TENGO ALGO QUE CONTAROS

jueves, 10 de septiembre de 2020
Hacía tiempo que no reseñaba un libro en este blog. También, desde antes del verano, no me había puesto cara a la pantalla a escribir; tal vez no encontraba nada a destacar (educativamente hablando) y el agotamiento al terminar julio tampoco ayudó mucho a ponerme manos a la obra.
Me preocupa reseñar este libro de Bea Galán, profesora de secundaria en Barcelona (entre otras muchas cosas), y no hacer justicia a todo lo que expresa como docente y tutora de esos alumnos que, como otros muchos, pasaron semanas confinados en sus casas, solos y ante una pantalla, con panoramas bien diferentes en cada familia en una edad compleja por muchos motivos.

En "Tengo algo que contaros" Bea Galán relata y remarca con mucho acierto y sensibilidad aquellos puntos claves que considera vitales para la educación de sus jóvenes alumnos. En un formato epistolar les exhorta hacia el inconformismo, la humildad, la lectura y la bondad. Combina perfectamente sus observaciones personales con su sentir hacia la docencia. Distingue la tarea educadora como una invitación permanentemente dirigida a que el alumno piense y tenga curiosidad; siempre desde la escucha y observación atenta a cada uno de ellos.

Se adivina entre sus líneas que Bea Galán es una profesora especial, sensible y sensata. Una profesora que seguro disfrutan sus alumnos; con la que aprenden desde la exigencia y los valores que transmite. Sus palabras destellan, sin pretenderlo, su buen hacer. Con este libro te hace meditar sobre la razón de ser de nuestra profesión; lo importante que es la preparación de una primera clase, la empatía sin caer en lo banal, el trabajo docente en equipo, el sinsentido de la queja permanente y el mal carácter, o el disfrute de la enseñanza como un medio de vida exigente pero agradecido.

Me quedo también con su percepción (o más bien constatación) de que la juventud actual no es en absoluto peor que la de nuestra generación o la de hace un siglo. Como padres y docentes somos testigos de ese excesivo protagonismo sin exigencia que muchos chavales disfrutan desde bien pequeños; y ahí, en este inexcusable escenario, está esa labor educadora que puede transformar personas o pasar a ser una simple anécdota en sus vidas.

El único fallo que veo a este libro es su extensión: me he quedado con ganas de más. Finalizo con este párrafo dirigido a esos adolescentes de 3º de la ESO que seguro se asemejan a cualquier otro de FP básica o Grado Medio que tenemos en nuestras aulas.
Escuchadme, por favor: no vayáis nunca a mínimos. No os conforméis. Estoy absolutamente convencida de que existe una línea que une la bondad, la belleza y la inteligencia. Es una línea fina pero irrompible. No la subestiméis. Sed ambiciosos y exigentes, pero no con arrogancia, sino con humildad. Hay que ser muy humilde para darlo todo, y hay que ser muy valiente para darse a los demás.
Leedlo sin falta. 

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