Todo lo que ya no sirve en FP

domingo, 4 de octubre de 2026

 


Echando la mirada atrás, y después de más de un cuarto de siglo dando clase, resulta un tanto sorprendente ver cómo determinadas prácticas educativas han pasado a mejor vida o ya no tienen el sentido para el que fueron creadas. La rápida evolución tecnológica y esa digitalización, que sirvió de acicate a muchos docentes que pretendíamos innovar, han quitado el sentido a ciertos recursos didácticos basados en esos adelantos digitales que lograron democratizarse con el paso del tiempo. ¿Y ahora qué nos sirve para mejorar el aprendizaje o perseguir esa difícil motivación del alumnado de FP?, ¿seguimos montando kahoots o gamificando?, ¿vale la pena tener un blog de aula o un portafolio digital?, ¿hay que estar presente en las redes sociales?, ¿qué dispositivos tienen sentido en el aula?, ¿seguimos pidiendo presentaciones o informes al peso?, ¿qué tecnologías debemos incluir?

 

Algunos responderán a estas cuestiones con una vuelta a la libreta y al libro de texto, o dando clase hasta desgañitarse buscando un silencio cómplice en el aula. Parece que las recetas de la abuela volverán para salvarnos. Sin embargo, los estudiantes, al igual que antaño, seguirán desconectando de nuestros discursos y buscando tretas para cumplir con unos deberes escolares que le conducen al aprobado. Solo que ahora tienen el artificio al alcance de la mano sin necesidad de ser demasiado astutos ni pudientes. Complicado panorama para una mayoría de docentes que pretendemos seguir con el mismo estilo docente que tuvimos sin tener en cuenta que convivimos con alumnos y familias en proceso de mutación. 

 

En mi opinión, la clave a la hora de dar clase y encontrar esa atención anhelada no ha cambiado demasiado. Evidentemente, algunos tendrán más recursos personales o innatos para conversar y conectar con el alumnado; otros saben combinar esa diversidad metodológica que evita bostezos y hace frente a la habitual hartura que muchos jóvenes soportan durante cada jornada lectiva; y otros tantos dispondrán de una carga de paciencia muy alta para resistir los consabidos envites de unas aulas diversas donde la disciplina soñada es mera utopía. Y, como siempre, ahí andamos la mayoría dando palos de ciego, despotricando en público y en privado sobre lo mal que anda todo y la necesidad de cambio. Y la pregunta, o la respuesta, creo que permanece inmutable: buscar la curiosidad del alumno. Sin perder de vista que nuestro ejemplo, cuando cumplimos o damos una buena clase a pesar de un mal día; o cuando no nos quitamos de en medio por no molestar a un compañero; o proponemos desde el conocimiento y buscando la mejora del alumnado, también ayudan a ofrecer una mejor escuela. 

 

Por todo ello, y mientras no nos dirijan y asistan mentes preclaras, no nos queda más remedio que seguir con las probaturas. ¿Era eso innovar? Lo bueno de la experiencia es que ya has pisado muchos charcos y sabes dónde no hay que perder el tiempo. A pesar de que seguimos demasiado inmersos en una educación donde la cantidad se valora más que la calidad. Vivimos en un tiempo donde correspondería ir eliminando todo aquellos que no nos sirve para enseñar mejor, aunque siga de moda o sea la decimonovena ocurrencia del irresponsable de turno. ¿Para qué seguir con un blog cuando no hay quien escriba por su cuenta?, ¿tiene sentido incentivar un uso profesional de las redes sociales y seguir aumentando de modo artificial la dopamina?, ¿seguimos pidiendo las mismas tareas digitalizadas?, ¿hacemos el mismo tipo de exámenes? 

 

La aceleración productiva, la titulitis, la IA, el hartazgo docente, la ausencia parental, los móviles o cualquier otro factor que consideres, son ingredientes que sumamos a una siempre compleja profesión donde muchos docentes esperan que suene el timbre con las misma ganas que su joven público. Y en la Formación Profesional, a pesar de todos los contratiempos y del cambio de época, no podemos perder de vista nuestro punto fuerte: la práctica real. Mantener una instalación eléctrica, diseñar una joya, preparar una dieta, atender a un enfermo, contabilizar una factura o vender un servicio, son acciones que suceden diariamente en un mundo real que los estudiantes deben entender. La técnica sigue siendo igual de vital que en el pasado, pero ahora debemos hacer un esfuerzo extra para que comprendan un mundo que tiende hacia la automatización. Leer, escuchar, hacer... cada uno que lo ordene a su gusto. Los alumnos tienen un complicado mundo por delante y no nos atañe solo advertirles. 

 

Hay recursos didácticos que sobran por su sinsentido, pero hay muchos otros que deben permanecer o incentivarse explicando siempre el sentido de los mismos, para evitar ese adocenamiento al que nos lleva un sistema donde enseñamos y aprendemos solo por cumplir. Deberíamos investigar, conversar y acordar más con resto de equipo docente. Si queremos alumnos curiosos son precisos docentes curiosos.  Sigamos con aquellos recursos que nos hacen pensar, a pesar de la programación de turno, de la mano o frente a la tecnología, y con esas clases donde se puede conversar con afecto, exigencia y menos temor por no cumplir con lo accesorio. Prioricemos. 

 

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CUANDO EL PROBLEMA NO ES LA IA

martes, 29 de septiembre de 2026

 


Finalizo esta serie de cuatro artículos sobre el uso educativo de la IA con una reflexión personal. Quizás estamos alcanzando el punto de saturación en lo que se refiere al empleo educativo y profesional de la IA generativa. Constantemente tratamos de anticipar el uso profesional que harán de la IA nuestros estudiantes en el futuro, qué tipo de tareas acabarán relegadas por su implantación extensiva, o queremos saber si estamos abocados irremediablemente a una mayor pobreza mental. La intriga o desasosiego son permanentes. Y en FP nos preocupa el futuro. 

 

Todo ello sin tener demasiado claro qué hacer para evitar un abuso por parte del alumnado o un mal uso por parte de los docentes. La ley de la selva, a pesar de los titulares y cientos de artículos advirtiéndonos de que pongamos puertas al campo, parece que se ha aprobado por mayoría absoluta. Pero luego viene el día a día en el aula. Los discursos, debates y artículos sesudos, no demasiado seguidos por un profesorado en exceso ocupado, quedan en un segundo plano cuando tienes que lidiar con jóvenes que necesitan ser escuchados; que requieren unas normas claras para seguir una clase con cierto aprovechamiento y evitar así interrupciones o una falta de atención permanente; y además debes justificar cada hora que pasas en tu aula con indicadores, adaptaciones y buenas intenciones de que vas a cumplir cual escribano medieval. 

 

Desafortunadamente la IA no evita las grandes dosis de paciencia que se requieren en el aula. No creo que haya robot que sobreviva a este entorno. La IA tampoco inocula al alumnado las ganas de saber más y culturizarse, así como preocuparse por un futuro profesional que sigue como siempre y más que nunca en entredicho. La IA da respuestas inmediatas pero no comprende la desidia, la inmadurez, el agotamiento, la desigualdad y un sinfín de carencias que arrastran muchos de los que habitan las aulas. Pero aún así, ¡viva la formación en IA! No seré yo quien tire piedras contra mi propio tejado. El variopinto uso de herramientas de inteligencia artificial no parece tener fin en un panorama próximo donde el bienestar docente solo sirve para dar título a un curso estival. 

 

Quizás el alarmismo debiera encenderse ahora que hay muchos profesores exhaustos porque quieren enseñar en mejores condiciones y que llegan con la lengua fuera a cumplir todos y cada una de los requerimientos de una profesión que solía llamarse "enseñanza". Ya no sé si trabajo en educación, en la enseñanza, en formación profesional, soy un técnico o soy un coach personal. Creo que una mayoría, con o sin IA, queremos enseñar mejor, poder dar clase con los contratiempos habituales, y no percibir que esta profesión se ha complicado con buena intención pero sin sentido. Seremos mejores editores, productores, programadores, organizadores o pseudotecnólogos, pero podemos dejarnos el alma por el camino con tanta productividad mejorable. Al final, esa admirada vocación docente, con tan buena prensa, no será puesta en peligro por una IA que parece poderlo todo; sino por unos humanos que nos empeñamos en complicarnos la existencia en lugar de aprender a dar las mejores clases posibles con los recursos necesarios. 

 

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CÓMO DECLARAR EL USO DE LA IA EN CONTEXTOS EDUCATIVOS

miércoles, 23 de septiembre de 2026

 


Continuando con la temática de los últimos artículos publicados en relación al uso docente de la IA generativa, vengo a reflexionar sobre la necesidad u obligación de mencionar su utilización a la hora de crear y publicar recursos educativos. ¿Debemos hacer una mención explícita en cada material que compartimos con el alumnado? ¿Hay alguna obligación legal o recomendación ética para incluir en los recursos que editamos (apuntes, actividades, imágenes...) el uso de ChatGPT, Gemini, Copilot o cualquier otra herramienta de IA generativa?

 

Para responder a estas cuestiones, conviene en primer lugar analizar la normativa de la Unión Europea al respecto en su Reglamento 2024/1689 y en el Reglamento modificativo 2026/1744 recién publicado sobre la aplicación de normas armonizadas en materia de inteligencia artificial. ¿A qué obliga al profesorado? En este reglamento no aparece la obligación de poner una declaración de IA en todos los materiales docentes ni prescribe ninguna fórmula para mencionar su uso. Tan solo hace mención a que la Comisión deberá fomentar y facilitar códigos de buenas prácticas europeos para: «la detección, el marcado y el etiquetado de contenidos generados o manipulados de manera artificial».

 

Observamos que la actualización de 2026 no convierte los apuntes, fichas, presentaciones o actividades de un profesor en materiales que obligatoriamente deban llevar una etiqueta de IA. Tan solo refuerza la necesidad de que las organizaciones formen y orienten a quienes usan IA, incluidos potencialmente los docentes, pero no obliga a poner una etiqueta en estos materiales. El Reglamento europeo de IA sí establece obligaciones de transparencia en algunos casos concretos. Por ejemplo, cuando se difunden deepfakes —imágenes, audios o vídeos manipulados o generados por IA que pueden parecer auténticos— debe informarse de su carácter artificial. También exige transparencia para determinados textos generados o manipulados por IA que se publican con el fin de informar al público sobre asuntos de interés público. En cualquier caso, según la norma, el mero hecho de utilizar IA para preparar un texto no implica automáticamente una obligación legal de etiquetarlo como generado por IA, especialmente cuando el profesor revisa, corrige, adapta y asume la responsabilidad del contenido.

 

Por otro lado, en la disposición de julio de 2026 se exige adoptar medidas para apoyar la promoción de la alfabetización en IA, teniendo en cuenta los conocimientos, experiencia, educación, formación, contexto de uso y personas afectadas. En principio todo ello nos lleva al profesorado a la necesidad de tener unos criterios, y no simples intuiciones, acerca de: qué usos son apropiados; cómo verificar el contenido; cuándo existe obligación de transparencia; cómo proteger los datos; cómo detectar errores y sesgos; o cuándo no debe delegarse una decisión en la IA. 

 

Asimismo, si tomamos como referencia las "Directrices éticas sobre el uso de la IA y los datos en la educación y formación para los educadores" la idea de fondo nos señala que la IA puede utilizarse para crear, adaptar o recomendar recursos, pero el docente debe revisar, contextualizar y responsabilizarse del resultado. Las directrices también contemplan que el profesorado debe saber cómo incorporar a su trabajo contenidos de IA editados o manipulados y cómo acreditarlos. Ahora bien, no establecen una fórmula concreta de declaración ni obligan a utilizar APA, MLA u otro sistema bibliográfico. En definitiva promueven un uso transparente, supervisado y responsable, en el que el docente conserve el control, proteja los datos, compruebe los resultados y haga reconocible la intervención de la IA cuando sea relevante. 

 

No tenemos por tanto una obligación legal para mencionar el uso de la IA generativa en nuestros materiales, pero esa transparencia, cuando las herramientas de inteligencia artificial generativa hayan contribuido de forma sustantiva a la elaboración de un material docente, nos recomienda indicar de forma clara la herramienta empleada, la finalidad de su utilización y el alcance de la intervención de la IA. Esto  aconseja que los centros educativos establezcan criterios comunes sobre cuándo y cómo declarar el uso de IA generativa, cómo verificar sus resultados, qué información no debe introducirse en estas herramientas y qué responsabilidad conserva el docente sobre los materiales finales.

 

En principio, sería tan sencillo como que el profesorado fuera conocedor de una declaración de uso de inteligencia artificial generativa:

Cuando la IA generativa haya contribuido de manera sustantiva a la elaboración de un material docente, deberá indicarse de forma clara la herramienta utilizada y la finalidad de su uso. El profesorado deberá revisar, validar y adaptar los resultados antes de su utilización educativa y mantendrá la responsabilidad sobre el contenido final. 

Y, en su caso, sería suficiente una declaración en los materiales del docente indicando:

IA generativa: [herramienta] utilizada como apoyo para [finalidad]. Las aportaciones generadas han sido revisadas y validadas por el docente, que asume la responsabilidad sobre el contenido final.

Cuestión distinta sería si tuviéramos que hacer una simple cita bibliográfica, tipo normas APA, para mencionar únicamente la utilización de la IA generativa pero sin asumir la supervisión humana y ni la responsabilidad del docente. Para estos casos, tomando como ejemplo la guía de la APA tan solo sería necesario citar con la siguiente estructura:

 

En un texto:

Para generar ejemplos iniciales de casos prácticos contextualizados se utilizó ChatGPT (OpenAI, 2026).

Como referencia al final de un documento o presentación:

OpenAI. (2026, 15 de septiembre). Problemas contextualizados sobre logística internacional [Chat de IA generativa]. ChatGPT. https://chatgpt.com/share/XXXXXXXX 

 

Entiendo que, además del sentido común en la utilización de la IA, es necesario reflexionar, acordar y establecer unas normas comunes con el fin de ser también ejemplo para nuestro alumnado. Además de por las razones éticas arriba mencionadas, es educativo trasladarles la necesidad de revisar los materiales generados y hacer un uso adecuado, buscando además controlar las fuentes que generan esos datos que a menudo damos por sentado. No hay por qué avergonzarse de su uso si se hace con transparencia y formando de paso a los estudiantes. Cuesta muy poco. 

 

Fuente imagen: generada con IA mediante ChatGPT (OpenAI, 2026), a partir de instrucciones del autor. 

¿CÓMO DISEÑAR CON IA MEJORES MATERIALES PARA FP?

domingo, 20 de septiembre de 2026

 


 

Siguiendo con el mainstream educativo donde no cabe formación sin IA ni actividad donde esta no intervenga, me interesa hoy reflexionar no sobre la conveniencia o no de su uso si no sobre cómo hacemos uso de ella los docentes. Parece que fue hace siglos cuando unos pocos, sacrificando tiempo personal, nos dedicábamos a diseñar materiales en aquellos módulos profesionales en los que no encontrábamos recursos editoriales a nuestra medida y con la intención pedagógica que necesitábamos. 

 

Actualmente es justo lo contrario. Cualquier docente se ha convertido en un productor aventajado de materiales técnicos y didácticos a la altura de un editor profesional. O al menos eso nos hace creer la inteligencia artificial generativa. El problema se origina con la propagación de un uso mediocre de la IA digno de un local de fast food. Todo son prisas. ¿Quieres una actividad? En segundos con el primer prompt improvisado tengo resuelto el problema. Y ahí andamos, generando materiales por encima de nuestras posibilidades y creyéndonos ahora unos fenómenos de la creatividad y la didáctica. Y además nos congratulamos. El síndrome del impostor ya tiene cura. 

 

¿Quieres una infografía?, ¿un resumen?, ¿un examen? o ¿una rúbrica? Por no hablar de los cientos de programaciones que ahora pasarían sin problemas una auditoría de la NASA. Sin embargo, aún quedan artesanos forzosos que, o bien no se atreven a usar la IA generativa por falta de conocimiento, o han pasado a formar una resistencia frente a un mundo donde gana el que más archivos genera sin tener en cuenta su valor e idoneidad. Y así andamos, al igual que en esa primera era de Internet donde idealizamos la tecnología, democratizando la medianía educativa y con escasos ejemplos de un uso excelente y guiado por aquellos que saben. Mucha ética sobre su uso, pero la conquista del Oeste ha vuelto. Y somos muchos colonos estresados.

 

Sin duda, el problema venía de atrás. Si ya era complicado que los docentes se zambulleran en lecturas pedagógicas o en manuales técnicos; ya sea por falta de tiempo, interés o esa malentendida libertad de cátedra que se acaba confundiendo con un libertinaje donde cada docente cree que su método es el adecuado según su experiencia; ahora se allana el camino. El corta y pega se extiende y cualquier tarea de equipo se elabora como el diseño de un puzzle. La coordinación docente acaba limitada a una unión de piezas sin tener en cuenta la amorfia del producto final. Y todos tan contentos mientras se marca la tarea como completada. ¿Docentes optimizando como alumnos?

 

¿Y qué hará el mundo editorial de los libros de texto? No tengo ni idea. Pero sin duda, para estas empresas es un reto tratar de mejorar la productividad docente en una etapa educativa -la FP- que requiere abundantes materiales actualizados y el diseño de tareas prácticas y motivadoras para el alumnado. Aún así, parece que la necesidad de desconectarnos de las ahora antipáticas pantallas con el fin de esquivar la estulticia generalizada de las próximas generaciones, significará una vuelta ineludible hacia el papel impreso. Sin desdeñar la comodidad que supone un libro de texto para aquellos docentes que andamos con más de seis módulos distintos cada curso. 

 

Volviendo al título que inicia este artículo: ¿cómo diseñar mejores materiales didácticos? No tengo ningún prompt ejemplar que ofrecer ni me han otorgado título alguno de experto en IA con el que deleitaros. Sin embargo, al igual que antaño, creo que los mejores materiales se crean cuando hay una cuidada reflexión sobre los objetivos de los mismos; cuando existe una intención educativa clara y el conocimiento de una diversidad metodológica que ayuda a su diseño; cuando se trabaja desde la predilección hacia el alumnado o hacia una materia determinada; cuando se trabaja coordinadamente con compañeros con distinta experiencia acumulada y compartida; cuando se revisa y no se da por sentado todo aquello que un sistema de probabilidades ha generado para contentar a cualquier mortal apático; o cuando no se hace simplemente para engrosar la carpeta de evidencias de calidad educativa. En definitiva, cuando dedicamos un tiempo de calidad con la colaboración de una u otra herramienta de IA de la mano de nuestra veteranía, principios pedagógicos comunes y esas evidencias educativas que podemos incluir en nuestras aulas. 

 

Foto de Kryštof Zajíček en Unsplash

APRENDER A DAR CLASE EN FP A PESAR DE LA IA

lunes, 7 de septiembre de 2026

 

DAR CLASE EN FP CON IA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

A todo el profesorado nos preocupa y nos ocupa mucho tiempo distinguir qué metodologías utilizar, qué tipo de contenidos o actividades seleccionar, o cómo evaluar al alumnado en un contexto donde el alumno es capaz de obtener una respuesta instantánea a casi cualquier reto, ejercicio, caso práctico o supuesto que planteemos en el aula. El uso de la inteligencia artificial generativa está totalmente extendido, y, pese a nuestra buena voluntad y explicaciones pertinentes para que hagan un uso adecuado de la misma, sabemos que los atajos son un camino irresistible para el estudiante de cualquier etapa educativa.

 

Nos queda la opción de contemplar tiempos de trabajo offline, donde el alumnado no tenga más remedio que comprender textos, dialogar, leer... en definitiva: utilizar el coco. Son múltiples los estudios que apuntan a un empobrecimiento cognitivo por la delegación de actividades a la IA, así como resultados más pobres en los exámenes cuando el alumno no se apoya en este tipo de herramientas. Por todo ello se ha vuelto imprescindible un tipo de labor en el aula donde se desconecte de la IA o cualquier otro dispositivo electrónico que pueda dar una respuesta rápida y admisible al trabajo académico que demandamos. 

 

Podemos plantear tareas en el aula donde los estudiantes, sin ningún tipo de apoyo digital deban: hacer cálculos esenciales, reflexionar sobre lecturas propuestas, plantear procedimientos de seguridad, interpretar datos, hacer diagnósticos elementales, estudiar un vocabulario profesional o comprender unos fundamentos técnicos. Para llevar a cabo estas faenas necesitamos que desconecten. No queda más remedio que volver a utilizar materiales impresos y folios donde puedan plasmar la resolución de las tareas planteadas. A pesar del coste económico y ambiental, paradójicamente, la IA nos fuerza a esa vuelta al papel; a muchos que ya llevábamos años con todos los recursos didácticos digitalizados. 

 

Luego, en una segunda fase, el alumnado puede escanear fácilmente con el móvil estos documentos en papel y subirlos a la plataforma digital del centro (Moodle, Classroom, Teams...) para que conste su trabajo y entrega durante la clase (enviar tareas para casa tiene poco sentido), así como para poder ser corregido o mejorado en el aula con ayuda del docente o con la colaboración de la IA. La idea es que la IA nos sirva para pedir explicaciones adicionales, practicar mediante preguntas y simulaciones, recibir feedback, contrastar procedimientos, explorar alternativas y detectar posibles errores. En el marco actual es imprescindible desafiar al alumnado para que defienda los resultados obtenidos tanto por sus propios medios como con ayuda de las herramientas seleccionadas. 

 

En definitiva, estamos buscando que el alumnado aprenda a pensar y generar resultados por sus propios medios, a pensar de una forma autónoma y que así sea capaz de evaluar los resultados de una IA que inevitablemente encontrará en su futuro entorno profesional. Al fin y al cabo, uno de nuestros objetivos fundamentales como docentes de FP es facilitar que los estudiantes sean autónomos, resolutivos, críticos, eficaces y capaces de gestionar tareas en un contexto laboral que se antoja cada vez más complejo y flexible; y donde serán necesarios técnicos con unas competencias polivalentes que ayuden a saber formular un problema, valorar las alternativas y tomar buenas decisiones con ayuda de herramientas inteligentes. Y, para todo ello, sigue siendo útil un conocimiento que ayude a verificar, mejorar y decidir cuál es la mejor opción ante una situación planteada. 

 

Os animo por tanto a volver al papel, a la lectura y escritura reflexivas y a esa defensa oral que facilitará el enriquecimiento cognitivo de nuestro alumnado. Ciertamente, el uso masivo de la IA supone un cambio metodológico y didáctico para el profesorado con ciertas implicaciones pedagógicas. Pero, sin duda, es necesario transformar nuestra práctica docente para evitar la pantomima de mandar tareas generadas por IA que luego serán solventadas por IA y corregidas finalmente por IA. El portafolios ha vuelto. 

 

Foto de Anastasia Vityukova en Unsplash

15 recomendaciones de inicio de curso para docentes de FP

lunes, 31 de agosto de 2026

 


 

Parece que fue ayer cuando comenzábamos las envidiadas vacaciones escolares. Pero de golpe y de pronto ya estamos de nuevo con el curso en ciernes. Con la edad relativizas los inicios, los cambios o las nuevas y viejas cantinelas que vienen a prometernos un futuro mejor para no sabemos quién. Pero lo cierto es que unos días volveremos a estar dentro de un aula, habitualmente solos ante el peligro, tratando de que ese desconocido grupo de jóvenes saquen algo de provecho a nuestras clases y tengan un futuro mejor. A pesar del antiguo, nuevo o venidero sistema de Formación Profesional de turno. 


Si ayer fue internet, el coaching, las tablets, el bi-trilingüismo, el mindfulness, la gamificación, la realidad virtual o cualquier otra moda más o menos pasajera; hoy seguimos embobados con el uso de la inteligencia artificial o perdidos ante una diversidad que afrontamos cuatro herramientas de ir por casa. Pero el foco sigue (o debiera seguir) en cómo hacemos para que nuestro alumnado aprenda más, se interese por seguir aprendiendo por su cuenta y sean personas autónomas sin dejar de lado los valores comunes que nos representan como sociedad. En mi opinión, el resto de objetivos, herramientas o particularidades son secundarias.


Junio ya queda muy lejos y esas programaciones didácticas habrán quedado en el olvido de una carpeta virtual que ahora toca rescatar para cumplir con la legislación vigente; mientras para unos será un paripé a disimular lo mejor posible otros buscarán que tengan cierto sentido esos resultados de aprendizaje a alcanzar. La conversación en la sala de profesores de nuevo se derramará en torno a esos documentos que quedan por presentar. Y quizás, la charla, pese al recurrente síndrome postvacacional, podría girar sobre qué hacer estos primeros días, cómo afrontar el curso, qué recursos compartir o simplemente escuchar y conocer que hacen otros compañeros que por experiencia o conocimiento, tienen ideas interesantes que podemos trasladar a las aulas con cierta evidencia. 


Tomando como ejemplo los consejos para docentes que cada semestre publica Paul Bloom, psicólogo y profesor en la Universidad de Yale, comparto aquí los míos propios adaptándolos a mi experiencia en FP y reconvertidos en quince:


1. Entusiasmo. Mostrar las ganas de enseñar es una aspecto clave que trasmitimos desde el primer día de clase y que ayuda a captar la atención del alumnado. Las circunstancias personales de cada docente pueden marcar este entusiasmo, así como el carácter de cada uno, pero la profesionalidad nos exigen esas ganas (a veces simuladas) que flaquean en algunos momentos del curso. Algo de actuación siempre viene bien... 


2. Confianza. Actúa en el aula con seguridad, a pesar de que no controlemos todo el temario y muchas cosas se nos escapen. La soberbia es mala compañera y hay que morderse la lengua a menudo, siendo sabedores que siempre habrá quién desee retarte por razones propias de la edad. 


3. Variedad en el aula. Está demostrado que utilizar distintos recursos, herramientas, metodologías o formas de enseñar, siempre es una buena idea para captar la atención del alumnado. La lucha contra las distracciones digitales es ardua, y, como señala James M. Lang en uno de sus libros: 


Dentro del aula, tenemos la oportunidad de ofrecer a los estudiantes otro tipo de experiencia: una en la que se involucren plenamente unos con otros y con las experiencias que hemos creado para ellos, llevando a sus cerebros a esos espacios inesperados y poco familiares que propician nuevos aprendizajes.

 

4. Invitar a otros profesionales. La FP necesita un contacto permanente con personas del sector o de otras áreas de interés que trasciendan a nuestra labor docente. Salir del aula o recibir a exalumnos, empresas u otros perfiles profesionales, es siempre enriquecedor y otro modo de romper esa monotonía antes aludida. 


5. Selecciona. No abarques demasiado. Un error frecuente es tratar de cumplir con todos ese listado ingente de contenidos, resultados de aprendizaje y criterios de evaluación que, más que ampliarnos las posibilidades nos limitan al tratar de alcanzarlos aunque sean de refilón. Es más sensato profundizar en aquellos aspectos que consideramos más relevantes y que acabarán determinando un aprendizaje más memorable. Una buena sesión de clase se distingue por unos pocos y claros objetivos propuestos de antemano. 


6. Muestra tu personalidad. Como he mencionado en algún que otro artículo de mi blog personal, todos tenemos nuestras particularidades como personas. Destaca en el aula aquello que te diferencia como ser humano como un modo de conectar con el alumnado. Tanto tu carácter como las aficiones o intereses personales son un buen modo para dar clase cada día.


7. No te excedas preparando materiales o diseñando una clase. A menudo pequeños cambios nos cuestan demasiado tiempo y debiéramos preguntarnos si merece la pena dedicar horas a ello en lugar de investigar, formarnos, atender a alumnos o leer sobre asuntos técnicos o pedagógicos.


8. Ante alguna cuestión planteada en el aula siempre resulta más valiosos reconocer que desconoces la respuesta antes que inventártelo o salir por peteneras. Un simple: "Lo investigo y lo comentamos en la próxima clase".  La arrogancia es mala compañera.


9. Haz preguntas a menudo y de forma aleatoria y no pidas voluntarios. Una forma de evitar que sean los de siempre los que participan (aquellos que levantan la mano) y favorecer la participación de todo el alumnado es lanzar preguntas a estudiantes concretos al azar y echando mano de la lista de clase como modo de recordar sus nombres y que se vean asimismo interpelados y reconocidos. 


10.  Nunca conviene hacer sentir ridículo a un alumno por preguntar, aunque la pregunta esté mal formulada, sea irrelevante o no tenga mucho sentido. Mejor redirígela con tacto, preservando la confianza y la disposición del estudiante a participar. O te cogerán una manía difícil de despegar...


11. Utiliza siempre que puedas ejemplos de la vida real, tanto a nivel profesional como técnico, para explicar cualquier concepto o procedimiento. La FP debe seguir distinguiéndose por ese acercamiento a la realidad profesional en lugar de caer en un exceso de teorización no acompañada de aplicación práctica. 


12.  Conversa. Habla de tu vida e interésate por la de tus alumnos al entrar en el aula. No se trata de contar intimidades o no respetar la privacidad; es una forma de demostrar tu interés y conectar con ellos más allá de un temario y durante unos instantes.


13. Toma notas y anima a que las tomen tus estudiantes. Mejor que publicar tu presentaciones antes de explicar un tema, anima a que estén atentos y añade comentarios a tus diapositivas que las enriquezcan de algún modo para que así sea útil esa escucha a la par que les vas cuestionando (aleatoriamente) durante la clase. De otro modo, solo necesitarán tus apuntes o el libro de texto. 


14. Adaptación. Evidentemente, la edad, el tipo de grupo o el módulo, influyen en nuestra labor docente y debemos adaptarnos a ellos. Cada curso es una lotería y no hay recetas infalibles para acertar. La paciencia desde la empatía y la exigencia son buenas papeletas. Y cuando no puedas más: desahoga las penas a tus compañeros (o escríbelas en un blog o diario...).


15. El objetivo de la clase debe ser el aprendizaje de los estudiantes, no lucirse como profesor. Nuestra profesionalidad también se mide cuando no perdemos el tiempo en asuntos irrelevantes o dejamos sin control las sesiones de trabajo. Caer bien es más o menos fácil, pero saber enseñar tiene su miga.  


Os deseo un muy buen inicio de curso.  

 


Foto de Dominic Kurniawan Suryaputra en Unsplash

TU HERENCIA EDUCATIVA

viernes, 31 de julio de 2026

 
 

Con el mes de agosto pisándonos los talones, poco queda por decir de este curso pasado. Para variar casi no ha dado tiempo a reflexionar sobre el trabajo realizado en el aula y siempre queda ese sinsabor de que más se podría haber hecho de cara al curso que esta por venir. Incluso estas líneas son fruto de las escasas ideas o propósitos que ahora mismo tengo en mente. O de la falta de orden de estas mismas o de la ausencia de inspiración cuando te alejas del aula o dejas de leer sobre asuntos educativos.

 

Entiendo que la mayoría de los docentes andamos en estas fechas en otros menesteres poco profesionales. Con la excepción de aquellos que, por sus cargos, todavía andan bregando con la planificación y esas normas que se apuran para no perder la costumbre. Y el tiempo pasa demasiado veloz. En la vida, como en la educación y en el trabajo, importa más el hacer que el decir. Acostumbramos a divagar demasiado y concretar poco esas ideas o propósitos que rumiamos constantemente. O, en su defecto, cargamos lamentos constantes en busca de un horizonte mejor que nunca llega o nos desesperamos por una gestión ineficaz de un sistema que tiende al egoísmo. 

 

Profesionalmente es difícil mantener la ilusión y esos motivos con lo que uno comienza al inicio de la docencia. Un primer salario y un trabajo lleno de retos suelen ser más que suficientes para mantener esa motivación original que, con los años, decae por distintas razones. Ahora, en verano, algunos andarán ya calculando sus días de cotización, otros no querrán pensar en los módulos nuevos que tendrán en septiembre o esos horarios que nos mediatizan, mientras que otros tantos habrán cerrado toda vía de comunicación para no pensar en un temido septiembre. Incluso habrá quien no haya dejado de programar soñando con el bochorno que despide cada resultado de aprendizaje. Y así, entre ola y ola de calor, seguiremos hablando del tiempo y de ese aire acondicionado por el que suspiran los centros educativos de un país amante de los patios con cemento. 

 

Pese al manido mantra de la desconexión, es cierto que saber desconectar permite despreocuparte de la ingente cantidad de tareas que quedan pendientes para el inicio del curso. De otro modo, no podríamos disfrutar de estas próximas y fugaces semanas sabiendo que además de poder mejorar muchos aspectos como docente, nos tocará lidiar con aquellas otras cargas burocráticas que desmotivan a gran parte del profesorado. Incluso podríamos caer en el desespero de una carrera profesional donde no solo parece que surgen demasiados baches por el camino sino que además no se atisban mejoras para un género humano que suele rozar la insatisfacción permanente. 

 

Por todo ello, creo que ahora toca dedicarse a lo que nos interesa de verdad: perder el tiempo en esas aficiones que luego enriquecen nuestra relación con el alumnado y nuestro modo de ver la vida; alimentarse de cultura y relaciones personales que provocan esa empatía que ahora escasea gracias al artificio fácil y la tirria al extraño. Y esa diversidad del profesorado hace grande la escuela. Porque muchos soñamos una escuela que provoque interés, acogida, conocimiento y valores frente a la alienación que designa un sistema con prioridades dudosas. Pese al calor, la fugacidad existencial, las impertinencias o la negligencia acumulada, seguiremos en septiembre teniendo la oportunidad de mejorar esa parcela que hemos heredado. 


Foto de Dalton Caraway en Unsplash

CÓMO EVALUAR COMPETENCIAS TRANSVERSALES Y PARA LA EMPLEABILIDAD EN FP

martes, 14 de julio de 2026
 
competencias empleabilidad FP Transversales

 
La complejidad e inabarcabilidad de las programaciones de los módulo profesionales con el nuevo sistema de Formación Profesional, nos ha llevado a algún que otro renuncio, equívoco o desespero por tratar de cumplir las exigencias de la normativa en cuanto a una evaluación competencial donde los resultados de aprendizaje son la base de todo, mientras tratamos de dar sentido a todos esas unidades formativas que llevamos años trabajando. Hasta hora todo era relativamente sencillo, cuando los instrumentos de evaluación se reducían básicamente a una serie de exámenes, actividades y algunas prácticas de carácter más técnico donde la actitud se valoraba a ojo o a través de ciertos indicadores que suponían un porcentaje de esa calificación necesaria cada trimestre.


Ahora, la norma y el espíritu de la misma, nos orientan hacia una evaluación formativa donde deberíamos contemplar una evaluación inicial, así como una diversidad de instrumentos de evaluación que nos ayuden a medir el desempeño profesional que nos indican los resultados de aprendizaje y sus respectivos criterios de evaluación. La actitud o esos valores que son imprescindibles para todo buen profesional ya no caben como una parte más de la nota final del módulo. En tiempos de inteligencia artificial, donde es sencillo resolver tareas técnicas o académicas, las empresas demandan cada vez más competencias transversales como la autonomía, cooperación, comunicación, trabajo en equipo y capacidad de adaptación. 
 
 
El reciente informe  "OECD Employment Outlook 2026" señala que las competencias no cognitivas y las prácticas de trabajo tienen un papel importante en los resultados laborales. En concreto, indica que mayores niveles de autonomía en la tarea y de cooperación en el trabajo se asocian con salarios más altos, lo que refleja la creciente importancia de las prácticas de trabajo centradas en las personas. Incluso afirma que la formación en trabajo en equipo, liderazgo y gestión de proyectos se asocia con mayores salarios. También dice que las competencias cognitivas y no cognitivas son complementarias: no basta con saber técnicamente, sino que el valor de esas capacidades aumenta cuando el trabajador tiene autonomía y trabaja en entornos cooperativos.

Los currículos oficiales anteriores al Real Decreto 659/2023 hablan de de «competencias profesionales, personales y sociales» en lugar de para la empleabilidad. En cualquier caso, ahora deberíamos extraer esas competencias no cognitivas para la empleabilidad, y a nivel de ciclo, con el fin de trabajarlas de forma coordinada y consensuada por el equipo docente tanto a nivel modular como intermodular; y teniendo en cuenta especialmente el módulo Itinerario Personal para la Empleabilidad (IPE) I y II y el Proyecto Intermodular para su desarrollo en el aula. Aún así, si queremos trabajar estas competencias para la empleabilidad a nivel de centro sería de interés señalar conjuntamente aquellas que consideramos comunes en nuestra familia profesional o aquellas que suelen encajar en el perfil profesional del ciclo formativo.


En la siguiente propuesta, a través de cinco competencias clave (PACTO) buscaremos mejorar ciertos comportamientos profesionales y personales que ayudan al alumnado a trabajar mejor, convivir en un entorno laboral, adaptarse a distintas situaciones y demostrar responsabilidad en las tareas. Estas competencias se trabajarían dentro de las actividades, proyectos, retos, prácticas o situaciones de aprendizaje vinculadas a los resultados de aprendizaje de cada módulo. No deben sustituir la evaluación técnica del módulo, sino que deben ayudarnos a valorar cómo realiza el alumnado la tarea: cómo participa, se organiza, se comunica, colabora y mantiene una actitud profesional adecuada. Podríamos, para no complicar nuestra evaluación, incluir estas competencias en alguna tarea, proyecto o reto vinculada a los distintos resultados de aprendizaje (RA) para así darle la importancia que estas requieren y que así afecten a la calificación del RA implicado.

Con el acrónimo PACTO remarcaremos la importancia de las siguientes competencias:


P - Participación y compromiso

El alumnado participa de forma activa y responsable en las tareas propuestas. Se observa si llega y se incorpora a tiempo, atiende las indicaciones, se implica en la actividad, mantiene una actitud de trabajo y cumple con las fases o tareas previstas. También se valora que aproveche el tiempo de clase y que muestre interés por mejorar.


A - Autonomía y responsabilidad

El alumnado organiza su trabajo y avanza con responsabilidad. Se observa si entiende lo que debe hacer, planifica los pasos de la tarea, utiliza los recursos disponibles, pide ayuda cuando la necesita y entrega el trabajo en el plazo establecido. También se valora el uso responsable de dispositivos, materiales y herramientas.


C - Comunicación profesional

El alumnado se comunica de forma clara, respetuosa y adecuada al contexto profesional. Se observa si expresa sus ideas con orden, escucha a los demás, formula preguntas adecuadas y utiliza un lenguaje verbal y no verbal correcto. También se valora el cuidado de la ortografía, el tono, la presentación de documentos y la imagen profesional en exposiciones, mensajes o simulaciones.


T - Trabajo en equipo e iniciativa

El alumnado colabora con otras personas y aporta al resultado común. Se observa si cumple su parte del trabajo, respeta los acuerdos del grupo y a sus compañeros, ayuda cuando es necesario, aporta ideas o soluciones y puede explicar cuál ha sido su contribución individual. También se valora que asuma responsabilidades y participe en la mejora del trabajo colectivo.


O - Orden, cortesía y conducta profesional

El alumnado mantiene una conducta adecuada en el aula, taller, empresa o entorno de trabajo. Se observa si respeta las normas, cuida los materiales, mantiene el espacio ordenado, utiliza un tono adecuado y trata a las demás personas con educación. También se valora que contribuya a un clima de trabajo positivo y seguro.


En las actividades o tareas que consideramos aplicar PACTO no solo se valora si saben hacer la tarea, sino también cómo la realizan. La puntuación podrá suponer hasta un 25% de la calificación de la tarea si tomamos los cinco ítems. Cada ítem logrado sumaría 0,5 puntos en tareas calificadas sobre 10, mientras que los ítems no procedentes no penalizarían. Es importante señalar que con la puntuación PACTO no se debe compensar la no superación del desempeño técnico mínimo asociado al resultado de aprendizaje de la tarea evaluada.
 
De este modo, y si nos atenemos a la legislación vigente en Formación Profesional, podemos aplicar este sistema de PACTO o cualquier otro similar que se apoye en la importancia de las competencias transversales necesarias para la inserción, permanencia y progresión en el empleo que incentiva el nuevo sistema de FP; que respete una evaluación que toma como referencia los resultados de aprendizaje y los criterios de evaluación donde estas competencias se integran en tareas, proyectos, retos o actividades relacionados con los RA y CE del módulo; y que se enmarca dentro de la autonomía pedagógica de los centros para acordar herramientas compartidas siempre que estén recogidas en la programación, sean conocidas por el alumnado y se basen en evidencias objetivas.

Por todo ello, y recalcando el último punto, tanto por cuestiones normativas como pedagógicas es deseable explicar el significado de cada una de las competencias aplicables a cada tarea para que saber qué se espera de él antes de ser evaluado. Por coherencia pedagógica no se puede calificar una competencia que no se ha enseñado, practicado o modelado previamente. Por tanto, además de describir adecuadamente cada ítem o competencia, es necesario que el profesorado se plantee su desarrollo en el aula. Por ejemplo, podríamos seguir la siguiente secuencia:

1. Presentamos el ítem PACTO que se va a trabajar y qué significa.
2. Mostramos ejemplos de conducta adecuada y no adecuada.
3. Proponemos una actividad breve para ensayarlo.
4. Damos feedback: correcciones durante el proceso, antes de calificar.
6. Revisamos: comunicamos al alumnado qué debe mantener y qué debe mejorar.

Quizás, la parte más compleja de este tipo de evaluación competencial se produce a la hora de buscar esas evidencias objetivas que nos permitan de forma sencilla valorar al alumnado a nivel individual (sobre todo en los trabajos en equipo). Para una valoración más justa podemos combinar dos o tres evidencias como las que a continuación señalamos para determinar cada competencia como lograda o no lograda:
 
  • Participación: registro de avance, intervenciones, cumplimiento de fases. Autonomía: planificación, entrega parcial, observación del trabajo en aula. 
  • Comunicación: exposición oral, documento escrito, respuesta a preguntas durante la exposición o defensa. 
  • Trabajo en equipo: observación docente, acta de reparto de roles, aportación individual.
  • Orden y conducta profesional: observación directa, ausencia/presencia de incidencias, cuidado del material.

Esta propuesta de evaluación de competencias para la empleabilidad se puede desarrollar muy bien tanto en los proyectos intermodulares donde tenemos más evidencias, como en aquellas tareas o retos colaborativos donde la autonomía, la comunicación, el trabajo en equipo o las conductas profesionales se pueden observar más fácilmente por parte del profesorado. Como comentábamos anteriormente, será necesario incluir en la programación este tipo de evaluación de forma clara para que el alumnado entienda la importancia de estas competencias y su repercusión en la calificación:

Aplicación de PACTO en retos y proyectos

En los retos, proyectos o tareas prácticas del módulo se podrá aplicar la herramienta PACTO para valorar competencias comunes de empleabilidad. Estas competencias reflejan comportamientos profesionales importantes en cualquier entorno de trabajo.

PACTO significa:

P: Participación y compromiso. 
A: Autonomía y responsabilidad 
C: Comunicación profesional. 
T: Trabajo en equipo e iniciativa. 
O: Orden, cortesía y conducta profesional.

Cuando se aplique PACTO, el profesorado indicará antes de comenzar el reto o proyecto qué ítems se van a valorar y qué evidencias se tendrán en cuenta. No siempre se evaluarán los cinco ítems, solo aquellos que tengan relación con la actividad.

La calificación principal del reto o proyecto corresponderá al desempeño técnico vinculado a los resultados de aprendizaje y criterios de evaluación del módulo. PACTO podrá suponer hasta 2,5 puntos sobre 10, siempre dentro de la calificación de la tarea.

Ejemplo de reparto:

7,5 puntos: desempeño técnico del reto o proyecto. 
2,5 puntos: competencias PACTO.

La puntuación PACTO se obtendrá mediante evidencias observables, como la participación, la organización del trabajo, las entregas parciales, la comunicación, la aportación individual al equipo, el uso adecuado de materiales o herramientas y la conducta profesional durante la actividad.

PACTO no sirve para aprobar un reto o proyecto si no se alcanza el mínimo técnico exigido. Es decir, una buena actitud profesional no compensa la falta de logro del resultado de aprendizaje.

Si se produce un incumplimiento grave relacionado con PACTO, como una falta de respeto, abandono de la tarea, copia, manipulación de evidencias, uso inadecuado grave de dispositivos, conducta que impida trabajar al grupo o incumplimiento de normas de seguridad, el alumnado podrá perder la puntuación total de PACTO de esa tarea. Además, si procede, se aplicarán las normas de convivencia del centro.

El objetivo de PACTO es ayudar al alumnado a mejorar su forma de trabajar y prepararse para actuar de manera responsable, autónoma, colaborativa y profesional en el mundo laboral.

HAGAMOS POSIBLE OTRA FP

viernes, 26 de junio de 2026

 


 

He tenido la fortuna de visitar distintos centros públicos o privados de Formación Profesional a lo largo y ancho de toda España. Desde Andalucía hasta Galicia, o desde Baleares hasta León, el profesorado solemos tener inquietudes comunes: necesidad de más recursos, ya sea en instalaciones modernizadas o equipamiento técnico actualizado; mayor cercanía al sector profesional a la hora de programar los módulos; falta de trabajo en equipo y coordinación docente por cuestiones organizativas del centro o por escasa cultura de trabajo cooperativo del profesorado; competencia digital docente desigual o descoordinada; o falta de herramientas para motivar al alumnado y buscar su implicación en el aula. 

 

Por suerte, el profesorado de FP suele mostrar muy buena disposición para afrontar los cambios a los que nos obliga la nueva normativa que surge cada curso o los avances que se producen en nuestro entorno profesional más cercano. Habitualmente, el problema para superar estos avatares no viene solo de esa falta de recursos antes mencionada sino también de una falta de visión estratégica donde es preciso buscar sentido pedagógico a la norma y, al mismo tiempo, ser capaces de implementar medidas que resulten sensatas y útiles a nuestros propósitos: un aprendizaje auténtico y mayor conexión con la empresa. Todo sea por la empleabilidad y futuro de un alumnado falto de certezas. 

 

El problema viene cuando no se entiende esa flexibilidad a la que alude la norma máxima que ahora mismo rige el sistema de Formación Profesional; la Ley Orgánica 3/2022, de 31 de marzo, de ordenación e integración de la Formación Profesional que señala en su artículo 1:

 

La finalidad de la norma es regular un régimen de formación y acompañamiento profesionales que, sirviendo al fortalecimiento, la competitividad y la sostenibilidad de la economía española, sea capaz de responder con flexibilidad a los intereses, las expectativas y las aspiraciones de cualificación profesional de las personas a lo largo de su vida y a las competencias demandadas por las nuevas necesidades productivas y sectoriales tanto para el aumento de la productividad como para la generación de empleo. 

 

Podríamos desgranar aún más la mención a la flexibilidad o a la autonomía de los centros que se hace desde las distintas normas que vienen ordenando la FP en los dos últimos años. Sin embargo, somos en ocasiones nosotros mismo quienes ponemos palos en las ruedas a cualquier tipo de cambio que reordene o transforme lo que venimos haciendo y que es manifiestamente mejorable. Desde la Administración educativa, inspección o técnicos, equipos directivos, consultores de calidad u otros responsables académicos, se coarta esa flexibilidad de la mano de una mala interpretación de un sistema de FP que nos orienta, dentro de un determinado marco, hacia la innovación y la adaptación de nuestros módulos y las diferentes competencias que surgen con el tiempo. Y aquí el algodón no engaña: si andamos más ocupados justificándonos que mejorando la enseñanza, algo está fallando con la aplicación normativa.

 

Seguimos perdiendo el tiempo en reuniones donde debatimos más sobre porcentajes que sobre competencias. Acabamos abrumados y desmotivados por tareas que solo suponen cumplimentar fichas intrascendentes. Nos devanamos los sesos reordenando hojas de cálculo con tal de cuadrar al milímetro los resultados de aprendizaje y criterios de evaluación que son manifiestamente inalcanzables.Y así seguimos engordando ese museo virtual donde duerme la documentación acumulada de miles de docentes. 

 

Al final, todos esos asuntos que sabemos son primordiales acaban relegados a un segundo plano mientras nos colgamos la medalla del buen cumplidor. Pese a los pocos días que quedan para cerrar el curso, sigo insistiendo en la necesidad de cuestionarnos la organización interna a pesar de los límites que nos autoimponemos a menudo por evitar cualquier tipo de conflicto. ¿Estamos innovando en nuestros ciclos? ¿Trabajamos realmente en equipo con los compañero y sabemos enseñar a hacerlo al alumnado? ¿Promovemos y destacamos la evaluación de las competencias para la empleabilidad o personales de los estudiantes? ¿Tenemos un plan y un marco de actuación que impulse las competencias digitales del profesorado y la introducción de la inteligencia artificial en las aulas? ¿Sabemos llevar a cabo una evaluación formativa real? ¿Hacemos algo con todos lo datos que recogemos durante el curso? ¿Medimos lo que no funciona o aquello que nos ayuda a avanzar y cumplir con nuestra misión como centro educativo?

 

Estas y otras muchas preguntas que planteo me parecen necesarias para que, ahora que andamos de capa caída, no sigamos tirándonos piedras en nuestro propio tejado. Pensemos y diseñemos situaciones de aprendizaje valiosas para nuestro alumnado y sin perder demasiado el tiempo malabarismos legales que cualquier herramienta de IA generativa nos podrá resolver y justificar ante cualquier burócrata. Atendamos al espíritu de la norma y a ese sentido común que nuestra experiencia señala; pero sin perder de vista que toda transformación educativa requiere, además de prueba y error, un conocimiento profundo tanto a nivel técnico como pedagógico. Ya que tengo la sensación de que a menudo nos quedamos en las formas. Seamos flexibles. Evitemos redundancias y trabas para lograr una Formación Profesional más posible y actual. 

 

Foto de Joao Vitor Marcilio en Unsplash

¿QUÉ SENTIDO TIENE LA FP?

miércoles, 17 de junio de 2026

 


Parece que nunca es el momento adecuado para hacernos las preguntas idóneas. Cuando arrancamos el curso debemos coger carrerilla y dejar todo listo para una primera semana donde lo primordial es tener los módulos listos para su presentación y reordenar ideas olvidadas tras un verano que siempre se antoja corto. Luego viene ese primer trimestre que nos pone a prueba con nuevos grupos y alumnos que suelen deparar alguna que otra sorpresa transformada en nuevas y viejas preocupaciones que es necesario salvar; sin contar con la fortuna de tener que preparar un módulo nuevo y encajar su correspondiente programación con sus respectivos resultados de aprendizaje. Tras las navidades el nivel de agotamiento o saturación se ha nivelado un poco, pero también es habitual afrontar una ligera cuesta donde comienzan las urgencias por un currículo que se torna inalcanzable o porque resulta complicado tener empresas para formar a todo el alumnado. Más adelante se aproxima ese tercer trimestre donde debiéramos tener más tiempo para trabajar o reflexionar sobre aquello que no pudimos terminar en su momento, pero que acaba siendo un período donde el papeleo ocupa demasiado tiempo mientras las fuerzas se agotan.

 

Y ahora, cuando ya estamos cerrando el curso con evaluaciones extraordinarias o se cierra la formación en las empresas de buena parte del alumnado, seguimos enfrascados en la incertidumbre o con dudas sobre cómo cumplir con la normativa mientras pasamos de refilón por aquello que más importa. Y así continuamos ocupados sin esa necesaria reflexión o afincados en la crítica a la organización académica y a una legislación que llega tarde y/o mal y que impide centrarnos en cómo enseñar mejor para que nuestro alumnado aprenda en un entorno que cambia a pesar nuestro. Estamos en este momento a punto de poner el piloto automático con la vista en un verano que haga borrón y cuenta nueva antes de un septiembre donde volveremos a ese curso de la marmota que poco ayuda a recordarnos la relevancia social que tiene nuestra labor docente. Salvo en momentos puntuales. 

 

E insistimos con las prisas y camuflando la falta de dedicación a un trabajo en equipo sostenido con demasiadas ocurrencias y poco sosiego. Escasas lecturas y mucha inteligencia artificial para automatizar tareas en una profesión que requiere diálogo con conocimiento y menos eslóganes donde todo tiempo pasado fue mejor pero que no me quiten la IA. Continuamos requiriendo formación presencial de calidad que abra debates y nos ayude a colaborar con el profesorado de nuestro ciclo. Sin olvidar esa parte técnica que ahora, con toda la tecnología facilitadora de por medio, requiere tomar decisiones pedagógicas y formativas de peso para dar el valor añadido que requieren los estudiantes ante unos powerpoints con garantía depresora. La elocuencia, la escucha, el diálogo, la lectura y el debate son magníficas alternativas en un mundo que demanda profundidad frente a la estulticia y aceleración de las redes; y como consecuencia de esas herramientas generadoras de contenidos que nos mejoran como productores pero no como personas. 

 

Las profecías de un entorno cambiante y convulso nos han cogido con el pie cambiado. Y mira que en FP estábamos advertidos tras decenas de congresos donde nos congratulábamos con este porvenir inquietante del que ahora protestamos. Pese a las alarmas, tengo la sensación de que seguimos actuando a base de lemas pero sin referencias clarificadoras e inspiradoras mientras buscamos encajar lo que ya veníamos haciendo con unas normas que se suponía venían a mejorar lo hasta ahora practicado. Demasiado desconcierto y fragmentación. De hecho, tras dos cursos con el nuevo sistema de Formación Profesional, seguimos más preocupados en cómo reflejar una calificación final que en la manera de hacer más competentes y mejor personas a todos esos chicos y chicas que nos eligen para sortear un futuro incierto. Seguimos sin guías claras para trabajar las competencias para la empleabilidad, motivar al alumnado, encauzar una evaluación formativa sin caer un una guerra de filas y columnas, gestionar un proyecto intermodular o aplicar esas técnicas para el aprendizaje que tampoco parecen resolver los másteres del profesorado. La innovación se quedó en concursos para obtener recursos. SOS.

 

En mi opinión, nuestro futuro como docentes sigue pasando por comprender al alumnado y hacerles entender la necesidad de ser personas autónomas y resolutivas con las herramientas que la tecnología nos ofrece; pero resaltando la faceta social que precisarán en un mundo que tiende al ensimismamiento mientras les promete un empleo para malvivir entretenidos con una oferta de ocio interminable donde solo cabe el ahorro por herencia. Los afortunados de cuna mantendrán el estatus pero la gran mayoría de jóvenes requieren una FP que les abra puertas y les haga caer en la cuenta de que necesitan invertir en conocimiento y valores como forma de evitar esa estafa en forma de pantalla que todos acusamos. Una FP que cargue sus alforjas para facilitar su desarrollo personal, motive su autenticidad y les encamine a buscar un propósito de servicio que, junto a un sueldo decente, nos ayuda a dar sentido a la vida. 

 

Foto de Thomas Griggs en Unsplash

ACTUALIZA TU PROYECTO INTERMODULAR

miércoles, 3 de junio de 2026

 

PROYECTO INTERMODULAR FP RECURSOS CICLOS FORMATIVOS

  

Este curso 2025-2026 que está a punto de terminar ha supuesto un nuevo reto para el profesorado de FP. Además de terminar de implementar como buenamente hemos podido los nuevos módulos en todos los ciclos formativos de grado básico, medio y superior, ahora correspondería analizar y revisar las programaciones de cara al próximo curso. En el caso de los módulos del proyecto intermodular, digitalización o sostenibilidad, hemos ido demasiado al salto de mata; pero toca hacer y rehacer en común lo convenido. 

Con total seguridad tenemos aspectos a mejorar y debemos desechar aquellos que no han funcionado; así como será preciso continuar formándonos e investigando para ofrecer materiales adaptados a las necesidades de nuestro sector profesional de la mano de aquellas metodologías que la investigación educativa nos sugiere. 

 A nivel metodológico sigue siendo necesaria una guía clara de cómo implementar esos retos o proyectos intermodulares facilitadores tanto del trabajo en equipo del alumnado como el del profesorado. La coordinación de los equipos es necesaria y para ello es imprescindible una visión organizativa que contemple espacios de trabajo en común y una planificación que debiera hacerse antes de comenzar las vacaciones estivales. A pesar de las ganas de finalizar las clases y de cambiar de tercio, ahora correspondería diseñar unos proyectos que arrancaremos en septiembre con la lengua fuera. 

 

Asimismo, la evaluación sigue molestándonos cuando nos enfocamos en calificar una serie de resultados de aprendizaje; en lugar de buscar una evaluación formativa donde se ha vuelto necesario pedir mucha más reflexión, lecturas y acercamiento al mundo real del trabajo; en lugar de informes escritos o presentaciones generadas fácilmente por la IA. Encontrar la medida justa entre unos exámenes o controles periódicos, la clase magistral y un trabajo colaborativo, es fundamental a la hora de diseñar una evaluación formativa que mida el progreso del aprendizaje y no solo una entrega final que sin duda alguna deberán defender con argumentos rigurosos. Y utilizar la IA profesionalmente también requiere un marco pedagógico riguroso y una prudencia que no siempre adoptamos al utilizar herramientas digitales.

 

Por las razones arriba descritas, he añadido un nuevo capítulo en una edición actualizada y ampliada del libro "Diseña tu proyecto intermodular" donde además de herramientas para hacer un uso reflexivo y potente de la IA, se busca facilitar la tarea del profesorado de FP a la hora de generar retos y proyectos intermodulares que sean de interés para el alumnado y que supongan un acercamiento a nuestro entorno profesional. También se incluyen dinámicas y materiales para fomentar el trabajo colaborativo e instrumentos y estrategias que posibilitan una evaluación formativa. Sin olvidar la necesaria actualización normativa que cada comunidad autónoma ha establecido para este último curso y que probablemente continuará desarrollándose.

 

Mis mejores deseos para este final de curso y mucho ánimo para seguir diseñando proyectos con sentido el próximo curso. 

 

SOLUCIONES TRAS DOS CURSOS DE UN NUEVO SISTEMA DE FP

lunes, 18 de mayo de 2026

 


 

El curso llega a su fin y las sensaciones, tras una completa implementación del nuevo sistema de Formación Profesional en los ahora llamados grados D (ciclos formativos de grado básico, medio y superior), nos dejan con un cierto sabor agridulce. Incluso alguno o alguna podría describir cierta amargura a la hora de digerir una necesaria transformación que no siempre ha sido ni bien entendida ni bien acompañada. 

 

En cualquier caso, como docentes, sabemos que los cambios educativos requieren una destilación lenta y que, a pesar de la normativa, si no se comprende la mejora ni se facilitan los medios necesarios, todo suele acabar en un estricto cumplimiento donde todo cabe en un papel fácilmente rellenable por la IA generativa de turno. Y en esas andamos. Seguimos despotricando ante una Administración que no predica con el ejemplo y no revisa toda la documentación inservible que nos hemos acostumbrado a reproducir y multiplicar en los centros educativos. En algún momento asimilamos que la burocracia añadía calidad a un sistema donde la materia prima son personas. Quizás sea ahora un buen momento para eliminar documentos y procesos que, lejos de mejorar procesos, nos siguen distrayendo de lo más importante: desarrollar la educación del alumnado. 

 

Porque, cuando hablamos de educación, a pesar de las temidas acusaciones de adoctrinamiento, bien sabemos que educar supone actuar de un modo integral sobre los jóvenes que pasan cada día por las aulas. En la FP nos debemos tanto a una formación técnica, donde se priorizan las competencias profesionales, como a unas cada vez más relevantes competencias transversales donde además de las manidas soft skills se debieran integrar aquellos valores en los que coincidimos como sociedad y que forman parte del marco de los derechos humanos universales y la propia Constitución Española. La libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo no debieran provocar ningún tipo de autocensura; es deseable entender la educación como un modelo democrático donde los estudiantes participan, debaten y defienden sus ideas desde el respeto a los demás y con el conocimiento como argumento.

 

Aún teniendo clara esta cuestión relativa a los objetivos de la educación luego nos queda saber cómo lograrlos. Y es aquí donde entiendo surgen más dudas y donde cierto debate educativo nos ha llevado a despotricar del actual contexto generado por esa población adulta a la que pertenecemos y no por esos jóvenes que ahora habitan en una sociedad con problemáticas diferentes. Sin olvidar nuestra responsabilidad o falta de autocrítica y anestesia frente aquellas medidas ilusorias basadas en la forma y no en el fondo. Tampoco ayuda esa sensación de carga creciente en número de tareas sin haber obtenido a cambio motivos adicionales para seguir desarrollando una labor educativa cada curso más compleja. Creo que es preciso un rediseño de un sistema donde, además además de buscar la lógica eficiencia de los recursos y con cierta solidaridad, se busque innovar con el fin de mejorar el aprendizaje del alumnado. 

 

Es necesario un profesorado que se apasione los máximo posible por el contenido de sus módulos y que a su vez tenga los recursos necesarios para exponerlos y trabajarlos en las aulas y talleres, sabiendo trasladarlos a los alumnos con las mejores herramientas didácticas posibles. Sin esa caja de herramientas estamos vendidos. Ya no hablo solo de aprender a desarrollar metodologías activas, sino también señalando las carencias de nuestros estudiantes con el fin de poner remedio a esa falta de comprensión lectora, vocabulario, razonamiento matemático o falta de curiosidad por todo aquello que desconocen. Se hace imprescindible, pese a la dificultad de la empresa, mostrarles todo lo que no saben y pueden saber. 

 

Para todo ello disponemos tanto de los recursos que la rigurosa investigación educativa nos aporta: cómo captar la atención del alumnado, cómo evaluar formativamente o cómo diseñar tareas que esquiven ese empobrecimiento cognitivo que acompaña a un mal uso y abuso de la inteligencia artificial generativa.  ¿Nos formamos en ello o seguimos enfocados en las herramientas TIC y una competencia digital meramente instrumental? ¿Leemos al respecto y alimentamos ese trillado pensamiento crítico del docente o seguimos con las ocurrencias y modas de turno?

 

Ya han pasado casi dos cursos desde que comenzamos a implantar la nueva ley de Formación Profesional y ya va siendo hora de que dejemos de poner el foco en esa numerosísima lista de resultados de aprendizaje y criterios de evaluación con el fin de quedar bien en la foto. El extremismo con los RA es todo un padecimiento. Era necesaria una revisión, actualización y ampliación de los módulos profesionales y transversales; pero aún es mas indispensable progresar como docentes en un contexto cambiante donde solo la experiencia acumulada no ayuda a mejorar el sistema. Hace falta una mayor aplicación a la realidad de nuestros módulos junto a una modernización técnica de procedimientos y recursos. La transformación de la FP no se originará desde una hoja de cálculo más o menos enredada.

 

¿Por dónde comenzar? Simplifiquemos tareas administrativas y esas cuantiosas rutinas evaluadoras que nos agobian; compartamos estrategias docentes poniendo el acento en la evocación, la practica espaciada y el rediseño de materiales y actividades a evaluar (con o sin IA); busquemos la atención en las aulas a través de una programación del aula donde la diversidad de tareas sea una constante para sorprender y mantener ocupados a los alumnos; y dotemos de tiempos de conversación y reflexión a los equipos docentes de cada ciclo. Miremos hacia adelante y no caigamos en la trampa que promete resolverlo todo volviendo la vista atrás. Eso sí, siempre va bien mirar de reojo... 

 

Foto de Rocky Xiong en Unsplash

LOS ALUMNOS SON CADA VEZ PEORES

martes, 28 de abril de 2026

 


La afirmación que da título a este artículo podría ser uno de las miles de apreciaciones similares que seguro oímos con demasiada frecuencia en las salas de profesores. Quizás, y es también una percepción, no ha existido jamás época alguna donde se afirmara justo lo contrario: Los alumnos son cada vez mejores. O, tal vez, somos todos de una generación donde los jóvenes alumnos éramos amantes del esfuerzo, la disciplina y una concentración denodada en todas aquellas lecturas que nos proponían. Aunque esta última parte me encaja menos, ya que despotrica igual un joven docente, con poco más de diez años de diferencia sobre sus estudiantes, que cualquier otro u otra docente que peina canas y tiene la jubilación a la vuelta de la esquina. 

 

Criticamos al mismo nivel los que hemos disfrutado la E.G.B. que aquellos que han sido pasto de la E.S.O. Sigo sin ver dónde empezó todo. El mal ha pasado del VHS a las consolas, luego a Internet y ahora a esa perversa inteligencia artificial que parece ser el remate del atontamiento de las masas. A nosotros no nos afectará, por supuesto (modo irónico on). Culpar a la tecnología es fácil, ya que ni siente ni padece. O, en su defecto, nos queda maldecir a esos políticos poco educativos que han venido haciendo reforma tras reforma sin ser capaces de acordar una estabilidad y unos principios básicos donde lo importante sean los alumnos y sus docentes y no solo los potenciales votos. 

 

Y así seguimos, cada uno desde nuestra atalaya comparándonos con chavales de dieciséis años que, lógicamente, no son honoris causa ni suelen estar interesados en la filosofía hegeliana o en la literatura rusa del siglo XIX. A pesar de que, y esto también puede ser otra percepción personal, son pocos o minoría los centros educativos y los docentes que han apostado por la lectura como centro de su proyecto educativo, o que destacan por una dedicación extraordinaria sobre aquellos que más recursos necesitan por distintas razones. Los que ahora damos clase, no sé qué opinarán los felizmente retirados, también debiéramos ser peores que los que nos preceden según esa misma regla de tres. ¿Y si somos los mejores? Bueno, y qué. 

 

Lo único que tengo algo claro es que nos hemos ido complicando la vida, ya sea por un legalismo creciente o una bienintencionada sobreprotección que entorpece nuestra labor meramente educativa. Quizás es hora de ir centrando los escasos esfuerzos en aquellas tareas que facilitan el aprendizaje del alumnado y siembran además esa falta de curiosidad que se arrastra en una escuela actual no tan diferente en el fondo de la que nosotros vivimos. Innovar también puede ser volver la mirada hacia atrás o retirar lo que estorba pero con la mirada puesta en lo que está por venir y en la sociedad que queremos. Mucha tecnología pero tenemos más tareas que nunca. 

 

A nivel de Formación Profesional, y a pesar del creciente éxito que señalan una cifras récord de matriculación, no sé si los estudiantes son peores que nunca, pero no siempre estos datos deslumbrantes vienen acompañados de más recursos para ofrecerles la mejor formación posible. Sin contar que este crecimiento puede estar derivando hacia un mayor número de alumnos de muy distinto origen que redunda en esa diversidad y complejidad creciente que tenemos en las aulas. Y así el malestar crece al mismo ritmo que empeora nuestra opinión sobre un estudiantado desigual en intereses y en experiencias vitales. 

 

En cualquier caso, más que seguir despotricando de esta dichosa juventud, somos nosotros los que debemos exigir medios y condiciones (al igual que hacen actualmente y con razón los profesionales de la medicina) para facilitar la mejor formación posible a todos y cada uno de nuestros queridos jóvenes sin la necesidad de perecer en el intento por extenuación. Y hoy nos debemos a los actuales jóvenes al igual que ayer debieron deberse a nosotros. 

 

Algo apuntaba al respecto Turgueniev en 1862 en su muy recomendable novela "Padres e hijos": 

Antes los jóvenes tenían que estudiar: como no querían pasar por ignorantes, se esforzaban y estudiaban. Pero ahora les basta con proclamar «¡El mundo entero es una estupidez!» y ya tienen el título. Y los jóvenes, la mar de contentos. 

 

Foto de Raphael Brasileiro en Unsplash

UNA FP QUE VA PARA LARGO

miércoles, 15 de abril de 2026

 


 

Transcurrida gran parte del actual curso, ya podemos de nuevo hacer cierto balance de las medidas, cambios o acciones que nos ha tocado implementar, con mayor o menor agrado, en el sistema de Formación Profesional recientemente estrenado. Por lo que intuyo, el sentir del profesorado no parece derrochar ilusión al respecto. Incluso se adivina cierta claudicación. 

 

Indudablemente, y entendiendo que toda transformación requiere paciencia, más aún a nivel educativo, creo que hemos dedicado gran parte de los esfuerzos a cumplir con esas nuevas programaciones en las que ya sabemos que el papel todo lo aguanta y con el fin de cumplir cara a la galería con esas decenas de criterios de evaluación que, como bien sabemos, no tendremos tiempo de verificar en unos currículos con un menor número de horas lectivas e incluso sin actualizar en muchos casos. Parece que nos hemos aficionado a jugar a la quiniela. Siendo sabedores que, con suerte, el ChatGPT de turno comprobará este papeleo. 

 

Estos dos cursos nos hemos hecho especialistas en revisar papeles para cumplir con unas exigencias que difícilmente tendrán un impacto positivo si no se emprenden con la motivación e intenciones que proponen las nuevas leyes de Formación Profesional. Programar teniendo en cuenta los resultados de aprendizaje de cada ciclo tiene sentido cuando se revisan y se busca su actualización adaptándonos a la realidad de nuestro entorno y centro educativo. Es un craso error el seguir a pies juntillas unos currículos oficiales que son inabarcables. Además, y entonando el mea culpa, en muchos casos seguimos creyendo fundamental incluir todos y cada uno de los contenidos que hasta ahora veníamos transmitiendo. Coincidimos en la importancia de atesorar unos conocimientos básicos, pero cada vez es más evidente el déficit de competencias personales y sociales del alumnado. 

 

Para más inri, la inteligencia artificial ya impacta de pleno en las aulas y en la forma de trabajar y aprender (o aprobar) del alumnado. Si a ello le sumamos una diversidad creciente del alumnado y dificultades con la salud mental o el comportamiento de los más jóvenes, estamos ante la tormenta perfecta. Pero ahí seguimos, preocupándonos más de una documentación que agobia al profesorado, y que poco o nada afecta a nuestra docencia, o buscando certificarnos en esas mil y una formaciones que se suponen mejorarán nuestra competencia digital o nuestra pericia como programadores profesionales. Nada nuevo bajo el sol. ¿Dónde quedó la innovación? 

 

En muchos casos, la innovación, y tras muchos años peleándonos por implementar metodologías activas, se ha quedado en un proyecto intermodular descafeinado donde incluso alguna que otra comunidad autónoma permite seguir entregando trabajos individuales para superar este nuevo módulo. Un módulo que, con buena intención, pretende que el profesorado trabaje en equipo junto a su alumnado, buscando acercar la realidad profesional a través de proyectos o retos colaborativos. Pero el agobio, la falta de motivación o una mala interpretación de la norma, lleva a muchos docentes a quedarse solos ante el peligro con un módulo que no habían pedido. 

 

Poco más de lo mismo pasa con una sostenibilidad y digitalización cuando solo se entiende desde la lectura de unos apuntes o un libro de texto estandarizado para todo tipo de ciclos. La aplicación de estos asuntos al sector profesional o productivo parece a menudo ser una coletilla que molesta. De nuevo, se cae en la tentación de volver a una FP que destaca los contenidos en lugar de buscar una aplicación real a un entorno digital o a esa economía verde que ya no es opcional en el mundo del trabajo. 

 

¿Y qué decir de la Formación en Empresa? Las FCT pasaron a mejor vida, pero en muchos casos poco a cambiado en relación a esa dualización exprés que ahora sufren con escasos recursos los tutores de este renombrado módulo. Los esfuerzos para su implementación son enormes, pese a la poca flexibilidad o incluso falta de adaptación o de rectificación en aquellos aspectos que así requieren sus gestores. Cambios que debieran haber venido de la mano de mayor información y sensibilización dirigida hacia unas empresas acostumbradas a participar en la FP tanto por su responsabilidad social como para captar talento. 

 

A pesar de todo ello, y sabedores de que las Administraciones son lentas e inexorables, me quedo con esa enorme potencial mejora que tenemos a nuestro alcance; y que todo progreso requiere de una mayor inversión junto a un reajuste de los recursos heredados. Son muchos los aspectos que pueden ser mejorados tanto a nivel normativo y presupuestario como a nivel de centro. Una vez hayan transcurridos estos dos primeros cursos con el nuevo sistema, parece evidente que esa transformación deseada, al igual que las iniciativas a las que insta la normativa pertinente, deben desarrollarse con los objetivos que inicialmente se buscaban y tomando en cuenta la experiencia sufrida. Y, tal vez, cohesionar o buscar sinergias entre las comunidades autónomas. 

 

Creo que debemos continuar o comenzar a darle sentido a las programaciones buscando mejorar las competencias del alumnado haciendo un uso inteligente de los currículos y los resultados de aprendizaje que demandan. Debemos mantener la mente abierta, cumpliendo la norma pero sin convertirnos en fariseos de su observancia. Es preciso explicar mejor la ley que soporta todos estos cambios y divulgar las razones y los medios para una implementación provechosa. Desde los despachos, a través de buenas prácticas y docentes referentes que pueden servir de modelo a aquellos que ahora andan deambulando sin un rumbo. Afortunadamente, hay entidades, dirigentes y profesores anónimos que siguen cimentando la FP con su apoyo constante y mirada puesta en el alumnado. Tenemos grandes activos. 

 

No podemos caer en la desesperanza o en la crítica constante a una burocracia que hay que sortear inteligentemente (y artificialmente si es necesario), ni despotricar de la juventud que ahora puebla nuestros centros educativos. No sé si tenemos la mejor juventud posible, pero es a la que nos debemos. Mirar con los mismos ojos que antaño no aporta demasiado a un debate donde es necesaria una orientación y formación pedagógica adecuada. Hemos perdido demasiado tiempo con ocurrencias sin evidencia alguna o creyendo que alguna herramienta digital cambiaría nuestra enseñanza magistral. Necesitamos más reflexión educativa, más lecturas sosegadas, más debate con sentido y una selecta formación continua para no perder el escaso tiempo que nos queda para preparar bien las clases y atender a sus ocupantes. 

 

También es preciso recordar(nos) la función social que hacemos, pese al estancamiento de las condiciones laborales del profesorado, y, como indica la ley, promover una carrera profesional con recursos para investigar y acercarnos físicamente a la realidad de las empresas de nuestro sector. Desterremos lo meramente académico, sin desdeñar las humanidades, para que nuestra etapa siga siendo ejemplar para la mejora de la empleabilidad de su alumnado y para el crecimiento económico de nuestro país. No nos convirtamos en un surtidor barato de títulos o en simple negocio que vende un humo muy costoso.

 

Además, nuevas y anteriores generaciones de docentes pueden seguir aportando y combinando formas de enseñar y aprender. Escuchando sin pontificar y buscando el bien común. Con experimentos y experiencia, junto a pedagogías contrastadas. Ahora, además de hacer y transformar esta FP, corresponde hacer una parada para convencernos de la senda que queremos tomar con el fin de seguir dando clase con los mejores motivos y el mayor confort posible. Porque esto va para largo. 

 

Foto de Max Zhang en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

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