenidos unos cuantos años más. Tal vez hasta los 75 si Mick Jagger nos presta su gimnasio personal y el parné no se lo funden en dispendios dispensables con la venia del ministro sagaz. Que no nos conviertan en burocrátas certificadores, por favor. Que la titulitis no fustigue a los más profanos que no tienen la fortuna de convivir con la cultura y unos posibles familiares al tiempo que doctores e intelectuales dan lecciones de buena educación. 


Mi castigo es no perder el optimismo y la fe en un sistema educativo donde plagiemos lo que realmente funciona, se invierta en beneficio de todos los actores de este escenario efepero bendito y no se discrimine a nadie independientemente de credos, origen y afiliaciones. Luego, que hagan todas las campañas que quieran. Me apunto si hace falta. 

 


 Photo by Jeremy Thomas on Unsplash

MEDIDAS QUE DISCRIMINAN A LOS CENTROS CONCERTADOS EN LA COMUNITAT VALENCIANA

jueves, 22 de octubre de 2020

Llueve hoy por esta tierra, la Comunitat Valenciana, y toca mojarse. Nunca he entendido esas ganas de enfrentamiento o discriminación que, desde algunos sectores o partidos políticos, se fomenta entre la educación pública y la privada (concertada o sostenida con fondos públicos); ya sea para denostar o relegar a los centros públicos o a los privados. 


Comprendo, como docente de Formación Profesional de un centro de educación concertada, que la mayoría de funcionarios y amplios sectores de la población exijan una mejora de los recursos y una dignificación de la educación pública como garante de un derecho universal de nuestros niños y jóvenes. Entiendo que se mire de reojo a muchos centros concertados que parecen disponer de más recursos con el esfuerzo de las asociaciones de madres y padres o las infraestructuras heredadas de anteriores épocas. 

Sin embargo, sin entrar a debatir sobre el derecho a la libertad de enseñanza, ni en los artículos de la Constitución Española o en las sentencias del Tribunal Constitucional al respecto, me parecen totalmente injustas y discriminatorias ciertas medidas que la actual administración educativa valenciana llevan a cabo cuando se proponen ayudas y proyectos que solo contemplan su ejecución en centros públicos. Estamos hablando de ayudas que debieran llegar por igual a todo el alumnado, independientemente de la titularidad del centro educativo donde estudian; alumnos que no tienen culpa alguna de las discrepancias ideológicas de los gobiernos de turno y que merecen ser atendidos con los mismos recursos y oportunidades. 


Pongo como ejemplos el programa para dinamización de las bibliotecas escolares y el fomento de la lectura del actual curso o la futura Red 'Novigi' de centros educativos innovadores en FP que solo contemplan la participación de centros públicos. ¿No es posible la colaboración entre centros educativos de distinta titularidad? ¿No se pueden aprovechar sinergias que redunden en la mejora de las prácticas docentes, metodologías o actualización del profesorado? ¿No debieran tener los alumnos de todos los centros educativos las mismas herramientas y recursos para la mejora de su aprendizaje?


Se gobierna para todos y no hay derecho a que no se respeten los principios de igualdad, así como el trabajo que se hace desde los centros educativos pensando siempre en el beneficio del alumnado a través de la obtención de mayores recursos con los que ofrecer una formación actualizada sin que ello suponga un desembolso para las familias, un quebranto para los centros o una mayor presión laboral para el profesorado de estos centros. 


Tras casi dos décadas en la Formación Profesional, puedo afirmar que muchas de las sinergias que se activan y provocan cambios, vienen dadas por parte de personas que por su carácter, motivación, bagaje o aptitudes personales, saben conectar y compartir sus conocimientos; todo ello sin importar el centro donde ejercen y sin estar preocupados por la condición laboral o afiliación ideológica de otros colegas. Ya es hora de aparcar esas diferencias por parte de nuestros dirigentes políticos; contar con todos los actores y acordar medidas que redunden en el beneficio de todos los estudiantes, y, sobre todo, de aquellos que más lo necesitan. 



photo credit: pablocba Mirada de Evita en el billete de 100 pesos argentinos. via photopin (license)

2020, NUEVA DÉCADA: ¿NUEVA FP?

jueves, 9 de enero de 2020
Año 2020. Afrontamos una nueva década en la que si echamos la vista atrás y retrocedemos veinte años, este tiempo ha supuesto un incremento sustancial de la complejidad de la docencia, y de todo lo que ahora conlleva la misma, a todos los niveles. Nos hemos atiborrado a cursos de formación continua, sobre metodología y nuevas tecnologías, idiomas y alguna que otra ocurrencia que se estilaba en su momento. Algunos seguimos con la misma cantinela esperando esas mejoras deseadas que nunca llegan y de las que nos compadecemos en público o en privado.

Sin embargo, veinte años después: ¿ha cambiado significativamente la enseñanza y la Formación Profesional que ofrecemos? Sigo viendo, sin ánimo de crítica, mucho libro de texto; jóvenes distraídos que necesitan una motivación constante; aulas, equipos y mobiliario del siglo pasado; docentes buscándose la vida para dar clases; unos ciclos y módulos flexibles según sea la intención del profesorado que no de la Administración; y, unos recursos siempre limitados para emprender esos cambios tecnológicos y formativos que precisaría esa nueva economía que muchos solo ven en los titulares de prensa. Se añaden planes, se proyectan estrategias para mejorar la FP, se lanzan campañas de comunicación, se internacionalizan los estudios, se busca la inclusión; pero todo cambio es a costa del profesorado y sus equipos directivos, y a discreción de los mismos.


2020 NUEVA FORMACIÓN PROFESIONALEl mayor cambio o mejora lo observo en el largo y lento proceso de digitalización de un profesorado que ha entendido y aceptado, en su mayoría, la tecnología como una herramienta más que puede ayudar a nuestra labor docente a través de aplicaciones y recursos donde el protagonista es el alumno con un profesorado que crea contenidos y se comunica fácilmente a través de las redes. Cambios que, gracias a la mejora de la velocidad de la conexión a Internet, hemos logrado implementar desde aquellos primeros años donde el correo electrónico era casi una amenaza a la conciliación laboral y personal de algunos colegas. Ahora nos toca afrontar un reto aún mayor: la digitalización de todas aquellas familias profesionales que ahora o en un futuro próximo van a ver transformada su forma de trabajar.

Otro de los cambios, a mi parecer, y provocados por el inexorable paso del tiempo, ha sido la renovación de unas plantillas y de un modo diferente de entender la profesión por motivos generacionales. Unas experiencias vitales distintas que se reflejan en nuevas prioridades y otros modos de abordar la vida profesional. En mi caso, he aprendido a valorar más a esas generaciones pasadas sin dejar de lado el punto de vista de las nuevas hornadas de docentes que aterrizan con otras preocupaciones y estilos de trabajar. No creo que se trate de entender la profesión de un modo más o menos conservador o más o menos reaccionario; aunque estoy seguro de la importancia que tiene la experiencia acumulada de muchos de esos compañeros y compañeras que se han dejado la piel en el aula y que debiéramos seguir atesorando y transmitiendo a los que ahora nos acompañan.
Pertenecer a la generación X, Y o Z, debiera ser irrelevante, pese a las inevitables diferencias particulares, cuando se trabaja con unos mismos objetivos y priorizando el bien común sobre los intereses particulares; manteniendo la congruencia y profesionalidad como distintivos personales.

El cambio que no quisiera tener vivir es aquel que quite el centro de atención en el alumno. Debemos actualizarnos, ser más flexibles con las competencias y contenidos, evaluar nuevas y viejas capacidades, pero todo ello sin olvidar que nos dirigimos a unos jóvenes con intereses propios que necesitan una preparación personal y profesional para afrontar un exigente y complejo mercado laboral con las mejores garantías posibles. Despertar en el alumno la necesidad y carencia de aprendizaje que tienen y tendrán en el futuro, es una tarea vital con nuestro alumnado. Disponer de tiempo para trabajar con ellos, preparar recursos, atenderlos en condiciones, orientarlos y, sobre todo, enseñarles una profesión, debe seguir siendo nuestro cometido principal por muchos años que pasen.

En líneas generales no sabría decir si estamos mejor o peor que hace veinte años. Es cierto que el prestigio de la Formación Profesional parece ser una variable ascendente, y cada año son más los estudiantes que eligen cursar un ciclo formativo. Los que disfrutamos la enseñanza, no perdemos la ilusión de que se pueden mejorar muchas cosas sin necesidad de hacerlo con prisas, sin dejar de ser pragmáticos,  y teniendo en cuenta la mejora en la formación del alumno sin menoscabar las condiciones del profesorado. Sigamos aprovechando el conocimiento de nuestros profesionales de la docencia para diseñar esa FP moderna y transformadora que reclamamos y que nos diferencia de otras etapas educativas.

photo credit: Rusty Russ A Bird in a Time Tree via photopin (license)

SIN RECURSOS NO MEJORA LA FP

jueves, 9 de mayo de 2019
Ahora que se acercan cambios en los gobiernos autonómicos de turno, o, con la más que probable continuación de los mismos responsables educativos en el caso de la Comunidad Valenciana, no debiera ser indudable recalcar la necesidad de invertir más recursos en esta Formación Profesional que a muchos nos ocupa y que es tabla de salvación de numerosos jóvenes que buscan su inserción laboral y un futuro alejado de la precariedad.

No me parece obvio porque pasan los años y, en muchos casos seguimos con unos mismos recursos que no están ni a la última ni a la penúltima en nuestros centros públicos o privados sostenidos con fondos también públicos. Nos la vemos y deseamos para sostener un sistema de formación profesional que se adelante a lo que el sistema productivo o de servicio nos demanda. Por mucha campaña de comunicación o artículos de prensa donde incluso se alaba que los jóvenes universitarios tengan que, anómalamente, recurrir a la FP cuando se gradúan. 

Se nos pide innovar pero no se ofrecen horas o permisos para este tipo de ocupaciones donde la investigación pedagógica o la actualización en el área técnica de los docentes debiera ser una norma entre el profesorado de FP. Todo ello desemboca en docentes desmotivados que suelen pensar, acertadamente, en que bastante tienen con sus horas de aula y donde ofrecer una educación individualizada es una labor materialmente imposible.

recursos mejora fpSe promulgan nuevas leyes sin ningún tipo de acompañamiento presupuestario o donde los plazos para entrar en ciertos programas solo provocan unas prisas que suelen ser malas consejeras en temas educativos. Premios, programas de innovación, congresos, exposiciones, etc. tienen su función, sin embargo, no pueden ser sustitutivos de planes de mayor alcance donde la administración educativa tenga una estrategia clara acerca de la formación que necesita todo su profesorado o de los recursos que precisa invertir en todos los centros educativos. Resalto lo de todos, porque creo, sin ninguna duda, que todos los alumnos debieran acceder a centros con los mismos recursos actualizados y con docentes con igual carga de trabajo independientemente de su situación administrativa.

Cambian los tiempos, y, afortunada o desafortunadamente, el profesorado no está ahora dispuesto a hacer verdaderos milagros con los recursos propios o ajenos que tiene a su disposición. Ante todo, la gran mayoría de profesores son profesionales que no se quitan de en medio ni se escaquean de la labor principal para con sus alumnos; aún así, la intensidad de nuestra labor junto a las constantes llamadas a una innovación gaseosa o ciertos requerimientos de títulos que no aportan demasiado, siguen incrementando el agotamiento mental y físico de esta gran generalidad de docentes que pierden gota a gota esa motivación original. Todo ello no es excusa para esos pocos que no cumplen o no dedican la totalidad de su tiempo en el trabajo a mejorar o cumplir con sus obligaciones profesionales o que despotrican permanentemente sin el menor atisbo de autocrítica.

Desde estas líneas ya son varios los años que llevo protestando o sugiriendo ciertos cambios. No pierdo la esperanza, independientemente de quien gobierne. Tengo claro que, la mayoría de los avances se han llevado a cabo gracias al personal de los centros educativos que no escatima esfuerzo ni ilusión en ofrecer una buena formación profesional. La sociedad no es consciente del mérito y la valiosísima función que brindan tantos profesores que sacan petróleo de unos chavales en ocasiones desmotivados, inmaduros o, sencillamente, desorientados personal, académica o profesionalmente. Aún así, no podemos dejar de demandar mejoras que redunden en el alumnado y una carrera profesional que se nos puede hacer demasiado larga si no viene acompañada de esos recursos materiales y humanos necesarios para una economía competitiva y una sociedad en permanente transformación.

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¿INVESTIGAMOS EN FP?

lunes, 8 de abril de 2019
La Formación Profesional actual, como venimos escuchando y leyendo en diversos foros, exige una actualización y formación permanente más ágil que nunca. Una agilidad que no debiera diluirse entre las modas educativas que inundan las redes o ciertos medios de comunicación. La formación del profesorado debe venir de la mano tanto de las empresas donde nuestros alumnos acaban ocupados como de parte de compañeros docentes que llevan investigando y poniendo en práctica métodos y herramientas de interés en los distintos ciclos formativos en los que ejercen.

En cualquier caso, para poder seguir compartiendo buenas prácticas docentes sería necesario que se contemplara una investigación educativa relacionada con la Formación Profesional. La creación de organismos tipo Tknika en las distintas comunidades autónomas, o a través del Ministerio de Educación, debiera ser una parte fundamental de los planes de formación y mejora de nuestra FP. Tampoco se contemplan unas horas para este tipo de investigación que podría redundar en innovación educativa o en la creación de recursos aprovechables para los distintos centros formativos.

Pasan los cursos, gobiernos de turno, y, al menos en mi comunidad autónoma, muchos seguimos buscándonos la vida igual que siempre, creando materiales o formándonos como buenamente podemos en el poco tiempo disponible que nos dejan las 25 horas lectivas semanales de turno. No crear y centralizar  estos recursos supone un gasto innecesario de cientos de horas de muchos docentes buceando por la red y exprimiendo su inventiva para realizar propuestas didácticas novedosas y ajustadas a las necesidades actuales del sistema productivo.

INVESTIGAR EN FORMACIÓN PROFESIONAL¿Por qué no contemplar unas horas de investigación docente al igual que se hace en el sistema universitario? ¿No queremos una FP a la vanguardia que tenga en cuenta la digitalización de las empresas? ¿Para cuándo unos planes de formación estratégicos con itinerarios para los docentes de los centros de Formación Profesional?

Supongo que estas líneas serán un nuevo sermón en el desierto, donde una mayoría seguirá trabajando a deshora preocupados en que la formación de sus alumnos sea lo mejor posible, donde muchos docentes se ocuparán de seguir actualizados pese a la falta de recursos y donde otros pocos seguirán a lo suyo beneficiándose de un sistema educativo que no incentiva ni promociona los méritos de aquellos docentes implicados en mejorar sus centros y los títulos profesionales que ofertan.

Desafortunadamente, y no es por ser agorero, muchos compañeros de profesión terminarán desmotivados en algún momento de su carrera profesional, hartos de la falta de apoyo de la Administración o desencantados al compararse con otros colegas menos implicados y comprometidos con su profesión que viven además en mejores o iguales condiciones instalados en el mínimo esfuerzo.

De momento, no nos queda otra que seguir esperando mayor flexibilidad en la configuración de nuestros ciclos, menor carga lectiva por un lado y una mayor carga horaria por el otro, disponible esta última para llevar a cabo proyectos relevantes con nuestros alumnos. Y, sobre todo, precisamos de responsables educativos valientes que transformen la FP con acciones concretas que puedan transformar la docencia desde las aulas; leyes cargadas de planes y recursos para TODOS los centros de Formación Profesional independientemente de las familias profesionales que ofrezcan o de la titularidad de los mismos.

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