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HAGAMOS POSIBLE OTRA FP

viernes, 26 de junio de 2026

 


 

He tenido la fortuna de visitar distintos centros públicos o privados de Formación Profesional a lo largo y ancho de toda España. Desde Andalucía hasta Galicia, o desde Baleares hasta León, el profesorado solemos tener inquietudes comunes: necesidad de más recursos, ya sea en instalaciones modernizadas o equipamiento técnico actualizado; mayor cercanía al sector profesional a la hora de programar los módulos; falta de trabajo en equipo y coordinación docente por cuestiones organizativas del centro o por escasa cultura de trabajo cooperativo del profesorado; competencia digital docente desigual o descoordinada; o falta de herramientas para motivar al alumnado y buscar su implicación en el aula. 

 

Por suerte, el profesorado de FP suele mostrar muy buena disposición para afrontar los cambios a los que nos obliga la nueva normativa que surge cada curso o los avances que se producen en nuestro entorno profesional más cercano. Habitualmente, el problema para superar estos avatares no viene solo de esa falta de recursos antes mencionada sino también de una falta de visión estratégica donde es preciso buscar sentido pedagógico a la norma y, al mismo tiempo, ser capaces de implementar medidas que resulten sensatas y útiles a nuestros propósitos: un aprendizaje auténtico y mayor conexión con la empresa. Todo sea por la empleabilidad y futuro de un alumnado falto de certezas. 

 

El problema viene cuando no se entiende esa flexibilidad a la que alude la norma máxima que ahora mismo rige el sistema de Formación Profesional; la Ley Orgánica 3/2022, de 31 de marzo, de ordenación e integración de la Formación Profesional que señala en su artículo 1:

 

La finalidad de la norma es regular un régimen de formación y acompañamiento profesionales que, sirviendo al fortalecimiento, la competitividad y la sostenibilidad de la economía española, sea capaz de responder con flexibilidad a los intereses, las expectativas y las aspiraciones de cualificación profesional de las personas a lo largo de su vida y a las competencias demandadas por las nuevas necesidades productivas y sectoriales tanto para el aumento de la productividad como para la generación de empleo. 

 

Podríamos desgranar aún más la mención a la flexibilidad o a la autonomía de los centros que se hace desde las distintas normas que vienen ordenando la FP en los dos últimos años. Sin embargo, somos en ocasiones nosotros mismo quienes ponemos palos en las ruedas a cualquier tipo de cambio que reordene o transforme lo que venimos haciendo y que es manifiestamente mejorable. Desde la Administración educativa, inspección o técnicos, equipos directivos, consultores de calidad u otros responsables académicos, se coarta esa flexibilidad de la mano de una mala interpretación de un sistema de FP que nos orienta, dentro de un determinado marco, hacia la innovación y la adaptación de nuestros módulos y las diferentes competencias que surgen con el tiempo. Y aquí el algodón no engaña: si andamos más ocupados justificándonos que mejorando la enseñanza, algo está fallando con la aplicación normativa.

 

Seguimos perdiendo el tiempo en reuniones donde debatimos más sobre porcentajes que sobre competencias. Acabamos abrumados y desmotivados por tareas que solo suponen cumplimentar fichas intrascendentes. Nos devanamos los sesos reordenando hojas de cálculo con tal de cuadrar al milímetro los resultados de aprendizaje y criterios de evaluación que son manifiestamente inalcanzables.Y así seguimos engordando ese museo virtual donde duerme la documentación acumulada de miles de docentes. 

 

Al final, todos esos asuntos que sabemos son primordiales acaban relegados a un segundo plano mientras nos colgamos la medalla del buen cumplidor. Pese a los pocos días que quedan para cerrar el curso, sigo insistiendo en la necesidad de cuestionarnos la organización interna a pesar de los límites que nos autoimponemos a menudo por evitar cualquier tipo de conflicto. ¿Estamos innovando en nuestros ciclos? ¿Trabajamos realmente en equipo con los compañero y sabemos enseñar a hacerlo al alumnado? ¿Promovemos y destacamos la evaluación de las competencias para la empleabilidad o personales de los estudiantes? ¿Tenemos un plan y un marco de actuación que impulse las competencias digitales del profesorado y la introducción de la inteligencia artificial en las aulas? ¿Sabemos llevar a cabo una evaluación formativa real? ¿Hacemos algo con todos lo datos que recogemos durante el curso? ¿Medimos lo que no funciona o aquello que nos ayuda a avanzar y cumplir con nuestra misión como centro educativo?

 

Estas y otras muchas preguntas que planteo me parecen necesarias para que, ahora que andamos de capa caída, no sigamos tirándonos piedras en nuestro propio tejado. Pensemos y diseñemos situaciones de aprendizaje valiosas para nuestro alumnado y sin perder demasiado el tiempo malabarismos legales que cualquier herramienta de IA generativa nos podrá resolver y justificar ante cualquier burócrata. Atendamos al espíritu de la norma y a ese sentido común que nuestra experiencia señala; pero sin perder de vista que toda transformación educativa requiere, además de prueba y error, un conocimiento profundo tanto a nivel técnico como pedagógico. Ya que tengo la sensación de que a menudo nos quedamos en las formas. Seamos flexibles. Evitemos redundancias y trabas para lograr una Formación Profesional más posible y actual. 

 

Foto de Joao Vitor Marcilio en Unsplash

¿QUÉ SENTIDO TIENE LA FP?

miércoles, 17 de junio de 2026

 


Parece que nunca es el momento adecuado para hacernos las preguntas idóneas. Cuando arrancamos el curso debemos coger carrerilla y dejar todo listo para una primera semana donde lo primordial es tener los módulos listos para su presentación y reordenar ideas olvidadas tras un verano que siempre se antoja corto. Luego viene ese primer trimestre que nos pone a prueba con nuevos grupos y alumnos que suelen deparar alguna que otra sorpresa transformada en nuevas y viejas preocupaciones que es necesario salvar; sin contar con la fortuna de tener que preparar un módulo nuevo y encajar su correspondiente programación con sus respectivos resultados de aprendizaje. Tras las navidades el nivel de agotamiento o saturación se ha nivelado un poco, pero también es habitual afrontar una ligera cuesta donde comienzan las urgencias por un currículo que se torna inalcanzable o porque resulta complicado tener empresas para formar a todo el alumnado. Más adelante se aproxima ese tercer trimestre donde debiéramos tener más tiempo para trabajar o reflexionar sobre aquello que no pudimos terminar en su momento, pero que acaba siendo un período donde el papeleo ocupa demasiado tiempo mientras las fuerzas se agotan.

 

Y ahora, cuando ya estamos cerrando el curso con evaluaciones extraordinarias o se cierra la formación en las empresas de buena parte del alumnado, seguimos enfrascados en la incertidumbre o con dudas sobre cómo cumplir con la normativa mientras pasamos de refilón por aquello que más importa. Y así continuamos ocupados sin esa necesaria reflexión o afincados en la crítica a la organización académica y a una legislación que llega tarde y/o mal y que impide centrarnos en cómo enseñar mejor para que nuestro alumnado aprenda en un entorno que cambia a pesar nuestro. Estamos en este momento a punto de poner el piloto automático con la vista en un verano que haga borrón y cuenta nueva antes de un septiembre donde volveremos a ese curso de la marmota que poco ayuda a recordarnos la relevancia social que tiene nuestra labor docente. Salvo en momentos puntuales. 

 

E insistimos con las prisas y camuflando la falta de dedicación a un trabajo en equipo sostenido con demasiadas ocurrencias y poco sosiego. Escasas lecturas y mucha inteligencia artificial para automatizar tareas en una profesión que requiere diálogo con conocimiento y menos eslóganes donde todo tiempo pasado fue mejor pero que no me quiten la IA. Continuamos requiriendo formación presencial de calidad que abra debates y nos ayude a colaborar con el profesorado de nuestro ciclo. Sin olvidar esa parte técnica que ahora, con toda la tecnología facilitadora de por medio, requiere tomar decisiones pedagógicas y formativas de peso para dar el valor añadido que requieren los estudiantes ante unos powerpoints con garantía depresora. La elocuencia, la escucha, el diálogo, la lectura y el debate son magníficas alternativas en un mundo que demanda profundidad frente a la estulticia y aceleración de las redes; y como consecuencia de esas herramientas generadoras de contenidos que nos mejoran como productores pero no como personas. 

 

Las profecías de un entorno cambiante y convulso nos han cogido con el pie cambiado. Y mira que en FP estábamos advertidos tras decenas de congresos donde nos congratulábamos con este porvenir inquietante del que ahora protestamos. Pese a las alarmas, tengo la sensación de que seguimos actuando a base de lemas pero sin referencias clarificadoras e inspiradoras mientras buscamos encajar lo que ya veníamos haciendo con unas normas que se suponía venían a mejorar lo hasta ahora practicado. Demasiado desconcierto y fragmentación. De hecho, tras dos cursos con el nuevo sistema de Formación Profesional, seguimos más preocupados en cómo reflejar una calificación final que en la manera de hacer más competentes y mejor personas a todos esos chicos y chicas que nos eligen para sortear un futuro incierto. Seguimos sin guías claras para trabajar las competencias para la empleabilidad, motivar al alumnado, encauzar una evaluación formativa sin caer un una guerra de filas y columnas, gestionar un proyecto intermodular o aplicar esas técnicas para el aprendizaje que tampoco parecen resolver los másteres del profesorado. La innovación se quedó en concursos para obtener recursos. SOS.

 

En mi opinión, nuestro futuro como docentes sigue pasando por comprender al alumnado y hacerles entender la necesidad de ser personas autónomas y resolutivas con las herramientas que la tecnología nos ofrece; pero resaltando la faceta social que precisarán en un mundo que tiende al ensimismamiento mientras les promete un empleo para malvivir entretenidos con una oferta de ocio interminable donde solo cabe el ahorro por herencia. Los afortunados de cuna mantendrán el estatus pero la gran mayoría de jóvenes requieren una FP que les abra puertas y les haga caer en la cuenta de que necesitan invertir en conocimiento y valores como forma de evitar esa estafa en forma de pantalla que todos acusamos. Una FP que cargue sus alforjas para facilitar su desarrollo personal, motive su autenticidad y les encamine a buscar un propósito de servicio que, junto a un sueldo decente, nos ayuda a dar sentido a la vida. 

 

Foto de Thomas Griggs en Unsplash

SOLUCIONES TRAS DOS CURSOS DE UN NUEVO SISTEMA DE FP

lunes, 18 de mayo de 2026

 


 

El curso llega a su fin y las sensaciones, tras una completa implementación del nuevo sistema de Formación Profesional en los ahora llamados grados D (ciclos formativos de grado básico, medio y superior), nos dejan con un cierto sabor agridulce. Incluso alguno o alguna podría describir cierta amargura a la hora de digerir una necesaria transformación que no siempre ha sido ni bien entendida ni bien acompañada. 

 

En cualquier caso, como docentes, sabemos que los cambios educativos requieren una destilación lenta y que, a pesar de la normativa, si no se comprende la mejora ni se facilitan los medios necesarios, todo suele acabar en un estricto cumplimiento donde todo cabe en un papel fácilmente rellenable por la IA generativa de turno. Y en esas andamos. Seguimos despotricando ante una Administración que no predica con el ejemplo y no revisa toda la documentación inservible que nos hemos acostumbrado a reproducir y multiplicar en los centros educativos. En algún momento asimilamos que la burocracia añadía calidad a un sistema donde la materia prima son personas. Quizás sea ahora un buen momento para eliminar documentos y procesos que, lejos de mejorar procesos, nos siguen distrayendo de lo más importante: desarrollar la educación del alumnado. 

 

Porque, cuando hablamos de educación, a pesar de las temidas acusaciones de adoctrinamiento, bien sabemos que educar supone actuar de un modo integral sobre los jóvenes que pasan cada día por las aulas. En la FP nos debemos tanto a una formación técnica, donde se priorizan las competencias profesionales, como a unas cada vez más relevantes competencias transversales donde además de las manidas soft skills se debieran integrar aquellos valores en los que coincidimos como sociedad y que forman parte del marco de los derechos humanos universales y la propia Constitución Española. La libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo no debieran provocar ningún tipo de autocensura; es deseable entender la educación como un modelo democrático donde los estudiantes participan, debaten y defienden sus ideas desde el respeto a los demás y con el conocimiento como argumento.

 

Aún teniendo clara esta cuestión relativa a los objetivos de la educación luego nos queda saber cómo lograrlos. Y es aquí donde entiendo surgen más dudas y donde cierto debate educativo nos ha llevado a despotricar del actual contexto generado por esa población adulta a la que pertenecemos y no por esos jóvenes que ahora habitan en una sociedad con problemáticas diferentes. Sin olvidar nuestra responsabilidad o falta de autocrítica y anestesia frente aquellas medidas ilusorias basadas en la forma y no en el fondo. Tampoco ayuda esa sensación de carga creciente en número de tareas sin haber obtenido a cambio motivos adicionales para seguir desarrollando una labor educativa cada curso más compleja. Creo que es preciso un rediseño de un sistema donde, además además de buscar la lógica eficiencia de los recursos y con cierta solidaridad, se busque innovar con el fin de mejorar el aprendizaje del alumnado. 

 

Es necesario un profesorado que se apasione los máximo posible por el contenido de sus módulos y que a su vez tenga los recursos necesarios para exponerlos y trabajarlos en las aulas y talleres, sabiendo trasladarlos a los alumnos con las mejores herramientas didácticas posibles. Sin esa caja de herramientas estamos vendidos. Ya no hablo solo de aprender a desarrollar metodologías activas, sino también señalando las carencias de nuestros estudiantes con el fin de poner remedio a esa falta de comprensión lectora, vocabulario, razonamiento matemático o falta de curiosidad por todo aquello que desconocen. Se hace imprescindible, pese a la dificultad de la empresa, mostrarles todo lo que no saben y pueden saber. 

 

Para todo ello disponemos tanto de los recursos que la rigurosa investigación educativa nos aporta: cómo captar la atención del alumnado, cómo evaluar formativamente o cómo diseñar tareas que esquiven ese empobrecimiento cognitivo que acompaña a un mal uso y abuso de la inteligencia artificial generativa.  ¿Nos formamos en ello o seguimos enfocados en las herramientas TIC y una competencia digital meramente instrumental? ¿Leemos al respecto y alimentamos ese trillado pensamiento crítico del docente o seguimos con las ocurrencias y modas de turno?

 

Ya han pasado casi dos cursos desde que comenzamos a implantar la nueva ley de Formación Profesional y ya va siendo hora de que dejemos de poner el foco en esa numerosísima lista de resultados de aprendizaje y criterios de evaluación con el fin de quedar bien en la foto. El extremismo con los RA es todo un padecimiento. Era necesaria una revisión, actualización y ampliación de los módulos profesionales y transversales; pero aún es mas indispensable progresar como docentes en un contexto cambiante donde solo la experiencia acumulada no ayuda a mejorar el sistema. Hace falta una mayor aplicación a la realidad de nuestros módulos junto a una modernización técnica de procedimientos y recursos. La transformación de la FP no se originará desde una hoja de cálculo más o menos enredada.

 

¿Por dónde comenzar? Simplifiquemos tareas administrativas y esas cuantiosas rutinas evaluadoras que nos agobian; compartamos estrategias docentes poniendo el acento en la evocación, la practica espaciada y el rediseño de materiales y actividades a evaluar (con o sin IA); busquemos la atención en las aulas a través de una programación del aula donde la diversidad de tareas sea una constante para sorprender y mantener ocupados a los alumnos; y dotemos de tiempos de conversación y reflexión a los equipos docentes de cada ciclo. Miremos hacia adelante y no caigamos en la trampa que promete resolverlo todo volviendo la vista atrás. Eso sí, siempre va bien mirar de reojo... 

 

Foto de Rocky Xiong en Unsplash

DOS PROPÓSITOS PARA LA FP

sábado, 3 de enero de 2026

 


 

 

Corren tiempos extraños. Vivimos en una paradoja constante tanto a nivel educativo como social. La tecnología y las nuevas metodologías, ahora impuestas por real decreto, debieran impulsarnos hacia una mejor Formación Profesional; pero a su vez se oyen cada vez más voces que desaprueban la obligatoriedad de unos métodos que antes eran solo cosa de algunas regiones, centros puntuales o docentes motivados. Vende ahora más la vuelta atrás a un mundo que ya no existe y que algunos imaginan como una suerte de paraíso perdido. Transitamos marcha atrás desde formaciones docentes que prometían bondades sin posibilidad de objeción de conciencia y mucha vergüenza ajena, a otro sistema donde la soberbia y la pedantería se confunden con la cultura y las ganas de hacer las cosas bien. 

 

Coincido con Pablo Peñalver en su análisis de las dificultades que arrastra la FP: falta de decisión y de diseño sistémico. En lugar de transformar hemos agudizado ciertas carencias que en la FP sobrellevábamos: trabajo en equipo de los docentes, actualización técnica (y tecnológica), motivación y comportamiento del alumnado... y ese multitasking que ya hace tiempo se demostró ineficaz. Y no, no hace falta caer en la dóciles manos del mindfulness, sino quizás valdría la pena que nos centráramos en lo que realmente importa y gestionar de otro modo esa programación diaria que nos abruma con demasiadas tareas que no son importantes para nuestra profesión. Pero no. Seguiremos un año más poniendo parches sin dar la vuelta a un sistema que nos agota y nos alienta a poner la mirada en cuántos años nos quedan para jubilarnos. 

 

Y ahí seguimos con las paradojas. Centros educativos con patios de cemento y un gotelé preconstitucional junto a otros centros donde la realidad virtual y aumentada ayudan a transitar hacia un mejor futuro profesional. Queremos ser sostenibles mientras la impresión de exámenes vuelve a las andadas en busca de resultados de aprendizaje no mediatizados por una inteligencia artificial que nos adoctrina mientras consume energía a espuertas. Más alumnado matriculado en FP que en la historia pero no demasiada inversión en determinados ciclos o inequidad entre centros y comunidades autónomas. Abundantes iniciativas y premios a la innovación pero poca gestión novedosa que reorganice y replantee procesos obsoletos y onerosos. 

 

Comenzamos el año, y este artículo que pretendía contar dos deseos para sus majestades de Oriente, ha desembocado en una suerte de soflama autoterapéutica. Aún así, mis deseos, o más bien mis propósitos personales para este nuevo año son las siguientes:

 

1. Más tiempo para lo que realmente importa. Quitando las prioridades del ámbito personal y familiar, espero poder dedicar más tiempo a los alumnos por encima de esas otras tareas que poco aportan. Aprender a simular o camuflar ese tiempo que nos roban esas programaciones ficticias o esos certificados para aparentar ante propios y extraños. Nuestra apreciada IA debería librarnos de esas faenas insustanciales, antes de que lleguen esos humanoides que prometen quitar el polvo de la casa, y no solo llevarnos a la mendicidad cognitiva. 

 

2. Lecturas. Además de despotricar de lo que nos quitan las pantallas y de la estulticia que ha contagiado a todos los públicos, hay que poner medios para esa desconexión digital que nunca llega. Competir con las redes o dejar de escrolear se ha vuelto misión imposible. Por todo ello, me prometo más dedicación a esas novelas, cómics o ensayos que aportan algo más que un vocabulario nuevo o entretenimiento. Sin duda, descubrir y amar la lectura seguirá siendo la asignatura pendiente de una educación que decidió tomar otras rutas más vistosas.

 

En fin, espero que vuestros deseos también se cumplan, coincidan o no con los míos. Aún así, estoy convencido de que, pese a la complejidad, embrollo y desnortamiento actual, la gran mayoría seguimos apostando por una Formación Profesional que suponga una etapa educativa vital para transformar las vidas de nuestros jóvenes. Démosles razones para seguir creciendo a nivel personal y profesional en un mundo que parece no ofrecer certezas ni referentes caracterizados por su humanidad y amor por la cultura. 

 

Foto de Yaniv Knobel en Unsplash

FP CHILL

lunes, 10 de noviembre de 2025

 


Este curso me prodigo poco por este espacio personal. No encuentro apenas tiempo para escribir y reflexionar sobre la educación que me ocupa y preocupa, así como tampoco puedo entretenerme compartiendo recursos o lecturas interesantes que pueden ser útiles a otros docentes de FP. Tengo la esperanza de que vuelvan mejores tiempos para los blogs personales, aunque sea de la mano de esa moda retro que ahora se lleva. Tal vez los blogs, el ante y la pana vuelvan a ser tendencia... 

 

Lamentablemente, estamos demasiado enfrascados con el día a día en el aula, elaborando materiales o entretenidos en esa evaluación que tanto esfuerzo requiere. Supongo que la vorágine pasará antes de las Navidades y en enero volveremos a las andadas con las nuevas evaluaciones y toda esa burocracia que conlleva la formación en la empresa o esos ingratos sistemas de calidad. 

 

Muchos andamos trasteando con la inteligencia artificial generativa, con más o menos fortuna, tratando de adelantar con un exceso de velocidad que no suele traer nada positivo. Escribir por cuenta propia parece que pasará a mejor vida. Presentaciones, programaciones, diseño de actividades, o incluso evaluaciones, son presa fácil de esa IA que dicen todo lo podrá. Al final puede también que la imagen del mono tocando los platillos se haga realidad dentro de nuestra cabeza. El tiempo dirá si todo este aceleramiento es sostenible.

 

La sensación, a pesar de esta tecnología facilitadora, es que andamos más ocupados que nunca. Todo ello junto a una juventud más compleja y con crecientes perfiles que requieren una asistencia más personalizada por razones de salud mental u otras circunstancias. El panorama actual solo se puede capear si la dosis de afecto hacia nuestro alumnado no mengua. Corremos el riesgo de que la ansiedad cambie de bando y nos mudemos en empleados de dudosa productividad. 

 

La ilusión puede que sea lo primero que se pierda. Rebajemos el listón en lo que menos importa para centrarnos en lo que más nos motiva. A muchos nos gusta dar clase, conversar con el alumnado y preparar materiales que puedan resultar interesantes. Luego vienen otras ocupaciones que solo tienen sentido si realmente aportan valor a los compañeros y las empresas colaboradoras. Vivimos con el tiempo acelerado y enfrascados en una multitarea y multipantalla donde algunos se autoexplotan (como diría Remedidos Zafra) mientras otros viven confortablemente a costa de los demás. No sé dónde andará el termino medio.

 

Criticamos nimiedades mientras las horas de trabajo aumentan, las horas lectivas no disminuyen o el horizonte laboral se alarga sine die. Vivimos en un sistema de plazos permanente donde no cabe el espacio para el sosiego, la reflexión o una planificación atemperada a esa nueva normativa que ahora nos aprieta. Sabemos despotricar en petit comité; sin embargo, a la hora de la verdad andamos domesticados o resolvemos el envite solicitando una baja médica. Nos podríamos aplicar el modo chill que pregonan los más jóvenes.  

 

Espero, pese a mi optimismo habitual, que no caigamos en la nostalgia de una FP que debe seguir siendo artesana, enmarcada en un mundo digital, y con un profesorado que se adapta por convencimiento propio a una realidad cambiante donde el siglo XX queda ya lejos y donde la prioridad sigue siendo la misma: formar profesionales preparados y acompañar a los estudiantes en su crecimiento personal. No perdamos esa ventaja comparativa de una FP que entusiasma y facilita la vida de nuestro alumnado. 

 

Gracias por tu atención. Esa que ahora tanto cuesta. Nos seguimos leyendo.  

 

Foto de Maxim Mogilevskiy en Unsplash

NUEVO CURSO DE FP: ¿SEGUIMOS CON LOS MISMOS OBJETIVOS?

domingo, 31 de agosto de 2025

 

FP 2025 2026

 

Nuevo curso 2025-2026. Supongo que con distintos ánimos, como no puede ser de otro modo, encaramos cada docente el año académico con dosis de trabajo extra y no demasiado convencidos de las modificaciones iniciadas el pasado curso. Además de los nuevos módulos y la dualización que ahora se completará, andamos sumergidos con nuevas programaciones que debieran suponer ciertos cambios en el enfoque de nuestros módulos profesionales, teniendo en cuenta la intermodularidad demandada y la optatividad al igual que la introducción de la digitalización y sostenibilidad de un modo práctico y no anecdótico. 

 

Además de todo ello, y aunque de momento no parezca una prioridad, la nueva ley de FP también impulsa ciertos aspectos fundamentales para su mejora. Me refiero tanto a la investigación e innovación aplicada, tanto técnica como pedagógica, así como a continuar progresando en el emprendimiento y la internacionalización a través de programas que faciliten su desarrollo sin que sea necesario un sacrificio personal demasiado costoso. Esperaremos a que se hagan realidad y cobren sentido todos esos términos que las normas nos arrojan y que tomamos con mayor o menor acierto desde la intuición o el voluntarismo: evaluación formativa, proyectos o retos, orientación profesional, inclusión, etc. 

 

Personalmente, solamente con reprogramar módulos con las nuevas cargas horarias, añadir nuevas competencias así como tratando de dar sentido y coordinar los proyectos intermodulares, ya tengo suficiente faena. En esas estamos gran parte del profesorado, sin obviar los desafíos diarios a los que nos enfrentamos cada año: mejorar la enseñanza y el aprendizaje, motivar al alumnado, lidiar con la burocracia, actualizar recursos limitados, bregar con las tecnologías, etc. Queda poco tiempo para debates o abundar en la queja como terapia. 

 

Gracias a la profesionalidad docente estas primeras semanas podemos lidiar con todos estos frentes abiertos que dejamos aparcados antes de las vacaciones estivales. Ahora, según me dice la experiencia, es momento de focalizarnos en aquello que consideramos más relevante para nuestro alumnado. A pesar de la normativa o de la organización académica, de esas programaciones oficiales que a muchos atormentan, o de todo el trabajo extra que seguirá suponiendo la dualización de la FP en primer y segundo curso, creo que es necesario centrar los esfuerzos en lo estrictamente necesario para preparar unas clases exigentes y sugestivas. La educación y la transformación del sistema de Formación Profesional no vendrá de las prisas y de los cumplimientos estéticos. Y todos, desde los docentes noveles hasta lo más experimentados, aportamos desde nuestras particularidades y la implicación en esta valiosa profesión. 

 

Este curso deberá suponer un nuevo paso a ese modelo de FP donde el objetivo es mejorar el trabajo que veníamos haciendo a través de competencias actualizadas y en consonancia a los cambios sociales y tecnológicos que se suceden en el mundo del trabajo. La inquietante entrada de la inteligencia artificial, así como los distintos perfiles de alumnado en nuestras aulas, o el exigido contacto con las empresas, son retos enormes que se suman a la tarea básica del todo profesor o profesora: dar clase cada día. Comenzar este nuevo curso con buena cara, a pesar de las distintas circunstancias personales y profesionales que cada uno vive, puede ser más fácil si centramos la mirada en cada uno de los alumnos que retornarán o acudirán por primera vez a nuestras clases. Somos la única tabla de salvación para algunos. No sé si cada vez vienen peores o mejores, pero nuestra obligación es atenderles y ofrecerles oportunidades donde el éxito educativo les sirva de acicate para seguir progresando de forma autónoma. Luego ya despotricaremos.

 

Podría enumerar las múltiples demandas o sugerencias que, desde este espacio personal, llevo anhelando hace demasiados años y que han dado lugar a otros tantos artículos. Desde la necesidad de compartir recursos a través de espacios impulsados y compartidos por las distintas comunidades autónomas y centros educativos, a mejorar e igualar las condiciones laborales del profesorado (carga horaria, salarios, etc.) de las distintas redes públicas y privadas, a diseñar planes de formación del profesorado de FP desde el conocimiento y la investigación educativa, o que la normativa educativa y sus presupuestos se diseñen con la mirada puesta en facilitar al profesorado sus responsabilidades y promover una FP excelente a todo el alumnado interesado. Para todo ello es necesario invertir y que nos lideren equipos con visión de futuro y actitud de servicio.

 

La desesperanza es un tren que se toma muy fácilmente. Transitar a lo largo de cada curso implica un largo recorrido a pie, con algunas cuestas, que es más llevadero si lo hacemos junto al apoyo de los compañeros, el aliento y ejemplo de los equipos directivos y una administración educativa que comunique y planifique con los medios y tiempos que necesita una buena educación. Os deseo un muy buen curso. 


Foto de Nic Low en Unsplash

DESPROGRAMAR LA FP

lunes, 14 de abril de 2025

 

DESPROGRAMAR LA FP

 

Probablemente, este año, la programación de cualquier módulo de primer curso de aquellos ciclos formativos que han sufrido las modificaciones de la nueva ley de FP, debe haber padecido también alguna que otra merma. Ya sea por la dualización de los ciclos, que suele afectar a la mayoría de módulos, o por la variación de la carga horaria. La diferencia radica, como suelen argumentar los críticos al sistema, en la imposibilidad temporal de abarcar los contenidos y las unidades formativas donde aquellos se engloban. Quizás, la costumbre nos marca unos currículos donde lo que figura en el papel nos parece imprescindible o que, con el paso de los cursos, ya hemos interiorizado esa programación como algo no negociable y vital para el alumnado. 

 

También, posiblemente, los estudiantes de FP, durante su formación en las empresas (FE) u organismos equiparados, no alcanzarán todos esos resultados de aprendizaje que, de forma optimista hemos reflejado en su itinerario formativo personalizado y que ahora no trabajarán en las aulas. Y algunos de nosotros, como docentes, tendremos esa mala conciencia de no haber trabajado suficientemente esos RA que ahora, en mayor o menor medida, o de ningún modo, serán adquiridos con ayuda del tutor/a de la empresa colaboradora. El papel y los boletines oficiales todo lo aguantan. Este año, con colocar a todo el alumnado de primer curso, ya nos habremos dado por satisfechos. ¿Quién dirá si falta una parte u otra de ese u otro RA? Tal vez sea el momento de depurar currículos y quedarnos con lo que realmente importa. Así como evitar prácticas insustanciales que no aportan gran valor. 


Pero el sistema, afortunadamente, y a pesar de nuestras rutinas, nos deja hacer y deshacer. Los inspectores educativos suponemos que dejarán pasar estas u otras omisiones. ¿No había que ser flexible? Si queremos adaptarnos a un sistema que aboga por la innovación y un mayor acercamiento al mundo real de la empresa, deberíamos cambiar el chip. Ese chip que ahora es un procesador de última generación con el que deseamos trabajar pero haciendo más de lo mismo y a pesar la engañosa aceleración y dependencia de la IA. Corremos el peligro de perder el tiempo haciendo papeles y ocupándonos de los trámites, mientras no valoramos en su justa medida los aprendizajes que obtendrán los estudiantes gracias a la dualización. Evidentemente, como en cada cambio de modelo, nos toca superar la prueba y el error; ahora tratamos de salvar la papeleta y cumplir ese mínimo que la normativa marca y que tantos desvelos ocasiona. 

 

Me gusta ser optimista. Sin embargo, seguimos con prisas y visión de futuro cuando planteamos unos cambios que deben transformar la FP a corto plazo. Como al principio comentaba, continuamos entendiendo la enseñanza como algo estanco donde lo más importante es cumplir con la programación, un horario establecido  y donde la coordinación a menudo queda como algo impostado y molesto en el quehacer diario. Es difícil transformar una titulación si mantenemos todo constante menos esos RA que repartimos a nuestro aire. La organización académica, junto a unas normativas poco generosas o valientes, no hacen más que demorar ese cambio por el que apuesta la nueva FP. Es momento de trabajo real en equipo y esa coordinación que demandamos al alumnado. Y eso requiere tiempo, estimados docentes. 


Las nuevas formas de trabajo, la digitalización y las tecnologías emergentes, o esas otras competencias que interesan a los empleadores o emprendedores actuales, no son nuestro punto fuerte en la práctica profesional. Disculpad la generalización. Bastante tenemos con resistir los envites del alumnado más desafiante, las nuevas responsabilidades o la incertidumbre que cada curso afrontamos. Y las metodologías, a pesar de másteres y la vacilante formación docente, siguen teniendo mucho recorrido. Al igual que esas evidencias educativas sobre las que ya tenemos un manifiesto de numerosos investigadores. Demasiado bien salen las cosas teniendo en cuenta todos estos obstáculos. Y ahí seguimos enfrascados en esas inercias donde el mejor horizonte se baña en el período vacacional. Nada nuevo bajo el sol...

 

El verdadero hándicap lo vamos a tener con aquellos que se desmotivarán ante tanto vaivén. Si una temida crisis económica no lo esconde (ojalá no la veamos), van a ser unos cuantos los que renuncien a este guirigay que tensiona el ambiente laboral, con sus crecientes bajas, a cambio de ninguna mejora profesional. Van a ser necesarios muchos alicientes y políticas que pongan en valor a los ya motivados para que el sistema no solo se transforme sino que además se mantenga en ese crecimiento sostenido al que nos hemos acostumbrado. Los gestores de personal, y no los burócratas administradores; los innovadores con conocimiento, y no los de las ocurrencias; los previsores atrevidos, y no los complacientes continuistas; son quienes pueden mover este sistema con mucha mano izquierda y los recursos necesarios. 

 

Foto de Andrey Matveev en Unsplash

TIEMPO DE CAMBIO Y DECISIÓN EN LA FP

lunes, 7 de abril de 2025

 

TIEMPO DE CAMBIO Y DECISIÓN EN LA FP

 

A cierta edad te pueden empezar a importar poco ciertos asuntos a nivel profesional. Puedes mirar con nostalgia a esos jóvenes risueños que, sin saber que están en la flor de la vida, se lamentan por el examen de turno o el madrugón habitual. Todavía no entienden que el confort era esto. Sin embargo, a pesar de la edad, hay quienes no nos resignamos con la tarea que se nos encomienda y queremos ver progresar la preparación de nuestro alumnado y los recursos disponibles con mayor celeridad. A pesar de los años, no nos da todo igual. Aunque ahora te sube la tensión o callas para evitar dolores de cabeza.

 

La carrera docente se torna más larga de lo que parece. Si echas la vista atrás, parece que todo ha cambiado mucho, pero no hace tanto que nos preocupábamos por similares motivos: comportamiento del alumnado, burocracia, horas lectivas, materiales, etc. Somos profesionales reincidentes pero el futuro se nos antoja ahora más complejo; las mismas responsabilidades pero nuevas preocupaciones en un entorno donde la normativa todavía no está clara y las interpretaciones ocasionan decepciones. Y ahora, la nueva FP también conlleva conflictos además de esas nuevas tareas que no parecen contemplar todavía la reestructuración y medios necesarios para los centros educativos y sus departamentos profesionales. 


Mantener la moral alta no siempre es fácil. La minoría ruidosa nos ayuda a tomarnos la docencia con un mayor ánimo. Poco se valoran las figuras que, con dedicación y devoción, emprenden proyectos en sus centros educativos como una forma de realización personal e ilusión por la formación profesional. Solo hace falta ver al profesorado que se embarca en los campeonatos (skills) de la FP a nivel autonómico, nacional e internacional. O las iniciativas donde se comparten recursos específicos para la FP con el fin de transformar una etapa que está de moda pero que corre el peligro de convertirse en un lugar de paso. Y los congresos educativos se asemejan a un oasis donde calmar la sed ocasionada por la rutina escolar. 


Está bien empezar haciendo para luego ver qué pasa. Pero, si no entendemos el objetivo que persigue la transformación del sistema de FP, acabaremos con más de lo mismo pero con más faena y desmotivación. Creo que, esa repetida falta de pedagogía, sigue incrustada en el quehacer diario. Las diapositivas y las normativas que llegan con retraso, lo aguantan todo. Si no cambiamos la mirada, tanto organizativamente como a nivel curricular, solo cosecharemos otra FCT ampliada, nuevos módulos por compromiso, una investigación aplicada irrisoria y un cambio metodológico anecdótico. 

 

El panorama mundial cambia. Algunos predicen una vuelta atrás. Habíamos conseguido vivir medianamente bien, y ahora, a pesar de que las posibilidades de empleo son mayores, la precariedad es una costumbre laboral. Si el panorama no cambia, hará falta mucho más compañerismo y menos parcelas protegidas; además de líneas de actuación sensatas para un futuro que está en entredicho. Los clarividentes no se dedican solo a hacer papeles mientras tratan de mantener el status quo. Ni tampoco se empeñan en culpar a las nuevas generaciones o los políticos de turno. Hacen y deshacen. Pero, sobre todo, siguen creando. El papeleo solo agota. 

 

Por suerte, la vida continúa, y la mayoría de jóvenes profesores se aproximan a la docencia con ilusión. No los quememos. No hay nada peor que un docente desmotivado o apalancado esperando, sin iniciativa, a que transcurra el curso sin pena ni gloria. Aunque la cultura escolar y la costumbre no lo faciliten, los profesores somos mucho más interdependientes de lo que creemos; nuestra intensa labor diaria es menos agotadora cuando sabes que cuentas con un compañero, compartes fatigas, y se aporta con criterio y humildad en lugar de poner excusas o mirar solo el interés personal. Y el camino, con más o menos años por delante, se puede volver tortuoso en lugar de cuesta abajo si no lo emprendemos con cierto riesgo, filantropía, reflexión, conocimiento y sin temor al conflicto o al qué dirán. El tiempo proveerá. 


Foto de Noah Silliman en Unsplash

¿PROMOVEMOS EL ACCESO DESDE FP A LA UNIVERSIDAD?

miércoles, 19 de marzo de 2025

 

FP A UNIVERSIDAD

 

Facilitar el tránsito entre las distintas etapas educativas ha sido un acierto. Esta flexibilidad permite a los estudiantes avanzar en sus estudios o tomar nuevas vías que no había considerado por falta de madurez o una situación personal diferente. De hecho, ahora con el nuevo sistema de FP, los distintos grados que se ofertan posibilitan obtener distintos títulos: microacreditaciones (A), certificados de competencia (B), certificados profesionales (C), ciclos formativos (D) y cursos de especialización (E). Un sistema que se ha reinventando con el fin de facilitar el aprendizaje a lo largo de la cada vez más larga y cambiante vida laboral de las personas. Cuestión aparte es fomentar la necesidad o la conveniencia de que los estudiantes de FP, una vez titulados como técnicos superiores, accedan a un grado universitario. ¿Es este el objetivo final de la formación profesional?

 

Una de las razones del éxito de la FP ha venido de la mano de la demanda creciente de perfiles técnicos en nuestro mercado laboral frente a los titulados universitarios. La población sobrecualificada en España alcanza casi un tercio de la la población ocupada. Además, nuestro país arrastra ciertas peculiaridades si nos comparamos con el resto de países de la Unión Europea, tal y como señala el monográfico realizado desde Orkestra - Instituto Vasco de Competitividad y CaixaBank Dualiza:

 

  • Los grados universitarios suponen el 38,3% de los estudiantes matriculado; un porcentaje casi tres puntos superior al de la UE-27 (35,6%) y es uno de los más altos de la UE. En España estas enseñanzas tienen un carácter netamente académico. 
  • Las enseñanzas de Grado Medio tienen un peso en España del 23,9%, de los más bajos de Europa, a nueve puntos de la UE-27 (32,9%). 
  • Los ciclos formativos de Grado Superior tienen un un peso del 16,7%. Dicho peso supera al de los países de la UE-27 que cuentan con dicho nivel (4,5%), en más de 12 puntos. De hecho, España se posiciona como el país de la UE con mayor peso de este nivel educativo. 

 

De este modo, tal y como sugiere este informe, es necesario un refuerzo (inversión y promoción) de los ciclos formativos de grado medio, apostar por la titulaciones de FP de carácter STEM e impulsar esa formación dual que el nuevo sistema exige para fomentar la inserción laboral. Se observa que las tasas de empleo de las enseñanzas de FP en España tienen un amplio margen de mejora respecto de la mayoría de los países europeos. 

 

¿Y por qué nos empeñamos en promover o subrayar el acceso de los titulados de la FP de Grado Superior a la universidad? Sin hacer ningún análisis exhaustivo, podemos señalar distintos motivos: la necesidad de la universidades en captar alumnado en un contexto demográfico desfavorable (a pesar de que la preferencia por cursar estudios universitarios se ha incrementado 10 puntos porcentuales entre la población joven, pasando del 22% en 2008 al 32% en 2022); la falta de prestigio de las enseñanzas vocacionales (FP) frente a los estudios universitarios; y unas altas tasas de empleo juvenil, junto a la carestía en el acceso a la vivienda que frena la independencia del hogar familiar (solo el 14,8% de la juventud española vive fuera del hogar) y empuja a seguir estudiando; y la consideración de la FP como una pasarela para evitar un bachillerato, una EBAU y unas notas de acceso al alza. 


En mi opinión, estamos haciendo un flaco favor tanto al nuevos sistema de FP que queremos impulsar como a un sistema económico que precisa de titulados con una formación técnica vocacional. Realizamos una enorme inversión para formar estudiantes que luego se decantan por otro tipo de estudios; mientras, las empresas que se esfuerzan en formarlos, no encuentran luego candidatos entre estos titulados de grado superior que prefieren continuar en la universidad. Evidentemente, la promesa de sueldos mejores y la facilidad de acceso en la creciente oferta universitaria pública y privada, son buenos reclamos para los jóvenes estudiantes y sus familias que deciden invertir en educación en busca de cierta diferenciación. Entiendo que la idea de atraer a los estudiantes hacia la FP no debiera tener como principal argumento la promesa de unos futuros estudios universitarios. Quizás, nos faltan ejemplos de trabajadores por cuenta ajena o autónomos con una carrera profesional exitosa en su oficio.


La reorganización de la oferta de titulaciones de FP, para evitar duplicidades frente a la universidad, así como una promoción de ciertos oficios, va a ser clave para no convertirnos en centros expedidores de títulos y certificados como un mero trámite para tener una ocupación distinta. Sin duda, todos tenemos el derecho a enfocar o rectificar el rumbo de nuestro recorrido académico y profesional. Aunque la libertad de decisión suele venir mediatizada por la riqueza personal.  Es indispensable revalorizar, tanto desde las empresas (sueldo y condiciones laborales) como desde las familias, a los titulados de FP. Evitaremos la desbandada. 


Foto de ksama en Unsplash

EL RIESGO A UNA BURBUJA EDUCATIVA EN FP

lunes, 10 de marzo de 2025


BURBUJA EDUCATIVA EN FP

 

He comenzado a leerme el libro "Educación universal", escrito por Juan Manuel Moreno y Lucas Gortazar, y de momento me está sirviendo para conocer datos y desmontar creencias personales sobre la situación actual del sistema educativo y de ciertas cuestiones que lo rodean. Próximamente espero escribir una reseña más completa al respecto. Los autores, en este ensayo, nos ofrecen referencias con las que podemos llegar a la conclusión que la universalización de la educación, alcanzando a la mayor parte de la población de los países occidentales o de los llamados países ricos del Norte, puede ser una de las causas de esa supuesta bajada de nivel que aflora en los debates educativos. Sin embargo, como ellos sostienen, la bajada no es tal, sino más bien es una cuestión de cálculo: estamos midiendo un mayor número de estudiantes que avanzan por el sistema y que bajan el promedio; frente a una media anterior donde se contaba únicamente, para medir el nivel, con aquellos que promocionaban de etapa. 

 

En cualquier caso, y teniendo en cuenta esta interesante tesis, no podemos negar que el lucrativo negocio educativo ha introducido muchas malas prácticas en aras a obtener nuevas matrículas o no perder aulas en los centros educativos. Solemos llamar la atención al alumnado en cuanto a esa cultura del esfuerzo necesaria, o una meritocracia mal entendida cuando no se tiene en cuanta el origen y las circunstancias personales de cada estudiante. Gracias al sistema de becas y a una auténtica inclusión educativa se puede, en cierta medida, resolver este tipo de desigualdades. No obstante, a veces no se predica con el ejemplo y se infla esa burbuja de aprobados con tal de no irritar al mal llamado cliente. La lógica que hemos creado nos lleva a poner por delante a la facturación o a la condescendencia frente al aprendizaje y competencias de nuestros alumnos. 

 

No podemos mirar el actual sistema educativo con los mismo ojos que aquellos que cursamos otro tipo de bachillerato, FP o estudios universitarios. Aún así, poner el acento en obtener el mayor número de títulos posibles, frente a una capacitación real, puede acabar detrayendo valor a cualquier certificación o titulación. Todos conocemos las artimañas que tanto jóvenes o adultos realizan para superar cursos online o presentar trabajos con escaso o nulo trabajo detrás con el fin de cumplir con la papeleta. La burbuja educativa, que fomenta la obtención de títulos a peso, engorda los currículums pero nos hace dudar de cualquiera que los acredita. No existe la herramienta que mida el interés real del estudiante durante su aprendizaje, y además, las calificaciones no son consultadas por los empleadores ni son siempre garantía de nada. 

 

Quizás debamos dar una vuelta a estas ansias por titularse a cualquier precio y comenzar a resaltar lo que realmente van a aprender nuestros estudiantes a lo largo de cada curso. Justificar la posesión de titulaciones como una mera criba para ser contratado, no parece el mejor de los criterios si luego queremos estudiantes preparados y amantes de su profesión. Certificar las competencias de aquellos que no pudieron estudiar en su momento es una loable iniciativa; otro cantar es ofrecer acreditaciones regaladas o con un mínimo de exigencia. En la formación profesional, al igual que en otro tipo de estudios superiores, comienzan a proliferar una oferta académica donde se corre el peligro de seguir haciendo crecer esa burbuja educativa donde el valor de lo estudiado no se corresponde a la labor desempeñada. Tal vez las empresas acaben fijándose en otras cualidades antes que en un currículo con diplomas de todo tipo. Incluso, si queremos llevar a cabo una evaluación formativa congruente, deberíamos poner el acento en un auténtico aprendizaje y no en una serie de números enteros con tendencia inflacionista.

 

Morir de éxito es una de las tantas posibilidades que tiene esta FP que nos ocupa. El récord de matriculaciones que cada año se supera no nos debe dejar de contemplar la necesidad de seguir reforzando las etapas educativas donde está el alumnado que supone mayores retos: grados básicos y medios de FP. Dejar que las personas transiten más fácilmente por el sistema, me parece una buena idea. Cuestión aparte es permitir promocionar y ajustar las programaciones y la consiguiente evaluación sin límite alguno. En caso contrario, estaremos haciendo un flaco favor a todos esos estudiantes que tienen la percepción de que se les acabará recompensando por cualquier cosa. A la vez que todo ello supone un agravio comparativo con aquellos que realmente se empeñan y preocupan por su aprendizaje. 

 

Acertaremos en nuestra oferta educativa si apostamos por una exigencia que vaya de la mano de una flexibilidad bien entendida. Apostar por una formación con obligaciones low cost no se lo recomiendo a los alumnos, ni a sus familias ni a aquellos que planifican una oferta académica online o presencial. Ni pagar una matrícula debe conllevar una inflación calificadora ni el temor al enfado por un resultado no alcanzado debe suponer una autocensura en la evaluación de los aprendizajes alcanzados. No hagamos crecer la burbuja. A la larga nos lo agradecerá el estudiante. 

 

Foto de José Fulgencio Orenes Martínez en Unsplash

UNA ENTREVISTA PERSONAL SOBRE LA FP

jueves, 27 de febrero de 2025

Aunque tengo cierto reparo al autobombo, y todavía más cuando el medio es el vídeo, donde no me muevo con demasiada soltura (creo que ya no llego a youtuber), paso a recomendaros esta charla que tuve recientemente con Fernando Soler, profesor de Formación Profesional en la Comunidad Valenciana. En mi caso, escribir en este blog me ha resultado siempre el mejor espacio para trasladar mis reflexiones personales o, simplemente, compartir recursos que me parecen de interés para otros docentes de esta etapa educativa. Fernando, por su parte, y con gran habilidad comunicativa, utiliza su canal de YouTube (Teacher MrSoler) donde principalmente comenta cuestiones normativas sobre la FP o la educación en general. 

 

Como no podía ser de otra manera, Fernando, colega de profesión, tiene sus propias opiniones al respecto de la educación y la formación profesional; en algunas coincidimos y en otras no tanto. Sin embargo, como a la mayoría de docentes, nos unen las ganas de enseñar y hacer un buen trabajo junto a nuestro alumnado. Aquello de "la intención también cuenta" es perfectamente válido para el mundo educativo; el propósito con el que actuamos en el aula, tanto a la hora de tratar a los estudiantes, evaluarles o el afecto que nos mueve, es esencial en nuestra labor educativa. Luego, por supuesto, hay que tener una preparación didáctica y unos conocimientos técnicos que son las columnas de esta profesión. Sin desdeñar la complejidad que supone la docencia o las particularidades normativas que ahora nos preocupan. Además, la ideología y la política nos han acostumbrado en los últimos tiempos a buscar los desacuerdos en lugar de aspirar a esa educación universal que nos hace crecer como sociedad. Pero eso ya es otra historia.

 

En este vídeo, salen a relucir ciertos temas que también trato en mi libro publicado recientemente, y que de alguna manera nos preocupan tanto por los cambios que conlleva la implantación del nuevo sistema de formación profesional, como por las incertidumbres o dudas que arrastramos a la hora de enseñar. Mi visión sobre el alumnado es tremendamente positiva, a pesar de los conocidos pesares, y en nuestras manos siempre queda un margen de actuación con el que podemos influir y mejorar la vida personal y profesional de nuestros jóvenes alumnos. Sobre todo ello, y alguna que otra cuestión más, hablamos durante casi una hora en este vídeo. Espero os guste y podáis aguantar hasta el último minuto, ya que no me prodigo mucho por esos lares... Gracias de nuevo a Fernando Soler por su tiempo. 

 

 



DESEOS PARA UN NUEVO AÑO Y UNA NUEVA FP

sábado, 4 de enero de 2025

 

deseos para un nuevo año y una nueva fp

 

Continuando con los deseos para un nuevo año, y esperando haber colaborado en alguna medida a la compra de regalos en los negocios de las localidades afectadas por la DANA (NO nos olvidemos de ellos, podemos seguir contribuyendo a su recuperación), es ahora tiempo de buenos propósitos. También en la FP, este agitado curso, nos lleva a centrar nuestros ruegos en poco más que cubrir las plazas de formación en empresas para nuestro alumnado de primer curso, a la vez que cumplimos con la próximamente extinta FCT. 

 

Siendo realistas, el sálvese quien pueda parece que será la tónica general en muchos centros educativos. Ya andamos buscando solventar ese nuevo módulo que dualiza toda la FP y que incorpora una formación práctica y real en una empresa con la que alcanzar teóricamente unos Resultados de Aprendizaje (RA) a determinar de una serie de módulos también a determinar; y que en la práctica se está planteando como buenamente se puede según cada titulación, la zona geográfica, y las intenciones y realidad que se respira en cada empresa, organismo equiparado o centro educativo. Sin duda, las prisas no han sido unas buenas acompañantes. La falta de comunicación e incentivos para las empresas u organizaciones colaboradoras son un aspecto a mejorar para impulsar el acercamiento de la FP al mundo del trabajo. Ese sería otro de mis primeros deseos. 

 

También aspiro a que este 2025 nos permita contemplar la evaluación de un modo diferente, y no de nuevo como unas simples líneas de un apartado que ayuda a cumplimentar las a menudo poco socorridas programaciones. El papel y la auxiliadora inteligencia artificial hacen maravillas, pero lo ideal es plantearse una verdadera evaluación formativa. Ojalá. Estoy convencido de que podemos avanzar significativamente el aprendizaje desde este ámbito.

 

Luego vendrían esos nuevos proyectos intermodulares que, parece ser, cada departamento o centro educativo está planteando de muy distinta forma. Aquellos ya acostumbrados a trabajar por retos o proyectos, tienen ahora un modo de recurrir a ese nuevo módulo desde el que se calificará (y evaluará conjuntamente) el trabajo y aprendizajes llevados a cabo. Sin embargo, es preciso incorporar cambios organizativos, así como una formación al respecto, para una implementación más eficaz de este propósito intermodular. Esa cacareada flexibilidad que nos ofrece la nueva FP debiera poder materializarse e implementarse con medios adecuados y desde unas líneas de trabajo bien definidas para evitar el habitual maremagnum y las sucesivas reinterpretaciones de la normativa.

 

Algo similar puede estar pasando con los nuevos módulos de sostenibilidad y digitalización. Podemos convertirlos en las marías de turno, o aprovechar su implantación para ser trabajadas de un modo transversal y con una aplicación real al entorno productivo de cada ciclo formativo. Aquí también las propuestas son diversas, pese a que la carga lectiva no da para lo que exige el currículo básico. No estaría nada mal que se crearan y compartieran materiales específicos para las distintas familias profesionales; y no andar, como es habitual, buscándose la vida para aterrizar un módulo que puede ser más o menos interesante según lo planteemos en el aula.

 

Pese a que la jubilación a muchos nos esperará a los sesenta y siete años, solo pido no perder la motivación para continuar a pie de aula; ni sufrir más pérdidas de poder adquisitivo, ya sea por la inflación o por el incremento de tareas burocráticas que nada o poco aportan a la enseñanza. Tengo claro que los estudiantes van cambiando con los años, no son ni mejores ni peores, pero son siempre un desafío que, según nos lo planteemos te amargan o te inspiran. Mi demanda pasa por mantener esos motivos originales que permiten que nuestra docencia trascienda de algún modo. Espero no necesitar ningún coach ni gurú para ello. Aunque nunca vienen mal los consejos de Alfonso Alcántara:

 

Te sientas como te sientas y pienses lo que pienses, haz lo que debes, cumple con tus tareas y sigue tus planes. Y para conseguirlo tenemos que organizar bien nuestra empresa y nuestra vida profesional para propiciar la iniciativa para mejorar las cosas frente a la pasividad que supone esperar que mejoren.

Todo lo anterior puede condensarse en una petición de tiempo: tiempo para actualizarme técnicamente, tiempo para una formación didáctica de calidad, y tiempo para programar y cumplir esas programaciones con el sentido que la nueva FP nos propone. Un tiempo para dedicarlo a mis alumnos de un modo más personalizado, sin urgencias, para enseñar adecuadamente. Creo que debemos decir basta a esas malditas prisas donde solo importa titularse o certificarse, pasando el aprendizaje a un segundo plano. Dar importancia al conocimiento y alimentar la curiosidad debiera ser una prioridad sobre el resto de asuntos educativos. Aunque, como con casi todo, se comienza con la autoexigencia. En este caso, como nuevo propósito (quitando el repelente gimnasio), toca dejar de perder tiempo en esas redes sociales en las que, por afición y/o profesión, nos enredamos en exceso. 

 

Por último, deseo que mi nuevo libro, "Aprender en la nueva FP", publicado el pasado año, pueda ayudar en alguna medida a otros profesores y profesoras de Formación Profesional. Ojalá resulte de interés. En cualquier caso: mis mejores deseos para todos vosotros en este nuevo año.


Foto de Priscilla Du Preez 🇨🇦 en Unsplash

¿CUÁNTAS TAREAS DEBE TENER UN DOCENTE DE FP?

sábado, 28 de septiembre de 2024

 

 

TAREAS DE UN DOCENTE DE FP

Ahora que comienzan a abrirse las negociaciones para reducir la jornada laboral, me pregunto si realmente esa posible disminución a las 37,5 horas semanales que unos demandan o la condensación del actual horario durante solo cuatro días que otros prefieren, redundaría en una mejora de las condiciones laborales del profesorado. Un reciente estudio confirma que el sector educativo es el rey de las horas extras no pagadas por volumen. En mis más de veinte años de docencia no he visto progreso alguno en relación a la jornada lectiva, mientras que el IPC ha subido más de un 50% y los salarios (contando con los complementos por antigüedad) han subido casi a la par. Por no mencionar a los docentes de la Formación Profesional para el Empleo (FPE) que sufren habitualmente peores condiciones laborales. Y todo ello con la fortuna de adquirir una vivienda en aquella época ya mítica donde los precios y las hipotecas no eran estratosféricos.

 

Puede que nos hayamos vuelto más blandengues, de cristal o afinado la piel (perdón por caer en los discursos comunes). Incluso ahora, cuando lo políticamente incorrecto y el lenguaje crudo parecen no estar mal vistos, a pesar de las cancelaciones, códigos éticos e inclusividad reforzada, las protestas formales no son práctica habitual del personal docente y no docente. Andamos anestesiados. Las quejas, corrillos y yoísmos se ven consolidados con esos otros derechos conseguidos independientemente de esa cultura del esfuerzo cacareada para el otro u otra. Tenemos el pan asegurado, las vacaciones, las bajas, los permisos... independientemente de los resultados obtenidos. Y las motivaciones extrínsecas son escasas o inexistentes.

 

Y el patio se nos complica. Hemos sido solidarios con nosotros mismos a pesar de los abusos; pero, si queremos cumplir con nuestro trabajo (educar) como lo merece el alumnado, es imposible desarrollar con garantías ese listado interminable de tareas y ocupaciones secundarias que crecen cada curso. Si a ello le unes el pluriempleo, los cargos adicionales, los cambios de normativa, los procesos de calidad, etc.: apaga y vámonos. La solución, tal vez muy manida, pasaría por mucho más trabajo en equipo, apoyo a los compañeros y cierta fraternidad; junto a una exigencia solidaria sobre quienes desarrollan las directrices educativas y gestionan los recursos de los que dependemos. Y que se nos pase la anestesia. Slow education o a poc a poc como dicen por mi tierra. Productividad y competitividad son conceptos antipáticos para la razón educativa, pese a que ahora pregonan que la IA resolverá parte de nuestras tareas. ¿No queríamos desmontar las fake news?

 

Ser docente dejo hace tiempo de ser solo dedicarse a la enseñanza. En FP, además de tratar de educar a una juventud que requiere mucha atención, nos puede tocar bregar con un exceso de tareas variopintas que requieren muchas horas de trabajo adicional. A no ser que deseemos seguir disimulando inmersos en esa cultura del copio y pego que nos autoengaña. Y ahí seguimos tratando de enseñar, y además:


  • Tutorizando de forma personalizada
  • Prospectando empresas
  • Atendiendo a padres y madres
  • Gestionando becas e intercambios
  • Probando e implementando nuevas metodologías
  • Adaptándose a las necesidades especiales del alumnado
  • Certificando idiomas, competencias digitales, etc.
  • Innovando a través de proyectos e investigación
  • Diseñando planes de formación en empresa individualizados
  • Alternando en las redes sociales
  • Resolviendo la burocracia: actas, programaciones, convenios...
  • Facilitando el marketing educativo
  • Formando continuamente
  • Gestionando aplicaciones y dispositivos
  • Elaborando materiales propios
  • Etc.

 

Ya solo falta que nos exijamos tener buen tipo y estar a la moda con una camiseta rotulada tipo: "Persigue tus sueños". Los veteranos seguiremos mirando de reojo a los más jóvenes por protestones o insolentes; mientras los principiantes parecen no entender a unas generaciones anteriores que solían valorar el trabajo como un bien muy preciado donde se cultivaban apegos: la eterna lucha intergeneracional donde cada uno brega por lo que le interesa según su momento vital. Y así, mientras unos ven cerca el retiro (pese al panorama de las pensiones) otros observan la vida dando relativa importancia a su empleo. Sin caer en la cuenta de que todas nuestras prácticas acabarán formando parte de un museo etnológico. Pero al menos habremos facilitado la vida a algunas personas. Tiempos modernos que, pese a la monotonía exigente y manejable que sobrellevamos, podrían mutar en cualquier momento.


Foto de Simon Fitall en Unsplash

QUE VIENE LA NUEVA FP

viernes, 2 de agosto de 2024

 


En estas fechas aún quedan lejos los cambios que se avecinan con el nuevo sistema de FP que arrancará sin prórroga alguna el próximo mes de septiembre. El ambiente que se respira, más que de inquietud, parece de narcolepsia, y esperando que venga lo que sea esté por llegar. ¿Para qué sufrir de antemano? No sé si estamos ante la calma antes de la tormenta o será la tormenta que viene la que precederá a una anhelada calma. 

 

Entiendo que es imposible haber hecho los deberes en cuanto a las nuevas programaciones, los cambios en las cargas horarias, la introducción de nuevos módulos y, sobre todo, coordinar internamente cada ciclo formativo con el sentido que la nueva FP pretende dar a las titulaciones. En teoría, deberíamos centrarnos en actualizar competencias y seleccionar resultados de aprendizaje; y de paso, colaborar con las empresas en ese proceso de dualización desapacible que nos espera. ¿Quién lo tiene todo resuelto? Me temo que no quedará otra que transitar al menos estos dos próximos cursos entre inseguridades y errores. Esperemos que la administración sea algo más ágil y visionaria de lo que hasta ahora ha demostrado. No sé si será mucho pedir. 

 

Algunos habrán hecho parte de sus deberes antes del verano; tal vez como una obligación y trámite pero con escaso convencimiento sobre los cambios que vienen. Como es habitual, la falta de comunicación también entorpece el sentido de unos cambios que en algún momento teníamos que asumir. No ya por salir de la dichosa zona de confort, sino para que la Formación Profesional avance en una mercado laboral competitivo y en una oferta educativa donde se están comenzando a quebrar los antiguos paradigmas por distintas razones: oferta privada creciente, titulaciones universitarias de todo tipo, proliferación de másteres, variedad de certificaciones, nuevos perfiles de alumnos, etc. 

 

Otros tantos, quizás, están todavía hojeando manuales o recomponiendo materiales ante la que parece va a caer. Sabedores todos de que el tren ya nos ha pillado y que, aunque dejemos la sombrilla en casa, el mes de septiembre vendrá seguro con borrasca independientemente del cambio climático. Lo que es seguro es la necesidad de afrontar todos estos cambios y trastornos con la mayor entereza posible y pensando siempre en continuar dando la mejor formación a nuestro alumnado. Es preciso, pese a la falta habitual de recursos, no caer en transformaciones cosméticas que nada aportan y solo buscan contentar a una mayoría. Seguramente, es ahora el momento, pese a que no lleguemos a todo, de replantear programaciones y métodos, aunque sea imposible alcanzar todo el temario o actualizar los contenidos y competencias. A todo no llegamos. Y la IA no tiene la respuesta en esta ocasión.

 

Al menos, el tiempo que nos queda de vacaciones, no lo llenemos de desesperanza, agobio o un estrés anticipado. Es fácil decirlo y escribirlo. Y, a sabiendas de que cada uno tenemos distintas situaciones personales, motivos por los que nos dedicamos a la enseñanza o personalidades diversas, todos sospechamos de la incertidumbre. Seguro que la experiencia acumulada, la colaboración de los compañeros y la intensidad (de todo tipo) que nos dan los alumnos, nos hacen sobrellevar un chaparrón que acabará pasando.


Pasad buen verano.


Foto de Matt Hardy en Unsplash

LA NUEVA FP: LECCIONES DEL PASADO

martes, 19 de marzo de 2024

 


 

La FP tiene una larga historia. Podríamos remontarnos a los neandertales con su enseñanza especializada en el proceso de tallado de piedras; o a esos primeros proyectos (progetti) del siglo XVI donde el alumnado diseñaba planos y calculaba costes de posibles construcciones:

Así que al cuerpo docente se le ocurrió proponer una tarea compleja que permitiese al alumnado mantenerse vinculado con el currículo. Esta tarea debía ser tan real como fuese posible, pero con el grado de reto necesario para fomentar/exigir el estudio y la superación constantes.

                                                                                "La educación es otra historia" Fátima Mª García Doval.


Sin embargo, la FP es una etapa educativa poco mitificada que ha avanzado enormemente y en un escaso periodo de tiempo: tasa de matriculaciones creciente, variedad en la oferta de titulaciones, recursos disponibles (becas, tecnologías, digitalización), nuevos centros de FP, etc. En los últimos años, hemos pasado de una FP destinada básicamente a estudiantes abocados al fracaso escolar, a ser una opción donde caben todo tipo de perfiles que buscan una vía de acceso al mercado laboral o para aquellos que no encuentran el estímulo personal suficiente en otras etapas más académicas. Afortunadamente, ya no miramos con añoranza esas otras épocas donde la FP se dirigía casi únicamente a un tipo de alumno con unas circunstancias personales o sociales vulnerables. 


Lejos quedan los años 70 del siglo pasado, donde la FP1 y la FP2 nacieron como el primer intento de conectar formalmente la FP con el sistema educativo. Tanto entonces, como después con la LOGSE en los años 90 del siglo XX, se consiguió aumentar el número de estudiantes que optaban por la FP al finalizar la educación obligatoria. Todo ello, a pesar de los cambios que supusieron pasar de una FP más academicista y poco vinculada a las necesidades del sistema productivo a otra de carácter modular donde la formación en las empresas ha sido un factor determinante. La creación de los ciclos formativos con la LOGSE y la LOE trajo muchas necesidades de adaptación tanto del profesorado (ahora más especialista) como de la forma de trabajar en el aula a través de contenidos y competencias diferentes (desaparecieron las asignaturas tipo matemáticas, física y química, lengua española, educación física, etc.) Sin contar con las mil y una modificaciones en cuanto al acceso o promoción a otras etapas educativas o entre los distintos ciclos de grado básico, medio o superior. Las facilidades para promocionar o transitar entre etapas era más restrictiva.

 

De cualquier modo, todavía continúan ciertas reticencias en las familias para optar por la FP en lugar de por otros estudios (bachillerato o universidad), pero, sin duda, nada que ver con el escenario que hace poco más de veinte años afrontaban los jóvenes. No podemos negar que la FP ya no es solo una moda y que el esfuerzo inversor ha dado su resultados tanto a nivel de promoción como con la creación de nuevas plazas. A pesar de que seguimos 10 puntos por debajo de la media de la UE en estudiantes matriculados en FP. La oferta de plazas acabará reordenándose por una simple cuestión de eficiencia económica; ya sea por el aumento de la oferta privada como por la ausencia de estudiantes en determinados perfiles técnicos muy demandados por las empresas. Una eficiencia que debe mirar siempre de reojo el contexto de cada territorio y cada centro educativo. 


Ahora, con la nueva FP a las puertas, y con la consiguiente preocupación que conllevan los cambios sustanciales que nos depara, deberíamos mirar con cierta perspectiva esa FP de la que venimos. Tal vez sería necesario hacer un ejercicio realista de recuerdo; buscar el testimonio de esos pocos profesores que aún quedan y que anduvieron dando clase en esa FP1 y FP2 y que transitaron hacia los ciclos LOGSE o los actuales LOE con mucho esfuerzo. Quizás su memoria, junto a los datos que tenemos de cómo han evolucionado nuestros estudios y la inserción sociolaboral que ahora ofrecen, nos ayudarían a plantear con más optimismo una nuevo sistema de FP que debiera acercar aún más el mundo profesional a la escuela. Todo un desafío con la dualización integral que se asoma a la vuelta de la esquina.

Lo genuino no es agachar las rodillas para reverenciar y añorar imperios extintos o conceptos inamovibles, sino usarlas para caminar y avanzar. 

                                                                                                     Irene Vallejo. El País.10 de marzo de 2024

 

Parece que acabaremos añorando ese confort del que nos pedían repetidamente salir. La clave: seguir trabajando por el bien del alumnado. 


Foto de Meizhi Lang en Unsplash

INFOGRAFÍA: LA NUEVA FP

sábado, 9 de marzo de 2024

A raíz del artículo en este blog sobre los nuevos currículos y módulos de la nueva FP que llegará a nuestras aulas a partir del curso próximo 2024-2025, os dejo aquí con la siguiente infografía donde se resumen brevemente los cambios más sustanciales que se prevén. A falta de la ordenación que está por publicar y concretar desde cada una de las comunidades autónomas.

 

Lo que el nuevo sistema de Formación Profesional nos anticipa son muchos cambios a nivel organizativo, horarios lectivos, mayor flexiblidad y, esperemos, más recursos para preparar y actualizar los módulos.

 

LA NUEVA LEY DE FP


LOS FUTUROS CURRÍCULOS Y MÓDULOS DE LA NUEVA FP

domingo, 3 de marzo de 2024

 

nuevos currículos y módulos de FP

 

Los borradores de los nuevos currículos de los grados básicos, medios y superiores ya van cogiendo forma, al menos para el ámbito del Ministerio de Educación, FP y Deportes. Es decir, para Ceuta y Melilla ya podemos ver cómo quedarían los currículos de ciertas titulaciones de Técnico Básico, Técnico y Técnico Superior, pertenecientes al grado D del nuevo sistema de Formación Profesional. En las próximas semanas deberíamos conocer cómo quedan estos nuevos currículos en cada una de las comunidades autónomas de España. Iremos con la lengua fuera, como es habitual. 


En los siguientes borradores de las correspondientes órdenes ministeriales, actualmente en audiencia e información pública, ya podemos intuir como quedarían organizados ciertos aspectos referentes al currículo, al profesorado, espacio y equipamientos, modalidades de enseñanza y el periodo transitorio hasta la implantación total de la nueva FP en todos los centros. En principio, se indica que los resultados de aprendizaje y los criterios de evaluación de los módulos profesionales que componen cada título permanecerán igual. Sin embargo, aquí viene lo interesante, el profesorado tiene libertad a la hora de proponer nuevos contenidos: "Corresponderá a los equipos docentes la actualización de los contenidos en las programaciones didácticas." 

 

En teoría deberíamos adaptar estos currículos a nuestro entorno (lo que buenamente solemos hacer ahora en cierta medida) en función de las peculiaridades socioeconómicas y laborales de cada centro educativo y en función de su ubicación geográfica. Lo bueno, vendría con la libertad para desarrollar estos currículos y organizarlos a conveniencia, gracias a la autonomía pedagógica de cada centro educativo tras su aprobación oficial correspondiente. La coordinación y organización académica cobran mayor importancia si realmente queremos ofrecer una formación adaptada al contexto en el que trabajamos.  


En el citado borrador, de un modo algo genérico, se contempla además la potenciación de "la cultura de prevención de riesgos laborales en los espacios donde se impartan los diferentes módulos profesionales y proyecto intermodular, así como promoviendo una cultura de respeto ambiental, la excelencia en el trabajo, el cumplimiento de normas de calidad, la creatividad, la innovación, la igualdad de género, el respeto a cualquier diversidad, la promoción de la igualdad de oportunidades, el «diseño para todas las personas» y la accesibilidad universal, especialmente en relación con las personas con discapacidad." Al igual que se apuesta, de momento sin concreción alguna, por los proyectos de innovación e investigación aplicada, de la  mano de un aprendizaje basado en retos conectados con el entorno profesional de cada sector. Tampoco sabemos como se articularan esas nuevas metodologías que menciona que deberán estar adaptadas al estudiante y basadas en el autoaprendizaje, que permitan de algún modo al alumnado la conciliación con otras actividades. 

 

La duración de los currículos, con algunas excepciones, será la misma: 2 000 horas con carácter general. Pero habrá que ver las posibles ampliaciones de las administraciones autonómicas. Tal vez, uno de los aspectos críticos vendrá con la reorganización de los módulos, con cambios en las cargas lectivas y nuevos módulos que modificarán los títulos en primer y segundo curso. A nivel didáctico será complicado lidiar con módulos de una sola hora de duración semanal (Digitalización, Sostenibilidad y Proyecto Intermodular) que no ayudan demasiado a la hora de trabajar desde cada ciclo de un modo más integral junto con el resto de módulos que forman parte del título. Bien sabemos que en una sola hora, en las enseñanzas presenciales, no se pueden abarcar muchos contenidos ni experimentar demasiado con metodologías innovadoras. El tiempo en el aula vuela.

Respecto a la evaluación también se establece una diferenciación relevante a través de dos opciones: podemos evaluar por resultados de aprendizaje (sin diferenciar los módulos profesionales) o evaluar por módulos profesionales junto al proyecto intermodular (como se viene haciendo comúnmente hasta ahora). Opciones que vienen a reflejar la realidad actual de algunos centros educativos más innovadores en cuanto a su organización modular y prácticas metodológicas. 


También son muchas las novedades en relación a la oferta bilingüe, donde se contempla un mínimo de horas de Inglés profesional, así como se señalan aquellos módulos que son susceptibles de ser impartidos en inglés o francés durante los dos cursos de cada ciclo. Asimismo, se confirma quienes podrán impartir docencia en los módulos bilingües (con un B2 sería suficiente). Y se incluyen hasta tres horas lectivas para la preparación de los módulos que se ofertan en inglés o francés (al menos un módulo cada curso en la oferta bilingüe). 

 

En relación al nuevo Proyecto Intermodular, contará con una hora lectiva semanal, y deberá ser proyectado para trabajar grupalmente a través de retos que incluyan resultados de aprendizaje de todos los módulos profesionales. Se seguirá incluyendo una presentación oral y una calificación individual, a pesar de su realización a través de grupos de trabajo. 

 

Respecto al módulo de Inglés Profesional se añade un Inglés Profesional II en el segundo curso de algunos ciclos formativos. Igualmente habrá una parte de optatividad a través de un módulo anual o dos módulos cuatrimestrales de las siguientes temáticas:

  • Profundización en Digitalización aplicada a los sectores productivos.
  • Profundización en Sostenibilidad aplicada al sistema productivo.
  • Profundización en Inglés profesional.
  • Proyecto en Iniciativa empresarial y emprendimiento, que incluya el emprendimiento colectivo en economía social.
  • Segunda lengua extranjera profesional.
  • Módulos de diseño propio por parte de los centros.
  • Formaciones no formales que con carácter gratuito y generalmente on-line y certificadas.

 

Respecto a la formación en las empresas (la actual FCT que desaparece) ya sabemos que todos los ciclos se impartirán en régimen dual (general o intensivo) con prácticas durante los dos cursos de cada titulación. En el régimen general, que será previsiblemente el más habitual, se desarrollará la dual durante 8 semanas en el primer curso (240 horas entre marzo y julio) y en 9 semanas durante el segundo curso (260 horas entre enero y marzo). Y contemplará al menos el 10% y el 20% de los resultados de aprendizaje de los módulos. 

 

Otro aspecto relevante hace referencia al profesorado de los nuevos módulos de Sostenibilidad aplicada al sistema productivo y Digitalización aplicada a los sectores productivos que serán impartidos preferentemente por el profesorado de las especialidades cuyos módulos profesionales estén
vinculados a unidades de competencia. Esperemos también que estos nuevos módulos, con la escasa carga lectiva antes mencionada, se pueden trabajar contenidos y competencias de un modo riguroso y sirvan de paso para la actualización del profesorado especialista en estos dos ámbitos. 

 

Veremos si, según contempla la nueva Ley de FP, el próximo curso 2024-2025 tenemos tiempo suficiente para afrontar un reto que va a conllevar muchos cambios a nivel organizativo. Ojalá no caigamos en el error de afrontar la modernización del sistema de Formación Profesional como una mera carga burocrática y seamos capaces de aprovechar la flexibilidad a la que alude esta nueva FP a la hora de programar los módulos y reestructurar los ciclos formativos. Va a ser un largo e intenso camino.

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