La diversidad en el aula, más allá de la heterogeneidad de alumnado que tenemos, es una realidad cotidiana. No es difícil sorprenderse cada día con las dispares situaciones que nos tocan vivir. Como me comentaba un estudiante el otro día: "Vuestro trabajo es entretenido". Y no le quito la razón. Estamos demasiado amenizados; y no solo con el trabajo que supone la preparación de las clases, la gestión del aula y los ingredientes añadidos que se multiplican. También por ello es fácil caer en el lamento y en ese "cada curso vienen peor". Hasta los propios alumnos ya reniegan de las promociones que les van pisando los talones...
Sin embargo, hoy no pasaba por aquí para despotricar sobre el sistema educativa actual, la prohibición de las redes sociales, el incordio de los móviles en el aula o la idiotización que puede provocar el abuso de la inteligencia artificial. Hoy he tenido un día relativamente bueno. Podría lamentarme del exceso de horas lectivas que acusamos o de la sarta de tareas pendientes que arrastro durante el curso. Desafortunadamente siempre hay algo por hacer o mejorar cada semana que arranca. Pero, como decía, no protesto por andar "entretenido" o tener que relacionarme con esa marabunta de jóvenes que nunca envejecen mientras nos ayudan a mantener jóvenes el espíritu y el semblante.
Hoy no me voy a quedar con el estrés habitual, las subidas y bajadas de aula, los odiosos conflictos o ese nivel educativo y cortesía que parece decrecer (y no solo en los más jóvenes). Hoy me quedo con las disculpas que me ofrece un alumno, con la escucha atenta (durante un tiempo récord de 7 minutos seguidos) de un grupo de estudiantes, o con las buenas preguntas y respuestas de algunos alumnos que se interesan por la materia a pesar de las aplicaciones de juegos online, las redes sociales, las apuestas o las compras digitales accesibles desde sus cautivadores dispositivos. Hoy he podido competir, a pesar de que ya nunca jugamos en casa, con todas esas distracciones que no facilitan dar clase.
Tampoco voy a desmerecer la responsabilidad que muchos alumnos manifiestan a la hora de entregar sus tareas a tiempo y a pesar de las eternas quejas por el trabajo que acumulan (en eso poco ha cambiado el alumnado). El toma y daca en la negociación a la hora de examinar y exigir trabajos individuales o en equipo siguen siendo un clásico cada curso. Aún así, pese a que la IA ya resuelve decentemente cualquier tarea académica, no quita que exijamos más lectura y estudio. Los centros educativos, además de trabajar valores y aprender a convivir, debemos ser ese gimnasio mental que combate la atrofia del pensamiento. Y sí, también nos toca llamar la atención, dialogar o discutir cuando no hacen bien las cosas o el comportamiento es inadecuado. Está en el sueldo. A pesar de que lo fácil es ponerse de perfil o evitar enfrentamientos.
Por todo ello, además de dar clase, debemos ser buenos comerciales para que valoren este gimnasio donde por una módica cuota les facilitamos los medios para tener mayores oportunidades y una vida más rica. Sin duda, cuando en una jornada lectiva atrapamos a nuestros clientes debemos celebrar ese bonus inestimable que acabamos de merecer. Algún premio debía ofrecernos dar clase.


0 COMENTARIOS:
Publicar un comentario
Disculpa las molestias si se demora la publicación de tu comentario. Se revisan para evitar el spam habitual. Muchas gracias.