¿ATIENDEN MENOS LOS ALUMNOS HOY EN DÍA?

lunes, 9 de marzo de 2020
Es común escuchar comentarios de docentes acerca de la falta de atención que hoy día muestran en clase los alumnos. Las quejas sobre la falta de concentración son constantes y frecuentemente atribuida a los dispositivos tecnológicos y a sus pantallas que nos conectan en un clic a cualquier otro mundo distinto al que pretende enseñar el profesor de turno. Las maquinitas, pantallas o vídeos son el chivo expiatorio actual al igual que lo fueron los tebeos o novelas en su día.

Incluso existen ya productos que han descubierto un nicho de negocio en esta aparente falta de concentración y comercializan una tecnología en forma de diadema que, según afirman, "mide la capacidad de atención de los estudiantes en tiempo real en el aula. El profesorado puede hacer un seguimiento de la participación de los alumnos y los niveles de atención de la clase cuando los alumnos desarrollan una rutina de trabajo, escuchan una explicación o usan un nuevo recurso educativo." Una tecnología un tanto pavorosa y que recuerda a esas ilustraciones futuristas de niños hipercontrolados dibujadas por Villermard en el pasado siglo.
¿Qué hay de verdad en todo esto? ¿son nuestras percepciones fieles a lo que hoy ocurre en las aulas?, o, ¿estamos de nuevo exagerando una situación que siempre ha ocurrido con los jóvenes estudiantes ávidos de distracciones, juegos y cualquier otra ocupación diferente a las eternas y monótonas tareas escolares? ¿o no nos distraíamos hace décadas con cualquier persona, animal o cosa que se entreveía fugazmente a través de los cristales de las puertas o ventanas del aula?

Algunos gustan, con una dudosa fidelidad, recordar su infancia o adolescencia quietos en sus pupitres atendiendo ininterrumpidamente a las lecciones del profesorado concentrados en las tareas escolares, leyendo sin tregua o escribiendo ordenadamente en pulcras libretas de doble pauta. Permitidme dudar de esa bucólica imagen, ya que no refleja la realidad, ahora edulcorada, que se vivía hace treinta años: aulas saturadas de alumnos expulsados al pasillo, suspensos, repeticiones y problemas de comportamiento a mansalva. Sin mencionar la marabunta de chavales dirigidos hacia la FP porque no superaban en condiciones aquel octavo de EGB (actual segundo curso de la ESO).

En cualquier caso, es evidente que la digitalización repercute no solo en la forma en la que consumimos contenidos sino también en la forma en la que leemos combinando textos digitales, repletos de hipervínculos, y otros medios de lectura impresa. Como sostiene la investigadora Maryanne Wolf; leer no es algo natural y la dimensión contemplativa del ser humano no nos viene dada. Una autora que apuesta por lectores que sepan alternar la lectura impresa con la digital o con cualquier otro medio de comunicación que nos depare el futuro. Recomiendo la lectura de su último libro: "Lector, vuelve a casa".

Coincido con esta tesis. Leer es una tarea costosa, más aún cuando estamos hablando de libros de textos con infinidad de información, habitualmente descontextualizada y sin un alcance significativo para el alumno. Lo mismo ocurre con la escucha en el aula; es materialmente imposible que un niño o adolescente mantengan la atención, continuamente durante seis horas, en el discurso del profesorado; respetando además un silencio y una compostura que es casi imposible experimentar en otros momentos y lugares del mundo adulto.

No por ello dejo de apostar por una educación que fomente esa lectura sosegada o una escucha activa que facilita la concentración y el estudio. Enseñar como autolimitarse, controlar los tiempos y gestionar las necesarias desconexiones, son competencias básicas a trabajar en el aula pese a la exasperación que nos provocan las continuas distracciones de unos alumnos inmersos en un entorno digital inagotable. Trabajar la lectura y la escritura, recalcando al alumnos su importancia, con las múltiples herramientas que nos ofrece la tecnología actual, sigue siendo una prioridad en este nuevo mundo digitalizado que se enfrenta a las dificultades inherentes a la naturaleza humana.

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