CÓMO VALORAN LOS ALUMNOS AL PROFESORADO DE FP

jueves, 16 de junio de 2022

Las encuestas de valoración del profesorado que los alumnos llevan a cabo en algunos centros educativos a lo largo de sus estudios deben ser cogidas con pinzas. No quiero decir que no tenga validez alguna, pero sí que hay que relativizar sus apreciaciones sobre la docencia del profesor. Pueden ser un instrumento eficaz para detectar carencias personales o como un material útil para ser contrastado y conversar con el alumnado. 

 

Las valoraciones cuantitativas, donde el profesor/a recibe una nota númerica en distintos ítems, requiere una capacidad de abstracción del estudiante que raras veces sucede. Habitualmente, por simpatía personal o cercanía, se califica númericamente igual en todos los aspectos a un mismo docente; ello parece implicar que no hay un proceso de reflexión intenso, sino más bien una mayor o menor afinidad personal o satisfacción con las notas obtenidas. Esa cifra, al igual que ocurre con las calificaciones de los estudiantes, no es una medida exacta de nuestro desempeño profesional. 


Por otro lado, las valoraciones cualitativas suelen tener una mayor utilidad si se describen las posibles mejoras o aspectos negativos que se observan en la docencia. Útiles si van más allá de la crítica personal o si descontamos el poco "feeling" que a veces padecemos con ciertos grupos. En mi opinión, creo que deberían realizarse más encuestas que equiparen la importancia de la esta parte cualitativa con la cuantitativa; donde el estudiante pueda expresarse con libertad y tiempo suficiente bajo un anonimato voluntario y antes de recibir sus calificaciones personales.

 

cómo valoran los alumnos al profesorado de fp

 

Al igual que no todo el profesorado evalúa por igual las acciones formativas que recibe, por motivos distintos (idoneidad, temporalización, actitud personal, experiencia, etc.),  muchos estudiantes tampoco reflejan siempre adecuadamente las debilidades de nuestra docencia o no son capaces, dada su escasa experiencia o inmadurez, de evaluar profesionalmente a un formador/a. En Formación Profesional, con el alumnado de mayor edad (ciclos formativos de grado superior) es más fácil que esa valoración sea más fiel frente a alumnos más jovenes de otras etapas (ciclos formativos de grado medio o FP básica).


Las encuestas de valoración son también un instrumento que puede servir de toque de atención o recordatorio de algunos aspectos que, habitualmente, sabemos que podemos perfeccionar. Con un poco de autocrítica todos seríamos capaces de renovar y transformar esas prácticas que entendemos tienen margen de mejora. Al finalizar el curso bastaría con preguntarnos honestamente: ¿Qué no me ha funcionado en el aula? ¿Qué problemas he tenido con mis alumnos o compañeros? ¿Qué carencias tengo a nivel técnico y de actualización profesional? ¿He crecido y me he desarrollado profesionalmente de un modo formal o informal? ¿Estoy satisfecho/a con mi desempeño? Preguntas que también podríamos hacer en petit comité sin prejuicios ni reparos.


El problema de las encuestas no son las opiniones, más o menos fiables, de nuestros alumnos. El obstáculo se manifiesta cuando no sabemos interpretar esas encuestas, no tenemos espíritu crítico o no se diseñan convenientemente para resaltar nuestras cualidades positivas o aspectos a mejorar. Creernos estupendos y don perfectos, al igual que sufrir el "síndrome del impostor", puede ser igual de nocivo. Tampoco conviene tomarse de un modo personal algunos comentarios dejados en las encuestas que no son siempre pertinentes.


Al final, una buena conversación con tus estudiantes, sobre qué mejorar, añadir, quitar o cambiar en el aula, sobre nuestros métodos, reglas o procedimientos, e incluso sobre nuestro trato personal; puede ser lo suficientemente rica para evitar encuestas que confirman encuentros y desencuentros, deficiencias o aciertos personales. Pedir valoraciones para no progresar, en una profesión que no suele entender de trabajo y salario por objetivos, es una faena estéril. Medir la calidad de la docencia es una tarea compleja que conlleva múltiples matices y que cada curso maneja variables distintas; lo que a veces implica que no podamos comparar las encuestas de un año a otro. Encuestas que habría que rediseñar más a menudo para que tengan esa utilidad buscada.

 

Si cumplimos con nuestras programaciones, si tratamos convenientemente a los alumnos, si somos puntuales, si actualizamos nuestros materiales y metodologías a las demandas de nuestro sector profesional, si colaboramos con el equipo docente o si mantenemos una actitud constructiva y congruente con nuestras reclamaciones, pueden ser acertadas cuestiones para comenzar una autoevaluación que acompañe a esas encuestas en las que nos valoran los alumnos y que no tienen porque ser indicativas del complicado ejercicio del docente.

 

Foto de Nguyen Dang Hoang Nhu en Unsplash

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