miércoles, 20 de abril de 2016

MANIFIESTO CONTRA LA OBSOLESCENCIA DOCENTE

Leo que Apple reconoce que los iPhones están pensados para funcionar correctamente un periodo de tres años. La compañía norteamericana admite también que la vida esperada para sus ordenadores es de cuatro años y de otros tres para sus relojes (ver artículo en el Diari Ara). Sé que la noticia no es ninguna sorpresa. Es de sobras conocido que muchas marcas, no solo Apple, elaboran sus productos dando la espalda a la durabilidad como criterio básico de producción. Así pues, compramos teléfonos, impresoras, lavadoras, bombillas y ordenadores con fecha de caducidad fijada de antemano. Objetos, herramientas y utensilios que sabemos que van a dejar de funcionar de manera correcta en un tiempo predeterminado. Y es aquí donde me pregunto, ¿puede pasar lo mismo con algunas profesiones?, ¿puede la profesión docente quedarse desfasada por los cambios educativos (y sociales) vividos en los últimos años?

Y es que el debate sobre el papel del profesorado en el contexto educativo actual está sobre la mesa. Parece evidente que el paradigma educativo ha cambiado de manera sustancial y que todos, especialmente los docentes (aunque también el resto de miembros de la comunidad educativa), debemos hacer un esfuerzo para no caer en la obsolescencia propia del sistema productivo imperante. ¿Cómo no volvernos prescindibles?, ¿cómo evitar no encallarnos en un modelo pedagógico que ha sido superado por las circunstancias? Aquí van algunas posibles ideas y propuestas. Alguno las leerá y dirá "qué fáciles de redactar y qué complicadas de ejecutar". Pues eso, que no le falta razón.

MANIFIESTO CONTRA LA OBSOLESCENCIA DOCENTE
  1. Superar la mera transmisión de conocimientos y promover la creación de contextos o situaciones de aprendizaje. 
  2. Abrir el aula a los recursos y posibilidades que nos ofrece el entorno con el objetivo de ligar aprendizaje y realidad.
  3. Romper los roles tradicionales y acercarnos a los intereses y preocupaciones del alumnado: la empatía como prioridad. 
  4. Educar (y formarnos) también en lo emocional superando el modelo de enseñanza vertical.
  5. Promover el trabajo colaborativo, en el aula y en el claustro a través de proyectos liderados desde los equipos directivos pero con la implicación de todo el profesorado. 
  6. Echar un vistazo "ahí fuera" para descubrir nuevos proyectos e ideas y compartir públicamente los nuestros: enredarse como una forma de crecer profesional y personalmente. 
  7. Buscar y encontrar tiempos y espacios donde compartir reflexiones y trabajo con los compañeros desde la autocrítica y el deseo de conocer nuevas fórmulas de enseñanza y aprendizaje. 
  8. Resaltar y compartir con el alumno aquello en lo que somos buenos: aficiones, conocimientos, valores…
  9. Implicarse al cien por cien con los alumnos. Ellos deben ser la prioridad sobre todas las demás cosas pese a horarios, cambio de asignaturas o normativas, premios o cualquier otra cuestión no relacionada con el aula. 
  10. Mantener un alto nivel de autoexigencia profesional siendo consecuente con lo que exigimos a alumnos y compañeros. 
La suerte que tenemos, a diferencia de las bombillas, es que los docentes podemos dejar de ser halógenos y convertirnos en bombillas solares con vida perpetua, depender de nosotros mismos y caducar tan sólo por dejadez propia. La obsolescencia docente no está prohibida por ley pero si debiera ser obligado tener junto a nosotros un “Pepito Grillo” que nos recuerde la necesidad de actualización constante. Eso sí, que los medios y la organización escolar también nos acompañen...

Artículo escrito junto al genial Ramón Paraíso. Si quieres saber algo más de educación (y no sólo para adultos) pásate por su blog: http://www.fadultos.blogspot.com.es/

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