NO DIGITALIZAR SIN ANTES LEER...

jueves, 7 de julio de 2022

Perdonad mi lata habitual sobre la lectura y el fácil juego de palabras con el que titulo este artículo. Pero no hay día que no deje de asombrarme por los miles de millones de euros que se están repartiendo para digitalizar empresas así como formar futuros empleados con las competencias digitales que ya se precisan en el mundo laboral. Sin olvidarnos de la fiebre certificadora que caerá como una losa en muchos centros educativos que ya se están poniendo en remojo; tan solo hace falta echar un vistazo a las competencias digitales educativas que los alumnos, los docentes y los centros tendrán que adquirir en los próximos años.

 

No voy a ser yo, mindundi responsable de las TIC en un centro de FP, quien cuestione la necesidad de formar a profesores y alumnos al respecto. Ser un analfabeto digital tiene demasiados inconvenientes hoy en día; tanto a nivel personal como profesional. Estamos abocados a gestionar digitalmente cualquier trámite con la administración pública, con las entidades financieras e incluso para compartir por bizum la cuenta de unas cañas o felicitar a tu hermano por wasap. Estamos enredados; en el peor sentido de la palabra. 

 

Porque el analfabeto clásico, ese que no sabe leer ni escribir, hace tiempo que pasó a mejor vida gracias a la educación obligatoria a la que todos tenemos derecho. Debí haberme encontrado al último joven iletrado en el año 1998 durante mi servicio militar. No obstante, estamos en tiempos de "infocracia",  donde nos creeemos más libres que nunca gracias al derroche informativo que sufrimos, las noticias cada vez más insustanciales, los titulares sesgados, la necesidad de estar al tanto de lo último de lo último y la manipulación de los bots, las cookies y esa perversa inteligencia artificial manoseada por los humanos; es ahora cuando más falta hace saber leer, pero no solo entre líneas, sino también de un modo reflexivo y como un modo de parar ese reloj vital que parece estar en una cuenta atrás acelerada y permanente. Leer para disfutar, desconectar, aprender, vivir, soñar, pensar, criticar o simplemente para ir al baño. Al menos en este último caso la mayoría es aplastante: 9 de cada 10

 

no digitalizar sin leer antes...

 

Porque pese a que los compradores de libros crezcan, así como los lectores frecuentes por ocio, en España más de un tercio de la población no lee nunca o casi nunca (Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2021). Las iniciativas públicas y privadas con planes para el fomento de la lectura y fantásticos premios parecen oasis en la realidad educativa y entre los debates más o menos acalorados sobre cuestiones pedagógicas. Planes lectores que parecen el capricho de unos pocos que venden cuando se publican pero que no se sostienen sin la implicación de toda la comunidad educativa y mediante una comunicación intensa y una inversión generosa. Al igual que hemos puesto a la FP de moda, tras décadas de menosprecio, y al igual que nos digitalizaremos por narices y por la cuenta que nos trae, ya es hora de animar con fervor a la lectura, incitar a comprar o tomar prestados los libros, incentivar el crecimiento de las bibliotecas y sus usuarios o estimular a la lectura como una forma de ocio compatible con los entretenimientos digitales que tan fácilmente nos abducen. Ojalá las metodologías activas, tan de moda en la formación docente, tengan siempre algún libro como eje o soporte de las mismas.

 

Por eso, digitalizad todo lo que creáis conveniente, pero dad la vara e insitid a quien corresponda en vuestros claustros, las ampas, los atrevidos grupos de wasap de padres y madres, corrillos de colegas, comidas familiares, reuniones en las consejerías y departamentos, y donde sea; sobre la necesidad de crear proyectos, invertir dinero y respirar la lectura en los centros educativos como algo natural, sin imposiciones, y como un modo de ser más rico (al menos de espíritu). Hagamos algo para enderezar esa curva de jóvenes lectores que, a partir de los 14 años, desciende significativamente. Seguro que por el camino arrastramos a otros tantos adultos, compañeros, amigos y familiares, que dejaron de lado la lectura por otra compañía más facilona. De momento, siempre nos queda idear y buscar recursos para lograr que esa atracción por los libros deseada de boquilla por todos pero que requiere un compromiso duradero de cada uno de nosotros.

Foto de Mariana Vusiatytska en Unsplash

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