15 recomendaciones de inicio de curso para docentes de FP

lunes, 31 de agosto de 2026

 


 

Parece que fue ayer cuando comenzábamos las envidiadas vacaciones escolares. Pero de golpe y de pronto ya estamos de nuevo con el curso en ciernes. Con la edad relativizas los inicios, los cambios o las nuevas y viejas cantinelas que vienen a prometernos un futuro mejor para no sabemos quién. Pero lo cierto es que unos días volveremos a estar dentro de un aula, habitualmente solos ante el peligro, tratando de que ese desconocido grupo de jóvenes saquen algo de provecho a nuestras clases y tengan un futuro mejor. A pesar del antiguo, nuevo o venidero sistema de Formación Profesional de turno. 


Si ayer fue internet, el coaching, las tablets, el bi-trilingüismo, el mindfulness, la gamificación, la realidad virtual o cualquier otra moda más o menos pasajera; hoy seguimos embobados con el uso de la inteligencia artificial o perdidos ante una diversidad que afrontamos cuatro herramientas de ir por casa. Pero el foco sigue (o debiera seguir) en cómo hacemos para que nuestro alumnado aprenda más, se interese por seguir aprendiendo por su cuenta y sean personas autónomas sin dejar de lado los valores comunes que nos representan como sociedad. En mi opinión, el resto de objetivos, herramientas o particularidades son secundarias.


Junio ya queda muy lejos y esas programaciones didácticas habrán quedado en el olvido de una carpeta virtual que ahora toca rescatar para cumplir con la legislación vigente; mientras para unos será un paripé a disimular lo mejor posible otros buscarán que tengan cierto sentido esos resultados de aprendizaje a alcanzar. La conversación en la sala de profesores de nuevo se derramará en torno a esos documentos que quedan por presentar. Y quizás, la charla, pese al recurrente síndrome postvacacional, podría girar sobre qué hacer estos primeros días, cómo afrontar el curso, qué recursos compartir o simplemente escuchar y conocer que hacen otros compañeros que por experiencia o conocimiento, tienen ideas interesantes que podemos trasladar a las aulas con cierta evidencia. 


Tomando como ejemplo los consejos para docentes que cada semestre publica Paul Bloom, psicólogo y profesor en la Universidad de Yale, comparto aquí los míos propios adaptándolos a mi experiencia en FP y reconvertidos en quince:


1. Entusiasmo. Mostrar las ganas de enseñar es una aspecto clave que trasmitimos desde el primer día de clase y que ayuda a captar la atención del alumnado. Las circunstancias personales de cada docente pueden marcar este entusiasmo, así como el carácter de cada uno, pero la profesionalidad nos exigen esas ganas (a veces simuladas) que flaquean en algunos momentos del curso. Algo de actuación siempre viene bien... 


2. Confianza. Actúa en el aula con seguridad, a pesar de que no controlemos todo el temario y muchas cosas se nos escapen. La soberbia es mala compañera y hay que morderse la lengua a menudo, siendo sabedores que siempre habrá quién desee retarte por razones propias de la edad. 


3. Variedad en el aula. Está demostrado que utilizar distintos recursos, herramientas, metodologías o formas de enseñar, siempre es una buena idea para captar la atención del alumnado. La lucha contra las distracciones digitales es ardua, y, como señala James M. Lang en uno de sus libros: 


Dentro del aula, tenemos la oportunidad de ofrecer a los estudiantes otro tipo de experiencia: una en la que se involucren plenamente unos con otros y con las experiencias que hemos creado para ellos, llevando a sus cerebros a esos espacios inesperados y poco familiares que propician nuevos aprendizajes.

 

4. Invitar a otros profesionales. La FP necesita un contacto permanente con personas del sector o de otras áreas de interés que trasciendan a nuestra labor docente. Salir del aula o recibir a exalumnos, empresas u otros perfiles profesionales, es siempre enriquecedor y otro modo de romper esa monotonía antes aludida. 


5. Selecciona. No abarques demasiado. Un error frecuente es tratar de cumplir con todos ese listado ingente de contenidos, resultados de aprendizaje y criterios de evaluación que, más que ampliarnos las posibilidades nos limitan al tratar de alcanzarlos aunque sean de refilón. Es más sensato profundizar en aquellos aspectos que consideramos más relevantes y que acabarán determinando un aprendizaje más memorable. Una buena sesión de clase se distingue por unos pocos y claros objetivos propuestos de antemano. 


6. Muestra tu personalidad. Como he mencionado en algún que otro artículo de mi blog personal, todos tenemos nuestras particularidades como personas. Destaca en el aula aquello que te diferencia como ser humano como un modo de conectar con el alumnado. Tanto tu carácter como las aficiones o intereses personales son un buen modo para dar clase cada día.


7. No te excedas preparando materiales o diseñando una clase. A menudo pequeños cambios nos cuestan demasiado tiempo y debiéramos preguntarnos si merece la pena dedicar horas a ello en lugar de investigar, formarnos, atender a alumnos o leer sobre asuntos técnicos o pedagógicos.


8. Ante alguna cuestión planteada en el aula siempre resulta más valiosos reconocer que desconoces la respuesta antes que inventártelo o salir por peteneras. Un simple: "Lo investigo y lo comentamos en la próxima clase".  La arrogancia es mala compañera.


9. Haz preguntas a menudo y de forma aleatoria y no pidas voluntarios. Una forma de evitar que sean los de siempre los que participan (aquellos que levantan la mano) y favorecer la participación de todo el alumnado es lanzar preguntas a estudiantes concretos al azar y echando mano de la lista de clase como modo de recordar sus nombres y que se vean asimismo interpelados y reconocidos. 


10.  Nunca conviene hacer sentir ridículo a un alumno por preguntar, aunque la pregunta esté mal formulada, sea irrelevante o no tenga mucho sentido. Mejor redirígela con tacto, preservando la confianza y la disposición del estudiante a participar. O te cogerán una manía difícil de despegar...


11. Utiliza siempre que puedas ejemplos de la vida real, tanto a nivel profesional como técnico, para explicar cualquier concepto o procedimiento. La FP debe seguir distinguiéndose por ese acercamiento a la realidad profesional en lugar de caer en un exceso de teorización no acompañada de aplicación práctica. 


12.  Conversa. Habla de tu vida e interésate por la de tus alumnos al entrar en el aula. No se trata de contar intimidades o no respetar la privacidad; es una forma de demostrar tu interés y conectar con ellos más allá de un temario y durante unos instantes.


13. Toma notas y anima a que las tomen tus estudiantes. Mejor que publicar tu presentaciones antes de explicar un tema, anima a que estén atentos y añade comentarios a tus diapositivas que las enriquezcan de algún modo para que así sea útil esa escucha a la par que les vas cuestionando (aleatoriamente) durante la clase. De otro modo, solo necesitarán tus apuntes o el libro de texto. 


14. Adaptación. Evidentemente, la edad, el tipo de grupo o el módulo, influyen en nuestra labor docente y debemos adaptarnos a ellos. Cada curso es una lotería y no hay recetas infalibles para acertar. La paciencia desde la empatía y la exigencia son buenas papeletas. Y cuando no puedas más: desahoga las penas a tus compañeros (o escríbelas en un blog o diario...).


15. El objetivo de la clase debe ser el aprendizaje de los estudiantes, no lucirse como profesor. Nuestra profesionalidad también se mide cuando no perdemos el tiempo en asuntos irrelevantes o dejamos sin control las sesiones de trabajo. Caer bien es más o menos fácil, pero saber enseñar tiene su miga.  


Os deseo un muy buen inicio de curso.  

 


Foto de Dominic Kurniawan Suryaputra en Unsplash

TU HERENCIA EDUCATIVA

viernes, 31 de julio de 2026

 
 

Con el mes de agosto pisándonos los talones, poco queda por decir de este curso pasado. Para variar casi no ha dado tiempo a reflexionar sobre el trabajo realizado en el aula y siempre queda ese sinsabor de que más se podría haber hecho de cara al curso que esta por venir. Incluso estas líneas son fruto de las escasas ideas o propósitos que ahora mismo tengo en mente. O de la falta de orden de estas mismas o de la ausencia de inspiración cuando te alejas del aula o dejas de leer sobre asuntos educativos.

 

Entiendo que la mayoría de los docentes andamos en estas fechas en otros menesteres poco profesionales. Con la excepción de aquellos que, por sus cargos, todavía andan bregando con la planificación y esas normas que se apuran para no perder la costumbre. Y el tiempo pasa demasiado veloz. En la vida, como en la educación y en el trabajo, importa más el hacer que el decir. Acostumbramos a divagar demasiado y concretar poco esas ideas o propósitos que rumiamos constantemente. O, en su defecto, cargamos lamentos constantes en busca de un horizonte mejor que nunca llega o nos desesperamos por una gestión ineficaz de un sistema que tiende al egoísmo. 

 

Profesionalmente es difícil mantener la ilusión y esos motivos con lo que uno comienza al inicio de la docencia. Un primer salario y un trabajo lleno de retos suelen ser más que suficientes para mantener esa motivación original que, con los años, decae por distintas razones. Ahora, en verano, algunos andarán ya calculando sus días de cotización, otros no querrán pensar en los módulos nuevos que tendrán en septiembre o esos horarios que nos mediatizan, mientras que otros tantos habrán cerrado toda vía de comunicación para no pensar en un temido septiembre. Incluso habrá quien no haya dejado de programar soñando con el bochorno que despide cada resultado de aprendizaje. Y así, entre ola y ola de calor, seguiremos hablando del tiempo y de ese aire acondicionado por el que suspiran los centros educativos de un país amante de los patios con cemento. 

 

Pese al manido mantra de la desconexión, es cierto que saber desconectar permite despreocuparte de la ingente cantidad de tareas que quedan pendientes para el inicio del curso. De otro modo, no podríamos disfrutar de estas próximas y fugaces semanas sabiendo que además de poder mejorar muchos aspectos como docente, nos tocará lidiar con aquellas otras cargas burocráticas que desmotivan a gran parte del profesorado. Incluso podríamos caer en el desespero de una carrera profesional donde no solo parece que surgen demasiados baches por el camino sino que además no se atisban mejoras para un género humano que suele rozar la insatisfacción permanente. 

 

Por todo ello, creo que ahora toca dedicarse a lo que nos interesa de verdad: perder el tiempo en esas aficiones que luego enriquecen nuestra relación con el alumnado y nuestro modo de ver la vida; alimentarse de cultura y relaciones personales que provocan esa empatía que ahora escasea gracias al artificio fácil y la tirria al extraño. Y esa diversidad del profesorado hace grande la escuela. Porque muchos soñamos una escuela que provoque interés, acogida, conocimiento y valores frente a la alienación que designa un sistema con prioridades dudosas. Pese al calor, la fugacidad existencial, las impertinencias o la negligencia acumulada, seguiremos en septiembre teniendo la oportunidad de mejorar esa parcela que hemos heredado. 


Foto de Dalton Caraway en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

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