HABLAMOS DE FP

jueves, 26 de enero de 2023

Las iniciativas o proyectos relacionados con la FP, sin ningún organismo público o gran entidad privada de por medio, son poco frecuentes. Afortunadamente, siempre quedan pequeños espacios donde conversar sobre la Formación Profesional que tenemos y la que nos gustaría disfrutar mientras trabajamos en ella. El pasado domingo, gracias a la genial e incansable Ingrid Mosquera, tuvimos la oportunidad de participar en una de sus charlas educativas un grupo de docentes de FP con el fin de reflexionar sobre la Formación Profesional actual y futura. Y, de paso, dar a conocer los entresijos y particularidades de esta etapa a otros docentes interesados en el complejo panorama educativo al que nos enfrentamos.

 

Junto a Patry Santos, Tamara Romero, José Luis García, conducidos por Ingrid, participamos en directo en uno de los Spaces, vía Twitter, que acabó alargándose a casi dos horas (disponible ya en sus canales de podcast). ¡Y más que hubiéramos seguido! Pudimos hablar sobre los puntos fuertes y débiles que tiene una FP generadora de oportunidades para nuestros estudiantes, no siempre jóvenes, pero que sigue adoleciendo de medios y falta de actualización de competencias en muchos ciclos formativos que arrastran años sin ser modernizados. Una FP donde el profesorado es su mayor activo pero que requiere de formación y recursos para cumplir esas nuevas leyes educativas donde la atención a la diversidad se torna una obligación según la LOMLOE. 

 

Las tutorías, los servicios de orientación y la programación inclusiva, son los instrumentos que tenemos a mano para atender esa diversidad sin dejar de ofrecer la mejor formación posible. La tarea que hacemos desde los centros de FP, principalmente en los ciclos de FP Básica, es fundamental para reenganchar a esos miles de jóvenes desencantados o expulsados del sistema educativo. Las nuevas metodologías o la digitalización  son realmente importantes para ofrecer una mejor formación; sin embargo, tal y como comentamos, queda mucho camino por recorrer y son demasiadas las diferencias entre comunidades autónomas, titulaciones o centros educativos públicos y concertados. 

 

Los nuevos proyectos interciclos, la generalización de la FP Dual o los certificados de profesionalidad, son medidas que tratan de mejorar un sistema más cercano con el mundo de la empresa; pero no podemos obviar la función educadora de una FP que también debe ofrecer una formación integral a nivel humano; así como tener en cuenta las particularidades de cada ciclo, la región donde se ofrecen los ciclos formativos y los recursos humanos disponibles para no caer en una precariedad no deseada. 

 

Todos los contertulios coincidimos en tener una visión positiva de la FP futura. Somos sabedores de la complejidad que se vislumbra con las nuevas normativas y en su próximo desarrollo legal; pero somos conscientes de que la FP avanza pese a las reticencias de parte de la sociedad y de esa falta unánime de prestigio. Las posibilidades de empleo o las opciones de continuación de estudios, al igual que la experiencia y motivación que ofrece la Formación Profesional a los estudiantes, siguen siendo los mayores activos para esa juventud o para aquellas personas que necesitan descubrir o determinar un rumbo en sus vidas. 

 

Gracias de nuevo Ingrid por dejarnos participar en tu espacio educativo. ¡Estaremos atentos a ese nuevo especial sobre la FP el próximo mes de mayo! Hay mucha joya efepera por escuchar... 

 

HABLAMOS DE FP

UN BUEN MÁSTER DE FORMACIÓN DEL PROFESORADO DE FP

miércoles, 18 de enero de 2023

El peaje del máster del profesorado se ha vuelto caro. Si decides adentrarte en la profesión docente no queda otra que cursar uno de los másters que las distintas universidades ofrecen para poder ejercer en un centro educativo público o privado. La formación pedagógica pasa hace años por al menos un año académico con asignaturas teóricas, unas prácticas y un trabajo fin de máster. La elección de uno u otro programa, o incluso la especialidad, la acaba determinando el precio y la facilidades para ser compatibilizado (presencial, semipresencial u online) con otras ocupaciones académicas o laborales. Nada nuevo bajo el sol. 

 

Los que desean ejercer como profesores de FP tampoco tienen muchas opciones para su especialización. La parte teórica, común en muchos másteres y especialidades, no tiene tanto valor como unas buenas prácticas en un centro educativo donde puedas observar cómo trabajan en la especialidad que te interesa. Cada familia profesional es un mundo. Paradójicamente, la remuneración de los tutores de prácticas de los centros educativos es testimonial (por no decir otra cosa). A pesar de los elevados precios que se llegan a pagar en algunas universidades. 

 

Los primeros compañeros docentes que te acompañan al inicio de tu carrera docente pueden ser un factor determinante para ejercer la profesión. El ambiente de trabajo, el compañerismo, el afecto por el alumnado, las ganas de innovar, las lecturas compartidas... son activos no disponibles en los programas del máster del profesorado. Esa primera experiencia, a menudo sin guía, es importante a la hora de enfocar una profesión que tiene muchas aristas. La inexperiencia como enseñante te puede abocar a cierta rigidez o falta de empatía con esos jóvenes que parecen estar esperando tus fallos. Incluso hay quien apuesta por mostrarse inclemente para suplir la natural falta de seguridad. Siendo el equilibrio, exigencia-flexibilidad, lo necesario para una buena docencia. 

 

La lástima, en el caso de la Formación Profesional, es el escaso valor que se dota a la experiencia en el sector profesional en el que se va a ejercer como docente. En muchas familias profesionales tenemos docentes con títulos superiores que rara vez han ejercido en su ámbito productivo o de servicios. Y poco se hace al respecto para revertir esta situación. Incentivar las prácticas en empresas de los docentes de FP actuales y futuros debiera ser una prioridad de las autoridades educativas. Es necesario dar tiempo y remuneración a unas estancias formativas que seguro acabarían redundando en una preparación más real y actualizada de los futuros técnicos de Formación Profesional. 

 

En el máster del profesorado acabarás escuchando y leyendo muchas teorías, modas o formas de ver la educación. La didáctica, las nuevas tecnologías o la innovación educativa tendrán su importancia, muy relativa a la larga, pero la práctica diaria y el interés por mejorar cómo gestionar el aula y que tus estudiantes aprendan más acabará resultando diferenciadora. Los buenos profesores y profesoras de FP acaban destacando tanto por sus conocimientos actualizados en los módulos impartidos como por esa otra mirada donde siempre caben la empatía, la paciencia y el anhelo personal porque todos y cada uno de sus alumnos progresen. El máster por ser un experto docente de FP finaliza cuando te jubilas. 

 

10 AÑOS EFEPEANDO

lunes, 16 de enero de 2023

En enero de 2013 arranqué con ilusión este blog que ahora estás leyendo. Da cierto apuro recordar esas primeras entradas, posts o artículos que siempre han tratado de ser una ventana a las reflexiones personales y recursos docentes llevados a la práctica en el aula. La originalidad del título que da nombre a este blog tampoco es gran cosa. La idea siempre ha sido buscar el debate, comentar y discrepar sobre política educativa; replantearse modas en la forma de enseñar o acercarse a esa pedagogía ahora denostada; probar nuevas tecnologías y metodologías distintas; reseñar libros de interés educativo; adentrarse en la digitalización o demandar más cordura y equidad para la Formación Profesional. Esa otra forma de enseñar, sin desanimar ni relegar al alumno y buscando su interés por nuestro ámbito de conocimiento, fue el punto de partida.

 

Por aquel entonces, me animé a escribir gracias al ejemplo de otros blogueros que también compartían sus recursos y reflexiones en esa por entonces animada blogosfera. Eran cientos los blogs de carácter educativo que se atrevían a compartir más allá de los recursos oficiales o las editoriales de turno. Los populares premios "Espiral Edublogs" fueron un hervidero de buenas prácticas y un sano ambiente donde reinaba el reconocimiento a otros compañeros. Tuve incluso la fortuna de obtener en 2015 una de las valiosas peonzas gracias a otro blog editado junto a estudiantes de FP de mi centro educativo. En aquellos saraos y congresos educativos (¡fantásticos los de FPeuskadi!) había quien me conocía por efepeando más que por mi nombre. Todavía me da cierta vergüenza recordarlo tras dos décadas como docente.


Ahora la reflexión educativa ha tomado otros derroteros. Al igual que la forma de compartir recursos o discrepar con otros colegas. El ruido de las redes sociales anima al sarcasmo y a la creación de bandos que olvidan la importancia de la educación en los que educamos. También aparecen nuevos formatos a través de podcasts (quizás los blogs del momento), grupos en Telegram, newsletters en distintas plataformas, las publicaciones en LinkedIn o los Espacios en Twitter. Los más atrevidos pululan (o bailan) por TikTok, los Shorts de YouTube, las stories de Instagram o se mantienen fieles a las publicaciones de los boomers en Facebook. Y nuestro estilo, más allá del medio, nos acaba definiendo en esa identidad digital que ya muchos esconden ante el hostigamiento de los mercaderes de datos. Y no todo vale.


Afortunadamente, perserverar en la publicación de contenidos ha terminado dando un buen resultado. Pese a la sencillez de este formato (y de mis artículos), así como a la especialización en contenidos relacionados con la FP, el número de lectores ha ido creciendo en los últimos tiempos. Ya no queda mucho para lograr los dos millones de visitas y algunos artículos atesoran varios miles de lecturas. Algo increíble hace unos años cuando era complicado lograr cien visitas diarias. La involuntaria connivencia con los señores de Google, que valoran los nuevos contenidos, ha sido una de las claves para lograr esos nuevos lectores en una Internet que sufre la publicación decreciente de contenidos educativos por parte de docentes particulares. Al menos esa es mi percepción. La imagen y los vídeos son los reyes de esta fiesta con barra libre de contenidos donde también es fácil aturdir al internauta con textos variopintos. ¡Y qué difícil es encontrar propuestas sensatas y con un buen trabajo detrás!


En tiempos de titulares es difícil ser leído. Lograr la atención, más allá de amigos o familiares, se puede obtener con perseverancia, un diseño que facilite la lectura, buenos títulos y recursos de calidad para los que buscan no solo algo de reflexión personal. Un blog tiene también su parte de sentido terapéutico; pese a que me muerdo la lengua con frecuencia. Además de ser un buen refrigerio para el ego cuando hay quien te lee no solo por aburrimiento. 

 

Espero en 2033 poder de nuevo agradeceros la atención de vuestras lecturas, las recomendaciones y los ya escasos comentarios que por aquí algunos y algunas dejáis. No pierdo la esperanza de que estos espacios sigan vigentes como un medio para conocer nuevas personas y debatir lo que con la boca pequeña hacemos en nuestro día a día en las aulas. Pensar en voz alta y en negro sobre blanco siempre ha sido una buena idea. Gracias de nuevo por acompañarme en algún momento de estos últimos diez años. 

 

P.D. Si dejas un comentario aquí debajo mi agradecimiento ya será infinito... 😉

 

diez años del blog efepeando

LOS JÓVENES DE LA FP ACTUAL

domingo, 15 de enero de 2023

Ahora que cunde el pesimismo y cierta alarma ante la juventud que se avecina siempre nos quedan esos testimonios de primea mano que pueden no atesoren la validez de sesudas investigaciones científicas, pero son un ejemplo de que el mundo gira en el sentido correcto. El prisma de los que no pisan las aulas a nivel profesional tiene claroscuros. Sin embargo, nos fijamos más en en esa fracción sombría que parece invalidar la lucidez que también destellan los no docentes. 

 

En prensa salen modelos de hijos y estudiantes ideales, al igual que docentes y padres modélicos; en contraposición a la masa ordinaria que ocupamos el planeta y que, acertada o equivocadamente perseguimos lo mejor para los nuestros. Y por el camino nos dejamos las huellas de los que, discretamente, siguen búscandose la vida pese a su inmadurez o su situación personal y familiar. Este artículo viene al caso de un amigo que, con los cuarenta ya avanzados, ha pasado recientemente como alumno por las aulas de FP en un ciclo formativo de grado medio. 


Como me cuenta, y bien sabemos los que convivimos con la juventud, los estudiantes le parecen más resueltos de lo que él recordaba en su adolescencia; con sus inquietudes y con las ideas claras sobre qué hacer en el futuro. Buenos chavales, espontáneos y sin pelos en la lengua a la hora de hablar con los adultos. Estudiantes de Formación Profesional que también se buscan la vida fuera de las aulas para pagarse sus gastos. Chicas y chicos que saben que necesitan seguir estudiando para no dormitar en esa precariedad laboral del empleo con baja cualificación. Chavales con ilusiones, pese a un entorno que poco acompaña, que desean tener un trabajo bien remumerado. Jóvenes que desean avanzar a lo largo de esa caprichosa e inestable pirámide de Maslow. Una juventud que también es consecuencia de los vaivenes educativos de los adultos que les preceden. Su supuesta indolencia, el consumismo que predican o la deseada falta de atención son problemas causados por los habituales sospechosos pero sin ningún responsable confeso entre sus ascendientes.

 

Los que nos dedicamos a la Formación Profesional bien sabemos que no es oro todo lo que reluce. Que podemos poner muchas pegas a la ordenación académica y a la organización de la actividad docente. Pero somos conscientes, pese al esfuerzo que conlleva tratar de enseñar a jóvenes inquietos (en todos los sentidos), que muchos de ellos son ejemplo para los que abandonaron el sistema educativo por distintas razones o para aquellos que aún no conocen los derroteros de su incipiente vida adulta. Y tenemos la suerte de poder darles ese empujón que necesitan. Animarles a conocer otras geografías, equivocarse, a seguir estudiando, a leer y escuchar antes que opinar, y buscar ese lugar en el mundo que no tiene porque ser convencional e inamovible. 

 

Podemos despotricar de la rémora de las redes sociales, de la música adulterada con autotune o de la falta de modales de una chavalería con pocos prejuicios; pero más nos vale recordar un final del siglo veinte donde el alcohol, las drogas, el sexismo o los excesos en la carretera eran moneda corriente. O una FP donde solo cabían los escolares deshauciados o aquellos que no podían permitirse más años de formación. Ahora tenemos unas aulas variopintas; pobladas también de jóvenes agitados y serenos que necesitan de cada uno de esos docentes que les descubren saberes y nuevos puntos de vista para seguir creciendo. Probablemente más que nosotros. 

 

LOS JÓVENES DE LA FP ACTUAL

¿CÓMO TENER MEJORES ESTUDIANTES?

lunes, 9 de enero de 2023

Cada uno cuenta la película según su punto de vista. No necesitamos que nos hagan spoiler para saber si fuimos buenos o malos estudiantes; si pencamos lo suficiente para sacar el curso sin problemas o si nos dedicamos a deambular por las aulas para no desencantar a nuestros progenitores o evitar conflictos. Ahora (como siempre) el profesorado se queja de la inmadurez de los chavales, de la excesiva complacencia del profesorado o de los padres y madres malcriadores. Parece que en ese cercano ayer no hubo lugar al despiporre con los aprobados y las calificaciones no se engordaban con dietas caras.

 

Pero eso fue antes de ayer. Ahora somos unos 47 millones de personas en España frente a los pocos más de 30 millones que había en los años sesenta del siglo pasado. Todo ha cambiado mucho desde entonces. Tanto a nivel de masificación en las aulas, como la filosofía educativa reinante o el nivel de recursos disponibles. Sin embargo, seguimos protestando de los alumnos que nos han tocado en suerte. Mala o buena, según como lo veamos. Y atendemos poco a las causas y a los remedios para que nuestros estudiantes sean mejores de lo que nosotros, según cada promedio particular, fuimos. Tendemos a recetar las mismas soluciones que nos ofrecieron antaño y según la película que vivimos: la del buen, mal o regular estudiante (no confundir con "El bueno, el feo y el malo"). 

 

¿Y qué podrían hacer nuestros jóvenes estudiantes para mejorar? ¿Y qué significa mejorar? La mayoría optará por el sentido de obtener buenas calificaciones; otros se conformarán con no suspender; y los menos preferirán hablar de motivación por el aprendizaje y descubrimiento de sus talentos. Incluso habrá quien se incline por la búsqueda del equilibrio emocional y la adquisición de herramientas para afrontar la vida adulta y ser mejor persona. Y creo que todo es factible y deseable. Y comprensible.


Sin embargo, a mi parecer, deberíamos comenzar con no quitar las ganas por aprender; así como no desmotivar a esos críos motivados que conforme avanzan los cursos van cayendo en el desengaño de un sistema educativo que abarca un exceso de contenidos con los que no encuentran una relación directa en sus vidas. Pese a los que creen que vivimos en páramos escolares alejados del libro de texto y los exámenes convencionales. Siempre me he preguntado porque no se aprenden más ciencias naturales en nuestros parques, porque no se conoce más la historia del arte a través de nuestro entorno urbano, o porque no se lee a mansalva en nuestros centros educativos. Supongo que habrá centros que así lo hagan, pero me temo que no son la norma. Y en FP, una feliz anomalía en el sistema educativo, corremos también el riesgo de teorizar en exceso sin atender a la práctica indispensable de cada oficio. Otro asunto, que merece muchas más líneas, es la digitalización descontrolada.


Entiendo las dificultades que afrontamos. Sin duda es necesaria la exigencia, esa que algunos demandan como si hubiera quien gustase vivir en el caos, pero es aún más innegable que los alumnos requieren una atención personal y unos recursos a la medida de nuestros requerimientos. Si hay carencias en la lectoescritura, como solemos lamentar, ahí tenemos mucho margen de mejora en todas y cada una de las etapas educativas. Porque, ¿hacemos individual y colectivamente algo al respecto? Lo mismo con las competencias numéricas. Luego está la falta de conocimientos sobre cómo estudiar mejor. Avanzar de las típicas técnicas de estudio o de los métodos que creemos funcionan a nuevas formas que sabemos a ciencia cierta que son eficaces (muy útil la guía para estudiantes de Héctor Ruiz Martín). 

 

Aún así, seguiremos probablemente con nuestra crítica peliculera, aportando datos u opiniones en un debate educativo poco centrado y que tiende al desencuentro. Continuaremos como figurantes con limitada capacidad de cambio, más allá de nuestro ámbito inmediato, y alabando o despotricando de la cartelera que nos ha tocado vivir a nosotros y a los nuestros. Espero, al menos, aportar alguna posibilidad de cambio para esos estudiantes que merecen ser protagonistas de sus propias vidas. Y sean mejores personas, además de estudiantes. 

 

CÓMO TENER MEJORES ESTUDIANTES

LA EDUCACIÓN, LOS ESTUDIANTES Y LOS DOCENTES DE ANTES ERAN MEJORES

jueves, 5 de enero de 2023

La nostalgia lo invade todo. Los recuerdos gratos de los tiempos de la EGB se multiplican en las redes. Ya no hay nostalgias como las de antes, reza la web de "Yo fui a EGB". Y la nostalgia vende. Y mucho. Lo retro y lo de segunda mano es ahora más dabuti que cualquier producto o servicio actual. La autenticidad está en el ayer y el futuro solo ofrece copias baratas carentes de originalidad. Y en educación más de lo mismo. Se ha viralizado un artículo en un tono ochentero sobre la calamidad de estudiantes que pasan hoy en día por los aularios de la universidad; engañados a causa de una confabulación del sistema educativo.

 

Podemos poner muchos peros a la educación actual. Sin embaro, no estoy seguro si esos emperos son más numerosos o críticos que los que pondríamos a la educación de antaño. Podríamos listar numeros ejemplos de falta de educación en aquellos tiempos añorados. Lo cual quizás no justifique el nivel (más o menos limitado) de la oferta educativa existente. Algunos tal vez recuerden la educación básica con simpatía: los castigos humillantes y estériles, los reglazos ocasionales, las gamberradas violentas, la falta de educación sexual y afectiva, el fácil acceso al alcohol y las drogas (duras también), la masificación en las aulas, la ley del más fuerte, el estigma de los repetidores... O añoren sus años universitarios donde la sapiencia era omnipresente: la cafetería era el aula más poblada, las fiestas universitarias dentro de las facultades eran foros de distinción, el dictado de apuntes maravilloso y el debate o la relación directa con el profesorado se obviaba por motivos superiores. Y nadie copiaba, por supuesto. 

 

Supongo que todos esos estudiantes, ahora viejunos y entre los que me encuentro, habrán sido capaces de dejar un mejor legado que sus antecesores. Si tan buena educación recibimos, los ahora docentes de secundaria o universitarios, debiéramos estar sembrando valores, exigencia y erudición a raudales. ¿No somos parte todos de ese sistema educativo tan criticado? ¿Hacemos lo indispensable para elevar ese nivel deseado y esa atención educativa donde los alumnos mantengan o acrecienten la curiosidad por el aprendizaje? ¿Quiénes son los responsables de esa supuesta bajada de nivel: las familias, los educadores de la etapa infantil, primaria, secundaria o universidad...? ¿O a partir de que década comenzamos a culpar a los enseñantes y progenitores? ¿Los nacidos en los años sesenta, setenta u ochenta... del siglo pasado?

 

Los sesgos de nuestras percepciones personales son el caldo de cultivo perfecto para opinólogos y detractores nostálgicos. Solemos recordar, más aún si fuimos buenos estudiantes, los tiempos pasados como parte de esos tiempos dichosos donde todo eran parabienes para unos jóvenes preparadísimos pero sin empleo a la vista. Seguramente ahora nos enfrentamos a problemas distintos. La falta de atención provocada por los dispositivos móviles, la escasa autonomía fomentada por padres y madres ausentes pero sobreprotectores o un panorama educativo y económico con mayores oportunidades, acaba cambiando las aulas. Y no solo para mal. Poder conversar con los alumnos, sin barreras, es un oportunidad para quien la quiere aprovechar; tener menos alumnos en el aula es un logro a menudo olvidado (pese al margen de mejora de la ratio); o disponer de recursos digitales practicamente infinitos es posible desde hace cuatro días. Sin contar con las posibilidades personales que tenemos para la autoformación o el debate educativo con otros profesionales de la misma o distinta cuerda. 

 

Tal vez, para variar y empezar el año, cada uno podríamos revisar nuestras prácticas: cómo enseñamos, qué nos parece realmente importante para nuestros alumnos y alumnas, en qué podemos estar fallando, cómo lo hacen los mejores docentes, qué cuentan otros profesionales de mi etapa educativa, qué piensan los estudiantes de mi enseñanza, dónde tenemos margen de mejora o reflexionar si realmente todo la responsabilidad la tiene una sociedad de la que también formamos parte.  

 

La educación, los estudiantes y los docentes de antes eran mejores.

Con la tecnología de Blogger.

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